Mostrando entradas con la etiqueta Indecencia en el vestir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Indecencia en el vestir. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de febrero de 2024

Santa Brígida: Orando la Santa por los habitantes de Nápoles, Dios se queja de los muchos pecados con que le ofenden...



Orando la Santa por los habitantes de la ciudad de Nápoles, Dios se queja de los muchos pecados con que le ofenden, los estimula a la enmienda y los amenaza. 


A una persona que se hallaba en vela orando, dice santa Brígida, y dedicada a la contemplación, mientras estaba en un arrobamiento de elevación mental, se le apareció Jesucristo y le dijo: Oye tú, a quien es dado oír y ver las cosas espirituales, observa con cuidado y retén en tu memoria lo que ahora oyeres y de mi parte has de anunciar a la gente. 

No digas estas cosas por adquirirte honra o humana alabanza, ni tampoco las calles por temor de humano improperio y desprecio; pues lo que ahora has de oír no se te manifiesta por ti solamente, sino también por los ruegos de mis amigos; porque varios escogidos amigos míos de la ciudad de Nápoles me han estado rogando durante muchos años con todo su corazón, con súplicas y penitencias en favor de mis enemigos que habitan en la misma ciudad, para que les manifestase yo alguna gracia, por medio de la cual pudieran apartarse de sus corrupciones y pecados y restablecerse de un modo saludable. Movido yo por tales súplicas, te digo las siguientes palabras, y así oye con atención lo que te hablo. 

Yo soy el Creador de todas las cosas y Señor, tanto de los demonios, como de todos los ángeles, y nadie se libertará de mi juicio. De tres maneras pecó contra mí el demonio: con la soberbia, con la envidia y con la arrogancia, esto es, con el amor de la propia voluntad. Fue tan soberbio, que quiso ser señor sobre mí, para que yo estuviese sometido a él. También me tenía tanta envidia, que si posible fuera, de buena gana me hubiera muerto, para ser él el Señor y sentarse en mi trono. 

Y quiso también tanto su propio voluntad, que nada se cuidaba de la mía, con tal de que él pudiera hacer la suya; y por esto cayó del cielo, y de ángel fue hecho demonio en lo profundo del infierno. Viendo yo después su malicia y la gran envidia que al hombre tenía, manifesté mi voluntad y di mis mandamientos a los hombres, para que cumpliéndolos, pudieran complacerme y desagradar al demonio. Más adelante, por el amor que siempre tengo a los hombres, vine al mundo y tomé carne de la Virgen, les enseñé también por mí mismo con obras y palabras el camino de la salvación, y para manifestarles perfecta caridad y amor les abrí el cielo con mi propia sangre. 

Pero ¿qué hacen ahora conmigo los hombres que son enemigos míos? Desprecian del todo mis preceptos, me arrojan de sus corazones como abominable veneno, me escupen también de su boca como cosa podrida, y detestan verme como a un leproso que huele muy mal; mas al demonio y a sus hechuras las abrazan con todo ahínco e imitan sus obras, introducen a aquel en sus corazones, y con gusto y alegría hacen la voluntad de ese mal espíritu y siguen sus malignas inspiraciones. 

De consiguiente, por justo juicio mío irán con el demonio al infierno eternamente y sin fin, y por la soberbia que tiene sufrirán confusión y eterna vergüenza, de tal suerte, que ángeles y demonios dirán de ellos: Se hallan llenos de confusión hasta lo sumo. Por la insaciable codicia que ellos tienen, cada demonio del infierno los llenará de su veneno mortífero, de manera que en sus almas no quedará vacío lugar alguno que no esté lleno de veneno diabólico. Y por la lujuria en que están ardiendo como animales estúpidos, nunca serán admitidos a ver mi rostro, sino que serán separados de mí y privados de su desordenado placer. 

Tendrás entendido también, que aunque todos los pecados mortales son gravísimos, has de saber, sin embargo, que se cometen dos pecados que ahora te nombro, los cuales traen consigo otros pecados que todos parecen veniales; mas porque en intención encaminan a los mortales, y porque la gente se deleita en ellos con voluntad de perseverar aunque los lleven y envuelvan en los mortales, se hacen por tanto mortales en la intención, y en la ciudad de Nápoles comete la gente otros muchos pecados abominables que ahora no quiero nombrarte. 

El primero de aquellos dos pecados es, que los rostros de la criatura humana racional son teñidos de diversos colores, con los cuales quedan pintados como las imágenes insensibles y las estatuas de los ídolos, y les parecen a los demás más hermosos de lo que yo les hice. El segundo pecado es, que con las deshonestas formas de vestidos que la gente usa, los cuerpos de hombres y mujeres se desfiguran de su natural estado, y esto lo hacen por soberbia y por parecer en sus cuerpos más lascivos y hermosos de lo que yo, Dios, los crie, y para que los que así los vean sean más pronto provocados e inflamados a la concupiscencia de la carne. 

Ten, pues, como muy cierto, que cuantas veces embadurnan sus rostros con lo colores, otras tantas se les disminuye alguna infusión del Espíritu Santo, y otras tantas el demonio se aproxima más a ellos; y cuantas veces se adornan con vestidos indecorosos y deshonestas, otros tantas se disminuye el ornato del alma y se aumenta el poder del demonio. 

Oh enemigos míos, que hacéis tales cosas y descaradamente cometéis otros pecados contrarios a mi voluntad, ¿por qué os habéis olvidado de mi Pasión, y no veis en vuestros corazones cómo estuve desnudo, atado a la columna y fui azotado cruelmente con duros látigos? ¿Cómo estaba yo desnudo y daba voces en la cruz, cubierto de llagas y vestido con sangre? Y cuando os pintáis y desfiguráis vuestros rostros, ¿por qué no miráis mi rostro cómo estaba lleno de sangre? Ni tampoco miráis mis ojos cómo se oscurecieron y estaban cubiertos de sangre y lágrimas, y mis párpados de color lívido. 

¿Por qué no miráis todavía mi boca, ni veis mis oídos y barba lo descoloridos que estaban y bañados en la misma sangre, ni miráis mis demás miembros atormentados cruelmente con diversas penas? ¿No veis tampoco cómo por vosotros, cárdeno y muerto estuve pendiente en la cruz, donde hecho la mofa y el oprobio de todos, sufrí los ultrajes, para que con semejante recuerdo y teniendo en él fija vuestra memoria, me amaseis a mí, vuestro Dios, y huyerais de esta suerte de los lazos del demonio, con que estáis horrorosamente atados? 

Y puesto que todas esas cosas se hallan puestas en olvido y despreciadas en vuestros ojos y en vuestros corazones, hacéis como las mujeres inflames, que no aman sino el placer y bienestar de su carne y no los hijos. Así, también, lo hacéis vosotros; pues yo, Dios, vuestro Creador y Redentor, os visito a todos, tocando con mi gracia en vuestros corazones, porque a todos os amo. Pero cuando en vuestro corazón sentís alguna compunción o algún llamamiento de inspiración, esto es, de mi Espíritu, o al oír mis palabras formáis algún buen propósito; al punto procuráis el aborto espiritual, excusáis vuestros pecados, os delectáis con ellos, y hasta queréis perseverar criminalmente en los mismos. Hacéis, por consiguiente, la voluntad del demonio, lo introducís en vuestros corazones, y de esta manera, con desprecio me expulsáis a mí; por lo cual estáis sin mí y yo no estoy con vosotros, y no estáis en mí sino en el demonio, porque obedecéis su voluntad y sugestiones. 

Por tanto, según ya dije, daré mi sentencia, y antes mostraré mi misericordia. Esta misericordia mía es, que no hay ningún enemigo mío que sea tan gran pecador que se le niegue mi misericordia, si la pidiera con corazón puro y humilde. Así, pues, tres cosas deben hacer mis enemigos, si quisieren reconciliarse con mi gracia y amistad. Lo primero es, que se arrepientan y tengan contrición de todo corazón, por haberme ofendido a mí, su Creador y Redentor. Lo segundo es, una confesión pura, fervorosa y humilde que deben hacer ante un confesor, y enmendar así todos sus pecados, haciendo penitencia y satisfacción según el consejo y juicio del mismo confesor: entonces me acercaré yo a ellos, y el demonio se alejará. Lo tercero es, que después de practicadas las diligencias anteriores con devoción y perfecto amor de Dios reciban y tomen mi Cuerpo, teniendo propósito firme de no recaer en los anteriores pecados, sino de perseverar hasta el fin en el bien. 

A todo el que de esta manera se enmendare, al punto le saldré al encuentro como el piadoso padre al hijo perdido, y lo recibiré en mi gracia con mejor gana de lo que él pudiera pensar y pedirme, y entonces yo estaré en él y él en mí, y vivirá conmigo y gozará eternamente. 

Pero en cuanto a los que perseveraren en su pecados y malicia, indudablemente vendrá mi justicia sobre ellos; pues como hace el pescador al ver los peces jugando alegres y divertidos en el agua, que entonces echa al mar el anzuelo, y los va cogiendo uno a uno, no todos a la vez sino paulatinamente, y en seguida los mata, hasta acabar con todos; así haré yo con mis enemigos que perseveren en el pecado. Poco a poco los iré sacando de la vida mundanal de este siglo, en la que temporal y carnalmente se deleitan; y en la hora que menos crean y vivan en mayor deleite, entonces les arrancaré la vida, y los enviaré a la muerte eterna, donde nunca jamás verán mi rostro, porque prefirieron hacer y llevar a cabo su desordenada y corrompida voluntad, antes que cumplir la mía y mis mandamientos. 

Oído así todo esto, desapareció la visión.

Profecías y Revelaciones de Santa Brígida
Libro 7
Capítulo 18

domingo, 4 de septiembre de 2022

Profecías de la Venerable Madre del Bourg

 


Los ángeles exterminadores, espada en mano, no esperan más que una señal para herir la tierra... La justicia castigará, pero la misericordia intervendrá, y seremos salvos. Habrá una crisis terrible; pero se me ha dicho (por revelación) que después de este tiempo conducirá el Señor al príncipe Deodato. 


El Señor me ha dado terribles quejas: se queja de ese furor en buscar los placeres; se queja de los bailes escandalosos; de la indecencia y del lujo en los trajes. Si prohíbe en el santo Evangelio hasta una sola mirada, hasta un mal deseo, ¿será de extrañar que castigue de un modo terrible la corrupción de costumbres, que es el resultado necesario de todos esos abusos? 

El orden social es ficticio: si todavía se mantiene, es por la fuerza y la violencia. Los castigos del Señor van a caer sobre nosotros de muchas maneras. Azotes, desórdenes, sangre derramada. Habrá un desorden horrible. Sin embargo, aquellos días serán abreviados en favor de los justos. Dios elevará sobre el trono a un Rey modelo, a un Rey cristiano... El Señor le dará la luz, la prudencia y el poderío: El mismo le ha preparado por largo tiempo y le ha hecho pasar por el crisol de la prueba y del tormento pero lo llamara del destierro, lo tomara de la mano, y en el día fijado lo pondrá en el trono. 

(Profecía de 1857)

Apología del Gran Monarca 1ª Parte, 
pagina 226.
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista. Valencia-Año 1904

jueves, 1 de septiembre de 2022

Como debe vestir la mujer católica (por Lina Castillo)

 


¡Qué trágico es ver a tanta gente vivir como si no hubiera Dios, mandamientos, pecado mortal, muerte, juicio o eternidad! Sin embargo, es todavía más trágico ver a mujeres y niñas que se dicen “católicas” caer víctimas de los encantos de las modas y estilos indecentes; y, en esto, se convierten en ocasión de pecado para muchos otros.



CÓMO DEBE VESTIR LA MUJER CATÓLICA.

Todo el mundo sabe lo que dicta la perversión de las modas actuales, tan anticristianas como tiránicas; gobernando y manipulando casi la totalidad de las tiendas de ropa y sastrerías. Sin embargo, es sumamente importante y necesario saber lo que dicta la Iglesia Católica y someterse, también en esto, a la Voluntad de Dios.

Lo Que Dicen Las Sagradas Escrituras:

“No cometerás adulterio” (Éxodo 20,14).

“No codiciarás la mujer de tu prójimo” (Éxodo 20,17).


Leemos, además, en el evangelio de san Mateo que nuestro Divino Salvador Jesucristo reiteró el noveno mandamiento cuando dijo:

“Oísteis que fue dicho: “No cometerás adulterio.” Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mt. 5,27-28).

“Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos” (1 Timoteo 2:9)

Lo que dice Nuestra Señora la Siempre Virgen Santa María.

Cuando reflexionamos sobre estos temas, nos vienen a la mente algunas de las advertencias que dio la Bienaventurada Virgen en Fátima (Portugal,1917):

“Se introducirán ciertas modas que ofenderán mucho a Nuestro Señor. […] Más almas se van al infierno a causa de los pecados de la carne que por cualquier otra razón.”

Han pasado casi 100 años desde las apariciones de Nuestra Señora en Fátima y, ¡qué profético fue su mensaje! Con la moderna tecnología — la televisión, los cines y los videos, y el internet — las personas están expuestos diariamente a la pornografía y otras inmoralidades que tanto destruyen su carácter moral. Sus efectos son obvios: fornicación, promiscuidad y embarazo de adolescentes extramatrimoniales, abortos, abierta promoción de anticonceptivos y aumento de violaciones.

¡Qué trágico es ver a tanta gente vivir como si no hubiera Dios, mandamientos, pecado mortal, muerte, juicio o eternidad! Sin embargo, es todavía más trágico ver a mujeres y niñas que se dicen “católicas” caer víctimas de los encantos de las modas y estilos indecentes; y, en esto, se convierten en ocasión de pecado para muchos otros.

Lo que dicen los Santos:

San Juan Don Bosco, oyendo tocar las campanas por la muerte de una joven que siempre vistió mal, exclamó: “Ni réquiem ni gloria para ella. Mucho me temo que esté ya en el infierno.”

Lo que dicen los Papas:

Papa Benedicto XV, Encíclica Sacra Propediem, 6 de Enero, 1921.

“Ahora, muchas niñas no ven nada malo en seguir ciertos estilos desvergonzados (modas) como lo hacen muchas ovejas. Seguramente se ruborizarían si tan sólo pudiesen adivinar las impresiones que hacen y los sentimientos que evocan (excitación) en aquellos que las miran.”

El 12 de Enero, 1930, la Sagrada Congregación del Santo Oficio, por mandato del Papa Pío XI, emitió instrucciones enfáticas a todos los obispos sobre la modestia en el vestir:

“Recordamos que un vestido no puede llamarse decente si tiene un escote mayor a dos dedos por debajo de la concavidad del cuello, si no cubre los brazos por lo menos hasta el codo, y escasamente alcanza un poco por debajo de la rodilla. Además, los vestidos de material transparente son inapropiados. Que los padres mantengan a sus hijas lejos de los juegos y concursos gimnásticos públicos; pero, si sus hijas son obligadas a asistir a dichas exhibiciones, que observen que van vestidas totalmente y en forma modesta. Que nunca permitan que sus hijas se pongan indumentaria inmodesta.”

Papa Pío XII, 17 de Julio, 1954. a los Grupos de Mujeres Católicas Jóvenes de Italia.

“El bien de nuestra alma es más importante que el de nuestro cuerpo; y tenemos que preferir el bienestar espiritual de nuestro vecino a nuestra comodidad corporal… Si cierta clase de vestido constituye una ocasión grave y próxima de pecado y pone en peligro la salvación de su alma y de la de los demás, es su deber dejarlo y no usarlo… Oh madres Cristianas, si vosotras supierais qué futuro de ansiedades y penas, de vergüenza mal guardada que preparáis para vuestros hijos e hijas, dejando imprudentemente que ellos se acostumbren a vivir ligeramente vestidos y haciendo que pierdan su sentido de modestia, estaríais avergonzadas de vosotros mismas y temeríais el daño que os hacéis y el daño que estáis causando a estos niños, quienes el Cielo os había confiado para que los crieis como Cristianos.”

Nunca se exagera cuando se trata de la salvación de nuestras almas.

Nuestro cuerpo es el Templo del Espíritu Santo al cual hay que decorar modesta y dignamente.


Por tu limpia concepción oh Soberana Princesa, una muy grande pureza te pedimos de corazón.

Ave María.

Fuente: Adoración y Liberación