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viernes, 5 de diciembre de 2025

La Virgen María en ejemplos 20: Curación extraordinaria obtenida con agua de Fátima

 


Aldina dos Prazeres Santos, residente en Mondim da Beira, diócesis de Lamego (Portugal), se matriculó, a los 19 años, en el curso de puericultura de la Maternidad «Julio Dinis», en la ciudad de Oporto. Allí cumplía sus deberes escolares sin descuidar el cumplimiento de sus deberes religiosos. 

A fines de Enero de 1948, fue acometida por una terrible y desconocida enfermedad: grave inflamación en los labios, con una escasa supuración al principio y luego abundante. Una pestilente y nauseabunda llaga, con olor repugnante, cubría sus labios, tanto en la parte interior como exterior. Varios y competentes clínicos la examinaron cuidadosamente: Dra. Lucinda Gouveia, médica del curso de puericultura, Drs. Augusto Barata y Aureliano da Fonseca. Pasaron cuatro meses de ruda probación para esta joven. Intervinieron aún, en el estudio de este caso, los siguientes clínicos: Dr. Goncalves de Azevedo, Dr. Oscar Ribeiro y Dr. Rodrigues Gomes, todos profesores en el referido curso de puericultura en la Maternidad «Julio Dinis», y todos ellos muy competentes. 

Como los síntomas extrínsecos indicaran el escorbuto, fue tratada, sin resultado alguno, de esta enfermedad. Supusieron ser difteria, pero el análisis dio resultado negativo. Aplicaron a la enferma un millón de unidades de penicilina, obteniendo entonces algunas mejoras, que dieron a la enferma esperanzas del completo restablecimiento. Como le era imposible servirse del tenedor y de la cuchara, su alimentación exclusivamente líquida, la hizo enflaquecer extraordinariamente. 

En Abril, las mejoras desaparecieron totalmente, volviendo al estado primitivo. Aldina supo llevar resignadamente tan grave desilusión. Enferma y los médicos desesperaban de la posibilidad de curación. Recurrieron por segunda vez a la penicilina, pero esta vez la enferma empeoró de manera extraordinaria. 


Desengañada de la terapéutica humana, la pobre enferma puso en Dios toda su esperanza: Acudió a Nuestra Señora de Fátima. Doña María Emilia Teixeira, peregrina de Cova de Iría, trajo de allí una vasija con agua. La Virgen podía curarla, si quisiese. Experimentarían. 

El 21 de junio de 1948, cerca de las once, Aldina humedeció por vez primera sus labios con el agua de Fátima, repitiendo durante el día la misma operación. El mismo día, por la tarde, Aldina estaba completamente curada. 

La curación se operó durante pocas horas; fue rápida y completa.

(«La Voz de Fátima», marzo 1951).


Milagros de Fátima.
Fr. Antonio Corredor García o.f.m.

lunes, 13 de mayo de 2024

Nuestra Señora de Fátima- 13 de Mayo




Oración a Nuestra Señora de Fátima

¡Oh santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a vuestro Divino Hijo y a vuestro Corazón Inmaculado.


domingo, 12 de mayo de 2024

El Ave María de Fátima

 


El trece de Mayo la Virgen María 
bajó de los cielos a Coya de Iría, 
Ave, ave, ave María.. 
Ave, ave, ave María. 

A tres pastorcitos la Madre de Dios 
descubre el misterio de su corazón. 
Ave, etc. 

Haced penitencia, haced oración, 
por los pecadores implorad perdón. 
Ave, etc. 

El Santo Rosario constantes rezad 
y la paz al mundo el Señor dará. 
Ave, etc. 

Las modas arrastran al fuego infernal, 
vestid con decencia si os queréis salvar. 
Ave, etc. 

De vuestros hijitos oh, Madre, escuchad 
la tierna plegaria y danos la paz 
Ave, etc 

Cuántos al infierno van sin remisión, 
se salvará el mundo por mi Corazón. 
Ave, etc. 

¡Oh Virgen del Rosario! de Fátima Señora; 
de todo el mundo Reina de hombres protectora. 

¡Oh Virgen del Rosario! de Fátima Señora; 
en este mundo Madre, tú eres Mediadora.

viernes, 13 de octubre de 2023

FATIMA - El Día 13 (Película Subtitulada)

 



FATIMA - EL DIA 13

Un Milagro en Fátima (The 13th Day, en el original en inglés, es una película cinematográfica de 2009, dirigida por los hermanos Ian y Dominic Higgins, que relata la historia de la más famosa aparición mariana del Mundo católico: La de Nuestra Señora de Fátima. Esta película recrea las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima, Portugal, presenciadas por los tres pequeños pastorcitos portugueses, Lucía de Santos y sus primos Jacinta y Francisco Marto.

La película presenta una gran peculiaridad: es que transcurre toda en blanco y negro, aunque se altere para colores en los momentos en que aparece la Santísima Virgen María o cuando se concretiza el Milagro del Sol. Fue presentada a 13 de Mayo de 2009 en el Festival Internacional de Cine de Cannes.

Elenco Actor/Actriz Personaje

Jane Lesley María de Santos (madre de Lucía de Santos)

Michael D'Cruce António de Santos (padre de Lucía de Santos)

Kelley Costigan Olympia de Jesús (madre de Jacinta y Francisco Marto)

Tarek Merlin Artur de Oliveira Santos


sábado, 13 de mayo de 2023

domingo, 16 de abril de 2023

LAS APARICIONES DE NUESTRA SEÑORA DE FATIMA


Primera aparición- Día 13 de Mayo de 1917


Estando jugando con Jacinta y Francisco, en lo alto de la pendiente de Cova de Iría, haciendo una pared alrededor de una mata, vimos de repente algo como un relámpago.


—Es mejor que nos vayamos a casa —dije a mis primos—, está haciendo relámpagos; puede haber tormenta.

—Pues, sí.

Y comenzamos a bajar la cuesta, llevando las ovejas en dirección de la carretera. Al llegar poco más o menos a la mitad de la pendiente, muy cerca de una encina grande que allí había, vimos otro relámpago, y habiendo dado algunos pasos adelante, vimos sobre una encina una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol, esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal, lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Nos paramos sorprendidos por la Aparición. Estuvimos tan cerca que nos quedamos dentro de la luz que la cercaba o que Ella esparcía. Tal vez a metro y medio de distancia, más o menos. Entonces Nuestra Señora nos dijo:

—No tengáis miedo! No os hago mal.

—¿De dónde es Vd.? —le pregunté.

—Soy del Cielo.

—¿Y qué es lo que Vd. me quiere?

—Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13, a esta misma hora. Después os diré quién soy y qué quiero. Después volveré aquí todavía una séptima vez.

—Y ¿yo también voy al Cielo?

—Sí, vas.

—Y ¿Jacinta?

—También.

—Y ¿Francisco?

—También; pero tiene que rezar muchos rosarios.

Entonces me acordé de preguntar por dos muchachas que habían muerto hacía poco. Eran mis amigas y estaban en mi casa a aprender de tejedoras con mi hermana mayor.

—¿María de las Nieves ya está en el Cielo? —Sí, está. (Me parece que debía tener unos dieciséis años.)

—Y ¿Amelia? —Estará en el Purgatorio hasta el fin del mundo. (Me parece que debía de tener de dieciocho a veinte años.)

—¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quiera enviaros, en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?

—Sí, queremos.

—Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestra confortación.

Fue al pronunciar estas últimas palabras (la gracia de Dios, etcétera) que abrió por primera vez las manos comunicándonos una luz tan intensa como reflejo que de ellas despedía, que nos penetraba en el pecho y en lo más íntimo del alma, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios que era esa luz, más claramente que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces por un impulso íntimo, también comunicado, nos caímos de rodillas y repetíamos íntimamente: "Oh Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío; yo te amo en el Santísimo Sacramento." Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora añadió:

—Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz en el mundo y el fin de la guerra.

En seguida comenzó a elevarse serenamente, subiendo en dirección al saliente, hasta desaparecer en la inmensidad de la distancia. La luz que la rodeaba iba como abriendo camino en la bóveda de los astros, motivo por el cual alguna vez decíamos que vimos abrirse el cielo.

Me parece que ya expuse en el escrito sobre Jacinta o en una carta, que el miedo que sentimos no fue propiamente de Nuestra Señora, sino de la tronada que supusimos iba a venir; y de ella, de la tronada, queríamos huir. Las Apariciones de Nuestra Señora no infunden miedo o temor, sino sorpresa. Cuando preguntaban si habíamos sentido miedo, y decía que sí, me refería al miedo que habíamos tenido de los relámpagos y del trueno, que suponía vendría próximo: y de eso fue que queríamos huir, pues estábamos habituados a ver relámpagos sólo cuando tronaba.

Los relámpagos tampoco eran propiamente relámpagos, sino el reflejo de una luz que se aproximaba. Por ver esta luz es que decíamos a veces que veíamos venir a Nuestra Señora; pero a Nuestra Señora propiamente sólo la distinguíamos en esa luz cuando estaba ya sobre la encina. El no sabernos explicar o querer evitar preguntas fue lo que dio lugar a que algunas veces decíamos que la veíamos venir; otras que no. Cuando decíamos que sí, que la veíamos venir, nos referíamos a que veíamos aproximarse esa luz que al final era Ella. Y cuando decíamos que no la veíamos venir nos referíamos a que a Nuestra Señora propiamente sólo la veíamos cuando estaba ya sobre la encina.


Segunda aparición- Día 13 de Junio de 1917



Después de rezar el Rosario con Jacinta y Francisco y más personas que estaban presentes, vimos de nuevo el reflejo de la luz que se aproximaba (y que llamábamos relámpago), y en seguida a Nuestra Señora sobre la encina, en todo igual que en Mayo.

—Usted ¿Qué me quiere?— pregunté.

—Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene; que recéis el Rosario todos los días y que aprendáis a leer. Después diré lo que quiero.

Pedí la cura de un enfermo.

—Si se convierte se curará durante el año.

—Quería pedirle que nos llevase al Cielo.

—Sí, a Jacinta y Francisco los llevaré en breve. Pero tú quedas aquí para más tiempo. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón (I).

—¿Me quedo aquí sólita?

—No, hija ¿y tú sufres mucho? No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios.

Fue en el momento en que dijo estas últimas palabras que abrió las manos y nos comunicó, por segunda vez, el reflejo de esa luz inmensa. En ella nos veíamos como sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de la luz que se elevaba al cielo y yo en la que esparcía sobre la tierra. Delante de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora estaba un corazón cercado de espinas que parecían estar clavadas en él. Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de la humanidad, que pedía reparación.

He aquí, Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo, a lo que nos referíamos cuando decíamos que Nuestra Señora nos había revelado un secreto en Junio. Nuestra Señora no nos mandó aún esta vez guardar secreto; pero sentíamos que Dios nos movía a eso.



Tercera aparición- Día 13 de Julio de 1917



Momentos después de haber llegado a Cova de Iría, junto a la encina, entre numerosa multitud del pueblo, estando rezando el rosario, vimos el reflejo de la acostumbrada luz y en seguida a Nuestra Señora sobre la encina.

— Usted ¿qué me quiere?

—Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene; que continuéis rezando el Rosario todos los días, en honor de Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz de mundo y el fin de la guerra, porque sólo Ella lo puede conseguir.

—Quería pedirle que nos diga quién es; que haga un milagro para que todos crean que Vd. nos aparece.

—Continuad viniendo aquí todos los meses. En octubre diré quién soy y lo que quiero y haré un milagro que todos han de ver para creer.

Aquí hice algunas peticiones que no recuerdo bien cuales fueron. Lo que me acuerdo es que Nuestra Señora dijo que era preciso rezar el rosario para alcanzar las gracias durante el año y continuó:

—Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces, en especial cuando hiciereis algún sacrificio: "Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María."

Al decir estas últimas palabras, abrió de nuevo las manos como en los meses pasados. El reflejo parecía penetrar en la tierra, y vimos como un mar de fuego: sumergidos en este fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, llevadas de las llamas que de las mismas salían juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados, semejante al caer de pavesas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. (Debe haber sido a la vista de esto que di aquel "ay", que dicen haberme oído.) Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa.

Asustados y como para pedir socorro, levantamos la vista hacia Nuestra Señora que nos dijo entre bondad y tristeza:

—Habéis visto el infierno, adonde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que os digo se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a terminar. Pero si no dejaran de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando viereis una noche alumbrada por una luz desconocida, sabed que es la señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones de la Iglesia y del Santo Padre.

—Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones de la Iglesia. Los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá que sufrir mucho; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe,. etc... Esto no lo digáis a nadie. A Francisco sí, se lo podéis decir.

—Cuando rezareis el Rosario decid después de cada misterio: ¡Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al Cielo, principalmente las más necesitadas! Seguía un instante de silencio, y pregunté:

—Usted ¿no me quiere nada más?

—No. Hoy no te quiero nada más. Y como de costumbre, comenzó a elevarse en dirección al saliente, hasta desaparecer en la inmensa distancia del firmamento.


Cuarta aparición- Día 13 de Agosto de 1917




Como ya está dicho lo que en ese mes pasó, no me detengo en eso y paso a la Aparición a mi entender el día 15, al caer de la tarde (II). Como entonces aún no sabía los días del mes, puede ser que sea yo la que está equivocada, pero tengo la idea que fue el mismo día que llegamos de Vila Nova de Ourem. Andando con las ovejas en compañía de Francisco y de su hermano Juan, en un lugar llamado Valinhos, y sintiendo que alguna cosa sobrenatural se aproximaba y nos envolvía, sospechando que Nuestra Señora nos viniese a aparecer y teniendo pena que Jacinta se quedase sin verla, pedimos a su hermano Juan que la fuese a llamar. Como no quería le ofrecí veinte centavos, y allá se fue corriendo.

Entretanto vi con Francisco, el reflejo de la luz que llamábamos relámpago, y habiendo llegado Jacinta, un instante después vimos a Nuestra Señora sobre una encina.

—¿Qué es lo que Vd. me quiere?

—Quiero que sigáis yendo a Coya de Iría el día 13; que continuéis rezando el rosario todos los días. El último día haré un milagro para que todos crean.

—¿Qué es lo que Vd. quiere que se haga con el dinero que la gente deja en Coya de Iría?

—Que hagan dos andas: Una, llévala tú con Jacinta y dos niñas más, vestidas de blanco, y otra que la lleve Francisco y tres niños más. El dinero de las andas (andas sirven en Fátima y otros lugares para llevar donativos en metálico y especie en los días de fiesta,—El editor), es para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario; lo que sobre es para ayuda de una capilla que deben hacer.

—Quería pedirle la cura de algunos enfermos.

—Sí, a algunos los curaré durante el año. Y tomando un aspecto más serio dijo:

—Rezad, rezad mucho, y haced sacrificios por los pecadores que van muchas almas al infierno por no tener quien se sacrifique y pida por ellas.

Y como de costumbre comenzó a elevarse en dirección al saliente.


Quinta aparición- Día 13 de Septiembre de 1917



Al aproximarse la hora fui allí con Jacinta y Francisco, entre numerosas personas que apenas nos dejaban andar. Las entradas estaban apiñadas de gente. Todos nos querían ver y hablar. Allí no había respetos humanos. Numerosas personas y hasta señoras y caballeros, consiguiendo romper por entre la multitud que alrededor nuestro de apiñaba, venían a postrarse de rodillas delante de nosotros, pidiendo que presentásemos a Nuestra Señora sus necesidades. 

Otros no consiguiendo llegar junto a nosotros, llamaban de lejos: 

—¡Por amor de Dios! Pidan a Nuestra Señora que me cure a mi hijo imposibilitado; otro, que me cure el mío, que es ciego; otro, el mío que es sordo; que me traiga a mi marido; a mi hijo que está en la guerra; que me convierta a un pecador; que me dé salud que estoy tuberculoso, etc., etc. 

Allí aparecían todas las miserias de la pobre humanidad, y algunos gritaban hasta de lo alto de los árboles y de las paredes adonde subían con el fin de vernos pasar. Diciendo a unos que sí y dando la mano a otros para ayudarles a levantarse del polvo de la tierra, ahí íbamos andando, gracias a algunos caballeros que nos iban abriendo camino por entre la multitud. 

Cuando ahora leo en el Nuevo Testamento esas escenas tan encantadoras del paso del Señor por Palestina, recuerdo éstas que tan niña todavía, el Señor me hizo presenciar en esos pobres caminos y carreteras de Aljustrel a Fátima y a Coya de Iría. Y doy gracias a Dios, ofreciéndole la fe de nuestro buen pueblo portugués. Y pienso: Si esta gente se humilla así delante de tres pobres niños, solo porque a ellos les es concedida misericordiosamente la gracia de hablar con la Madre de Dios, ¿qué no harían si viesen delante de sí al propio Jesucristo? 

Bien, pero esto no pertenece aquí. Fue más bien una distracción de la pluma que se me escapó por donde yo no quería. ¡Paciencia! Una cosa inútil más, pero no la quito para no estropear el cuaderno.

Llegamos por fin a Cova de Iría, junto a la encina y comenzamos a rezar el rosario con el pueblo. Poco después vimos el reflejo de la luz y en seguida a Nuestra Señora sobre la encina.

 —Continuad rezando el rosario para alcanzar el fin de la guerra. En octubre vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen y San José con el Niño Jesús para bendecir el mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios pero no quiere que durmáis con la cuerda. Llevadla solo durante el día.

—Me han pedido para pedirle muchas cosas, la cura de algunos enfermos, de un sordomudo.

—Sí. A algunos los curaré, a otros no. En octubre haré el milagro para que todos crean. Y comenzando a elevarse desapareció como de costumbre.



Sexta aparición- Día 13 de Octubre de 1917



Salimos de casa bastante temprano, contando con las demoras del camino. Había masas de gente. Una lluvia torrencial. Mi madre, temiendo que fuese aquel el último día de mi vida, con el corazón partido por la incertidumbre de lo que iba a suceder, quiso acompañarme. Por el camino las escenas del mes pasado, más numerosas y conmovedoras. Ni el lodo en los caminos impedía a esa gente arrodillarse en la actitud más humilde y suplicante. Llegados a Coya de Iría, junto a la encina, llevada por un movimiento interior, pedí a la gente que cerrase los paraguas para rezar el rosario. Poco después vimos el reflejo de la luz y en seguida a Nuestra Señora sobre la encina.

—¿Qué es lo que Vd. me quiere?

—Quiero decirte que hagan aquí una capilla en honor mío; que soy la Señora del Rosario; que continúen siempre rezando el rosario todos los días. La guerra va a acabar, y los militares volverán en breve a sus casas.

—Tenía muchas cosas que pedirle: si curaba a algunos enfermos y si convertía a algunos pecadores, etc.

—A unos, sí; a otros, no. Es necesario que se enmienden; que pidan perdón de sus pecados; —y tomando un aspecto más triste—, No ofendan más a Dios Nuestro Señor que está ya muy ofendido.

Y abriendo las manos, las hizo reflejarse en el sol. Y mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el sol.

He aquí, Ecmo. y Rvmo. señor Obispo, el motivo por el cual exclamé que mirasen al sol. Mi fin no era llamar a él la atención del pueblo, pues ni siquiera me daba cuenta de su presencia. Lo hice solo, llevada por un movimiento interior que me impulsaba a ello.

Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa distancia del firmamento, vimos al lado del sol a San José con el Niño, y a Nuestra Señora, vestida de blanco, con un manto azul. San José con el Niño parecían bendecir el mundo con unos gestos que hacían con la mano en forma de cruz. Poco después, desvanecida esta Aparición, vimos al Señor y a Nuestra Señora que me daba la idea de ser Nuestra Señora de los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir el mundo, de la misma forma que San José. Se desvaneció esta Aparición y me parecía ver todavía a Nuestra Señora en forma semejante a Nuestra Señora del Carmen.

He aquí, Excmo. y Rvmo. señor Obispo, la Historia de las Apariciones de Nuestra Señora en Coya de Iría en 1917. Siempre que por algún motivo tenía que hablar de ellas, procuraba hacerlo con las mínimas palabras con la intención de guardar para mí sola esas partes más íntimas que tanto me costaba manifestar. Más como ellas son de Dios y no mías, y El ahora, por medio de V. E. Rvdma. me las reclama, ahí van. Restituyo lo que no me pertenece. Advertidamente no me reservo nada. Me parece que deben faltar solo algunos pequeños detalles referentes a peticiones que hice. Como eran cosas meramente materiales, no les di tanta importancia, y tal vez por eso no se me grababan tan vivamente en el espíritu. Y, además eran tantas, tantas... Debido tal vez a preocuparme con el recuerdo de las innumerables gracias que tenía que pedir a Nuestra Señora caí en el error de entender que la guerra acababa el mismo día 13. 

No pocas personas se han mostrado bastante admiradas por la memoria que Dios se dignó darme. Por una bondad infinita, la tengo bastante privilegiada, en todo el sentido. Pero en estas cosas sobrenaturales, no es de admirar, porque ellas se graban en el espíritu de tal forma que casi es imposible olvidarlas. Por lo me-nos el sentido de las cosas que indican, nunca se olvida, a no ser que Dios quiera también que se olvide.


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(I) Aquí Lucía omite, por las prisas la continuación del párrafo, que, en otros documentos, dice así: "A quien la abrazare, prometo la salvación, y esas almas serán queridas por Dios como flores puestas por mi para adornar su trono".

(II) Lucía se ha equivocado, pensando que la aparición había tenido lugar el mismo día en que volvieron de la detención de Vila Nova de Ourem. Pero no fue así. La aparición tuvo lugar el domingo siguiente, día 19.


Memorias de Lucía
Ediciones "Sol de Fátima"

(Imágenes de Ediciones Magníficat-Canadá)






martes, 22 de noviembre de 2022

APOSTASÍA CONTRA LA IGLESIA, CONTRA CRISTO, Y CONTRA DIOS

 


APOSTASÍA CONTRA LA IGLESIA 1517, APOSTASÍA  CONTRA CRISTO 1717, 
Y APOSTASÍA CONTRA DIOS 1917 

Desde hace medio milenio los combates librados por el mundo contra la verdad de la Iglesia Católica han conducido a errores cada vez más profundos y peligrosos, desencadenando hasta revoluciones. Es muy interesante notar que los procesos históricos más fundamentales de la era moderna se dieron en tres fechas semejantes: en los años 1517 (protestantismo), 1717 (masonería) y 1917 (comunismo), en los que se manifiesta, en Occidente, un avance verdaderamente sistemático de la apostasía de la Verdad de Dios, que irradia desde allí a todo el mundo. 

Jesucristo dice a sus Apóstoles: “Como me envió mi Padre, así os envío Yo”. En esta palabra de Cristo tenemos tres niveles: el Padre – Cristo – los Apóstoles (la iglesia). El Padre envía a Cristo. Cristo envía a los Apóstoles. Cristo dice: “Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha; y quien a vosotros rechaza, a Mí me rechaza, ahora bien, quien me rechaza a Mí, rechaza a aquel que me envió” (Lc. 10,16)1. Y justamente en estos tres pasos, tuvo lugar la apostasía de la Verdad durante los últimos siglos: apostasía contra la Iglesia Católica (1517), apostasía contra Cristo (1717), y apostasía contra Dios (1917). Este desarrollo es del todo consecuente y, en su avance es, un cierto sentido, necesario. Aquel que rechaza a los enviados de Cristo, los sucesores de los Apóstoles (es decir la Iglesia Católica), rechaza en consecuencia también a Cristo. El que rechaza a Cristo, rechaza consecuentemente también a Dios Padre. La historia del último medio milenio ha confirmado así, y de manera aterradora, estas palabras de Cristo. 

En 1517, con la publicación de las tesis de Lutero se marca, al menos exteriormente, el comienzo decisivo del protestantismo. De los dos “envíos” mencionados Lutero reconoce solamente uno: la mediación de Cristo hacia Dios, pero no la mediación de la Iglesia hacia Cristo. De aquí las sentencias programáticas de Lutero: “Solo las Escrituras” y no el Magisterio de la Iglesia; “Solo la gracia” y no la mediación a través del sacerdocio y de los sacramentos. “Solo Dios” y ninguna mediación a través de los Santos del Cielo. 

En 1717, con la fundación de la masonería en Inglaterra, se marca la siguiente etapa de la apostasía. El rechazo de la Iglesia y de su Magisterio por Lutero trajo como consecuencia ulterior el rechazo absoluto de la revelación de Dios dentro de este mundo. Como la encarnación de Jesucristo constituye el punto culminante de la revelación de Dios, será especialmente rechazada. La filosofía masónica no es atea: postula un ser superior, gran arquitecto del mundo. Por lo tanto, los masones no son ateos, sino que abogan por el deísmo (Dios ya no actúa más en el mundo después de la creación) y por el agnosticismo (es imposible conocer la verdad), y en el campo de la ética postulan, consecuentemente, el liberalismo (libertad en todos los ámbitos en lugar de autoridad o ley). Aquí se ve la realización del primer paso antes mencionado: “Quien a vosotros rechaza, a Mí me rechaza”. Así como Lutero rechazó la mediación de la Iglesia, así también rechazan los masones a Cristo y con Él, toda mediación o puente hacia Dios. Es por eso que sostienen el deísmo, que rechaza a priori no solamente la Divina Providencia y la posibilidad de milagros, sino también toda autoridad divina. 

En 1917, con el estallido del comunismo, se marca la tercera etapa en esta revolución social contra Dios. Ya que desde 1717 se ha negado categóricamente la actuación de Dios en el mundo y cualquier intervención suya después de la creación, llegamos como consecuencia al último paso: al perfecto ateísmo y antiteísmo. El comunismo es, efectivamente, en esencia, un ateísmo social combativo. No es, en ningún caso, un sistema meramente económico al que se agrega sólo externamente el ateísmo. El comunismo entronca con la Revolución Francesa, especialmente a través de Rousseau. También entre la masonería y el protestantismo existe una clara relación fácil de deducir viendo quiénes han sido sus artífices: los dos principales fundadores de la masonería son Jean Théophile Désaguliers y James Anderson, uno pastor protestante y el otro teólogo protestante. 

“Quien me odia a Mí, odia también a mi Padre” (Jn. 15,23). El segundo nexo consecuente trazado claramente por Cristo, se hace realidad aquí. Esta última consecuencia que llega hasta el odio de Dios, se muestra claramente en el comunismo y de modo muy combativo. Se había anunciado en la masonería más avanzada. “Quienquiera niega al Hijo, tampoco tiene al Padre” (1Jn. 2,23.

Todos estos errores de la Era Moderna no permanecieron sólo en el plano teórico, sino que transformaron la vida de la humanidad y de la sociedad en todos sus aspectos. Condujeron necesariamente a una persecución de cristianos sin precedentes. De acuerdo a recientes declaraciones rusas, 200.000 sacerdotes y religiosos (católicos y ortodoxos) perecieron víctimas del terror stalinista: fusilados, ahorcados, crucificados o expuestos a morir congelados. 

Martillo y hoz no se limitaron solamente a derramar la sangre de mártires sino que también aplicaron a sus pueblos subyugados, sin el menor escrúpulo, medidas de terror de una violencia y crueldad monstruosas. Según las prudentes estimaciones de los autores del “Libro Negro del Comunismo” la erección de la utópica visión de la sociedad sin clases sociales costó alrededor de 100 millones de víctimas humanas: 20 millones de muertos en la Unión Soviética; 65 millones en China; 1 millón en Vietnam; 2 millones en Corea del norte; 2 millones en Camboya; 1 millón en Europa del Este, 150.000 muertos en América Latina; 1,7 millones en África y 1,5 millones en Afganistán, lo cual suma casi 100 millones de víctimas humanas.2 Estas masacres se llevaron a cabo de tres maneras diferentes: mediante ejecuciones de todo tipo como fusilamiento, horca, ahogamiento, apaleo, envenenamiento, cámaras de gas; por hambrunas intencionalmente provocadas o no evitadas deliberadamente y por deportaciones, ya sea por prolongadas marchas a pie, ya por hambre, enfermedad o frío dentro de vagones de transporte de ganados, ya por agotamiento en trabajos forzados. El intento ateo de establecer un cielo sin Dios aquí en la tierra conduce siempre al infierno. 

La Santa Iglesia, previendo las consecuencias de las explosivas ideas marxistas, ha condenado el sistema comunista ya 71 años antes del estallido de la Revolución de Octubre de 1917. Así, en el año 1846, el Beato Papa Pío IX alza la vos a través de su encíclica Qui Pluribus, condenando “la nefanda doctrina del comunismo contraria al derecho natural que, una vez admitida, echa por tierra los derechos de todos, la propiedad y la misma sociedad humana”.3 Pío IX reafirma después esta reprobación en el Syllabus.4 

León XIII, su sucesor, en la encíclica Quod Apostólici Muneris, desenmascara el comunismo como “mortal pestilencia que se infiltra por los miembros íntimos de la sociedad humana y la conduce a un extremo peligroso”.5 

También Pío XI dedica una encíclica entera a condenar y advertir solamente contra:

“el comunismo bolchevique y ateo que tiende a derrumbar el orden social y socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana (…) contraponiendo a estos falsos principios la luminosa doctrina de la Iglesia e inculcando de nuevo con insistencia los medios con los que la civilización cristiana, única “civitas” verdaderamente “humana”, puede librarse de este satánico azote y desarrollarse mejor para el verdadero bienestar de la sociedad humana”.6

El error del comunismo lo lleva, en su exigencia absoluta y exclusiva, a pretender no sólo una reforma social, sino, y eso desde el primer momento, a promover una revolución mundial para lograr el poder mundial total. 

“Insistiendo en el aspecto dialéctico de su materialismo, los comunistas sostienen que los hombres pueden acelerar el conflicto que ha de conducir el mundo hacia la síntesis final. De ahí sus esfuerzos por hacer más agudos los antagonismos que surgen entre las diversas clases de la sociedad; la lucha de clases, con sus odios y destrucciones, toma el aspecto de una cruzada por el progreso e la humanidad. En cambio, todas las fuerzas, sean las que fueren, que resistan a esas violencias sistemáticas, deben ser aniquilados como enemigos del género humano.”7
Es interesante constatar la coincidencia casi exacta entre los cinco meses de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima (desde el 13 de mayo de 1917 al 13 de octubre de 1917) y el tiempo de los preparativos revolucionarios de Lenin en Rusia. Los niños videntes, en aquella época, no podían saberlo. Al respecto, el Padre Josef Schweigl SJ escribe: 

“El 16 de abril volvió Lenin de su exilio y comenzó de inmediato su lucha contra el gobierno liberal. Ya después de tres meses había ganado tal influencia que podía arriesgar un primer intento de revolución. El 17 de julio, algunos días después de aquel 13 de julio en el que María había entregado su mensaje a los tres pastorcitos, tuvo lugar en San Petersburgo una manifestación de casi medio millón de trabajadores, los que bajo la conducción de Lenin, transformaron la manifestación en un alzamiento armado con el objetivo de hacer caer al gobierno provisorio y proclamar el gobierno de los Soviets. Los bolcheviques fueron los dueños de la ciudad por tres días. La situación era tan crítica que el gobierno se vio en la obligación de retirar parte de las tropas del frente, con cuya ayuda pudo sofocar la revuelta. (…) Justamente el 13 de octubre, el día de la última aparición de Nuestra Señora en Fátima, Kerenski publicó en su diario Delo Naroda un artículo con el encabezamiento: “Perseverar, Resistir”, en el que exhortaba al pueblo a perseverar en la guerra hasta la victoria final. Al leer este artículo, Lenin se puso tan furioso que decidió ese mismo día consumar la revolución8. Todo lo que siguió fue nada más que la consecuencia práctica de esta decisión. Primeramente, la revolución del 7 de noviembre(el 25 de octubre sgún el Calendario Juliano, de donde el nombre de Revolución de Octubre), y luego el armisticio de Brest-Litowsk con Alemania el 5 de diciembre: y, al año siguiente, la paz especial, que fue concluida en la misma ciudad”.9 

Notas:

1 Jesucristo afirma lo mismo en varios pasajes más de las Escrituras Santas pero con otras palabras. Véase al respecto: 1 Jn. 2,23; Jn. 14,6; Jn. 5,23; Jn. 8,19; Jn.8,42; Jn. 15,23; Jn. 14,7; y 1 Jn. 2,22.
2 Cfr.: Courtois, Stéphane, et alii, Schwarzbuch des Kommunismus, Müchen/Zürich 2000, p. 16. Este libro es una traducción de la obra francesa Le Livre Noir du Communisme que ha sido traducida ya en 16 lenguas. La edición alemana apareció en la muy conocida editorial Piper. 
3 Pío IX, Encíclica Qui Pluribus del 1º de noviembre de 1846.
4 Cfr.: Pío IX, Syllabus (Colección de los errores modernos), editado el 8 de diciembre de 1864, nº IV.
5 León XIII, Encíclica Quod Apostólici Muneris, del 28 de diciembre de 1878. 
6Pío XI, Encíclica Divini Redemptoris, del 1º de marzo de 1937.
7 Ibidem: pp.528 s. 
8 Cfr.: Lenin, Vladimir Iljitsch, Gesammelte Werke, t. 26, Moskau 1949, pp. 111 ss. 
9 Schweigl, Josef, SJ, Fátima und die Bekehrung Russlands, Leutesdorf 1956, p. 23.

Padre Gérard Mura, "FÁTIMA ROMA MOSCÚ"

miércoles, 2 de noviembre de 2022

DIOS MUESTRA A SOR LUCIA DE FATIMA EN UNA TERRIBLE VISION EL GRAN CASTIGO

 



Las Carmelitas del Convento de Coímbra, Portugal, publicaron en el año 2013 una biografía de Sor Lucía de Fátima titulada, Un camino bajo la mirada de María, esta biografía tiene “documentos inéditos” entre ellos el siguiente relato de una terrible visión que tuvo Sor Lucía de Fátima sobre el Gran Castigo de Dios al mundo.

Hacia las 4 de la tarde del día 3 de enero de 1944 —relata Lucía—, mientras rezaba en la capilla del convento ante el Sagrario, “pedí a Jesús que me hiciese conocer cuál era su voluntad”, y con el rostro entre las manos esperaba alguna respuesta: “Sentí entonces que una mano amiga, afectuosa y materna, me toca el hombro. Levanto la mirada y veo a la querida Madre del Cielo”.

La Virgen le dice: “«No temas, quiso Dios probar tu obediencia, fe y humildad. Queda en paz y escribe lo que te mandan, pero no aquello que te es dado comprender de su significado»”. Le instruye guardar lo que irá a escribir en un sobre lacrado y anotar por fuera de este «que sólo puede ser abierto en 1960».

Enseguida, prosigue Lucía, “sentí el espíritu inundado por un misterio de luz que es Dios y en Él vi y oí: la punta de la lanza como llama que se desprende, toca el eje de la Tierra. Ella se estremece: montañas, ciudades, pueblos y aldeas con sus habitantes son sepultados. El mar, los ríos y las nubes salen de sus límites, desbordándose, inundando y arrastrando en un remolino, casas y gente en un número que no se puede contar, es la purificación del mundo, por el pecado en el cual está inmerso. – ¡El odio, la ambición, provocan la guerra destructora!

“– Después sentí en el palpitar acelerado del corazón y en mi espíritu el eco de una voz suave que decía: ‘En el tiempo, una sola fe, un solo bautismo, una sola Iglesia, Santa, Católica, Apostólica – En la eternidad, ¡el Cielo!’

“Esta palabra ‘Cielo’ llenó mi corazón de paz y felicidad, de tal forma que, casi sin darme cuenta, me quedé repitiendo por mucho tiempo: ’el Cielo, el Cielo’”.

Alentada por estas maravillosas palabras finales, Sor Lucía cobró fuerzas para escribir el Tercer Secreto, tal como la Virgen le había ordenado: “Apenas pasó la mayor fuerza de lo sobrenatural, fui a escribir y lo hice sin dificultad, el día 3 de enero de 1944, de rodillas apoyada sobre la cama que me sirvió de mesa. Ave María”. Así concluye el relato manuscrito de la visión.

(Un camino bajo la mirada de María, p. 267).


Obviamente ella escribió sólo lo que le fue revelado el 13 de julio de 1917 —el Tercer Secreto—, omitiendo, conforme las instrucciones que acabara de recibir de la Madre de Dios, cualquier referencia a esta nueva aparición.

domingo, 18 de septiembre de 2022

Fátima, Rusia, y Roma la sacrílega

 


Dos caras de la misma moneda: mientras el cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia de Obispos de Alemania, expresa sendas alabanzas a la obra de Karl Marx, otro cardenal, el arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan «bendice» con su presencia el evento «Gala Met», patrocinado por el Museo Metropolitano de Arte, en una exhibición blasfema denominada «Cuerpos celestiales: la moda y la imaginación católica».

Para el evento, la Santa Sede, facilitó más de cuarenta objetos invaluables, procedentes de la sacristía de la Capilla Sixtina, se utilizaron imágenes sagradas de las formas más blasfemas, colocando los ornamentos sacerdotales católicos tradicionales junto a la sacrílega «indumentaria» con el aval del cardenal Gianfranco Ravasi presidente del Consejo Pontificio para la Cultura y de la Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada y admirador de la francmasonería.

También participó el coro de la Capilla Sixtina, y no podía estar ausente el padre James Martin, S.J.

Dios tenga piedad por este sacrilegio que se verifica con el patrocinio de la Jerarquía católica.

I. Las profecías de Fátima

Fátima es, de las apariciones modernas, sin lugar a dudas, la más profética de ellas.

Nuestra Señora dijo: «Si hicieran lo que yo les voy a decir se salvarán muchas almas y tendrán paz».

Los pedidos generales fueron: 1) Conversión; 2) Rezo cotidiano del Santo Rosario para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra. 3) Rezar mucho y hacer sacrificios por los pecadores, pues muchas almas van al infierno, por no tener quien se sacrifique y pida por ellas; 4) En la visión final del 13 de octubre de 1917 Nuestra Señora presentó silenciosamente el Escapulario del Carmen, un gesto que indica que Ella quiere que todos lo llevemos; 5) La Comunión Reparadora de los primeros sábados.

En particular, para impedir el castigo del mundo por medio de la guerra, el hambre y las persecuciones contra la Iglesia y el Santo Padre: Vendré a pedir la consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado y la Comunión Reparadora de los primeros sábados.

El 13 de junio de 1929 en Tuy, España, Nuestra Señora, en una aparición imponente y sublime, que representaba a la Santísima Trinidad, Ella dijo a la Hermana Lucía: Ha llegado el momento en que Dios pide que el Santo Padre haga, en unión con todos los obispos del mundo, la consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado.

En las revelaciones de Fátima hay un marcado acento sobre la pecaminosidad del mundo, y es importante observar cómo se relaciona esto con las ideas que se apuntan arriba para ayudar al mundo a recobrar la conciencia de su propia pecaminosidad. Nuestra Señora dejó en claro por sobre cualesquier duda, que lo más importante es la enmienda de la vida. Dijo la Señora que si el mundo no se convierte, se acercará a la humanidad un tiempo de gran pena, un clima trágico de oscuridad y destrucción.

II. Marx al servicio de Satanás

Los escritos de Marx exponen el propósito verdadero del comunismo: el exterminio de la religión y la abolición de todas las libertades bajo una dictadura única-mundial; que el enemigo último del marxismo no es el capitalismo, sino Dios mismo: No es la religión la que crea al hombre, sino el hombre que crea la religión.

Por eso el comunismo, es esencialmente, y por último una guerra contra la religión, no es una ideología política, ni un sistema social, sino la guerra del infierno contra Dios.

Fátima es la aparición mariana clave de nuestros días, porque el mensaje de nuestra Señora no puede ser comprendido completamente sin conocer el comunismo ateo.[1]

«Lucifer lanzó el primer golpe, el primer grito de revolución. Ese grito repercute hasta hoy: “Non serviam” – “¡No serviré!” – (Jr 2, 20). Es decir, “No me inclinaré, no obedeceré a esa criatura unida al Creador, que Dios quiere crear. Yo soy un ángel, soy un espíritu puro, soy el más espléndido de todos los ángeles, ¡no voy a aceptar esa propuesta!” Y cuando él gritó “¡No serviré!”, ese grito produjo una impresión enorme sobre los otros ángeles. Y se estableció en el Cielo la primera de todas las revoluciones».[2]

La rebelión contra Dios se manifestó en la era apostólica bajo la forma del gnosticismo, en la Edad Media bajo el dualismo gnóstico de los albigenses, irrumpió a comienzos de la Edad Moderna (siglo XVI) con Martín Lutero que proclamó tener fidelidad a Dios y a Nuestro Señor, pero rechazó a la Iglesia.

«El primer gran acto de rebelión política organizada contra Dios. Fue una consecuencia de la negación y de las rupturas del siglo XVI, del enfriamiento de la fe del siglo XVII, de la exaltación de la razón del siglo XVIII, y de la explotación de esta rebelión por el poder de la Francmasonería».

La ideología atea y violentamente antirreligiosa de la Iluminación fue la base del ataque moderno contra la Civilización Cristiana y es la base ideológica sobre la cual Marx modeló su doctrina corrupta del comunismo ateo.

La rebelión contra Dios tuvo así su culmen, en la Revolución Comunista de Rusia, y es en esa oportunidad culminante de la historia, cuando Dios intervino en ella mediante los sucesos de Fátima en 1917. En el mismo instante en que se había desatado el Anticristo, no sólo en contra de la verdadera religión sino en contra la profunda idea de Dios y contra la misma sociedad.

El «azote satánico» como denominó al comunismo el Papa Pío XII [3], se convirtió en una especie de «religión», atribuyendo a la materia cualidades espirituales, e incluso creadoras y divinas. Dios ha sido expulsado de su trono y en su lugar se coloca el hombre atribuyéndose el ser dios. Éste declara como Lucifer: «no serviré».

En 1917, la Virgen se apareció y dio la voz de alarma precisamente al mismo tiempo que Lenín y Trotsky llegaban a Petrogrado e iniciaban la revolución comunista.

Cuando con la victoria bolchevique, el «Dragón Rojo» surgió en el oriente europeo, en Leningrado, (entonces Petrogrado), en el otro extremo de Europa, en Fátima, apareció la «Mujer vestida del Sol».

«Precisamente en el mismo instante en que la extremidad oriental de Europa se había desatado el Anticristo” no sólo en contra de la Verdadera Religión, sino también contra la profunda idea de Dios y contra la misma sociedad, mediante la más terrible mortandad de la historia, he aquí aparecer en la extremidad occidental de la misma Europa a la grande y eterna enemiga de la serpiente infernal».[4]

No fue escuchada la petición de nuestra Señora a Sor Lucía. Rusia no se convirtió. Vino la II Guerra Mundial y los errores de Rusia se esparcieron por todo el mundo.

La consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, de acuerdo al pedido de nuestra Señora, significa una ceremonia simultánea por todos los obispos y el Papa: «Si atendieran mis peticiones Rusia se convertirá y habrá paz».

«Ellos [un futuro Papa no identificado en unión con los obispos del mundo] lo harán, pero será tarde. Rusia ya habrá extendido sus errores en todo el mundo».

Nuestra Señora de Fátima ha venido a desenmascarar al dragón rojo del ateísmo comunista, a señalarlo como castigo de Dios y a aplastarle la cabeza. Esta es la gran promesa de Fátima, la cual se cumplirá con toda certeza.[5]

III. Roma

Con motivo del segundo centenario del nacimiento de Karl Marx, el cardenal Reinhard Marx, que lideriza el «nuevo paradigma» católico en lo que se refiere a moralidad sexual, aplaude las enseñanzas del padre del comunismo y afirma que Marx influyó inequívocamente en la doctrina social católica, y que el «Manifiesto Comunista» le ha «impresionado» encontrando los escritos señalados «fascinantes», «de una gran energía y un gran lenguaje».

Es que la secta roja, buscó por todos los medios instrumentalizar a la Iglesia convirtiéndola en auxiliar de la Revolución marxista promoviendo la Teología de la Liberación, con un plan hábilmente desarrollado enfatizando en que el Reino no es para la otra vida, sino para esta, empleando un lenguaje seductor y una táctica gradualista a fin de presentar a la Revolución y al cristianismo como movimientos paralelos que convergían en el amor por los pobres. Propuesta que sedujo a muchos sacerdotes e intelectuales cristianos a la causa revolucionaria. En efecto, muchos sacerdotes y pastores seguidores del Modernismo que estaban en busca de una nueva evangelización que acentuara la preferencia por los pobresse afiliaron acríticamente a las filas del marxismo sin darse cuenta que colaboraban con los enemigos de la Cristo, la Iglesia, el Estado y la sociedad cristiana, porque creían que proclamaba la redención del proletariado; de hecho si la proclamaba para atraer a las masas y a los intelectuales, pero su fin verdadero era someter y despojar a todas las naciones y pueblos gentiles, comunizándolos bajo el imperio y dominio de un gobierno mundial.[6]

Así, podemos afirmar que los errores de Rusia han superado no solo el mundo, sino humanamente hablando, a la misma Iglesia, en particular como se está haciendo evidente durante el actual pontificado, muy en contra de la doctrina perenne de la Iglesia, como lo enseñara el Papa Pío XI en la Encíclica de 1937, Divini Redentoris, afirmando que el comunismo es un «flagelo satánico» e «intrínsecamente perverso»:

«Queremos, por tanto, exponer de nuevo en breve síntesis los principios y los métodos de acción del comunismo ateo tal como aparecen principalmente en el bolchevismo, contraponiendo a estos falaces principios y métodos la luminosa doctrina de la Iglesia y exhortando de nuevo a todos al uso de los medios con los que la civilización cristiana, única civitas verdaderamente humana, puede librarse de este satánico azote y desarrollarse mejor para el verdadero bienestar ele la sociedad humana».[7]

«Toda la verdad sobre Fátima. El Tercer Secreto» es la monumental obra de 850 páginas de Fray Michel de la Sainte Trinité, profundo estudio en el que concluye consistente y convincentemente en que el Tercer Secreto es una grave advertencia de apostasía dentro de la misma Iglesia Católica y una acusación seria a aquellos miembros de la Jerarquía Eclesiástica que han promovido la disidencia y la herejía.

En las conclusiones de su estudio sobre el Tercer Secreto el reconocido erudito del Mensaje de Fátima, sintetiza de la siguiente manera:

Al llegar al final de nuestra investigación, podemos discernir, casi con certeza, los elementos esenciales del secreto final de Nuestra Señora: mientras «en Portugal, se conservará siempre el dogma de la Fe», en muchas naciones, tal vez en casi todo el mundo la Fe se perderá. Los pastores de la Iglesia faltarán gravemente a los deberes de su oficio: por culpa suya, las almas consagradas y los fieles en gran número se dejarán seducir por errores perniciosos repartidos por todas partes. Será el momento de la batalla decisiva entre la Virgen y el diablo. Una oleada de desorientación diabólica se cernirá sobre el mundo. Satanás mismo se introducirá hasta la cumbre más alta de la Iglesia. Él cegará las mentes y endurecerá el corazón de los pastores, y Dios los entregará a sí mismos como un castigo por negarse a obedecer las peticiones del Inmaculado Corazón de María. Esta será la gran apostasía predicha para los «últimos tiempos»; «el falso cordero» y «el falso profeta» traicionarán a la Iglesia para beneficio de «la bestia», de acuerdo a la profecía del Apocalipsis.

Monseñor Antonio de Castro Mayer, declaraba el 30 de junio de 1988: Es lamentable ver la ceguera de tantos cohermanos en el episcopado y el sacerdocio, que no ven o no desean ver la crisis actual, ni la necesidad de resistir al modernismo gobernando momentáneamente, para ser fieles a la misión que Dios nos ha confiado.

Que la Santísima Virgen, nuestra Madre, que en Fátima nos advirtió maternalmente de la gravedad de la situación actual, nos conceda la gracia de poder, con nuestra actitud, ayudar e iluminar a los fieles de tal manera que se distanciarán de estos errores perniciosos, de los que son víctimas, engañados como lo son por muchos de los que han recibido la plenitud del Espíritu Santo.

Germán Mazuelo-Leytón
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[1] Cf.: LEONARD, PABLO, Se oculta la totalidad del mensaje de Fátima.

[2] CORREA DE OLIVEIRA, Dr. PLINIO, de una conferencia el 11-8-1995.

[3] Pio 12, Encíclica del Redentor, 19-03-1937.

[4] SHEEN, Mons. FULTON J, La Virgen y Rusia.

[5] MURA, P. GÉRARD, Fátima, Roma, Moscú.

[6] Cf.: PINAY, MAURICE, Complot contra la Iglesia.

[7] PAPA PIO XI, Encíclica Divini Redemptoris, n ° 7.