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viernes, 28 de junio de 2024

La certeza del Reino de María - Padre Arminjon

 


Dada la crisis sin precedentes en la Iglesia Católica, hoy muchas personas están especulando si hemos llegado al final de los tiempos. En la obra El fin del mundo presente, muy elogiada por Santa Teresita de Lisieux en su autobiografía, el P. Arminjon establece los tres signos que las Escrituras nos dan para conocer el fin de los tiempos. Luego continúa analizando cuidadosamente el primer signo, el único que no es evidente. Él concluye que ni él ni los otros dos signos se han cumplido, y aún debemos ver un tiempo de gloria para la Iglesia en el futuro cuando el Evangelio se conozca y se practique de manera efectiva en todas partes.

Será el Reino de María, un tiempo de paz en el mundo en el que Cristo reinará nuevamente como Rey a través de María. Tal momento fue predicho por el gran San Luis María Grignion de Montfort, y Nuestra Señora misma lo confirmó en Fátima cuando anunció el triunfo de Su Corazón Inmaculado.

Lo que sigue es el texto del P. Arminjon.

Tres signos del fin de la historia

El primero de los eventos que presagia el fin de los tiempos es aquel al que el Salvador se refiere en Mateo 24:14, cuando dice: "Estas buenas nuevas del Reino se proclamarán en todo el mundo como un testimonio a todas las naciones. Solo después vendrá el fin".

La segunda de estas señales será la aparición del hombre de pecado, el Anticristo (2 Tesalonicenses 2: 2-4).

El tercero: la conversión de los judíos, que adorarán al Señor Jesús y lo reconocerán como el Mesías prometido (Romanos 11: 14-17). Hasta entonces, dice San Pablo, "ninguno os engañe de ninguna manera... como si el día del Señor estuviera cerca " (2 Ts 2, 2).

Es evidente que los últimos dos eventos, que San Pablo declara que marcarán el acercamiento de la gran tribulación, hasta ahora no se han cumplido. El Anticristo aún no ha aparecido, como lo mostraremos en el siguiente discurso. Además, los judíos, como nación, aún no se han desprendido del grueso velo que les impide aclamar como Dios a Aquel a quien crucificaron. Queda por determinar si, en la actualidad, el Evangelio ha sido predicado en toda la tierra y dado por testimonio a la totalidad de las naciones.

El Evangelio todavía necesita conquistar a muchos pueblos.

En este punto, los Padres y los Doctores están divididos. Algunos dicen que las palabras de Cristo deben ser interpretadas moralmente, y deben entenderse en el sentido de una predicación parcial y sumaria.

Para que se cumplan, es suficiente que los misioneros hayan iluminado un cierto número de mentes individuales en las diversas partes de la tierra habitada, y que la Cruz debería haberse levantado al menos una vez en cada ladera desierta y remota. Otros, más numerosos, como San Jerónimo y Beda, insisten en que las palabras del Hijo de Dios deben ser entendidas en el sentido más estricto y literal.

Cornelius a Lapide, el más docto de los intérpretes de los Libros Sagrados, expresa la opinión de que el fin de los tiempos no llegará hasta que el cristianismo no solo haya sido proclamado y propagado, sino establecido y organizado, y haya subsistido al nivel de un pública institución, entre hombres de todas las razas y nacionalidades.

Y esto de tal manera que, antes de que los siglos hayan transcurrido, no habrá una sola orilla bárbara, ni una isla perdida en el océano o cualquier lugar actualmente desconocido en los dos hemisferios donde el Evangelio no haya brillado en absoluto su esplendor, donde la Iglesia no se haya manifestado en su legislación, sus solemnidades y jerarquías, incluidos los obispos y el bajo Clero. En una palabra, en todas partes la gran profecía "Habrá un solo rebaño y un pastor "Se cumplirá por completo (Comentario sobre Mateo).

Nos inclinamos a esta última opinión. Está más en armonía con el testimonio de la Sagrada Escritura. Está más de acuerdo con la sabiduría y la misericordia de Dios, que no hace distinción entre los civilizados y el bárbaro, griegos y judíos, pero, deseando la salvación de todos los hombres, no excluye a ninguno de ellos de la luz y el don de la Redención. Finalmente, concuerda mejor con los modos de la Providencia, que muestra una solicitud igual para todos los pueblos y los llama a su vez al conocimiento de su ley, en el tiempo designado por sus decretos inmutables.

Basta echar un vistazo al mapa para reconocer que la ley evangélica está lejos de haber sido promulgada a todos los pueblos, y que innumerables multitudes en la actualidad permanecen sumidas en la oscuridad y no poseen la más mínima sombra de verdad revelada... ¡

Claramente, el Evangelio aún no ha sido predicado como un testimonio para todas las naciones. ¿Podemos siquiera decir que ha sido predicado con suficiente lustre, y de tal manera que no deja excusa a quienes se han negado a obedecerlo? En cada página de los anales de la Propagación de la Fe, encontramos esta tensión dolorosa que brota del corazón de los apóstoles: "Por lo tanto, pidan al dueño de la cosecha que envíe obreros a su mies".

Confirmación adicional en las Escrituras

Ahora, está escrito que, al final de los tiempos, el evangelio habrá sido dado como testimonio a todas las naciones. David clama: "Todos los pueblos, hasta los confines de la tierra, reconocerán al Señor y volverán a Él, porque el dominio le pertenece a Él y Él gobierna a las naciones " (Sal 22: 28-29).

Más allá, David continúa, "Que reine de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Sus enemigos se postrarán ante él, y sus enemigos lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y las islas ofrecerán regalos: los reyes de Arabia y Sheba traerán tributos "(Salmo 72: 8-10).

El Señor entonces le habla a la Iglesia a través de Isaías: "Agrande el espacio de su tienda de campaña, extienda sus paños de la tienda con moderación; alargue sus cuerdas y firme sus apuestas. Porque te extenderás a la derecha y a la izquierda; tus descendientes despojarán a las naciones y poblarán las ciudades desoladas "(Is 54, 2-3).

Estos textos son explícitos y precisos. Está claro por su testimonio que llegará un momento en que todas las herejías y cismas serán superados, y cuando la verdadera religión sea conocida y practicada en todos los lugares iluminados por el sol.

P. Charles Arminjon, El fin del mundo presente,
Sophia Institute Press, 2008, pp. 16-18
Publicado el 22 de diciembre de 2010.

Texto tomado de Tradition In Action 

domingo, 13 de noviembre de 2022

LA SEPTIMA Y ULTIMA EDAD DE LA IGLESIA, EDAD QUE COMENZARA CON LA APARICION DEL ANTICRISTO - VENERABLE BARTOLOME HOLZHAUSER

 

El Anticristo de Luca Signorelli (1523), Catedral de Orvieto, Italia.



De la séptima y última edad de la Iglesia, la que
será edad de desolación, principiando en la
aparición del Anticristo, y durará
hasta el fin del mundo.

CAPITULO III. Versículo 14.-22

1. Vers. 14. Y escribe el ángel de la Iglesia de Laodicea; Esto dice el Amen, el testigo fiel, y verdadero el qué es principio de la criatura de Dios. La séptima y ultima edad de la Iglesia comenzara en la aparición del Anticristo y durara hasta el fin del mundo. Será edad de desolación en la que habrá una total defección de fe Luc. c. XVIII. V. 8 . «Mas cuando viniere el Hijo del hombre ¿pensáis que hallará fe en la tierra? «En esta edad se cumplirá la abominación de la desolación descrita en San Mateo, c. XXIV, y en Daniel c. I. y XII. Entonces también se concluirá el siglo, y se cumplirá la palabra de la voluntad divina. A esta edad se refiere el séptimo día de la creación del mundo, cuando Dios, después de haber acabado su obra, descanso el día séptimo, (Gen. C. II). Así es pues como Dios; en la séptima edad de Iglesia acabará su obra espiritual, que tenia, decretado cumplir por su Hijo Jesucristo: y en seguida descansará con todos sus santos por toda la eternidad. Esta edad está también figurada por el séptimo Espíritu del Señor, Espíritu de ciencia. Porque, en ese tiempo, se sabrá claramente, después que el Anticristo haya sido destruido y precipitado en el infierno, que Jesucristo vino al mundo como hombre. Entonces los restos de los judíos que habrán quedado harán penitencia. Esta edad está también figurada por el séptimo Espíritu del Señor; porque se multiplicará entonces la ciencia en la tierra, (según Daniel, c. XII, v. 4.) Entonces la señal del Hijo del hombre aparecerá en el cielo y todo ojo la verá. Además, está edad está representada por la séptima época del mundo. Porque así como esa época será la última en que concluirá el siglo, así también la séptima edad será la última de la Iglesia. En fin la Iglesia de Laodicea es tipo de esta edad, la que se explica por vomito. Esa voz conviene pues a la última edad, durante la cual antes que el Anticristo llegue al poder, la caridad sé resfriará, la fe se perderá, todos los reinos estarán trastornados, agitados y divididos entre si, se levantará una raza de egoístas, flojos y tibios. Los pastores, prelados y príncipes serán hombres engañosos, semejantes a los árboles dé otoño, sin hojas y sin fruto de buenas obras; serán como astros errantes, nubes sin agua. Cristo entonces comenzará a vomitar la Iglesia de su boca, y permitirá que Satanás sea desatado y extienda su poder en todo lugar; y qué el hijo de perdición penetre en el reino, que es la Iglesia.

II. Esto dice Amen, el testigo fiel, y verdadero, el que es principio de la criatura de Dios. Las primeras palabras del texto contienen nuevos atributos o insignias de Jesucristo: Esto dice el Amen. Amen es una voz hebrea, que significa verdadero. Esa palabra conviene perfectamente a Cristo; en virtud de la divinidad que de sí mismo tiene; y qué pertenece a su esencia, supuesto que él es la primera verdad. Por eso dice San Juan c. XIV. v. 6. «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Ese atributo no puede convenir a ningún hombre ordinario, porqué todo hombre es mentiroso, y solo Dios es verdadero. El testigo fiel y verdadero de la gloria y majestad del Padre, y a quién rindió testimonio, siendo su propio Hijo, y siéndole fiel basta la muerte, y muerte de cruz. El que es principio de la criatura de Dios, porque, según San Juan, c. I.  v. 3. «Todas las cosas fueron hechas por él: y nada de lo que fue hecho, se hizo sin él». El apóstol comienza primero por declarar esos atributos e insignias divinas, para confirmar a los espíritus de sus siervos en la verdad del evangelio, contra la impiedad del Anticristo, quién, gloriándose ser, el Señor Dios del cielo y tierra, blasfemará de una manera horrible, diciendo que Jesucristo no es Dios, que no se hizo carne, y que ni su testimonio y Evangelio son verdaderos, etc.

Vers. 15. Sé tus obras, con esas palabras que suele emplear el apóstol, reprende las obras de esta edad, como se ve claramente por lo siguiente: Que ni eres frió ni caliente, es decir, no tienes temor de Dios, ni fervor de caridad, con cuya ayuda practicarías la justicia y verdad. El frío y calor son dos metáforas, con ellas se distinguen esas dos virtudes. Porque, en efecto, en los últimos días, la iniquidad se multiplicara, la caridad de muchos se resfriará, (S. Matth.c. XXIV. V. 12). Con razón pues Jesucristo reprende a esta edad de la Iglesia de no ser ni fría ni caliente. Esas palabras contienen una especie de deseo de N. S. Jesucristo, en su paternal afecto, deplora el triste estado de su Iglesia, como un padre o una madre acostumbra a llorar la muerte de un hijo o una hija y como un esposo llora la esposa que amaba.

Vers.16. Más porque eres tibio, es decir, estás lánguido, que pierdes la fe, esperanza y caridad, y de consiguiente, que no observas ya mis mandamientos, haciendo obras de justicia, te comenzaré a vomitar de mi boca. El hombre suele arrojar de su boca lo que le parece malo y desagradable, como, por ejemplo, el agua tibia, la cual representa por una verdadera metáfora, al fiel lánguido en la fe, esperanza y caridad, y al que no es cristiano sino de nombre. Por eso dice. Te comenzaré a vomitar de mi boca, es decir, yo comenzaré insensiblemente a desecharte lejos de mi, adejarte, a desampararte, y a permitir caigas en las herejías. Te comenzaré a vomitar de mi boca, es decir, permitiré a las naciones y al Anticristo te hollen, como se acostumbra a pisar la saliva y el agua tibia que está por tierra. El pueblo cristiano está en la boca de Cristo, por la fe en su palabra y en su Evangelio, y Jesucristo lo vomita a causa de la locura de sus abominaciones permitiendo caiga en el error y abandone la justicia. Eso es lo que Jesucristo comenzara hacer hacia el fin de la sexta edad y eso es lo que continuará en la séptima, cuando la caridad se resfriará, la iniquidad abundará, y casi todos los hombres perderán totalmente la fé.

Vers. 17. Porque dices: Rico soy estoy lleno de bienes, y de nada tengo falta: y no conoces que eres, un cuitado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo.

Vers. 18. Yo te aconsejo que compres de mi oro afinado en fuego, para que seas rico; y te vistas de ropas blancas, y no se te descubra la vergüenza de tu desnudez, y unge tus ojos con colirio para que veas. Jesucristo revela aquí, bajo la forma de una paternal corrección, los vicios y defectos de esta edad, contra los cuales da, al mismo tiempo saludable consejo y oportuno remedio. El primer vicio será una culpable presunción del espíritu, fundada sobre la propia ciencia; la qué dé tal modo cegará a los hombres, que ni aun siquiera conocerán sus pecados, y errores. Se endurecerán en sus vicios, deleites y mentiras, a tal punto, qué ellos mismos se justificarán, y desconocerán la sana doctrina. Eso es lo que Jesucristo expresa con estas palabras: Porque dices con falsa jactancia y vana presunción, rico soy, es decir, estoy dotado de la justicia, verdad, y ciencias las más perfectas y bellas. Estoy lleno de bienes, por el conocimiento y practica de todas las artes. Mi experiencia es superior a la de todos los siglos. Y de nada tengo falta. No tengo necesidad de que los otros me instruyan. Ese es también el espíritu satánico de que están animados los falsos políticos y falsos cristianos de nuestra época, quienes, despreciando toda verdadera ciencia, toda sana doctrina, y no escuchando ya a los directores de almas, se justifican en todas las cosas, y no siguen sino los impulsos de su amor propio y de su voluntad pervertida. Estos corren así a su propia perdición. De lo que se sigue: Y no conoces, tú no reconoces eres cuitado. Porque, en efecto, tú eres desgraciado a causa de tu ceguedad, de tu falta de gracia y verdadera luz, y por consiguiente, también eres desgraciado, a causa de la enemistad con Dios, enemistad que es la más grande de las desdichas. Mas tu miseria es mucho mayor en cuanto no conoces o no quieres conocer el mal, ni emplear el remedio propuesto por mí o por otros. Eres…miserable por la pena que se seguirá. Además eres pobre en méritos espirituales, méritos que no pueden subsistir, con el estado de la enemistad en que te encuentras con Dios. Eres ciego, porque no ves, y no reconoces tus defectos, vicios, pobreza y miseria. Y estás desnudo y despojado de las virtudes de verdadera fe, esperanza, caridad justicia y religión, siendo, las virtudes como el vestido del alma. El segundo, vicio de esta edad será la vana confianza en las riquezas, tesoros, objetos preciosos, ricos ornamentos, magnificencia de edificios y templos, y en el exterior esplendor de las cosas temporales y espirituales. Y como ninguna de esas ventajas tendrá unión con la caridad de Dios, tampoco agradarán a Jesucristo. Porque Dios no aceptaba los sacrificios del Antiguo Testamento sin la misericordia. Todos esos bienes serán presa del Anticristo; quién disfrutará de los tesoros de las Iglesias, de los, reyes, príncipes y grandes. Hollará todo lo santo y sagrado; entregará a, las llamas y arruinará, completamente los mas magníficos templos. Entonces habrá la desolación y la mayor abominación de cuantas han habido; porque todo lo sagrado será, consumido por el fuego y reducido a cenizas. Contra tales desventuras Jesucristo da aquí un saludable consejo y preciosa advertencia. Yo te aconsejo, a ti ya agonizante, y luchando con la muerte, que compres de mi, en lugar de todos esos tesoros, oro afinado en fuego de caridad y sabiduría celestial, con obras de misericordia, con limosnas y piadosas fundaciones, Yo te aconsejo que compres de mi oro afinado que no pueda quitarte, el tirano; ni nadie alterar. Eso es lo que hicieron San Lorenzo y otros santos mártires, los cuales, al aproximarse la muerte y la hora de la tentación, distribuyeron los tesoros de la Iglesia a los pobres; y compraron el oro afinado de la caridad, cuya llama ardiente los ayudó a sufrir las brasas y demás suplicios de los tiranos. Eso deberán hacer los santos de Dios, sobre todo en esos últimos tiempos calamitosos, después de los cuáles ya no habrá más tiempo, ni habrá tampoco necesidad de oro, plata; vasos preciosos, ni de tesoros. Así es como N. S. Jesucristo nos exhorta paternalmente. Para que seas rico, es decir, para enriquecernos de tesoros celestiales que nadie puede, ni podrá arrebatarnos en la eternidad, si de nosotros mismos hacemos el sacrificio de esos bienes caducos y perecederos. Yo te aconsejo que compres de mi…,y te vistas de ropas blancas, es decir, de vestidos de virtudes y de emolumentos que Dios te dará, en premio de tú caridad y dé tus obras de misericordia. Compra de ese tesoro y no se descubra la vergüenza de tu desnudez. Cubre tus pecados que son como la desnudez del alma; porque la caridad nos alcanza el perdón de la multitud de nuestras culpas. Y unge tus ojos con colirio para que veas. El colirio sirve de remedio para la vista. Los ojos del alma son la memoria y el entendimiento. Más, esos ojos del alma son con frecuencia oscurecidos y cegados por el cebo de bienes terrestres. El remedio que Dios propone aquí como medicina espiritual contra esas dos enfermedades de la vista, para preservarnos de la ceguera espiritual, consiste sobre todo en la meditación de los novísimos y de las Santas Escrituras. Esos remedios serán especialmente necesarios a los soldados de Jesucristo en los últimos tiempos, a causa del horror de los tormentos, y de los errores y falacias de los falsos profetas, y también a causa do los escándalos y pérdida total de la fe, de consiguiente, para nuestro mayor bien nos advierte Jesucristo, diciendo; Y unge tus ojos con colirio, esto es, aplica los ojos de tu alma a la meditación de los novísimos; escudriña las Santas Escrituras, para mejor distinguir la vanidad de los bienes de la presente vida, y la solidez de los futuros bienes. Busca también la distinción que hay entre la verdad y la iniquidad del tirano, quién procurará seducirte con fingidas promesas y lisonjas, con falsos prodigios y aparentes milagros.

Vers. 19. Yo a los que amo reprendo y castigo; es decir, yo te advierto e informo de los defectos de que te debes corregir, y de los peligros que debes evitar, como un padre advierte a sus hijos muy amados. Y a los que amo...castigo; permitiendo contra ellos, en esta vida, las adversidades, tribulaciones y persecuciones; y los someto al poder de los impíos, según el Salmista, Psal. LXV, v. 12. «Pusisteis hombres sobre nuestras cabezas: Pasamos por el fuego y por el agua: y nos sacaste a refrigerio.»

III. Ármate pues de celo y arrepiéntete. Esas palabras; encierran dos preceptos prácticos, intimados por Jesucristo A los fieles existentes en la última prueba, es decir, el buen ejemplo y la penitencia. Ármate pues de celo, imita a mis valientes y prudentes soldados, los que padecieron, semejantes persecuciones, bajo Diocleciano y demás tiranos. Y arrepiéntete de tus pecados, levántate pronto de tu caída, como hizo el papa Marcelino, quién, después de haber sacrificado a los dioses por temor de los tormentos y de la muerte; sin embargo se arrepintió.

Vers. 20. He aquí que estoy a la puerta, y llamo: si alguno oyere mi voz, y me abriese la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Esas palabras nos anuncian la llegada y convite del Cordero, al que nos convida diciendo. He aquí estoy a la puerta, y llamo. Jesucristo estará a la puerta de su Iglesia cuando vendrá a juzgar, al fin del mundo. Y llamará cuando los hombres verán que se cumplen los signos y la grande tribulación que predijo en San Mateo, c. XXIV. v. 32, donde añade la parábola de la higuera: «Cuando vosotros viereis todo esto, sabed que está cerca a las puertas el Hijo del hombre». Si alguno oyere mi voz, y abriere la puerta. En ese tiempo se oirán dos voces: una verdadera y santa, la de Jesucristo, otra falsa e impía, la del Anticristo, y sus prosélitos; porque estos dirán que el Anticristo es el Mesías. Contra esta última voz nos pone Jesucristo en cuidado, cuando dice en San Mateo, c. XXIV. v.23: «Entonces si alguno os dijere: Mirad, el Cristo está aquí o allí: no lo creáis». La otra voz es la de Jesucristo que dice en las santas Escrituras ser el verdadero Mesías y el Hijo de Dios. Esta voz se dejará oír por la boca de Enoch y de Elías, y de otros siervos de Dios, quienes entonces resistirán al Anticristo, y predicarán que Jesucristo es verdadero Mesías, Dios y hombre, hecho carne etc. Con razón dice pues aquí Jesucristo: Si alguno, oyere mi voz, y me abriere la puerta de su corazón, creyendo en mí, entraré a él por la gracia de mí consuelo, en medio de todos los suplicios y adversidades. Y cenaré con él, y él conmigo. La cena corporal es la comida que se toma antes del sueño, así como la santa cena es el confortativo del alma antes de la muerte. En este sentido dice Jesucristo: Cenaré con él, esto es, lo restauraré confortaré a la muerte con la gracia de la perseverancia. Y él cenará conmigo, es decir, él resistirá a los tormentos hasta la muerte, para en seguida alcanzar la corona de, la inmortalidad.

Vers. 21. Al que venciere mundo, carne, demonio y muerte, le haré sentar conmigo en mi trono; así como yo también he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Esas palabras prometen a los soldados de Jesucristo que hayan vencido en la última agonía de ese siglo, la potestad y honor de juzgar vivos y muertos, como Jesucristo también lo prometió a sus apóstoles, en San Mateo c. XIX. v. 28: «En verdad os digo, que vosotros, que me habéis seguido, cuando en la regeneración se sentará él Hijo del hombre en el trono de su majestad, os sentareis también vosotros sobre doce sillas, para juzgar a las doce tribus de Israel». Así es pues como Jesucristo promete a sus siervos de la última edad una insigne distinción en los cielos, la que será potestad judiciaria, y gloria de sentarse en un trono, en premio de la difícil victoria que habrán conseguido en la mayor de las persecuciones.

Vers. 22. El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.


INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas 148 a la 156.

Traducido al Español por el
Reverendo Padre Fray Ramón de Lérida,
Capuchino Misionero Apostólico.

Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.

Imprimase
EL OBISPO DE LA SERENA (CHILE)

Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.

Año 1860

viernes, 23 de septiembre de 2022

Profecías del Venerable Bartolome Holzhahuser

 


Bartolome Holzhauser, sacerdote alemán, varón apostólico, fundador de diversos seminarios y restaurador de la vida espiritual en su patria, murió en Birgen, cerca de Maguncia, el 20 de mayo de 1658, en opinión de santidad. Es autor de un sabio comentario sobre el Apocalipsis de San Juan, que constituye otra verdadera profecía. Divide la Historia de la iglesia en siete períodos:

 

1º  Desde los tiempos de Jesús hasta Nerón (1-68).

2º  Desde Nerón hasta el Emperador Constantino el Grande   68-337).

3º  Desde Constantino hasta Carlomagno  (337-814).

4º  Desde Carlomagno hasta la Reforma  (814-1515).

5º  Desde la Reforma hasta los tiempos de un poderoso Monarca y Gran Papa, que abrirán la sexta época.

6º  Restauración de la gran Monarquía y Triunfo del Catolicismo hasta la aparición del Anticristo.

7º  Dominio del Anticristo hasta la Segunda Venida de Nuestro Señor.

En el curso de la quinta edad, dice el Venerable Holzhauser, los católicos serán oprimidos por los herejes y los malos cristianos. Habrá calamidades y guerras tremendas.

Los reinos serán convulsionados, los tronos destruidos, los principios socavados.

Mediante conjuraciones se fundarán Republicas. La Iglesia  y sus ministros serán despojados. Pero a la sexta Edad, de improviso, tendrá lugar, por obra de la mano de Dios, tan maravillosa mutación, que nadie puede figurársela.

Aparecerá un Santo y grande Pontífice y un poderoso Monarca enviado de Dios, que pondrá término al universal desorden. Sujetará todo  a su poder y mostrará celo por la Iglesia de Cristo.

Todas las herejías serán sepultadas en el infierno, de donde salieron. El imperio de los turcos será quebrantado y todas las naciones adorarán a Dios en la verdadera Fe Católica y Romana. Reinará entre los hombres el amor y concordia, la Paz y la felicidad.

El Gran Monarca tendrá casi todo el mundo como patrimonio suyo.

Con la ayuda del Señor, libertará la tierra de tristezas, ruinas y males.

El hará que pueda celebrarse un Concilio, que será el mayor que haya habido, para poner término a tan grandes tribulaciones.

Hará cumplir sus decretos y Dios bendecirá y pondrá todas las cosas en sus manos.

                                                                          

Tomado del libro: ¡Alerta Humanidad!

Profecías de Santa Brígida

 


Santa Brígida de Suecia fue una de las santas de la edad media más célebres por su influencia en los acontecimientos de su época y por sus dones de profecía y renovación del espíritu religioso. Fundó la Orden de las Religiosas de San Salvador, hizo una famosa Peregrinación a Santiago de Compostela y a Jerusalén, siendo su Director el Obispo de Jaén, y nos ha dejado una serie notabilísima de predicciones y escritos que la consagran como una de las videntes más famosas de todos los tiempos. El Breviario en las lecciones de su festividad hace referencia al espíritu profético de que estuvo dotada.

Respecto a los últimos tiempos  se hallan entre sus vaticinios las siguientes palabras: “Antes de que venga el Anticristo se abrirán las puertas de la fe a algunas naciones, en las cuales se cumplirán las palabras de Isaías” (55,5): “Llamarás a pueblos que te son desconocidos y pueblos que no te conocen correrán a Ti”. Después habrá muchos cristianos amadores de herejías e inicuos perseguidores del clero y enemigos de la justicia.

Por fin vendrá el más criminal de los hombres, que unido con los judíos combatirá contra todo el mundo y hará todos los esfuerzos por borrar el nombre cristiano: Muchos serán matados. Sobrevendrá una funestísima guerra que tendrá fin cuando sea proclamado Emperador, un hombre proveniente de España.

“Este vencerá maravillosamente con el estandarte de la Cruz y será el develador de la secta de Mahoma y el que restituya el templo de Santa Sofía.
“Este mundo es como una nave movida de zozobras y agitada por las borrascas de las tentaciones y el hombre no puede vivir en ella seguro, antes de llegar al puerto de descanso. Así como en la nave hay tres partes: la proa, el medio y la popa, así tres edades, te describo Yo que hay en el mundo. La primera fue desde Adán hasta mi Encarnación, que era alta, admirable y fuerte. Alta en la piedad de los Patriarcas, admirable en la ciencia de los Profetas y fuerte en la observancia de la Ley. Pero esta parte empezó a descender poco a poco, cuando el pueblo judaico, despreciando mis santos mandamientos, se entregó a la maldad e impiedad, por lo cual fue desechado de esta honra y posesión.

Más la parte media de la nave, esto es del mundo, entonces empezó a aparecer cuando Yo mismo, hijo de Dios vivo, quise encarnarme, la cual así como la parte media de la nave es más baja y humilde que la otra, así en mi venida empezó a predicarse la humildad y honestidad que muchos siguieron por largo tiempo. Pero ahora que la soberbia y la impiedad prevalecen y que mi Pasión está casi olvidada y despreciada, empieza, por tanto, la tercera parte, que durara hasta el Juicio.

En esta edad he mandado por tu medio al mundo las palabras de mi boca, y aquellos que las oyeren y siguieren serán felices. Así, pues, como Juan dice, no en su Evangelio, sino en el Mio: “Bienaventurados aquellos que no han visto y han creído”. Ahora digo yo: “Bienaventurados serán con felicidad eterna aquellos que oyeren estas palabras y las siguieren”.

“En el fin de esta edad nacerá el Anticristo. Así como de la unión espiritual nacen los hijos de Dios, así el Anticristo nacerá de una mujer maldita, que fingirá saber cosas espirituales, y de un hombre malo, de cuyas semillas, por permisión Mia, el diablo formará su obra. Pero el tiempo del Anticristo no será como aquel religioso, cuyos libros has visto, describe, sino en un tiempo de Mi desconocido, cuando la iniquidad abundare sobremanera y la impiedad creciere inmensamente. Sábete, pues, por lo tanto, que antes de que el Anticristo viniere se abrirá a los gentiles la puerta de la Fe. Más después, amando los cristianos las herejías, y conculcando los inicuos al Clero y a la Justicia, será la señal evidente, de que en breve vendrá el Anticristo: “En los escritos de la Santa se halla consignada esta predicción: En 1980, triunfarán los impíos”.

(Tomado del libro VI de sus “REVELACIONES”, capítulo LXVII. Cf. “LA FUTURA GRANDEZA DE ESPAÑA”; “EL SIGLO XX Y EL FIN DEL MUNDO”, del Doctor R., Pijoán, 5. Edición, págs. 217-18. Barcelona, 1914.) (El Anticristo y el fin del mundo. Dr. Don Antonio Martínez Sacristán, Canónigo lectoral de Astorga.)

Tomado del libro ¡Alerta Humanidad!

Profecías de la Venerable Sor Natividad

 


Las profecías de la Venerable Sor Natividad son muy semejantes a las de Santa Hildegarda; y si hemos de declarar nuestra opinión, creemos que las superan en cuanto a señalar las obras y caracteres de las sectas masónicas. Ningún profeta las ha descrito tan bien, y buenas historias hay que no dicen tanto. Con pesar tenemos que omitir la mayor parte de la profecía, porque es muy larga. Poseemos la obra Revelations de la Saeur de la Nativité, en dos volúmenes, pero copiaremos parte del extracto que con frases literales hace el libro Las Profecías. Es como sigue:

«Persecución contra la Iglesia

Dios me hizo ver la malicia de Lucifer y la intención diabólica y perversa de sus adeptos contra la Santa Iglesia de Jesucristo. A la orden de su jefe, estos malvados han recorrido la tierra como furiosos, con intención de preparar los caminos y sendas al Anticristo, cuyo reinado se acerca. Con el soplo corrompido de aquel espíritu de soberbia han contaminado a los hombres, que, como apestados, se han comunicado el mal los unos a los otros, y el contagio ha llegado a ser general.

Marca de los impíos

He aquí lo que he visto. El mismo Satanás marcaba a sus satélites, que hacía cómplices de sus criminales disposiciones, con cierta materia infecta, en la frente o en otra parte de la piel, como para imprimirles un carácter de adhesión a su obra. Apenas marcados, parecían al momento corno cubiertos de lepra, de la cual quedaban inficionadas las personas que se dejaban tocar de ellos. Esta figura tiene relación al interior y al exterior de la Iglesia, y aun cuando no deba tener su perfecto cumplimiento sino en la revolución que empieza, expresa, sin embargo, las disposiciones de los que la preparan hace mucho tiempo. Tales son los esfuerzos del infierno para destruir en las almas el reino de Jesucristo y turbar a los fieles el ejercicio de su religión.

Estos emisarios del infierno y precursores del Anticristo, según se me ha hecho conocer, son los escritores impíos que por sus sistemas licenciosos y seductores han echado los fundamentos, hace ya tiempo, de la irreligión que domina. La materia infecta que comunica por todas partes el contagio, no es otra cosa que esa impura composición de impiedad, etc.; libertinaje que se extiende por todas partes y que causa tantos daños, bajo el especioso nombre de filosofía que jamás podrá merecer.


Visión sobre España

Después de esto -no cambiéis nada de lo que voy á decir—he visto una gran potencia levantarse contra la Iglesia: ha arrancado, pillado y devastado la viña del Señor, la ha hecho servir como de vía a los transeúntes y la ha expuesto a los insultos de todas las naciones (esto se cumplió, se cumple y acabará de cumplirse). Después de haber injuriado al celibato y oprimido el estada religioso, llena de orgullo y audacia, ha usurpado los bienes de la Iglesia y se ha como revestido de los poderes de nuestro Santo Padre el Papa (hasta en favor de banderías políticas), cuya persona y autoridad ha despreciado.

He aquí lo que dijo el Señor en su ira:— ¡Ay de los traidores y de los apóstatas! ¡Ay de los usurpadores de los bienes de mi Iglesia y de los que desprecian su autoridad! Han incurrido en mi indignación: yo pisaré su soberbia audaz, que desaparecerá de mi presencia como el humo que se evapora por el aire, en castigo de sus crímenes. Yo les pediré cuenta de una herencia destinada esencialmente al entretenimiento de mis templos y de mis ministros, como también al socorro de los pobres.

Visión de un árbol

Vi un árbol muy alto y muy grueso, que tenía cuatro raíces como toneles (aplicable a los tres poderes del parlamentarismo y a la prensa, que se llama cuarto poder); se veían tres sobre la tierra, formando como un tres-pies, y la otra estaba en el corazón del árbol: todas eran tan profundas, que parecían llegar hasta el infierno. Este árbol no tenia hojas ni verdor; su corteza era tan dura como el bronce: era tan alto, que yo no podía ver su cima, y de un lado se inclinaba hacia una pequeña Iglesia (¿otra vez la de España?) como si pretendiera aplastarla, pero sin lograrlo.
Vi en Dios que llegaría un tiempo en que este árbol de malicia y de corrupción seria abatido por el Señor más pronto que lo fue por David el gigante Goliat...

Proyectos impíos

Mas los impíos... componen folletos y libros, y luego los propagan por medio de sus partidarios con el mayor secreto para seducir insensiblemente a los buenos. Y los seducidos, temiendo ser descubiertos, vivirán en la mayor hipocresía y aparentarán sumisión y docilidad a los ministros del Señor... Pero los seductores saldrán de sus retiros cuando sean numerosos sus adeptos, y como los lobos carnívoros cubiertos de piel de oveja se arrojarán contra la Iglesia.
Manifestarán piedad y devoción muy austera; harán grandes limosnas a los pobres y a la Iglesia; darán permiso para edificar templos, conventos y hospitales: sacerdotes y obispos aplaudirán su celo... Pero no se tardará en descubrir sus intenciones. El despecho la rabia de los hipócritas al verse descubiertos serán muy grandes, y pretenderán entonces destruir completamente la Iglesia, y no podrán sufrir ningún sacramento ni ceremonia, ni siquiera la señal de la cruz.

Derrota de los impíos

Mis enemigos, decía el Señor, se alegran todavía; pero su alegría será seguida de muchas angustias, levantan trofeos contra mi: mas sobre los trofeos de su victoria estableceré yo su ruina y su destrozo. La medida está ya llena, y pronto llegará a su colmo. Los malos dan decretos contra mi Iglesia; pero según los decretos de mi justicia, perecerán con sus decretos y leyes sacrílegas. Sí, perecerán; está ya determinado; la sentencia está ya pronunciada. Con mi poderoso brazo los precipitaré como el rayo al fondo del abismo, y caerán con la misma prontitud y violencia que Lucifer y sus secuaces. Esta suerte les espera; la han alcanzado ya muchos de sus partidarios y también uno de sus principales jefes. Dios, añade la profetisa, me reveló el nombre de éste; pero me mandó no descubrirlo, pues se reserva el manifestarlo en tiempo oportuno, y entonces, en el día de su venganza, serán conocidas las personas y sus nombres».

Apología del Gran Monarca 1ª Parte. 
paginas 236, 237, 238 y 239.
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista. Valencia-Año 1904

domingo, 18 de septiembre de 2022

Profecías de Nuestra Señora de la Salette

 

Ntra. Sra. de la Salette. 19 de Septiembre de 1846.


Texto del Secreto
(numeramos los párrafos)

1. "Melania: Esto que Yo te voy a decir ahora no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858.

2. Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, los sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes piden venganza, y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios, que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra a nadie que implore misericordia y perdón para el pueblo; ya no hay almas generosas ni personas digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo.

3. Dios va a castigar de una manera sin precedentes.
¡Ay de los habitantes de la tierra!, Dios va a derramar su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos.

4. Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años.

5. La sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y de los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la cólera de Dios.

6. Que el Vicario de mi Hijo, el Soberano Pontífice Pío IX, no salga ya de Roma después del año 1859; pero que sea firme y generoso; que combata con las armas de la fe y del amor. Yo estaré con él.

7. Que desconfíe de Napoleón, su corazón es doble; y cuando quiera ser a la vez Papa y Emperador, muy pronto se retirará Dios de él. Es esa águila que queriendo siempre elevarse caerá sobre la espada de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo.

8. Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los señores; también será entregada a la guerra. La sangre correrá por todas partes. Las iglesias serán cerradas o profanadas. Los sacerdotes y religiosos serán perseguidos; se les hará morir, y morir con una muerte cruel. Muchos abandonarán la fe y el número de los sacerdotes y religiosos que se separarán de la verdadera religión será grande; entre estas personas se encontrarán incluso obispos.

9. Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires.

10. En el año 1864 Lucifer, con un gran número de demonios, serán desatados del infierno. Abolirán la fe poco a poco, aun entre las personas consagradas a Dios, las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de esos malos ángeles: muchas casas religiosas perderán completamente la fe y perderán a muchísimas almas.

11. Los libros malos abundarán en la tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios y obtendrán un poder extraordinario sobre la naturaleza: habrá iglesias para servir a esos espíritus. Algunas personas serán transportadas de un lugar a otro por esos espíritus malvados, incluso sacerdotes, por no seguir el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la gloria de Dios. Resucitarán algunos muertos y justos, (es decir, que estos muertos tomaran la figura de almas justas, que vivieron en la tierra, para así mejor seducir a los hombres; estos, que diciéndose muertos resucitados no serán otra cosa que el demonio bajo sus figuras, predicarán otro Evangelio contrario al verdadero de Cristo Jesús, negando la existencia del cielo, y también las almas de los condenados. Todas estas almas aparecerán como unidas a sus cuerpos)* Habrá por todas partes prodigios extraordinarios, porque la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo. ¡Ay de los príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas sobre riquezas, a poner en salvo su autoridad y a dominar con orgullo!

12. El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa.

13. Dado el olvido de la santa fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos; todo orden y toda justicia serán pisoteados; no se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia.

14. El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor (que no reinará mucho tiempo)* verán el triunfo de la Iglesia de Dios.

15. Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios.

16. El año 1865 se verá la abominación en los lugares santos; en los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio se hará como el rey de los corazones. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará de toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la tierra.

17. Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano; en seguida habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Jesucristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia; se matará, se asesinará mutuamente aun dentro de las casas.

18. Al primer golpe su espada fulminante las montañas y la naturaleza entera temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los cielos. París será quemado y Marsella engullida.
Varías grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se oirá más que ruido de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorará mi ayuda e intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de su justicia y de su gran misericordia con los justos, mandará a sus ángeles que mueran todos sus enemigos. De golpe los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres dados al pecado perecerán y la tierra quedará como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado; la caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia, que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la fe, por que habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios.

19. Esta paz entre los hombres no será larga; 25 años de abundantes cosechas les harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los males que suceden en le tierra.

20. Un precursor del Anticristo, con sus tropas de muchas naciones, combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y pretenderá aniquilar el culto de Dios para ser tenido como un dios.

21. La tierra será castigada con todo género de plagas (además de la peste y el hambre, que serán generales)*; habrá guerras, hasta la última que harán los diez reyes del Anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán el mundo. Antes que esto suceda habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la santo Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, crecerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. ¡Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo! Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad.

22. La naturaleza clama venganza contra los hombres y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la tierra encharcada de crímenes. Temblad, tierra y vosotros, que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente os adoráis a vosotros mismos, temblad; pues Dios va a entregaros a su anemigo, porque los lugares santos están en la corrupción; muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo y de los suyos.

23. Durante ese tiempo nacerá el Anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente, maestra de impureza. Su padre será obispo. Al nacer vomitará blasfemias, tendrá dientes; en una palabra, será el demonio encarnado, lanzará impurezas. Tendrá hermanos, que aunque no sean como él demonios encarnados, serán hijos del mal; a la edad de doce años llamarán ya la atención por las ruidosas victorias que alcanzarán. Bien pronto estará cada uno a la cabeza de los ejércitos, asistidos por legiones del infierno.

24. Se cambiarán las estaciones. La tierra no producirá más que malos frutos. Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos que tragarán montañas, ciudades (etc.)*

25. Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo.

26. Los demonios del aire, con el Anticristo, harán grandes prodigios en la tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes, todos los pueblos y todas las naciones conocerán la verdad.

27. Yo dirijo una apremiante llamada a la tierra; llamo a los verdaderos discípulos del Dios que vive y reina en los cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres; llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos, a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en mis brazos, los que han vivido de mi espíritu; finalmente llamo a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la tierra, Id y mostraos como mis hijos queridos, Yo estoy con vosotros y en vosotros con tal que vuestra fe sea la luz que os ilumine en esos días de infortunio. Que vuestro celo os haga hambrientos de la gloria de Dios y de la honra de Jesucristo. Pelead, hijos de la luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.

28. La Iglesia será eclipsada, el mundo quedará consternado. Pero he ahí a Enoc y Elías, llenos del Espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del Anticristo.

29. ¡Ay de los habitantes de la tierra! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso para los animales; tempestades que arruinarán ciudades; terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros; llamarán a la muerte y, por otra parte, la muerte será su suplicio. Correrá la sangre por todas partes. ¿Quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. Roma pagana desaparecerá; caerá fuego del cielo y consumirá tres ciudades; el universo entero será preso del terror, y muchos se dejarán seducir por no haber adorado al verdadero Cristo, que vivía entre ellos. Ha llegado el tiempo; el sol se oscurece; sólo la fe vivirá.

30. He aquí el tiempo: el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí la bestia con sus súbditos, llamándose el salvador del mundo. Se remontará con orgullo por los aires para subir hasta el cielo; será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la tierra, que llevará tres días en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego: será hundido para siempre, con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno.

31. Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado; Dios será servido y glorificado".

*Las palabras entre paréntesis no son de la Virgen, sino de Melania, según la visión que tuvo al mismo tiempo.