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lunes, 8 de diciembre de 2025

La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María - 8 de Diciembre

 


Salve, llena eres de gracia; 
el Señor es contigo. 
(Lucas, 1, 28). 

La Virgen María, por un privilegio único en vista de su destino divino, fue concebida sin pecado. Nunca el demonio tuvo poder alguno sobre Ella, porque estuvo exenta de pecado original. Debes honrar muy especialmente esta prerrogativa de la Madre de Dios, porque es el comienzo de su santificación y de su gloria. Regocíjate con Ella por la dicha que tuvo de ser librada del pecado de Adán, y recibir más gracias, en ese momento feliz de su Concepción, que la que nunca poseyeron los hombres y los ángeles juntos.


MEDITACIÓN SOBRE 
LA INMACULADA CONCEPCIÓN 

I. María fue concebida sin pecado; es éste un favor que Dios pudo hacerle, porque nada es imposible para su omnipotencia. Reina de los Ángeles, Madre de mi Salvador, estoy lleno de alegría cuando considero que el pecado nunca entró en vuestra alma, y habéis estado plena de gracias desde vuestra concepción. Lo creo, Virgen Santísima, y por todas partes sostendré el honor de vuestra Inmaculada Concepción. 

II. Dios ha debido por una cierta conveniencia, preservar a María del pecado original. Padre eterno, ¿hubierais podido acaso permitir que vuestra queridísima Hija, la Madre de vuestro Hijo, fuese, aunque sea por un instante, esclava del demonio? ¿Podíais Vos, Espíritu Santo, dejar que penetrara vuestro enemigo en el corazón de vuestra Esposa muy amada? y Vos, Verbo eterno, ¿Podíais dejar que se profanase el templo donde debíais habitar? ¡Oh, no! sería injuriar a vuestro amor filial sólo pensarlo. Creemos, pues, con la Iglesia católica que la Bienaventurada Virgen María ha sido, por privilegio único de Dios, enteramente preservada de la mancha original desde el primer instante de su Concepción. (Pío IX). 

III. Cuando, después de haber puesto nuestros ojos en la Virgen Inmaculada, los bajamos a nosotros mismos, ¡cuán diferentes nos encontramos a nuestra Madre! ¡Nacemos pecadores, vivimos en el crimen y estamos expuestos a morir en el pecado! Pero Vos, Virgen Santa, vendréis en nuestra ayuda: no dejaréis perecer a vuestros hijos. El que recurre a María no puede perecer: es el fundamento de toda esperanza. (San Bernardo). 

 La devoción a la Inmaculada Concepción. 
Orad por las Congregaciones de la Santísima Virgen. 

ORACIÓN 
Oh Dios que, por la Inmaculada Concepción de la Virgen, habéis preparado un santuario digno para vuestro Hijo, dignaos, después de haberlo preservado de toda mancha en previsión de la muerte de este mismo Hijo, concedernos a nosotros, por su intercesión, la gracia de llegar hasta Vos, purificados de toda mancha. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. 

AD DIEM ILLUM LAETISSIMUN, Encíclica de San Pío X, anunciando al Orbe Cristiano el Jubileo extraordinario a propósito del aniversario del Dogma de la Inmaculada Concepción, la devoción a la Sma. Virgen, 2/2/1904 
FULGENS CORONA, Encíclica de Pío XII, con motivo del primer centenario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, 8/9/1953

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. (1642-1718) 

domingo, 10 de diciembre de 2023

La Concepción Inmaculada de María Madre de Dios por la virtud del poder divino. Venerable Madre Agreda





De la Concepción Inmaculada de María Madre de Dios 
por la virtud del poder divino. 


209. Prevenidas tenía la Divina sabiduría todas las cosas, para sacar en limpio del borrón de toda la naturaleza a la Madre de la gracia. Estaba ya junta y cumplida la congregación y número de los Patriarcas antiguos y Profetas y levantados los altos montes sobre quien se debía edificar esta ciudad mística de Dios (Sal., 86, 1-3). Le había señalado con el poder de su diestra incomparables tesoros de su Divinidad para dotarla y enriquecerla. Le tenía mil Ángeles aprestados para su guarnición y custodia y que la sirviesen como vasallos fidelísimos a su Reina y Señora. Le preparó un linaje real y nobilísimo de quien descendiese; y le escogió padres santísimos y perfectísimos de quien inmediatamente naciese, sin haber otros más santos en aquel siglo; que si los hubiera, y fueran mejores y más idóneos para padres de la que el mismo Dios elegía por Madre, los escogiera el Todopoderoso. 

210. Los dispuso con abundante gracia y bendiciones de su diestra y los enriqueció con todo género de virtudes y con iluminación de la Divina ciencia y dones del Espíritu Santo. Tenían los padres de edad, cuando se casaron, santa Ana veinte y cuatro años y Joaquín cuarenta y seis. Pasaron se veinte años después del matrimonio sin tener hijos y así tenía la madre, al tiempo de la concepción de la hija, cuarenta y cuatro años, y el padre sesenta y seis. Y aunque fue por el orden común de las demás concepciones, pero la virtud del Altísimo le quitó lo imperfecto y desordenado y le dejó lo necesario y preciso de la naturaleza, para que se administrase la materia debida de que se había de formar el cuerpo más excelente que hubo ni ha de haber en pura criatura. 

211. Puso Dios término a la naturaleza en los padres y la gracia previno que no hubiese culpa ni imperfección, pero virtud y merecimiento y toda medida en el modo; que siendo natural y común, fue gobernado, corregido y perfeccionado con la fuerza de la divina gracia, para que ella hiciese su efecto sin estorbo de la naturaleza. Y en la santísima Ana resplandeció más la virtud de lo alto por la esterilidad natural que tenía; con lo cual de su parte el concurso fue milagroso en el modo y en la sustancia más puro; y sin milagro no podía concebir, porque la concepción que se hace sin él y por sola natural virtud y orden, no ha de tener recurso ni dependencia inmediata de otra causa sobrenatural, más que de sola la de los padres, que así como concurren naturalmente al efecto de la propagación, así también administran la materia y concurso con imperfección y sin medida. 

212. Pero en esta concepción, aunque el padre no era naturalmente infecundo, por la edad y templanza estaba ya la naturaleza corregida y casi atenuada; y así fue por la divina virtud animada y reparada y prevenida, de suerte que pudo obrar y obró de su parte con toda perfección y tasa de las potencias y proporcionadamente a la esterilidad de la madre. Y en entrambos concurrieron la naturaleza y la gracia: aquélla cortés, medida, y sólo en lo preciso e inexcusable, y ésta superabundante, poderosa y excesiva, para absorber a la misma naturaleza no confundiéndola, pero realzándola y mejorándola con modo milagroso, de suerte que se conociese cómo la gracia había tomado por su cuenta esta concepción, sirviéndose de la naturaleza lo que bastaba para que esta inefable hija tuviese padres naturales. 

213. Y el modo de reparar la esterilidad de la santísima madre Ana, no fue restituyéndole el natural temperamento que le faltaba a la potencia natural para concebir, para que así restituido concibiese como las demás mujeres sin diferencia; pero el Señor concurrió con la potencia estéril con otro modo más milagroso, para que administrase materia natural de que se formase el cuerpo. Y así la potencia y la materia fueron naturales; pero el modo de moverse fue por milagroso concurso de la virtud divina. Y cesando el milagro de esta admirable concepción, se quedó la madre en su antigua esterilidad para no concebir más, por no habérsele quitado ni añadido nueva calidad al temperamento natural. Este milagro me parece se entenderá con el que hizo Cristo Señor nuestro cuando San Pedro anduvo sobre las aguas (Mt., 14, 29), que para sustentarlo no fue necesario endurecerlas ni convertirlas en cristal o hielo sobre que anduviese naturalmente, y pudieran andar otros sin milagro más del que se hiciera en endurecerlas; pero sin convertirlas en duro hielo, pudo el Señor hacer que sustentasen al cuerpo del Apóstol concurriendo con ellas milagrosamente, de suerte que pasado el milagro se hallaron las aguas líquidas; y aun lo estaban también mientras San Pedro corría por ellas, pues comenzó a zozobrar y a anegarse; y sin alterarlas con nueva calidad se hizo el milagro. 

214. Muy semejante a éste, aunque mucho más admirable, fue el milagro de concebir Ana, madre de María Santísima; y así estuvieron en esto sus padres gobernados con la gracia, tan abstraídos de la concupiscencia y delectación, que le faltó aquí a la culpa original el accidente imperfecto que de ordinario acompaña a la materia o instrumento con que se comunica. Quedó sólo la materia desnuda de imperfección, siendo la acción meritoria. Y así por esta parte pudo muy bien no resultar el pecado en esta concepción, teniéndolo por otra la Divina Providencia así determinado. Y este milagro reservó el Altísimo para sola aquella que había de ser su Madre dignamente; porque siendo conveniente que en lo sustancial de su concepción fuese engendrada por el orden que los demás hijos de Adán, fue también convenientísimo y debido que, salvando la naturaleza, concurriese con ella la gracia en toda su virtud y poder; señalándose y obrando en ella sobre todos los hijos de Adán, y sobre el mismo Adán y Eva, que dieron principio a la corrupción de la naturaleza y su desordenada concupiscencia. 

215. En esta formación del cuerpo purísimo de María anduvo tan vigilante —a nuestro modo de entender— la sabiduría y poder del Altísimo, que le compuso con gran peso y medida en la cantidad y calidades de los cuatro humores naturales, sanguíneo, melancólico, flemático y colérico; para que con la proporción perfectísima de esta mezcla y compostura ayudase sin impedimento las operaciones del alma tan santa como le había de animar y dar vida. Y este milagroso temperamento fue después como principio y causa en su género para la serenidad y paz que conservaron las potencias de la Reina del Cielo toda su vida, sin que alguno de estos humores le hiciese guerra ni contradicción, ni predominase a los otros, antes bien se ayudaban y servían recíprocamente para conservarse en aquella bien ordenada fábrica sin corrupción ni putrefacción; porque jamás la padeció el cuerpo de María Santísima ni le faltó ni le sobró cosa alguna, pero todas las calidades y cantidad tuvo siempre ajustadas en proporción, sin más ni menos sequedad o humedad de la necesaria para la conservación, ni más calor de lo que bastaba para la defensa y decocción, ni más frialdad de la que se pedía para refrigerar y ventilarse los demás humores. 

216. Y no porque en todo era este cuerpo de tan admirable compostura dejó de sentir la contrariedad de las inclemencias del calor, frío y las demás influencias de los astros, antes bien cuanto era más medido y perfecto tanto le ofendía más cualquier extremo por la parte que tiene menos del otro contrario con que defenderse; aunque en tan atemperada complexión los contrarios hallaban menos que alterar y en que obrar, pero por la delicadeza era lo poco más sensible que en otros cuerpos lo mucho. No era aquel milagroso cuerpo que se formaba en el vientre de Santa Ana capaz de dones espirituales antes de tener alma, mas éralo de los dones naturales; y éstos le fueron concedidos por orden y virtud sobrenatural con tales condiciones como convenían para el fin de la gracia singular a que se ordenaba aquella formación sobre todo orden de naturaleza y gracia. Y así le fue dada una complexión y potencias tan excelentes, que no podía llegar a formar otras semejantes toda la naturaleza por sí sola. 

217. Y como a nuestros primeros padres Adán y Eva los formó la mano del Señor con aquellas condiciones que convenían para la justicia original y estado de la inocencia, y en este grado salieron aún más mejorados que sus descendientes si los tuvieran —porque las obras del Señor sólo son más perfectas—, a este modo obró su omnipotencia, aunque en más superior y excelente modo, en la formación del cuerpo virginal de María Santísima; y tanto con mayor providencia y abundante gracia, cuanto excedía esta criatura no sólo a los primeros padres que habían de pecar luego, pero a todo el resto de las criaturas corporales y espirituales. Y —a nuestro modo de entender— puso Dios más cuidado en sólo componer aquel cuerpecito de su Madre, que en todos los orbes celestiales y cuanto se encierra en ellos. Y con esta regla se han de comenzar a medir los dones y privilegios de esta Ciudad de Dios, desde las primeras zanjas y fundamentos sobre que se levantó su grandeza hasta llegar a ser inmediata y la más vecina a la infinidad del Altísimo. 

218. Tan lejos como esto se halló el pecado, y el fomes de que resulta, en esta milagrosa concepción; pues no sólo no le hubo en la autora de la gracia, siempre señalada y tratada como con esta dignidad, pero aun en sus padres para concebirla estuvo enfrenado y atado, para que no se desmandase y perturbase a la naturaleza, que en aquella obra se reconocía inferior a la gracia y sólo servía de instrumento al supremo Artífice, que es superior a las leyes de naturaleza y gracia. Y desde aquel punto comenzaba ya a destruir al pecado y a minar y batir el castillo del fuerte armado (Lc., 11, 21), para derribarle y despojarle de lo que tiránicamente poseía. 

220. Y el sábado, se hizo concepción, criando el Altísimo el alma de su Madre e infundiéndola en su cuerpo; con que entró en el mundo la pura criatura más santa, perfecta y agradable a sus ojos de cuantas ha criado y criará hasta el fin del mundo ni por sus eternidades. En la correspondencia que tuvo esta obra con la que hizo Dios criando todo el resto del mundo en siete días, como lo refiere el Génesis (Gén., 1, 1-31; 2, 1- 3), tuvo el Señor misteriosa atención, pues aquí sin duda descansó con la verdad de aquella figura, habiendo criado la suprema criatura de todas, dando con ella principio a la obra de la Encarnación del Verbo divino y a la Redención del linaje humano. Y así fue para Dios este día como festivo y de pascua, y también para todas las criaturas. 

221. Por este misterio de la Concepción de María Santísima ha ordenado el Espíritu Santo que el día del sábado fuese consagrado a la Virgen en la Santa Iglesia, como día en que se le hizo para ella el mayor beneficio, criando su alma santísima y uniéndola con su cuerpo, sin que resultase el pecado original ni efecto suyo. Y al instante de la creación e infusión del alma de María Santísima, fue cuando la Beatísima Trinidad dijo aquellas palabras con mayor afecto de amor que cuando las refiere Moisés (Gén., 1, 26): Hagamos a María a Nuestra imagen y semejanza, a Nuestra verdadera Hija y Esposa para Madre del Unigénito de la sustancia del Padre. 

222. Con la fuerza de esta divina palabra y del amor con que procedió de la boca del Omnipotente, fue criada e infundida en el cuerpo de María Santísima su alma dichosísima, llenándola al mismo instante de gracia y dones sobre los más altos serafines del cielo, sin haber instante en que se hallase desnuda ni privada de la luz, amistad y amor de su Criador, ni pudiese tocarle la mancha y oscuridad del pecado original, antes en perfectísima y suprema justicia a la que tuvieron Adán y Eva en su creación. Le fue también concedido el uso de la razón perfectísimo y correspondiente a los dones de la gracia que recibía, no para estar sólo un instante ociosos, mas para obrar admirables efectos de sumo agrado para su Hacedor. En la inteligencia y luz de este gran misterio me confieso absorta y que mi corazón, por mi insuficiencia para explicarle, se convierte en afectos de admiración y alabanza, porque mi lengua enmudece. Miro la verdadera arca del testamento, fabricada y enriquecida y colocada en el templo de una madre estéril con más gloria que la figurativa en casa de Obededón (Sam., 6, 11) y de David y en el templo de Salomón (3 Re., 8, 1ss); veo formado el altar en el Sancta Sanctorum ( Ib., 6), donde se ha de ofrecer el primer sacrificio que ha de vencer y aplacar a Dios; y veo salir de su orden a la naturaleza para ser ordenada y que se establecen nuevas leyes contra el pecado, no guardando las comunes, ni de la culpa, ni de la naturaleza, ni de la misma gracia, y que se comienzan a formar otra nueva tierra y cielos nuevos (Is., 65, 17), siendo el primero el vientre de una humildísima mujer, a quien atiende la Santísima Trinidad y asisten innumerables cortesanos del antiguo cielo y se destinan mil Ángeles para hacer custodia del tesoro de un cuerpecito animado de la cantidad de una abejita. 

223. Y en esta nueva creación se oyó resonar con mayor fuerza aquella voz de su Hacedor que, de la obra de su omnipotencia agradado, dice que es muy buena (Gén., 1, 31). Llegue con humildad piadosa la flaqueza humana a esta maravilla y confiese la grandeza del Criador y agradezca el nuevo beneficio concedido a todo el linaje humano en su Reparadora. Y cesen ya los indiscretos celos y porfías, vencidas con la fuerza de la luz Divina; porque si la bondad infinita de Dios —como se me ha mostrado— en la Concepción de su Madre Santísima miró al pecado original como airado y enojado con él, gloriándose de tener justa causa y ocasión oportuna para arrojarlo y atajar su corriente ¿cómo a la ignorancia humana le puede parecer bien lo que a Dios fue tan aborrecible?  

224. Al tiempo de infundirse el alma en el cuerpo de esta divina Señora, quiso el Altísimo que su madre santa Ana sintiese y reconociese la presencia de la Divinidad por modo altísimo, con que fue llena del Espíritu Santo y movida interiormente con tanto júbilo y devoción sobre sus fuerzas ordinarias, que fue arrebatada en un éxtasis soberano, donde fue ilustrada con altísimas inteligencias de muy escondidos misterios y alabó al Señor con nuevos cánticos de alegría. Y estos efectos le duraron todo el tiempo restante de su vida, pero fueron mayores en los nueve meses que tuvo en su vientre el tesoro del cielo, porque en este tiempo se le renovaron y repitieron estos beneficios más continuamente, con inteligencia de las Escrituras Divinas y de sus profundos sacramentos. ¡Oh dichosísima mujer, te llamen bienaventurada y te alaben todas las naciones y generaciones del orbe! 

MISTICA CIUDAD DE DIOS 
VIDA DE LA VIRGEN MARÍA 
Venerable María de Jesús de Agreda 
Libro II, Cap. 15

sábado, 11 de febrero de 2023

Nuestra Señora de Lourdes - 11 de Febrero


En cuanto a mí de nada me gloriaré, sino 
de mis flaquezas. (2 Cor. 12, 5).


El 11 de febrero de 1858, la Santísima Virgen se digno mostrarse por primera vez a Santa Bernardita Soubirous; la última aparición tuvo lugar el 16 de julio de ese mismo año. Desde entonces, las peregrinaciones se han sucedido procedentes de todas las partes del mundo, y, en multitud, los enfermos han acudido a implorar a María Inmaculada. Muchos han obtenido una milagrosa curación, muchos otros han recibido la gracia de soportar sus padecimientos con espíritu de fe, y de ofrecerlos a Dios.


MEDITACIÓN
COMO ES PRECISO
SOPORTAR LAS ENFERMEDADES

I. La enfermedad es un presente de Dios, que, a menudo, nos es más útil que la salud. Dios tiene sus designios cuando nos envía una enfermedad: quiere castigarnos por nuestros pecados, o apartarnos de ellos, o bien ejercitar nuestra paciencia y dar nos ocasión de adquirir méritos. Si seriamente buscases la razón de tus sufrimientos, encontrarías que Dios quiere acosarte para que renuncies a tus vicios y lleves una vida más santa. No nos quejemos de nuestras enfermedades, ellas pueden ser para nosotros fuente de grandes virtudes. (Salviano).

II. Sufre pacientemente los dolores de tu enfermedad, súfrelos de buena gana y por el amor de Dios. Mas, como Dios te impone el deber de velar por tu salud, recurre a los medios humanos. Sigue las prescripciones del médico y obedece a los que te cuidan. El que sufre tiene muchas ocasiones de practicar la virtud: aprovecha diligentemente estas ocasiones.

III. No murmures, no te impacientes; persuádete de que estás en tu lecho como en una cruz, y mira con qué paciencia sufrió Jesús en la suya. Para imitarlo, piensa en todos los pobres enfermos abandonados y en los suplicios de las almas del purgatorio; y recuerda que en las adversidades y en los sufrimientos es donde se reconoce al hombre virtuoso. En la adversidad, el pecador se queja, y su impaciencia se derrama en blasfemias; el justo sufre con paciencia. (San Cipriano).

La paciencia
Orad por los enfermos.

ORACIÓN

Oh Dios, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen, habéis preparado un digno santuario a vuestro Hijo, concedednos os suplicamos, que, celebrando la Aparición de María Santísima, obtengamos la salud del alma y del cuerpo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. 

Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo I
Editorial ICTION, Buenos Aires, 1982


sábado, 19 de noviembre de 2022

El IMPRESIONANTE CASO DE POSESIÓN DIABOLICA DE ANTOINE GAY

 


Nuestras fuentes de información 

Más que nunca, frente a las aventuras inverosímiles que vamos a exponer en este capítulo, experimentamos la necesidad imperiosa de indicar nuestras fuentes de información. 

Un autor lionés que conocemos, J. H. Gruninger, escribió recientemente, en 1952, la vida y sufrimientos de Antoine Gay bajo el título algo enigmático de El poseído que glorificó la Inmaculada. Extrajo su documentación de un folleto publicado en 1896 por Delhomme et Briguet, en Lyon, cuyo autor era Víctor Stenay. Este nombre era un seudónimo adoptado por el señor Blanc, presidente en Lyon de la Asociación de San Francisco de Sales. Para escribir su folleto, el señor Blanc recurrió a una libreta de anotaciones apuntadas por el señor Houzelot, grabador en París, cuyos negocios le llamaban con frecuencia a Lyon; a una cantidad de cartas, certificados e informes recogidos por el mismo con respecto a la posesión de Antoine Gay; a la vida del padre Chiron, que se había ocupado mucho de Gay, escrita por el abate Zéphyrin Gandon; a los recuerdos y testimonios de cantidad de personas que habían conocido a Antoine Gay. 

Es menester observar que su caso se había discutido apasionadamente. Muchos testigos consideraban que la posesión diabólica era indudable en este hombre y pensaban que se debía practicar el exorcismo para liberarlo. Pero surgieron dudas, oposiciones, a tal punto que jamás fue puesto en práctica el exorcismo. Existen buenas razones para creer que esto no ocurrió sin un permiso especial de Dios. El autor de la obra mencionada que vamos a analizar está convencido que las pruebas de Antoine Gay tenían una razón de ser, es decir, lo que llamaremos, en el caso de Héléne Poirier, una finalidad. 

Parecería que hubiera existido, como en el caso de las apariciones de Lourdes a Bernadette cuya finalidad era demostrar la existencia de lo sobrenatural en una época de duda y de incredulidad, una especie de réplica a la frase ya citada y tan frecuentemente reproducida de Baudelaire: "La mejor astucia del Diablo es la de hacernos creer que no existe".

Esta astucia sería perniciosa para nosotros. El Diablo no desea nada tanto como el poder de actuar entre los hombres sin que se reconozca su presencia ni su acción. Pero Dios no se lo permite. Tiene orden de revelarse, de buena o mala gana. Los hechos que consignamos en este libro son prueba evidente de ello. 

Antecedentes 

Antoine Gay, nació en Lantenay, en el Ain, el 31 de mayo de 1790. Fue bautizado al día siguiente, y tenemos en nuestro poder su acta de bautismo que nos informa que su padre era "notario real" en Lantenay, pequeña aldea del cantón de Brénod, distrito de Nantua. El niño adquirió una educación muy rudimentaria, pero se convirtió en excelente carpintero y, después de su servicio militar, bajo el primer Imperio, fijó su residencia en Lyon. Era un hombre bastante apuesto, grande, moreno, de rostro lleno de dulzura, de rasgos regulares y tranquilos. Desde el punto de vista religioso, puede decirse que los sucesos de la Revolución no habían tenido efecto sobre él. Era muy piadoso tanto que en su juventud había tenido el proyecto de hacerse religioso. Su proyecto fue, sin embargo, por razones que se ignoran, pospuesto durante mucho tiempo: en 1836, cuando ya contaba cuarenta y seis años, se presentó en la Trapa de Aiguebelle donde le dieron el hábito de hermano-converso. No pudo quedarse allí como consecuencia de una enfermedad nerviosa, cuyo verdadero carácter no llegó a discernirse en seguida. Quienes conocieron más tarde a Antoine Gay no tuvieron dudas de que su enfermedad no era otra cosa que la posesión. El demonio, que estaba en él, confesará un día que hacía más de quince años que se hallaba dentro de él, sin que nadie lo supiera y el interesado menos que nadie. 

Al salir de la Trapa, sin embargo, síntomas de posesión aparecieron muchas veces con nitidez. Era en 1837. Antoine Gay se vio sometido a sufrimientos atroces. ¡El Demonio estaba en él!

Las pruebas 

Inmediatamente, como es natural, reclamamos pruebas. Démoslas tal cual se hallan consignadas en nuestros documentos. 

En primer lugar tenemos, reproducido en la obra de Gruninger, el certificado siguiente emanado del R. P. Burnoud, antiguo superior de los misionarios de la Salette, y dirigido a monseñor Ginoulhiac, entonces obispo de Grenoble: 

"En tres sesiones que se prolongaron de una a dos horas, hemos procedido al examen del señor Gay, de Lyon. Pensamos que es muy probable que este hombre esté poseído por el demonio. 

"Nuestra opinión está fundada: 

"lº Sobre lo que nos ha revelado de muchas cosas secretas que el hombre no podía saber de ningún modo; 

"2º Sobre los signos exteriores de descontento que ha dado cuando pronunciábamos ciertas fórmulas y oraciones del Ritual «en latín». Como es indudable que Gay no conoce el latín, no podemos atribuir sino a la presencia de una inteligencia superior las contorsiones que en relación con las circunstancias en las cuales se han producido, tenían algo de sobrenatural; 

"3º Sobre algunas respuestas a preguntas que le hicimos en latín y que nos parecieron indicar el conocimiento de este idioma por el ser que nos contestaba en francés por boca del señor Gay; 

"4º Sobre los innumerables certificados que le han sido otorgados por personas respetables y dignas de fe quienes atestiguan la buena fe, la virtud, la sinceridad del señor Gay. Si estos testimonios son verídicos, Gay no interpreta una comedia; bajo esta hipótesis está poseído. . ." 

No obstante, hemos advertido que en este certificado el R. P. Burnoud no llegaba sino a la conclusión de una muy grande "probabilidad". Continuó, con todo, estudiando el asunto. En carta escrita al señor Blanc por el señor Houzelot, hallamos, efectivamente, las siguientes líneas: 

"He visto al padre Burnoud, cuando era arcipreste en Vinay: me ha declarado que después de examinar seriamente al señor Gay, había llegado a la certidumbre de que estaba realmente poseído".

Certificado médico 

Y veamos ahora un certificado emanado de un médico. Tiene fecha del 12 de noviembre de 1843 y lleva la firma del doctor Pictet: 

"Nos abajo firmantes, doctores en medicina, domiciliado en la Cruz Roja, certificamos que el señor Gay ha sido sometido a nuestra revisación por el señor abate Collet y por el señor Nicod, cura de esta ciudad, de acuerdo con el deseo de monseñor el Cardenal Arzobispo de Lyon, para que fuera examinado por los médicos. Lo cual habiéndolo hecho muy escrupulosamente durante cuatro meses y diariamente, en todas las situaciones y a toda hora, tales como en la iglesia, en la misa, haciendo con él el Viacrucis, en conversación pública y privada, en la mesa, en la calle, etc., etc., no hemos podido descubrir la menor alteración física o moral. Que por el contrario goza de perfecta salud de cuerpo y de alma, de una rectitud de juicio y de razonamiento poco comunes, que no sufre jamás la mínima alteración ni siquiera en las crisis extraordinarias que se repiten inopinada y frecuentemente en él, bajo la influencia de una causa oculta, inapreciable naturalmente, por los medios de nuestro arte, que hace actuar a su cuerpo y que habla por su boca, independientemente de su voluntad. 

"Atestiguamos además que, habiéndonos identificado con el señor Gay, por la oración y una abnegación entera de nosotros mismos, de nuestra ciencia y de nuestra propia razón, para implorar la ayuda del Espíritu Santo, estamos convencidos que este estado extraordinario no puede ser más que una posesión. Y esta convicción nuestra es tanto más firme cuanto que en nuestra primera entrevista particular con el señor Gay, lo extraordinario que habla por su boca llegó hasta el fondo de nuestra conciencia, nos hizo la historia de nuestra vida desde la edad de doce años y nos habló de las particularidades que solamente Dios, nuestro confesor y nosotros conocemos. Y hemos sido testigos de que la misma cosa se repitió con respecto a otras personas, varias de las cuales se convirtieron". 

¿Por qué no hubo exorcismo? 

Después de certificado tan explícito, no puede dejar de sorprendernos sobremanera que el arzobispado de Lyon no haya llegado a la conclusión de que era necesario proceder al exorcismo. De hecho, a pesar de todos los testimonios, nunca se recurrirá a él. Y cuando reflexionamos sobre las circunstancias, nos vemos obligados a suponer que Dios no quería el exorcismo. Admitamos, en efecto, las aseveraciones constantes del demonio principal que habitaba en Gay. No cesó de proclamar — con un poco tal vez de jactancia, como es propio del demonio—: Este caso de posesión es el más extraordinario que haya existido jamás. ¿En qué era extraordinario? En que el diablo estaba ahí, si podemos.

"He visto a eclesiásticos que han hecho al demonio preguntas muy difíciles; éste las resolvía inmediatamente, como lo han confesado estos mismos sacerdotes... He visto al demonio llorar cuando se vio obligado a confesar las verdades de la religión de Jesucristo, o de dar buenos consejos o pruebas de la posesión. «¡Es —decía— el mayor sufrimiento que Dios pueda mandarme el obligarme a destruir mi obra!»" 

Se comprende, pues, muy bien, creemos nosotros, que Dios no haya permitido jamás que se practicara el exorcismo. Hubiera sido, nos atrevemos a decirlo, injusto de parte de Dios infligir los sufrimientos que el exorcismo causa al demonio, a un diablo que estaba ahí por obediencia, completamente involuntaria, al omnipotente poder divino. 

Sea como fuere, el hecho es que Gay no fué nunca exorcizado, cuando todos los que se acercaban a él tenían la prueba perentoria de que estaba poseído. 

Algunas peripecias de esa vida 

No vayamos a creer que los testigos autorizados de esta extraña aventura espiritual abrigaban con respecto a Antoine Gay sentimientos de aversión o de desconfianza. Por el contrario, estaban convencidos de su grande virtud y de sus méritos y el certificado del doctor Pictet es prueba de ello. En el otoño de 1843, es decir, después del largo examen realizado por el doctor Pictet, los amigos del poseído trataron de mandarlo de vuelta a la Trapa de Aiguebelle donde había estado un tiempo hacía siete años. Se le pidió primero al padre Abbé de proceder al exorcismo. Pero éste opuso objeciones, alegó que estaba en la diócesis de Valence y que el sujeto pertenecía a la de Lyon. El padre Abbé, que, sin embargo, estaba convencido del hecho de la posesión, envió a Gay a ver a su amigo, el capellán de los Hermanos de Privas, en la diócesis vecina de Viviers. Gay permaneció allí veintidós días en el transcurso de los cuales dió muchas muestras de posesión, pero regresó finalmente a Lyon, sin haber sido sometido al exorcismo. De 1844 a 1847, vive en esa ciudad, en el número 72 de la calle des Macchabées, no lejos de la iglesia de S. Irenée. Se le ve, pues, errar a veces por las plazas públicas, gesticulando y profiriendo palabras extrañas. Cierto día, denunciado como demente, es conducido a la Antiquaille donde permanece tres meses, pero vuelve a salir gracias a la intervención bienhechora del célebre Bossan, el futuro arquitecto de Fourviére. Pero siempre sin exorcismos. En 1845, dos sacerdotes respetables habían presentado a Gay al arzobispo, monseñor de Bonald, quien lo había recibido amablemente y había prometido estudiar la cuestión con solicitud. Pero las cosas quedaron ahí, sin que se supiera por qué. 

El R. P. Chiron 

Se produce un vuelco en la vida de Gay cuando un nuevo protector, el padre Marie-Joseph Chiron, se acerca a él. Se trata de un santo hombre cuya vida ha sido escrita por el abate Zéphyrin Gandon, con prefacio de monseñor Hurault, obispo de Viviers (Aubanel, padre, Avignon). 

El padre Chiron, cuya memoria se venera en la diócesis de Viviers, era el más indicado para interesarse en el caso de Antoine Gay. Fundó, en efecto, una congregación en la cual uno de los fines era ocuparse de los alienados. Nunca creyó que Gay fuese loco, pero sí que estaba poseído por el demonio y resolvió dedicarse a aliviarlo en la medida en que Dios lo permitía. 

Mientras tanto, Gay se había convertido en terciario franciscano con el nombre de hermano Joseph-Marie. 

En 1850, el padre Chiron parte con él rumbo al convento de Vernet-les-Bains, en la diócesis de Perpignan, con el fin de presentarlo al obispo del lugar para obtener el permiso de exorcizarlo, lo cual no pudo, por lo demás, realizarse, siempre por razones que ignoramos, pero que responden sin duda a la hipótesis que hemos hecho: el Diablo estaba ahí en "servicio obligado". 

Durante este viaje se produjo un episodio que arroja un poco de luz sobre el mundo misterioso de los demonios. 

La discusión de Perpignan 

El padre Chiron se interesaba en Perpignan por la suerte de una mujer, madre de tres niños, que era poseída desde hacía veinte años. Toda la parroquia la había visto correr con una velocidad extrema, elevándose alrededor de cincuenta centímetros sobre el suelo —hazaña que volveremos a comentar en un próximo capítulo con respecto a otra posesa. 

Ahora bien, mientras el padre Chiron se hallaba en la casa de esta mujer, le presentaron a una desgraciada llamada Chiquette, pero cuyo verdadero nombre era, en catalán, Francoise. Esta Chiquette, que contaba treinta y seis años, era muda; pero era poseída por un demonio llamado Madeste que estaba muy lejos, por cierto, de ser mudo. Y se produjo entre Madeste e Isacaron, el demonio que habitaba dentro de Antoine Gay, una querella de una violencia inaudita. El padre Chiron en persona ha contado la cosa en estos términos: 

"No bien se encontró en presencia de Isacaron se entabló entre los dos ángeles caídos un diálogo de una violencia poco común. Los demonios de los posesos parecían dos perros rabiosos. Hablaban un idioma completamente desconocido, muy dulce, que no comprendíamos para nada. Más tarde supe por Isacaron, que me tradujo la discusión, que se trataba de un punto de preeminencia: cuál de los dos era más importante. Me vi obligado con frecuencia a intervenir entre ambos que estaban prontos a irse a las manos. 

"No es necesario decir que estos dos poseídos nunca se habían visto, pero los demonios posesores, por supuesto, se conocían bien. Tuvieron en los días que siguieron y en seis ocasiones diferentes disputas siempre vehementes en el mismo lenguaje desconocido, y esto ocurrió en presencia de varios testigos." 

Estos hechos provocaron en el padre Chiron una impresión muy grande. En carta dirigida poco después al obispo de Clermont-Ferrand los exponía detalladamente y llegaba a la conclusión muy justa: "Sin la posesión hechos semejantes serían inexplicables". 

Estamos enteramente de acuerdo con esta opinión. Pero este episodio nos sugiere la idea de que el entendimiento cordial no existe tratándose de demonios ¡lo cual sería por lo demás muy asombroso! 

De vuelta a Lyon, Antoine Gay y su protector esperaron el fin del verano para ir a la Salette. 

Una estancia en Ars 

La reputación del santo cura de Ars era tan grande y esta localidad se hallaba tan próxima a Lyon que hubiera sido muy sorprendente que Antoine Gay no fuera presentado al abate Vianney. De hecho fue a Ars en 1853 y prolongó su peregrinaje durante quince días. Al hacer esto obedecía al arzobispo de Lyon, monseñor de Bonald en persona, quien había dicho al señor Goussard, uno de los familiares de Gay: "Lo llevará usted donde el cura de Ars y se quedará allí varios días con él." El señor Houzelot, siempre atento al caso Gay, era de la partida. Esto ocurría a fines de noviembre. El domingo próximo siguiente, cuatro de diciembre, la humilde parroquia de Ars celebraba la fecha de la Inmaculada Concepción. 

No olvidemos que el dogma de la Concepción Inmaculada de la Virgen no estaba todavía proclamado. Debía serlo el 8 de diciembre de 1854. 


Se produjo —volviendo a Ars— un acontecimiento inesperado. Antoine Gay, arrodillado al pie de la imagen de la Virgen, con los brazos en cruz y los ojos llenos de lágrimas, pronunciaba una declaración solemne, que, con toda evidencia, emanaba del espíritu infernal que estaba en él, puesto que Antoine Gay no tenía una formación teológica suficiente para que del fondo de su alma saliera un discurso tan impresionante: 

Homenaje de un Demonio a María 

"¡Oh, María! ¡Oh, María! ¡Obra maestra de las manos divinas! Tú eres lo que Dios ha hecho de más grande. 
"¡Criatura incomparable, tú eres la admiración de todos los habitantes del Cielo; todos te honran, todos te obedecen y te reconocen por la Madre del Creador. Tú has sido elevada por encima de los ángeles y de toda la Corte celestial; estás sentada junto a Dios, eres el Templo de la divinidad, has llevado en tu seno todo lo que hay de más fuerte, de más grande, de más poderoso y de más amable! " 
. . . María, has recibido en tu seno virginal a Aquel que te ha creado, eres Virgen y eres Madre; no hay nada que pueda comparársete. Después de Dios, tú eres todo lo que hay de más grande; tú eres la Mujer fuerte; tú sola das más gloria a Dios que todos los habitantes del Cielo juntos. . . 

"En ti no ha habido jamás ninguna mancha. Que todos los que digan que no eres Virgen y Madre sean excomulgados; ¡tú has concebido sin pecado, tú eres inmaculada!.. . 
"¡Te alabo, oh, María! ¡Pero todas las alabanzas que te doy remontan a Dios, el autor de todo bien!. . . Después del corazón de tu divino Hijo, ninguno hay que pueda ser comparado al tuyo. ¡Oh, corazón bueno! ¡Oh corazón tierno! ¡No abandonas ni siquiera a los más ingratos y los más culpables de los mortales! ¡Tu corazón está penetrado de dulzura para con los miserables que no merecen gracia ni misericordia; los infames pecadores son convertidos por ti! 
"¡Ah, si los habitantes de la tierra te conocieran! ¡Si supieran apreciar tu ternura, tu poder, tu bondad, ninguno perecería! Todos los que recurren a ti con una entera confianza y que te rezan continuamente, sea cual fuere el estado en que se hallan, tú los salvarás y los bendecirás eternamente. . . ¡Me veo obligado a humillarme a tus plantas y a pedirte perdón por todos los ultrajes que hago soportar al poseído!
"¡Confieso hoy, día de una de tus fiestas mas solemnes del año, que tu divino Hijo me obliga a decir que ésta es la más solemne de todas tus fiestas!" 

Así habló Isacaron, demonio de la impureza, por boca de Antoine Gay, y sus palabras fueron recogidas por el señor Houzelot, del cual las hemos extraído. Y comprendemos mejor, después de esta confesión obligada de un demonio, que María, cinco años más tarde, haya dicho a Bernadette quien, suplicante, le preguntaba su nombre: ¡SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN! 

El abate Toccanier, auxiliario del cura de Ars, estaba presente cuando las memorables alabanzas a la Virgen fueron proclamadas por Isacaron en la forma que acabamos de consignar. 

Houzelot tuvo la idea de pedirle a este último que le dictara más lentamente lo que acababa de decir, con el fin de anotar sus palabras, e Isacaron accedió. El abate Toccanier no podía ocultar su emoción. "No existe nada comparable si no es en los Padres de la Iglesia", dijo a los presentes, con respecto a la larga proclamación del Demonio. 

Quiso, por lo demás, tener con éste una discusión teológica sintética, otro día, y quedó estupefacto de la seguridad de las respuestas que le fueron hechas en la más pura ortodoxia. 

Sigue la ausencia de exorcismos 

Sin embargo, no era posible olvidar que el poseso había ido a Ars para ser liberado allí de sus pruebas. El santo cura ¿tendría sobre Antoine Gay los mismos poderes que le hemos visto ejercer sobre tantos otros en el capítulo precedente? 

Aunque en esta fecha el abate Vianney estaba muy rodeado y era difícil llegar a él, Antoine Gay le fue presentado varias veces. Lo llevó consigo al presbiterio. Cierta noche, sobre todo, el cura vio que Gay caía a sus plantas como si fuera impulsado por un poder invisible, pero al mismo tiempo el poseso lo amenazaba con el puño y le gritaba con tono amenazador: ¡Vianney! ¡Eres un ladrón! ¡Nos arrancas las almas que hemos tenido tanto trabajo en seducir! 

Al oír estas palabras el santo hombre se limitó a hacer sobre la cabeza de Gay la señal de la cruz. Se oyó que el demonio lanzaba un grito de furor. 

Se decidió, no obstante, que se procedería al exorcismo. El santo cura estaba, en efecto, convencido que tenía que vérselas con un poseído. El abate Goussard, a pedido suyo, regresó a Lyon para solicitarle al cardenal de Bonald el permiso de proceder al exorcismo. 

"El cura de Ars, repuso el cardenal, no necesita mi permiso; sabe muy bien que se lo doy, o si no que se dirija a monseñor de Belley." 

Sin tardanza, el abate Toccanier escribió a monseñor Chalandon, entonces obispo de Belley. Este se apresuró a otorgar el permiso solicitado. Y sin embargo el exorcismo una vez más ¡fue postergado y finalmente omitido! ¿Por qué? El cura de Ars pensó que era mejor realizarlo en forma muy solemne en Fourviere, en el santuario de la Virgen. 

Pero el tiempo transcurrió sin que una decisión de esta clase fuera tomada. Antoine Gay fue llevado de regreso a Lyon sin haber sido liberado de su terrible compañero. . . Con esto nos cuesta aún más descartar la idea de que Dios no deseaba liberar al poseso por dos razones: la primera, porque Antoine Gay no cesaba, a través de su prueba, de santificarse, y la segunda, porque el demonio que habitaba en él tenía que terminar la tarea que le había sido impuesta. Veamos primero este último punto. 

Una página de San Grignion de Montfort 

Para los que se sientan asombrados por la humildad con la cual un demonio semejante al que poseía a Antoine Gay se vio obligado en Ars, y en muchas ocasiones en otras partes, durante los cuarenta años de su presencia dentro de ese pobre hombre, a pronunciar el elogio más solemne de la Virgen, nos parece suficiente recordar la página siguiente de San Louis Grignion de Montfort, en su célebre tratado De la verdadera devoción a la Santísima Virgen. 

Hablando de la hostilidad que existe entre María y Satán, el santo escribe: 

"Jamás ha formado ni ha creado Dios una enemistad más irreconciliable que durará y aumentará hasta el mismo fin: es entre María y el Diablo; entre los hijos servidores de la Santísima Virgen y los hijos y agentes de Lucifer; de modo que el más terrible de los enemigos que Dios ha creado contra el Diablo es María, su santa Madre. Hasta le ha dado desde el paraíso terrestre, aunque todavía ella no estaba sino en su mente, tanto odio contra ese maldito enemigo de Dios, tanta industria para descubrir la malicia de esta antigua serpiente, tanta fuerza para vencer, echar por tierra y aplastar a este orgulloso impío, que él la teme más, no solamente que a todos los ángeles y los hombres, sino en cierto sentido que a Dios mismo. No es que la ira, el odio y el poder de Dios no sean infinitamente más grandes que los de la Santísima Virgen, puesto que los de María son limitados; pero es que, primeramente, Satán, por su orgullo, sufre infinitamente más al ser vencido y castigado por una pequeña y humilde sirvienta de Dios, y su humildad lo humilla más que el poder divino; en segundo lugar, porque Dios ha dado a María un poder tan grande contra los diablos que temen más, como se han visto obligados a confesarlo, a pesar suyo, por boca de los poseídos, uno solo de sus suspiros por algún alma que las oraciones de todos los santos, y una sola de sus amenazas contra ellos que todos sus tormentos" (obra citada, N° 52). 

¿No es esto precisamente lo que acabamos de oír y comprender por boca de Antoine Gay, órgano del demonio Isacaron? Pero tenemos que oír al mismo personaje en la función providencial que le había tocado en suerte. 

Un combate patético

Quienes han oído a Antoine Gay, y son muchísimos, han atestiguado siempre que se advertía en él una extraña dualidad. Y esta dualidad no era solamente entre él y el demonio que lo poseía, sino entre los diversos lenguajes del demonio mismo. 

Se distinguía sin dificultad el tono de Antoine Gay, al natural. Se expresaba siempre con voz dulce, con bondad y lentitud, sin apartarse jamás del decoro más culto. 

En cambio, cuando el principal de los tres demonios que habían elegido domicilio en él, Isacaron, tomaba la palabra, la voz se tornaba, por el contrario, breve, imperiosa, apasionada: adoptaba un tono autoritario y hablaba de tú con todo el mundo sin miramientos ni distinciones, aun cuando se dirigiese a los más altos dignatarios de la Iglesia. 


Sólo que en sus palabras se podían discernir dos registros completamente diferentes. Ora hablaba, si podemos decirlo así, en calidad de Diablo —y esto era necesario para que se supiese bien lo que era— y entonces mostraba su rabia, rechinaba los dientes, profería horribles blasfemias. 

Su fealdad se reflejaba en las facciones del poseso y todos los que lo vieron aseguran que era algo horroroso tanto para los ojos como para los oídos.

Era el primer registro, el registro infernal para llamarlo por su nombre. 

Pero cuando cumplía con la tarea que le había sido impuesta, es decir, cuando se expresaba como esclavo de Dios e interpretaba su papel, no sólo era ortodoxo en lo que decía sino que su tono se tornaba untuoso, elocuente, a veces sublime. 

En el transcurso de un mismo diálogo, se veía al posesor y al poseído tomar la palabra por turno y se comprendía la lucha espantosa que se desarrollaba en el corazón del pobre Antoine Gay. 

Por ejemplo, acaba de hablar, de deplorar el estado en que se encuentra, de proporcionar las pruebas de su piedad muy sincera. Súbitamente y sin transición, Isacaron interviene por boca de él. La voz cambia. Se hace ronca y se asiste a un desbordamiento de gritos, de injurias e invectivas. ¡El que era antes todo dulzura y humildad, se muestra de pronto amargo, sarcástico, obsceno! 

Confesiones diabólicas 

Pero lo que asombra, lo que hasta entonces no se había visto sino muy raramente, son los testimonios del mismo demonio sobre la misión que ha recibido y la cual tiene que cumplir de buena o mala gana. 

No es una vez al pasar, sino diez veces por día que vuelve sobre el tema y que lo proclama: 

"¡Me veo forzado a alabarte, oh, Maestro Soberano! —exclama—. ¡Las criaturas están obligadas a reconocerte y reconocer tu poder, tu bondad y también tu justicia terrible! 

"Soy yo, Isacaron, príncipe de los demonios impuros, que está obligado por orden de Aquel que es todo, a hacer escribir cantidad de cosas." Durante ese tiempo, en efecto, los oyentes y en especial Houzelot, 

"Estoy obligado a decir cosas que parecen asombrar a los hombres más sabios: las digo para gloria del Todopoderoso, para vergüenza y confusión del Infierno. 
"La voluntad de Aquel delante del cual todo se doblega en el Cielo es que yo, el diablo Isacaron que poseo el cuerpo de Gay, hable por su boca, actúe por sus miembros y haga muecas horribles, lance gritos espantosos, yo, que me veo forzado por Dios a dar todos los días pruebas de la posesión de este hombre. 

"¡Oh, sublime Maestro! ¡Cuánto me haces sufrir! ¡Me obligas a demoler mis fuertes, mis bastiones! Que sea maldito el momento en que yo entré en este cuerpo. Nunca hubiese creído verme forzado a trabajar para gloria del Altísimo y trabajar en la conversión de las almas." 

Existen muchas pruebas de que Isacaron deseaba que lo relevaran de su tarea, que hubiera querido el exorcismo para poder partir ¡que sentía que no lo hicieran! 

Cierto día que se habló delante de Gay del padre de Ravignan, entonces encargado de las Conferencias de Notre-Dame, después de Lacordaire, el demonio por boca de Gay, exclamó: 

"¡Es un hombre! ¡Es un sacerdote! ¡Le dirás que diga la misa para liberación del poseído y para que el poder que tengo sobre su cuerpo me sea quitado antes de su liberación!" 

Una escena de predicación 

He aquí una escena que cuenta el hermano Prime, de las Escuelas Cristianas, en Feurs, Loire. 

El padre Chiron, al dirigirse de Lyon a Clermont-Ferrand con Antoine Gay, le había escrito que se detendría en Feurs con un poseso. 

Llegó efectivamente. El hermano y toda la comunidad fijan su mirada sobre su compañero de ruta. ¿Qué ven? Un hombre muy tranquilo, muy correcto, y hasta muy afable. El hermano no puede creer lo que ve. Susurra en el oído del padre Chiron: "¿No me había dicho que traería al poseso con usted?" 

Pero apenas había hecho esta reflexión cuando el "señor muy correcto", de pronto, cambia de rostro. 

"La espuma en la boca, los ojos inyectados en sangre, con un tono que me hace palidecer —escribe el hermano—: «¿Acaso no me ves?», me dice. 

"Creo — añade el hermano — que me hubiera caído al suelo de terror si el padre Chiron no me hubiera sostenido." 

Y era casi siempre así. En el momento que menos se esperaba, el pobre Gay se entregaba de pronto a contorsiones increíbles, se arrojaba al suelo, daba vueltas sobre sí mismo sin perder jamás el equilibrio. Y este hombre que era generalmente pesado adquiría una liviandad y una flexibilidad extraordinarias. Cierto día lanzó un puntapié con el pie izquierdo a la cabeza de un interlocutor de bastante estatura y volvió a posarlo en el suelo con la misma facilidad con que lo hubiera hecho el mejor acróbata. 

Pero, cuando se esperan escenas de ira, he ahí que se produce un nuevo cambio. Los ojos se llenan de lágrimas. La voz del demonio se suaviza. La misma boca que profería injurias comienza una predicación y se le oyen decir propósitos como los siguientes: 

"El malo no es feliz. Si se está lleno de sí mismo, se está lleno del espíritu del demonio. ¡Es por lo sentidos que perdemos al hombre! 

"Dios se sirve de los hombres para probarlos. Si están afligidos reciban esto como una gracia. ¡La cruz es preferible a todo! ¡Dios la ha llevado para la salvación de los hombres y la hace llevar a los que ama! 

"El mundo cree que la humildad es debilidad e incapacidad; ¡y yo les digo que la humildad es poder y grandeza! 

"Si ustedes conocieran la desgracia de los reprobados serían todos santos. No hay idioma para expresar los tormentos de los condenados; no hay espíritu humano capaz de comprenderlos. 

"¡El que ama a los hombres más que a Dios no será de ningún. modo amado de Dios! 

"Dios permite los reveses por el bien espiritual de los hombres, a fin de hacerlos entrar en sí mismos y que vuelvan a El. 

"¡No olviden jamás que las cruces son preferibles a los honores! 

"Es preciso comprender que la vida es corta y que se deben soportar las penas con espíritu de penitencia como provenientes de Dios. 

"No se puede amar a Dios sin amar a su prójimo. ¡Felices los que saben abandonar todo por Dios! 

"¡Ah! ¡Si los hombres pudieran ver la belleza de un hombre en estado de gracia! 

"La felicidad no está aquí abajo; ¡el que posee a Dios posee todo! 

"El rico debe ser el ecónomo del pobre. Dios le ha puesto la riqueza en la mano para ayudar a sus semejantes: ¡es el hombre de negocios de Dios! 

"El rico debe despreciarse a sí mismo y seguir las lecciones del Salvador cuando dice: «Es más difícil para un rico salvarse que para un camello pasar por el ojo de una aguja.»" 

Pero lo más extraño era que Isacaron no había terminado de pronunciar todas estas sentencias edificantes, cuando se enfurecía y empezaba a blasfemar contra Dios, a injuriar a las criaturas, ¡a injuriarse a sí mismo! 

"¡Desdichados los orgullosos! —exclamaba—. ¡Desdichado yo, Isacaron! ¡Es el orgullo, la ingratitud y la desobediencia lo que han hecho de mí un ángel rebelde y reprobado!" 

Algunas reflexiones de Isacaron 

Citemos aún algunas reflexiones de Isacaron sobre diversos temas: Sobre Pilatos: 

"Pilatos que era juez sabía que condenaba a un inocente y sin embargo el Diablo lo impulsó o condenar al Juez soberano, al Juez de jueces. ¡Pilatos al lavarse las manos se las ensuciaba!" 

Sobre María-Magdalena, de quien el Evangelio dice que el Señor había echado de ella "siete demonios": 

"María Magdalena es una gran santa a la cual hay que recurrir con entera confianza. En cuanto tuvo la felicidad de conocer a Dios, su contrición fue tan grande, sus lágrimas tan abundantes que ningún demonio ha podido hacerla pecar de nuevo. Es el modelo de los verdaderos penitentes que deben tenerla por abogada particular junto a Dios, porque Dios concede grandes favores a quienes la invocan." 

Sobre la meditación: 

"Si meditan bien sobre la vida del Salvador y de su santa Madre, los desafío a cometer contra Dios el menor pecado. 

"¡El hambre, la sed, la muerte, no son nada: el pecado sólo es temible!" 

Sobre la perfección cristiana: 

A una señora que preguntaba a Isacaron en qué consistía la perfección cristiana y cuál es el camino que conduce a ella, le contestó: 

"Tener horror del pecado mortal; no cometer voluntariamente pecados veniales, no perder de vista la presencia de Dios; saber humillarse todos los días de su vida, porque el orgullo es el peor de todos los vicios; dar buenos ejemplos y buenos consejos; hacer penitencia, como lo pedía el Precursor. ;Y que el que sea santo se santifique aún más!" 

Oración a María 

Terminemos estos aforismos de origen extraño por la Oración a María compuesta y dictada por el demonio Isacaron: 


                                  ORACIÓN

                                  Oh, divina María, 
                                  a ti me dirijo con entera confianza, 
                                  tú que no descuidas a nadie, 
                                  tú que tienes tan a pecho 
                                  la salvación de los hombres, 
                                  y a quien Dios nada puede rehusar   
                                  de todo cuanto le pidas. 
                                  Tómame bajo tu protección poderosa,
                                  si te dignas escuchar 
                                  mis humildes plegarias, 
                                  el infierno todo no podrá dañarme, 
                                  Tú que eres en cierto modo 
                                  ¡la dueña de mi suerte! 
                                  Mi suerte está entre tus manos, 
                                  si tú me abandonas 
                                  ¡estaré perdido sin remedio! 
                                  Pero, no, ¡eres demasiado buena 
                                  para ignorar a quienes esperan en ti! 
                                  ¡Ruega por mí a la Santa Trinidad 
                                  y estoy seguro de mi salvación! 
                                  ¡Ah, cómo desearía hacerte conocer 
                                  a todos los habitantes de la tierra! 
                                  ¡Cómo quisiera anunciar por todas partes 
                                  tu grandeza! 
                                  ¡Tu bondad, tu poder! 
                                  Lo que yo no puedo hacer, deseo 
                                  que las inteligencias celestes lo hagan 
                                  y que los mismos demonios se vean forzados
                                  a publicar que tú eres la obra maestra 
                                  de las manos divinas, 
                                  que tienes el poder de Dios en la mano, 
                                  que eres terrible para los demonios 
                                  y que todo está sometido a ti. 
                                  ¡Eres la criatura incomparable! 
                                  Tú eres la única Virgen y Madre, 
                                  tú has dado al mundo al Redentor, 
                                  tú formas un rango aparte con San José. 
                                  Estás pues más arriba que todos los santos: 
                                  ¡eres verdaderamente divina! 
                                  Espero en ti y creo firmemente 
                                  que todas las potencias infernales 
                                  no podrán triunfar sobre mí. 
                                  ¡Así sea! 
                                  ¡Todos los ángeles y todos los santos 
                                  te bendicen para siempre jamás! 
                                  ¡Así sea! 

Después de haber pronunciado esta plegaria, se nos asegura que el demonio, poniéndose súbitamente burlón y haciendo alusión al hecho de que Antoine Gay hubiera estado encerrado durante tres meses como demente en la Antiquaille, en Lyon, exclamó: 

"¡Irán a los sanatorios a buscar locos que les dicten una oración semejante!"(1)  

El fin de Antoine Gay 

Con toda evidencia la vida de Antoine Gay había sido lo que podíamos llamar fuera de lo común. En el siglo XVII hubo un ejemplo sobrecogedor de una posesión que sirvió para la santificación del poseso en medio de las más aterradoras pruebas: se trata del Padre Surin, Jesuíta, que fue durante veinte años sometido a la posesión diabólica, como consecuencia de los exorcismos de las Ursulinas de Loudon. El caso de Antoine Gay es un poco distinto, pero se parece al del Padre Surin por este rasgo innegable: la santificación del poseso. Sus últimos años estuvieron marcados por una especie de abandono general, más terrible aún quizá que la posesión. El Padre Chiron había muerto en 1852. El santo cura de Ars, que también se había interesado en él, había abandonado este mundo en 1859. Después de esta muerte Antoine Gay vivió aún doce años. Pero no había ya casi nadie para acudir en su auxilio, por lo menos, en forma continuada. Pero aceptaba todo con maravillosa resignación. Su familia tenía vergüenza de él. Dos de sus hermanas eran hostiles con él. La más joven impedía que sus hijos fuesen a visitar a su tío. Y sin embargo, Antoine Gay, escuchando solamente su buen corazón, le dio doscientos francos — entonces era una buena suma — para que se cuidara cuando estuvo enferma. El demonio estaba siempre ahí. Antoine Gay combatía sin descanso a su cruel enemigo, mediante una vida de oraciones y de penitencias rigurosas. Vivía como uno de los monjes del desierto de antaño: ayunando, a pan y vino, acostándose sobre una tabla, usando el cilicio y aplicándose la disciplina. 

Durante los seis últimos años de su vida, fue asistido en su pobre morada, situada en el 72 de la Rué des Macchabées, parroquia de Santa Irenée, por piadosos y caritativos lioneses, sobre todo, una señora bondadosa que permanecía junto a él durante largas horas. Estas visitas consolaban al pobre hombre, porque en presencia de ciertas personas el demonio atormentaba menos violentamente a su víctima. 

Pero le estaba reservada una nueva prueba que volvemos a encontrar en casos más recientes: Isacaron, el diablo que se comportaba como amo de su cuerpo, no quería que se confesara, como Gay hubiera deseado hacerlo. Isacaron era categórico. Le aseguraba que no se confesaría antes de haber sido sometido al exorcismo. ¿Por qué esta exigencia? Parecería que el demonio sufría también él una presión providencial. Estaba ahí, lo hemos visto, como "en servicio obligado" e interpretaba un papel que constituía para él un suplicio particular. Hubiera deseado, pues, el exorcismo para salir de eso. Y como el exorcismo no se realizaba, quería por lo menos perder el alma de este infortunado del cual no podía escaparse, alejándolo de los sacramentos. 

Le aseguró, pues: "¡No te confesarás antes que yo salga de tu cuerpo!" Y añadía: "Nunca ha habido una posesión como ésta, y nunca habrá otra semejante", lo cual creemos sin dificultad. 

De hecho el demonio impidió a Gay, cierta vez, durante tres semanas, de oír misa el domingo. Un día el padre Perrier fue a verlo en compañía del señor Blanc. El padre Perrier había estado otrora en la casa de los jesuítas de Lalouvesc, y allí había conocido a Antoine Gay. Acababa de ser nombrado en la residencia de Lyon. Al visitar al poseso su intención era facilitarle la confesión. Pero en esta ocasión todavía Isacaron declaró una vez más que no se confesaría antes de su propia liberación. Los dos visitantes esperaron en vano. Todo el tiempo que duró su presencia, Gay se vio en la imposibilidad de articular una palabra. 

En 1869, Antoine Gay, entonces de 79 años, fue por algunas semanas a Lantenay, en su provincia natal, para arreglar cuestiones de sucesión que lo enemistaban con su familia. En carta dirigida a la mencionada señora de Lyon que iba a verlo de tiempo en tiempo, leemos estas líneas quejumbrosas: "El diablo me hace todavía más mal que en Lyon. Deseo que recen mucho por mí porque se acerca mi fin. No sé cuándo podré regresar a Lyon; siempre surgen obstáculos, el mundo se pone de parte del demonio. Mi aflicción va siempre en aumento... Le ruego que presente mis humildes respetos al padre Perrier. Le dirá usted que me recomiendo a sus oraciones, que no me olvide en el Santo Sacrificio de la Misa. . ." 

Y como postdata esta mención: "El infame Isacaron me ha dicho: contesta pronto." 

Después de esta carta Antoine Gay regresó a Lyon. Cayó muy pronto en un estado lamentable. Al verlo pasar las gentes movían la cabeza con compasión. Se le oía decir: "No puedo ya quedarme en mi miserable choza." Su enemigo interior no le dejaba un momento de respiro. Lloraba sin cesar. Y sin embargo su fe permanecía intacta: "Todo cuanto puedo decir y hacer — decía — es llamar en mi auxilio a la Santísima Virgen y San José." Durante la guerra de 1870-71 que el demonio había anunciado por su boca, fue más atormentado que nunca. Isacaron lo obligaba a tenerse con los brazos en cruz durante horas sin permitirle cambiar de posición. Veía acercarse su fin rápidamente. El 4 de junio de 1871, la señora T . . . , la caritativa persona que lo visitaba de tiempo en tiempo, fue a verlo; lo encontró muy enfermo y se quedó junto a él alrededor de una hora y media. El repetía sin cesar que su fin se acercaba, pero que no sería liberado. Desde hacía dos meses no había podido ir a Misa por causa de su debilidad. El cura de Santa Irenée que vivía muy cerca de la casa de Gay fue advertido de su estado por la señora T . . . Trató una vez de confesarlo. Era el 13 de junio, día de San Antonio de Padua. Todos los esfuerzos fueron inútiles. "Antes del exorcismo, no", decía Isacaron. Y nada más que con estas palabras, Antoine Gay se quedaba mudo bajo la presión diabólica. El cura no dejó por eso de dar la absolución y la extremaunción al moribundo, que éste recibió con todas las muestras de la más profunda fe. Un cuarto de hora más tarde moría en presencia del cura que lo había asistido hasta el último instante. ¡Este valiente cristiano había vivido casi medio siglo en las cadenas y la indeseable intimidad del príncipe del Infierno! 

El acto de defunción de Antoine Gay figura en un registro de la parroquia de Santa Irenée, con la mención que sigue: 

"En el año 1871 y el 14 del mes de junio, he dado sepultura eclesiástica a Antoine-Louis Gay, fallecido el 13 del corriente a la edad de 81 años", firmado Chazelle, vicario. 

Entre los que lo conocieron bien y que le mostraron su simpatía es menester nombrar además de los que ya hemos mencionado tales como el Padre Chiron, el santo cura de Ars, el Padre Perrier, el abate Toccanier, a hombres de mucho renombre como el R. P. Collin, fundador de los Padres Maristas, el abate Chevrier, fundador del Prado, y muchos otros.  

(1) Para más detalles sobre Antoine Gay ver: J. H. Gruninger, "El poseso que glorificó la Inmaculada", Ed. del autor, 4, rué Vaubecour, Lyon.

Del libro: Presencia de Satán en el Mundo Moderno.
por Monseñor Cristiani.
Capitulo IV dedicado a la Posesión.
Titulo original: El caso muy especial de Antoine Gay (1790-1871) 
Editado en 1962.