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lunes, 1 de junio de 2026

Milagros del Escapulario 26 - Salvados de un inminente naufragio

 


Salvados de un inminente naufragio 

La Rvda. Madre María del Carmen Primo de Rivera, nos refiere así el gran prodigio verificado por nuestra Santísima Madre del Carmen en la persona de sus sobrinos el Excmo. Sr. Duque de Primo de Rivera y su esposa Margot. 

"Muy amado Padre en Cristo: No es otro el objeto de escribirle que el de fomentar la devoción en las almas a nuestra Madre bendita del Carmen, con el favor milagroso concedido a Miguel, mi sobrino, y que él me ha referido telefónicamente, siendo por esto escasos los detalles que le doy. Me dijo así : 

"Quiero que sepas, tía Carmen, el favor que nos ha concedido la Virgen Santísima, por medio del Santo Escapulario que me regalaste al despedirnos y al cual debemos la vida. 

"Salimos Margot y yo con una señora inglesa, a dar un paseo en un bote de vela, cuando el mar estaba tranquilo, sin más tripulante que yo, que no entiendo nada. Marchábamos perfectamente cuando, de pronto, se levanta un viento contrario y fuerte, y el bote empieza a correr con velocidad vertiginosa, próximo a irse a pique. Allí no había otra salvación que la de echar la vela abajo, pero ninguno sabíamos. Me quito la chaqueta y empiezo a manipular de un lado a otro, invocando a la Estrella de los Mares, a la Virgen Santísima del Carmen. 

"Me inclino a recoger un cordel que había en el fondo de la barca y se me enreda en él el Santo Escapulario; aquel era el cordel de salvación, que sube, sube con el Escapulario tremolado como bandera victoriosa, mientras la vela caía desplomándose por sí sola y dándonos la salvación". 

Este hecho acaeció en Algeciras, en pleno Estrecho de Gibraltar, y no necesita comentarios. Yo desearía se publicase para gloria de nuestra Santísima Madre del Carmen. 

"María del Carmen Primo de Rivera. A. C. J." 

 
Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

martes, 3 de marzo de 2026

Milagros del Escapulario 25 - Favorece María Santísima a una doncella devota y pudorosa...




Favorece María Santísima a una doncella devota y pudorosa 
a quien un hombre liviano y desalmado arrojó al mar.

(Filocalo Caputo, "Il Monte Carmelo", pág. 25.) 

Don Alfonso de Meneses, Prefecto de las Galeras de Nápoles, tenía a su servicio una tierna doncellita, llamada Lelia, tan hermosa e inteligente como honesta y recatada, la cual era en extremo devotísima de nuestra Santísima Madre del Carmen, vistiendo desde su niñez el Santo Escapulario. Se prendó de ella tan ciega y apasionadamente un infeliz mancebo, que sólo su modestia pudiera refrenar sus atrevidos pensamientos. Aparentó cesar en su loco devaneo, pero fue sólo para mejor lograr lo que urdía o maquinaba su depravada malicia. 

Habiendo salido el Señor de Nápoles con sus galeras, fingió el criado que le había dejado dicho su señor, al hacerse a la mar, que en tal día de la semana próxima fuese Lelia acompañada del criado en una chalupa para llevarle unas mudas de ropa a un puerto cercano. La inocente muchacha, luego que llegó el día señalado, creyendo obedecer el mandato de su amo, tomando la ropa que juzgara necesaria, sin advertir ni reparar el menor peligro, entró sola con el soldado en la chalupa. A los pocos minutos de hacerse a la mar ya conoció la inocente doncellita los depravados designios de aquel avieso y lascivo mancebo. Ya que estuvieron en alta mar, creció de todo punto su tribulación con la furiosa tempestad que el corazón podrido de aquel licencioso lanzaba bramando contra ella. Viendo el desalmado mancebo que se resistía trató de violentarla, mas ella se defendió tan valerosamente que nada pudo conseguir su instinto bestial y depravado. 

Ebrio y ciego de furor el licencioso mancebo, tomándola por la cintura, la arrojó al mar, cosa a la que Lelia no se resistió, por librarse de las miradas lascivas de aquel monstruo del averno, pues confiaba en el poderoso valimiento y en el auxilio presto y eficaz de la Virgen Santísima del Carmen, cuyo Escapulario llevaba al cuello, con fervor, desde muy niña. Y en efecto, no se hizo esperar un solo instante. 

No haría un cuarto de hora que estaba sumergida en las aguas, e invocando sin intermisión a la Santísima Virgen, cuando la Divina Providencia dispuso que pasara muy cerquita de ella una nave, e inspirada por la Reina del Cielo comenzó a dar voces diciendo: ¡Pedro Andrés Cenemón, socorredme! Se percibieron claramente en la nave las tristes y decaídas voces que diera la infeliz, sin que el ruido del oleaje pudiese desvanecer el triste acento de la doncella, y quedando maravillado el patrón de que le llamaran por su propio nombre. 

El primer pensamiento o la primer corazonada de Pedro fue el creer que algún conocido, desde alguna embarcación cercana, le llamaba; mas le desengañó la vista, pues en cuanto alcanzaba el horizonte no pudo descubrir ser alguno. Volvió a repetir otra vez la misma plañidera voz igual exclamación, y al oído certificó la vista, pues vio sobre el agua a una mujer, y arrojándose al punto al mar libró de aquel peligro a la que María Santísima había querido salvar maravillosamente. 

Ya en la nave, y luego que se hubo Lelia recobrado, comenzó a dar gracias a María Santísima entre amorosos suspiros y tiernísimas lágrimas, sin que el patrón de la nave y los demás compañeros saliesen de su estupor, al ver que le había llamado por su propio nombre sin que jamás le hubiera conocido. Interrogada por éste respondió : "Has de saber, Pedro, que luego que caí al mar, me recogió en su manto una hermosísima Señora vestida de hábito del Carmen, la cual, cuando pasabas, me indicó te llamase por tal nombre, pues tú me sacarías del mar." 

No le cabía el gozo en el corazón a Pedro Andrés viéndose favorecido por la Madre de Dios para librar a su devota hija de semejante peligro. Y dejando el rumbo que llevaba encaminó la proa de su embarcación hacia Nápoles, a fin de dejar allí su milagrosa huésped. Llegados al puerto, desembarcó Lelia, la cual, sin detenerse un punto, corrió hasta el convento de los Carmelitas, publicando a voces por las calles la misericordia que María Santísima había obrado con ella. 

Dio a la Virgen Santísima, en su imagen de la Bruna, las más rendidas acciones de gracias, y después de autentificar este prodigio se pintó en un lienzo a la Virgen Santísima sosteniéndola en las aguas y a Pedro depositándola en su nave, para que no faltase en lo futuro quien diese gracias a nuestra Madre amorosísima por semejantes prodigios como reserva y dispensa a sus devotos. Ave María. 

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

sábado, 3 de enero de 2026

Milagros del Escapulario 24 - No muere jamás con su Santo Escapulario quien repudia la gracia.



No muere jamás con su Santo Escapulario quien repudia  la gracia.


El Excmo. y Rvdmo. Sr. Dr. D. Vicente Tarancón, Obispo de Solsona, en su maravillosa Carta Pastoral sobre el Santo Escapulario del Carmen, nos refiere el siguiente prodigio: 

Habían sido sentenciados a muerte, en Vinaroz, dieciséis reos. Habíase conseguido, después de muchos esfuerzos, que se confesasen catorce, negándose los otros dos incluso a escucharnos. 

Pudo decirse misa aquel día en la capilla de la cárcel, antes de la ejecución. Misa a la que asistieron todos, y durante ella un P. Carmelita que, como capellán militar, residía entonces en Vinaroz, los iba preparando para la Sagrada Comunión, al mismo tiempo que los animaba con la esperanza del Cielo. 

Poco después del Evangelio, pidieron confesión aquellos dos que no se habían confesado, y comulgaron los dieciséis, y a todos ellos se les impuso el Santo Escapulario. Yo me retiré después de la misa y no fui testigo presencial de los hechos que se desarrollaron después, pero, que me refirieron al siguiente día todos los que habían asistido a la ejecución. Cuando esposaron a los presos y los subieron al camión, que los había de conducir al lugar donde habían de ser ejecutados, uno de ellos empezó a blasfemar horriblemente. Ni las reconvenciones de sus compañeros, ni las reflexiones que le hiciera el P. Carmelita y otro sacerdote que los acompañaba, sirvieron para otra cosa que para enfurecerle más y para que arreciara cada vez con mayor rabia en sus maldiciones y blasfemias.

Llegó, al fin, el momento de la ejecución y las últimas palabras que pronunció aquel desgraciado fueron una blasfemia y horrible maldición: maldijo a Dios, a la Iglesia, a los sacerdotes, a los militares y hasta a su mujer y a sus hijos. Y con la maldición en los labios y con la rabia más feroz reflejada en su rostro, cayó muerto instantáneamente por la descarga del piquete. 

Cuando el alférez que mandaba las fuerzas se adelantó, horrorizado por aquel hecho, a reconocer con el médico a los ajusticiados, vio en el suelo un objeto que le llamó poderosamente la atención. Se inclinó para recogerlo, y ¿cuál no sería su asombro, y hasta su pánico, cuando vio que era un Escapulario y cuando comprobó, después, que era precisamente el de aquel que había muerto con la blasfemia y la maldición en los labios? 

Nunca olvidaré jamás la cara de aquel alférez cuando, al día siguiente, vino a contarme el suceso, enseñándome el Escapulario, que no quería soltar, y repitiendo como fuera de sí : "He visto un milagro, señor cura, he visto un milagro." 

Realmente el caso era sorprendente e inexplicable. El Escapulario estaba intacto: no había saltado, por tanto, roto por la metralla. El reo no se lo pudo quitar, porque tenía las manos esposadas. No había caído, tampoco, en la dirección del cuerpo, sino en dirección contraria; por eso lo encontró el alférez cuando se dirigía desde su puesto de mando a reconocer a los ajusticiados. 

La narración del alférez, la que me hicieran por su parte el P. Carmelita y el otro sacerdote y también un seglar que se hallaba presente en la ejecución, coincidían realmente en todos los detalles. 

La Santísima Virgen, nuestra Madre, no había querido que aquel que murió blasfemando muriese con el Santo Escapulario sobre su pecho.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

viernes, 5 de diciembre de 2025

Milagros del Escapulario 23 - Padece graves enfermedades uno que se mofa del Escapulario...

 

Padece graves enfermedades uno que se mofa del Escapulario
y sana luego que lo viste arrepentido

El Rvdo. P. Fr. Pablo de los Santos nos dice que en Praga había un caballero noble, llamado don Juan Bta. Castelo, cuya esposa, doña Bárbara, era devotísima del Santo Escapulario y muy observante en todo cuanto se prescribe para lucrar la Indulgencia Sabatina, de todo lo cual se burlaba el incrédulo esposo, tomándolo a burla y chacota. Lo sufría y lo soportaba con gran paciencia la devota señora, pero un día le dijo: "No tomes a chanza y burla las cosas de la Virgen Santísima, no sea que atraigas sobre ti la cólera y el enojo del Señor." Y nunca tal dijera ni pensara, pues de allí a pocos días le sobrevino una penosa enfermedad, que se fue agravando día por día, hasta perder del todo la vista. Seis meses estuvo así, sin la menor esperanza de remedio, aunque llamó a los más célebres doctores de toda su patria. 

Viéndose en tan lamentable estado, comenzó a cavilar en lo presto que perdió su salud luego que su esposa le sugirió aquella fatídica sentencia. Mas Dios nuestro Señor, que le quería con salud, pero arrepentido, comenzó a infundirle la luz en su alma, a fin de que, conociendo sus yerros, pidiese perdón a Dios arrepentido, poniendo por intercesora a nuestra dulce Madre María. Estando embebido y ensimismado en semejantes ideas, se quedó transportado en un dulce sueño, logrando en él la mejor receta para su salud, pues con la viveza con que el sueño representa las cosas vio a la Virgen Santísima con hábito del Carmen, diciéndole que se impusiera cuanto antes el Santo Escapulario y que con él, juntamente con la vista, recibiría perfecta salud en su alma. Vuelto en sí, contó a su devota esposa lo que le había pasado. Y ella, enajenada de gozo y anhelando que recibiera el Escapulario, llamó inmediatamente a su confesor, el cual se lo impuso, recibiendo al par su confesión más humilde y fervorosa, y al momento de recibir la Sagrada Comunión recuperó de súbito la vista, manifestando el efecto milagroso que la receta, aunque soñada, tuvo un efecto rápido, eficaz y prodigioso. 

Este ejemplo nos manifiesta cuánto abomina Dios el que se tome a burla lo que pertenece a la gloria de su Madre y cuántas gracias hemos de dar a nuestra Madre por conservarnos la fe y el fervor y la esperanza en sus divinas promesas. 

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

jueves, 13 de noviembre de 2025

Milagros del Escapulario 22 - El Venerable Francisco de Yepes y la Indulgencia sabatina

 


El Venerable siervo de Dios Francisco
 de Yepes y la Indulgencia sabatina

Entre las muchas revelaciones del venerable siervo de Dios Francisco de Yepes, hermano del místico doctor San Juan de la Cruz, nos refiere el autor de su admirable vida, José de Velasco, que, como muriese en olor de santidad en la ciudad de Medina del Campo, el venerable terciario Carmelita, Antonio de Santiago, varón de eximias virtudes, y al que unía una estrechísima amistad espiritual con el siervo de Dios Francisco de Yepes, ambos en vida habían hecho un pacto común, por el cual se comprometían, el que de los dos muriese primero, a aparecerse lo antes posible a su amigo, para manifestarle el estado de su alma en la otra vida, si Dios fuese servido de concederles tal gracia. 

Y, en efecto, el sábado inmediato a la muerte de Antonio Santiago, el cual había muerto a los treinta años, lleno de virtudes y méritos, como estuviese al rayar el alba orando ante el sagrario el siervo de Dios Francisco de Yepes, sintió cerca de sí una fragancia deliciosa, de suavísimo y exquisito olor, y vio luego, muy cerca de sí, a su amigo Antonio, el cual, con el rostro resplandeciente de gloria, le dijo : " ¡ Oh, amable y fiel amigo Francisco, os pagué Dios, a ti y a los demás hermanos lo que ante Dios habéis hecho por mí después de muerto! 

" ¡ Oh, hermano mío! ¡ Si conocieseis lo que en el Purgatorio se pasa! 

"Sabed, hermano, que luego que mi alma salió de su cuerpo, fui llevado al Purgatorio, y en un día y dos noches que allí estuve, padecí grandísimos tormentos y penas acerbísimas, y hoy, sábado, al amanecer me sacó de las grandes penas que pasaba la Madre de Dios del Carmen, por su gran indulgencia sabatina." Y dicho esto desapareció de la vista de su amigo, a quien luego se le apareció repetidas veces, radiante de gloria, para animarle a conseguir muy presto el Cielo.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

jueves, 11 de septiembre de 2025

Milagros del Escapulario 21 - Se defiende del demonio, mediante el Santo Escapulario



Se defiende del demonio, mediante el Santo Escapulario, 
un gran devoto de María

Nuestro venerable P. Fr. Miguel de la Fuente nos dice que en Medina del Campo había un fervoroso Terciario que vestía con suma devoción el bendito Escapulario. Padecía este varón de Dios vehementísimas y fuertísimas tentaciones de parte del demonio, mas de todas ellas salía derrotado el tentador, pues defendía a su Terciario la Virgen Santísima mediante su bendito Escapulario. 

Asestó, por último, todos sus ardides y astucias Lucifer por ver de conseguir el que el siervo de Dios se quitara el Santo Escapulario, esperanzado el enemigo en que si lograba se lo quitase lograría fácilmente su victoria. Resistió el piadoso varón con indecible fortaleza e inaudita constancia la terrible y enconada lucha que para lograrlo le hiciera durante muchos días el dragón infernal. Irritado al fin el diablo de su paciente y heroica constancia, tomó, cierta noche, forma visible, y en figura de monstruoso gato, entrando en su aposento cuando ya el buen hombre se hallaba recogido, centelleándole los ojos, erizado el pelo y horrorizándole con lo fiero de sus uñas, se arrojó sobre él haciendo presa en su garganta. 

Se juzgó ahogado el devoto de María Santísima, mas, empuñando el Escapulario y mostrándoselo al enemigo, se dio al punto Luzbel por vencido, y cual si le pegaran fuego emprendió vertiginosa fuga, mientras con palabras rabiosas le decía : "Quítate ese hábito de la Capilluda con que constantemente nos atormentas." 

¡Oh, blasfemo, carnicero lobo bajo la piel de horroroso gato! No mientes por su nombre a María Santísima, porque tu lengua asquerosa no manche la pureza de su Santísimo y Dulcísimo nombre. No le pronuncies, para que tu infecto tenebroso aliento no brille con las claras luces de esta resplandeciente Estrella. 

Confiese confundida tu soberbia, que continuamente os atormenta el bendito Escapulario de María Santísima del Carmen, para que viendo todos cómo pretende tu protervia y malicia disuadir a unos de que le vistan e impulsar a otros a que le dejen, que le vistan todos y crezca de día en todos el deseo de vestirlo, y el esmero en no dejarlo jamás, a fin de que se propague de día en día la devoción y el amor a nuestra dulce Madre.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

miércoles, 30 de julio de 2025

Milagros del Escapulario 20 - Vuela al Cielo, sin pasar por el Purgatorio...



Vuela al Cielo, sin pasar por el Purgatorio, una jovencita devotísima 
del Santo Escapulario y del privilegio sabatino

El Rvdo. P. Maestro Fr. Alonso de la Madre de Dios, nos refiere que una doncellita de tierna edad, natural de Salamanca, que desde su niñez vestía con gran fervor y devoción el Santo Escapulario de la Virgen, observando inviolablemente las abstinencias de miércoles y sábados y llevando una vida angelical, cayó enferma de suma gravedad, sin que los médicos diesen la más leve esperanza de salvarla. Fueron acrecentándose de día a día sus dolores y sus fiebres, hasta el punto de ser preciso administrarle los últimos Sacramentos. Después de recibidos todos los auxilios espirituales, que ella espontáneamente había pedido, con muestras de las más absoluta confianza en la bondad de Dios y en la misericordia de María Santísima, lo que fueran penosos espasmos pasaron a ser mortales y funestos paroxismos, tanto, que, por espacio de largo tiempo, quedaba paciente sin sentidos. 

En una ocasión notaron los que la asistían que se volvía hacia la pared y estuvo grandísimo rato absorta y ensimismada, como aquel a quien embelesa, suspende o admira la contemplación de algo raro o maravilloso que le deleita. La llamaban por su nombre y, aunque procuraban con violencia el que volviese en sí, no lo lograban ni lo consiguieron hasta que faltó el dulce arrobo o embeleso que cual misterioso imán suspendía o endiosaba sus sentidos. 

Ya vuelta en sí, como inquiriesen y la preguntaran con curiosidad la causa de tal arrobo o embelesamiento, respondió: “Me ha visitado y acariciado la Santísima Virgen del Carmen y me ha prometido sacarme de esta vida miserable el sábado inmediato para llevarme desde ese punto al cielo. 

Y el sábado, en efecto, murió, juzgando todos piadosamente que lograría el dichoso fruto que para los que cumplen con Ella tiene reservado la Santísima Virgen a sus hijos muy amados, a fin de que cumpliendo nosotros como buenos hijos confiemos en la palabra de nuestra dulce y amorosa Madre para que se cumpla en nosotros su celestial y excelso privilegio sabatino y volemos cuanto antes a bendecirla y alabarla en unión de los coros angélicos.


Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

miércoles, 16 de julio de 2025

Nuestra Señora del Carmen - 16 de Julio

 


Oración a Nuestra Señora del Carmen

¡Oh Virgen Santísima Inmaculada, belleza y esplendor del Carmen! Vos, que miráis con ojos de particular bondad al que viste vuestro bendito Escapulario, miradme benignamente y cubridme con el manto de vuestra maternal protección. Fortaleced mi flaqueza con vuestro poder, iluminad las tinieblas de mi entendimiento con vuestra sabiduría, aumentad en mí la fe, la esperanza y la caridad. Adornad mi alma con tales gracias y virtudes que sea siempre amada de vuestro divino Hijo y de Vos. Asistidme en vida, consoladme cuando muera con vuestra amabilísima presencia, y presentadme a la augustísima Trinidad como hijo y siervo devoto vuestro, para alabaros eternamente y bendecidos en el Paraíso. Amén.

 

martes, 8 de julio de 2025

Milagros del Escapulario 19 - Se aparece un alma del Purgatorio y depone como testigo...




Se aparece un alma del Purgatorio y depone como testigo cualificado sobre 
la verdad y utilidad de esta santa indulgencia sabatina


En la ciudad de Barcelona, nos dice el doctísimo Daniel de la Virgen María, murió por el año 1620 la Srta. Catalina Bosser, doncella muy devota y recogida, y luego de transcurridos cuatro meses se apareció a una prima suya, llamada Magdalena Nicolás. Esta última, muy medrosa y timorata, después de grandes sobresaltos y pavorosos miedos, concediéndole Dios la gracia que da en semejantes casos para no dejarse alucinar ni seducir del enemigo, con gran paz de conciencia tuvo la dicha de recibir la visita o aparición de su prima Catalina, la cual le manifestó que llevaba ya cerca de cinco meses sufriendo horribles tormentos en las llamas expiatorias del Purgatorio, por ciertas mandas y promesas que había dejado de cumplir en vida, rogándole le ayudase con sus oraciones y caridades a salir cuanto antes de aquel fuego abrasador. 

Tomó desde luego a su cargo, la piadosa doncellita Magdalena, el cumplir por su querida prima todo cuanto le había revelado en la visión, y cuál no sería su asombro cuando al cabo de seis días se le volvió a aparecer para darle las gracias por su caridad y diligencia en socorrerla. Magdalena, más respuesta ya de sus sustos y sobresaltos anteriores, interrogó a su prima por el estado en que se encontraba una hermana suya, que hacía pocos días que falleciera en Cerballón. Con inmenso júbilo le respondió la prima que el alma de su hermana había volado al cielo el sábado inmediato a su fallecimiento, por virtud del privilegio sabatino, que como fervorosa cofrade lograra merecer. Y añadió después: Vos, hija mía, tomad y llevad con fervor el Santo Escapulario, pues yo no lo llevaba y por esto me he visto en tan grandes tribulaciones e indecibles tormentos. Dichosos, hija mía, aquellos que le visten, pues es gran verdad que por los ruegos e intercesión de María Santísima vuelan las almas de sus cofrades al cielo en el primer sábado después de su muerte. 

Quedó consoladísima Magdalena con esta aparición, y tan inflamada en santo ardor y celo por la devoción y el culto a la Virgen Santísima del Carmen y a su bendito y milagroso Escapulario, que fue el mayor apóstol en sus tiempos de esta devoción. Manifestó después Magdalena, al Ordinario, estas apariciones, el cual, luego de examinar su santa vida y seriedad y caridad ardiente, que hacían piadosamente creíbles sus afirmaciones, interpuso su jurídica autoridad y permitió que se imprimiesen en Barcelona estos hechos o apariciones para gloria y alabanza de nuestra Madre dulcísima del Carmen, que así se digna favorecer a sus devotos. 

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

domingo, 16 de febrero de 2025

Milagros del Escapulario 18 - Castigo ejemplar en un soldado descreido

 


El abate Moret nos refiere que, en el año 1900, en cierto regimiento de caballería, un soldado descreído y disoluto encontró un Escapulario del Carmen. Lo cogió el desgraciado, lo frotó con desprecio entre sus manos, y en tono de mofa, exclamó en voz alta, diciendo: “¿De quién son estos trapos, camaradas?” El reto del villano soldado, impío y descreído, lo recogió un muchachote fuerte y corpulento, el cual, sin el menor respeto humano y con la mayor entereza y energía, le replicó al bellaco, en tono de fervoroso creyente: “Este bendito Escapulario es mío, y ¡ay! del cobarde que se atreviera a profanarlo”. 

La presencia del heroico soldado, su noble actitud y el desembarazo y marcial continente con que fueran pronunciadas sus palabras, hicieron que los compañeros, que parecían estar aparejados y dispuestos para la burla y chacota, cambiaran de improviso de actitud y aplaudieran unánimes el gesto noble, digno y cristiano de quien sabía y hacía honor a su fe y a sus creencias religiosas. 

Al siguiente día, el desgraciado soldado que se había mofado del Santo Escapulario, murió a orillas de un río, en el momento de estar bañando a los caballos. El cadáver del infeliz tenía las manos cruzadas, pero crispadas también. 

¿Quién sabe si en el instante de morir se arrepintió de veras de su sacrílega burla e invocó con mortal angustia a la que es Reina y Madre de misericordia y a la que jamás se invoca en vano?

Procurad, por todos los medios, infundir en los fieles un profundísimo horror a menospreciar las gracias de esta dulce Madre, a fin de que todos la honren, la veneren y la amen con todas las veras de su alma, para conseguir la gracia de la perseverancia final y el verla y alabarla eternamente en la Gloria.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C
Editado en 1956
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viernes, 10 de enero de 2025

Milagros del Escapulario 17 - Se libra de un accidente mortal un niño por vestir el Santo Escapulario

 


El señor don Rafael Rodríguez Remesal, cura párroco de Casariche, escribía el 8 de mayo de 1926 al Rvdo. P. Fray Luis María Llop, relatándole el siguiente prodigio: 

“Le ruego encarecidamente, amado Padre, tenga la bondad de insertar en “El SANTO ESCAPULARIO”, Revista que tan acertadamente dirige, el siguiente caso, proclamador verdaderamente de los prodigios del Santo Escapulario del Carmen: 

“Era a fines del mes de diciembre del pasado año, cuando una tarde deciden salir al campo, para dar un paseo en camioneta, don Vidal Moriana, fervoroso amante y propagador de la devoción del bendito Escapulario del Carmen, acompañado de un hijo suyo y de los amiguitos de éste. Iban a toda marcha, cuando uno de los pequeños sacó el picaporte de uno de los tableros, sobre los cuales iban recostados. Cayeron los dos amigos al suelo, quedando casi exánimes al golpe, a la vez que el hijo de don Vidal Moriana, como empujado por una mano invisible, caía dentro de la camioneta, sin causarse la menor lesión”.  

“Conducidos rápidamente a sus casas, causaron la impresión dolorosa que es de suponer, al verlos bañados en sangre; cuando he aquí que de labios de la señora de Moriana sale esta exclamación: “Estos niños no llevaban el Santo Escapulario”. Y, en efecto, los dos amiguitos, al vestirse para el paseo, habían dejado olvidado el Escapulario en sus casas, que siempre solían vestir. Solamente el hijo del señor Moriana lo llevaba y él fue quien le salvó, pues necesariamente tenía que caer, si la Santísima Virgen no le hubiese librado de aquel trance. Los dos amigos sanaron de sus heridas, pero en ambos ha quedado la señal para perpetuar el recuerdo del milagro obrado con su amiguito. Y termina diciendo el señor cura que esto ha dado lugar a que en todo el pueblo se estimula más y más la devoción al Santo y bendito Escapulario del Carmen.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

lunes, 9 de septiembre de 2024

Milagros del Escapulario 16 - Prodigio en la bahía de Cádiz, obrado por la Virgen del Carmen, mediante su bendito y milagroso Escapulario

 



El agraciado con la protección misericordiosa de la Virgen Santísima del Carmen, manifestada a través de su Santo Escapulario, fue un joven marinero, natural de Salamanca y domiciliado en la calle de Fontana número seis, el cual, habiendo ido en las Navidades del año 1948 a disfrutar de un permiso cerca de sus padres, quiso antes protegerse con el Santo Escapulario de María Santísima del Carmen. 

Se encaminó la tarde antes de partir, en unión de su prometida, al Carmen de Abajo, de Salamanca, para recibir ambos la gloriosa librea del Santo Escapulario, que les impuso el Rvdo. P. Fr. Manuel Ibáñez, Superior entonces de dicha residencia. Antes de despedirles les insistió el P. Superior: “Sé siempre muy devoto dela Santísima Virgen del Carmen. Ya sabes que es Patrona especial de los marineros. Si te pasara algo procura asirte con todo fervor a este áncora del Escapulario e invoca con gran fervor a nuestra Madre del Carmen, que Ella te salvará”.

Y así fue. A los cinco días ya estaba nuestro marino en aguas de Cádiz y a bordo del “Artabro”. La mar estaba revuelta y con fuerte marejada. Era, además, de noche y noche cerrada. El joven marinero tiene la desgracia de caer desde cubierta al agua, en uno de los fuertes vaivenes de la embarcación. Lucha con denuedo contra el oleaje embravecido. Forcejea por hacerse ver u oír del resto de la dotación. Todo en vano. En medio de su angustioso y mortal peligro sólo una cosa le infunde confianza en su salvación: el Escapulario que ha pocos días que lleva. 

Aclama insistentemente a la Virgen y besa con encendida y esperanzada fe su Escapulario, que de vez en vez lleva el oleaje y el viento hasta sus labios. Lleva diez horas luchando con la mar. Por fin, tras una lucha más que titánica contra los elementos, logra arribar a tierra, lanzado por una ola gigante, que él diría la impulsaba y dirigía la diestra de la Virgen Santísima para salvarle. 

Lo cuenta él mismo emocionado, en una carta sentidísima, a su anciana madre, que acude inmediatamente a la misma iglesia del Carmen de Abajo para dar fervientes acciones de gracias a la Virgen Santísima y rogar que también a ella se le imponga, como a su hijo del alma, el Santo Escapulario. 

Y para mayor gloria de nuestra madre del Carmen y aumento de la devoción a Ella y a su bendito Escapulario, lo transcribimos de la “Gaceta Regional de Salamanca”.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

martes, 16 de julio de 2024

Milagros del Escapulario 15 - Se libra Pedro Limón de la presencia de Lucifer mediante el Santo Escapulario

 


En Gibraleón, villa de la provincia de Huelva, vivía cierto sujeto llamado Pedro Limón, hombre de carácter irascible y colérico, el cual había contraído el mal hábito de perjurar, barbotar y maldecir a todas horas. Le Sucedió que un día, cuando regresaba del monte con su jumentillo cargado de leña, le sorprendió la noche antes de que llegase al pueblo, y, por ser tiempo de invierno y la noche lluviosa, se despistó la caballería y, tropezando, vino a caer en un lodazal, Viéndose solo en tal aprieto y caída con la carga la cabalgadura, montó en cólera y comenzó a votar, jurar y maldecir, ofreciéndola a todos los diablos, mientras descargaba sobre el vil jumentillo una lluvia de palos. Todo fue en vano y sin remedio, pues se hallaba tan hundida y atascada en el cieno que no había fuerzas humanas para poderla sacar a buen sendero. El pobre hombre, ciego de cólera y fuera de sí, por verse impotente para salir de tan apurado trance, se daba a los demonios, y en una de sus imprecaciones llamándoles exclamó: “¿No habrá algún diablo de cuantos tiene el infierno que venga y me ayude a levantar esta mala bestia?” Apenas proferida esta exclamación vio luego, junto a sí, un hombre bien portado que le dijo: “Limón, ¿qué es lo que de mí quieres?” Cuando Limón se oyó nombrar, entre admirado y medroso preguntó: “¿Quién eres tú, buen amigo?” “Yo soy quien tú tantas veces has llamado para que viniese en tu ayuda; a eso he venido, y te ayudaré y haré por ti cuando me pidas, con sola una cosa que tú hagas en mi obsequio, y es que te quites ese Escapulario del Carmen que llevas al cuello, 

Cuando Pedro Limón escuchó lo que le pedía, con el vello erizado temblando de miedo, cual un azogado, echo mano de su Escapulario y, mostrándoselo al demonio, a quien desde luego había conocido, le dijo: “¡Voto a Dios que no me lo quitaré por todo lo del mundo!” Y vuelto a la Madre de Dios, lleno de terror y espanto, la invocaba de todo corazón, llamándola en su ayuda, mientras besaba con fervor su bendito Escapulario y lo ponía delante de sus ojos.

El demonio, viendo no le podía interrumpir en sus plegarias y súplicas a la Virgen Santísima, a la que no cesaba de invocar, le dejó y desapareció de súbito. Entonces pedro, ayudando a levantar al jumento, pero dejando allí la carga, corrió despavorido hacia el pueblo y, antes de llegar a su casa, se fue al convento del Carmen, llamando con fuertes aldabonazos a la puerta. 

Conducido a la presencia del Prior, que lo era a la sazón el Rvdo. P. Mtro. Fr. Luis Velázquez, le dijo que traía un suceso de la otra vida. El Prior, como viese al buen hombre, a quien mucho conocía, despavorido, tembloroso y convulso, llamó a otros varios sacerdotes de la comunidad, ordenándole les dijese lo que traía. El, entonces, serenándose un poco, narró minuciosamente, delante de ellos, cuanto le había sucedido, sin omitir un detalle; alabando todos a Dios y a nuestra Santísima Madre, por el favor de haberles dado tal prenda y con tal virtud y eficacia contra el poder de los ardides y astucias del demonio. 

Se dio entero crédito por los Padres a cuanto les había referido Limón, por las circunstancias que en él se vieron y por lo que después se vio en su persona, pues fue tal la mudanza de su vida que se le tuvo en el pueblo por persona de notable virtud, y como tal acabó sus días, mostrándose fervorosísimo cofrade de la Virgen, haciendo cuantiosas limosnas y dejando una fundación perpetua de la misa sabatina. 

Luego, al día siguiente del suceso, se divulgó éste por todo el pueblo de Gibraleón y su comarca, por lo cual, así como por la mudanza de vida de Pedro, muchísimos sujetos indiferentes, así de la villa como de los pueblos circunvecinos, vistieron devotamente el Santo Escapulario de la Virgen, acrecentándose mucho la devoción y estima en que le tuvieron, como lo testificaban las solemnes festividades con que se honraba a nuestra Santísima Madre en dicho pueblo durante todo el tiempo que allí subsistió nuestro convento. 

Aconteció el susodicho hecho el día 29 de diciembre de 1611, siendo prior del convento del Carmen de Gibraleón el Reverendo P. Fr. Luis Velázquez de Godoy y secretario Fray Gregorio Delgado.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

Nuestra Señora del Carmen - 16 de Julio



ORACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN 

¡Oh Virgen Santísima Inmaculada, belleza y esplendor del Carmen! Vos, que miráis con ojos de particular bondad al que viste vuestro bendito Escapulario, miradme benignamente y cubridme con el manto de vuestra maternal protección. Fortaleced mi flaqueza con vuestro poder, iluminad las tinieblas de mi entendimiento con vuestra sabiduría, aumentad en mí la fe, la esperanza y la caridad. Adornad mi alma con tales Gracias y virtudes que sea siempre amada de vuestro divino Hijo y de Vos. Asistidme en vida, consoladme cuando muera con vuestra amabilísima presencia, y presentadme a la augustísima Trinidad como hijo y siervo devoto vuestro, para alabaros eternamente y bendecidos en el Paraíso. Amén.


lunes, 8 de julio de 2024

Milagros del Escapulario 14 - Luis XIII y el Escapulario

 



Era a principios del siglo XVII, cuando ocupaba el trono de Francia Luis XIII. A pesar del carácter bondadoso del Monarca y de las altas dotes de gobierno de su ministro el Cardenal Richelieu, las guerras civiles y las discordias religiosas, en las que tomaron parte activa los protestantes, tenían divididos los ánimos y en continua rebelión las más florecientes ciudades de la Francia. 

Una de ellas era Montpeller que, declarándose enemiga de la Autoridad real, hallaba dispuesta a defenderse hasta el último extremo. 

El rey Luis XIII, al frente de un numeroso ejército, se presentó muy luego ante los muros de la ciudad, para obligarla con la fuerza de sus armas a reconocer su autoridad soberana. 

Ninguna de las proposiciones de paz que el Monarca presentó a los sediciosos para que se rindieran fueron atendidas, por lo cual se hizo necesario tomar la plaza. Apenas la artillería sitiadora logró abrir brecha en las murallas de la ciudad, un puñado de valientes del ejército real se lanzó con temerario arrojo, intentando forzar la entrada, pero fueron recibidos a arcabuzazos por los sitiados. 

Uno sólo de aquellos héroes logró penetrar en la ciudad, a pesar de haber recibido un disparo de arcabuz en el pecho. 

A la vista de aquel valiente, que se defendía de innumerables enemigos con una serenidad y un valor admirables, el entusiasmo del ejército sitiador llegó al colmo, y precipitándose en la brecha logró penetrar en el interior de la ciudad.

La batalla en las calles se hizo encarnizada y sangrienta, hasta que, por fin, la victoria se inclinó a favor del ejército real, entrando Luis triunfante en Montpeller. 

Uno de los primeros actos del Monarca fue mandar que trajeran a su presencia a aquel heroico soldado que logró penetrar el primero en la plaza. A los pocos momentos el círculo de nobles que acompañaban al Rey se abrió para dar paso a un humilde soldado de gallarda presencia y simpático continente. 

-Eres un héroe y quiero recompensarte- dijo el Rey, poniéndole, familiarmente, su mano sobre el hombro.

-¡Señor!, agradezco el honor que V.M. me dispensa- contestó, resueltamente, el soldado-; pero no es mío todo el mérito. Si V.M. me ha visto penetrar el primero en la plaza y me contempla de pie, ileso, a pesar de haber recibido un balazo en el pecho, es porque ignoráis que cubre mi pecho una cota invulnerable. 

Esto diciendo, se desabrocho su casaca y descubrió su pecho, en el que pendía el Santo Escapulario de la Virgen del Carmen. 

Los circunstantes quedaron asombrados contemplando la bala que debiera haberle destrozado el corazón, detenida y achatada como por respeto ante la santa imagen de la Virgen que estaba grabada en la superficie anterior del Escapulario. 

Testigo de aquella maravilla el mismo Rey, hizo desde entonces voto de vestir para siempre aquel bendito Escudo protector, aquella Santa Cota, y recomendarla a todos sus súbditos para que en adelante les preservara de todos los peligros. 

Pocos días después el pecho del Rey ostentaba públicamente el Escapulario y en el pendón nacional se veía grabada la imagen de la Virgen del Carmen.


REFLEXIÓN GRATULATORIA

¡Oh Soberana y Celestial María! ¿Es por ventura vuestro Santo Escapulario roca? ¿Es acaso inexpugnable muro? Más que inexpugnable muro y muchísimo más que infrangible y firmísima roca lo contempla mi devoción, porque el muro a golpes repetidos se aplana, y la roca si no la derriba lo fuerte del golpe, al menos la resquebraja y la horada; mas vuestro bendito Escapulario resplandece con firmeza tan singular, que ni el golpe le mella por lo terrible, ni por repetir le vence, para que alabemos en él y por él vuestro excelso poder y os demos las más rendidas acciones de gracias. Amén. Ave María y Gloria.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O. C.
Editado en 1956

miércoles, 20 de marzo de 2024

Milagros del Escapulario 13 - Manifiesta Dios a un siervo suyo lo celebre que es el día de sábado en el Purgatorio para los cofrades de La Virgen Santísima del Carmen

 



El Dr. D. José Boneta de la Plana, tan devoto de la Virgen Santísima del Carmen, en su librito intitulado “Gritos del Purgatorio” (cap. V), nos dice que el venerable y virtuoso sacerdote D. Juan Bautista Beltrán, cura de Alcora, se retiraba todas las noches a su iglesia, empleando gran parte de ellas en orar ante Jesús Sacramentado, rogando por las benditas ánimas y por todos los moribundos o agonizantes. Aconteció que, muchos viernes, los jovenzuelos del lugar, que solían salir de ronda por las calles a cortejar o galantear a las mozas con serenatas y cantares, oían, a eso de media noche, cómo tocaban por largo rato las ruedas de campanillas que estaban en el presbiterio de la iglesia. 

Habiéndolas escuchado ya repetidas veces, una noche, al fin, se decidieron a satisfacer su curiosidad y saber el motivo de tales sonatas. Se aproximaron, pues, a las puertas de la iglesia, y advirtiendo que estaba sin echar la llave, decidieron entrar; mas, para no ser advertidos, empujaron suavemente la puerta, y , muy quedo y despacito, fueron deslizándose en la penumbra, y contemplaron al venerable anciano de rodillas en oración ante el Sagrario. 

Estupefactos y admirados al ver que las campanitas del presbiterio se tocaban por sí solas, sin que ninguna mano visible las moviese, preguntaron al venerable párroco qué impulso o por qué arte se tocaban ellas solas.

A lo cual respondió el santo sacerdote: “Hijos míos, habéis de saber que como ya entra el sábado y van a abrirse las puertas del Purgatorio para que vuelen al Cielo las almas de los cofrades, a los cuales saca en este día de aquellas mansiones de dolor y expiación la Virgen Santísima; por eso, las almas de tales cofrades que han muerto durante esta semana, celebran acá, con estas muestras de regocijo, su buena dicha. 

Quedaron edificados los jóvenes con estas palabras de su santo párroco, y decidieron ingresar todos en la santa cofradía del Escapulario del Carmen. Y los pasos que tal vez aquella noche hubieran podido acabar en ruina y perdición, finalizaron en un maravilloso ejemplo, para gloria y alabanza de María Santísima.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

viernes, 8 de marzo de 2024

El Santo Escapulario de Nuestra Señora del Carmen



«Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad. Vean, en la forma sencilla de su hechura, un compendio de modestia y candor. Vean, sobre todo, en esta librea que visten día y noche, significada, con simbolismo elocuente, la oración con la cual invocan el auxilio divino. Reconozcan, por fin, en ella su consagración al Sacratísimo Corazón de la Virgen Inmaculada, por Nos recientemente recomendada.»
Papa Pío XII


Escapulario proviene del latín scapulae y significa hombros. Fue en sus orígenes un traje de uso público entre los monjes. Así como los siervos de la gleba usaban un escapulario con el escudo del señor a quien servían, del mismo modo el Escapulario religioso comenzó a ser considerado símbolo del yugo de Cristo (iugum Christi). También tenía el valor de escudo (scutum) que protegía la cabeza y resguardaba la vista de toda vana curiosidad.



Extensión del escapulario
 a los laicos


Las Órdenes religiosas masculinas son llamadas Primera Orden; las de mujeres recibieron el nombre de Segunda Orden. Fue tal el esplendor que esas Órdenes alcanzaron por su testimonio evangélico, que muchos laicos quisieron ingresar en ellas. De ese modo se llegó a conformar la Tercera Orden, de la que formaron parte todos aquellos que se comprometían a vivir su carisma en medio de las ocupaciones del mundo. Surgieron luego las cofradías como extensión de las Órdenes. Los cofrades participaban de los bienes espirituales de las Órdenes, pero no hacían votos. Entre ellas, la Cofradía de Nuestra Señora del Monte Carmelo fue de las primeras en surgir.



San Simón Stock


El santo que recibió la promesa de la Virgen y la difundió es San Simón Stock. Se cree que nació en una familia real, pero que a muy temprana edad se retiró a la vida de oración, refugiándose en un gran árbol que le sirvió de casa y oratorio, de donde provino el nombre de “stock” que significa “tronco”. Simón Stock, nombrado más tarde Superior General de la Orden de los Carmelitas, tuvo que sufrir mucho para que la institución siga en pie, ya que fue muy perseguida. En contra de esa gran familia religiosa se argumentaba que había sido instituida sin la autorización de la Iglesia. Pero felizmente, ya próxima a ser suprimida, la Virgen se le apareció al Papa Honorio III y le ordenó que la confirmase y protegiese. Sin embargo, al cabo de un tiempo la Orden fue acosada nuevamente con mayor saña, por lo que San Simón, que sobrellevaba una gran amargura, recurrió a la Virgen:

Flor del Carmelo,
Vid florida,
Esplendor del Cielo,
Virgen Madre singular,
Madre dulce
que no conoció varón:
asiste propicia a tus devotos,
Estrella del mar.


En la mañana del 16 de julio de 1251, mientras suplicaba con grandísima insistencia su protección, la Madre de Dios se le apareció. Según relató él mismo al Padre Pedro Swayngton, su secretario y confesor, «la Virgen se me apareció con un gran cortejo y teniendo en la mano el hábito de la Orden, me dijo: “Recibe, hijo dilectísimo, este Escapulario de tu Orden como señal distintiva y marca del privilegio que yo obtuve para ti y para todos los hijos del Carmelo; es una señal de salvación, una salvaguardia en los peligros, una alianza de paz y de protección sempiterna. Quien muera revestido con él será preservado del fuego eterno”».


La Orden del Carmen se multiplicó de modo tan prodigioso bajo la dirección de San Simón, que a los pocos años de su muerte, a fines del siglo XIII, contaba con 7.500 monasterios poblados por casi 120 mil religiosos. A los pocos años, hacia el 1276, el culto a San Simón Stock fue confirmado por la Santa Sede.



La gran promesa de Nuestra Señora del Carmen: el “Privilegio Sabatino”

La predilección de María Santísima por el Carmelo fue confirmada en el siglo siguiente, cuando nuestra Señora se apareció al futuro Papa Juan XXII, entonces cardenal, en Avignon, Francia. Allí la Virgen prometió una especial asistencia a los que llevasen el Escapulario del Carmen, asegurándole que los libraría del Purgatorio el primer sábado después de su muerte. Esta promesa, conocida como el “Privilegio Sabatino”, fue promulgada por el Papa Juan XXII en el año 1322.

En 1950 lo recordaba el Papa Pío XII: «Ciertamente, la piadosa Madre no dejará de hacer que los hijos que expían en el Purgatorio sus culpas, alcancen lo antes posible la Patria Celestial por su intercesión, según el llamado privilegio sabatino, que la tradición nos ha transmitido con estas palabras: “Yo, su Madre de Gracia, bajaré el sábado después de su muerte y a cuantos –religiosos, terciarios y cofrades– hallare en el Purgatorio los libraré y los llevaré al monte santo de la vida eterna”».



Indulgencias del Escapulario del Carmen


Indulgencias plenarias:

1.El día que se viste el Escapulario y el que es inscrito en la Tercera Orden o Cofradía.
2.En estas fiestas: Virgen del Carmen (16 de julio o cuando se celebre); San Simón Stock (16 de mayo); San Elías Profeta (20 de julio); Santa Teresita del Niño Jesús (3 de octubre); Santa Teresa de Jesús (15 de octubre); Todos los Santos Carmelitas (14 de noviembre); San Juan de la Cruz (24 de noviembre).

Indulgencia parcial:
Se gana indulgencia parcial por usar piadosamente el santo Escapulario. También por besarlo y por cualquier otro acto de afecto y devoción.
Una persona que haya recibido la imposición del Escapulario, aún cuando haya pasado mucho tiempo sin usarlo, puede por sí misma recolocárselo en el cuello, sin necesidad de bendición o imposición por un sacerdote.


Los Santos y el Escapulario

El mismo día en que recibió el Escapulario, San Simón Stock tocó el cuerpo de un moribundo que no quería arrepentirse de sus pecados y obtuvo el primer milagro: la inmediata conversión del enfermo.

San Alfonso María de Ligorio y San Juan Bosco, entre muchos miles, difundieron con mucha insistencia esta devoción. Y en ambos casos, años después de su muerte, los Escapularios fueron hallados intactos, a pesar de que las vestimentas mortuorias se encontraron deterioradas. El de San Alfonso, que está en un relicario, se puede venerar en Marianella, su ciudad natal.

San Claudio de la Colombière, confesor de Santa Margarita María de Alacoque, confidente del Sagrado Corazón de Jesús, afirmaba: «No; no basta decir que el Escapulario es una señal de salvación. Yo sostengo que no hay otra que haga nuestra predestinación tan cierta como ésta, del Escapulario, y a la cual consecuentemente nos debemos acoger con más celo y constancia».


Actualidad del Escapulario

Es tan importante esta devoción, que la misma Virgen ha vuelto a confirmarla en las más grandes apariciones suyas en los últimos siglos.

En Lourdes, la Virgen se apareció por última vez el 16 de julio, fiesta del Carmen.

En Fátima, en su sexta aparición, cuando obró el milagro del sol, la Virgen se apareció bajo la advocación del Carmen con el Niño en brazos y el Escapulario. También pidió que los que se consagraran a ella lo usaran como signo de dicha consagración. Y la hermana Lucía, una de las videntes de Fátima, confirmó esa visión, y dijo que la Virgen quería que el Escapulario fuera tomado como parte del mensaje, añadiendo; «ahora el Santo Padre lo ha afirmado así al mundo entero, diciendo que el Escapulario es signo de consagración al Inmaculado Corazón… El Rosario y el Escapulario son inseparables».

De hecho el Papa Pío XII, el 11 de febrero de 1950, afirmaba: «Y en verdad no se trata de un asunto de poca importancia, sino de la concesión de la vida eterna… en otras palabras, del más importante de los negocios del mundo y de llevarlo a cabo con seguridad».


Milagros atribuidos a él

Son muchos los milagros obrados por gracia del Escapulario. Todos ellos están debidamente relatados y testimoniados por quienes se beneficiaron por él y por testigos oculares; por ejemplo curaciones, protección en guerras, etc. Son muchos los hechos milagrosos: incendios que se apagan cuando el Escapulario es lanzado a las llamas (y dicho Escapulario permanece ileso); personas libradas de la obsesión de suicidio; no permite morir en pecado (cuando no hay abuso de la gracia), etc.


Objetivo Principal

Nuestra Madre, la Virgen María será siempre el camino para llegar a Jesús. Entre las devociones que los cristianos dedican a honrar a la Santísima Virgen María –decía Papa Pío XII– «debe colocarse, ante todo, la devoción del Escapulario de los Carmelitas».

Por eso recomendamos vivamente que se lleve día y noche el Escapulario –vestido de la Virgen María–, pero su uso permanente no es indispensable para ganar las indulgencias.

El Escapulario de tela –que se recomienda por simbolizar mejor el vestido y consagración a Nuestra Señora, la Virgen María– puede ser sustituido por la medalla-escapulario.

Quien viste el Escapulario del Carmen debe distinguirse por una profunda, sincera y filial devoción a la Santísima Virgen, esforzándose siempre por: a) conocer; b) amar; c) imitar; d) irradiar a la Virgen María, ya que al Orden del Carmen, a la que pertenece por vestir su hábito, tiene como finalidades vivir su vida y extender su culto. El título oficial de los Carmelitas es: Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo.

Todo esto debe animar a los cristianos a vestir con devoción el Escapulario de la Virgen María, que tantos prodigios ha obrado a través de los siglos y que promete una ayuda especial y protección maternal de parte de la Santísima Virgen María.

Que mi Escapulario me acompañe siempre. Que en él vea siempre a mi Madre celestial. Que al besarlo lo haga con amor de hijo y como promesa de amarla más y servirle mejor. Que su recuerdo y su presencia en mi pecho me anime a serle más fiel a Ella y a su Hijo. Que en él vea grabadas todas las virtudes de mi celeste Madre y trate de vivirlas. Que su constante presencia sobre mi corazón me ayude a evitar el pecado y a practicar la virtud. Que su recuerdo nunca permita que me olvide de Ella y así puedo estar seguro que Ella no me abandonará.

¡Oh Virgen Santísima Inmaculada, belleza y esplendor del Carmen! Vos, que miráis con ojos de particular bondad al que viste vuestro bendito Escapulario, miradme benignamente y cubridme con el manto de vuestra maternal protección. Fortaleced mi flaqueza con vuestro poder, iluminad las tinieblas de mi entendimiento con vuestra sabiduría, aumentad en mí la fe, la esperanza y la caridad. Adornad mi alma con tales gracias y virtudes que sea siempre amada de vuestro divino Hijo y de Vos. Asistidme en vida, consoladme cuando muera con vuestra amabilísima presencia, y presentadme a la augustísima Trinidad como hijo y siervo devoto vuestro, para alabaros eternamente y bendeciros en el Paraíso. Amén.

Fuente: Tradición Católica.com