miércoles, 21 de octubre de 2026

La Omnipotencia Suplicante de la Santísima Virgen María



1.° Sus fundamentos. — Más de una vez habrá brotado de nuestros labios y de nuestro corazón este título con que es llamada la Santísima Virgen... ¡La Omnipotencia Suplicante!... y este título debe servir para consolidar siempre nuestra confianza en la Santísima Virgen. — Porque aquí aparece la Virgen como Reina verdaderamente soberana y poderosa, que dispone de todo... y exclusivamente en favor de sus hijos. 

María es Omnipotente..., con una omnipotencia no natural, no esencial en Ella como es la de Dios..., sino comunicada o participada de Él...; no omnipotente por naturaleza..., sino por gracia... — Y esto, ¿por qué?... Pues por su dignidad. — María ha sido elevada a la dignidad más alta... y si el poder ha de estar en relación con la dignidad..., corresponde a María un altísimo poder... 

Por tanto, la razón decisiva de la omnipotencia de María es su dignidad. 

Y ¿en qué consiste esta dignidad?... Sencillamente en ser Madre de Dios... Eternamente la Virgen puede, mirando a Jesús, repetirle las mismas palabras que le dice el Padre Eterno: tú eres mi Hijo... Yo te engendré»... Y por eso, eternamente María tendrá un derecho y un amor de Madre para con el mismo Hijo de Dios...; así está, por dos razones, como sujeto y encadenado el poder de Dios a la voluntad de María... — ¿No lo estuvo por espacio de treinta años en la casa de Nazaret? Y ¿por qué aquella sumisión total y perfecta de Jesús..., esto es, de Dios a la Virgen?... Pues porque ésta era Madre de Dios... y sus derechos de Madre... y su purísimo amor de Madre, le obligaban a obedecerle en cuanto Ella mandara... y si bien es verdad que en sus actos como Redentor no dependía ni podía depender de nadie..., pero de hecho El quiso que hasta en estos actos tomara parte su Madre y en cierto modo a su voluntad se sometiera como lo hizo en su primer milagro de Caná... ¡Qué dulce pensamiento!... Todo el poder de Dios está en manos de su Madre..., ¡que también es tuya!... 

Pensando en esto los Santos Padres de la Iglesia, han dicho cosas admirables de la Santísima Virgen y de su omnipotencia...: Medita y saborea estas expresiones: «¡Oh Virgen!, exclama San Agustín, todo lo que Dios puede por su voluntad..., lo podéis Vos por vuestra oración»... Y San Antonino, dice: «La oración de la Madre de Dios, tiene carácter de mandato...; por lo tanto, no es posible que no sea oída.» 

San Pedro Damiano, escribe: «Te aproximas, ¡oh Virgen!, al altar de oro del perdón no para rogar..., sino para mandar como Reina..., pues en tus manos están todos los tesoros de la misericordia de Dios»... — San Buenaventura, no teme afirmar: «Que nadie entra en el Cielo... si no es por medio de María»... 

El gran San Bernardo, nos dará este consejo: «Acudid a María..., os lo digo sin titubear...; Ella será siempre escuchada, por razón de su dignidad...; el Ángel la dijo que había hallado la gracia y efectivamente María siempre halla gracia»... 

Y, en fin, son conocidas estas expresiones de San Bernardino de Sena: «Al mandato de María, todo el mundo obedece..., ¡hasta el mismo Dios!...; basta con que la Virgen quiera y todo se hará»... ¡Sublime obediencia y sumisión la de Dios a su criatura!... Pero no menos sublime y admirable la dignidad de ésta al ser colocada en tal altura, que pueda disponer y ordenar al mismo Dios. 

He aquí, pues, la razón inconmovible de esta omnipotencia: el derecho y el amor de Madre. — Una madre tiene derecho a mandar a su hijo... y éste, por lo mismo, la obligación de obedecerle en todo. — Una madre ama entrañablemente a su hijo... y éste, si es buen hijo, no puede menos de amar, y, por lo tanto, dar gusto siempre y en todo a su madre. — Aplica esta regla a la Virgen y a su Hijo divino, y comprenderás entonces algo de la omnipotencia de María... 

2.° Su universalidad. — Y esta omnipotencia tiene una universalidad ilimitada...; no se aplica en una época determinada..., a una clase escogida de almas..., en un orden concreto de gracias y auxilios, para cierta clase de peticiones y súplicas. — No, nada de eso..., es infinita esta universalidad..., no reconoce limitación de ninguna clase..., todos somos hijos de María..., pues a todos ayudará, porque a todos amará sin excepción posible..., a todos y en todo, sea espiritual o temporal...; no habrá necesidad que Ella no socorra y atienda...; sus manos no se cansan de hacer bien..., sus gracias no pierden con los siglos su eficacia... 

Si a otros hizo santos..., si a muchas almas dio la vida resucitándolas a la gracia..., si a otros, oyes decir, que en esto o en lo demás allá, le ayudó la Virgen..., todo eso también puede suceder contigo..., tu alma también puede alcanzar el perdón..., la gracia..., la vida..., la santidad. 

Desde que se cometió el primer pecado, el demonio se apoderó del mundo... y en él entró a fijar su trono con carácter universalísimo... y desde entontes se apodera de todas las almas desde que nacen..., a todas procura tentar..., a todas las excita sus pasiones para encadenarlas... ¡Qué espantoso es este imperio del demonio!... ¡Qué universal es!... ¿Quién no lo ha experimentado así?... Sólo la Virgen, únicamente María en su Concepción purísima e inmaculada, no esclavizada por el demonio...; es la que le sujeta..., la que le ata... y le domina y esclaviza... y le sigue por doquier para vencerle siempre y dominarle siempre... Universal es el dominio del demonio..., por eso universal será la omnipotencia de María..., para que universal y eterna sea su victoria.  

No triunfa María por Sí tan sólo..., sino por todos y para todos. — Nadie acude a Ella y confía en Ella, que no triunfe con Ella...; todos los santos..., todos los que han vencido al demonio..., todos los que han conservado su inocencia, ha sido por Ella... y sin Ella sus esfuerzos hubieran sido inútiles. 

Así aplican a la Santísima Virgen varios santos Doctores, aquellas palabras del Salmista: «En vano trabajan los que edifican la casa, si Dios no la edifica...; en vano vigilan y guardan la ciudad, si el Señor no la guarda y la defiende»... Y ¿quién es esta guardiana y defensora de la casa del Señor sino la Virgen?... El Señor guarda la ciudad, pero por medio de María... y está tranquilo porque bien guardada y defendida está... ¿A quién temerá el que esté bajo su manto protector?... 

Bien lo sabes tú, no puedes por menos de haberlo experimentado... ¿No es también tu alma un testigo de aquellas palabras del «Acordaos» de que «ni uno solo acudió a Ella que fuera desamparado»?... ¡Qué bien lo conoce Satanás!... ¡Cuántas veces ha tenido que confesar con rabia infernal, que no puede hacer nada con los verdaderos devotos de María!... 

Así ha reconocido la universalidad de su omnipotencia, la piedad de todos los siglos y la llamaron: «la Puerta del Paraíso»..., «la escala del Cielo»..., «el refugio de los pecadores»..., «el trono del Rey eterno»..., «el Propiciatorio», donde todos somos oídos y atendidos... 

Repite con cariño y detente en cada una de estas expresiones, que de una o de otra manera confirman esta consoladora universalidad de su poder: María es la esperanza de los pecadores..., el camino de la vida..., el puerto de salvación..., la salud del mundo..., la fuente de la gracia..., la estrella del mar..., la medianera entre Dios y los hombres..., la llave del Cielo..., la esperanza de los pecadores..., la confianza de los caídos..., la fuerza de los justos..., la alegría de los ángeles..., la Reina de los cielos..., etc. 

Inventa también tú palabras semejantes... Di a tu corazón que te las dicte y no temas perder el tiempo diciéndoselas, como una amorosa letanía, a tu Madre. 

3.° Demos gracias a Dios. — Al llegar aquí parece que no se puede hacer otra cosa sino levantar el corazón a Dios y darle gracias... Diariamente, en voz alta, el sacerdote, en la Misa, da gracias al Señor... e invita a todo el pueblo a que así lo haga... por los muchos e innumerables beneficios que de su mano sin cesar recibimos... Pues, ¿qué otra cosa podemos hacer ante este beneficio universal..., ante esta fuente de beneficios infinitos que con su Madre querida nos ha dado?... Eternamente hemos, sin duda, de estar bendiciendo por ello al Señor...; pues bendigámosle ya desde ahora... 

Y esta acción de gracias, no debe ni puede consistir en meras palabras de alabanza y agradecimiento... Lo que Dios desea, más que nada, es la correspondencia práctica de todas nuestras obras a sus beneficios...; ésta es la mejor alabanza... éste el himno más hermoso de la gratitud... 

Pues bien, la correspondencia en este caso, debe consistir en el afianzamiento, como se decía en la meditación precedente, de tu confianza en la Santísima Virgen, para nunca admitir cansancios..., desalientos..., cobardes desilusiones en el camino de la vida espiritual... 

Insiste mucho en esto, porque el demonio también insiste en esta tentación... ¡A cuántas almas ha engañado logrando meter en ellas el desaliento... y a veces hasta la desesperación! — Jamás, jamás esto... Júralo así a los pies de la Virgen... Dios te la ha dado por Madre para que como hijo, aunque hayas sido muy ingrato, acudas a Ella... y con derecho filial le pidas y le exijas un amor de Madre..., una compasión de Madre... y a la vez una omnipotencia de Reina... Para eso la hizo Reina y Madre a la vez... 

El trono de Dios está rodeado de justicia y de bondad. El de María, sólo de bondad y misericordia... Si te asusta, y con razón, la justicia de Dios..:, ¿qué puedes encontrar que te asuste ante el trono de la Virgen?... 

Por otra parte, Ella lo está deseando...; no sólo no le molesta que se acuda a Ella con confianza..., sino que lo que la ofende, lo mismo que a Jesús, es la desconfianza... ¿No has oído que en el Cielo hay más fiesta por un pecador que se arrepienta que por cien justos que perseveren?... Pues es la Virgen la primera que se alegra y hace gran fiesta, porque aquel hijo suyo pródigo se había perdido y lo ha encontrado...; estaba muerto... y ya ha resucitado... — Sea, pues, tu lema y tu divisa: «nunca desconfiar..., nunca desalentarte... ni desanimarte»..., Aun que creas que no adelantas nada ni consigues nada..., mucha confianza en la Virgen y... ¡adelante!..., a trabajar cada vez más. 


Meditaciones sobre la Santísima Virgen María
R.P. Ildefonso Rodríguez Villar (1895 - 1964)



sábado, 17 de octubre de 2026

Santa Margarita María Alacoque - 17 de Octubre

 


Vosotros lloraréis y gemiréis, y el mundo 
se regocijará; os contristaréis, pero vuestra 
tristeza se convertirá en gozo. 
(Juan, 16, 20). 

Santa Margarita María Alacoque, rehusando un ofrecimiento de matrimonio, entró a la edad de 24 años, en el convento de las Visitandinas de Paray le Monial, donde dio los más hermosos ejemplos de paciencia y humildad. Recibió, el 27 de diciembre de 1673, la primera de sus grandes visiones del Sagrado Corazón, que terminaron en 1675. Su vida, en adelante, estuvo consagrada al establecimiento de esta devoción y en particular, al de la fiesta del Sagrado Corazón. Murió en 1690. 

MEDITACIÓN 
SOBRE LA PASIÓN DE JESUCRISTO 

I. Contempla a Jesús clavado en la cruz, mira cuánto sufre en todo su cuerpo. Su sagrada cabeza está coronada de espinas, su rostro magullado, sus manos y sus pies taladrados; todo su cuerpo, en fin, está cubierto de llagas y es presa de los dolores más crueles. ¡He ahí el estado en que se encuentra Jesús, mi Cabeza, mi Rey y mi modelo! Es menester que me asemeje a Él, en esto consiste mi perfección y mi dicha. ¡Ay! vivo en medio de placeres mientras Jesús es colmado de oprobios y sufrimientos. No conviene que los miembros sean afeminados cuando la cabeza está coronada de espinas. (San Bernardo). 

II. El Corazón de Jesús estaba sumergido en amargura y dolores tanto como su cuerpo. Él preveía que sus sufrimientos serían inútiles para la mayor parte de los hombres. Tenía piedad del enceguecimiento de los judíos. Estaba afligido más de lo que se puede imaginar, por la tristeza, los suspiros y las lágrimas de su Madre, al pie de la cruz con el discípulo amado. ¡Oh espectáculo doloroso! ¿Puedo yo contemplar a Jesús y a María en este estado sin derramar lágrimas, sin compadecer los dolores del Hijo y la aflicción de la Madre? 

III. Para librarme del infierno, Jesús soportó esta muerte tan ignominiosa y tan cruel. Estaba yo perdido sin remedio si no hubiera muerto Él por mí. ¡Nada había hecho para merecer este favor; y aun ahora ni siquiera pienso en él! No sólo no doy mi sangre por este Dios que murió por mí, sino que le rehúso una lágrima, un suspiro; ¡añado nuevos pecados a mis faltas antiguas! Reconoce cuán grave es la herida del pecado, puesto que fueron menester, para curarlo, las heridas de Jesucristo. (San Bernardo). 

Meditación sobre la pasión 
Orad por la conversión de los cismáticos. 

ORACIÓN 
Señor Jesucristo, que habéis revelado de admirable modo a la bienaventurada Virgen Margarita las inagotables riquezas de vuestro Corazón, concedednos por sus méritos que como ella os amemos en todas las cosas y por sobre todo, y que siempre tengamos nuestra morada en vuestro corazón. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. (1642-1718) 

jueves, 15 de octubre de 2026

Santa Teresa de Jesús - 15 de Octubre

 


Así, pues, con gusto me gloriaré en mis flaquezas, 
a fin de que la fuerza de Cristo habite en mi. 
(2 Corintios, 12, 9). 

Santa Teresa, española de noble alcurnia, partió de su casa a la edad de siete años, con su hermano Rodrigo, en busca del martirio entre los moros; un tío frustró su intento volviéndolos a casa. A los veinte años entró en el Carmelo, y encontró en él un verdadero martirio en las austeridades que practicó, en las enfermedades del cuerpo y arideces del espíritu que padeció durante veinte años, en las calumnias que debió padecer y en las contradicciones que encontró en su empresa de reformar la Orden. Murió en 1582, a la edad de 67 años. Sus profundos escritos le han merecido el título de Doctora de la Iglesia.


MEDITACIÓN SOBRE SANTA TERESA DE JESÚS

I. Santa Teresa vio a un Serafín que le transverberaba el corazón con un dardo inflamado. Desde entonces no pensó ya sino en amar a Dios, extender su gloria y convertir a los pecadores, diciendo que se quedaría feliz en el Purgatorio hasta el día del Juicio si con ello pudiese convertir aunque no fuera sino a un alma. Todos los bienes que Dios me prodiga, todas las gracias que me concede, son como otros tantos dardos que deberían inflamar mi corazón de amor a Dios. Señor, me ordenáis que os ame: dadme la gracia de cumplir vuestras órdenes y ordenadme lo que os plazca. (San Agustín). 

II. "¡O padecer o morir!". En este lema de Santa Teresa, encontramos los dos efectos de su amor. ¡Quiere sufrir para asemejarse a Aquél a quien ama! Esta santa busca la cruz y tú la huyes; ella quiere vivir sólo para padecer y tú quieres vivir sólo para divertirte. Que en adelante su lema sea el tuyo. 

III. Santa Teresa anhela morir una vez que nada tenga ya para sufrir en este mundo, a fin de ir a ver a Dios, único objeto de su amor. ¿Anhelas tú la muerte? Por el contrario, la temes como fin de tu felicidad y comienzo de tus sufrimientos, porque te gozas con el mundo. Lo que debes temer es el juicio de Dios. Puedes evitar el rigor de este juicio viviendo una vida santa. En cuanto a la muerte, no debes temerla, puesto que no puedes sustraerte a ella. Nadie debe temer lo que no puede evitar. (Tertuliano). 

El amor a los sufrimientos 
Orad por la Orden del Carmelo 

ORACIÓN 

Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y haced que, al alegrarnos con la fiesta de Santa Teresa, seamos alimentados con el pan de su celestial doctrina y abrasados con los sentimientos de su tierna piedad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. (1642-1718) 

miércoles, 14 de octubre de 2026

Castidad

 



San Calixto I - 14 de Octubre

 


Dad gracias en todo tiempo 
y por todo a Dios Padre, 
en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo. 
(Efesios, 5, 

San Calixto gobernó la Iglesia bajo el reinado del emperador Heliogábalo. Edificó una basílica al otro lado del Tíber, y agrandó las catacumbas situadas sobre la vía Apia que desde entonces llevan su nombre. Opuso el ayuno y las lágrimas a los goces insensatos de los paganos y todo emprendía para extender el reino de Jesucristo. Su celo apostólico fue coronado por el martirio, hacia el año 222, después de cuatro años de pontificado. 


MEDITACIÓN SOBRE LA INGRATITUD 

I. Estás obligado a agradecer a Dios por todas las gracias que te ha concedido. ¿Cuántas has recibido? Muchas conoces pero más aun ignoras. ¿Le has agradecido alguna vez que te haya creado, que te haya conservado la vida? Te ha redimido, te ha hecho nacer de padres cristianos, te ha dado riquezas, salud e ingenio. Agradécele todos estos favores. Señor, soy todo vuestro, me ofrezco todo a Vos. 

II. La ingratitud ciega la fuente de las gracias. Dios es celoso de su gloria, no permite que le sea sustraída; no agradecerle, es privarlo del honor que se le debe, es obligarlo a que no te conceda lo que después le pidas. Dios mío, os daré gracias no sólo de la prosperidad sino también de la adversidad, pues todo lo que me sucede, excepto el pecado, es efecto de vuestra bondad para conmigo. Somos extrañamente ingratos: no agradecemos a Dios sino cuando nos colma de bienes terrenos, que, sin embargo, a menudo son perjudiciales para nuestra salvación. Aprendamos a agradecer a Dios no sólo en la prosperidad, sino también en la adversidad. (San Gregorio). 

III. Hay tres grados en la ingratitud. El primero es olvidar los beneficios; el segundo, devolver mal por bien; el tercero, servirse de los beneficios recibidos para ofender al bienhechor. ¿Cuántas veces no te has servido tú del ingenio, de la salud, de las riquezas o de los talentos que Dios te ha dado, para ofenderle? Si olvidas a Dios cuando te beneficia, Él te enviará aflicciones para volverte al cumplimiento de tu deber. Aprende el orden de la divina Providencia: si no se reconoce a Dios en sus beneficios, se lo reconocerá en sus castigos. (San Cipriano). 

La humildad 
Orad por vuestros benefactores 


ORACIÓN 
Oh Dios, que veis nuestra impotencia para hacer el bien, dignaos fortificarnos en vuestro amor mediante los ejemplos de vuestros santos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. (1642-1718) 

martes, 13 de octubre de 2026

San Eduardo Rey - 13 de Octubre

 

Venid, benditos de mi Padre, a tomar posesión 
del reino que os está preparado desde 
(Mateo, 25, 34). 

Eduardo III, sabio y profundo legislador, pasó primero 35 años en Normandía durante el reinado de los invasores normandos. Llamado a Inglaterra por el concierto unánime de las voluntades, hizo florecer en ella la justicia y la paz. Edificó numerosas iglesias y fundó la abadía de Westminster. Extremadamente caritativo, llevó un día a un pobre en sus espaldas y le dio una sortija de gran valor. Nada rehusaba de lo que se le pedía en nombre de San Juan Evangelista, el cual le advirtió sobre la hora de su muerte, acaecida en 1066 a la edad de 65 años. 

MEDITACIÓN 
SOBRE SOBRE LA FELICIDAD 
DEL HOMBRE EN ESTA VIDA 

 I. Tres cosas pueden hacernos felices, tanto al menos cuanto lo podemos ser en este lugar de destierro. La primera es la buena conciencia: sin ella, ni los placeres, ni los honores, ni el cumplimiento de todos nuestros deseos podrían contentarnos. Si tienes el alma pura, todo lo desagradable que pueda sucederte no debe turbarte. ¡Qué consuelo poder decirse: Hago lo que depende de mi para estar bien con Dios! ¿Puedes, tú, con verdad, decirlo? ¿No te reprocha nada tu conciencia? 

II. La segunda condición para ser feliz es abandonarse generosamente a la providencia de Dios, consagrarse a Él sin reserva, no querer sino lo que El quiere y recibir de su mano con agradecimiento el bien y el mal, pues lo uno y lo otro son efectos de su bondad. Las aflicciones, el ayuno, las enfermedades, no son penosos para los que los soportan, sino solamente para los que los reciben a disgusto. (Salmo). 

III. La tercera condición es considerar cuál es voluntad de Dios en todo lo que nos acaece. Dios tiene sus designios y el demonio los suyos. ¿Cuál es designio de Dios en esta enfermedad que te envía? Que la soportes con resignación, mediante el pensamiento de la muerte y del paraíso. El demonio, por otro lado, quiere arrojarte en la impaciencia y en la murmuración. Dios es tan bueno que no permitiría más que sucediese ningún mal en el mundo, si no fuese Lo suficientemente poderoso como para sacar bien del mal. (San Agustín). 

Conformidad con la voluntad de Dios 
Orad por los que os gobiernan. 

ORACIÓN 
Oh Dios, que habéis coronado con la gloria eterna al bienaventurado rey Eduardo, vuestro confesor, haced, os Lo suplicamos, que honrándolo en la tierra, podamos reinar un día con él en el cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. (1642-1718)