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viernes, 8 de marzo de 2024

Como debe vestir la mujer católica, por Lina Castillo

 


¡Qué trágico es ver a tanta gente vivir como si no hubiera Dios, mandamientos, pecado mortal, muerte, juicio o eternidad! Sin embargo, es todavía más trágico ver a mujeres y niñas que se dicen “católicas” caer víctimas de los encantos de las modas y estilos indecentes; y, en esto, se convierten en ocasión de pecado para muchos otros.



CÓMO DEBE VESTIR LA MUJER CATÓLICA.

Todo el mundo sabe lo que dicta la perversión de las modas actuales, tan anticristianas como tiránicas; gobernando y manipulando casi la totalidad de las tiendas de ropa y sastrerías. Sin embargo, es sumamente importante y necesario saber lo que dicta la Iglesia Católica y someterse, también en esto, a la Voluntad de Dios.

Lo Que Dicen Las Sagradas Escrituras:

“No cometerás adulterio” (Éxodo 20,14).

“No codiciarás la mujer de tu prójimo” (Éxodo 20,17).


Leemos, además, en el evangelio de san Mateo que nuestro Divino Salvador Jesucristo reiteró el noveno mandamiento cuando dijo:

“Oísteis que fue dicho: “No cometerás adulterio.” Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mt. 5,27-28).

“Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos” (1 Timoteo 2:9)

Lo que dice Nuestra Señora la Siempre Virgen Santa María.

Cuando reflexionamos sobre estos temas, nos vienen a la mente algunas de las advertencias que dio la Bienaventurada Virgen en Fátima (Portugal,1917):

“Se introducirán ciertas modas que ofenderán mucho a Nuestro Señor. […] Más almas se van al infierno a causa de los pecados de la carne que por cualquier otra razón.”

Han pasado casi 100 años desde las apariciones de Nuestra Señora en Fátima y, ¡qué profético fue su mensaje! Con la moderna tecnología — la televisión, los cines y los videos, y el internet — las personas están expuestos diariamente a la pornografía y otras inmoralidades que tanto destruyen su carácter moral. Sus efectos son obvios: fornicación, promiscuidad y embarazo de adolescentes extramatrimoniales, abortos, abierta promoción de anticonceptivos y aumento de violaciones.

¡Qué trágico es ver a tanta gente vivir como si no hubiera Dios, mandamientos, pecado mortal, muerte, juicio o eternidad! Sin embargo, es todavía más trágico ver a mujeres y niñas que se dicen “católicas” caer víctimas de los encantos de las modas y estilos indecentes; y, en esto, se convierten en ocasión de pecado para muchos otros.

Lo que dicen los Santos:

San Juan Don Bosco, oyendo tocar las campanas por la muerte de una joven que siempre vistió mal, exclamó: “Ni réquiem ni gloria para ella. Mucho me temo que esté ya en el infierno.”

Lo que dicen los Papas:

Papa Benedicto XV, Encíclica Sacra Propediem, 6 de Enero, 1921.

“Ahora, muchas niñas no ven nada malo en seguir ciertos estilos desvergonzados (modas) como lo hacen muchas ovejas. Seguramente se ruborizarían si tan sólo pudiesen adivinar las impresiones que hacen y los sentimientos que evocan (excitación) en aquellos que las miran.”

El 12 de Enero, 1930, la Sagrada Congregación del Santo Oficio, por mandato del Papa Pío XI, emitió instrucciones enfáticas a todos los obispos sobre la modestia en el vestir:

“Recordamos que un vestido no puede llamarse decente si tiene un escote mayor a dos dedos por debajo de la concavidad del cuello, si no cubre los brazos por lo menos hasta el codo, y escasamente alcanza un poco por debajo de la rodilla. Además, los vestidos de material transparente son inapropiados. Que los padres mantengan a sus hijas lejos de los juegos y concursos gimnásticos públicos; pero, si sus hijas son obligadas a asistir a dichas exhibiciones, que observen que van vestidas totalmente y en forma modesta. Que nunca permitan que sus hijas se pongan indumentaria inmodesta.”

Papa Pío XII, 17 de Julio, 1954. a los Grupos de Mujeres Católicas Jóvenes de Italia.

“El bien de nuestra alma es más importante que el de nuestro cuerpo; y tenemos que preferir el bienestar espiritual de nuestro vecino a nuestra comodidad corporal… Si cierta clase de vestido constituye una ocasión grave y próxima de pecado y pone en peligro la salvación de su alma y de la de los demás, es su deber dejarlo y no usarlo… Oh madres Cristianas, si vosotras supierais qué futuro de ansiedades y penas, de vergüenza mal guardada que preparáis para vuestros hijos e hijas, dejando imprudentemente que ellos se acostumbren a vivir ligeramente vestidos y haciendo que pierdan su sentido de modestia, estaríais avergonzadas de vosotros mismas y temeríais el daño que os hacéis y el daño que estáis causando a estos niños, quienes el Cielo os había confiado para que los crieis como Cristianos.”

Nunca se exagera cuando se trata de la salvación de nuestras almas.

Nuestro cuerpo es el Templo del Espíritu Santo al cual hay que decorar modesta y dignamente.


Por tu limpia concepción oh Soberana Princesa, una muy grande pureza te pedimos de corazón.

Ave María.

Fuente: Adoración y Liberación


Madres, educad a vuestros hijos en la Modestia: Papa Pío XII

 



jueves, 13 de abril de 2023

La Modestia - R.P. Ildefonso Rodríguez Villar



1.° Interior. — En general, la modestia es la virtud que regula todos los actos externos, dándoles la debida compostura y decoro... y presentándoles así a los ojos de los demás, como algo digno, noble y hermoso. — Pero la modestia exterior necesariamente ha de proceder de la interior que consiste en moderar y dirigir los movimientos desordenados del alma según la divina voluntad. La modestia exterior se puede fingir y será entonces un acto más de repugnante hipocresía... La modestia interior es la única que puede dar vida a la modestia exterior. — No debes, por tanto tratar de conseguir una apariencia de modestia... una modestia postiza y mentirosa, con posturas y ademanes externos que así lo indiquen… y luego dejar a tu corazón que sea víctima de las bajas inclinaciones de la concupiscencia. 

Cuando la modestia verdadera existe, es tal la unión que se da entre la exterior y la interior que la una no va sin la otra, y las dos se ayudan mutuamente, de suerte que la compostura exterior debe proceder siempre de un interior perfectamente compuesto y ordenado... y la interior encontrará su mejor defensa y sostén en la exterior. — San Francisco de Sales, lo explica con esta comparación: «Como el fuego produce la ceniza… y la ceniza sirve admirablemente para sostener y conservar el fuego..., así sucede con estas dos modestias, que la interior produce la exterior, y ésta mantiene y conserva la interior de donde brotó.» 

Esta modestia interior, es de dos clases: Una, que frena los movimientos de la concupiscencia y los actos internos del entendimiento..., de la imaginación y de la voluntad, que nos llevan al pecado de impureza..., y otra modestia es la que modera los movimientos del alma, que tienen relación con la soberbia y la vanidad... Así, cuando alabamos a una persona, decimos que no queremos herir su modestia... y otras veces admiramos la modestia de personas que por sus méritos..., sus virtudes..., su excelencia, podían darse más importancia. — Esta modestia, como se ve, prácticamente se reduce al ejercicio de la humildad verdadera...; por eso el alma humilde, necesariamente ha de ser modesta interior y exteriormente. 

En cuanto a esta modestia, ya ves que nadie ha podido compararse con la Santísima Virgen; nadie con más méritos, virtudes, santidad, excelencia y grandezas divinas... No obstante, ¿quién más sencilla..., afable..., caritativa..., pobre y humilde que Ella? — Y, por tanto, ¿quién más modesta en cuanto al desprecio que hacía de la importancia de su persona y de su propia excelencia?... Y en cuanto a la modestia opuesta a la concupiscencia, ¿dónde encontrar un orden más completo..., una sumisión más perfecta de todos sus pensamientos, afectos y amores a la regla de la razón y ésta a la de la voluntad de Dios?... 

2.° Exterior. — Pero veamos ya en concreto reflejada esta modestia interior en los actos exteriores de nuestro cuerpo y principalmente en los siguientes: 

En las palabras: Imagínate cómo serían las de la Santísima Virgen, que estaba persuadida de no ser sino la última de las esclavas del Señor..., palabras de edificación y de modestia encantadora..., si considera, henchida de gozo, los beneficios inmensos que el Señor le ha hecho; a Él dirige su agradecimiento y sus alabanzas... y se espantará de que el Todopoderoso hubiese puesto sus ojos en la miseria de su esclava»... Ingenuamente..., firmemente estaba persuadida de la falta de méritos por parte suya y por eso ¡cuán lejos estaba en sus palabras, de atribuirse nada a Sí misma! — Aprende de Ella esa modestia en el hablar..., tanto en el tono de la voz, no queriéndote imponer con gritos, ni con palabras nerviosas y excitadas..., como en la sencillez y caridad de tus expresiones.  

A imitación de María, evita las palabras duras…, bruscas..., malsonantes. — Mira el lenguaje de tu Madre, todo tranquilo, afable, discreto, humilde de..., haciéndose simpática y atractiva por la dulzura de su voz..., por la bondad..., pureza..., caridad y hasta alegría santa de sus palabras. — Cuida, en especial, de las disputas y altercados, donde, aunque tengas razón, debes moderar tu juicio propio..., cediendo, sin ser pertinaz ni tener cabeza dura...; es mejor ceder y callar con modestia, que salir triunfante con terquedad y soberbia. 

No está reñida con la modestia la sana alegría que en cuentos, chistes, pasatiempos y hasta bromas se manifiesta... Pero, ¡ah!, qué fácil es, en todo esto, pasar los límites de la corrección y de la modestia. — Recuerda lo dicho ya en otra ocasión de que las leyes de urbanidad y los principios de la buena crianza, están en completo acuerdo con lo que dicta, en estos casos, la modestia. 

3.° En el vestido y en la habitación. — La pobreza de la casa de Nazaret, propia de una obrera, hace que en ella todo sea humilde y modesto en último grado... La sencillez y modestia de su vestido, mídela por la extrema necesidad de Belén y verás cómo ni en casa de María, ni en su ajuar y vestido, encontrarás nada que huela a lujo..., a afectación de su persona..., a comodidad de ningún género. 

En sus viajes no usará carruajes, ni aun los más modestos entonces... El Evangelio no dice más que fue, por ejemplo, a Judea, con gran prisa..., pues urgía la caridad... Esa era su preparación y su equipaje...: un pobre envoltorio de ropa y mucho amor de caridad, para con Dios y para con el prójimo... ¡Qué ejemplo de sencillez y modestia! 

No es modestia la suciedad..., la falta de aseo..., el desarreglo en el vestido...; antes bien, puede darse la modestia en medio de una sobria elegancia, con tal que ésta sea conforme a tu estado..., a tu condición... y a las circunstancias qué te rodean...; pero nunca será compatible con ella el lujo..., la vanidad de los trapos... y menos aún cualquier defecto, por pequeño que sea, en materia de honestidad. 

Ten cuidado excesivo en este último punto y no olvides, que en la Iglesia y en la calle..., en público y en privado, debes vestir siempre modestamente. — Es intolerable el permitirse, para estar en casa, trajes impúdicos o al menos muy libres...; no hay pretexto ni razón que puedan autorizar esto... La modestia debe acompañarte en todos los instantes de tu vida. 

4.° En los modales. — Esto es, en todos tus actos exteriores que realizas ante los demás... Modestia en el semblante y particularmente en tus ojos, no ya sólo para evitar las miradas pecaminosas..., sino aún esa excesiva curiosidad de quien todo lo quiere ver y atisbar... Modestia en las posturas al andar..., al sentarte, no buscando precisamente lo más cómodo, sino lo más conveniente... Modestia en todos tus movimientos, evitando todo lo que sea liviandad y desenvoltura... y muchísimo más todo lo que sea decoroso y digno. 

Acostúmbrate a esta modestia, aún estando a solas, para que así naturalmente la practiques ante los demás. — Es muy conocido el caso de San Francisco de Sales, quien observado cuando se encontraba solo en su aposento, guardaba, no obstante, los más pequeños preceptos de la compostura y de la modestia. — Siempre obraba como si le vieran los ángeles del Cielo y en presencia de Dios. 

Mira especialmente todo esto en la Santísima Virgen y verás un conjunto admirable de todos sus actos ejecutados con aquella naturalidad..., sencillez..., franqueza... y a la vez delicadeza..., honestidad... y circunspección propias de la santa modestia. — Examínate un poco en esta materia, y pregúntate cómo guardas la modestia interior de tu corazón... y la exterior de tu cuerpo y de tus modales todos.

Meditaciones sobre la Santísima Virgen María
R.P. Ildefonso Rodríguez Villar (1895 - 1964)