jueves, 10 de septiembre de 2026

Milagros del Escapulario 27: Dos Milagros del Santo Escapulario...

 



Dos Milagros del Santo Escapulario con los hijos de
los Marqueses del Castillo, en Córdoba.


Me lo refería así la Excma. Sra. Marquesa: "Teniendo mi hijo Dieguito cinco años, nos invitaron unos buenos amigos a almorzar y pasar un día de campo en su finca. El niño hacía tres días que no llevaba el Escapulario, por tenerlo roto, pero, sin embargo, antes de subir al auto, no quise que fuese sin él y le eché un nudo al cordón y se lo puse (pues tenemos la santa costumbre de que a todos nuestros hijos, al bautizarles, se les imponga el Santo Escapulario del Carmen y se les inscriba como cofrades). Al llegar al caserío quiso el niño dar un paseo a caballo, y por tratarse de que era una jaca muy mansita y ya vieja, consentimos en que lo hiciera, no sin mandar con él a un criado de toda confianza y ya viejo en la casa, a fin de que lo vigilase; pero éste se distrajo liando un cigarrillo, y le soltó las bridas, confiando en lo manso y viejo que era el animal, el cual, tan pronto como se vio suelto, salió galopando por medio del olivar, con el niño montado a pelo sobre él y sin tener de dónde asirse, pues no llevaba montura ni albarda. Le perdió el criado de vista, y, según nos refirió después, creía se había matado el niño, porque sin aparejo el animal y no teniendo el angelito dónde cogerse, o le hubiese tirado aparatosamente o le hubiera dejado colgado, cual otro Absalón, de las ramas de los olivos, bastante bajas por cierto; pero hizo la Santísima Virgen que un molinero, que desde lejos le viera, se pusiese delante y parase en su loca carrera al animal y bajara al pequeño, hasta que llegó el criado, pálido y demudado y jadeante, y tomándolo en brazos nos lo devolvió sano y salvo. Puede imaginarse nuestro asombro al oírle contar lo sucedido, no cesando de dar gracias a la Virgen por tan patente milagro. 

"El segundo me lo hizo la Santísima Virgen del Carmen en Córdoba, el día 12 de abril de 1926: Al salir de casa de mamá en coche de caballos, con mis sobrinas, la niñera y el segundo de mis hijos, Paquito, que tendría a la sazón unos ocho meses, me dice una antigua criada de mi madre: "Señora, y a este niño tan lindo, ¿no le cuelga usted nada?" Se refería ella a esos amuletos o cosuchas que la gente del pueblo bajo les suelen poner a sus niños, porque así dicen que no les hacen mal de ojos. Y le contesté: "Yo no les pongo a mis hijitos más que el Escapulario bendito de la Virgen del Carmen, que los libra de todo lo malo"; pero no había pasado una hora, cuando al volver a subir yo al coche, pues salía de la tienda, vi lo tenían al niño de pie, y unas por otras, y yo creyéndome que tenían al niño cogido, cuando al arrancar el coche veo con espanto que el niñito se cae al suelo desde lo alto del coche, pues el coche no tenía portezuelas. 

"Al grito tan horrible que yo di, un buen hombre que estaba parado junto al coche lo cogió del suelo o en el aire, diciéndome: "No se apure, señora, que al niño no le ha pasado nada." Y, efectivamente, ni un rasguño siquiera, y fue cuestión de un segundo el que no le pasara la rueda del coche por medio del cuerpecito o tal vez por la cabecita; así que la caída había sido mortal por necesidad. 

"Y ya podrá comprender si tengo motivos más que sobrados para amar a la Virgen Santísima del Carmen y para alabarla con todo mi corazón todo el resto de mi vida, haciendo que todos la amen y la alaben sin cesar." 

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

lunes, 7 de septiembre de 2026

Santa Regina - 7 de Septiembre

 


¿Si Dios está por nosotros, quién contra nosotros? 
(Romanos, 8, 31) 

Esta joven virgen, leyendo la vida de los mártires, concibió el ardiente deseo de dar, como ellos, su vida por Jesucristo. El prefecto Olibrio, a quien fue entregada como cristiana, trató de ganarla mediante promesas; pero no pudiendo lograrlo de esta manera, recurrió a los más crueles tormentos. Regina, consolada con la vista de una cruz luminosa que subía de la tierra al cielo, soportó valientemente el martirio en Alisia, de Borgoña, en el siglo III. 

MEDITACIÓN SOBRE LA CONFIANZA EN DIOS

I. Existen personas que siempre viven temiendo males futuros. Es una ilusión del demonio; rechaza esos vanos temores. ¿Por qué buscar en lo por venir motivos de temor y de tristeza? Ya el tiempo presente nos proporciona bastantes. Ten confianza en Dios: nos ha ayudado en lo pasado, también lo hará en lo futuro. Apóyate en Dios, no se retirará para que caigas; arrójate en sus brazos con entera confianza, te recibirá y te sanará, (San Agustín). 

II. Si los males que temes cayeren sobre ti; si la pobreza, la calumnia, la deshonra, la enfermedad te alcanzan, no por ello desesperes. Cuando tus sufrimientos parezcan sin remedio, entonces es cuando debes redoblar tu confianza en Dios; cuando el mundo nos abandona es cuando se complace en acudir a socorrernos. Pon toda tu esperanza en Él, su mano no es menos poderosa ni su corazón menos tierno que antes. ¡Qué de prodigios no ha obrado en favor de sus servidores! ¿Acaso no te ha dado a ti mismo infinitamente más de lo que le podías pedir, puesto que, para ti, ha creado este mundo y ha sacrificado a su Hijo unigénito? 

III. Recurre a Dios en toda circunstancia, y Sobre todo en las aflicciones. Invócalo y ten confianza en Él, como si nada esperases de ti mismo. Con todo, trabaja por tu parte; emplea, para alcanzar tus objetivos, todos los medios honestos y lícitos, como si nada esperases de Dios. No te abandones, y Él no te abandonará, sobre todo si, a la confianza, sabes unir la humildad. 

La confianza en Dios 
Orad por los que os gobiernan 

ORACIÓN 
Que la bienaventurada Regina, virgen y mártir, implore por nosotros vuestra misericordia, Señor, ella que siempre os fue agradable por el mérito de su castidad y por su valor en confesar vuestro santo Nombre. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. (1642-1718) 


sábado, 5 de septiembre de 2026

San Lorenzo Justiniano - 5 de Septiembre

 


SAN LORENZO JUSTINIANO 
Obispo y Confesor 

No es el discípulo superior al maestro; pero todo 
discípulo será perfecto, si es semejante a su maestro. 
(Lucas, 6, 40). 

Colocado entre las comodidades de una posición brillante y las austeridades del claustro, Lorenzo se volvió hacia Jesús crucificado. Señor, le dijo, Vos sois mi esperanza; en Vos se encuentra mi refugio seguro; y entró en la congregación de los Canónigos regulares de San Jorge, en Alga. Elevado a la sede patriarcal de Venecia, continuó llevando una vida sencilla y mortificada, privándose hasta de lo necesario para socorrer a los pobres. Éstos son, decía, los porteros del cielo, hay que ganarlos con dinero. Se acostaba sobre paja y, en su última enfermedad, rehusó el lecho que se le había preparado, diciendo que su divino Maestro había muerto en una cruz. Expiró en el año 1455, a la edad de 75 años. 

MEDITACIÓN 
EL CRISTIANO DEBE SER DISCÍPULO DE CRISTO 

I. Jesucristo ha venido del cielo a la tierra para enseñamos una doctrina totalmente divina; debemos poseerla perfectamente. Nada más verdadero que esta doctrina, nada más hermoso, nada más necesario para el hombre. ¿Por qué, pues la menospreciamos, para abrevarnos en las cisternas fangosas de Egipto? 

II. La ciencia del cristiano no es una ciencia puramente especulativa; la doctrina que nuestro divino Maestro nos ha enseñado, no basta que la admiremos, hay que llevarla a la práctica. Para entenderla bien, es preciso imitar a Jesucristo, nuestro Maestro, porque su doctrina no es otra cosa sino el resumen de sus actos. Oh mi divino Maestro, enseñadme a amaros y a imitaros. La religión cristiana consiste en imitar lo que honramos. (San Agustín). 

III. La vida del Salvador ha sido una enseñanza continua. En el pesebre, nos predica la pobreza; en la montaña, nos enseña la humildad; desde lo alto de la cruz, el amor a los sufrimientos. Retiene bien estas tres grandes lecciones y, sobre todo, llévalas a la práctica. Si nadie te crucifica, tú mismo crucifícate mediante una continua mortificación. (San Crisólogo). 

La imitación de Jesucristo 
Orad por los predicadores del Evangelio 

ORACIÓN 
Dios omnipotente, os suplicamos, que la augusta solemnidad del bienaventurado Lorenzo, vuestro confesor pontífice, acreciente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. (1642-1718) 


viernes, 4 de septiembre de 2026

Santa Rosalía - 4 de Septiembre

 


SANTA ROSALÍA, Virgen 

Cuando en una ciudad os persigan, huid a otra.
(Mateo, 10,23). 

Santa Rosalía, de Palermo, se retiró a una cueva abierta solamente por lo alto, y escribió en la piedra esta inscripción que hoy se lee todavía: "Yo, Rosalía, hija de Sinibaldo, señor de Quisquina y de Rosae, he resuelto habitar en esta cueva por amor a mi Señor Jesucristo". Vivió en este retiro como una paloma gemebunda, los ojos sin cesar elevados hacia la patria celestial. Rompió la muerte sus cadenas alrededor del año 1160 y Rosalía se presentó a su divino Esposo coronada de rosas de castidad y de lirios de virginidad. 

MEDITACIÓN SOBRE LA PRESUNCIÓN DE LA SALVACIÓN 

I. La mayoría de los hombres viven en una vana esperanza del paraíso. Nadie quiere ser condenado, nadie cree serlo un día, pero muchos no hacen lo que hay que hacer para evitar el infierno. Siempre se piensa en la bondad de Dios y raramente en su justicia. La gente se ilusiona con el ejemplo del buen ladrón, y no se da cuenta de que este ilustre penitente se convirtió en un momento en que todo el mundo abandonaba a Jesús, y que obedeció a la primera inspiración de la gracia. 

II. Pero, ¿en qué fias esa confianza de que te has de salvar? ¿Será en tus buenas obras? ¿Qué haces tú para ganar el cielo? ¿Será por los méritos de Jesucristo? Él te ha redimido sin cooperación alguna de tu parte; pero no te salvará, si no cooperas en tu salvación. Ya se ve, fundas tu esperanza en la bondad de Dios: pero, porque Dios es bueno, ¿habrás tú de ser malvado, y habrás de pecar tantas veces cuantas Él te perdona? (Tertuliano). 

III. Trabaja, pues, en tu salvación con temor. San Pedro y Magdalena lloraron sus faltas todo el resto de su vida, aunque ya estaban seguros de haber obtenido el perdón de ellas. Se ha visto a santos, después de haber vivido en el yermo, temblar de espanto al acercarse su muerte; ¡y tú, nada temes! ¿De dónde procede esta seguridad? ¿No es acaso una señal de tu poca fe, más bien que una prueba de valentía? Temo dejar este mundo y tiemblo a la entrada del puerto, porque ignoro quién debe recogerme al salir de esta vida. (San Bernardo). 

La desconfianza de sí mismo  
Orad por vuestros conciudadanos 

ORACIÓN 
Escuchadnos, oh Dios, salvación nuestra; haced que, regocijándonos con la solemnidad de la bienaventurada Rosalía, vuestra virgen, sintamos crecer en nosotros el espíritu de piedad, y encontremos en su intercesión un abrigo contra los golpes de vuestra cólera. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

   Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. (1642-1718)