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sábado, 22 de noviembre de 2025

Usar el Agua Bendita

 


El agua bendita es un sacramental que usa la Iglesia en muchas de sus ceremonias y pone a nuestra disposición como una ayuda para nuestra santificación y protección. El agua es uno de los cuatro elementos primordiales de los Antiguos y a ella está ligada naturalmente la idea de purificación. El agua, además, refresca y da vida. Sin ella ésta no sería posible sobre la Tierra. En el santo bautismo se nos recuerda la doble función del agua, hecha materia de este sacramento: lava el pecado original y da la nueva vida sobrenatural al alma. Por eso se la bendice solemnemente en la Vigilia de Pascua, que recuerda el paso de los hebreos por el Mar Rojo a pie enjuto, librándose de la esclavitud de Egipto y entrando en el camino hacia vida nueva en la tierra prometida.

El agua bendita, la que se usa como sacramental (que trae su origen del agua lustral de la Ley Mosaica, presente asimismo en otros ritos purificatorios de la Antigüedad), también es bendecida, aunque no con la solemnidad del agua destinada a la pila bautismal. Se exorciza primero para quitar de ella todo influjo maligno y se la sala un poco para significar la incorrupción. La sal que para ello se utiliza también es exorcizada y se la bendice. Las oraciones que trae el Rituale Romanum para bendecir el sacramental del agua (Ordo ad faciendam aquam benedictam) son bellas y dignas de ser meditadas.

La Iglesia usa el agua bendita para santificar las cosas creadas. No hay bendición en la que no se asperja con ella la persona, el ser o la cosa objeto de la misma. Con ella acompaña a los difuntos en su último viaje. También es una eficaz arma contra las insidias diabólicas. Cada domingo, antes de la misa mayor, se lleva a cabo la aspersión solemne del agua bendita, que comienza por la hermosa antífona Asperges me (en tiempo pascual Vidi aquam). El celebrante comienza tomándola él para sí y después recorre la nave de la iglesia rociando con el hisopo a los fieles congregados. Es una costumbre que, desgraciadamente, se ha enrarecido en nuestros templos.

También en cada iglesia, santuario u oratorio suele haber una pila de agua bendita a la entrada. El fiel que entra en el sagrado recinto, lo primero que debe hacer es acercarse a tomarla con las yemas de los dedos y signarse. Existe un díptico latino que sirve para acompañar este gesto y es muy significativo:

Haec aqua benedicta
sit nobis salus et vita

(Que esta agua bendecida
Nos dé salvación y vida)

Es recomendable que en cada hogar haya también una pequeña pila de agua bendita para que nos acostumbremos a tomarla antes de iniciar nuestra jornada, al salir de casa y regresar. El agua se puede obtener pidiéndola en la parroquia o que nos la bendiga algún sacerdote. De preferencia sería aconsejable asistir a su bendición, con los exorcismos y plegarias, lo que constituye una magnífica catequesis. Si vemos que se va agotando el agua bendita que tenemos en casa, basta añadir de a pocos una cantidad que sea menos de la mitad de lo que nos queda del agua bendita original para que todo quede bendecido. Sin embargo, a no ser en caso de necesidad, es mejor pedirla nueva cada vez.

No dejemos la saludable costumbre de emplear el agua bendita en nuestras acciones principales. Es un auxilio muy fácil que la Iglesia pone a nuestra disposición.




jueves, 13 de noviembre de 2025

La Virgen María en ejemplos 19: María la pecadora, convertida en la hora de la muerte

 


Se cuenta en la Vida de Sor Catalina de San Agustín que en el pueblo donde moraba había también una mujer llamada María, que habiendo sido escandalosa en la juventud, no era mejor siendo ya vieja, por lo cual la echaron del pueblo y se refugió en una cueva, donde al cabo murió medio podrida, sin sacramentos y abandonada de todo el mundo, y así, la enterraron en el campo como a una bestia. Sor Catalina, aunque acostumbrada a encomendar a Dios muy de veras las almas de todas las personas que allí morían, habiendo sabido la desgraciada muerte de la vieja, no pensó en pedir por ella, teniéndola, como ya todos la tenían, por condenada. Al cabo de cuatro años se le aparece de pronto un alma en pena, que le dice: 

«Catalina, ¿he de tener yo tan mala suerte? Tú encomiendas a Dios a todos los que mueren aquí, y sólo de mi alma no tienes compasión.» «¿Quién eres?», le preguntó la sierva de Dios. «Soy María, la que murió en la cueva.» « ¡Cómo!, ¿tú en carrera de salvación?» «Sí — volvió a decir el alma — , lo estoy gracias a la misericordia de la Reina del Cielo. Oye cómo fue. Cuando ya vi cerca la muerte, mirándome tan abandonada y llena de pecados, volví los ojos a la Madre de Dios, diciendo: Señora, no hay quien me valga en este último trance; pero Vos acogéis a todos los desamparados, Vos sois mi única esperanza, Vos sola me podéis ayudar; tened compasión de mí. No se hizo sorda la Virgen sacratísima; me alcanzó de Dios la gracia de hacer un acto de verdadera contrición, morí entonces, y así me salvé. Ahora, en el purgatorio, me ha obtenido también el favor de que se me abrevie la pena, haciendo que sufra con más intensión lo que hubiera tenido que padecer por muchos años, y sólo me falta que se celebren algunas misas por mi alma, las cuales te pido que me mandes decir, y yo te prometo rogar siempre en el Cielo por ti a Dios y a su santísima Madre.» 

Cuidó Sor Catalina que al instante se aplicasen las misas, y a los pocos días se le volvió a aparecer el alma más resplandeciente que el sol, dándole gracias por el beneficio, y diciendo que iba a la gloria a cantar para siempre las misericordias del Señor y a rogar por ella


 Las Glorias de María
San Alfonso María de Ligorio

Milagros del Escapulario 22 - El Venerable Francisco de Yepes y la Indulgencia sabatina

 


El Venerable siervo de Dios Francisco
 de Yepes y la Indulgencia sabatina

Entre las muchas revelaciones del venerable siervo de Dios Francisco de Yepes, hermano del místico doctor San Juan de la Cruz, nos refiere el autor de su admirable vida, José de Velasco, que, como muriese en olor de santidad en la ciudad de Medina del Campo, el venerable terciario Carmelita, Antonio de Santiago, varón de eximias virtudes, y al que unía una estrechísima amistad espiritual con el siervo de Dios Francisco de Yepes, ambos en vida habían hecho un pacto común, por el cual se comprometían, el que de los dos muriese primero, a aparecerse lo antes posible a su amigo, para manifestarle el estado de su alma en la otra vida, si Dios fuese servido de concederles tal gracia. 

Y, en efecto, el sábado inmediato a la muerte de Antonio Santiago, el cual había muerto a los treinta años, lleno de virtudes y méritos, como estuviese al rayar el alba orando ante el sagrario el siervo de Dios Francisco de Yepes, sintió cerca de sí una fragancia deliciosa, de suavísimo y exquisito olor, y vio luego, muy cerca de sí, a su amigo Antonio, el cual, con el rostro resplandeciente de gloria, le dijo : " ¡ Oh, amable y fiel amigo Francisco, os pagué Dios, a ti y a los demás hermanos lo que ante Dios habéis hecho por mí después de muerto! 

" ¡ Oh, hermano mío! ¡ Si conocieseis lo que en el Purgatorio se pasa! 

"Sabed, hermano, que luego que mi alma salió de su cuerpo, fui llevado al Purgatorio, y en un día y dos noches que allí estuve, padecí grandísimos tormentos y penas acerbísimas, y hoy, sábado, al amanecer me sacó de las grandes penas que pasaba la Madre de Dios del Carmen, por su gran indulgencia sabatina." Y dicho esto desapareció de la vista de su amigo, a quien luego se le apareció repetidas veces, radiante de gloria, para animarle a conseguir muy presto el Cielo.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

domingo, 10 de agosto de 2025

Oración al fallecimiento de un ser querido

 


¡Oh Jesús, único consuelo en las horas eternas del dolor, único consuelo sostén en el vacío inmenso que la muerte causa entre los seres queridos! Tú, Señor, a quién los cielos, la tierra y los hombres vieron llorar en días tristísimos; Tú, Señor, que has llorado a impulsos del más tierno de los cariños sobre el sepulcro de un amigo predilecto; Tú, ¡oh Jesús! que te compadeciste del luto de un hogar deshecho y de corazones que en él gemían sin consuelo; Tú, Padre amantísimo, compadécete también de nuestras lágrimas. Míralas, Señor, cómo sangre del alma dolorida, por la perdida de aquel que fue deudo queridísimo, amigo fiel, cristiano fervoroso. ¡Míralas, Señor, como tributo sentido que te ofrecemos por su alma, para que la purifiques en tu sangre preciosísima y la lleves cuanto antes al cielo, si aún no te goza en él! ¡Míralas, Señor, para que nos des fortaleza, paciencia, conformidad con tu divino querer en esta tremenda prueba que tortura el alma! ¡Míralas, oh dulce, oh piadosísimo Jesús! y por ellas concédenos que los que aquí en la tierra hemos vivido atados con los fortísimos lazos de cariño, y ahora lloramos la ausencia momentánea del ser querido, nos reunamos de nuevo junto a Ti en el Cielo, para vivir eternamente unidos en tu Corazón. Amén.

Devocionario Católico

martes, 8 de julio de 2025

Milagros del Escapulario 19 - Se aparece un alma del Purgatorio y depone como testigo...




Se aparece un alma del Purgatorio y depone como testigo cualificado sobre 
la verdad y utilidad de esta santa indulgencia sabatina


En la ciudad de Barcelona, nos dice el doctísimo Daniel de la Virgen María, murió por el año 1620 la Srta. Catalina Bosser, doncella muy devota y recogida, y luego de transcurridos cuatro meses se apareció a una prima suya, llamada Magdalena Nicolás. Esta última, muy medrosa y timorata, después de grandes sobresaltos y pavorosos miedos, concediéndole Dios la gracia que da en semejantes casos para no dejarse alucinar ni seducir del enemigo, con gran paz de conciencia tuvo la dicha de recibir la visita o aparición de su prima Catalina, la cual le manifestó que llevaba ya cerca de cinco meses sufriendo horribles tormentos en las llamas expiatorias del Purgatorio, por ciertas mandas y promesas que había dejado de cumplir en vida, rogándole le ayudase con sus oraciones y caridades a salir cuanto antes de aquel fuego abrasador. 

Tomó desde luego a su cargo, la piadosa doncellita Magdalena, el cumplir por su querida prima todo cuanto le había revelado en la visión, y cuál no sería su asombro cuando al cabo de seis días se le volvió a aparecer para darle las gracias por su caridad y diligencia en socorrerla. Magdalena, más respuesta ya de sus sustos y sobresaltos anteriores, interrogó a su prima por el estado en que se encontraba una hermana suya, que hacía pocos días que falleciera en Cerballón. Con inmenso júbilo le respondió la prima que el alma de su hermana había volado al cielo el sábado inmediato a su fallecimiento, por virtud del privilegio sabatino, que como fervorosa cofrade lograra merecer. Y añadió después: Vos, hija mía, tomad y llevad con fervor el Santo Escapulario, pues yo no lo llevaba y por esto me he visto en tan grandes tribulaciones e indecibles tormentos. Dichosos, hija mía, aquellos que le visten, pues es gran verdad que por los ruegos e intercesión de María Santísima vuelan las almas de sus cofrades al cielo en el primer sábado después de su muerte. 

Quedó consoladísima Magdalena con esta aparición, y tan inflamada en santo ardor y celo por la devoción y el culto a la Virgen Santísima del Carmen y a su bendito y milagroso Escapulario, que fue el mayor apóstol en sus tiempos de esta devoción. Manifestó después Magdalena, al Ordinario, estas apariciones, el cual, luego de examinar su santa vida y seriedad y caridad ardiente, que hacían piadosamente creíbles sus afirmaciones, interpuso su jurídica autoridad y permitió que se imprimiesen en Barcelona estos hechos o apariciones para gloria y alabanza de nuestra Madre dulcísima del Carmen, que así se digna favorecer a sus devotos. 

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

sábado, 2 de noviembre de 2024

Conmemoración de todos los Fieles Difuntos - 2 de Noviembre

 

Bienaventurados los muertos
que mueren en el Señor.
(Apocalipsis 14, 13)


Un santo ermitaño se cruzó en el camino con un monje de Cluny y le rogó dijese a San Odilón, abad de ese monasterio, que los demonios se quejaban por el número de almas que sus oraciones y la de sus religiosos libraban del purgatorio. En cuanto lo supo, el santo abad ordenó a toda su Orden que consagrara el segundo día de noviembre para orar por la liberación de las almas del purgatorio. Esto fue en el año 998. Esta costumbre, adoptada enseguida por otros monjes y por la diócesis de Lieja en 1008, se extendió gradualmente en todo el Occidente.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS ALMAS
DEL PURGATORIO

I. Las almas del purgatorio sufren la pena de daño, porque están privadas de la vista de Dios. ¡Qué cruel es esta separación! La naturaleza y la gracia los impulsan violentamente hacia Dios, pero no pueden llegar hasta Él. Lo que les causa más pena es ver que su dicha es aplazada porque, en la tierra, gozaron de algunos leves placeres que les estaban prohibidos. Ten piedad de estas almas y, con tus mortificaciones, trabaja por retirarlas de esta triste morada.

II. Estas almas son atormentadas por el mismo fuego que atormenta a los condenados, su pena es la misma; la única diferencia está en que los condenados sufrirán toda la eternidad y las almas del purgatorio solamente un tiempo. Puedes abreviar este tiempo con tus oraciones, ayunos y limosnas. ¿Negarás esta caridad a tus padres, a tus hermanos cristianos que te la piden? Oye su queja: ¡Tened piedad de mí, tened piedad de mí, por lo menos vosotros que fuisteis mis amigos!

III. Estas santas almas, sin embargo, tienen consuelos en medio de sus suplicios, porque están resignadas a la voluntad de Dios que en ellas se cumple para purificarlas, y porque ven, por un lado, el infierno que evitaron, y por el otro, el cielo que las espera. Cristianos, aprended de ellas cómo hay que sufrir y pasad lo más que podáis vuestro purgatorio en esta vida; sufrid con la misma fortaleza y la misma esperanza que las almas del purgatorio. Señor, purificadme en esta vida, a fin de que después de esta vida escape de las llamas del purgatorio (San Agustín).


La devoción a las almas del purgatorio.
Orad por su liberación.

ORACIÓN

Oh Dios, Creador y Redentor de todos los hombres, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras, la remisión de todos sus pecados, a fin de que obtengan por nuestras humildísimas oraciones el perdón que ellas siempre han deseado. Vos que vivís y reináis en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.


Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J

viernes, 29 de marzo de 2024

Cómo la Reina del cielo consoló a San Pedro y a otros Apóstoles y la prudencia con que procedió después del entierro de su Hijo - Venerable Madre Agreda



Cómo la Reina del cielo consoló a San Pedro y a otros Apóstoles y la
prudencia con que procedió después del entierro de su Hijo, cómo vio
descender su alma santísima al limbo de los santos padres.


1454. La plenitud de sabiduría que ilustraba el entendimiento de nuestra gran Reina y señora María santísima, no admitía defecto ni vacío alguno para que dejase de advertir y atender entre sus dolores a todas las acciones que la ocasión y el tiempo le pedían. Y con esta divina prudencia lo llevaba todo y obraba lo más santo y perfecto de todas las virtudes. Retiróse, como queda dicho (Cf. supra n. 1449)), después del entierro de Cristo nuestro bien a la casa del cenáculo. Y estando en el aposento donde se celebraron las cenas, acompañada de San Juan Evangelista y de las Marías y otras mujeres santas que seguían al Señor desde Galilea, habló con ellas y con el Apóstol, dándoles las gracias con profunda humildad y lágrimas por la perseverancia con que hasta aquel punto la habían acompañado en el discurso de la pasión de su amantísimo Hijo, en cuyo nombre les ofrecía el premio de su constante piedad y afecto con que la habían seguido, y asimismo se ofrecía por sierva y amiga de aquellas santas mujeres. Y todas ellas con San Juan Evangelista reconocieron este gran favor y la besaron la mano, pidiéndole su bendición. Suplicáronla también descansase un poco y recibiese alguna corporal refección. Respondió la Reina: Mi descanso y mi aliento ha de ser ver a mi Hijo y Señor resucitado. Vosotras, carísimas, satisfaced a vuestra necesidad como conviene, mientras yo me retiro a solas con mi Hijo. 

1455. Fuese luego a recoger acompañándola San Juan Evangelista, y estando con él a solas puesta de rodillas le dijo: No es razón que olvidéis las palabras que mi Hijo santísimo nos habló desde la Cruz. Su dignación Os nombró por hijo mío, a mí por madre Vuestra. Y Vos, señor, sois sacerdote del Altísimo. Por esta gran dignidad es razón que os obedezca en todo lo que hubiere de hacer y desde esta hora quiero que me lo mandéis y ordenéis, advirtiendo que siempre fui sierva, y toda mi alegría está puesta en obedecer hasta la muerte.— Esto dijo la Reina con muchas lágrimas, y el Apóstol con otras copiosas le respondió: Señora mía y Madre de mi Redentor y Señor, yo soy quien ha de estar sujeto a Vuestra obediencia, porque el nombre de hijo no dice autoridad sino rendimiento y sujeción a su madre, y el que a mí me hizo sacerdote Os hizo a Vos su Madre y estuvo sujeto a vuestra voluntad y obediencia, siendo Criador de todo el universo. Razón será que yo lo esté, y trabaje con todas mis potencias en corresponder dignamente al oficio que me ha dado de serviros como hijo, en que deseara ser más ángel que terreno para cumplir con él.—Esta respuesta del Apóstol fue muy prudente, pero no bastante para vencer la humildad de la Madre de las virtudes, que con ella le replicó y dijo: Hijo mío Juan, mi consuelo será obedeceros como a cabeza, pues lo sois. Yo en esta vida siempre he de tener superior a quien rendir mi voluntad y parecer; para esto sois ministro del Altísimo y como hijo me debéis este consuelo en mi trabajosa soledad.—Hágase, Madre mía, Vuestra voluntad, respondió San Juan Evangelista, que en ella está mi acierto.—Y sin replicar más, pidió licencia la divina Madre para quedarse sola en la meditación de los misterios de su Hijo santísimo, y le pidió también saliese a prevenir alguna refección para las mujeres que la acompañaban y que las asistiese y consolase; sólo reservó a las Marías, porque deseaban perseverar en el ayuno hasta ver al Señor resucitado, y a éstas, dijo a San Juan Evangelista, las permitiese que cumpliesen su devoto afecto. 

1456. Salió San Juan Evangelista a consolar a las Marías y ejecutó la orden que la gran Señora le había dado. Y habiendo satisfecho la necesidad de aquellas mujeres piadosas, se recogieron todas y gastaron aquella noche en dolorosas y en amargas meditaciones de la pasión y misterios del Salvador. Con esta ciencia tan divina obraba María santísima entre las olas de sus angustias y dolores, sin olvidar por esto el cumplimiento de la obediencia, de la humildad, caridad y providencia tan puntual, con todo lo necesario. No se olvidó de sí misma por atender a la necesidad de aquellas piadosas discípulas, ni por ellas estuvo inadvertida para todo lo que convenía a su mayor perfección. Admitió la abstinencia de las Marías como más fuertes y fervientes en el amor, atendió a la necesidad de las más flacas, dispuso al Apóstol, advirtiéndole lo que con ella misma debía hacer, y en todo obró como gran Maestra de la perfección y Señora de la gracia, y todo esto hizo cuando las aguas de la tribulación habían inundado hasta su alma (Sal 68, 2). Porque en quedando a solas en su retiro, soltó el corriente impetuoso de sus afectos dolorosos y toda se dejó poseer interior y exteriormente de la amargura de su alma, renovando las especies de todos los tormentos y afrentosa muerte de su Hijo santísimo, de los misterios de su vida, predicación y milagros, del valor infinito de la Redención humana, de la nueva Iglesia que dejaba fundada con tanta hermosura y riquezas de sacramentos y tesoros de gracia, de la felicidad incomparable de todo el linaje humano, tan copiosa y gloriosamente redimido, de la inestimable suerte de los predestinados a quienes alcanzaría eficazmente, de la formidable desdicha de los réprobos que por su mala voluntad se harían indignos de la eterna gloria que les dejaba su Hijo merecida. 

1457. En la ponderación digna de tan altos y ocultos sacramentos pasó la gran Señora toda aquella noche llorando, suspirando, alabando y engrandeciendo las obras de su Hijo, su pasión, sus juicios ocultísimos y otros altísimos misterios de la divina sabiduría y oculta Providencia del Señor; y sobre todos pensaba y entendía como Madre única de la verdadera sabiduría, confiriendo a veces con los Santos Ángeles y otras con el mismo Señor lo que su luz divina le daba a sentir en su castísimo corazón. El sábado de mañana, después de las cuatro, entró San Juan Evangelista deseoso de consolar a la dolorosa Madre, y puesta de rodillas le pidió ella que le diese la bendición como Sacerdote y superior suyo. El nuevo hijo se la pidió también con lágrimas, y se la dieron uno a otro. Ordenó la divina Reina que luego saliese a la ciudad, donde encontraría con brevedad a San Pedro que venía a buscarle y que le admitiese, consolase y llevase a su presencia, y lo mismo hiciese con los demás Apóstoles que encontrase, dándoles esperanza del perdón y ofreciéndoles su amistad. Salió San Juan Evangelista del cenáculo y a pocos pasos encontró a San Pedro, lleno de confusión y lágrimas, que iba muy temeroso a la presencia de la gran Reina. Venía de la cueva donde había llorado su negación, y el Evangelista le consoló y dio algún aliento con el recado de la divina Madre. Luego los dos buscaron a los demás Apóstoles y hallaron algunos, y todos juntos se fueron al cenáculo, donde estaba su remedio. Entró Pedro el primero y solo a la presencia de la Madre de la gracia y arrojándose a sus pies dijo con gran dolor: Pequé, Señora, pequé delante de mi Dios, ofendí a mi Maestro y a Vos.—No pudo hablar otra palabra, oprimido de las lágrimas, suspiros y sollozos que despedía de lo íntimo de su afligido corazón. 

1458. La prudentísima Virgen, viendo a Pedro postrado en tierra y considerándole por una parte penitente de su reciente culpa y por otra cabeza de la Iglesia elegido por su Hijo santísimo para vicario suyo, no le pareció conveniente postrarse ella a los pies del pastor que tan poco antes había negado a su Maestro, ni sufría tampoco su humildad dejar de darle la reverencia que se le debía por el oficio. Y para satisfacer a entrambas obligaciones, juzgó que convenía darle reverencia y ocultarle el motivo. Para esto se le hincó de rodillas, venerándole con esta acción, y para disimular su intento le dijo: Pidamos perdón de vuestra culpa a mi Hijo y vuestro Maestro.—Hizo oración y alentó al Apóstol confortándole en la esperanza y acordándole las obras y misericordias que el Señor había hecho con los pecadores reconocidos, y la obligación que él tenía como cabeza del Colegio Apostólico para confirmar con su ejemplo a todos en la constancia y confesión de la fe. Y con estas y otras razones de gran fuerza y dulzura confirmó a Pedro en la esperanza del perdón. Entraron luego los otros Apóstoles en la presencia de María santísima y postrados también a sus pies le pidieron les perdonase su cobardía y haber desamparado a su Hijo santísimo en su pasión. Lloraron todos amargamente su pecado, moviéndoles a mayor dolor la presencia de la Madre llena de lastimosa compasión, pero su semblante tan admirable les causaba divinos efectos de contrición de sus culpas y amor de su Maestro. Y la gran Señora los levantó y animó, prometiéndoles el perdón que deseaban y su intercesión para alcanzarle. Luego comenzaron todos por su orden a contar lo que a cada uno había sucedido en su fuga, como si algo de ello ignorara la divina Señora. Pero dioles grata audiencia a todos, tomando ocasión de lo que decían para hablarles al corazón y confirmarlos en la fe de su Redentor y Maestro y despertar en ellos su divino amor. Y todo lo consiguió María santísima eficazmente, porque de su presencia y conferencia salieron todos fervorizados y justificados con nuevos aumentos de gracia. 

1459. En estas obras se ocupó nuestra divina Reina parte del sábado. Y cuando se hizo tarde se retiró otra vez a su recogimiento, dejando a los Apóstoles renovados en el espíritu y llenos de consuelo y gozo del Señor, pero siempre lastimados de la pasión de su Maestro. En el retiro de esta tarde convirtió la gran Señora su mente a las obras que hacía el alma santísima de su Hijo después que salió de su sagrado cuerpo. Porque desde entonces conoció la beatísima Madre cómo aquella alma de Cristo unida a la divinidad descendía al limbo de los Santos Padres para sacarlos de aquella cárcel subterránea, donde estaban detenidos desde el primer justo que murió en el mundo esperando la venida del universal Redentor de los hombres. Y para declarar este misterio, que es uno de los artículos de la santísima humanidad de Cristo nuestro Señor, me ha parecido dar noticia de todo lo que a mí se me ha dado a entender sobre aquel lugar del limbo y su asiento. Digo, pues, que la tierra y su globo tiene de diámetro, pasando por el centro de una superficie a otra, dos mil quinientas y dos leguas [legua ~ 5.556 Km] , y hasta la mitad, que es el centro, hay mil doscientas cincuenta y una, y respecto del diámetro se ha de medir la redondez de este globo. En el centro está el infierno de los condenados como en el corazón de la tierra, y este infierno es una caverna o caos que contiene muchas estancias tenebrosas con diversidad de penas, todas formidables y espantosas, y de todas se formó un globo al modo de una tinaja de inmensa magnitud, con su boca o entrada muy espaciosa y dilatada. En este horrible calabozo de confusión y tormentos estaban los demonios y todos los condenados, y estarán en él por toda la eternidad mientras Dios fuere Dios, porque en el infierno no hay ninguna redención. 

1460. A un lado del infierno está el purgatorio, donde las almas de los justos purgan y se purifican, cuando en esta vida no acabaron de satisfacer por sus culpas, ni salen de ella tan limpios de sus defectos que puedan luego llegar a la visión beatífica. Esta caverna también es grande, pero mucho menos que el infierno. A otro lado está el limbo con dos estancias diferentes: una para los niños que mueren con solo el pecado original y sin obras buenas ni malas del propio albedrío; otra servía para depositar las almas de los justos, purgados ya sus pecados, porque no podían entrar en el cielo ni gozar de Dios hasta que se hiciese la Redención humana y Cristo nuestro Salvador abriese las puertas que cerró el pecado de Adán. Esta caverna del limbo también es menor que el infierno y no se comunica con él, ni tiene penas del sentido como el purgatorio, porque ya llegaban a él las almas purificadas desde el purgatorio y sólo carecían de la visión beatífica, que es pena de daño, y allí estaban todos los que habían muerto en gracia hasta que murió el Salvador. A este lugar del limbo bajó su alma santísima con la divinidad, cuando decimos que bajó a los infiernos, porque este nombre de infierno significa cualquiera parte de aquellas inferiores que están en lo profundo de la tierra; aunque en el común modo de hablar por el nombre de infierno entendemos el de los demonios y condenados, porque aquél es el más famoso significado, como por nombre de cielo entendemos el empíreo ordinariamente, donde están los santos, y donde permanecerán para siempre, como los condenados en el infierno, aunque el limbo y purgatorio tienen otros nombres particulares. Y después del juicio final sólo el cielo y el infierno serán habitados, porque el purgatorio no será necesario y del limbo han de salir también los niños a otra habitación diferente. 


1461. A está caverna del limbo llegó el alma santísima de Cristo nuestro Señor, acompañada de innumerables Ángeles que como a su Rey victorioso y triunfador le iban alabando, dando gloria, fortaleza y divinidad. Y para representar su grandeza y majestad, mandaban que se abriesen las puertas de aquella antigua cárcel, para que el Rey de la gloria, poderoso en las batallas y Señor de las virtudes, las hallase francas y patentes en su entrada. Y en virtud de este imperio se quebrantaron y rompieron algunos peñascos del camino, aunque no era necesario para entrar el Rey y su milicia, que todos eran espíritus sutilísimos. Con la presencia del alma santísima aquella oscura caverna se convirtió en cielo, porque toda se llenó de admirable resplandor, y las almas de los justos que allí estaban fueron beatificadas con visión clara de la divinidad, y en un instante pasaron del estado de tan larga esperanza a la eterna posesión de la gloria y de las tinieblas a la luz inaccesible que ahora gozan. Reconocieron todos a su verdadero Dios y Redentor y le dieron gracias y alabanzas con nuevos cánticos de loores y decían: Digno es el Cordero que fue muerto de recibir divinidad, virtud y fortaleza. Redimístenos, Señor, con tu sangre de todos las tribus, pueblos y naciones; hicístenos reino para nuestro Dios, y reinaremos. Tuya es, Señor, la potencia, tuyo el reino y tuya es la gloria de tus obras (Ap 5, 9-12).—Mandó luego Su Majestad a los Ángeles que sacasen del purgatorio todas las almas que en él estaban padeciendo y al punto fueron traídas todas a su presencia. Y como en estrenar de la Redención humana fueron todas absueltas por el mismo Redentor de las penas que les faltaban de padecer y fueron glorificadas como las demás almas de los justos con la visión beatífica. De manera, que aquel día en la presencia del Rey quedaron desiertas las dos cárceles limbo y purgatorio. 

1462. Para solo el infierno de los condenados fue terrible este día, porque fue disposición del Altísimo que todos conociesen y sintiesen el descender al limbo el Redentor, y también que los Santos Padres y justos conociesen el terror que puso este misterio a los condenados y demonios. Estaban éstos aterrados y oprimidos con la ruina que padecieron en el monte Calvario, como se dijo arriba (Cf. supra n. 1421), y como oyeron —en el modo que hablan y oyen— las voces de los Ángeles que iban delante de su Rey al limbo, se turbaron y atemorizaron de nuevo y como serpientes cuando las persiguen se escondían y pegaban a las cavernas infernales más remotas. A los condenados sobrevino nueva confusión sobre confusión, conociendo con mayor despecho sus engaños y que por ellos perdieron la Redención de que los justos se aprovecharon. Y como Judas Iscariotes y el mal ladrón eran más recientes en el infierno y señalados mucho más en esta desdicha, así fue mayor su tormento, y los demonios se indignaron más contra ellos; y cuanto era de su parte propusieron los malignos espíritus perseguir y atormentar más a los cristianos que profesasen su fe católica, y a los que la negasen o cayesen darles mayor castigo, porque juzgaban que todos éstos merecían mayores penas que los infieles a quien no se les predicó la fe. 

1463. De todos estos misterios y otros secretos del Señor que no puedo yo declarar, tuvo noticia y singular visión la gran Señora del mundo desde su retiro. Y aunque esta noticia en la porción o parte superior del espíritu, donde la recibía, le causó admirable gozo, no lo participó en su virginal cuerpo, sentidos y parte sensitiva, como naturalmente pudiera redundar en ella, antes bien, cuando sintió que se extendía algo este júbilo a la parte inferior del alma, pidió al Eterno Padre se le suspendiese esta redundancia, porque no la quería admitir en su cuerpo mientras el de su Hijo santísimo estaba en el sepulcro y no era glorificado. Tan advertido y fiel amor fue el de la prudentísima Madre con su Hijo y Señor, como imagen viva, adecuada y perfecta de aquella humanidad deificada. Y con esta atenta fineza quedó llena de gozo en el alma y de dolores y congoja en el cuerpo, al modo que sucedió en Cristo nuestro Salvador. Pero en esta visión hizo cánticos de alabanza, engrandeciendo el misterio de este triunfo, y la amantísima y sabia Providencia del Redentor, que como Padre amoroso y Rey omnipotente quiso bajar por sí mismo a tomar la posesión de aquel nuevo reino que por sus manos le entregó su Padre, y quiso rescatarlos con su presencia para que en el mismo comenzasen a gozar el premio que les había merecido. Y por todas estas razones y las demás que conocía de este sacramento se gozaba y glorificaba al Señor como Coadjutora y Madre del triunfador. 

Doctrina que me dio la Reina del cielo María santísima. 

1464. Hija mía, atiende a la enseñanza de este capítulo, como más legítima y necesaria para ti en el estado que te ha puesto el Altísimo y para lo que de ti quiere en correspondencia de su amor. Esto ha de ser, que entre las operaciones, ejercicios y comunicación con las criaturas, ahora sean como prelada o como súbdita, gobernando, mandando u obedeciendo, por ninguna de éstas o de otras ocupaciones exteriores pierdas la atención y vista del Señor en lo íntimo y superior del alma, ni te distraigas de la luz del Espíritu Santo, que te asistirá para la incesante comunicación; que quiere mi Hijo santísimo en el secreto de tu corazón aquellas sendas que quedan ocultas al demonio y no alcanzan a ellas las pasiones, porque guían al santuario, donde entra sólo el sumo sacerdote (Heb 9, 7), y donde el alma goza de los ocultos abrazos del Rey y del Esposo, cuando toda y desocupada le previene el tálamo de su descanso. Allí hallarás propicio a tu Señor, liberal al Altísimo, misericordioso a tu Criador y amoroso a tu dulce Esposo y Redentor, y no temerás la potestad de las tinieblas, ni los efectos del pecado, que se ignoran en aquella región de luz y de verdad. Pero cierra estos caminos el amor desordenado de lo visible, los descuidos en la guarda de la divina ley, embarázalos cualquier apego y desorden de las pasiones, impídelos cualquiera inútil atención y mucho más la inquietud del ánimo y no guardar serenidad y paz interior, que todo se requiere solo, puro y despejado de lo que no es verdad y luz. 

1465. Bien has entendido y experimentado esta doctrina y sobre eso te la he manifestado en práctica como en claro espejo. El modo de obrar que tenía entre los dolores, congojas y aflicciones de la pasión de mi Hijo santísimo, y entre los cuidados, atención, ocupaciones y desvelo con que acudí a los Apóstoles, al entierro, a las mujeres santas, y en todo el resto de mi vida has conocido lo mismo y cómo juntaba estas operaciones con las de mi espíritu, sin que se encontrasen ni impidiesen. Pues para imitarme en este modo de obrar, como de ti lo quiero, necesario es que ni por el trato forzoso de las criaturas, ni por el trabajo de tu estado, ni por las penalidades de la vida de este destierro, ni por las tentaciones ni malicia del demonio, admitas en tu corazón afecto alguno que te impida ni atención que te divierta el interior. Y te advierto, carísima, que si en este cuidado no eres muy vigilante, perderás mucho tiempo, malograrás infinitos y extraordinarios beneficios y frustrarás los altísimos y santos fines del Señor, y me contristarás a mí y a los Ángeles, que todos queremos sea tu conversación con nosotros; y tú perderás la quietud de tu espíritu y consuelo de tu alma y muchos grados de gracia y aumentos del amor divino que deseas y al fin copiosísimo premio en el cielo. Tanto te importa oírme y obedecerme en lo que te enseño con dignación de Madre. Considéralo, hija mía, pondéralo y atiende a mis palabras en tu interior, para que las pongas por obra con mi intercesión y con la divina gracia. Advierte asimismo a imitarme en la fidelidad del amor con que excusé el regalo y júbilo, por imitar a mi Señor y Maestro y alabarle por esto y por el beneficio que hizo a los santos del limbo, bajando su alma santísima a rescatarlos y llenarlos del gozo de su vista, que todas fueron obras de su infinito amor. 

MISTICA CIUDAD DE DIOS
  VIDA DE LA VIRGEN MARÍA 
Venerable María de Jesús de Agreda
Libro VI, Cap. 25

miércoles, 20 de marzo de 2024

Milagros del Escapulario 13 - Manifiesta Dios a un siervo suyo lo celebre que es el día de sábado en el Purgatorio para los cofrades de La Virgen Santísima del Carmen

 



El Dr. D. José Boneta de la Plana, tan devoto de la Virgen Santísima del Carmen, en su librito intitulado “Gritos del Purgatorio” (cap. V), nos dice que el venerable y virtuoso sacerdote D. Juan Bautista Beltrán, cura de Alcora, se retiraba todas las noches a su iglesia, empleando gran parte de ellas en orar ante Jesús Sacramentado, rogando por las benditas ánimas y por todos los moribundos o agonizantes. Aconteció que, muchos viernes, los jovenzuelos del lugar, que solían salir de ronda por las calles a cortejar o galantear a las mozas con serenatas y cantares, oían, a eso de media noche, cómo tocaban por largo rato las ruedas de campanillas que estaban en el presbiterio de la iglesia. 

Habiéndolas escuchado ya repetidas veces, una noche, al fin, se decidieron a satisfacer su curiosidad y saber el motivo de tales sonatas. Se aproximaron, pues, a las puertas de la iglesia, y advirtiendo que estaba sin echar la llave, decidieron entrar; mas, para no ser advertidos, empujaron suavemente la puerta, y , muy quedo y despacito, fueron deslizándose en la penumbra, y contemplaron al venerable anciano de rodillas en oración ante el Sagrario. 

Estupefactos y admirados al ver que las campanitas del presbiterio se tocaban por sí solas, sin que ninguna mano visible las moviese, preguntaron al venerable párroco qué impulso o por qué arte se tocaban ellas solas.

A lo cual respondió el santo sacerdote: “Hijos míos, habéis de saber que como ya entra el sábado y van a abrirse las puertas del Purgatorio para que vuelen al Cielo las almas de los cofrades, a los cuales saca en este día de aquellas mansiones de dolor y expiación la Virgen Santísima; por eso, las almas de tales cofrades que han muerto durante esta semana, celebran acá, con estas muestras de regocijo, su buena dicha. 

Quedaron edificados los jóvenes con estas palabras de su santo párroco, y decidieron ingresar todos en la santa cofradía del Escapulario del Carmen. Y los pasos que tal vez aquella noche hubieran podido acabar en ruina y perdición, finalizaron en un maravilloso ejemplo, para gloria y alabanza de María Santísima.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

viernes, 8 de marzo de 2024

El Santo Escapulario de Nuestra Señora del Carmen



«Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad. Vean, en la forma sencilla de su hechura, un compendio de modestia y candor. Vean, sobre todo, en esta librea que visten día y noche, significada, con simbolismo elocuente, la oración con la cual invocan el auxilio divino. Reconozcan, por fin, en ella su consagración al Sacratísimo Corazón de la Virgen Inmaculada, por Nos recientemente recomendada.»
Papa Pío XII


Escapulario proviene del latín scapulae y significa hombros. Fue en sus orígenes un traje de uso público entre los monjes. Así como los siervos de la gleba usaban un escapulario con el escudo del señor a quien servían, del mismo modo el Escapulario religioso comenzó a ser considerado símbolo del yugo de Cristo (iugum Christi). También tenía el valor de escudo (scutum) que protegía la cabeza y resguardaba la vista de toda vana curiosidad.



Extensión del escapulario
 a los laicos


Las Órdenes religiosas masculinas son llamadas Primera Orden; las de mujeres recibieron el nombre de Segunda Orden. Fue tal el esplendor que esas Órdenes alcanzaron por su testimonio evangélico, que muchos laicos quisieron ingresar en ellas. De ese modo se llegó a conformar la Tercera Orden, de la que formaron parte todos aquellos que se comprometían a vivir su carisma en medio de las ocupaciones del mundo. Surgieron luego las cofradías como extensión de las Órdenes. Los cofrades participaban de los bienes espirituales de las Órdenes, pero no hacían votos. Entre ellas, la Cofradía de Nuestra Señora del Monte Carmelo fue de las primeras en surgir.



San Simón Stock


El santo que recibió la promesa de la Virgen y la difundió es San Simón Stock. Se cree que nació en una familia real, pero que a muy temprana edad se retiró a la vida de oración, refugiándose en un gran árbol que le sirvió de casa y oratorio, de donde provino el nombre de “stock” que significa “tronco”. Simón Stock, nombrado más tarde Superior General de la Orden de los Carmelitas, tuvo que sufrir mucho para que la institución siga en pie, ya que fue muy perseguida. En contra de esa gran familia religiosa se argumentaba que había sido instituida sin la autorización de la Iglesia. Pero felizmente, ya próxima a ser suprimida, la Virgen se le apareció al Papa Honorio III y le ordenó que la confirmase y protegiese. Sin embargo, al cabo de un tiempo la Orden fue acosada nuevamente con mayor saña, por lo que San Simón, que sobrellevaba una gran amargura, recurrió a la Virgen:

Flor del Carmelo,
Vid florida,
Esplendor del Cielo,
Virgen Madre singular,
Madre dulce
que no conoció varón:
asiste propicia a tus devotos,
Estrella del mar.


En la mañana del 16 de julio de 1251, mientras suplicaba con grandísima insistencia su protección, la Madre de Dios se le apareció. Según relató él mismo al Padre Pedro Swayngton, su secretario y confesor, «la Virgen se me apareció con un gran cortejo y teniendo en la mano el hábito de la Orden, me dijo: “Recibe, hijo dilectísimo, este Escapulario de tu Orden como señal distintiva y marca del privilegio que yo obtuve para ti y para todos los hijos del Carmelo; es una señal de salvación, una salvaguardia en los peligros, una alianza de paz y de protección sempiterna. Quien muera revestido con él será preservado del fuego eterno”».


La Orden del Carmen se multiplicó de modo tan prodigioso bajo la dirección de San Simón, que a los pocos años de su muerte, a fines del siglo XIII, contaba con 7.500 monasterios poblados por casi 120 mil religiosos. A los pocos años, hacia el 1276, el culto a San Simón Stock fue confirmado por la Santa Sede.



La gran promesa de Nuestra Señora del Carmen: el “Privilegio Sabatino”

La predilección de María Santísima por el Carmelo fue confirmada en el siglo siguiente, cuando nuestra Señora se apareció al futuro Papa Juan XXII, entonces cardenal, en Avignon, Francia. Allí la Virgen prometió una especial asistencia a los que llevasen el Escapulario del Carmen, asegurándole que los libraría del Purgatorio el primer sábado después de su muerte. Esta promesa, conocida como el “Privilegio Sabatino”, fue promulgada por el Papa Juan XXII en el año 1322.

En 1950 lo recordaba el Papa Pío XII: «Ciertamente, la piadosa Madre no dejará de hacer que los hijos que expían en el Purgatorio sus culpas, alcancen lo antes posible la Patria Celestial por su intercesión, según el llamado privilegio sabatino, que la tradición nos ha transmitido con estas palabras: “Yo, su Madre de Gracia, bajaré el sábado después de su muerte y a cuantos –religiosos, terciarios y cofrades– hallare en el Purgatorio los libraré y los llevaré al monte santo de la vida eterna”».



Indulgencias del Escapulario del Carmen


Indulgencias plenarias:

1.El día que se viste el Escapulario y el que es inscrito en la Tercera Orden o Cofradía.
2.En estas fiestas: Virgen del Carmen (16 de julio o cuando se celebre); San Simón Stock (16 de mayo); San Elías Profeta (20 de julio); Santa Teresita del Niño Jesús (3 de octubre); Santa Teresa de Jesús (15 de octubre); Todos los Santos Carmelitas (14 de noviembre); San Juan de la Cruz (24 de noviembre).

Indulgencia parcial:
Se gana indulgencia parcial por usar piadosamente el santo Escapulario. También por besarlo y por cualquier otro acto de afecto y devoción.
Una persona que haya recibido la imposición del Escapulario, aún cuando haya pasado mucho tiempo sin usarlo, puede por sí misma recolocárselo en el cuello, sin necesidad de bendición o imposición por un sacerdote.


Los Santos y el Escapulario

El mismo día en que recibió el Escapulario, San Simón Stock tocó el cuerpo de un moribundo que no quería arrepentirse de sus pecados y obtuvo el primer milagro: la inmediata conversión del enfermo.

San Alfonso María de Ligorio y San Juan Bosco, entre muchos miles, difundieron con mucha insistencia esta devoción. Y en ambos casos, años después de su muerte, los Escapularios fueron hallados intactos, a pesar de que las vestimentas mortuorias se encontraron deterioradas. El de San Alfonso, que está en un relicario, se puede venerar en Marianella, su ciudad natal.

San Claudio de la Colombière, confesor de Santa Margarita María de Alacoque, confidente del Sagrado Corazón de Jesús, afirmaba: «No; no basta decir que el Escapulario es una señal de salvación. Yo sostengo que no hay otra que haga nuestra predestinación tan cierta como ésta, del Escapulario, y a la cual consecuentemente nos debemos acoger con más celo y constancia».


Actualidad del Escapulario

Es tan importante esta devoción, que la misma Virgen ha vuelto a confirmarla en las más grandes apariciones suyas en los últimos siglos.

En Lourdes, la Virgen se apareció por última vez el 16 de julio, fiesta del Carmen.

En Fátima, en su sexta aparición, cuando obró el milagro del sol, la Virgen se apareció bajo la advocación del Carmen con el Niño en brazos y el Escapulario. También pidió que los que se consagraran a ella lo usaran como signo de dicha consagración. Y la hermana Lucía, una de las videntes de Fátima, confirmó esa visión, y dijo que la Virgen quería que el Escapulario fuera tomado como parte del mensaje, añadiendo; «ahora el Santo Padre lo ha afirmado así al mundo entero, diciendo que el Escapulario es signo de consagración al Inmaculado Corazón… El Rosario y el Escapulario son inseparables».

De hecho el Papa Pío XII, el 11 de febrero de 1950, afirmaba: «Y en verdad no se trata de un asunto de poca importancia, sino de la concesión de la vida eterna… en otras palabras, del más importante de los negocios del mundo y de llevarlo a cabo con seguridad».


Milagros atribuidos a él

Son muchos los milagros obrados por gracia del Escapulario. Todos ellos están debidamente relatados y testimoniados por quienes se beneficiaron por él y por testigos oculares; por ejemplo curaciones, protección en guerras, etc. Son muchos los hechos milagrosos: incendios que se apagan cuando el Escapulario es lanzado a las llamas (y dicho Escapulario permanece ileso); personas libradas de la obsesión de suicidio; no permite morir en pecado (cuando no hay abuso de la gracia), etc.


Objetivo Principal

Nuestra Madre, la Virgen María será siempre el camino para llegar a Jesús. Entre las devociones que los cristianos dedican a honrar a la Santísima Virgen María –decía Papa Pío XII– «debe colocarse, ante todo, la devoción del Escapulario de los Carmelitas».

Por eso recomendamos vivamente que se lleve día y noche el Escapulario –vestido de la Virgen María–, pero su uso permanente no es indispensable para ganar las indulgencias.

El Escapulario de tela –que se recomienda por simbolizar mejor el vestido y consagración a Nuestra Señora, la Virgen María– puede ser sustituido por la medalla-escapulario.

Quien viste el Escapulario del Carmen debe distinguirse por una profunda, sincera y filial devoción a la Santísima Virgen, esforzándose siempre por: a) conocer; b) amar; c) imitar; d) irradiar a la Virgen María, ya que al Orden del Carmen, a la que pertenece por vestir su hábito, tiene como finalidades vivir su vida y extender su culto. El título oficial de los Carmelitas es: Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo.

Todo esto debe animar a los cristianos a vestir con devoción el Escapulario de la Virgen María, que tantos prodigios ha obrado a través de los siglos y que promete una ayuda especial y protección maternal de parte de la Santísima Virgen María.

Que mi Escapulario me acompañe siempre. Que en él vea siempre a mi Madre celestial. Que al besarlo lo haga con amor de hijo y como promesa de amarla más y servirle mejor. Que su recuerdo y su presencia en mi pecho me anime a serle más fiel a Ella y a su Hijo. Que en él vea grabadas todas las virtudes de mi celeste Madre y trate de vivirlas. Que su constante presencia sobre mi corazón me ayude a evitar el pecado y a practicar la virtud. Que su recuerdo nunca permita que me olvide de Ella y así puedo estar seguro que Ella no me abandonará.

¡Oh Virgen Santísima Inmaculada, belleza y esplendor del Carmen! Vos, que miráis con ojos de particular bondad al que viste vuestro bendito Escapulario, miradme benignamente y cubridme con el manto de vuestra maternal protección. Fortaleced mi flaqueza con vuestro poder, iluminad las tinieblas de mi entendimiento con vuestra sabiduría, aumentad en mí la fe, la esperanza y la caridad. Adornad mi alma con tales gracias y virtudes que sea siempre amada de vuestro divino Hijo y de Vos. Asistidme en vida, consoladme cuando muera con vuestra amabilísima presencia, y presentadme a la augustísima Trinidad como hijo y siervo devoto vuestro, para alabaros eternamente y bendeciros en el Paraíso. Amén.

Fuente: Tradición Católica.com

jueves, 9 de noviembre de 2023

Oraciones por nuestros difuntos

 

Día de todos los difuntos de W. A. Bouguereau. 1859. Museo de Bellas Artes, Bordeaux. 



"Aunque Dios nos lo quite todo, nunca nos dejará sin El, mientras no lo queramos. Pero hay más; nuestras pérdidas y separaciones no son más que por breve plazo."

San Francisco de Sales
Epistolario

"Depositad este cuerpo mío en cualquier sitio, sin que os de pena. Sólo os pido que dondequiera que estéis, os acordéis de mí ante el altar del Señor" (Palabras de Santa Mónica en su lecho de muerte.)

San Agustín
Confesiones, IX, 11



ORACIÓN AL FALLECIMIENTO
DE UN SER QUERIDO

¡Oh Jesús, único consuelo en las horas eternas del dolor, único consuelo sostén en el vacío inmenso que la muerte causa entre los seres queridos! Tú, Señor, a quién los cielos, la tierra y los hombres vieron llorar en días tristísimos; Tú, Señor, que has llorado a impulsos del más tierno de los cariños sobre el sepulcro de un amigo predilecto; Tú, ¡oh Jesús! que te compadeciste del luto de un hogar deshecho y de corazones que en él gemían sin consuelo; Tú, Padre amantísimo, compadécete también de nuestras lágrimas. Míralas, Señor, cómo sangre del alma dolorida, por la perdida de aquel que fue deudo queridísimo, amigo fiel, cristiano fervoroso. ¡Míralas, Señor, como tributo sentido que te ofrecemos por su alma, para que la purifiques en tu sangre preciosísima y la lleves cuanto antes al cielo, si aún no te goza en él! ¡Míralas, Señor, para que nos des fortaleza, paciencia, conformidad con tu divino querer en esta tremenda prueba que tortura el alma! ¡Míralas, oh dulce, oh pidadosísimo Jesús! y por ellas concédenos que los que aquí en la tierra hemos vivido atados con los fortísimos lazos de cariño, y ahora lloramos la ausencia momentánea del ser querido, nos reunamos de nuevo junto a Ti en el Cielo, para vivir eternamente unidos en tu Corazón. Amén.

__________

ORACIÓN POR NUESTROS
SERES QUERIDOS

Oh buen Jesús, que durante toda tu vida te compadeciste de los dolores ajenos, mira con misericordia las almas de nuestros seres queridos que están en el Purgatorio. Oh Jesús, que amaste a los tuyos con gran predilección, escucha la súplica que te hacemos, y por tu misericordia concede a aquellos que Tú te has llevado de nuestro hogar el gozar del eterno descanso en el seno de tu infinito amor. Amén.

Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les ilumine tu luz perpetua.

Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.

__________

ORACIÓN DE RECOMENDACIÓN
DEL ALMA A CRISTO


Señor, te encomendamos el alma de tu siervo(a) ... (mencione su nombre) y te suplicamos, Cristo Jesús, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en el regazo de tus patriarcas, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo a la tierra.

Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por Ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni nadie que produzca tus obras.

Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y no te acuerdes de sus pecados pasados ni de los excesos a que la llevó el ímpetu o ardor de la concupiscencia.

Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó, fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al Dios que lo hizo todo.

Devocionario Católico


miércoles, 2 de noviembre de 2022

FESTIVIDAD DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS - 2 DE NOVIEMBRE


Requiem aeternan dona eis Domine, et lux perpetua luceat eis.

Requiescat in pace.

Dales Señor el descanso eterno, y brille para ellas la luz perpetua.

Descansen en paz.

sábado, 24 de septiembre de 2022

El Agua Bendita


Fuente de los Bienes Espirituales

El agua bendita es un sacramental que perdona los pecados veniales. A causa de la bendición a ella adjunta, la Iglesia recomienda encarecidamente a sus hijos el uso de la misma, especialmente cuando les amenaza algún peligro, v.g. fuego, tempestades, enfermedades y otras calamidades. Todo hogar Católico debería tener siempre agua bendita disponible.


Aprovechemos los grandes Beneficios que procura

Fomentemos el uso del agua bendita

Cada gota contiene tesoros indecibles de auxilio espiritual para el alma y para el cuerpo.


Pensemos en ello

Si ahora nos diésemos cuenta de sus beneficios como lo comprenderemos después de la muerte, lo usaríamos más a menudo y con mayor fe y reverencia.

El agua bendita tiene su gran poder y eficacia en virtud de las oraciones de la Iglesia que su Divino Fundador siempre acepta con prontitud y complacencia.

He aquí la oración de lo que pide la Iglesia al bendecir el agua:

"Oh Dios... concédenos que esta criatura tuya (el agua) sea dotada de la divina gracia para expulsar los demonios y alejar las enfermedades, y que cualquier cosa en las casas o posesiones de los fieles que fuere rociada con esta agua quede libre de toda impureza y de todo daño... Que todo lo que amenace la seguridad o la paz de sus habitantes sea expulsado por la aspersión de esta agua, para que la salud implorada por la invocación de tu Santo Nombre sea guardada de todo asalto".


Oraciones Eficaces

Estas oraciones suben al Cielo cada vez que se toma agua bendita con la mano y se rocía una sola gota sobre si mismo o sobre otros, presentes o ausentes, vivos o difuntos, y los bendiciones de Dios descienden sobre el cuerpo y sobre el alma.


Expulsan al Demonio

El Diablo, como dice Santa Teresa, odia el agua bendita por ese poder especial que tiene sobre él. No puede permanecer larga tiempo cerca de un lugar o de una persona rociada con aguo bendita.


Beneficia a los Ausentes

Si nuestros seres queridos se hallan lejos de nosotros, el agua bendita, rociada con intención de que Dios los bendiga donde quiera que estén, puede mover al Sagrado Corazón para que los bendiga y proteja librándolos de todo mal de alma y cuerpo. La oración de la Iglesia les puede socorrer a cualquier hora y en cualquier lugar donde se encuentren.


Sobre todo a las Benditas Ánimas

La Iglesia usa el agua bendita también para alivio de las benditas ánimas del Purgatorio. Sólo allí comprenderemos cuánto la aprecian y desean aquellas pobres almas. Si queremos ahora granjearnos multitud de intercesores, no las olvidemos al tomar de la pila agua bendita, y apliquémosles ese refrigerio. Puede ser que una sola gota les abra los puertas del Cielo a las que ya están para volar a las eternas moradas.


Perdona los Pecados Veniales

El agua bendita, porque es un sacramental de lo Iglesia, perdona los pecados veniales. Guarda pura tu alma con este sacramental, haciendo devotamente la señal de la cruz, diciendo lo oración recomendada por lo Iglesia:

"Oh Señor, haz que esta agua bendita nos sea salud y vida."

Devocionario Católico