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viernes, 20 de septiembre de 2024

Dr. David E. Martin solicita la destrucción total de la Organización Mundial de la Salud



El Dr. David E. Martin, en el Parlamento Europeo,  solicita la destrucción total de la
Organización Mundial de la Salud (0MS) por crímenes de lesa humanidad y bioterrorismo.
13 de Septiembre de 2023

viernes, 15 de marzo de 2024

Cuatro años de dictadura y muerte, bajo la farsa del estado de pandemia



UN PLAN SINIESTRO TRAS EL TELÓN "COVIDIANO"


Han pasado cuatro largos años. La declaración de pandemia por la OMS y la publicación del estado de alarma en el BOE, nos empujó a una suerte de laberinto del que no se puede regresar sin haber dado muerte al minotauro. Esa es la condición. Metáforas aparte, marzo de 2020 es un tiempo clave que marca oficialmente el fin de un ciclo. Podemos llamarlo Apocalipsis, ateniéndonos a nuestra tradición judeocristiana, Kaliyuga, según la nomenclatura oriental, o la Cuarta revolución industrial, cantada por los psicópatas del Foro de Davos, anclada en los diecisiete objetivos de la satánica Agenda 2030, un plan siniestro y oscuro, por mucho que se presente adornado con los luminosos colores del espectro visible. 

De la noche a la mañana, la sociedad quedó paralizada por el miedo, sin capacidad de reacción. Solo cabía la obediencia, tal como estaba previsto en el gran plan. Y llegó el confinamiento. Así, los ciudadanos adoptaron la posición fetal y se convirtieron en sumisos corderos, encerrados en casa, aplaudiendo a las siete de la tarde, escuchando los partes de guerra diarios, atiborrándose de telebasura política, integrando y repitiendo como loros la jerga covidiana de positivos, contagiados, ingresados, intubados, muertos, variantes y asintomáticos, lavándose las manos hasta dejarse la piel, adoptando el bozal sin rechistar y eliminando el contacto humano, los abrazos, los besos y las despedidas a los seres queridos mayores que eran sedados en virtud del “triaje de guerra”, una medida inaceptable en una sociedad civilizada; en definitiva, entregando su libertad y aceptando un buen puñado de mentiras de diseño, prefabricadas, manipuladoras, incoherentes, pero muy eficaces, mientras se esperaba la mesiánica vacuna. Sin pérdida de tiempo, los diferentes gobiernos adoptaron la socorrida técnica de la información de doble vínculo –anunciar una norma y la contraria— y la dialéctica hegeliana de “problema-reacción-solución”. Aparecieron entonces los “policías de balcón”, seres amargados que denunciaban a sus vecinos si salían más de la cuenta o si el paseo del perro era demasiado largo. También hubo agentes de la policía que se dedicaron a ir a los descampados a perseguir a ciudadanos indefensos. ¡Una pena manchar el uniforme por tan poco!

Después vendría la psicosis colectiva y síndromes individuales, como el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) –cada vez más complejo—, la androfobia, el síndrome de la cabaña, aparte de las comunes depresiones, la ansiedad crónica y el aumento de suicidios. Decir que todo estaba programado puede parecer un dislate, pero no lo es y así lo venimos advirtiendo desde hace tiempo, basándonos en documentos. Urge madurar mentalmente para superar esta condición psicológica humana que aflora en situaciones de crisis, y que tan bien conocen los expertos en control de masas. 

Cuando esto ocurrió, la parte más despierta de la sociedad comprendió que había llegado la hora sin posible retorno. Había que prepararse para lo que se avecinaba. En los últimos años, los “amos del mundo” habían ido dando pistas que dejaban al descubierto su prisa por asestar el golpe final y nos preguntábamos por qué en este momento. Creo que vamos teniendo algunas respuestas, aunque no fácilmente visibles y fáciles de entender si no se dispone de las diferentes incógnitas de la ecuación. 

En cualquier caso, nunca fue un problema de virus, bien naturales o de laboratorio, las llamadas quimeras. Es cierto que en los primeros meses de 2020 mantuvimos este discurso, pero afortunadamente enseguida afloró la información de profesionales independientes –sin conflicto de intereses— que nos hizo deslizar el foco hacia otros puntos. El famoso virus “asesino” nunca fue aislado, purificado y secuenciado. Es importante que lo sepan los que aún siguen en la dinámica de los contagios, repitiendo lo que le cuentan los tertulianos a sueldo y los apesebrados divulgadores de las noticias falsas de los telediarios y demás prensa adscrita al plan globalista. 

Lo que se esconde tras la cortina del gran teatro covidiano es mucho más complejo. Las teorías víricas son solo estrategias para provocar el miedo a la muerte –la emoción más profunda del ser humano— y, consecuentemente, la obediencia ciega ante cualquier orden o imposición. Esto no quiere decir que no se esté experimentando en laboratorio desde hace décadas; y de ello tenemos un variado catálogo de esperpénticos ejemplos. La práctica del bioterrorismo por parte de los Estados es un secreto a voces, del que todos somos cómplices silentes. 

En estos cuatro años se ha avanzado en el camino al despertar, pero no es suficiente, ni tiene la profundidad y consistencia requeridas para el gran cambio. Una pequeña parte de la sociedad ha empezado a vislumbrar que casi nada es lo que parece, pero aún continúa con anteojeras y orejeras. Se podría decir que, como en el sueño, existen varias fases, sustanciadas en grados de conocimiento. Es cierto que muchos ciudadanos se han dado cuenta de que la ONU es una organización corrupta, que la OMS se financia con dinero privado de los magnates y falsos filántropos; que a las farmacéuticas no les interesa nuestra salud, sino sus beneficios; que las vacunas covid no sirven y que, a causa de ellas, está habiendo miles de muertos; que los políticos nos mienten; e incluso muchos quizá sepan ya de la existencia de un poder en la sombra que dirige los designios del mundo a través de los políticos. Saben asimismo –porque es muy evidente— del hundimiento de la economía y de las nuevas leyes restrictivas al estilo de los regímenes comunistas. ¡Y muchos ya no se fían de su médico de cabecera, en el que antes tenían fe ciega! Todo esto está bien como primera lección de conspirología y perspicacia, pero saber esto sirve de muy poco si no se integra y va acompañado de un cambio de actitud ante la vida y un interés por llegar al fondo del asunto; indagar en todos los porqués, sus causas y las causas de las causas –no es un juego de palabras— para comprender lo que está ocurriendo y, después, transmitirlo y ayudar a otros a espabilar y a abandonar la manada. Cuando hablamos de “abandonar” nos referimos, claro está, a una actitud mental de desprendimiento del comportamiento grupal, incluso de aislamiento físico del gregarismo cuando sea posible y necesario. 

Esto requiere cierto esfuerzo, dado que la situación del mundo es compleja y poliédrica, con muchas caras, ángulos y aristas; como un gran puzle con las piezas desordenadas sobre la mesa, sin un tutorial para irlas encajando. Por eso es tan difícil visionar el conjunto y encadenar hechos aparentemente inconexos. Para entender esto es importante conocer la intrahistoria de nuestro pasado –más que la historia que nos transmiten los notarios oficiales— sobre guerras, tratados, acuerdos y conquistas; y también el interés de los poderes de cada momento en el diseño de la sociedad y el afán de dominio y control del ser humano para su propio provecho. No me refiero a los políticos que ostentan el mando –ellos son meros títeres obedientes—, sino a “esa cosa” medio abstracta y viscosa que hoy denominamos “élites globalistas”, cuyas caras desconocemos en su mayoría, dirigidos a su vez por sus jefes invisibles de las alturas. 

¿Podremos dar muerte al minotauro y salir airosos del laberinto? No será por falta de tesón, esperanza y confianza en la humanidad, aunque muchas veces den ganas de tirar la toalla. En esos momentos siempre recordamos la parábola del grano de mostaza, que crece y crece, y nos imaginamos a las aves del cielo viniendo cantarinas a anidar en sus ramas.

 MAGDALENA DEL AMO 
 Psicóloga, periodista y escritora 

Fuente: Periodista Digital

jueves, 25 de enero de 2024

Mensaje de Nuestro Señor Jesucristo a la Beata Elena Aiello

 


«Después de comenzar los sufrimientos usuales, aproximadamente a la una de la tarde, Jesús se me apareció cubierto de llagas y de sangre y me dijo: «Mira, hija mía, cómo los pecados del mundo me han herido.


El mundo se ha sumergido enteramente en la suciedad y desborda en corrupción. Los gobiernos de los pueblos se han levantado como demonios encarnados. Mientras hablan de paz, se están preparando para una guerra con armas devastadoras para la destrucción de pueblos y naciones. Los hombres se hicieron ingratos a mi Sagrado Corazón y, abusando de mi misericordia, han transformado la tierra en una escena de crímenes. Muchos escándalos llevan a las almas a la perdición..., especialmente por la corrupción de la juventud.


Violados hasta el límite, excitados, desenfrenados para los goces y placeres del mundo, su espíritu está degenerado en la corrupción del pecado. El mal ejemplo de los padres educa a los hijos en escándalo e infidelidad, en vez de virtud y rezos. El rezo está casi muerto en los labios de muchos. Manchado y degradado en la fuente de la fe y de la santidad el hogar.


La voluntad de los hombres ya no cambia. Viven en la obstinación del pecado. Más severos serán los castigos y plagas para revocarlos al camino de Dios; pero los hombres se ponen más furiosos, como bestias heridas, y endurecen sus corazones hacia la gracia de Dios.


El mundo ya no merece perdón, sino solamente fuego, destrucción y muerte.


Se necesita más oración y penitencia de mis almas fieles para aplacar la Justicia divina, para atemperar la justa sentencia del castigo, que ha sido suspendido en la tierra por la intercesión de mi amada Madre, que es también la Madre de todo el linaje humano. ¡0h, qué triste está mi Corazón al ver que los hombres no responden a los muchos llamamientos de amor y de dolor, dirigidos por mi amada Madre a la humanidad errante! Errando en la oscuridad siguen viviendo en sus pecados y se alejan más de Dios; pero el castigo de fuego se acerca para purificar la tierra de las iniquidades de los perversos (o malignos).


La justicia de Dios exige reparación por las muchas ofensas y crímenes que cubren la tierra y que ya no se pueden comprometer más. Los hombres están obstinados en sus delitos y no vuelven a Dios. Se oponen a la Iglesia, y los sacerdotes son despreciados a causa de los perversos que dan escándalo. Ayúdame, sufriendo, a reparar por las muchas ofensas, y de esta manera salvar en parte a la humanidad, precipitada en el fango de la corrupción y muerte...


Anuncia a la humanidad que debe volver a Dios, haciendo penitencia y haciéndolo así tienen esperanza de ser perdonados y salvados de la justa venganza de un Dios despreciado». (Diciendo esto, Nuestro Señor desapareció.


(16 de abril de 1955)


El PSOE convierte a los asesinos en héroes, por Javier García Isac

 



viernes, 6 de octubre de 2023

Pedro Sánchez: Dame pan y llámame perro



No he conseguido asimilar los consejos de D. Quijote  a su buen escudero,   el señor Panza –Don Sancho-,  en relación a los refranes: y,  como  la gente de mi tierra, yo también  los tengo siempre a mano.  Creo incluso que podría elaborarse con ellos un “Manual de conducta para gente inteligente” porque consiguen frecuentemente resumir en pocas palabras, gruesos tochos alemanes de profunda filosofía teórica y práctica. Algunos son geniales. Y siempre van envueltos en la música adecuada: unos son dulces y relajantes  y otros desgarran y hacen pupas.

Después de tantos meses viendo al Dr. Sánchez  desnudando su alma cada día para mostrárnosla horrorosa, y a<absolutamente digna de su jefe y maestro si recordamos que Jesús, -nuestros Salvador, a la vez, Dios y hombre- definió al Diablo con nueve   palabras: Homicida desde el principio y padre de la mentira”. Es triste  ver a más de cuarenta millones de españoles  supeditados a los caprichos de un embustero insuperable, dedicado a garantizar como “derecho humano” el asesinar “no nacidos” en el vientre de su madre y a cuantos ancianos pueden “eutanasiar” o sea matarlos a sangre fría.

¡Homicida y mentiroso” como su líder Satanás!

Por supuesto que “suena muy duro” decir eso de un líder político pero la Lógica no tiene sentimientos en defensa de la Verdad. Es muy hiriente llamar a un hombre criminal y homicida, pero así se llama a todo el que mata a un semejante, con el agravante de “cobardía” porque es el más débil e indefenso… Que nadie se escandalice, pues. Pedro Sánchez tiene obsesión por facilitar el aborto y la eutanasia. ¿Qué él no asesina personalmente? ¡cierto!, pero hace algo peor lo aconseja, lo permite, lo facilita y quiere impedir que los médicos se nieguen a ser criminales, impidiendo la “objeción de conciencia. Lleva, pues, encima miles y miles de  homicidios, no uno solo.

De lo embustero que es no hablemos más. Es un dogma mucho más conocido y creído  que los del Credo. Ha mentido -y miente- con insuperable facilidad, sin importarle el oyente. Le da lo mismo hacerlo ante todo el pueblo español, o a solas con un individuo, delante un micrófono o de una cámara de televisión. Su “caradura” supera la dureza del grafeno y del carbino.

Tardé pocos meses en conocer al personaje y lógicamente inicié la búsqueda de una explicación del fenómeno. ¿Cómo es posible semejante  capacidad para afirmar una cosa y su contraria en plazos tan breves que,  a veces, no llegan a un día y sin importarle que lo graben o quede constancia escrita? Tampoco le afecta que se lo refrieguen en sus propias narices, ni le hace mella sin cambia la expresión….

Pues bien, sin pretenderlo el refranero me dio la solución a esa conducta incompatible con un mínimo de dignidad humana o de elemental vergüenza… Me vino a la memoria el adagio: “Dame pan y llámame perro” que siempre había considerado el summum de la degeneración en materia de personalidad.

Si se ha  caído tan bajo como preferir ser un perro para llenar la panza en  vez vencer a las circunstancias adversas luchando con la dignidad que Dios puso en el alma de todo ser   racional, se ha dejado de ser hombre y ya no tiene posibilidad de reaccionar al carecer de dignidad, ¡no hay ser más despreciable! No hay hoyo más profundo.

Mi gran preocupación ahora, viendo a España a punto de continuar gobernada por alguien así, sin que se produzca una reacción “a la española”  -¡por más europeos que seamos!-…  No por mí, sino por mis hijos y nietos que sufrirán las consecuencias de la modorra del Pueblo español que somos todos y hemos olvidado la Historia  sin haber aprendido nada.

Por otra parte  creo haber hecho cuanto estaba en mis manos tratando de impedir la equivocación de ruta y de estrategia.  He clamado en el desierto a lo largo de ochenta años. Creo haber visto siempre claro pero no era del gusto de los sabios ni de los mandos. Sólo me consuela –mejor dicho: ¡me  hace feliz!— saber que la Victoria final  será infaliblemente de quienes luchamos por la Verdad  y la Fe en Cristo, Rey de la Creación.

¡Pobrecitos los que hoy ríen en la Moncloa,…y en otras Sedes! Aprovechen  mientras puedan –recordando a San Pablo “¡De Dios no se burla nadie!


Gil de la Pisa


sábado, 16 de septiembre de 2023

Expediente Royuela: espejo de la Transición. Por Jesús Aguilar Marina

 


En los asuntos de justicia, que son lo esencial de la convivencia humana, aquí se han dormido todos. Durante la nefasta Transición, contemplando a los gobernantes y dirigentes españoles, enseguida se percibe que, del Rey abajo, existen miles de topos trabajando bajo tierra, sin que nos sea posible en muchos casos seguir sus parciales estragos, aunque sí su gran objetivo: la aniquilación de España y de sus hombres y mujeres más ilustres.

El expediente Royuela, que revela parte de esos estragos, es la cara oculta de esta nación fallida por culpa de una Transición ingrata e infiel a las esencias patrias; de esta España que los demócratas han convertido en un sepulcro maloliente, blanqueado por la propaganda del pesebre informativo. La sucesión de casos acumulados en el expediente Royuela muestra la siniestra realidad de esta democracia criminal que asfixia a la nación española. Su compendio de infamias constituye la más certera parábola de un estercolero abarrotado de excrementos y sangre por el que los españoles se pasean diariamente con indiferencia.

El expediente Royuela nos recuerda que no hay perfume comparable para el olfato de un socialcomunista -y el de sus valedores y financiadores- como el hedor que despiden las heces de sus doctrinas, la podredumbre de sus demoliciones y los cadáveres de sus enemigos. En estos tiempos, los muertos y los aherrojados son los veraces y los sabios, y los laureados y vivos sus jueces y asesinos.

El expediente Royuela es el muestrario del despotismo y oscurantismo más atroces. Donde gobiernan los déspotas siempre hay pocos hombres de virtud. Y ello es así porque los déspotas temen más a los buenos que a los malos, y siempre el valor y la virtud les son espantosos. Por eso se esfuerzan para que sus gobernados sean delincuentes o tarados, o anhelen serlo; y multan, encarcelan o asesinan a todo aquél que albergue o difunda pensamientos veraces y magnánimos.

El gobierno del déspota es la ruina de los hombres, porque por la maldad de aquél se aparta la ciudadanía de todo civismo y virtud. Y así es lógico que la multitud, criada en inepcia y servidumbre, se haga de ánimo inconsciente y servil para cualquier obra grande y noble. El déspota procura ahogar al pueblo en servidumbre, sin importarle su humillación ni sus gemidos, si es que éste los tiene.

El expediente Royuela es un compendio luciferino, demostrativo de los más bajos instintos del ser humano, cuando se iguala a su maestro Luzbel. El soberbio Luzbel nunca se va a arrepentir de sus monstruosidades, y menos aún se postrará ante la humanidad y la verdad de Cristo y de sus símbolos; al contrario, no dejará de promover brutalidades, tinieblas y catástrofes, de la mano de sus nigromantes.

El expediente Royuela es el espejo en que se mira y reconoce nuestra Transición, considerada sarcásticamente como democrática por quienes se han beneficiado de ella. Una Transición plagada de espíritus de malévola condición que, como Caín el fratricida, deberían gritar: «el justo que me encuentre debe matarme». Pero no se han dado este tipo de muertes, al menos hasta ahora, sólo las cometidas por los dementes maléficos, es decir, por los satanistas de la secta.

Las izquierdas resentidas y las derechas babosas, con todas sus excrecencias, son los dos extremos de la misma serpiente. Y como esa serpiente es enemiga de España, los españoles de bien están obligados a destruirla. Y cuando se habla de demoler lo falso y de purificar lo podrido es vano dirigirse al pueblo en general; sólo a esa minoría crítica que palpita en él, esa parte de la ciudadanía advertida que aún conserva el libre espíritu, porque desgraciadamente la sociedad española de hoy, en general, se asemeja a la lechuza: cuanta más luz se la echa, menos ve.

Y debido a esta ceguera de condición, los tormentos infernales que la esperan van a ser insondables, nada de fantasías conspiranoicas o imaginaciones absurdas, como lo quieren hacer ver los del agitprop, sino bien reales y bien pronosticados, tal se desprende de las propias agendas de los carceleros y asesinos; eso sí, en nombre de la felicidad. Una felicidad que, por medio de leyes, ostracismos y pandemias -atención a la nueva ola pandémica- traslada al reino de la muerte las penas y miserias de esta vida.

El expediente Royuela es un catálogo de horrores que testimonia nuestro pasado, presente y futuro contemporáneos, y que ensombrece ilimitadamente esa vida que nos ha proporcionado la cofradía de reelegidos. Lo peligroso está en que el gentío no sabe entender y sentir en qué consisten sus males, ni en los que le deparará el Sistema, y así anda siempre corriendo a la busca de un bien que, alcanzado, le aburre. En verdad trata de huir cada uno de sí mismo y, como no puede, abrazado a sus remordimientos y a su odio, sigue apegándose a su particularidad, en espera de los castigos que lo acechan por sus maldades.

El caso es que, en España, hoy, del Rey abajo, hay muchos millones de traidores que por codicia han decidido vender a su patria; y otros muchos millones que por cobardía están dispuestos a dejarse matar por miedo a defenderse. Hoy, en España, la justicia –además del expediente Royuela lo dicen los acontecimientos cotidianos- no sólo se desentiende de perseguir y castigar al culpable, sino que, llevando su iniquidad al extremo, se dedica a afrentar al inocente.

En nuestra utilitaria y capitalsocialista sociedad, el holgazán, el perseguido, no es el que integra grupos de presión -incluidos los partidocráticos-; ni el que se dedica a vender a buen precio sus servicios de intermediación o de amiguismo; ni los que a la sombra del poder se pasan las horas dando o preparando pelotazos especulativos; ni los inmigrantes invasores financiados por la antiespaña con el dinero del Estado; ni los pervertidos, okupas, maleantes y demás guiñapos de las izquierdas resentidas, con toda su variedad de parásitos; no, hoy se califica de holgazán y delincuente al que paga sus impuestos, se encierra en su casa, y ni se aprovecha ni pide nada de todo lo que se roba en esta feria del abuso en que han convertido a la patria, y cuyos frutos no dejan de repartirse entre los feriantes.

Leyendo los impunes episodios del expediente Royuela se comprueba, una vez más, que el buen sentido ni se compra, ni se toma prestado, ni se vende. Y si se pudiese vender tampoco hallaría muchos compradores. Sin duda, a algunos españoles de hoy les bastaría con mostrarles remedios para que pudiesen solucionar los gravísimos problemas que padece su patria, pero a la inmensa mayoría esos remedios es menester imponérselos por la fuerza. Y es triste que a estas alturas tengamos que regresar al pasado para resolver la catástrofe, utilizando nuevamente el dominio violento.

No sirve de nada quejarse, corriendo de un sitio a otro, si estamos cercados por el enemigo y vemos que nadie puede, quiere, ni sabe hacer nada contra él. Por eso, en esta hora, ya no sirven esos comunicadores y tertulianos de derechas que sólo parecen entretenerse en la contemplación del propio ombligo; ni tienen eficacia sus programas y coloquios cansinos e inoperantes.

Cuando debiéramos tener forjada la confabulación de los prudentes para ver por dónde hincar el diente al Sistema liberticida e iniciar la imperativa regeneración, contemplamos melancólicos cómo entre los politicólogos y demás expertos de la cosa, gran parte del tiempo se pierde en bizantinismos y argucias de palabra, discusiones más o menos estériles o engañosas que ejercitan una pretendida sutilidad.

Inasequibles al desaliento -o aparentándolo-, no dejan de analizar todo tipo de asuntos, en uno o varios sentidos y en los contrarios, ni de hacer y deshacer previsiones y futurismos que al día siguiente se han mostrado inútiles. O, con la candidez del estulto, ante la enésima abominación de los políticos, se preguntan: «¿Nadie va a dar explicaciones?». ¿De quién esperarán explicaciones estos ilusos? ¿De la Monarquía? ¿Del Ejército? ¿De la Justicia? ¿De la intelectualidad áulica y del periodismo estabulado? ¿Del Sistema que acoge y patrocina a todos ellos? ¿Acaso es, no ya inteligente, sino oportuno, pedir explicaciones a quienes metódicamente llevan más de cuarenta años con la piqueta, la gasolina y las cerillas?

¿De tanto tiempo dispone aún España para que sigamos torturándonos y fatigándonos en observar y examinar problemas y actitudes de los insectos capitalsocialistas, y de sus terminales, en los que hay más astucia, maldad y codicia a despreciar que cuestiones a resolver? Busquemos la fórmula para que los sucesos del expediente Royuela no queden impunes, y para ahuyentar, en general, a todos los malhechores de nuestras vidas y de la patria, en vez de golpearnos torpemente una y otra vez la frente contra el muro, y no nos contentemos con satirizarlos, algo que a ellos no les afecta mientras puedan seguir depredando. Porque ya no se trata de satirizar, sino de encarcelar, ya que no de ahorcar.

Hoy, el principal y urgente fin de la minoría crítica consiste en la unión de tanto grupúsculo disperso, y en cómo abrir una brecha en la fortaleza del Sistema. En ello deben centrarse los esfuerzos, repartiendo las cargas en proporción a las fuerzas de cada cual, sin pretender más de lo individualmente soportable, pero sin hacer dejación de lo posible. Delante de todos los españoles están los años nefastos de una Transición que no ha dejado de mentirles. Pero de entre esa totalidad de españoles, no se espera al vulgo, a los instalados ni a los hipócritas. Sólo las almas libres pueden regenerar lo podrido, y tienen la obligación de desenmascarar la tramoya y el oprobio que simboliza; y, diariamente, con toda la fuerza y la sutileza de que sean capaces, han de proponerse reducirla a la verdad.

Es sabido que los primeros que derriban el muro siempre salen sangrando. En esta moribunda y melancólica España, aún no ha habido ni hay nadie que se haya decidido a correr el riesgo. Pero todo llegará. Examinando la situación de los nobles patriotas españoles, se les puede comparar con los sabuesos flacos a los que se refería el escritor irlandés Yeats, que son los mejores cazadores: ¡Oh sabuesos flacos! ¿Cuándo empezaréis a cazar?


Jesús Aguilar Marina


Fuente: ñtvespaña