miércoles, 12 de agosto de 2026

Milagros del Escapulario 27: Prodigio en Méjico con un próximo pariente del Virrey





 Prodigio en Méjico con un próximo pariente del Virrey

Por los años de 1610, en Méjico de la Nueva España, don Tristán de Arellano, próximo pariente del Virrey, quien le había encomendado el gobierno de ciertas poblaciones de La Laguna, viniendo de ellas a Méjico con otras varias personas en una canoa, les sobrecogió de repente un recio huracán, que levantando imponente oleaje volcó la embarcación, cogiendo a todos bajo ella, por lo cual perecieron ahogados todos los tripulantes y entre ellos varios religiosos, quedando con vida, únicamente, don Tristán de Arellano, el cual, al ver cómo se hundía, acudió al punto, con gran fe, a nuestra Madre Santísima del Carmen, cuyo Santo Escapulario vestía con gran devoción desde muy niño, por cuyo medio esperaba el ser socorrido y salvado por nuestra Señora. 



Y, en efecto, manifestó haber estado bajo el agua más de media hora, en la cual, lleno de aflicción y congoja estrechaba contra su corazón el bendito Escapulario de María, haciendo innumerables promesas a la Santísima Virgen si le sacaba con bien de tan terrible trance. 

Por fin, tras larga espera de luchar con el viento y el agua, que a él se le antojaran siglos, acudiendo varias canoas en su auxilio logró al fin su deseada salvación, hallando, con gran estupor suyo y de sus salvadores que, aunque todos sus vestidos estaban empapados, el Santo Escapulario permanecía enjuto. Tan luego como logró hallarse en tierra firme, voló al convento de los Carmelitas y, postrado ante el altar de la Virgen, hizo promesa de abandonar el mundo y consagrarse a la Santísima Virgen como hermano de obediencia para rendirle toda su vida perennes acciones de gracias a la Madre dulcísima que le librara de una muerte temporal y eterna mediante su milagroso y bendito Escapulario. 

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

Las 12 Promesas del Sagrado Corazón de Jesús

 



lunes, 10 de agosto de 2026

San Lorenzo - 10 de Agosto




El que ama su vida, la perderá, 
mas el que aborrece su vida en este mundo, 
la conservará para la vida eterna. (Juan, 12, 25). 

San Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma, viendo al Papa San Sixto marchar a la muerte, le dijo con tristeza: "Oh padre mío, ¿adónde vas sin tu hijo? -No te abandono, le respondió el pontífice, me seguirás dentro de tres días". En efecto, Lorenzo fue prendido; y como le pidiesen los tesoros de la Iglesia, llevó ante el tirano a los pobres a quienes se los había distribuido, diciendo: "He aquí los tesoros de la Iglesia". Fue colocado sobre una parrilla ardiente, y, poco después, dijo al perseguidor: "Dadme vuelta, estoy bastante cocido de este lado". Lo dieron vuelta, y añadió poco después: "Está bastante cocido; podéis comer". Murió en el año 258, bajo Valeriano dando gracias a Dios por la merced que le concedía de poder sufrir por Él. 


MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SAN LORENZO 

I. De tal modo abrasaba a San Lorenzo el amor de Dios, dice San Agustín, que su cuerpo no sentía las llamas que lo consumían. Cuando se ama a Dios, no se ama el cuerpo ni los placeres carnales; se desprecia la vida y se desea la muerte. Siendo así, oh Dios mío, ¡cuán débil es mi amor por Vos! ¡Qué mal he aprovechado el tiempo que me concedéis! Es perder la vida no amar a Dios. (San Agustín). 

II. Su paciencia es admirable: no espera los tormentos, sale a su encuentro; sube al instrumento de su suplicio como a un carro de triunfo; urge a sus verdugos a que vuelvan su cuerpo para aumentar sus sufrimientos. Si amas tu cuerpo, si lo acaricias en esta vida, menester será experimentar en la otra o los fuegos del infierno o los del purgatorio. ¿Quién no preferiría arder una hora con San Lorenzo a soportar toda una eternidad el fuego del infierno? (San Agustín). 

III. San Lorenzo eleva su mirada al cielo y agradece a Dios el honor que le hace de aceptar el sacrificio de su vida. En tus aflicciones, imita su ejemplo: dirige tus miradas al cielo para pedir a Dios la gracia de sufrir con valentía; agradécele que ejercite tu paciencia y te juzgue digno de sufrir algo por Él. ¡Ingrato! ¡no agradeces a Dios sino cuando te concede favores temporales! El mayor presente que Dios puede hacerte es la santidad, y la santidad no se adquiere sino por los sufrimientos. 

El amor de Dios 
Orad por el Papa

ORACIÓN 
Oh Dios omnipotente, que habéis dado a San Lorenzo la gracia de triunfar de las llamas que lo consumían, dignaos extinguir en nosotros el fuego de las pasiones culpables. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. (1642-1718) 

jueves, 6 de agosto de 2026