jueves, 14 de mayo de 2026
martes, 5 de mayo de 2026
viernes, 4 de octubre de 2024
viernes, 20 de septiembre de 2024
Dr. David E. Martin solicita la destrucción total de la Organización Mundial de la Salud
miércoles, 28 de agosto de 2024
sábado, 13 de julio de 2024
sábado, 18 de mayo de 2024
viernes, 15 de marzo de 2024
Cuatro años de dictadura y muerte, bajo la farsa del estado de pandemia
viernes, 1 de marzo de 2024
domingo, 18 de febrero de 2024
martes, 13 de febrero de 2024
jueves, 1 de febrero de 2024
jueves, 25 de enero de 2024
Mensaje de Nuestro Señor Jesucristo a la Beata Elena Aiello
«Después
de comenzar los sufrimientos usuales, aproximadamente a la una de la tarde,
Jesús se me apareció cubierto de llagas y de sangre y me dijo: «Mira, hija mía,
cómo los pecados del mundo me han herido.
El
mundo se ha sumergido enteramente en la suciedad y desborda en corrupción. Los
gobiernos de los pueblos se han levantado como demonios encarnados. Mientras
hablan de paz, se están preparando para una guerra con armas devastadoras para
la destrucción de pueblos y naciones. Los hombres se hicieron ingratos a mi
Sagrado Corazón y, abusando de mi misericordia, han transformado la tierra en
una escena de crímenes. Muchos escándalos llevan a las almas a la perdición...,
especialmente por la corrupción de la juventud.
Violados
hasta el límite, excitados, desenfrenados para los goces y placeres del mundo,
su espíritu está degenerado en la corrupción del pecado. El mal ejemplo de los
padres educa a los hijos en escándalo e infidelidad, en vez de virtud y rezos.
El rezo está casi muerto en los labios de muchos. Manchado y degradado en la
fuente de la fe y de la santidad el hogar.
La
voluntad de los hombres ya no cambia. Viven en la obstinación del pecado. Más
severos serán los castigos y plagas para revocarlos al camino de Dios; pero los
hombres se ponen más furiosos, como bestias heridas, y endurecen sus corazones
hacia la gracia de Dios.
El
mundo ya no merece perdón, sino solamente fuego, destrucción y muerte.
Se
necesita más oración y penitencia de mis almas fieles para aplacar la Justicia
divina, para atemperar la justa sentencia del castigo, que ha sido suspendido
en la tierra por la intercesión de mi amada Madre, que es también la Madre de
todo el linaje humano. ¡0h, qué triste está mi Corazón al ver que los hombres
no responden a los muchos llamamientos de amor y de dolor, dirigidos por mi
amada Madre a la humanidad errante! Errando en la oscuridad siguen viviendo en
sus pecados y se alejan más de Dios; pero el castigo de fuego se acerca para
purificar la tierra de las iniquidades de los perversos (o malignos).
La
justicia de Dios exige reparación por las muchas ofensas y crímenes que cubren
la tierra y que ya no se pueden comprometer más. Los hombres están obstinados
en sus delitos y no vuelven a Dios. Se oponen a la Iglesia, y los sacerdotes
son despreciados a causa de los perversos que dan escándalo. Ayúdame,
sufriendo, a reparar por las muchas ofensas, y de esta manera salvar en parte a
la humanidad, precipitada en el fango de la corrupción y muerte...
Anuncia
a la humanidad que debe volver a Dios, haciendo penitencia y haciéndolo así
tienen esperanza de ser perdonados y salvados de la justa venganza de un Dios
despreciado». (Diciendo esto, Nuestro Señor desapareció.
(16 de abril de
1955)
miércoles, 18 de octubre de 2023
viernes, 6 de octubre de 2023
Pedro Sánchez: Dame pan y llámame perro
No he conseguido asimilar los consejos de D. Quijote a su buen escudero, el señor Panza –Don Sancho-, en relación a los refranes: y, como la gente de mi tierra, yo también los tengo siempre a mano. Creo incluso que podría elaborarse con ellos un “Manual de conducta para gente inteligente” porque consiguen frecuentemente resumir en pocas palabras, gruesos tochos alemanes de profunda filosofía teórica y práctica. Algunos son geniales. Y siempre van envueltos en la música adecuada: unos son dulces y relajantes y otros desgarran y hacen pupas.
Después de tantos meses viendo al Dr. Sánchez desnudando su alma cada día para mostrárnosla horrorosa, y a<absolutamente digna de su jefe y maestro si recordamos que Jesús, -nuestros Salvador, a la vez, Dios y hombre- definió al Diablo con nueve palabras: “Homicida desde el principio y padre de la mentira”. Es triste ver a más de cuarenta millones de españoles supeditados a los caprichos de un embustero insuperable, dedicado a garantizar como “derecho humano” el asesinar “no nacidos” en el vientre de su madre y a cuantos ancianos pueden “eutanasiar” o sea matarlos a sangre fría.
¡Homicida y mentiroso” como su líder Satanás!
Por supuesto que “suena muy duro” decir eso de un líder político pero la Lógica no tiene sentimientos en defensa de la Verdad. Es muy hiriente llamar a un hombre criminal y homicida, pero así se llama a todo el que mata a un semejante, con el agravante de “cobardía” porque es el más débil e indefenso… Que nadie se escandalice, pues. Pedro Sánchez tiene obsesión por facilitar el aborto y la eutanasia. ¿Qué él no asesina personalmente? ¡cierto!, pero hace algo peor lo aconseja, lo permite, lo facilita y quiere impedir que los médicos se nieguen a ser criminales, impidiendo la “objeción de conciencia. Lleva, pues, encima miles y miles de homicidios, no uno solo.
De lo embustero que es no hablemos más. Es un dogma mucho más conocido y creído que los del Credo. Ha mentido -y miente- con insuperable facilidad, sin importarle el oyente. Le da lo mismo hacerlo ante todo el pueblo español, o a solas con un individuo, delante un micrófono o de una cámara de televisión. Su “caradura” supera la dureza del grafeno y del carbino.
Tardé pocos meses en conocer al personaje y lógicamente inicié la búsqueda de una explicación del fenómeno. ¿Cómo es posible semejante capacidad para afirmar una cosa y su contraria en plazos tan breves que, a veces, no llegan a un día y sin importarle que lo graben o quede constancia escrita? Tampoco le afecta que se lo refrieguen en sus propias narices, ni le hace mella sin cambia la expresión….
Pues bien, sin pretenderlo el refranero me dio la solución a esa conducta incompatible con un mínimo de dignidad humana o de elemental vergüenza… Me vino a la memoria el adagio: “Dame pan y llámame perro” que siempre había considerado el summum de la degeneración en materia de personalidad.
Si se ha caído tan bajo como preferir ser un perro para llenar la panza en vez vencer a las circunstancias adversas luchando con la dignidad que Dios puso en el alma de todo ser racional, se ha dejado de ser hombre y ya no tiene posibilidad de reaccionar al carecer de dignidad, ¡no hay ser más despreciable! No hay hoyo más profundo.
Mi gran preocupación ahora, viendo a España a punto de continuar gobernada por alguien así, sin que se produzca una reacción “a la española” -¡por más europeos que seamos!-… No por mí, sino por mis hijos y nietos que sufrirán las consecuencias de la modorra del Pueblo español que somos todos y hemos olvidado la Historia sin haber aprendido nada.
Por otra parte creo haber hecho cuanto estaba en mis manos tratando de impedir la equivocación de ruta y de estrategia. He clamado en el desierto a lo largo de ochenta años. Creo haber visto siempre claro pero no era del gusto de los sabios ni de los mandos. Sólo me consuela –mejor dicho: ¡me hace feliz!— saber que la Victoria final será infaliblemente de quienes luchamos por la Verdad y la Fe en Cristo, Rey de la Creación.
¡Pobrecitos los que hoy ríen en la Moncloa,…y en otras Sedes! Aprovechen mientras puedan –recordando a San Pablo “¡De Dios no se burla nadie!
Gil de la Pisa
sábado, 16 de septiembre de 2023
Expediente Royuela: espejo de la Transición. Por Jesús Aguilar Marina
En los asuntos de justicia, que son lo esencial de la convivencia humana, aquí se han dormido todos. Durante la nefasta Transición, contemplando a los gobernantes y dirigentes españoles, enseguida se percibe que, del Rey abajo, existen miles de topos trabajando bajo tierra, sin que nos sea posible en muchos casos seguir sus parciales estragos, aunque sí su gran objetivo: la aniquilación de España y de sus hombres y mujeres más ilustres.
El expediente Royuela, que revela parte de esos estragos, es la cara oculta de esta nación fallida por culpa de una Transición ingrata e infiel a las esencias patrias; de esta España que los demócratas han convertido en un sepulcro maloliente, blanqueado por la propaganda del pesebre informativo. La sucesión de casos acumulados en el expediente Royuela muestra la siniestra realidad de esta democracia criminal que asfixia a la nación española. Su compendio de infamias constituye la más certera parábola de un estercolero abarrotado de excrementos y sangre por el que los españoles se pasean diariamente con indiferencia.
El expediente Royuela nos recuerda que no hay perfume comparable para el olfato de un socialcomunista -y el de sus valedores y financiadores- como el hedor que despiden las heces de sus doctrinas, la podredumbre de sus demoliciones y los cadáveres de sus enemigos. En estos tiempos, los muertos y los aherrojados son los veraces y los sabios, y los laureados y vivos sus jueces y asesinos.
El expediente Royuela es el muestrario del despotismo y oscurantismo más atroces. Donde gobiernan los déspotas siempre hay pocos hombres de virtud. Y ello es así porque los déspotas temen más a los buenos que a los malos, y siempre el valor y la virtud les son espantosos. Por eso se esfuerzan para que sus gobernados sean delincuentes o tarados, o anhelen serlo; y multan, encarcelan o asesinan a todo aquél que albergue o difunda pensamientos veraces y magnánimos.
El gobierno del déspota es la ruina de los hombres, porque por la maldad de aquél se aparta la ciudadanía de todo civismo y virtud. Y así es lógico que la multitud, criada en inepcia y servidumbre, se haga de ánimo inconsciente y servil para cualquier obra grande y noble. El déspota procura ahogar al pueblo en servidumbre, sin importarle su humillación ni sus gemidos, si es que éste los tiene.
El expediente Royuela es un compendio luciferino, demostrativo de los más bajos instintos del ser humano, cuando se iguala a su maestro Luzbel. El soberbio Luzbel nunca se va a arrepentir de sus monstruosidades, y menos aún se postrará ante la humanidad y la verdad de Cristo y de sus símbolos; al contrario, no dejará de promover brutalidades, tinieblas y catástrofes, de la mano de sus nigromantes.
El expediente Royuela es el espejo en que se mira y reconoce nuestra Transición, considerada sarcásticamente como democrática por quienes se han beneficiado de ella. Una Transición plagada de espíritus de malévola condición que, como Caín el fratricida, deberían gritar: «el justo que me encuentre debe matarme». Pero no se han dado este tipo de muertes, al menos hasta ahora, sólo las cometidas por los dementes maléficos, es decir, por los satanistas de la secta.
Las izquierdas resentidas y las derechas babosas, con todas sus excrecencias, son los dos extremos de la misma serpiente. Y como esa serpiente es enemiga de España, los españoles de bien están obligados a destruirla. Y cuando se habla de demoler lo falso y de purificar lo podrido es vano dirigirse al pueblo en general; sólo a esa minoría crítica que palpita en él, esa parte de la ciudadanía advertida que aún conserva el libre espíritu, porque desgraciadamente la sociedad española de hoy, en general, se asemeja a la lechuza: cuanta más luz se la echa, menos ve.
Y debido a esta ceguera de condición, los tormentos infernales que la esperan van a ser insondables, nada de fantasías conspiranoicas o imaginaciones absurdas, como lo quieren hacer ver los del agitprop, sino bien reales y bien pronosticados, tal se desprende de las propias agendas de los carceleros y asesinos; eso sí, en nombre de la felicidad. Una felicidad que, por medio de leyes, ostracismos y pandemias -atención a la nueva ola pandémica- traslada al reino de la muerte las penas y miserias de esta vida.
El expediente Royuela es un catálogo de horrores que testimonia nuestro pasado, presente y futuro contemporáneos, y que ensombrece ilimitadamente esa vida que nos ha proporcionado la cofradía de reelegidos. Lo peligroso está en que el gentío no sabe entender y sentir en qué consisten sus males, ni en los que le deparará el Sistema, y así anda siempre corriendo a la busca de un bien que, alcanzado, le aburre. En verdad trata de huir cada uno de sí mismo y, como no puede, abrazado a sus remordimientos y a su odio, sigue apegándose a su particularidad, en espera de los castigos que lo acechan por sus maldades.
El caso es que, en España, hoy, del Rey abajo, hay muchos millones de traidores que por codicia han decidido vender a su patria; y otros muchos millones que por cobardía están dispuestos a dejarse matar por miedo a defenderse. Hoy, en España, la justicia –además del expediente Royuela lo dicen los acontecimientos cotidianos- no sólo se desentiende de perseguir y castigar al culpable, sino que, llevando su iniquidad al extremo, se dedica a afrentar al inocente.
En nuestra utilitaria y capitalsocialista sociedad, el holgazán, el perseguido, no es el que integra grupos de presión -incluidos los partidocráticos-; ni el que se dedica a vender a buen precio sus servicios de intermediación o de amiguismo; ni los que a la sombra del poder se pasan las horas dando o preparando pelotazos especulativos; ni los inmigrantes invasores financiados por la antiespaña con el dinero del Estado; ni los pervertidos, okupas, maleantes y demás guiñapos de las izquierdas resentidas, con toda su variedad de parásitos; no, hoy se califica de holgazán y delincuente al que paga sus impuestos, se encierra en su casa, y ni se aprovecha ni pide nada de todo lo que se roba en esta feria del abuso en que han convertido a la patria, y cuyos frutos no dejan de repartirse entre los feriantes.
Leyendo los impunes episodios del expediente Royuela se comprueba, una vez más, que el buen sentido ni se compra, ni se toma prestado, ni se vende. Y si se pudiese vender tampoco hallaría muchos compradores. Sin duda, a algunos españoles de hoy les bastaría con mostrarles remedios para que pudiesen solucionar los gravísimos problemas que padece su patria, pero a la inmensa mayoría esos remedios es menester imponérselos por la fuerza. Y es triste que a estas alturas tengamos que regresar al pasado para resolver la catástrofe, utilizando nuevamente el dominio violento.
No sirve de nada quejarse, corriendo de un sitio a otro, si estamos cercados por el enemigo y vemos que nadie puede, quiere, ni sabe hacer nada contra él. Por eso, en esta hora, ya no sirven esos comunicadores y tertulianos de derechas que sólo parecen entretenerse en la contemplación del propio ombligo; ni tienen eficacia sus programas y coloquios cansinos e inoperantes.
Cuando debiéramos tener forjada la confabulación de los prudentes para ver por dónde hincar el diente al Sistema liberticida e iniciar la imperativa regeneración, contemplamos melancólicos cómo entre los politicólogos y demás expertos de la cosa, gran parte del tiempo se pierde en bizantinismos y argucias de palabra, discusiones más o menos estériles o engañosas que ejercitan una pretendida sutilidad.
Inasequibles al desaliento -o aparentándolo-, no dejan de analizar todo tipo de asuntos, en uno o varios sentidos y en los contrarios, ni de hacer y deshacer previsiones y futurismos que al día siguiente se han mostrado inútiles. O, con la candidez del estulto, ante la enésima abominación de los políticos, se preguntan: «¿Nadie va a dar explicaciones?». ¿De quién esperarán explicaciones estos ilusos? ¿De la Monarquía? ¿Del Ejército? ¿De la Justicia? ¿De la intelectualidad áulica y del periodismo estabulado? ¿Del Sistema que acoge y patrocina a todos ellos? ¿Acaso es, no ya inteligente, sino oportuno, pedir explicaciones a quienes metódicamente llevan más de cuarenta años con la piqueta, la gasolina y las cerillas?
¿De tanto tiempo dispone aún España para que sigamos torturándonos y fatigándonos en observar y examinar problemas y actitudes de los insectos capitalsocialistas, y de sus terminales, en los que hay más astucia, maldad y codicia a despreciar que cuestiones a resolver? Busquemos la fórmula para que los sucesos del expediente Royuela no queden impunes, y para ahuyentar, en general, a todos los malhechores de nuestras vidas y de la patria, en vez de golpearnos torpemente una y otra vez la frente contra el muro, y no nos contentemos con satirizarlos, algo que a ellos no les afecta mientras puedan seguir depredando. Porque ya no se trata de satirizar, sino de encarcelar, ya que no de ahorcar.
Hoy, el principal y urgente fin de la minoría crítica consiste en la unión de tanto grupúsculo disperso, y en cómo abrir una brecha en la fortaleza del Sistema. En ello deben centrarse los esfuerzos, repartiendo las cargas en proporción a las fuerzas de cada cual, sin pretender más de lo individualmente soportable, pero sin hacer dejación de lo posible. Delante de todos los españoles están los años nefastos de una Transición que no ha dejado de mentirles. Pero de entre esa totalidad de españoles, no se espera al vulgo, a los instalados ni a los hipócritas. Sólo las almas libres pueden regenerar lo podrido, y tienen la obligación de desenmascarar la tramoya y el oprobio que simboliza; y, diariamente, con toda la fuerza y la sutileza de que sean capaces, han de proponerse reducirla a la verdad.
Es sabido que los primeros que derriban el muro siempre salen sangrando. En esta moribunda y melancólica España, aún no ha habido ni hay nadie que se haya decidido a correr el riesgo. Pero todo llegará. Examinando la situación de los nobles patriotas españoles, se les puede comparar con los sabuesos flacos a los que se refería el escritor irlandés Yeats, que son los mejores cazadores: ¡Oh sabuesos flacos! ¿Cuándo empezaréis a cazar?
Jesús Aguilar Marina
Fuente: ñtvespaña
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