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miércoles, 27 de agosto de 2025

Encíclica Rerum Novarum, del Papa León XIII

 


La encíclica Rerum novarum fue escrita por el El Papa León XIII. Publicada en 1891, esta encíclica es considerada la primera encíclica social de la Iglesia Católica y sentó las bases de su Doctrina Social, abordando la "cuestión social" en el contexto de la Revolución Industrial y la primera gran revolución industrial. 


Ver encíclica aquí 


sábado, 18 de mayo de 2024

SAN VICENTE DE LERINS: REGLA PARA DISTINGUIR LA VERDAD CATÓLICA DEL ERROR




REGLA PARA DISTINGUIR LA VERDAD CATÓLICA DEL ERROR  

Habiendo interrogado con frecuencia y con el mayor cuidado y atención a numerosísimas personas, sobresalientes en santidad y en doctrina, sobre cómo poder distinguir por medio de una regla segura, general y normativa, la verdad de la fe católica de la falsedad perversa de la herejía, casi todas me han dado la misma respuesta: «Todo cristiano que quiera desenmascarar las intrigas de los herejes que brotan a nuestro alrededor, evitar sus trampas y mantenerse íntegro e incólume en una fe incontaminada, debe, con la ayuda de Dios, pertrechar su fe de dos maneras: con la autoridad de la ley divina ante todo, y con la tradición de la Iglesia Católica».

Sin embargo, alguno podría objetar: Puesto que el Canon de las Escrituras es de por sí más que suficientemente perfecto para todo, ¿qué necesidad hay de que se le añada la autoridad de la interpretación de la Iglesia?

Precisamente porque la Escritura, a causa de su misma sublimidad, no es entendida por todos de modo idéntico y universal. De hecho, las mismas palabras son interpretadas de manera diferente por unos y por otros. Se podría decir que tantas son las interpretaciones como los lectores. Vemos, por ejemplo, que Novaciano explica la Escritura de un modo, Sabelio de otro, Donato, Eunomio, Macedonio, de otro; y de manera diversa la interpretan Fotino, Apolinar, Prisciliano, Joviniano, Pelagio, Celestino y, en nuestros días, Nestorio.

Es pues, sumamente necesario, ante las múltiples y enrevesadas tortuosidades del error, que la interpretación de los Profetas y de los Apóstoles se haga siguiendo la pauta del sentir católico. En la Iglesia Católica hay que poner el mayor cuidado para mantener lo que ha sido creído en todas partes, siempre y por todos. Esto es lo verdadera y propiamente católico, según la idea de universalidad que se encierra en la misma etimología de la palabra. Pero esto se conseguirá si nosotros seguimos la universalidad, la antigüedad, el consenso general. Seguiremos la universalidad, si confesamos como verdadera y única fe la que la Iglesia entera profesa en todo el mundo; la antigüedad, si no nos separamos de ninguna forma de los sentimientos que notoriamente proclamaron nuestros santos predecesores y padres; el consenso general, por último, si, en esta misma antigüedad, abrazamos las definiciones y las doctrinas de todos, o de casi todos, los Obispos y Maestros.


EJEMPLO DE CÓMO APLICAR LA REGLA 

¿Cuál deberá ser la conducta de un cristiano católico, si alguna pequeña parte de la Iglesia se separa de la comunión en la fe universal? 

-No cabe duda de que deberán anteponer la salud del cuerpo entero a un miembro podrido y contagioso. 

Pero, ¿y si se trata de una novedad herética que no está limitada a un pequeño grupo, sino que amenaza con contagiar a la Iglesia entera? 

-En tal caso, el cristiano deberá hacer todo lo posible para adherirse a la antigüedad, la cual no puede evidentemente ser alterada por ninguna nueva mentira. 

¿Y si en la antigüedad se descubre que un error ha sido compartido por muchas personas, o incluso por toda una ciudad, o por una región entera? 

-En este caso pondrá el máximo cuidado en preferir los decretos -si los hay- de un antiguo Concilio Universal, a la temeridad y a la ignorancia de todos aquellos. 

¿Y si surge una nueva opinión, acerca de la cual nada haya sido todavía definido? 

-Entonces indagará y confrontará las opiniones de nuestros mayores, pero solamente de aquellos que, siempre permanecieron en la comunión y en la fe de la única Iglesia Católica y vinieron a ser maestros probados de la misma. Todo lo que halle que, no por uno o dos solamente, sino por todos juntos de pleno acuerdo, haya sido mantenido, escrito y enseñado abiertamente, frecuente y constantemente, sepa que él también lo puede creer sin vacilación alguna.


EJEMPLOS HISTÓRICOS DE RECURSO A LA UNIVERSALIDAD Y A LA ANTIGÜEDAD CONTRA EL ERROR 

Para poner más de relieve cuanto he dicho, documentaré con ejemplos mis aserciones, tratando de ello con un poco de mayor detenimiento, para que no suceda que el deseo de ser breve a toda costa, me haga dejar atrás cosas importantes.

En el tiempo de Donato, de quien han tomado el nombre los donatistas, una parte considerable de África siguió las delirantes aberraciones de este hombre. Olvidándose de su nombre, de su religión de su profesión de fe, antepusieron a la Iglesia de Cristo la sacrílega temeridad de un solo individuo.

Quienes se opusieron entonces al impío cisma permanecieron unidos a las Iglesias del mundo entero y sólo ellos entre todos los africanos pudieron permanecer a salvo en el santuario de la fe católica. Obrando así, dejaron a quienes habrían de venir el ejemplo egregio de cómo se debe preferir siempre el equilibrio de todos los demás a la locura de unos de pocos.

Un caso análogo sucedió cuando el veneno de herejía arriana contaminó no ya una pequeña región, sino el mundo entero, hasta el punto de que casi todos los obispos latinos cedieron ante la herejía, algunos obligados con violencia, otros sacerdotes reducidos y engañados.

Una especie de neblina ofuscó entonces sus mentes, y ya no podían distinguir, en medio de tanta confusión de ideas, cuál era el camino seguro que debían seguir. Solamente el verdadero y fiel discípulo de Cristo que prefirió la antigua fe a la nueva perfidia no fue contaminado por aquélla peste contagiosa.

Lo que por entonces sucedió muestra suficientemente los graves males a que puede dar lugar un dogma inventado.

Todo se revolucionó: no sólo relaciones, parentescos, amistades, familias, sino también ciudades, pueblos, regiones. El mismo Imperio Romano fue sacudido hasta sus fundamentos y trastornado de, arriba abajo cuando la sacrílega innovación arriana, como nueva Bellona o Furia, sedujo incluso al Emperador, el primero de todos los hombres.

Después de haber sometido a sus nuevas leyes incluso a los más insignes dignatarios de la corte, la herejía empezó a perturbar, trastornar, ultrajar toda cosa, privada y pública, profana y religiosa. Sin hacer ya distinción entre lo bueno y lo malo, entre lo verdadero y lo falso, atacaba a mansalva a todo el que se ponía por delante. Las esposas fueron deshonradas, las viudas ultrajadas, las vírgenes profanadas. Se demolieron monasterios, se dispersaron los clérigos; los diáconos fueron azotados con varas y los sacerdotes fueron enviados al exilio. Cárceles y minas se colmaron de santos. Muchísimos, arrojados de las ciudades, anduvieron errantes sin posada hasta que en los desiertos, en las cuevas, entre las rocas abruptas perecieron miserablemente, víctimas de las bestias salvajes y de la desnudez, del hambre y de la sed.

¿Y cuál fue la causa de todo esto? Una sola: la introducción de creencias humanas en el lugar del dogma venido del cielo. Esto ocurre cuando, por la introducción de una innovación vacía, la antigüedad fundamentada en los más seguros basamentos es demolida, viejas doctrinas son pisoteadas, los decretos de los Padres son desgarrados, las definiciones de nuestros mayores son anuladas; y esto, sin que la desenfrenada concupiscencia de novedades profanas consiga mantenerse en los nítidos límites de una tradición sagrada e incontaminada.


COMMONITORIO
San Vicente de Lerins


viernes, 8 de marzo de 2024

El espíritu del mundo es señal de reprobación

 



La firmeza doctrinal del Padre Pío



Este último año de un siglo cada vez más decadente ha visto en el mes de mayo la beatificación del Padre Pío ese santo religioso que Dios ha colocado como un signo para nuestra época. En efecto, mientras se quiere hacernos creer en una nueva Iglesia "carismática", no se encuentran más auténticos "santos milagrosos" como todos aquellos que jalonaron la historia de la Iglesia desde Pentecostés. El Padre Pío parece terminar así su radiante procesión, y de una magnífica manera: como el único sacerdote que llevó los estigmas de Nuestro Señor Jesucristo.

Se ha escrito mucho sobre el Padre Pío -al parecer, más de seiscientas obras- y se ha insistido mucho sobre lo que tenía de extraordinario en su vida: no solamente sus numerosos carismas (penetración de conciencias, curaciones, resurreciones, bilocaciones, éxtasis, aromas, profecías, etc...) sino también los increíbles sufrimientos que sobrellevó desde su más tierna infancia, las persecuciones sufridas por parte de algunos hombres de Iglesia y hasta de cofrades en religión. Todo esto, sin olvidar sus dos grandes obras de caridad: la fundación de la " Casa del sufrimiento" y de los "Grupos de oraciones".

Entonces, se nos presenta al Padre Pío como un santo más admirable que imitable, y -al fin de cuentas- las lecciones más interesantes de esta vida corren el riesgo de escapársenos, junto con las aplicaciones prácticas que podrían transformar nuestra existencia. Así es que vamos a tratar -bien que imperfectamente- de destacar algunas, esperando saber sacar provecho de ellas, y pidiendo que el Padre, desde lo alto, nos asista fuertemente tal como lo ha prometido a todos los que quisieran ser sus "hijos espirituales".

En el punto de partida de una vida totalmente sacrificada por Dios y por las almas, que había una familia pobre, piadosa y numerosa, donde la abnegación de cada uno suavizaba y transfiguraba las demás realidades diarias. Esto confirma aquella justa sentencia de Mons. de Ségur, que dice que en las familias donde no reina el espíritu de sacrificio las vocaciones están más comprometidas.

Bautizado al día siguiente de su nacimiento -por lo que dará gracias a Dios durante toda su vida- recibió el nombre de Francisco, preludio de su vocación franciscana que se habría de revelar con ocasión de las visitas de un hermano capuchino que iba a mendigar el alimento para su convento.

Su vocación no se decidiría sin esfuerzo: "Sentía dos fuerzas que se enfrentaban en mí, desgarrándome el corazón: el mundo me quería para él, y Dios me llamaba a una nueva vida. Dios mío, ¿cómo describir mi martirio? El único recuerdo de la lucha que se desarrollaba en mí me hiela la sangre en las venas..."

Entró en el noviciado cuando aún no había alcanzado los dieciséis años. Arriba de la puerta de la clausura, para acogerlo, estaba un cartel: "O la penitencia, o el infierno".

Su programa consistía en muchas oraciones, bastante trabajo y poca lectura, limitándose ésta al estudios de la Regla y las Constituciones.

El Hermano Pío pronto se empezó a destacar por la abundancia de las lágrimas que derramaba durante la oración de la mañana, consagrada en los capuchinos a la meditación sobre la Pasión, lo cual lo obligaba a extender un pañuelo ante sí, sobre el piso del santuario. Como con San Francisco, fue ante todo por esa amorosa y compasiva contemplación de Jesús crucificado a lo que el Padre Pío debió la gracia de recibir más tarde los dolorosos estigmas en su cuerpo. Sin embargo, como se lo confiaría a su director espiritual, el Padre Agostino, "las luchas espirituales, en comparación con las que sufro en mi carne, son muy superiores".

Parece que Dios espera que los justos expíen más especialmente en sí mismos, por medio de la tentación, los pecados públicos de sus contemporáneos. En la época en que el psicoanálisis desculpabilizante iba ganando más y más terreno, el Padre Pío -como la pequeña Teresita- tuvo que sufrir una terrible crisis de escrúpulos "casi insoportable" que lo atormentó por tres largos años. Después de la tempestad, la noche. Noche del espíritu que duró varias decenas de años, tachonada con raras claridades: "vivo una noche perpetua(...) me veo molestado en todo, y no sé si obro bien o mal. No es un escrúpulo, lo sé: la incertidumbre de no saber si agrado o no al Señor es lo que me aplasta. Y esto, en todo y todo lugar: en el altar, en el confesionario... en todo lugar". Sus máximas deben ser meditadas bajo la perspectiva de estas pruebas místicas: "El amor es más bello en el temor, porque es así como nos fortalece". O "Cuanto más se ama a Dios, menos se le siente".

Santa Teresita le opuso su pequeño caminito de la infancia espiritual al orgulloso racionalismo de su tiempo, pero también lo expió con unas terribles tentaciones contra la fe. Se conoce su famoso "¡ Quiero creer !"

También el Padre Pío conoció pruebas violentas y prolongadas contra la fe, como lo testimonian sus cartas dirigidas al Padre Agostino: "Las blasfemias me atraviesan el espíritu sin cesar y, más todavía, las ideas falsas, como las ideas de infidelidad y de falta de fe. Me siento el alma traspasada en cada instante de mi vida, me muero... Mi fe es todo un esfuerzo de mi pobre voluntad contra toda persuasión humana. En suma, mi fe es el fruto de los continuos esfuerzos que hago sobre mí mismo. Y todo esto, Padre mío, no es algunas veces por día, sino que es algo continuo... ¡ Padre mío, qué difícil es creer !"

Son preciosas lecciones para nosotros, si nos extrañamos por ser tentados hasta allí.

¿Comó sobrellevó el Padre Pío estas terribles pruebas?

De la forma en que lo había aprendido durante su noviciado: con la oración asidua, la mortificación de sus sentidos, la fidelidad costare lo que costase a las exigencias del deber de esta doy, por fin, con la obediencia perfecta al sacerdote encargado de su alma.

Esta experiencia, duramente adquirida, le permitió muy rápidamente atraer sobre sí almas deseosas de perfección, y ser exigente con ellas: a sus dirigidos, desde un primer momento les trazaba un programa de cinco puntos: confesión cada semana, comunión y lectura espiritual diarias, examen de conciencia cada noche, oración mental dos veces por día. En cuanto al Rosario, se imponía por sí mismo.

"La confesión es el baño del alma. ¡Hay que hacerla cada ocho días por lo menos! ¡Si en una habitación bien limpia y hasta desocupada, entramos luego de ocho días, verán que en ella hay polvo, y tiene la necesidad de ser limpiada de nuevo!"

A aquel que se declara indigno de comulgar, el Padre Pío le contestaba: "Eso es muy verdadero, no somos dignos de un don semejante. Sin embargo, acercarse al Santísimo en estado de pecado mortal es una cosa, y ser indigno de Él es otra cosa completamente diferente. Todos nosotros somos indignos, pero es Él quien nos invita. Es Él quien lo quiere. Humillémosnos y recibámoslo con un corazón contrito y lleno de amor".

A otro que le decía que el examen de conciencia le parecía inútil, pues en cada una de sus acciones su conciencia le mostraba claramente si lo que hacía era bueno o malo, le replicaba: "Está bien dicho, pero todo mercader avisado de este mundo no se limita a controlar durante el día si perdió o ganó luego de cada venta. A la noche hace sus cuentas de todo el día para establecer lo que conviene hacer al día siguiente. De esto se sigue que es indispensable hacer cada noche un riguroso examen de conciencia, breve pero lúcido".

"El daño que produce en las almas la privación de la lectura de los Libros Santos me hace temblar de horror... ¡Qué fuerza tiene la lectura sagrada para conducir a cambiar el camino, y para hacer entrar en el camino de la perfección hasta a las personas mundanas!"

Cuando el Padre Pío fue condenado a no poder ejercer ningún ministerio, ocupó sus tiempos libres, no para leer el diario, "el evangelio del diablo", sino numerosos libros de doctrina, historia y espiritualidad. Lo cual no le impidió decir: "A Dios se lo busca en los libros, pero se lo encuentra en la oración.

Sus consejos para la oración eran muy simples: "Cuando no logren meditar bien, no dejen por eso de hacer su deber. Si las distracciones son numerosas, no pierdan el ánimo, hagan la meditación pacientemente, y ganarán a pesar de todo. Fijen el tiempo, la duración de su meditación, y no se muevan de su lugar hasta no haberla terminado, aún si debieran ser crucificados... ¿Por qué ustedes se inquietan tanto por no saber meditar como quisieran? La meditación es un medio para alcanzar a Dios, no es un fin. La meditación apunta al amor de Dios y del prójimo. Amen a Dios con toda su alegría y sin reservas, amen al prójimo como a sí mismos y habrán realizado la mitad de su meditación".

Lo mismo para la asistencia al Santo Sacrificio de la Misa: debe consistir más en actos (contrición, fe, amor) que en consideraciones intelectuales.

A quien le preguntaba si era necesario seguir la Misa con un misal, el Padre Pío le respondía que el misal soló le era necesario al sacerdote. Para él, la mejor manera de asistir al Santo Sacrificio era unirse a la Virgen de los Dolores, al pie de la cruz, en la contemplación y el amor. Solamente en el paraíso -aseguraba- uno podrá darse cuenta de todos los beneficios que habremos recibido participando de la Santa Misa.

El Padre Pío, que era tan afable y agradable en las relaciones humanas, podía volverse duro y rígido cuando el honor de Dios estaba en juego, particularmente en la Iglesia: "El murmullo de los fieles era interrumpido por el Padre, que fulminaba con la mirada a cualquiera que no observara una actitud de oración... Si alguien permanecía de pie, aunque fuese por falta de lugar, lo invitaba perentoriamente a ponerse de rodillas para participar dignamente del Santo Sacrificio de la Misa".

El monaguillo demasiado desenvuelto se llevaba también sus reproches: "Chiquito, si quieres ir al infierno, no tienes necesidad de mi firma".

También le había declarado la guerra sin cuartel a las modas de la posguerra: "El Padre Pío, sentado en su confesionario abierto, vigila todo el año que las mujeres y las jóvenes que se confiesan con él no lleven vestidos cortos (exigía que las faldas oculten las rodillas). A menudo había lágrimas: ¡esperar tanto tiempo para confesarse y hacerse excluir por causa de una falda demasiado corta!... Entonces, algunas almas buenas se adelantan para ofrecer su ayuda: en un rincón se descose un dobladillo, o se presta un abrigo. Luego, el Padre acepta a veces admitir a las humilladas a la confesión ".

A su director espiritual, que un día le reprochó su conducta a veces tan severa, le contestó: "Puedo obedecerle; sin embargo, Jesús es quien me va diciendo cada vez cómo actuar con la gente".
Se trataba, entonces, de una severidad inspirada desde arriba, únicamente querida por el honor de Dios y la salvación de las almas: "Las mujeres que buscan la vanidad en sus vestidos no podrán revestirse jamás de la vida de Jesucristo, y pierden todo adorno del alma desde que ese ídolo entra en su corazón".

Y que no le reprocharan una falta de caridad: "Les ruego que no me aflijan más llamando a la caridad, pues la caridad más grande es la de arrancar a las almas ligadas por Satanás para ganarlas para Cristo".

Modelo de respeto y de sumisión hacia sus superiores eclesiásticos y religiosos, en particular en ocasión de las persecuciones contra su persona, no podía permanecer mudo ante una desviación nefasta para la Iglesia.

Antes mismo del fin del concilio, en febrero de 1965, se le anunció que pronto habría que celebrar la Misa con un nuevo rito ad experimentum en lengua vernácula, y elaborada por una comisión litúrgica conciliar para responder a las aspiraciones del hombre moderno. Antes mismo de tener el texto ante sus ojos, le escribió inmediatamente a Pablo VI para pedirle dispensa de esta experiencia litúrgica y poder seguir celebrando la Misa de San Pío V.

Ante el Cardenal Bacci, el enviado del Papa que se había desplazado personalmente para traerle esa autorización, el Padre Pío dejó escapar una queja: "Por piedad, terminen rápidamente el Concilio". El mismo año, en medio de la euforia conciliar que prometía "una nueva primavera" para la Iglesia y para el mundo, el Padre le confió a uno de sus hijos espirituales: "Recemos en esta época de tinieblas. Hagamos penitencia por los elegidos".

Y, sobre todo, por aquel que debe ser su pastor de aquí abajo. Toda su vida se iba a "inmolar" por el Papa reinante, cuya foto se encontraba siempre entre las pocas imágenes de su celda.

Otras escenas harto significativas de reacciones contra el aggiornamento que las órdenes religiosas experimentaron desde el día siguientes del Vaticano II fueron éstas (las citas están extraídas de una obra que posee el Imprimatur): "El Padre General (de los franciscanos) vino de Roma antes del Capítulo especial para las Constituciones, en 1966, para pedirle al Padre Pío oraciones y bendiciones. Lo encontró en el comedor del convento: Padre, he venido para encomendarle el Capítulo especial para las nuevas Constituciones. Apenas oyó, Capítulo especial, nuevas Constituciones, el Padre Pío hizo un gesto violento y lanzó ¡no son más que palabras y ruinas!. Pero qué quiere, Padre, las nuevas generaciones...los jóvenes evolucionan a su manera...hay nuevas exigencias. El Padre Pío le dijo es el cerebro y el corazón los qué faltan, nada más: la inteligencia y el amor.

"Luego, se dirigió hacia su celda; se dio vuelta, y lo apuntó con su dedo, diciéndole; ¡No nos desnaturalicemos, no nos desnaturalicemos! ¡En el juicio de Dios, San Francisco no nos reconocerá como sus hijos!"

Un año después, la misma escena, pero para el aggiornamento de los capuchinos: " Un día, unos cofrades estaban discutiendo con el Padre Definidor General sobre los problemas de la Orden, cuando el Padre Pío, tomando una actitud extraña, se puso a gritar, fijando su mirada a lo lejos; ¿Pero qué están haciendo en Roma? ¿qué están combinando? ¡Hasta quieren cambiar la Regla de San Francisco! Y el Definidor le dijo: Padre, estos cambios se proponen porque los jóvenes no quieren saber más nada de la tonsura, del hábito, de los pies descalzos.

"¡Expúlsenlos fuera! ¡Expúlsenlos fuera! ¿Pero qué? ¿Ellos le hacen un favor a San Francisco tomando el hábito y siguiendo su modo de vida, o más bien es San Francisco quien les hace un gran don?"

Si se considera que el Padre Pío fue un verdadero alter Christus, que toda su persona, cuerpo y alma, fueron tan perfectamente conformes como le fue posible a los de Jesucristo, este rechazo neto del Novus Ordo Missae y del aggiornamento, debe ser para nosotros una lección que hay que retener. También es notable que el Buen Dios haya querido llamar a Sí a su fiel servidor poco tiempo antes de la imposición implacable del Novus Ordo en la Iglesia y la orden capuchina. Y también lo fue que Datharina Tangari, una de sus hijas espirituales más privilegiadas, haya sostenido tan admirablemente a los sacerdotes de Ecône hasta su muerte, un año después de las consagraciones de 1988.

El Padre Pío era aún menos complaciente con el orden -o más bien, con el desorden- social y político: "Confusión de ideas y reino de ladrones" (en 1966...) Profetizó que los comunistas llegarían al poder "por sorpresa, sin esfuerzo... Nos daremos cuenta de la noche a la mañana".

Lo que no debe extrañarnos es que los pedidos de Nuestra Señora de Fátima no hayan sido escuchados. Hasta le precisó a Mons. Piccinelli que la bandera roja ondearía sobre el Vaticano, "pero eso pasará".

En esto, de nuevo, su conclusión se aproxima a la de la Reina de los Profetas: "Pero al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará". ¿Cómo? Por la omnipotencia divina, ciertamente, pero provocada por las dos grandes fuerzas del hombre: la oración y la penitencia. Es la gran lección que Nuestra Señora quiso recordarnos con insistencia al principio de este siglo: Dios quiere salvar al mundo por la devoción al Corazón Inmaculado de María, y no existe ningún problema, material o espiritual, nacional o internacional, que no pueda ser resuelto por el Santo Rosario y por nuestros sacrificios.

También esta fue, sin duda, la última lección que el Padre Pío ha querido dejarnos, por medio de su ejemplo y sobre todo, por los "Grupos de oración" que difundió por el mundo entero.

"No abandonaba nunca el Rosario, hasta tenía uno bajo su almohada. Rezaba varias decenas de Rosarios por día".

Algunas horas antes de expirar, como se lo urgía a decir todavía algunas palabras más, no supo decir otra cosa que esto: "Amen a la Santísima Virgen y háganla amar. Recen siempre el Rosario".

La próxima glorificación del Venerable Padre Pío ciertamente va a despertar en muchas almas la curiosidad y la admiración por su persona. Podemos aprovechar esto para hacer que se recuerden sus lecciones, si es que sabemos aprovecharlas nosotros mismos, en el amor misericordioso de los Santísimos Corazones de Jesús y María.

HERMANO JUAN
(Tomado de la "Carta a los amigos de San Francisco", del
Convento de Morgon, Francia)

jueves, 1 de febrero de 2024

San Atanasio: Ellos entonces poseen los templos. Vosotros en cambio la tradición de la Fe apostólica...

 


Ellos entonces poseen los templos. Vosotros en cambio la tradición de la Fe apostólica. Ellos, consolidados en esos lugares, están en realidad al margen de la verdadera Fe, en cambio vosotros, que estáis excluidos de los templos, permanecéis dentro de esa Fe. Confrontemos pues ¿qué es más importante, el templo o la Fe? y resultará evidente desde luego, que es más importante la verdadera Fe. Por tanto, ¿quién ha perdido más, o quién posee más, el que retiene un lugar, o el que retiene la Fe? El lugar ciertamente es bueno, supuesto que allí se predique la Fe de los Apóstoles, es santo, si allí habita el Santo. Vosotros sois los dichosos que por la Fe permanecéis dentro de la Iglesia. 

San Atanasio el Grande. 
 Carta del año 356,  Patrología Griega, tomo 26, col. 118/90.

Aquí San Atanasio se refiere a los herejes arrianos que se habían apoderado de los templos, esto mismo se puede aplicar en nuestros días a los herejes modernistas que ocupan nuestros templos.

viernes, 29 de diciembre de 2023

La maldición viste de púrpura. ¿Bendición de parejas del mismo sexo?




Días atrás he preparado unos cuentos navideños en homenaje al Niñito Dios, y las maniobras de altos jerarcas no tiene mejor idea que seguir zahiriendo al Niño con variadas perversidades, por caso, una de las últimas, se ha venido a llamar pomposamente “Fiducia Supplicans”, aberración firmada por el Prefecto de la Doctrina de la Fe (¿?) y aprobada por Francisco (“que la aprobó con su firma”), y que trata de su tan anhelado plan de la “bendición de parejas del mismo sexo” con sellito católico. Y se lo enmarca con la expresión latina Fiducia Supplicans, esto es, confianza suplicante, haciendo gala, ¡por supuesto! de que no se mueven ni un ápice de la doctrina tradicional, siendo que, en verdad, la escupen, la detestan y la suplantan. 

El fariseísmo eclesiástico que, a no dudarlo, ha perfeccionado su manejo canónico y su manejo de la falsa obediencia de Vaticano II a la fecha, se sirve también ventajosamente de los medios de comunicación y de la parafernalia producida por algún caído en desgracia. Así, por caso, durante todos estos días un brazo grueso y púrpura nos mostrará su santísimo rostro capaz de haber condenado a un cardenal que no pudo despegar sus manos de unos billetes y se cebó con algunas propiedades, al tiempo que traían bajo el otro brazo la podredumbre mayor, asquerosa, diabólica, escandalosa y anticatólica de la Fiducia Supplicans. Pues es infinitamente más bajo y satánico la bendición que ahora se propone como buena y católica, que el pecado personal de un cardenal. 

Desde los comienzos del texto el Prefecto deja sentada su real filiación: “nuestro trabajo debe favorecer, junto a la comprensión de la doctrina perenne de la Iglesia, la recepción de la enseñanza del Santo Padre.” Aquí está de alguna manera todo: Fernández ejercita una idolatría por Francisco, no un servicio a la Iglesia Católica. 

Véase en lo siguiente la obsecuencia de Fernández traducida en idolatría papolátrica, como la directa confesión de la innovación: “la presente Declaración se mantiene firme en la doctrina tradicional de la Iglesia sobre el matrimonio, no permitiendo ningún tipo de rito litúrgico o bendición similar a un rito litúrgico que pueda causar confusión. No obstante, el valor de este documento es ofrecer una contribución específica e innovadora al significado pastoral de las bendiciones, que permite ampliar y enriquecer la comprensión clásica de las bendiciones estrechamente vinculada”. Pone lo del matrimonio como dando a entender que está todo bajo control, acorde con la Tradición, mas mete la innovación que ya de por sí repugna a la Tradición, mancilla la doctrina perenne. Nos lo dice en la cara: “contribución específica e innovadora”. Y los resultados los saben de sobra, por eso engañan al decir que rehúyen causar confusión, pues saben que habrá confusión, perplejidad y, en muchos una reafirmación en la apostasía a la que fementidamente se la titulará como “católica”. 

Se gasta tinta en el documento hablando de lo que es una “bendición”, tratando de agarrarla de los pelos para meterla como se pueda en una práctica que por esencia llama a la maldición. No se puede bendecir lo pecaminoso, y una pareja del mismo sexo implica, ¡en su objetividad!, un rechazo a la doctrina católica, a la enseñanza perenne de la Iglesia, a la enseñanza de las Sagradas Escrituras y de la Tradición. Dicho en simple: una pareja del mismo sexo que se presenta para ser bendecida, está diciendo algo así como: “Me importa un bledo lo que haya dicho la Iglesia sobre nosotros, aprueben ahora lo que antes veían como malo. Bendígannos. El mundo se los exige. Nos importa un comino la doctrina de la Tradición Católica, nos importa mucho la doctrina del mundo. Adóptense. Bendigan lo que otrora rechazan como malo”. 

En el punto 25 de la ladina y anticatólica Fiducia, se lee: “La Iglesia, también, debe evitar el apoyar su praxis pastoral en la rigidez de algunos esquemas doctrinales o disciplinares, sobre todo cuando dan «lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar». Por lo tanto, cuando las personas invocan una bendición no se debería someter a un análisis moral exhaustivo como condición previa para poderla conferir. No se les debe pedir una perfección moral previa.” El punto no estriba en la rigidez de la doctrina, sino si es buena o mala. Porque Fernández es sumamente rígido: una rigidez contra la Tradición basada en el fundamentalismo modernista. Es tanta la rigidez que tiene que automáticamente le nacen los epítetos para aplicarlos a quienes no siguen su confesada “innovación”: “elitismo narcisista, autoritario”. Es Fernández el que cae en el narcisismo, pues quiere verse él, él y a quién sigue y quien lo protege; él y su innovación que, sin ver que al tratarse de una novedad, alguien con dos dedos de frente no osaría en tomar a dos mil años de Iglesia por elitismo narcisista y autoritario. Es Fernández el autoritario y tiránico, al calificar al pasado que rechaza, confesando así, mal que le pese, que, en verdad, su prédica de que sigue a la doctrina perenne es puro palabrerío. ¿Y de qué acceso a la gracia vienen a hablar, cuando está requiriendo la bendición de algo que repugna a la gracia? Lo de Fernández no es caridad ni misericordia: es odio a la verdad, al bien, al orden; es desprecio a la enseñanza bimilenaria, es, a no dudarlo, prueba cabal de que se cumple lo de San Pablo: “vendrán tiempos en los que no soportarán la sana doctrina”. 

En el punto 38 se lee: “Por esta razón, no se debe ni promover ni prever un ritual para las bendiciones de parejas en una situación irregular, pero no se debe tampoco impedir o prohibir la cercanía de la Iglesia a cada situación en la que se pida la ayuda de Dios a través de una simple bendición.” Esto es literalmente una mentira y una perfecta sincronización con la confusión en muchos. Pues daría la sensación de que si no se da la innovadora bendición tuchoniana, entonces se cierran las puertas de la casa de Dios. Camelo grande. Nadie cierra las puertas de la Casa de Dios: los que se cierran las puertas son los que quisieran que estuvieran abiertas de otra manera. 

Desde luego que en las citas no hay ni por asomo algo de la Tradición Católica. 

Ahí vamos. Una más para el haber modernista, para el festejo del infierno. Una más para humillar a la Esposa de Cristo, haciendo pasar por católico lo que es diabólico. 

Pero… ¡qué tristeza! Esto será una maniobra más de tantas que se han dado y tantas que vendrán, que caerá en el indiferentismo generalizado. Porque… ¿acaso no es más importante hoy el confort, la noticia ruidosa, y los dictados del mundo? ¿Acaso no es más ventajoso refugiarse en la falsa prudencia, en la obcecada falsa obediencia que ya produce náuseas, y en un escudarse en un accionar egoísta y que descansa en la sinrazón? ¿Acaso no serán más los que liberen sus colmillos contra el pecado de un cardenal que contra un falso amor al que ya hasta la médula se lo defiende como verdadero amor? 

La maldición de Satanás llegó a las manos de algunos eclesiásticos (varios de ellos encumbrados), pues muchos maldecirán llamando a eso bendición. La maldición viste de púrpura. Harán otra obra de Satán creyendo imbécilmente que bendicen. Porque jugar a que se bendice el pecado, es maldecir las almas y ayudarlas a encaminarse más al infierno. Bienvenido gran Profeta Isaías: “¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas!” (Is. 5, 20).

Tomás I. González Pondal

sábado, 11 de febrero de 2023

Profecías del Venerable Juan Taulero



«El riesgo que padecemos, dice, es grande, así del cuerpo como del alma. Verdaderamente, las señales que prometen estas terribles y espantosas plagas, en parte son éstas: vestidos rasgados, breves rotos, ya de esa forma, ya en un instante de la otra; ahora así, y al punto con abominable transformación variados con insolentes y lascivos modos. Todo lo cual sin duda procede de la sugestión de los malignos espíritus y de su introducción en los corazones de los hombres: como casi doscientos años ha predicho clarísimamente Santa Hildegardis y profetizándolo procuró avisar al mundo. 

»Qué tales han de ser las plagas susodichas, con mucha distinción las pintó la misma Santa; pero ninguno se atreve a publicarlas porque no las comprende, y es de temer que con tal publicación se aceleren más, que se impidan; empero para que sepan y tengan entendido algunas personas pías cómo se han de portar en los tiempos de estas calamidades, me ha parecido proponerlas aquí debato de parábolas y semejanzas. 

»Tirarán a nuestra Sacrosanta Fe, a los Sacramentos y todas las eclesiásticas y cristianas Constituciones, por lo cual caerán los hombres en tal fluctuación y error, que totalmente ignorarán a cuál por más segura de las católicas verdades podrán creer y en cuál deberán confiar; y la razón porqué permitirá esto la Divina Justicia certísimamente es porque viviendo nosotros tanto tiempo ha tan negligente, o por mejor decir, tan viciosamente, hemos contradicho con nuestra vida y costumbres a la misma fe, y nos hemos atrevido a tratar y recibir con tan manifiesta irreverencia, tan indigna, libre e infructuosamente el dignísimo Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, juntamente con todos los demás Sacramentos, y finalmente con toda la demás santidad cristiana. 

»Entonces, pues, amenazan grandes peligros a los torpes, viciosos y menospreciadores de la Divina inspiración. Más los que tuvieren impresa en sus frentes la señal del Thau, esto es, todos los que por la fe viva de Jesucristo fueren hallados en algún principio y aprovechamiento de mejor vida, quedarán libres de estas plagas; y esto es lo que el glorioso Apóstol San Juan, en el capítulo nono del Apocalipsis, asegura contando estas calamidades, aunque debajo de obscuras palabras, pero descubiertas más claras que la luz por Santa Hildegardis. 

»Además de esto, la suma e intención del fiel y saludable consejo que nos reveló Santa Hildegardis para todos aquellos que alcanzaron aquellos peligrosos tiempos, es ésta: conviene a saber, que condescendiendo pacífica y humildemente con ánimo resignado y prontísima voluntad con su anciana y casi exhausta Madre la Santa Iglesia, obedezcan con voluntaria y obediente resignación a todos sus institutos y doctrinas que públicamente hasta ahora se nos proponen en los púlpitos por los predicadores, y no den crédito a otra cualquiera persuasión, aunque un ángel del cielo lo diga o procure persuadir fuera de lo que nos está evangelizado, como diligentemente estamos prevenidos por Nuestro Señor Jesucristo cuando dijo: «Sobre la Cátedra de Moisés se sentaron los escribas y fariseos, todo lo que os dijeren guardadlo y hacedlo; pero no queráis hacer según sus obras. También San Pablo dice: «Mas aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciare fuera de aquello que os hemos anunciado, sea maldito». 

»Ahora, pues, muy amados míos, estad ciertos que si no procuramos mudar en otra mejor nuestra vida, nos amenazan gravemente las calamidades dichas; de suerte que será tanta la aflicción, que nos traiga a la memoria el día del juicio; porque lo que ahora parece gozar mucha paz, se verá entonces en grandísima molestia. Serán pervertidas las palabras de Dios y casi olvidado el culto divino: unos huirán allí, otros allá, y no se podrá fácilmente saber qué fin tendrán tantas desdichas. En medio de esto el fidelísimo Dios se reservará algún nido en que conserve y guarde los suyos. 

»Aprenda, pues, cada uno a padecer y negarse a sí mismo, escuchando dentro la voz de su Padre, atendiendo a lo que en sí le habla; y fuera la de su Madre, esto es, la Iglesia Santa, porque es una la voz de entrambos; por lo cual el que no trabajare en conocer estas voces es necesario que perezca eternamente, porque se levantará una voz falsa que inducirá en error a todos los que no quisieren oír esta voz paternal, la cual para nosotros suena por la voz de Nuestra Santa Madre la Iglesia en todas las doctrinas, preceptos y consejos. 

» ¡Ay por esto! ¡y otra vez ay! de todos aquellos que a esta voz no quisieren obedecer, para que en verdad se menosprecien a sí mismos y aprendan a ser humildes, porque a éstos inspirará una voz horrenda de desesperación, diciendo unos falsos doctores que es falso y fingido cuanto los Doctores de la antigua verdad aquí han enseñado. 

»Cualesquiera, pues, que en su fondo estuvieren destituidos de humildad y perseveraren por su propio sentido beneplácito en aquellos sus engañosos y sutiles conceptos, todos éstos se precipitarán en tantos errores, que creerán que todos los ritos e institutos de la Iglesia son mentirosos y ajenos de toda verdad, lo cual verdaderamente por la mayor parte procederá de su viciosisimo fondo, y también porque estarán totalmente apartados del vivo y verdadero fondo, porque la verdadera humildad es amar a Dios de todo, en todo y por todo. Este es, muy amados míos, el verdadero fundamento de todo bien. 

» ¡Oh, sí pudierais prevenir, carísimos, en cuántas angustias y peligros se han de ver envueltos el mundo y todos aquellos que en el centro de su alma no se llegaren puramente a Dios, o a lo menos a sus amigos! ¡y cuán terriblemente se hará con ellos! y, finalmente, ¡cómo será pisada y ultrajada la Fe verdadera! Digo que si lo llegarais a entender, vuestros sentidos naturales de ninguna manera lo pudieran sufrir; los que alcanzaréis a vivir entonces, pensad cuánto tiempo antes se os ha dicho».

 

Venerable Juan Taulero, Dominico
 (Instituciones divinas, cap. XLVI. Traducción del siglo XVII)

 

Apología del Gran Monarca 1ª Parte, 
Páginas, 200, 201 y 202.
P. José Domingo María Corbato

jueves, 1 de diciembre de 2022

Profecías de la Beata Ana Catalina Enmerich - El Hedonismo y la Cruz

 


EL HEDONISMO Y LA CRUZ

... se guardaba silencio sobre la cruz, sobre el sacrificio y la satisfacción, sobre el mérito y el pecado, donde los hechos, los milagros y los misterios de la historia de nuestra redención debían dejar paso a «profundas teorías de la revelación», donde el hombre-Dios, para ser soportado, sólo debía ser presentado como «el amigo de los hombres, de los niños, de los pescadores», donde su vida no tenía valor más que como «enseñanza», su Pasión como «ejemplo de virtud», su muerte como «caridad» sin objeto; donde se le quitaba al pueblo creyente el antiguo catecismo que se reemplazaba por «historias bíblicas» donde la falta total de doctrina debía de ser velada bajo «un lenguaje ingenuo al alcanza de todas las inteligencias»; donde los fieles estaban forzados a «cambiar todos sus libros de piedad», sus viejas formulas de plegaria y sus antiguos cánticos por producciones de fábrica moderna «tan malas y tan impías» como aquellas por las que se intentaba reemplazar el misal, el breviario y el ritual. (AA.II.415)

No es solamente para los incrédulos y los enemigos de Dios que combatían a la santa Iglesia con todas las armas de la violencia y de la astucia, que la cruz era una locura y un escándalo, sino que, al margen de los hombres que no querían renegar de la fe en Jesucristo, uno se asustaba del número de aquellos que comprendían todavía el testimonio del príncipe de los Apóstoles: «Sabed que no habéis sido rescatados por el oro y la plata, cosas perecederas, sino por la sangre preciosa de Cristo, como por la de un cordero sin mancha.»

sábado, 26 de noviembre de 2022

JURAMENTO ANTI-MODERNISTA DEL PAPA SAN PÍO X


Motu Propio: “SACRORUM ANTISTITUM” 
 
Impuesto al clero en septiembre de 1910 
 por S.S. Pío X " 

Yo...abrazo y recibo firmemente todas y cada una de las verdades que la Iglesia por su magisterio, que no puede errar, ha definido, afirmado y declarado, principalmente los textos de doctrina que van directamente dirigidos contra los errores de estos tiempos.” 

 “En primer lugar, profeso que Dios, principio y fin de todas las cosas puede ser conocido y por tanto también demostrado de una manera cierta por la luz de la razón, por medio de las cosas que han sido hechas, es decir por las obras visibles de la creación, como la causa por su efecto.” 

“En segundo lugar, admito y reconozco los argumentos externos de la revelación, es decir los hechos divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías, como signos muy ciertos del origen divino de la religión cristiana. Y estos mismos argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la inteligencia de todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el tiempo presente.” 

“En tercer lugar, creo también con fe firme que la Iglesia, guardiana y maestra de la palabra revelada, ha sido instituida de una manera próxima y directa por Cristo en persona, verdadero e histórico, durante su vida entre nosotros, y creo que esta Iglesia esta edificada sobre Pedro, jefe de la jerarquía y sobre sus sucesores hasta el fin de los tiempos.” 

“En cuarto lugar, recibo sinceramente la doctrina de la fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, SIEMPRE CON EL MISMO SENTIDO Y LA MISMA INTERPRETACIÓN. POR ESTO RECHAZO ABSOLUTAMENTE LA SUPOSICION HERETICA DE LA EVOLUCION DE LOS DOGMAS, según la cual estos dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio. 

"Igualmente, repruebo todo error que consista en sustituir el deposito divino confiado a la esposa de Cristo y a su vigilante custodia, por una ficción filosófica o una creación de la conciencia humana, la cual, formada poco a poco por el esfuerzo de los hombres, sería susceptible en el futuro de un progreso indefinido.”

“Consecuentemente: mantengo con toda certeza y profeso sinceramente que la fe no es un sentido religioso ciego que surge de las profundidades tenebrosas del "subconsciente", moralmente informado bajo la presión del corazón y el impulso de la voluntad, sino que es un verdadero asentamiento de la inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente por la enseñanza recibida EX CATEDRA, asentamiento por el cual creemos verdadero, a causa de la autoridad de Dios cuya veracidad es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y revelado por el Dios personal, nuestro creador y nuestro Maestro". 

“En fin, de manera general, profeso estar completamente indemne de este error de los modernistas, que pretenden no hay nada divino en la tradición sagrada, o lo que es mucho peor, que admiten lo que hay de divino en el sentido panteísta, de tal manera que no queda nada más que el hecho puro y simple de la historia, a saber: El hecho de que los hombres, por su trabajo, su habilidad, su talento continúa a través de las edades posteriores, la escuela inaugurada por Cristo y sus Apóstoles. Para concluir, sostengo con la mayor firmeza y sostendré hasta mi ultimo suspiro, la fe de los Padres sobre el criterio cierto de la verdad que está, ha estado y estará siempre en el episcopado transmitido por la sucesión de los Apóstoles; no de tal manera que esto sea sostenido para que pueda parecer mejor adaptado al grado de cultura que conlleva la edad de cada uno, sino de tal manera que LA VERDAD ABSOLUTA E INMUTABLE, predicada desde los orígenes por los Apóstoles, NO SEA JAMAS NI CREIDA NI ENTENDIDA EN OTRO SENTIDO. 

“Todas estas cosas me comprometo a observarlas fiel, sincera e INTEGRAMENTE, a guardarlas inviolablemente y a no apartarme jamás de ellas sea enseñando, sea de cualquier manera, por mis palabras y mis escritos...".

viernes, 2 de septiembre de 2022

La Cremación

 


Pregunta:

¿Puede aceptarse la cremación siempre que el cuerpo permanezca inalterado durante el funeral y sólo sea cremado luego de la Misa de Responso?

Respuesta del Padre Peter R. Scott.

Es falso afirmar que la cremación es aceptable siempre que el cuerpo esté presente en el funeral.

Las leyes tradicionales de la Iglesia son muy explícitas en este punto. A aquéllos que hayan solicitado que sus cuerpos sean cremados, se les negará cristiana sepultura, a menos que hubieren dado alguna muestra de arrepentimiento (Canon 1240, §1, 5). Esto significa que se les negará cualquier tipo de Misa de Responso o ceremonia pública, incluso una Misa de aniversario (Canon 1241). La razón de este estricto reglamento se encuentra en el hecho de que los masones y los enemigos de la Iglesia, que no creen en la resurrección del cuerpo, alentaron esta práctica como una negación clara al respeto que se merece el cuerpo como templo del Espíritu Santo, que resucitará en el último día. Es una costumbre pagana, abominable a la santidad de la vida Católica.

Es cierto que en 1963, durante el Concilio Vaticano II, se flexibilizó esta ley. El Código de Derecho Canónico de 1983 refleja este cambio estableciendo que la cristiana sepultura sólo se le negará a aquellas personas que hayan elegido la cremación por razones opuestas a la Fe Católica (Canon 1184, §1, 2). Esta expresión ambigua abrió las puertas a la cremación sin control, con su consecuente falta de respeto por el cuerpo, sellado con la Santísima Trinidad en el bautismo.

Sin embargo, es una cuestión discutible, pues la Iglesia Conciliar ha abandonado cualquier Misa de Responso, y no sólo la de aquéllos que han sido o habrán de ser cremados. Aquí subyace la tragedia real, pues el Sacrificio de la Misa no se ofrece más por el eterno descanso de las pobres almas sufrientes del Purgatorio.

En lo que concierne a los verdaderos católicos, la cremación no es una práctica aceptable, excepto en casos extremos de peligro, como en el caso de plagas u otras enfermedades infecciosas. Tiene que seguir tratándose como una negación clara al dogma católico referente al cuerpo como templo del Espíritu Santo y la resurrección del cuerpo. Los sacerdotes tradicionales deben consecuentemente, rehusar celebrar los servicios de la cristiana sepultura y la Misa de Responso para todas aquellas personas que hayan solicitado que sus cuerpos sean cremados. Y más aún, los católicos tradicionales tienen el deber de explicar esta situación a sus familiares, para no encontrarse en la situación de tener que implementar la cremación o negar una Misa de Responso.

Fuente: TradiciónCatólica.com