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jueves, 21 de mayo de 2026

Aberraciones postconciliares

 

Bergoglio con los paganos.



Bergoglio con la estatua de Lutero en el Vaticano.



Bergoglio y el transexual Diego Neria



Bergoglio con tiara de globos



Bergoglio con férula sin Crucifijo



Bergoglio recibiendo la bendición de obispo anglicano.


Bergoglio con el patriarca Bartolomé.



Bergoglio con paganos brasileños.


martes, 20 de junio de 2023

Milagros del Escapulario 2 - Castigo ejemplar

 


Ha sido táctica secular de los herejes protestantes ridiculizar las prácticas de devoción de los católicos, sobre todo las relacionadas con la Santísima Virgen. Pero, mal que les pese, Ella ha sido siempre la que quebranta con su huella inmaculada todas las herejías, como canta la Iglesia.

Una sacrílega parodia que hicieron los protestantes el año 1923, en la ciudad de Añasco, en la isla de Puerto Rico, es buena prueba de la popularidad inmensa que había alcanzado y que goza afortunadamente la devoción al Santo Escapulario de nuestra Madre del Carmen, que no en vano desfilaron por la isla apóstoles de la devoción a nuestra dulce Madre, tales como los padres Elías Sendra, Espiridión María Cabrera y el fervoroso y santo apóstol P. Elías Besalduch, y no menos lo es en la actualidad el benemérito Carmelita padre José Sánchez. Tratose, pues, de ridiculizar por los protestantes tal devoción como una de las de más honda raigambre entre los católicos.

El relato del caso es del Rvdo. P. Pedro de Arancibia, agustino, natural de abadiano, residente por aquellas fechas en Puerto Rico. El hecho tuvo lugar en la ciudad de Añasco, el día 24 de diciembre del mencionado año de 1923.

Celebraban, dice el P. Arancibia, los protestantes una velada, intentando ridiculizar nuestras devociones y hacer burla y chacota del clero católico. En la tal velada tomaban parte una joven de apellido Domínguez, que desempeñaba el papel de princesa. Un joven, Pietri, hacía de sacerdote católico. Pietri exigió dinero a la joven Domínguez. A la negativa de ésta, el cura Pietri, montando en cólera, insultó violentamente a la princesa, diciéndola: “Te vas a condenar, eres mala católica”. La joven Domínguez, para demostrar su catolicidad religiosa, muéstrale un Escapulario de la Virgen del Carmen que pendía de su cuello. El iracundo y frenético cura se lo arrebata de las manos, diciendo: “Esto es una tontería, una por…” levantando el brazo en actitud de arrojar al suelo el bendito Escapulario.

Pero Jesús, que suele tolerar con más paciencia los agravios inferidos a su persona adorable, suele hacer sentir su mano justiciera sobre los que se atreven a injuriar a su Santísima Madre.

En el presente caso no quiso que se profanara el honor de María y quedase en ridículo la devoción predilecta del pueblo católico de Puerto Rico. El brazo que se levantara para arrojar el Santo Escapulario del Carmen, como herido por un rayo, queda inmóvil. El joven Pietri queda idiota; no sabe ni puede responder a los que, estupefactos, le preguntan qué le pasa. El que entró en la velada rebosante de salud y alegría, sale a hombros de sus amigos, paralítico, idiota y enfermo.

Los protestantes hubiesen querido ocultar el espantoso suceso, mas, por fortuna, había en la velada, también, algunos católicos, que pusieron inmediatamente en conocimiento de su párroco todo lo sucedido, el cual refirió lo ocurrido para edificación de sus feligreses, en las fiestas del día de Reyes, y en la de San Antonio Abad, patrón de la parroquia, escuchándole emocionados todos los fieles que asistían a la Santa Misa, en los que se aumentó más y más el fervor y la devoción hacia el bendito Escapulario de María Santísima del Carmen, siendo centenares los que le recibieron este último día.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O. C.
Editado en 1956

miércoles, 17 de mayo de 2023

Sesenta razones que obligan a rechazar la Nueva Misa

 



60 RAZONES por las que, en conciencia, no puedo asistir a la “NUEVA MISA” o Misa de Pablo VI, o la Misa Moderna, sea en Latín o en Español, de cara al pueblo o de cara al Sagrario. Y, por lo tanto, por las mismas razones, continúo con la Misa tradicional, o Misa de San Pío V, o Misa tridentina, o Misa de siempre.

1.- Porque la Misa Nueva es equívoca y ambigua. Es usada también por protestantes. Ahora bien, rezamos según creemos. Por lo tanto la Nueva Misa no es una profesión de Fe inequívoca, sino ambigua. Y nuestra Fe no puede ser al mismo tiempo católica y protestante.

2.- Porque los cambios no fueron insignificantes sino que “se trata de una restauración fundamental, yo diría de una mudanza total y, en ciertos puntos, de una verdadera nueva creación” (Palabras de Monseñor Aníbal Bugnini, coautor de la Misa Nueva.

3.-Porque estos cambios en la Misa, llevan a pensar “que la Verdad, siempre creída por el pueblo cristiano, puede cambiar o desviarse sin infidelidad al depósito sagrado de la Doctrina, al cual la Fe católica está vinculada por toda la eternidad” (Cardenales Ottaviani y Bacci en carta a Pablo VI).

4.-Porque la Nueva Misa representa “un alejamiento impresionante de la Teología Católica de la Misa según fue formulada en la Sesión XXII del Concilio de Trento” que, al establecer los “cánones”, proporcionaba una “barrera infranqueable a cualquier herejía que fuera en contra de la integridad del Ministerio”.

5.-Porque la diferencia entre las dos misas no es sencillamente de mero detalle o simplemente cambio en la ceremonia, sino “lo que se presenta como nuevo en la Misa Nueva es materia referente a verdades perennes”.

6.-Porque “las recientes reformas han demostrado suficientemente que las nuevas transformaciones en la liturgia, sólo conducen a una total desorientación de los fieles, quienes ya presentan señales de indiferencia y de disminución en su Fe”.

7.-Porque en tiempo de confusión como el actual nos guían las palabras de Nuestro Señor: “Por sus frutos los conoceréis”. Ahora bien, después de la reforma en la liturgia, hubo enfrentamiento en la Fe y disminución del fervor de los fieles, y según las estadísticas, disminuyó considerablemente la asistencia a la Misa dominical; en los Estados Unidos, según el “New York Times” del 24/5/76, disminución del 30%; en Francia hay, según el Cardenal Marty, disminución del 43%; en Holanda, según “New York Times” del 5/1/76, de un 50%.

8.-Porque, después de la imposición de la Misa Nueva, “la mejor parte del clero pasa, en estos momentos, por una torturante crisis de conciencia, de la cual poseemos innumerables testimonios cotidianos” (Cardenales Ottaviani y Bacci en carta a Pablo VI).

9.-Porque después de que se introdujo la Misa Nueva, según estadísticas de la Santa Sede, en sólo siete años, el número de sacerdotes disminuyó en el mundo casi en el 50%. ([De 1969 a 1976, de 413,438 a 243,307; disminución del 41.15% exactamente.) ¿Pura coincidencia? ¿Dónde está la vitalidad de la Misa Nueva? ¿Dónde está la “optatan totius ecclesiae renovationem” (deseada renovación de toda la Iglesia)?

10.-Porque “las razones pastorales aducidas para sustentar esta ruptura gravísima (con la Tradición de la Misa), aunque no tengan en ningún caso valor, frente a las razones doctrinaras, no parece, de ningún modo, suficientes” (Cardenales Ottaviani y Bacci en carta a Pablo VI).

11.-Porque la Misa Nueva no manifiesta, de modo claro, como en la Misa Tradicional, la Fe en la presencia Real de Nuestro Señor.

12.-Porque confunde de algún modo la presencia Real de Cristo en la Eucaristía con la presencia en la palabra de la Biblia y su presencia espiritual en medio de los fieles: proximidad con los errores protestantes.

13.-Porque facilita la confusión entre el Sacerdocio Jerárquico y el sacerdocio común de los fieles, como pretenden los protestantes.

14.-Porque favorece la Teoría protestante de que la Fe de los fieles, y no la palabra del Sacerdote, es la que hace estar presente a Cristo en la Eucaristía.

15.-Porque, al insertar la “oración de los fieles” luterana en la Nueva Misa no sólo se sigue, sino que se presenta como aceptable el error protestante de que todas las personas son sacerdotes.

16.-Porque la Nueva Misa elimina el “Yo pecador” del sacerdote, y lo hace común con el pueblo y por lo tanto favorece el rechazo de Lutero: el de no aceptar la enseñanza católica de que el sacerdote es juez, testigo e intercesor ante Dios.

17.-Porque la Nueva Misa deja entender que el pueblo “concelebra” con el Sacerdote lo cual es contrario a la teología Católica.

18.-Porque fueron seis pastores protestantes los que colaboraron en su confección, sus nombres: Georges, Jasper, Shepherd, Kunneth, Smith y Thurian.

19.-Porque así como Lutero suprimió el Ofertorio, porque en él se expresaba de modo neto el carácter sacrificial y propiciatorio de la Misa, así también la Nueva Misa lo reduce a una simple preparación de las ofrendas.

20.-Porque los protestantes, sin corregir sus errores, pueden celebrar su cena usando el texto de la Nueva Misa. Es decir, se sirven de la Misa Nueva sin dejar de ser protestantes, conservando su fe protestante. Max Thurian, protestante de Taizé, dice que uno de los frutos de la Nueva Misa “será tal vez que las comunidades no católicas podrán celebrar la santa cena con las mismas oraciones de la Iglesia Católica. Teológicamente es posible” (La Croix, 30/5/69).

21.-Porque el modo narrativo de la consagración, induce a creer que se trata sólo de una memoria de la Cena y no un verdadero y propio Sacrificio (tesis protestante).

22.-Porque, por las graves omisiones, llevan a pensar que se trata sólo de una cena o de un sacrificio de acción de gracias solamente y no de un sacrificio propiciatorio; esto es, que favorece el error protestante de que la Misa es sólo un banquete y que el sacerdote sólo es presidente de la asamblea.

23.-Porque, con las otras innovaciones a que prestó ocasión, como el altar en forma de mesa, el sacerdote orientado hacia el pueblo, la Comunión de pie o en la mano no sólo dio margen a abusos, sino que favorece la doctrina protestante, según la cual la misa es sólo un banquete y el sacerdote solamente presidente de la asamblea.

24.-Porque, a causa de todo eso, los protestantes, posiblemente burlándose de nosotros, dijeron: “Las nuevas plegarias eucarísticas católicas han abandonado la falsa perspectiva del sacrificio ofrecido a Dios” (La Croix, 10/12/69). Y más: “Ahora en la Misa renovada, no hay nada que pueda perturbar al cristiano evangélico” (Siegevalt, profesor de teología dogmática en la Facultad protestante de Strasburg).
25.-Porque estamos frente a un serio dilema: o bien nos hacemos protestantes siguiendo la Nueva Misa o, por el contrario, conservamos nuestra Fe católica al adherirnos fielmente a la Misa tradicional de siempre.

26.-Porque la Misa Nueva fue elaborada de acuerdo con la definición protestante de la Misa: “La Cena del Señor o Misa es la sagrada sinaxis o asamblea del Pueblo de Dios que se congrega, presidida por el sacerdote, para celebrar el memorial del Señor” (N° 7 de la “Institutio Generalis” del 6/4/69, documento que presenta la Nueva Misa).

27.-Porque la Misa Nueva no agrada a Dios, quien detesta las cosas ambiguas y las palabras de doble sentido como es la Misa Nueva, que pretende agradar a católicos y protestantes y más a éstos.

28.-Porque quien asiste a la Misa Nueva, especialmente cuando es acompañada de cánticos nuevos de fuerte sabor protestante (sin hablar de las guitarras y baterías), tiene la clara impresión de asistir a una reunión, culto o cena protestante.

29.-Porque, siendo ambigua y favoreciendo la herejía, es peor que si fuese claramente herética, porque así es más engañadora: la peor moneda falsa es la más parecida a la verdadera.

30.-Porque la Santa Misa es el sacrificio de la Esposa de Cristo, que es la Iglesia Católica. Por lo tanto no puede ser al mismo tiempo de la Esposa de Cristo y de otras iglesias o sectas contrarias al verdadero y único Cristo: esto sería ofensivo para Cristo y su Esposa.

31.-Porque la Misa Nueva obedece al mismo esquema de la Misa protestante de Cranmer, uno de los jefes del anglicanismo y feroz perseguidor de la Iglesia; los métodos empleados para introducirla, siguen, finalmente, las huellas de este heresiarca inglés.

32.-Porque la Iglesia canonizó varios mártires ingleses que dieron su vida por no adherir a una misa muy semejante a la Misa Nueva, que era la misa anglicana.

33.-Porque muchos ex protestantes convertido al Catolicismo quedaron escandalizados al ver en la Misa Nueva la misma “Misa” a que ellos asistieron cuando estaban en el error. Uno de ellos (Julien Green) llegó a preguntarse: “¿Por qué nos convertimos?”

34.-Porque las estadísticas nos demuestran una gran disminución de las conversiones al Catolicismo, después de la implantación de la Nueva Misa e inclusive un gran crecimiento de las sectas protestantes en los países católicos. Así por ejemplo, en los EE.UU., las conversiones que sumaban 100,000 aproximadamente por año, descendieron a menos de 10,000.

35.-Porque ningún santo celebró o asistió a esta Misa, al paso que la Misa Tradicional hizo muchos santos, según el testimonio del propio Pablo VI: “innumerables santos con abundancia nutrieron la propia piedad para con Dios mediante el mismo (Misa Tradicional))…” (Const. Apost. Missale Romanum).

36.-Porque, al contrario, la Misa Nueva está siendo instrumento y ocasión de los mayores desvaríos y profanaciones de la Santísima Eucaristía y del lugar Santo; lo cual ocurre con mucha frecuencia. Ahora bien, eso no acontecía, según el testimonio del Card. Renard, Arzobispo de Lyon, en Francia: “Acontece que son celebradas misas sin el suficiente respeto, por ejemplo, sin ningún vestido litúrgico, sin Creo in Pater, con un canon inventado, o en plena refección profana, sin oraciones”. “Sucede a veces, que hay concelebraciones con seglares o con sacerdotes casados…, que no se purifique más el cáliz al final de la Misa, o que se dejen rodar sobre una mesa o un altar partículas de pan consagrado” (Vison, messes de L´Antechrist, pág. 4).

37.-Porque la Nueva Misa es, en sí, modernista; a pesar de las apariencias inocula una nueva Fe que no es la Fe Católica. Sigue perfectamente la táctica modernista de jugar con ambigüedades y términos imprecisos para infundir errores. (Táctica denunciada y condenada especialmente por San Pío X.)

38.-Porque no constituye factor de unidad en la Liturgia, como la Misa Tradicional lo hacía, de hecho, cada sacerdote celebra la misa como quiere, bajo el pretexto de creatividad. Así el nuevo “Ordo” de la Misa merecía llamarse nuevo desorden, porque lo ha producido constantemente. Además el el nuevo Ordo de la Misa no es seguido prácticamente en ningún lugar, tal como fue presentado oficialmente, lo que agrava sus defectos.

39.-Porque muchos teólogos, canonistas y sacerdotes respetables no aceptaron la Misa nueva y afirmaron que en conciencia no la pueden celebrar.

40.-Porque la Nueva Misa ha eliminado muchas cosas, tales como: las genuflexiones (quedan sólo tres), la purificación de los dedos del sacerdote en el cáliz, la preservación de los mismos dedos de todo contacto profano después de la Consagración, la piedra consagrada (Ara) y las reliquias, los tres manteles de lino (hoy se usa uno sólo), y otras muchas, lo cual no hace más que confirmar de modo específico el implícito repudio de la Fe en el dogma de la Presencia Real. (“Breve examen crítico del Nuevo Ordo” de los Cardenales Ottaviani y Bacci).

41.-Porque es una misa artificialmente fabricada y no una Misa enriquecida y perfeccionada por una tradición multisecular como la Misa de siempre que fue codificada y no inventada por un papa que fue un santo, San Pío V.

42.-Porque las traducciones en la versión vernácula (las aprobadas) de la Nueva Misa, vinieron a aumentar y agravar los errores presentes ya en su texto en latín, y así acentuaron más su carácter modernista.

43.-Porque, debido a todos esos errores y ambigüedades del rito, corre fácilmente el riesgo de ser celebrada inválidamente, quedando así la Iglesia privada del verdadero sacrificio, y nosotros expuestos a la ira de Dios. Los Cardenales Ottaviani y Bacci afirman en el examen crítico: “Los sacerdotes que en un futuro próximo no hubieran recibido la formación tradicional, y que se fiaran en el Nuevo Ordo de la Misa y en su ‘Institutio generalis’ para hacer lo que hace la Iglesia, ¿consagrarán válidamente? Es legítimo dudarlo.”

44.-Porque “la Misa es lo que existe de más bello y mejor en la Iglesia… Así, el demonio procuró siempre, por medio de herejes, privar al mundo de la Misa, haciéndolos precursores del anticristo, el cual, antes de todo, procurará abolir y realmente abolirá el Santo Sacrificio del Altar, en castigo por los pecados de los hombres según la profecía del profeta Daniel, 8, 12:´’Y que le fue dado poder contra el Sacrificio perpetuo, por causa de los pecados (del pueblo)”. (Palabras de San Alfonso María de Ligorio).

45.-Porque en los lugares donde se conserva la Misa Tradicional, la Fe y el fervor de los fieles son mayores, mientras que se aprecia lo contrario donde predomina la Misa Nueva. (Lo confirma la relación sobre la Santa Misa en la diócesis de Campos, presentada al cardenal James Knox, publicada en ROMA, n° 69, agosto de 1981, pág. 29).

46.-Porque, junto con la Misa Nueva, aparecieron los catecismos nuevos, la moral nueva, predicaciones e ideas nuevas, el nuevo calendario, el nuevo código, en fin, UNA IGLESIA NUEVA. La Misa Nueva es una de las manifestaciones de la nueva Iglesia y el punto central del progresismo. “La reforma litúrgica es, en sentido muy profundo, la llave del Aggiornamento (modernización de la Iglesia). No os engañéis: es ahí donde comienza la Revolución” (declaración de Mons. Dwyer, Arzobispo de Birmingham, en su calidad de portavoz del Sínodo Episcopal).

47.-Porque la belleza intrínseca, esencial, de la Misa Tradicional, atrae las almas por sí mismo, mientras que la Nueva Misa, al faltarle atracción propia, tiene que inventar novedades para interesar y poder atraer al público.

48.-Porque la Nueva Misa contiene muchos errores ya condenados de modo dogmático por el Concilio de Trento: la Misa recitada totalmente en vernáculo, las palabras de la Consagración dichas en voz alta, por Pío VI (los mismos errores en la condenación del sínodo de Pistoya) y Pío XII (condenó, por ejemplo, en la encíclica “Mediator Dei” el, altar en forma de mesa).

49.-Porque la Misa Nueva intenta realizar el gran deseo judeo masónico de transformar la Iglesia Católica en una iglesia nueva, ecuménica y que abarque, al mismo tiempo, todas las ideologías, todas las religiones, la verdad y el error. Al respecto es sintomática la declaración de Dom Duschak, del 5/11/62: “Mi idea sería introducir una misa ecuménica…” Al preguntarle si su posición venía de sus diocesanos, respondió: “No, encuentro, inclusive, que se opondrían, como bien se oponen numerosos Obispos. Pero si se pudiese colocarla en práctica creo que terminarían por aceptar” (citado por el P. Ralph Wiltgen, en “El Rhin desemboca en el Tiber”)

50.-Porque atenta contra el dogma de la Comunión de los Santos, prescribiendo la supresión, cuando el sacerdote celebra solo, de todos los saldos y de la bendición final; del “Ite Missa est” inclusive en la la Misa celebrada con ayudante (“Breve examen crítico”, Cardenales Ottaviani y Bacci).

51.-Porque da más valor al altar que al Tabernáculo. Ahora recomienda conservar al Santísimo en un lugar apartado, como si se tratase de una reliquia cualquiera, de manera que, al entrar en la Iglesia, no será ya el Tabernáculo el que atraerá inmediatamente la atención, sino una mesa despojada y desnuda (“Breve examen crítico”).

52.-Porque el nuevo rito de la Misa ha dejado de ser un culto vertical que va del hombre hacia Dios, pero convertirse en un culto horizontal, en cuento este nuevo rito se limita a volver al hombre hacia el hombre y no al hambre hacia Dios. Además la nueva iglesia es la religión del hombre. ¿Dónde queda la gloria de Dios?

53.-Porque la Misa Nueva, diciendo obedecer al Concilio Vaticano II, en verdad contraría inclusive sus disposiciones, pues dicho Concilio declaró que la Iglesia quiere conservar y promover los ritos tradicionales.

54.-Porque la Misa Tradicional, llamada de San Pío V, jamás ha sido legalmente abrogada, de acuerdo con las leyes canónicas vigentes (cf. Cánones 22 y 30).

55.-Porque el Papa San Pío V concedió un indulto perpetuo (que no fue hasta hoy abrogado) válido para siempre, para celebrar la Misa según su Misa, libre y lícitamente, sin ningún escrúpulo de conciencia y sin que se pueda incurrir en alguna pena, sentencia o censura (Bula “Quo Primum Tempore”).

56.-Porque Pablo VI, al presentar la Nueva Misa, no tuvo la intención de comprometer en ella la infalibilidad pontifica. Fue él mismo quien lo declaró, en el discurso de 19/11/69, refiriéndose al nuevo Ordo: “El rito y la respectiva rúbrica de por si no son una definición dogmática; son susceptibles de una codificación teológica de valor diverso…”

57.-Porque cuando el Cardenal Heenan de Inglaterra le preguntó al papa Pablo VI si había o no prohibido la Misa Tridentina, le respondió que “no era su intención prohibir absolutamente la Misa Tridentina” (Card. Heenan en carta a Houghton Brouw, presidente de “Latin Mass Society”).

58.-Porque, a pesar de que reconocemos la suprema autoridad del Papa y su gobierno universal en la Iglesia, así como la autoridad de los obispos, sabemos que esa autoridad no puede imponernos la práctica de aquella que va claramente en contra de la Fe: una Misa equívoca y que favorece la herejía y que , por tanto, desagrada a Dios

59.-Porque el Concilio Vaticano I (dogmático y no sólo pastoral) define: “El Espíritu Santo no fue prometido a los sucesores de San Pedro para que estos, bajo la revelación del mismo, predicaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, conservasen santamente y expusiesen fielmente el Depósito de la Fe, o sea, la Revelación heredada de los Apóstoles” (Dz. 3070). Ahora bien, por lo que vimos antes, La Misa Nueva vehicula una nueva doctrina.

60.-Porque la herejía, o todo a aquello que la favorece, no puede ser materia de obediencia. La obediencia está al servicio de la Fe y no la Fe al servicio de la obediencia. Es este caso, “se debe obedecer antes a Dios que a los hombres” (Act. 5, 29).SE TRATA POR LO TANTO DE UNA OBLIGACIÓN GRAVÍSIMA DE CONCIENCIA EL NO ACEPTAR LA NUEVA MISA. EN ESO ESTA EN JUEGO LA SALVACIÓN ETERNA.

Sacerdotes Católicos


Sin fe es imposible agradar a Dios (San Pablo, Epístola a los Hebreos, 11, 6)

Pero aún cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo, os predique un Evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema. (San Pablo, Epístola a los Gálgatas, 1, 8)


sábado, 4 de febrero de 2023

Cómo y por qué Ratzinger fue un adalid del modernismo. Carta a Aldo María Valli

 


Queridos amigos del blog Duc in altum: soy consciente de que entre los lectores del blog hay muchos que profesan un sincero cariño a Benedicto XVI. Yo también. Por ello, si me he decidido a publicar la siguiente carta no es por falta de respeto, ni mucho menos para aumentar una ya crecida confusión. Simplemente considero que el fallecimiento de Joseph Ratzinger pone punto final a una época, y que ha llegado el momento de hacer análisis desapasionados. Análisis que pueden causarnos desconcierto y hasta dolor, y son sin embargo necesarios para entender cómo hemos llegado a la actual situación. Naturalmente, y como siempre, invito a todos los lectores a presentar sus valoraciones y opiniones escribiéndome a blogducinaltum@gmail.com

Carta de Antonio Polazzo

Estimado Aldo Maria Valli:

Como tantos otros, yo también he meditado en los últimos días sobre la vida que Josef Ratzinger vivió en este mundo, recientemente concluida tras la cual partió inmediatamente (y no como juez) a la eternidad.

A la luz de su vida pública, lo que más me duele es no haber observado el más mínimo gesto en él, ya sea indirecta o condicionalmente, o de lejos, que expresase una retractación pública o arrepentimiento de las acciones públicas que realizó contra la Fe.

Esta circunstancia ya me habría causado todavía más dolor si, como muchos creen (al contrario de lo que yo pienso, lo digo con toda franqueza), junto a tantas acciones contra la Fe católica hubiera realizado tantas otras por el bien de ella (me refiero únicamente a su vida pública, y por tanto a cuanto expresó e hizo públicamente).

Aunque me duele, en el fondo no me sorprende si es cierto eso de que genio y figura hasta la sepultura.

Me he preguntado cuánta luz habría podido aportar a su vida espiritual ese modernismo que, teniendo en cuenta sus acciones públicas, lo habría consumido, y que lo iguala a Bergoglio, Wojtyła y Montini, y  junto  al nivel intelectual, a Küng y a tantos supuestos gigantes de la Revolución como Congar, Rahner, Chenu, Martini, etc.

Pero es evidente que no tengo respuesta, porque ciertamente es difícil, por no decir imposible, saber cómo fue en realidad, ya que nadie puede acceder a los rincones más íntimos del corazón de los demás.

¿Y qué fue lo que hizo Ratzinger contra la Fe? La lista sería larguísima y creo que resultaría casi imposible hacer una enumeración exhaustiva, teniendo en cuenta la importancia y centralidad de los cargos que durante tantos años desempeñó Ratzinger en la religión del Novus Ordo. O sea, en el contexto de la iglesia conciliar, esto es, el Concilio Vaticano II, del que indiscutiblemente fue un gran promotor.

Podría poner algunos ejemplos para que se me entendiera, hablando de un simple fiel a otro. Pero creo que se podrían poner cientos de ejemplos. Iré poniéndolos al azar en orden cronológico.

Desde luego, antes que nada, me refiero a su aprobación incondicional y a la relativa enseñanza como obispo y más tarde como papa de las heterodoxas doctrinas del Concilio (por ejemplo en lo que se refiere a la libertad de culto) y al Novus Ordo Missae, que puede calificarse como Misa del Concilio, como la llamaba monseñor Lefebvre, misa de Lutero. Es un tema clásico del Tradicionalismo y no me parece este el momento para explayarme sobre el asunto. En todo caso, vale la pena recordar algunas cosas: a) que Joseph Ratzinger, como perito de sensibilidad notoriamente progresista del cardenal Frings, fue uno de los protagonistas del Concilio, y se esforzó con mucho empeño por revolucionar la Iglesia; b) que él mismo afirmó que la constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo (Gaudium et spes) «significa (junto con los textos sobre la libertad religiosa [Dignitatis humanae] y sobre las religiones mundiales [Nostra Aetate]) una revisión del Syllabus de Pío IX, una especie de Antisyllabus». [1]; c) que el propio Ratzinger reconoció que no había cambiado desde entonces [2].

Estimulado por la entrevista que usted, Valli, le hizo a un viejo colega de Ratzinger, el profesor Hans Küng (aquí), recuerdo cómo colaboró Ratzinger al desmantelamiento del Santo Oficio. Dice Küng:

 «Durante el Concilio los dos estuvimos en primera línea con la mayoría progresista, contra las tendencias conservadoras de la Curia Romana. Fue precisamente Ratzinger quien escribió el discurso en el que el cardenal Frings de Colonia reclamó enérgicamente la reforma del Santo Oficio y fue clamorosamente aplaudido al final». Además, no me da la impresión de que Ratzinger se haya mostrado jamás contrario a dicho desmantelamiento.

Cualquier fiel puede reconocer la incompatibilidad entre la Fe católica y el encuentro interreligioso de Asís de 1986. Veamos algunas cosas que dijo Benedicto XVI durante la conmemoración del vigésimo aniversario de aquel histórico acto:

 «Este año se celebra el vigésimo aniversario del Encuentro interreligioso de oración por la paz, convocado por mi venerado predecesor Juan Pablo II y que tuvo lugar el 27 de octubre de 1986 en esa ciudad de Asís. Como es sabido, no sólo invitó a aquel encuentro a los cristianos de las diversas confesiones, sino también a exponentes de las diferentes religiones. La iniciativa tuvo amplio eco en la opinión pública: fue un mensaje vibrante en favor de la paz y se convirtió en un acontecimiento que dejó huella en la historia de nuestro tiempo. [...] Entre los aspectos más característicos del encuentro de 1986, conviene subrayar que este valor de la oración en la construcción de la paz fue testimoniado por representantes de diferentes tradiciones religiosas, y esto no sucedió a distancia, sino en el marco de un encuentro. De este modo, los orantes de las diferentes religiones pudieron mostrar, con el lenguaje del testimonio, que la oración no divide sino que une, y que constituye un elemento determinante para una eficaz pedagogía de la paz, basada en la amistad, en la acogida recíproca, en el diálogo entre hombres de diferentes culturas y religiones».

En diversas ocasiones, Ratzinger predicó una doctrina errónea sobre la libertad religiosa, irreconciliable con la que enseña la Iglesia. Una de ellas fue en el discurso que pronunció el 28 de noviembre de 2006 en la Nunciatura Apostólica en Ankara con motivo de un encuentro con el Cuerpo Diplomático acreditado ante la República de Turquía: 

En todo país democrático corresponde a las autoridades civiles garantizar la libertad efectiva de todos los creyentes y permitirles organizar libremente la vida de su propia comunidad religiosa.  Como es obvio, deseo que los creyentes, independientemente de la comunidad religiosa a la que pertenezcan, sigan beneficiándose de esos derechos, con la certeza de que la libertad religiosa es una expresión fundamental de la libertad humana y de que la presencia activa de las religiones en la sociedad es un factor de progreso y de enriquecimiento para todos [...] Seguramente el reconocimiento del papel positivo que desempeñan las religiones dentro del cuerpo social puede y debe impulsar a nuestras sociedades a profundizar cada vez más su conocimiento del hombre y a respetar cada vez mejor su dignidad, poniéndolo en el centro de la acción política, económica, cultural y social. [4]

Es harto sabido, como se puede verificar por las imágenes, telediarios y boletines de las agencias noticiosas de la época [5], que durante su viaje a Turquía de 2006 Benedicto XVI visitó la Mezquita Azul de Estambul, donde, con la mano sobre el libro de oración musulmán que le presentó el imán, rezó descalzo a su lado mirando hacia La Meca.

En 2006, aludiendo a lo que afirmó el emperador bizantino Manuel II Paleólogo («Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba»), declaró:

«Lamentablemente, esta cita ha sido considerada en el mundo musulmán como expresión de mi posición personal, suscitando así una comprensible indignación. Espero que el lector de mi texto comprenda inmediatamente que esta frase no expresa mi valoración personal con respecto al Corán, hacia el cual siento el respeto que se debe al libro sagrado de una gran religión». ]6] Y en su discurso a la Curia Romana del 22 de diciembre del mismo año, afirmó: «La visita a Turquía me brindó la ocasión de manifestar también públicamente mi respeto por la religión islámica, un respeto, por lo demás, que el concilio Vaticano II (cf. Nostra aetate,3) indicó como la actitud que debemos tomar»]7]

El 23 de septiembre de 2011, en el discurso en la sala capitular del antiguo convento de los agustinos de Erfurt, con ocasión del encuentro con representantes del consejo de la iglesia evangélica alemana, elogió a Lutero, y además añadió:

«El pensamiento de Lutero y toda su espiritualidad eran completamente cristocéntricos. Para Lutero, el criterio hermenéutico decisivo en la interpretación de la Sagrada Escritura era: “Lo que conduce a la causa de Cristo”. Sin embargo, esto presupone que Jesucristo sea el centro de nuestra espiritualidad y que el amor a Él, la intimidad con Él, oriente nuestra vida».[8]

Me parece contrario a la Fe católica que en su blasón papal figure la mitra de obispo en lugar de la tiara (que simboliza la potestad pontificia). Cualquiera que esté de acuerdo en que en las cosas de la Fe la forma es sustancia (no sólo cuando la forma es suprimida por Bergoglio, sino también cuando lo hace Ratzinger) reconocerá en ello una señal de la doctrina de la colegialidad propuesta por el Concilio contra las prerrogativas del papa, en continuidad  con el gesto sumamente simbólico de Pablo VI de deponer la tiara (1964), y en todo caso con el de Francisco de poner en el anuario pontificio el título de Vicario de Cristo entre los títulos históricos. 

El 8 de abril de 2005 el cardenal Ratzinger dio públicamente de comulgar a fray Roger Schutz, monje protestante fundador de la comunidad de Taizé. Ello no sólo da una imagen terrible ante los creyentes, sino que supone un acto profundamente revelador de la mentalidad ratzingeriana (es un decir, porque todavía hay muchos que se obstinan en no querer ver quién era Ratzinger).

La comunidad de Taizé, que se encuentra en Francia, está integrada por hermanos procedentes de diversas sectas, y es un ejemplo palmario del falso ecumenismo condenado por la Iglesia. En 1982, Ratzinger escribió sobre Taizé: «Taizé constituye un magnífico ejemplo de inspiración ecuménica […] De parecida manera, debería ejercitarse también una comunidad de fe y de vida»[9]

En 2008 elogió a los EE.UU. como modelo ejemplar de laicidad:

«Lo que me encanta de Estados Unidos es que comenzó con un concepto positivo de laicidad, porque este nuevo pueblo estaba compuesto de comunidades y personas que habían huido de las Iglesias de Estado y querían tener un Estado laico, secular, que abriera posibilidades a todas las confesiones, a todas las formas de ejercicio religioso. Así nació un Estado voluntariamente laico: eran contrarios a una Iglesia de Estado. Pero el Estado debía ser laico precisamente por amor a la religión en su autenticidad, que sólo se puede vivir libremente. Así, encontramos este conjunto de un Estado voluntaria y decididamente laico, pero precisamente por una voluntad religiosa, para dar autenticidad a la religión. Y sabemos que Alexis de Tocqueville, estudiando la situación de Estados Unidos, vio que las instituciones laicas viven con un consenso moral que de hecho existe entre los ciudadanos. Me parece que este es un modelo fundamental y positivo. Por otra parte, hay que tener presente que en Europa, mientras tanto, han pasado doscientos años, más de doscientos años, con muchas vicisitudes. Actualmente, también Estados Unidos sufre el ataque de un nuevo laicismo, totalmente diverso. Así pues, primero los problemas eran la inmigración, pero la situación se ha complicado y diferenciado a lo largo de la historia. Sin embargo, me parece que hoy el fundamento, el modelo fundamental, es digno de ser tenido en cuenta también en Europa».[10]

Como vemos, abundan las imágenes en las que Ratzinger protagoniza encuentros ecuménicos o interreligiosos, y en los que incluso se lo ve rezando junto a miembros de sectas cristianas o de otras religiones. Y algo debería causar estupor a los que incluso desde esta perspectiva ven en Ratzinger una especie de antibergoglio, no faltan afirmaciones en las que manifiesta desprecio o condena a los tradicionalistas que en los años de Montini y de Wojtyła defendían la Misa de San Pío V y se oponían al Concilio. En Teoría de los principios teológicos escribió:

[...] Asistimos hoy al renacimiento de un nuevo integrismo, que sólo en apariencia garantiza lo estrictamente católico mientras que, en realidad, lo corrompe en su misma raíz. Hay una pasión propensa a la calumnia, cuya odiosidad está a mil leguas del espíritu del evangelio. Hay una fijación en la letra que declara inválida la liturgia de la Iglesia y se sitúa así, por su propia decisión, fuera de esta Iglesia [11].  Es preciso precaverse de descalificar tales procesos [de oposición al Concilio]. Es indudable que hay aquí zelotismo sectario, que es el polo opuesto del catolicismo[12].

La Operación Summorum Pontificum, que fue la manera ratzingeriana de mantener dentro del modernismo a los católicos que aman la Misa de San Pío V, hay que entenderla a la luz de este pensamiento. Cuando en una reciente entrevista monseñor Gänswein afirmó que lo que se proponía Benedicto XVI con el motu proprio Summorum Pontificum era «encontrar la paz interior, la paz litúrgica, para los que se sentían en casa en la Misa antigua para alejarlos de Lefebvre» [13], está claro que está diciendo eso mismo. Puede ser que para monseñor Gänswein la religión del Concilio no sea modernista, pero me parece imposible que quien esté convencido de lo que es no se dé cuenta de que la finalidad principal de Summorum era que los fieles estuvieran menos dispuestos a traicionar su fe en las filas del modernismo, o sea la doctrina, la Misa, el código y la mentalidad surgida del Concilio. Huelga decir que en la lógica de Summorum la aceptación del Concilio Vaticano II y la Misa de Montini era el requisito para que se pudiera autorizar la celebración en la forma extraordinaria, y la misma carta que acompañaba el motu proprio (la cual ponía de relieve el carácter vinculante del magisterio conciliar) no se olvidaba de manifestar: «Obviamente para vivir la plena comunión tampoco los sacerdotes de las Comunidades que siguen el uso antiguo pueden, en principio, excluir la celebración según los libros nuevos. En efecto, no sería coherente con el reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito la exclusión total del mismo».[15]

Lo entiende perfectamente quien ha observado que Ratzinger autorizó la Misa Tradicional en latín, pero desde una perspectiva modernista, es decir, no por la Fe católica, sino porque esa Misa corresponde al gusto y sensibilidad de ciertas personas. [16]

Por último, no hay que olvidar que en los largos decenios del postconcilio, en los que la Roma modernista (como lo sigue haciendo) perseguía ardorosamente el objetivo de suprimir la Santa Misa (con cierta persecución y castigo de los sacerdotes que la defendían) quien desempeñó el cargo de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe fue durante mucho tiempo el propio Joseph Ratzinger.

Ignoro si, como usted sugiera (aquí) Joseph Ratzinger fue un hombre de cuyo ambiente curial era posible beneficiarse fácilmente. Realmente es difícil imaginar a quien en un principio había ejercido una función de gran relieve y en ofensiva contra la Tradición como perito en el Concilio, al mismo tiempo que de renombrado teólogo en varias universidades, más tarde arzobispo de Múnich (una de las más grandes diócesis del mundo, en el corazón de Europa) y por último prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, como un mártir indefenso a la merced de unos astutos oportunistas que ocupaban cargos administrativos más o menos altos. [17]

Claro que, en todo caso, esto poco importa. Lo que siempre importa es la Fe. Y él fue un maestro indiscutible de los novadores de la fe.

Concluyo rogándole que no le quepa la menor duda de que, con toda sinceridad, no albergo ni he albergado jamás el menor resentimiento ni rencor hacia Ratzinger. Desde que se hizo saber que le faltaba poco para comparecer ante el Señor, he rezado por su alma, y ruego al Señor que haya podido concederle la gracia de la conversión antes del fin.

Sencillamente, como hablamos de una persona que ha tenido y sigue teniendo mucha influencia en la vida, y por la eternidad, de tantos fieles dados los cargos de los que ha sido materialmente titular y por la manera en que se lo representa mediáticamente, creo que se hace un mejor servicio a la verdad y al bien propio y el del prójimo diciendo las cosas tal como las veo, aun a riesgo de dar a algunos la impresión de que no tengo respeto humano.

P.D.: He procurado incluir la fuente de las citas que me ha parecido oportuno poner, pero por falta de tiempo no me ha sido posible a veces de manera completa indicando el número de página. Por un lado, no tengo motivos para dudar que las citas son correctas. Por otro, salta a la vista que se trata de una carta y no de un trabajo científico. En todo caso, presento mis disculpas al lector por lo que pueda faltar.

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[1] Cfr. J. Ratzinger, Teoría de los principios teológicos (1986)Si se desea emitir un diagnóstico global sobre este texto, podría decirse que [de Gaudium et spes, la constitución pastoral del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo] significa (junto con los textos sobre la libertad religiosa y sobre las religiones mundiales) una revisión del Syllabus de Pío IX,
una especie de Antisyllabus. […] Contentémonos aquí con la comprobación de que el documento juega el papel de un Antisyllabus y, en consecuencia, expresa el intento de una reconciliación oficial de la Iglesia con la nueva época establecida a partir del año 1789. […] Se fueron corrigiendo así, via facti, sobre todo en el espacio centroeuropeo, las posiciones de la Iglesia frente a la nueva fase de la historia abierta por la revolución francesa, tal como habían sido fijadas por los pontífices Pío IX y Pío X siguiendo criterios unilaterales condicionados por las situaciones concretas. De todas formas, no se llegó a una reorientación básica de las relaciones con el mundo que surgió de los acontecimientos de 1789. De hecho, en los países de fuerte mayoría católica seguía predominando en amplios círculos una óptica prerrevolucionaria. Hoy apenas nadie puede dudar que el concordato español y el italiano pretendían preservar, en demasía, una concepción del mundo que ya no respondía a las circunstancias reales. Y tampoco puede nadie discutir que a este aferrarse a una construcción jurídica de las relaciones entre la Iglesia y el Estado ya obsoleta respondían similares anacronismos en el ámbito de la enseñanza y en las relaciones con el método crítico histórico de la ciencia moderna.

[2] Véase a este respecto  V. Messori – J. Ratzinger, Informe sobre la Fe, pgs.22- 24, BAC Madrid 1985. Dice Messori: «En el Concilio, el joven teólogo Ratzinger participó como experto del episcopado alemán, conquistándose el aprecio y solidaridad de quienes en aquellas históricas sesiones veían un a ocasión preciosa de adecuar a los tiempos la praxis y la pastoral de la Iglesia. […] Confirmando su reputación de estudioso «abierto», en 1964 el profesor Ratzinger aparece entre los fundadores de
aquella revista internacional Concilium, que agrupa a la llamada “ala progresista” de la teología […] Hace veinte años, Joseph Ratzinger estaba allí, entre los fundadores y directivos de una publicación-institución que habría de convertirse en interlocutor crítico de la Congregación para la Doctrina de la Fe. ¿Qué supuso tal colaboración para quien iba a ser, con el tiempo, Prefecto del ex Santo Oficio? ¿Una desgracia? ¿Un pecado de juventud? Y entretanto, ¿qué ha ocurrido? ¿Un viraje en su pensamiento? ¿Un «arrepentimiento»? Se lo preguntaré como bromeando, pero su respuesta será rápida y seria: “No soy yo el que ha cambiado, han cambiado ellos». […] Y un poco más adelante afirma: «He tratado siempre de permanecer fiel al Vaticano II, este hoy de la Iglesia, sin nostalgias de un ayer irremediablemente pasado y sin impaciencias
por un mañana que no es nuestro”».

[3] Carta de Benedicto XVI a S. E. monseñor Domenico Sorrentino con ocasión del XX aniversario del encuentro interreligioso de oración por la paz (https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/letters/2006/documents/hf_ben-xvi_let_20060902_xx-incontro-assisi.html). Más adelante en la misma carta se ve que es peor el remedio que la enfermedad: «Para que no haya equívocos con respecto al sentido de lo que Juan Pablo II quiso realizar en 1986, y que se ha calificado con una expresión suya como espíritu de Asís, es importante no olvidar el cuidado que se puso entonces para que el encuentro interreligioso de oración no se prestara a interpretaciones sincretistas, fundadas en una concepción relativista. Precisamente por este motivo, desde el primer momento, Juan Pablo II declaró: «El hecho de que hayamos venido aquí no implica intención alguna de buscar entre nosotros un consenso religioso o de entablar una negociación sobre nuestras convicciones de fe. Tampoco significa que las religiones puedan reconciliarse a nivel de un compromiso unitario en el marco de un proyecto terreno que las superaría a todas. Ni es tampoco una concesión al relativismo de las creencias religiosas» (Op. cit., p.1252). Deseo reafirmar este principio, que constituye el presupuesto del diálogo entre las religiones que recomendó hace cuarenta años el concilio Vaticano II en la Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas (cf. Nostra aetate, 2). Aprovecho de buen grado la ocasión para saludar a los exponentes de las demás religiones que participan en algunas de las conmemoraciones de Asís. Al igual que nosotros, los cristianos, también ellos saben que en la oración se puede hacer una experiencia especial de Dios y encontrar estímulos eficaces para trabajar por la causa de la paz. En este aspecto también es preciso evitar confusiones inoportunas. Por eso, también cuando nos reunimos para orar por la paz es necesario que la oración se desarrolle según los distintos caminos que son propios de las diversas religiones. Esta fue la opción que se hizo en 1986, y sigue siendo válida también hoy. La convergencia de personas diversas no debe dar la impresión de que se cae en el relativismo que niega el sentido mismo de la verdad y la posibilidad de alcanzarla».

[4] Cfr.: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2006/november/documents/hf_ben-xvi_spe_20061128_diplomatic-corps.html y L’Osservatore Romano del 30.11.2006, pág. 7.

[5] Cfr. Por ejemplo (el que tengo más a la mano) este artículo del Pime:https://www.asianews.it/notizie-it/Nella-Moschea-blu-di-Istanbul-il-Papa-prega-per-la-fratellanza-di-tutta-l’umanit%C3%A0-7894.html .

[6] Benedicto XVI, Discurso en el encuentro con representantes del mundo de la cultura, aula magna de la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006, cfr.: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/it/speeches/2006/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20060912_university-regensburg.html#_ftnref3 ; véase nota 3.

[7] Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2006, cfr: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/it/speeches/2006/december/documents/hf_ben_xvi_spe_20061222_curia-romana.html.

[8] Cfr: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/it/speeches/2011/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20110923_evangelical-church-erfurt.html .

[9] J. Razinger, Teoría de los principios teológicos (1986).

[10] Benedetto XVI, 15.04.2008, Intervista ai giornalisti durante il volo diretto negli Stati Uniti d’America, cfr: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/it/speeches/2008/april/documents/hf_ben-xvi_spe_20080415_intervista-usa.html .

[11] J. Ratzinger, Teoría de los principios teológicos  (1986).

[12] J. Ratzinger, Teoría de los principios teológicos  (1986). Il sapore dei discorsi di Bergoglio sugli “indietristi” non è dunque una assoluta novità fra i novatori.

[13] Cfr: https://www.aldomariavalli.it/2023/01/04/ganswein-la-traditionis-custodes-e-il-cuore-spezzato-di-benedetto-xvi/

[14] Eso espero; puedo también suponerlo.

[15] Benedicto XVI, 7 de julio de 2007, Carta a los obispos que acompaña la carta apostólica motu proprio data Summorum Pontificum sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970, cfr: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/it/letters/2007/documents/hf_ben-xvi_let_20070707_lettera-vescovi.html.

[16] Cfr. monseñor Donald Sanborn (https://inveritateblog.com/2023/01/13/the-death-of-ratzinger/): «Fomentó la Misa Tradicional en latín, pero desde una perspectiva modernista, es decir, porque esa Misa corresponde al gusto y sensibilidad de ciertas personas».

[17] Con todo, que fuera un hombre de pensamiento más que de acción, influye tal vez en el sentido de la impresión que Ud. tenía.​
(Traducido por Bruno de la Inmaculada. Original)


martes, 22 de noviembre de 2022

APOSTASÍA CONTRA LA IGLESIA, CONTRA CRISTO, Y CONTRA DIOS

 


APOSTASÍA CONTRA LA IGLESIA 1517, APOSTASÍA  CONTRA CRISTO 1717, 
Y APOSTASÍA CONTRA DIOS 1917 

Desde hace medio milenio los combates librados por el mundo contra la verdad de la Iglesia Católica han conducido a errores cada vez más profundos y peligrosos, desencadenando hasta revoluciones. Es muy interesante notar que los procesos históricos más fundamentales de la era moderna se dieron en tres fechas semejantes: en los años 1517 (protestantismo), 1717 (masonería) y 1917 (comunismo), en los que se manifiesta, en Occidente, un avance verdaderamente sistemático de la apostasía de la Verdad de Dios, que irradia desde allí a todo el mundo. 

Jesucristo dice a sus Apóstoles: “Como me envió mi Padre, así os envío Yo”. En esta palabra de Cristo tenemos tres niveles: el Padre – Cristo – los Apóstoles (la iglesia). El Padre envía a Cristo. Cristo envía a los Apóstoles. Cristo dice: “Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha; y quien a vosotros rechaza, a Mí me rechaza, ahora bien, quien me rechaza a Mí, rechaza a aquel que me envió” (Lc. 10,16)1. Y justamente en estos tres pasos, tuvo lugar la apostasía de la Verdad durante los últimos siglos: apostasía contra la Iglesia Católica (1517), apostasía contra Cristo (1717), y apostasía contra Dios (1917). Este desarrollo es del todo consecuente y, en su avance es, un cierto sentido, necesario. Aquel que rechaza a los enviados de Cristo, los sucesores de los Apóstoles (es decir la Iglesia Católica), rechaza en consecuencia también a Cristo. El que rechaza a Cristo, rechaza consecuentemente también a Dios Padre. La historia del último medio milenio ha confirmado así, y de manera aterradora, estas palabras de Cristo. 

En 1517, con la publicación de las tesis de Lutero se marca, al menos exteriormente, el comienzo decisivo del protestantismo. De los dos “envíos” mencionados Lutero reconoce solamente uno: la mediación de Cristo hacia Dios, pero no la mediación de la Iglesia hacia Cristo. De aquí las sentencias programáticas de Lutero: “Solo las Escrituras” y no el Magisterio de la Iglesia; “Solo la gracia” y no la mediación a través del sacerdocio y de los sacramentos. “Solo Dios” y ninguna mediación a través de los Santos del Cielo. 

En 1717, con la fundación de la masonería en Inglaterra, se marca la siguiente etapa de la apostasía. El rechazo de la Iglesia y de su Magisterio por Lutero trajo como consecuencia ulterior el rechazo absoluto de la revelación de Dios dentro de este mundo. Como la encarnación de Jesucristo constituye el punto culminante de la revelación de Dios, será especialmente rechazada. La filosofía masónica no es atea: postula un ser superior, gran arquitecto del mundo. Por lo tanto, los masones no son ateos, sino que abogan por el deísmo (Dios ya no actúa más en el mundo después de la creación) y por el agnosticismo (es imposible conocer la verdad), y en el campo de la ética postulan, consecuentemente, el liberalismo (libertad en todos los ámbitos en lugar de autoridad o ley). Aquí se ve la realización del primer paso antes mencionado: “Quien a vosotros rechaza, a Mí me rechaza”. Así como Lutero rechazó la mediación de la Iglesia, así también rechazan los masones a Cristo y con Él, toda mediación o puente hacia Dios. Es por eso que sostienen el deísmo, que rechaza a priori no solamente la Divina Providencia y la posibilidad de milagros, sino también toda autoridad divina. 

En 1917, con el estallido del comunismo, se marca la tercera etapa en esta revolución social contra Dios. Ya que desde 1717 se ha negado categóricamente la actuación de Dios en el mundo y cualquier intervención suya después de la creación, llegamos como consecuencia al último paso: al perfecto ateísmo y antiteísmo. El comunismo es, efectivamente, en esencia, un ateísmo social combativo. No es, en ningún caso, un sistema meramente económico al que se agrega sólo externamente el ateísmo. El comunismo entronca con la Revolución Francesa, especialmente a través de Rousseau. También entre la masonería y el protestantismo existe una clara relación fácil de deducir viendo quiénes han sido sus artífices: los dos principales fundadores de la masonería son Jean Théophile Désaguliers y James Anderson, uno pastor protestante y el otro teólogo protestante. 

“Quien me odia a Mí, odia también a mi Padre” (Jn. 15,23). El segundo nexo consecuente trazado claramente por Cristo, se hace realidad aquí. Esta última consecuencia que llega hasta el odio de Dios, se muestra claramente en el comunismo y de modo muy combativo. Se había anunciado en la masonería más avanzada. “Quienquiera niega al Hijo, tampoco tiene al Padre” (1Jn. 2,23.

Todos estos errores de la Era Moderna no permanecieron sólo en el plano teórico, sino que transformaron la vida de la humanidad y de la sociedad en todos sus aspectos. Condujeron necesariamente a una persecución de cristianos sin precedentes. De acuerdo a recientes declaraciones rusas, 200.000 sacerdotes y religiosos (católicos y ortodoxos) perecieron víctimas del terror stalinista: fusilados, ahorcados, crucificados o expuestos a morir congelados. 

Martillo y hoz no se limitaron solamente a derramar la sangre de mártires sino que también aplicaron a sus pueblos subyugados, sin el menor escrúpulo, medidas de terror de una violencia y crueldad monstruosas. Según las prudentes estimaciones de los autores del “Libro Negro del Comunismo” la erección de la utópica visión de la sociedad sin clases sociales costó alrededor de 100 millones de víctimas humanas: 20 millones de muertos en la Unión Soviética; 65 millones en China; 1 millón en Vietnam; 2 millones en Corea del norte; 2 millones en Camboya; 1 millón en Europa del Este, 150.000 muertos en América Latina; 1,7 millones en África y 1,5 millones en Afganistán, lo cual suma casi 100 millones de víctimas humanas.2 Estas masacres se llevaron a cabo de tres maneras diferentes: mediante ejecuciones de todo tipo como fusilamiento, horca, ahogamiento, apaleo, envenenamiento, cámaras de gas; por hambrunas intencionalmente provocadas o no evitadas deliberadamente y por deportaciones, ya sea por prolongadas marchas a pie, ya por hambre, enfermedad o frío dentro de vagones de transporte de ganados, ya por agotamiento en trabajos forzados. El intento ateo de establecer un cielo sin Dios aquí en la tierra conduce siempre al infierno. 

La Santa Iglesia, previendo las consecuencias de las explosivas ideas marxistas, ha condenado el sistema comunista ya 71 años antes del estallido de la Revolución de Octubre de 1917. Así, en el año 1846, el Beato Papa Pío IX alza la vos a través de su encíclica Qui Pluribus, condenando “la nefanda doctrina del comunismo contraria al derecho natural que, una vez admitida, echa por tierra los derechos de todos, la propiedad y la misma sociedad humana”.3 Pío IX reafirma después esta reprobación en el Syllabus.4 

León XIII, su sucesor, en la encíclica Quod Apostólici Muneris, desenmascara el comunismo como “mortal pestilencia que se infiltra por los miembros íntimos de la sociedad humana y la conduce a un extremo peligroso”.5 

También Pío XI dedica una encíclica entera a condenar y advertir solamente contra:

“el comunismo bolchevique y ateo que tiende a derrumbar el orden social y socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana (…) contraponiendo a estos falsos principios la luminosa doctrina de la Iglesia e inculcando de nuevo con insistencia los medios con los que la civilización cristiana, única “civitas” verdaderamente “humana”, puede librarse de este satánico azote y desarrollarse mejor para el verdadero bienestar de la sociedad humana”.6

El error del comunismo lo lleva, en su exigencia absoluta y exclusiva, a pretender no sólo una reforma social, sino, y eso desde el primer momento, a promover una revolución mundial para lograr el poder mundial total. 

“Insistiendo en el aspecto dialéctico de su materialismo, los comunistas sostienen que los hombres pueden acelerar el conflicto que ha de conducir el mundo hacia la síntesis final. De ahí sus esfuerzos por hacer más agudos los antagonismos que surgen entre las diversas clases de la sociedad; la lucha de clases, con sus odios y destrucciones, toma el aspecto de una cruzada por el progreso e la humanidad. En cambio, todas las fuerzas, sean las que fueren, que resistan a esas violencias sistemáticas, deben ser aniquilados como enemigos del género humano.”7
Es interesante constatar la coincidencia casi exacta entre los cinco meses de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima (desde el 13 de mayo de 1917 al 13 de octubre de 1917) y el tiempo de los preparativos revolucionarios de Lenin en Rusia. Los niños videntes, en aquella época, no podían saberlo. Al respecto, el Padre Josef Schweigl SJ escribe: 

“El 16 de abril volvió Lenin de su exilio y comenzó de inmediato su lucha contra el gobierno liberal. Ya después de tres meses había ganado tal influencia que podía arriesgar un primer intento de revolución. El 17 de julio, algunos días después de aquel 13 de julio en el que María había entregado su mensaje a los tres pastorcitos, tuvo lugar en San Petersburgo una manifestación de casi medio millón de trabajadores, los que bajo la conducción de Lenin, transformaron la manifestación en un alzamiento armado con el objetivo de hacer caer al gobierno provisorio y proclamar el gobierno de los Soviets. Los bolcheviques fueron los dueños de la ciudad por tres días. La situación era tan crítica que el gobierno se vio en la obligación de retirar parte de las tropas del frente, con cuya ayuda pudo sofocar la revuelta. (…) Justamente el 13 de octubre, el día de la última aparición de Nuestra Señora en Fátima, Kerenski publicó en su diario Delo Naroda un artículo con el encabezamiento: “Perseverar, Resistir”, en el que exhortaba al pueblo a perseverar en la guerra hasta la victoria final. Al leer este artículo, Lenin se puso tan furioso que decidió ese mismo día consumar la revolución8. Todo lo que siguió fue nada más que la consecuencia práctica de esta decisión. Primeramente, la revolución del 7 de noviembre(el 25 de octubre sgún el Calendario Juliano, de donde el nombre de Revolución de Octubre), y luego el armisticio de Brest-Litowsk con Alemania el 5 de diciembre: y, al año siguiente, la paz especial, que fue concluida en la misma ciudad”.9 

Notas:

1 Jesucristo afirma lo mismo en varios pasajes más de las Escrituras Santas pero con otras palabras. Véase al respecto: 1 Jn. 2,23; Jn. 14,6; Jn. 5,23; Jn. 8,19; Jn.8,42; Jn. 15,23; Jn. 14,7; y 1 Jn. 2,22.
2 Cfr.: Courtois, Stéphane, et alii, Schwarzbuch des Kommunismus, Müchen/Zürich 2000, p. 16. Este libro es una traducción de la obra francesa Le Livre Noir du Communisme que ha sido traducida ya en 16 lenguas. La edición alemana apareció en la muy conocida editorial Piper. 
3 Pío IX, Encíclica Qui Pluribus del 1º de noviembre de 1846.
4 Cfr.: Pío IX, Syllabus (Colección de los errores modernos), editado el 8 de diciembre de 1864, nº IV.
5 León XIII, Encíclica Quod Apostólici Muneris, del 28 de diciembre de 1878. 
6Pío XI, Encíclica Divini Redemptoris, del 1º de marzo de 1937.
7 Ibidem: pp.528 s. 
8 Cfr.: Lenin, Vladimir Iljitsch, Gesammelte Werke, t. 26, Moskau 1949, pp. 111 ss. 
9 Schweigl, Josef, SJ, Fátima und die Bekehrung Russlands, Leutesdorf 1956, p. 23.

Padre Gérard Mura, "FÁTIMA ROMA MOSCÚ"