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domingo, 13 de noviembre de 2022

EL GRAN MONARCA REY POR CRISTO

 


El Gran Monarca Rey por Cristo
(Paráfrasis del cap. X del Apocalipsis) (I)

I.— Y vi otro Ángel, un Gran Monarca, un enviado de Dios para regenerar el mundo; Ángel fuerte, por su fe, su celo, su doctrina, su constancia, su ingenio, su saber, su fortaleza y su poderío; Ángel fuerte, porque Dios estará con él para que venza por las armas a todos los tiranos, todas las repúblicas, todos los cismas y herejías, y someta el mundo a su imperio, que será el de Cristo reinando en la sociedad; Ángel que bajaba del cielo, esto es, de la Iglesia Católica: primero porque en castigo de sus pecados será humillado ante ella, y segundo porque pertenecerá a la jerarquía eclesiástica; de la cual, convertido con la eficacia de San Pablo, bajará a ceñirse la espada en nombre del Dios de los ejércitos que le envía después de haber luchado con la pluma. Baja de la Iglesia envuelto por una nube de obscuridad, de humildad, de abnegación, de misterio y de secreto, para que sea abatido y no conocido hasta que llegue el día señalado.

Vi en su cabeza un arco iris, prenda de la paz que ha de dar á los hombres, señal de reconciliación con Dios y manifestación espléndida de la sabiduría con que hará contribuir al reinado de la paz y la justicia todas las ciencias, todos los adelantos y progresos. Su rostro era como el sol, en lo cual vi significado el esplendor de su justicia, de su gloria imperial, de su inteligencia y su saber, de su celo por la Religión y la Patria, de su caridad para con los frágiles y de la supremacía con que en todo brillará entre todos los príncipes del mundo, que serán sus aliados o vasallos.

Sus pies eran como dos columnas de fuego, porque en lenguaje bíblico los pies significan la extensión y poderío de un imperio, y porque este embajador celestial, ardiente y brillante por su fe y su ciencia, como la columna de fuego que guio a Israel, será con su imperio guía y firme sostén de la Iglesia y de la paz universal.

II.— Y tenía en su mano un librito abierto, esto es, los Cánones y decisiones de un Concilio Ecuménico, continuación del Concilio del Vaticano, que se celebrará por iniciativa y poder de este Gran Monarca, especialmente para reformar al Clero, y cuyas disposiciones hará cumplir con todo rigor: por lo cual se dice que tiene el librito en su mano. 

El libro es pequeño, librito, no por lo que contiene, sino por su poco volumen, pues en poco texto abarcará mucho y será más claro que los Concilios pasados, especialmente por la reforma que hará y llave que dará para interpretar las Sagradas Escrituras; y asimismo sus frutos, con harto menos trabajo, serán mayores que los de todos los Concilios: por todo esto se dice que el librito está abierto.

Representa también este librito el Apocalipsis, cuya parte histórica será perfectamente explicada por obra del Monarca sabio y poderoso, y las profecías de los siervos de Dios, que son meros comentarios apocalípticos; y asimismo representa la constitución o ley fundamental que dará a su pueblo y al mundo para extirpar de raíz los males pasados.

Y puso el Ángel su pie derecho sobre el mar, en señal de que sus flotas lo dominarán de polo a polo, venciendo con poco aparato de naves, pero con fuerza incontrastable, todas las armadas enemigas; y su pie
izquierdo sobre la tierra, porque en ésta no ha de dominar sin que preceda su poderío naval, y porque siendo su fuerza menor en tierra que en mar, por tierra será más acometido y le costará más trabajo dominarla; pero la dominará con el auxilio de Dios, según se ha dicho al declarar que por los pies se entiende la extensión y el poderío de un imperio.

La dominará, sobre todo, en virtud de la Santa Cruz que llevará en sus banderas. Cruzados serán sus ejércitos; la Cruz será su guía y su fuerza, de ella recibirá el poder contra todas las potestades del infierno y del mundo contra él conjuradas, y este es otro de los sentidos que encierra el librito que lleva en la mano, pequeño en apariencia y grande en virtud.

Puso su pie derecho sobre el mar, el pie más fuerte; y el más débil, o el izquierdo, sobre la tierra, porque aquí el mar significa la impiedad de todo género, movible y tempestuosa y difícil de dominar, y tierra significa la parte buena de los hombres, sólida y fácil de recorrer, por lo cual basta para ella el pie izquierdo.

III, IV.— Y clamó con una voz grande, a manera del león cuando ruge. Es decir, que una vez que empiece a reinar en su pueblo, y aun antes, clamará enérgicamente contra todas las podredumbres políticas, sociales y religiosas, declarando guerra implacable a todo mal. Su voz, como el rugido del león, que simboliza la Patria de este Monarca, llenará de terror á los malos, como el rugir del león aterroriza las fieras del desierto, por lo cual todos los precitos se conjurarán contra él. 

Asimismo esta gran voz representa los edictos y leyes que dará y hará ejecutar en beneficio de la Fe Católica y de la sociedad civil, con rabia y espanto de los malos. 

Y así que hubo clamado, siete truenos hablaron sus voces o estallaron, esto es, estalló la voz de los siete pecados capitales por boca de los impíos, que tratarán de resistirle por todos los medios, levantando contra él una horrible tempestad de odios, calumnias y asechanzas, y volviendo en guerra contra él las siete armas con ayuda de los siete demonios o siete cabezas de la bestia; pero todo inútilmente, porque el Monarca fuerte será en todas las cosas protegido por el Dios de los ejércitos que le dará la victoria.

Y así que los truenos hubieron estallado, iba yo a escribir lo que dijeron, y oí una voz del cielo que me dijo: sella lo que han hablado los siete truenos; escribe que han hablado, sí; pero lo que han dicho no quieras escribirlo, porque no conviene se descubran antes de hora los secretos que atañen a la repentina aparición del Gran Monarca y la furiosa persecución que padecerá; no conviene se disipe la nube en que viene envuelto, y menos que se divulgue el modo como aterrará a los malos con siete truenos correspondientes a las siete edades, y a los siete candelabros o espíritus de Dios, y a las siete principales virtudes con que combatirá los siete vicios.

Por otra parte, así que todos los impíos y tiranos a una se conjuren como una tempestad contra el Gran Monarca, y le denigren con sus diatribas y calumnias, y preparen contra él todas las armas, los fieles vasallos y todos los amigos de este Príncipe querrán defenderle por escrito, y él mismo quedará afligido de tanta infamia; pero una voz del cielo, esto es, de la Iglesia, la voz del Papa legítimo, dirá a unos y otros: no os aflijáis, no os conturbéis, despreciad la mentira, tenedla por lo que vale, y preparaos a rechazar la fuerza bruta con la fuerza santa para que triunfe la Causa de Dios; y entonces,

V, VI, VII.—El Ángel que vi estar sobre el mar sobre la tierra, el Gran Monarca cuya dominación universal empezaba, levantó su mano al cielo, de donde le venía su gran poder, lo mismo que su autoridad, lleno de celo por su Dios ultrajado y por el bien de su Patria y del mundo todo, lleno de ardor por el triunfo de la fe y de la ciencia, juró por el que vive en la tierra y cuanto hay en ella, y el mar y cuanto él contiene, que ya no habrá más tiempo para los enemigos de Cristo, cuyos días están contados. Contra ellos se lanzará con ímpetu incontrastable por aire, tierra mar, testigos de su grandioso juramento; acabará con todas las herejías, con todos los errores, con todas las sectas, con todos los corruptores y todos los tiranos.

No; ya no habrá más tiempo para que se cometan los males sociales y religiosos que corrompieron y ensangrentaron las edades pasadas, sino que todos serán echados al infierno; porque si bien los males surgirán de nuevo al fin de la edad sexta o del Gran Monarca, sea en los días del séptimo Ángel, cuando este empiece a sonar su trompeta, ya no será para que dominen por siglos las naciones como antes, sino por el breve tiempo del Anticristo; y de esta suerte se consumará el misterio de Dios, esto es, lo que Dios nos ha anunciado por sus siervos los profetas, tan menospreciados de esta generación incrédula y frívola. Después de lo cual habrá todavía un tiempo, cuya duración no se sabe, y que algunos extienden a mil años, no con el espíritu herético de los milenarios, sino con espíritu de verdad y de fe.

Se consumará el misterio de la acción de Dios en los siglos pasados cuando el séptimo Ángel empiece a tocar la trompeta; no se sabe cómo será después el mundo, ni cuánto durará, pues el ángel no hace más que empezar. Ni siquiera los ángeles del cielo saben cuándo será el día en que Dios juzgará al mundo.

VIII, IX, X.—Así que el gran Monarca triunfe de todos los enemigos del orden, consagrará todos sus esfuerzos al esplendor del librito abierto que en su mano lleva. Por eso yo, representando toda la Iglesia militante, oí la voz del cielo que hablaba otra ved conmigo y decía: Anda y toma el libro abierto de la mano del Ángel que está sobre la mar y la tierra. El Pastor Angélico, un Pontífice santísimo, pronunciará las alabanzas de su hijo el Monarca fuerte, lo coronará Emperador de Oriente y de Occidente, y sancionará las grandes reformas debidas a este Emperador universal mandando severamente que sean de todos aceptadas: reformas no sólo eclesiásticas, sino sociales en todos los ramos de la vida, la ciencia y el arte, las cuales serán recibidas por los hombres de mano del Monarca por Dios enviado, esto es, impuestas por su poder para la felicidad de todos los hombres.

Fui, pues, al Ángel, pidiéndole que me diera el libro, como irán todos los fieles, pues, entonces todos serán fieles, y me dijo: Tómalo y devóralo, y llenará de amargura tu vientre, esto es, tu carne, tus pasiones, tu naturaleza corrompida, tus miembros pecadores; pero en tu boca será dulce como la miel, quiere decir, será dulce a tu espíritu, a tu fe, a tu celo por la gloria de Dios, a tus miembros justos, porque la doctrina pura, la moral santa, tanto son amargas para los malos como dulces para los buenos.

Tómalo y devóralo es mandato imperativo, porque mandato será y no consejo aquel por el cual se imponga este libro a los hombres. Y en verdad, entonces recibí el libro de mano del Ángel y lo devoré, esto es, lo estudié y practiqué con santo afán, y era en mi boca dulce como la miel; pero así que lo hube devorado, quedó mi vientre lleno de amargura, quedaron mis concupiscencias abatidas, con gran pena de mi parte inferior.

XI.— Y me dijo el Ángel: es necesario que de nuevo profetices a las naciones, y pueblos, y lenguas, y a muchos reyes. «No se ha hecho esta paz para que estemos ociosos, dirá el Gran Monarca; es menester que de ella se aprovechen los ministros de Dios para llevar la luz del Evangelio a los países más apartados y desconocidos, para que de todo el mundo se forme un solo rebaño y un solo pastor.

«Id y evangelizad: dulce como la miel es la paz, dulce el descanso después de las fatigas pasadas, y amargo y duro el trabajo en tan lejanos países; dulce la felicidad social y religiosa de que gozamos, y amargo y terrible el tiempo que a esta época seguirá; pero tanto mayor debe ser vuestro afán por el arraigo de la verdad y la evangelización de todo hombre, cuanto mayores fueron los estragos que pasaron y más temibles se presentan los que han de acompañar al Anticristo.

»Mucha es la labor que nos queda: es necesario seguir profetizando a las naciones, y pueblos, y lenguas, y a muchos reyes; vosotros con la Cruz y la palabra, yo con la Cruz y la espada».

Asimismo aquel Monarca sabio hará que todas las ciencias sigan profetizando, esto es, descubriendo con nuevas y espléndidas razones su absoluta conformidad con la Fe. El Dios de las ciencias las bendecirá, y nunca el progreso humano habrá tenido tal período de desarrollo. Los inventos que se harán exceden ahora toda previsión.

Así, con este admirable acuerdo, procederán entonces la Iglesia, la Ciencia y el Imperio. 

Este es el Gran Monarca español anunciado por San Isidoro, San Vicente Ferrer, Santa Brígida, San Alfonso Rodríguez, San Nicolás, cien otros santos y las Sibilas; éste el gran Crucífero y fundador de la orden religioso-militar de los Crucíferos, profetizado por San Francisco de Paula y mil profetas más; éste El hombre que se necesita y por el cual todos claman hoy; éste el Restaurador de todo en Cristo; éste el Padre de los pobres y protector de los desvalidos; éste el que ha de llevar la Patria a la cumbre de la gloria, el Estado a la cumbre de la grandeza política, la Nación a la cumbre del poderío, el Pueblo a la cumbre de la felicidad posible en esta vida. Este es el Gran Monarca que Dios nos guarda, objeto de las profecías más estupendas; éste es el Gran Españolista. ¡Cuándo vendrá el gran españolista! Mitte, Domine, quem missurus es...

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(I) Compendio de todo cuanto los Profetas anuncian del Gran Monarca, especialmente el Venerable Holzhauser en el capitulo X de sus autorizadisimos y proféticos Comentarios sobre el Apocalipsis

APOLOGÍA DEL GRAN MONARCA
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista
Valencia-Año 1904

LA SEPTIMA Y ULTIMA EDAD DE LA IGLESIA, EDAD QUE COMENZARA CON LA APARICION DEL ANTICRISTO - VENERABLE BARTOLOME HOLZHAUSER

 

El Anticristo de Luca Signorelli (1523), Catedral de Orvieto, Italia.



De la séptima y última edad de la Iglesia, la que
será edad de desolación, principiando en la
aparición del Anticristo, y durará
hasta el fin del mundo.

CAPITULO III. Versículo 14.-22

1. Vers. 14. Y escribe el ángel de la Iglesia de Laodicea; Esto dice el Amen, el testigo fiel, y verdadero el qué es principio de la criatura de Dios. La séptima y ultima edad de la Iglesia comenzara en la aparición del Anticristo y durara hasta el fin del mundo. Será edad de desolación en la que habrá una total defección de fe Luc. c. XVIII. V. 8 . «Mas cuando viniere el Hijo del hombre ¿pensáis que hallará fe en la tierra? «En esta edad se cumplirá la abominación de la desolación descrita en San Mateo, c. XXIV, y en Daniel c. I. y XII. Entonces también se concluirá el siglo, y se cumplirá la palabra de la voluntad divina. A esta edad se refiere el séptimo día de la creación del mundo, cuando Dios, después de haber acabado su obra, descanso el día séptimo, (Gen. C. II). Así es pues como Dios; en la séptima edad de Iglesia acabará su obra espiritual, que tenia, decretado cumplir por su Hijo Jesucristo: y en seguida descansará con todos sus santos por toda la eternidad. Esta edad está también figurada por el séptimo Espíritu del Señor, Espíritu de ciencia. Porque, en ese tiempo, se sabrá claramente, después que el Anticristo haya sido destruido y precipitado en el infierno, que Jesucristo vino al mundo como hombre. Entonces los restos de los judíos que habrán quedado harán penitencia. Esta edad está también figurada por el séptimo Espíritu del Señor; porque se multiplicará entonces la ciencia en la tierra, (según Daniel, c. XII, v. 4.) Entonces la señal del Hijo del hombre aparecerá en el cielo y todo ojo la verá. Además, está edad está representada por la séptima época del mundo. Porque así como esa época será la última en que concluirá el siglo, así también la séptima edad será la última de la Iglesia. En fin la Iglesia de Laodicea es tipo de esta edad, la que se explica por vomito. Esa voz conviene pues a la última edad, durante la cual antes que el Anticristo llegue al poder, la caridad sé resfriará, la fe se perderá, todos los reinos estarán trastornados, agitados y divididos entre si, se levantará una raza de egoístas, flojos y tibios. Los pastores, prelados y príncipes serán hombres engañosos, semejantes a los árboles dé otoño, sin hojas y sin fruto de buenas obras; serán como astros errantes, nubes sin agua. Cristo entonces comenzará a vomitar la Iglesia de su boca, y permitirá que Satanás sea desatado y extienda su poder en todo lugar; y qué el hijo de perdición penetre en el reino, que es la Iglesia.

II. Esto dice Amen, el testigo fiel, y verdadero, el que es principio de la criatura de Dios. Las primeras palabras del texto contienen nuevos atributos o insignias de Jesucristo: Esto dice el Amen. Amen es una voz hebrea, que significa verdadero. Esa palabra conviene perfectamente a Cristo; en virtud de la divinidad que de sí mismo tiene; y qué pertenece a su esencia, supuesto que él es la primera verdad. Por eso dice San Juan c. XIV. v. 6. «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Ese atributo no puede convenir a ningún hombre ordinario, porqué todo hombre es mentiroso, y solo Dios es verdadero. El testigo fiel y verdadero de la gloria y majestad del Padre, y a quién rindió testimonio, siendo su propio Hijo, y siéndole fiel basta la muerte, y muerte de cruz. El que es principio de la criatura de Dios, porque, según San Juan, c. I.  v. 3. «Todas las cosas fueron hechas por él: y nada de lo que fue hecho, se hizo sin él». El apóstol comienza primero por declarar esos atributos e insignias divinas, para confirmar a los espíritus de sus siervos en la verdad del evangelio, contra la impiedad del Anticristo, quién, gloriándose ser, el Señor Dios del cielo y tierra, blasfemará de una manera horrible, diciendo que Jesucristo no es Dios, que no se hizo carne, y que ni su testimonio y Evangelio son verdaderos, etc.

Vers. 15. Sé tus obras, con esas palabras que suele emplear el apóstol, reprende las obras de esta edad, como se ve claramente por lo siguiente: Que ni eres frió ni caliente, es decir, no tienes temor de Dios, ni fervor de caridad, con cuya ayuda practicarías la justicia y verdad. El frío y calor son dos metáforas, con ellas se distinguen esas dos virtudes. Porque, en efecto, en los últimos días, la iniquidad se multiplicara, la caridad de muchos se resfriará, (S. Matth.c. XXIV. V. 12). Con razón pues Jesucristo reprende a esta edad de la Iglesia de no ser ni fría ni caliente. Esas palabras contienen una especie de deseo de N. S. Jesucristo, en su paternal afecto, deplora el triste estado de su Iglesia, como un padre o una madre acostumbra a llorar la muerte de un hijo o una hija y como un esposo llora la esposa que amaba.

Vers.16. Más porque eres tibio, es decir, estás lánguido, que pierdes la fe, esperanza y caridad, y de consiguiente, que no observas ya mis mandamientos, haciendo obras de justicia, te comenzaré a vomitar de mi boca. El hombre suele arrojar de su boca lo que le parece malo y desagradable, como, por ejemplo, el agua tibia, la cual representa por una verdadera metáfora, al fiel lánguido en la fe, esperanza y caridad, y al que no es cristiano sino de nombre. Por eso dice. Te comenzaré a vomitar de mi boca, es decir, yo comenzaré insensiblemente a desecharte lejos de mi, adejarte, a desampararte, y a permitir caigas en las herejías. Te comenzaré a vomitar de mi boca, es decir, permitiré a las naciones y al Anticristo te hollen, como se acostumbra a pisar la saliva y el agua tibia que está por tierra. El pueblo cristiano está en la boca de Cristo, por la fe en su palabra y en su Evangelio, y Jesucristo lo vomita a causa de la locura de sus abominaciones permitiendo caiga en el error y abandone la justicia. Eso es lo que Jesucristo comenzara hacer hacia el fin de la sexta edad y eso es lo que continuará en la séptima, cuando la caridad se resfriará, la iniquidad abundará, y casi todos los hombres perderán totalmente la fé.

Vers. 17. Porque dices: Rico soy estoy lleno de bienes, y de nada tengo falta: y no conoces que eres, un cuitado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo.

Vers. 18. Yo te aconsejo que compres de mi oro afinado en fuego, para que seas rico; y te vistas de ropas blancas, y no se te descubra la vergüenza de tu desnudez, y unge tus ojos con colirio para que veas. Jesucristo revela aquí, bajo la forma de una paternal corrección, los vicios y defectos de esta edad, contra los cuales da, al mismo tiempo saludable consejo y oportuno remedio. El primer vicio será una culpable presunción del espíritu, fundada sobre la propia ciencia; la qué dé tal modo cegará a los hombres, que ni aun siquiera conocerán sus pecados, y errores. Se endurecerán en sus vicios, deleites y mentiras, a tal punto, qué ellos mismos se justificarán, y desconocerán la sana doctrina. Eso es lo que Jesucristo expresa con estas palabras: Porque dices con falsa jactancia y vana presunción, rico soy, es decir, estoy dotado de la justicia, verdad, y ciencias las más perfectas y bellas. Estoy lleno de bienes, por el conocimiento y practica de todas las artes. Mi experiencia es superior a la de todos los siglos. Y de nada tengo falta. No tengo necesidad de que los otros me instruyan. Ese es también el espíritu satánico de que están animados los falsos políticos y falsos cristianos de nuestra época, quienes, despreciando toda verdadera ciencia, toda sana doctrina, y no escuchando ya a los directores de almas, se justifican en todas las cosas, y no siguen sino los impulsos de su amor propio y de su voluntad pervertida. Estos corren así a su propia perdición. De lo que se sigue: Y no conoces, tú no reconoces eres cuitado. Porque, en efecto, tú eres desgraciado a causa de tu ceguedad, de tu falta de gracia y verdadera luz, y por consiguiente, también eres desgraciado, a causa de la enemistad con Dios, enemistad que es la más grande de las desdichas. Mas tu miseria es mucho mayor en cuanto no conoces o no quieres conocer el mal, ni emplear el remedio propuesto por mí o por otros. Eres…miserable por la pena que se seguirá. Además eres pobre en méritos espirituales, méritos que no pueden subsistir, con el estado de la enemistad en que te encuentras con Dios. Eres ciego, porque no ves, y no reconoces tus defectos, vicios, pobreza y miseria. Y estás desnudo y despojado de las virtudes de verdadera fe, esperanza, caridad justicia y religión, siendo, las virtudes como el vestido del alma. El segundo, vicio de esta edad será la vana confianza en las riquezas, tesoros, objetos preciosos, ricos ornamentos, magnificencia de edificios y templos, y en el exterior esplendor de las cosas temporales y espirituales. Y como ninguna de esas ventajas tendrá unión con la caridad de Dios, tampoco agradarán a Jesucristo. Porque Dios no aceptaba los sacrificios del Antiguo Testamento sin la misericordia. Todos esos bienes serán presa del Anticristo; quién disfrutará de los tesoros de las Iglesias, de los, reyes, príncipes y grandes. Hollará todo lo santo y sagrado; entregará a, las llamas y arruinará, completamente los mas magníficos templos. Entonces habrá la desolación y la mayor abominación de cuantas han habido; porque todo lo sagrado será, consumido por el fuego y reducido a cenizas. Contra tales desventuras Jesucristo da aquí un saludable consejo y preciosa advertencia. Yo te aconsejo, a ti ya agonizante, y luchando con la muerte, que compres de mi, en lugar de todos esos tesoros, oro afinado en fuego de caridad y sabiduría celestial, con obras de misericordia, con limosnas y piadosas fundaciones, Yo te aconsejo que compres de mi oro afinado que no pueda quitarte, el tirano; ni nadie alterar. Eso es lo que hicieron San Lorenzo y otros santos mártires, los cuales, al aproximarse la muerte y la hora de la tentación, distribuyeron los tesoros de la Iglesia a los pobres; y compraron el oro afinado de la caridad, cuya llama ardiente los ayudó a sufrir las brasas y demás suplicios de los tiranos. Eso deberán hacer los santos de Dios, sobre todo en esos últimos tiempos calamitosos, después de los cuáles ya no habrá más tiempo, ni habrá tampoco necesidad de oro, plata; vasos preciosos, ni de tesoros. Así es como N. S. Jesucristo nos exhorta paternalmente. Para que seas rico, es decir, para enriquecernos de tesoros celestiales que nadie puede, ni podrá arrebatarnos en la eternidad, si de nosotros mismos hacemos el sacrificio de esos bienes caducos y perecederos. Yo te aconsejo que compres de mi…,y te vistas de ropas blancas, es decir, de vestidos de virtudes y de emolumentos que Dios te dará, en premio de tú caridad y dé tus obras de misericordia. Compra de ese tesoro y no se descubra la vergüenza de tu desnudez. Cubre tus pecados que son como la desnudez del alma; porque la caridad nos alcanza el perdón de la multitud de nuestras culpas. Y unge tus ojos con colirio para que veas. El colirio sirve de remedio para la vista. Los ojos del alma son la memoria y el entendimiento. Más, esos ojos del alma son con frecuencia oscurecidos y cegados por el cebo de bienes terrestres. El remedio que Dios propone aquí como medicina espiritual contra esas dos enfermedades de la vista, para preservarnos de la ceguera espiritual, consiste sobre todo en la meditación de los novísimos y de las Santas Escrituras. Esos remedios serán especialmente necesarios a los soldados de Jesucristo en los últimos tiempos, a causa del horror de los tormentos, y de los errores y falacias de los falsos profetas, y también a causa do los escándalos y pérdida total de la fe, de consiguiente, para nuestro mayor bien nos advierte Jesucristo, diciendo; Y unge tus ojos con colirio, esto es, aplica los ojos de tu alma a la meditación de los novísimos; escudriña las Santas Escrituras, para mejor distinguir la vanidad de los bienes de la presente vida, y la solidez de los futuros bienes. Busca también la distinción que hay entre la verdad y la iniquidad del tirano, quién procurará seducirte con fingidas promesas y lisonjas, con falsos prodigios y aparentes milagros.

Vers. 19. Yo a los que amo reprendo y castigo; es decir, yo te advierto e informo de los defectos de que te debes corregir, y de los peligros que debes evitar, como un padre advierte a sus hijos muy amados. Y a los que amo...castigo; permitiendo contra ellos, en esta vida, las adversidades, tribulaciones y persecuciones; y los someto al poder de los impíos, según el Salmista, Psal. LXV, v. 12. «Pusisteis hombres sobre nuestras cabezas: Pasamos por el fuego y por el agua: y nos sacaste a refrigerio.»

III. Ármate pues de celo y arrepiéntete. Esas palabras; encierran dos preceptos prácticos, intimados por Jesucristo A los fieles existentes en la última prueba, es decir, el buen ejemplo y la penitencia. Ármate pues de celo, imita a mis valientes y prudentes soldados, los que padecieron, semejantes persecuciones, bajo Diocleciano y demás tiranos. Y arrepiéntete de tus pecados, levántate pronto de tu caída, como hizo el papa Marcelino, quién, después de haber sacrificado a los dioses por temor de los tormentos y de la muerte; sin embargo se arrepintió.

Vers. 20. He aquí que estoy a la puerta, y llamo: si alguno oyere mi voz, y me abriese la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Esas palabras nos anuncian la llegada y convite del Cordero, al que nos convida diciendo. He aquí estoy a la puerta, y llamo. Jesucristo estará a la puerta de su Iglesia cuando vendrá a juzgar, al fin del mundo. Y llamará cuando los hombres verán que se cumplen los signos y la grande tribulación que predijo en San Mateo, c. XXIV. v. 32, donde añade la parábola de la higuera: «Cuando vosotros viereis todo esto, sabed que está cerca a las puertas el Hijo del hombre». Si alguno oyere mi voz, y abriere la puerta. En ese tiempo se oirán dos voces: una verdadera y santa, la de Jesucristo, otra falsa e impía, la del Anticristo, y sus prosélitos; porque estos dirán que el Anticristo es el Mesías. Contra esta última voz nos pone Jesucristo en cuidado, cuando dice en San Mateo, c. XXIV. v.23: «Entonces si alguno os dijere: Mirad, el Cristo está aquí o allí: no lo creáis». La otra voz es la de Jesucristo que dice en las santas Escrituras ser el verdadero Mesías y el Hijo de Dios. Esta voz se dejará oír por la boca de Enoch y de Elías, y de otros siervos de Dios, quienes entonces resistirán al Anticristo, y predicarán que Jesucristo es verdadero Mesías, Dios y hombre, hecho carne etc. Con razón dice pues aquí Jesucristo: Si alguno, oyere mi voz, y me abriere la puerta de su corazón, creyendo en mí, entraré a él por la gracia de mí consuelo, en medio de todos los suplicios y adversidades. Y cenaré con él, y él conmigo. La cena corporal es la comida que se toma antes del sueño, así como la santa cena es el confortativo del alma antes de la muerte. En este sentido dice Jesucristo: Cenaré con él, esto es, lo restauraré confortaré a la muerte con la gracia de la perseverancia. Y él cenará conmigo, es decir, él resistirá a los tormentos hasta la muerte, para en seguida alcanzar la corona de, la inmortalidad.

Vers. 21. Al que venciere mundo, carne, demonio y muerte, le haré sentar conmigo en mi trono; así como yo también he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Esas palabras prometen a los soldados de Jesucristo que hayan vencido en la última agonía de ese siglo, la potestad y honor de juzgar vivos y muertos, como Jesucristo también lo prometió a sus apóstoles, en San Mateo c. XIX. v. 28: «En verdad os digo, que vosotros, que me habéis seguido, cuando en la regeneración se sentará él Hijo del hombre en el trono de su majestad, os sentareis también vosotros sobre doce sillas, para juzgar a las doce tribus de Israel». Así es pues como Jesucristo promete a sus siervos de la última edad una insigne distinción en los cielos, la que será potestad judiciaria, y gloria de sentarse en un trono, en premio de la difícil victoria que habrán conseguido en la mayor de las persecuciones.

Vers. 22. El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.


INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas 148 a la 156.

Traducido al Español por el
Reverendo Padre Fray Ramón de Lérida,
Capuchino Misionero Apostólico.

Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.

Imprimase
EL OBISPO DE LA SERENA (CHILE)

Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.

Año 1860

LA SEXTA EDAD DE LA IGLESIA, QUE COMENZARA CON EL PONTIFICE SANTO Y EL MONARCA PODEROSO - VENERABLE BARTOLOME HOLZHAUSER

 


De la sexta edad de la Iglesia, edad de consuelo
que principiará en el Pontífice santo y Monarca
poderoso, y durará hasta la aparición
del Anticristo.

CAPITULO III. Versículo 7.-1

I. Vers. 7. Y escribe al ángel de la Iglesia de Philadelfia; La sexta edad de la Iglesia comenzará en el Monarca poderoso y el Pontífice santo de quién ya se hablo, y durará basta la aparición del Anticristo. Esta edad será una edad de Consuelo (consolativus), en la que Dios consolará a su Iglesia santa de la aflicción y de las grandes tribulaciones que habrá padecido en la quinta edad. Todas las naciones serán reducidas A la unidad de la fe católica. El sacerdocio florecerá más que nunca, y los hombres buscarán el reino de Dios y su justicia con toda solicitud. El Señor dará a la Iglesia buenos pastores. Los hombres vivirán en paz, cada cual en su viña y su campo. Les será otorgada esa paz por que se habrán reconciliado con el mismo Dios. Vivirán a la sombra de las alas del Monarca poderoso y de sus sucesores. Encontramos el tipo de esta edad en la sexta época del mundo, la que principió con la emancipación del pueblo de Israel, y la restauración del templo y de la ciudad de Jerusalén, y duró hasta la venida de Jesucristo. Porque así como en esa época fue consolado el pueblo de Israel al mas alto grado por el Señor su Dios, siendo libertado de su cautiverio; Jerusalén y su templo fueron restaurados, los reinos, naciones y pueblos sometidos al imperio romano fueron vencidos y subyugados por Cesar Augusto, monarca muy poderoso y distinguido, quién los gobernó 56 años, dio la paz al universo, y reinó solo hasta la venida de N.S. Jesucristo, y aun después; así, en la sexta edad, Dios alegrará a su Iglesia con la mas grande prosperidad. Porque, aunque en la quinta edad no veamos por todas partes sino las mas deplorables calamidades: mientras que la guerra lo devasta todo; los católicos están oprimidos por los herejes y malos cristianos; la Iglesia y sus ministros han sido hechos tributarios; los principados están revueltos; los monarcas entregados a la muerte, los súbditos son desechados, y todos los hombres conspiran a erigir repúblicas, se opera un cambio asombroso por la mano del Omnipotente Dios, tal, que nadie puede humanamente imaginárselo. (1) Porque ese Monarca poderoso, que vendrá como el enviado de Dios, destruirá las repúblicas de arriba a bajo, someterá todo a su poder (sibi subjugabitomnia) y empleará su celo por la verdadera Iglesia de Cristo. Todas las herejías serán relegadas al infierno. El imperio de los Turcos será destruido, y ese Monarca reinará en Oriente y Occidente, Todas las naciones vendrán y adorarán al Señor su Dios en la verdadera fe católica y romana. Muchos santos y doctores florecerán en la tierra. Los hombres amarán el juicio y la justicia. La paz reinará en todo el universo, porque el divino poder atará a Satanás por muchos años, etc; hasta que venga el hijo de perdición, quién de nuevo lo desatará. A esta sexta edad, en razón de la similitud de su perfección, también se refiere el sexto día de la creación, cuando Dios creo al hombre a su semejanza, y le sometió todas las criaturas del mundo para ser el Señor y dueño de ellas. Pues así es como ese Monarca dominará sobre todas las bestias de la tierra; esto es, sobre las naciones bárbaras, sobre los pueblos rebeldes, sobre las repúblicas heréticas, (2) y sobre todos los hombres dominados por las malas pasiones. A esta sexta edad se refiere también el sexto espíritu del Señor; a saber: espíritu de sabiduría, que Dios difundirá en abundancia, sobre toda la superficie del globo, en este tiempo. Porque los hombres temerán al Señor su Dios, observarán su ley y le servirán de todo su corazón. Se multiplicarán las ciencias y serán perfectas. Las santas escrituras serán entendidas unánimemente, sin controversia, ni errores heréticos. Los hombres serán iluminados, tanto en las ciencias naturales como en las celestiales. En fin, la Iglesia de Philadelfia es tipo de la sexta edad; porque Philadelfia significa amor de hermano (amor fratris salutans), y también, guardando la herencia, en la unión con el Señor (haereditatem salvans adhaerente Domino.) Todos esos caracteres convienen perfectamente a esta sexta edad, en la que habrá amor concordia y paz perfecta, y el Monarca poderoso podrá considerar como herencia suya a casi todo el mundo. El libertará la tierra, con el auxilio del Señor su Dios, de todos sus enemigos, de las ruinas y de todo mal.

II. Esto dice el Santo y el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra: cierra y ninguno abre. San Juan, como suele hacer en la descripción de cada edad, marca también aquí con sus primeras palabras, algunas insignias de N. S. Jesucristo; insignias que no tan solo lleva en si mismo, sino que también las hace brillar exteriormente en sus miembros y en su cuerpo, que es la Iglesia, de un modo especial en la sexta edad. Esto dice el Santo de los santos del verdadero Dios y hombre. A causa de esas insignias infinitas, la santidad y verdad que por hipóstasis divina pertenecen a Jesucristo, toda rodilla ha de doblar ante él, en el cielo, en la tierra, en los infiernos etc. Llamase aquí también Santo y Verdadero, en calidad de cabeza de sus miembros y de su cuerpo, que es la Iglesia; y también porque su Iglesia será santa y verdadera en la sexta edad de un modo particular. Será santa, porque los hombres andarán entonces con todo corazón en los caminos del Señor, y buscarán con toda solicitud el reino de Dios: La Iglesia será verdadera, porque después de ser relegadas al infierno todas las sectas, ella será reconocida verdadera sobre la faz de la tierra. El que tiene la llave dé David. Por esas palabras se percibe el poder real universal de Cristo sobre su Iglesia, poder que conservara hasta la consumación del siglo ejecutando la voluntad y consejos de Dios Padre; Matth. c. v. 18. «Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra.» Sobre esto véase el lib. 2. cap. IV:. Además, se dice aquí que Cristo tiene la llave de David, porque David y su reino fueron la figura de Jesucristo y de su reinado, como se ve en los libros de los profetas. El que abre y ninguno cierra: cierra ninguno abre. Esas palabras expresan cual es la potestad de esta llave de Cristo. Potestad ilimitada y constituida en un solo poder, distribuyendo los bienes y males según su beneplácito. Por eso se dice: El que abre la puerta de los bienes derramándolos, y el que abre la puerta de los males permitiéndolos y ninguno cierra, esto es, nadie es capaz de impedir se cumplan los decretos de su divina voluntad en el cielo, en la tierra y en los infiernos. Los malos son impotentes para estorbar él bien, y los buenos incapaces de impedir el mal. Porque se dice de los malos en San Mateo, c. XVI, v, 18: «Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» Y dé los justos en Ezequiel, c. XIV, v. 14. ¿Y si estuvieran en medio de ella estos tres varones. Noé, Daniel, y Job, (en medio de una nación que habrá pecado contra el Señor:) ellos por su justicia librarán sus almas; dice el Señor de los ejércitos etc. Cierra y ninguno abre, esto es; en contra; hace desaparecer los males de la Iglesia en su tiempo y le devuelve los bienes. En seguida permite de nuevo los castigos, y ninguno los puede quitar de su mano ni impedirlos, según lo que está escrito en el Salmo CIII. v. 28: «Dándoles tú (alimento), ellos recogerán: abriendo tu tú mano todos se llenarán de bienes. Mas apartando tú tu rostro, se turbarán: les quitarás el espíritu de ellos; y desfallecerán, y se reducirán a su polvo. Enviarás tu espíritu, y serán criados, y renovarás el semblante de la tierra, etc.». Yo conozco tus obras. Esas palabras alaban, en general, las obras de la sexta edad, así como mas arriba vituperaban las obras de la quinta. Conozco tus obras, que son todas santas, buenas, perfectas y llenas de caridad, como lo hará ver lo siguiente.

Vers. 8. He aquí puse delante de ti una puerta abierta, que ninguno puede cerrar: porque tienes un poco de virtud (3) y has guardado mí palabra, y no has negado mi nombre, etc. Esas palabras son muy consoladoras; ellas describen la futura felicidad de la sexta edad, felicidad que consistirá: 1.° En la interpretación verdadera, clara y unánime de las santas Escrituras. Porque entonces las tinieblas de les errores y las falsas doctrinas de los herejes, que no son otra cosa mas que la doctrina de los demonios, se desvanecerán y desaparecerán. Los fieles de Cristo, esparcidos en toda la superficie del globo, se adherirán a la Iglesia de corazón y de espíritu, en la unidad de la fe y de la observancia de buenas costumbres. Por eso se dice: He aquí puse delante de ti una puerta abierta, esto es, la inteligencia clara y profunda de las santas Escrituras. Que ninguno puede cerrar, queriendo decir que ningún hereje podrá ya pervertir el sentido de la palabra de Dios, porque en esta sexta edad se tendrá un concilio ecuménico, el mayor dé cuantos han habido, en el cual, por un favor particular de Dios, por la potestad del anunciado Monarca, por la autoridad del pontífice santo y unión de los mas piadosos príncipes, todas las herejías y el ateísmo serán proscritos y desterrados de la tierra. Se declarará el sentido legítimo de las santas Escrituras; el que será creído y admitido por todo el mundo, porque Dios habrá abierto la puerta de su gracia. 2.° Esa felicidad consistirá en que los fieles serán inmensos en número; porque en ese tiempo, todos los pueblos y naciones afluirán hacia un solo rebaño, y allí entrarán por la sola puerta de la verdadera fe. Así es como se cumplirá la profecía de San Juan, c. X. v. 16: «Y será hecho un solo aprisco, y un pastor». Y también la otra de San Mateo, c. XXIV v. 14. «Y será predicado este Evangelio del reino por todo el mundo, en testimonio a todas las gentes: y entonces vendrá el fin.» En este sentido es pues también como se dice aquí: Pues delante de ti una puerta abierta, la puerta de la fe y salvación de las almas, puerta cerrada en la quinta edad a una innumerable multitud de hombres, a causa de las herejías y abominaciones de los pecadores. Por esto el aprisco estaba entonces reducido, envilecido, humillado y despreciado al mas alto grado. Mas ahora puse delante de ti una puerta abierta, abierta está a todos, como la grande entrada de un palacio real, cuando no hay que temer enemigos ni sediciones. 3.º Esa felicidad consistirá en la multitud de predestinados. En efecto, número crecido de fieles se salvarán en eso tiempo, porque la verdadera fe resplandecerá, y la justicia abundará. Puse delante de ti una puerta abierta, la puerta del cielo que nadie puede cerrar hasta el tiempo prefijado, El testo latino principia con la partícula, ecce, hé aquí, porque, como se dijo en otra parte, esa palabra escita nuestro espíritu a concebir alguna cosa grande y admirable en esta obra que Dios hará para nuestro consuelo, felicidad y alegría espiritual. Porqué tienes un poco de virtud y has guardado mi palabra. Ese pasaje indica tres causas tres méritos particulares, por los cuales Dios se apiadará de su Iglesia, y abrirá la puerta de su misericordia en esta sexta edad el primer mérito está puesto en tiempo presente. Porque tienes poca virtud. Esas palabras expresan la industria de los siervos de Dios, quienes emplearán con prudencia y celo la poca fuerza que habrán recibido de él, y así conseguirán muy grandes frutos para convertir a los pecadores y herejes. Jesucristo recompensará con grande prosperidad ese gran esfuerzo que habrán hecho para obrar esas conversiones, sobre todo en el principio de la sexta edad. El segundo y tercer mérito están puestos en tiempo pasado: Y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. Con eso designa la constancia y perseverancia de sus siervos en su amor y fe. Porque, al fin de los tiempos de la quinta edad, ellos teniendo poca fuerza, se levantarán sin embargo contra los pecadores que habrán negado la fe por causa de bienes terrestres. Se levantarán también contra ciertos sacerdotes, quienes habiéndose dejado seducir por la belleza y atractivos del sexo femenino, querrán abandonar el celibato. Pues, en el tiempo en que el demonio disfrutará de una libertad casi absoluta y universal, cuando la tribulación llegue al más alto grado sobre la tierra, esos siervos fieles, unidos entre sí con los mas fuertes lazos, protegerán el celibato, conservándose puros en medio del siglo. Pasarán por viles a los ojos de los hombres, y se verán despreciados y repelidos del mundo, quién los ridiculizará. Pero Jesucristo Salvador, en su bondad, mirará propiciamente la paciencia de ellos, industria, constancia y perseverancia, y los recompensará en la sexta edad, secundando y favoreciendo sus esfuerzos en la conversión de los pecadores y herejes. Porque tienes poca virtud, esto es, eres desconocido y careces de potestad, de riquezas y de gloria: con medida te se dio y distribuyó la gracia de Dios; y sin embargo has hecho los mayores esfuerzos con celo y ardiente caridad por el santo nombre de Jesús, por su iglesia y salvación de las almas. He ahí porque Cristo, en su misericordia, te socorrerá al cabo y abrirá la puerta de la verdadera fe y penitencia a los herejes y pecadores. Y has guardado mi palabra. La palabra de Cristo se toma aquí por la doctrina especial y el conocimiento de un precepto o consejo que no estaba contenido en la antigua ley, y el que era enteramente contrario al Mundo. El Evangelio, de consiguiente contiene tres palabras de ese género; la primera es el precepto del amor de los enemigos y de la caridad fraternal, (Matth, c. V.) La segunda es el consejo de la continencia y celibato. Matth. c. XIX. V. 12. «Hay castrados, que a si mismos se castraron.» La tercera palabra es la paciencia que hemos de practicar, Matth c. V. v. 39. Si alguno te hiriere en la mejilla derecha, preséntale también la otra, Y a aquel que quiere ponerte a pleito, y tomarte la túnica, déjale también la capa. Dice pues el texto: Y has guardado mi palabra, esto es, la palabra de la fraternal caridad, del celibato, de la paciencia y mansedumbre; palabra que Dios pronunció con su divina boca, y observó él mismo, no has negado mi nombre. El texto latino dice: No has negado mi fe. (4) Se niega la fe con mayor frecuencia por amor de riquezas, honores y deleites. Los siervos de Cristo despreciarán esas tres concupiscencias hacia el fin de la quinta edad, y llevarán una vida humilde, sin buscar dignidades ni mando. Serán despreciados e ignorados de los grandes, de lo que, se regocijarán. Sacrificarán sus rentas en socorro de los pobres, y para edificación y propagación de la Iglesia católica, a la cual amarán como a una madre. Andarán en presencia de, Dios y de los hombres con sencillez de corazón, por esto es que su vida retirada será considerada como una demencia. La sabiduría del mundo consiste en retener y aumentar lo que se posee; esos fieles siervos, al contrario, despreciarán los bienes y honores terrenos, y se preservarán de las inmundicias con mujeres. Su conversación sera como corresponde a su vocación. Cuando pues vean a sus semejantes apostatar y negar la fe de Jesucristo por las riquezas, honores y placeres, gemirán sus corazones delante de su Dios, y perseveraran en los verdaderos principios de la fe católica. Con razón les dirige Jesucristo estas alabanzas. Y no has negado mi nombre.

III. Vers. 9. He aquí daré de la Sinagoga de Satanás, los que dicen son Judíos y no lo son, mas mienten. He aquí los haré venir, y que adoren ante tus pies; y sabrán que yo te he amado, etc. Sigue ahora la promesa de una muy abundante gracia de Dios, quién de costumbre ayuda, completa con buen éxito los piadosos esfuerzos de sus siervos, y recompensa su fidelidad, constancia y perseverancia en el bien que emprenden. El texto latino citado mas arriba encierra tres veces la partícula, ecce, he aquí. 1.º Ecce dedi coram te ostiurn apertum. Puse delante de ti una puerta abierta. 2,° Ecce dabo. Daré. 3. ° Ecce faciam. Haré. Para elevar nuestro espíritu, y hacernos concebir cuan grandes y admirables son las obras de la misericordia divina, va a manifestar las riquezas de su gloria, de su gracia y de su infinita bondad. 1.° He aquí. Dirigiese en primer lugar a sus siervos, y les dice: He aquí los frutos de tus trabajos y de tus obras. 2.° Ecce dabo. Daré lo que por, tanto tiempo has invocado con tus lagrimas y piadosos gemidos. 3.º Ecce. He aquí voy a hacer lo que nadie creía. Consuélate pues ahora, etc.; porque te daré de la sinagoga de satanás, los que dicen son judíos y no lo son, mas mienten. En la Sinagoga de Satanás están los judíos y aquellos que yerran en la fe admitiendo la falsa doctrina del demonio, padre de la mentira. También por judíos, se le entiende al figurado y alegóricamente los herejes y cismáticos quienes se intitulan cristianos y no lo son, y mienten. Jesucristo promete pues aquí la conversión de los herejes, cismáticos y todos los que yerran en la fe. Esa conversión se verificará en la sexta edad, cuando la iglesia griega se unirá de nuevo a la Iglesia latina. Los haré venir, y que adoren ante tus pies. Esas palabras expresan la fuerza, eficacia y abundancia de la gracia y bondad de Dios, el que hará vengan naciones enteras y aun todos los pueblos a rendirle adoración sometiéndose a la Iglesia católica, la que de ellos será madre, Haré, con la luz de mi gracia vengan espontáneamente y no ya forzados por la guerra y el cuchillo. Los haré venir, y que adoren ante tus pies. Es decir, se humillen y sujeten a tu potestad espiritual. Se ve, por lo que acaba: de decirse, que fe y confianza tendrán todos los prelados pastores de almas en la gracia de Dios, sin la cual todo bambolean y nada se hace. He ahí pronto cien años de continuos combates contra los herejes, no solo con discusiones fuertes y acaloradas y con escritos sapientísimos sino que también con la fuerza de las armas: todos los medios se han ensayado y sin embargo ningún suceso se ha obtenido. Ya no queda otra cosa que hacer, sino servir al Señor nuestro Dios, humillarnos, llevar una vida santa y trabajar con ahínco para conservar los restos del catolicismo, hasta que plazca á Jesucristo apiadarse al cabo de su iglesia, a la que no puede olvidar, y tener en cuenta los esfuerzos de sus siervos los que continúan temiéndole y sirviéndole. Pónganos pues nuestra esperanza y viva confianza en la gracia todo poderosa de Jesucristo, quién con un solo rayo de su luz puede iluminar a los espíritus ciegos de los miserables pecadores y herejes. Esta confianza nos la recomienda el Salmista, Salmo XXX, desde el versículo 3 hasta el 7. Y sabrán que yo te he amado, es decir, confesarán que tú sola eres mi esposa escogida y querida, la verdadera Iglesia, y la heredera del reino celestial, fuera de la cual no hay salvación. Porque en la sexta edad la Iglesia católica será elevada al apogeo de su gloria temporal, y del uno al otro piélago será ensalzada: entonces no habrán ya controversias ni cuestiones entre los hombres para saber cual es la verdadera Iglesia. Por esto se dice: Sabrán, es decir que aquello, sobre lo que tanto se cuestiona y discute en la quinta edad, en la sexta tendrá total lucidez. Así es como la divina bondad sabe sacar bien del mal, permitiendo las herejías y tribulaciones, afín que su santo Nombre sea mejor conocido. De eso tenemos un ejemplo en todos los errores que aparecieron en diversas épocas, los cuales, por temibles que fuesen, desaparecieron de nuevo por el poder de la verdad divina. Citaremos solo el de Arrió contra la divinidad de Jesucristo. ¿Acaso hubo alguno semejante en obstinación? La herejía moderna se le puede ciertamente muy bien comparar.

Vers. 10. Porque has guardado la palabra de mi paciencia, y yo te guardaré de la hora de la tentación, que ha de venir sobre todo el mundo, para probar a los moradores de la tierra. La hora de la tentación que ha de venir, y que aquí se predice, es el tiempo de la persecución del Anticristo, al que Nuestro Señor profetizó en San Mateo, c. XXIV, y en Daniel, c. XI. v. 12. La llama hora de la tentación, supuesto que durará poco, y que será corta la séptima edad de la iglesia, como mas allá veremos. La divina bondad acostumbra preservar a sus elegidos de la hora de la tentación y de los tiempos calamitosos por dos medios: 1.° Llamándolos a si, por medio de una muerte natural, antes que los sorprendan los males y las tribulaciones: otorgó esa gracia a Ezequías, a Josías y a otros santos del antiguo y nuevo Testamento. 2.° Preserva también a los suyos, sin llevárselos de este mundo, pero si librándolos del mal. Joa., c. XVII. v. 15: «No te ruego, que los quites del mundo, sino que los guardes del mal;» así es como Jesucristo envió a sus apóstoles y discípulos en medio de los lobos. Con esos dos medios, Dios, en la sexta edad, preservará a su Iglesia de la hora de la tentación del Anticristo. 1.° Llamándola a si, porque, al fin de la sexta edad, la caridad se resfriará, los pecados comenzarán a multiplicarse, y poco a poco se levantará una generación perversa y también hijos infieles. Los justos, los santos, los buenos prelados y pastores serán entonces quitados en crecido número por una muerte natural, y vendrán a su lugar hombres tibios y carnales, quienes se cuidarán solo de si mismos, serán corno árboles sin fruto, astros errantes y nubes sin agua. 2.° Jesucristo preservará a su Iglesia del mal, sin quitarla de este mundo; porque la Iglesia durará hasta la consumación dé los siglos, y en comparación de multitud tan grande de malévolos, quedarán pocos santos y pocos doctores, a los que Dios enviará en medio de lobos, para enseñar a muchos la verdad y la justicia. Esos caerán bajo el filo del acero en las llamas, cadenas y ruina. (Dan., c. XI) Dios preservará así a esos últimos elegidos de la hora de la tentación, librándolos del mal, es decir, impidiendo consientan a la impiedad del tirano encolerizado, y ayudándolos a morir por la verdad, justicia y fe de Jesucristo.

Vers. 11. Mira que vengo luego: guarda lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Esas palabras contienen una saludable advertencia sobre la repentina e inopinada llegada de Jesucristo, al mismo tiempo una exhortación, para que los fieles continúen en el buen camino. Ellas con como dos escudos esencialmente necesarios, que nos son presentados principalmente contra la última tribulación descrita en San Mateo, c. XXIV. v. 1. Porque entonces los hombres pensarán que el reino del Anticristo durará de un modo excesivo a causa de la grande felicidad y potestad de ese tirano. Los judíos y demas infieles que lo recibirán como al Mesías, creerán eterno su reino. Pues, para abatir esa presunción y destruir esa falsedad, dice aquí: Mira que vengo luego. 2. Así como en tiempo de la horrible persecución de Diocleciano prototipo vivo del Anticristo, muchos fieles renunciaron a la fe de Jesucristo, y sacrificaron a los ídolos, entre ellos hasta el mismo Papa San Marcelino, quién luego hizo penitencia y padeció valerosamente el martirio; y así como sobre los cuarenta mártires en tiempo del emperador Licinio, hubo uno que defeccionó, cuya corona fue dada en seguida a Janitor; así también sucederá en la persecución del fin de los tiempos, y todavía peor; porque sobrepujará a todas las precedentes. Por este motivo Jesucristo, como general en jefe, cuida de prevenir de antemano a sus soldados, armándolos con el escudo soberanamente necesario de la fuerza, constancia y perseverancia. Los exhorta pues diciéndoles.

Vers. 12 Guarda lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. A quién venciere, lo haré columna en templo templo de mi Dios, y no saldrá jamás fuera: y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que descendió del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo. Para dar mayor vigor a sus queridos soldados y confirmarlos mucho más en la última y más terrible persecución Nuestro Señor Jesucristo hace seguir en el contexto, la promesa de los mayores bienes, como recompensa proporcionada a las difíciles victorias conseguidas por los justos sobre el tirano. De esas victorias la primera será la firmeza y constancia, por las cuales serán como columnas de perseverancia en la Iglesia de Cristo. Resistirán al furor del tirano, a sus falsos milagros e invenciones diabólicas, y sacrificarán sus cuerpos, sangre, y vida por la verdad y la justicia. La segunda victoria será la confesión del verdadero Dios que creo el cielo, la tierra y todo lo que encierran; el Anticristo se encruelecerá principalmente contra esa confesión, y se constituirá el dios de los dioses. La tercera victoria será la fe firme y la fidelidad de la Iglesia de Cristo, a la que el Anticristo desechará como una impostora, y en su furor la dispersará por los cuatro vientos del cielo, sobre los áridos cerros, y en las cavernas. La cuarta, en fin, será la confesión del nombre de Cristo, contra la cual se levantará el tirano. Se glorificará en los falsos milagros que hará con ayuda de diabólicos artificios. Se llamará Mesías, y como tal lo recibirán los judíos, según las palabras del mismo Jesucristo, en San Juan, c. V. v. 43. 5 «Yo vine en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su nombre, a aquel recibiréis». A esas cuatro virtudes, méritos y victorias insignes de los justos, Dios promete en proporción, cuatro suertes de recompensas y de glorias. La primera está en estas palabras. Lo haré columna en el templo de mi Dios, y no saldrá jamás fuera. Las columnas se colocan en los palacios de los reyes para sostener la mole del edificio, para embellecerlo, adornarlo y realzar su esplendor: así es pues como los justos de Dios, por la firmeza de su fe, son en el templo de Cristo, es decir, en la Iglesia militante, columnas de verdad y justicia de Jesucristo; defendiéndolas y predicándolas, combatiendo y muriendo por ellas; de esa suerte, decimos también que; en el templo de Dios y en la Iglesia triunfante, los justos serán además columnas eternas, resplandecientes de gloria, en presencia de todos los santos y ángeles celestiales. En seguida, como esos justos habrán permanecido fiel y constantemente en el templo de Dios sobre la tierra, esto es, en la Iglesia católica, sin salir jamás de ella, ni abandonar la verdadera fe para incorporarse en las sectas del Anticristo o en las de los demás herejes; de este modo morarán también en el templo eterno de Dios, sin que tampoco salgan nunca de él. Serán inmortales, impecables, estables e inmutables por toda la eternidad. No tendrán ya que sufrir dolores ni derramar lágrimas. En fin, la muerte, el hambre, sed y todas las otras miserias del cuerpo y del alma, no los tocarán ya. La segunda recompensa se encuentra en estas palabras: Y escribiré sobre él el nombre de mi Dios. Porque serán semejantes a él, (según San Juan. c. III. v.3): y hasta serán llamados dioses, como se ve en el Salmo LXXXI. v. 6. «Yo dije: dioses sois, y todos hijos del Altísimo,» La tercera recompensa está así expresada: Y escribiré sobre el….el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que descendió del cielo de mi Dios. Es decir, que, los justos serán el templo de Dios, en el cual dignara habitar el Rey de reyes, y el Señor de los señores, y ellos lo poseerán con la visión beatifica por toda una eternidad. En fin, la cuarta recompensa se encuentra en estas palabras. Y escribiré sobre él….mi nombre nuevo; queriendo decir que él honrará a los justos con su nombre; porque serán llamados hijos de Dios, (según San Juan e. III v. 1.)

Vers, 13. Quién tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.
Eso se explica lo mismo que mas arriba.

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(1) N. del T. F. Acordémonos del estado de la Europa en 1848.

(2) Sabemos que la Suiza se compone de muchas repúblicas la mayor parte protestantes.

(3) N. d T. E. En la traducción francesa se lee force, fuerza, en el texto latino virtutem virtud, así Scio, aunque también puede significar fuerza.

(4) N. d. T. E. Deseoso de proceder con toda delicadeza, no puedo menos de indicar aquí a mis lectores, que en el texto latino del Apocalipsis se lee, et non negasti nomen meum, y no has negado mi nombre, pero M. Wuilleret dice mo foí, mi fe.


INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas 132 a la 147.
Traducido al Español por Fr. Ramón de Lérida

Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.

Imprimase
EL OBISPO DE LA SERENA (CHILE)

Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.
Año 1860.

LA QUINTA EDAD DE LA IGLESIA MILITANTE - VENERABLE BARTOLOME HOLZHAUSER

 


De la quinta edad de la Iglesia militante, llamada edad de Aflicción, comenzando desde, León X, y Carlos V, hasta el Pontífice santo y el Monarca poderoso.

CAPITULO III. Vers. 1-6

CAPITULO III. Versículo 1.

Vers. I. I escribe al Angel de la Iglesia de Sardis: Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas yo conozco tus obras.
I. La quinta edad comenzó bajo el emperador Carlos V y el Papa León X, hacia el año 1520. Durará hasta el Pontífice santo y el monarca poderoso que vendrá en nuestra edad y será llamado socorro de Dios, esto es, restablecedor de todas las cosas. La quinta edad es edad de aflicción, de desolación, de humillación y de pobreza para la Iglesia, y con razón se la puede llamar edad purgativa (purgativus). Porque en esta edad Jesucristo ha limpiado y limpiará su trigo por medio de crueles guerras, sediciones, hambre y peste, y por medio de otras horribles calamidades, afligiendo y empobreciendo a la Iglesia latina por medio dé muchas herejías y también de malos cristianos que le arrebatarán gran número de obispados, casi innumerables monasterios, riquísimos prebostazgos, etc. La Iglesia se verá agobiada y empobrecida con las imposiciones y vejaciones de los príncipes católicos, de tal suerte que podemos al presente gemir con razón, y decir con el profeta Jeremías, en su libro de Lamentaciones, c.I, v, 1. «La princesa de las provincias ha sido hecha tributaria.» Porque la iglesia está humillada y envilecida, supuesto que de ella blasfeman los herejes y malos cristianos, sus ministros son despreciados, y no se les guarda ya mas reverencia, ni respeto. Por ahí es como Dios limpiará su trigo, arrojará la paja al fuego, mientras que juntará el buen grano para meterlo en su granero. Por último, esta quinta edad de la Iglesia, es una edad de aflicción, edad de exterminio, edad de defección llena de calamidades. Porque pocos cristianos quedaran en la tierra que se hayan librado del acero, del hambre o peste. Los reinos pelearán contra los reinos, y todos los estados estarán desolados por las disensiones intestinas, Los principados y las monarquías serán trastornados, habrá un empobrecimiento casi general y grandísima desolación en el mundo. Esos infortunios en parte se han cumplido ya, y todavía se cumplirán. Dios los permitirá por un justísimo juicio, por haber llegado a su colmo la medida de nuestros pecados cometidos por nosotros y por nuestros padres en el tiempo de su liberalidad que nos aguardaba para que nos arrepintiéramos. La Iglesia de Sardis es tipo de esta quinta edad. Porque la palabra Sardis significa principio de hermosura, es decir principio de perfección que se ha de seguir en la sesta edad. En efecto, las tribulaciones, la pobreza demás adversidades son el principio y causa de la conversión de los hombres, como el temor del Señor es el principio de la sabiduría. Tememos a Dios, y abrimos los ojos, cuando las aguas y olas de las tribulaciones nos asaltan: al contrario, mientras que disfrutamos de felicidad, cada cual bajo su higuera, en su viña, a la sombra de los honores, en las riquezas y descanso, olvidamos a Dios nuestro Criador, y pecamos en toda seguridad. He hay porque motivo la divina Providencia tiene ordenado sabiamente que su Iglesia, a la cual quiere conservar hasta la consumación de los siglos, sea regada con las aguas de las tribulaciones, al instar del hortelano que riega sus plantas en los tiempos secos. A esta edad se refiere también el quinto espíritu del Señor, espíritu de consejo. Porque se vale de ese espíritu para conjurar las calamidades, o para impedir mayores males. También se vale de él para conservar el bien, o para procurar todavía mayores bienes. La divina sabiduría comunicó el espíritu de consejo a su Iglesia, principalmente en la quinta edad: 1.° Afligiéndola, para que no se corrompiese enteramente con las riquezas, honores y deleites, y para impedir pereciera. 2.º Interponiendo el concilio de Trento como una luz en las tinieblas, afín que los cristianos que la viesen supieran lo que habían de creer en la confusión de tantas sectas que por el mundo esparció el heresiarca Lutero. Sin ese concilio de Trento número mas crecido de cristianos habrían abandonado la fe católica, tan grande era entonces la divergencia de opiniones. Apenas si sabían los hombres lo que habían de creer. 3.° Oponiendo diametralmente contra ese heresiarca y contra la multitud de impíos de esta época, a San Ignacio y sociedad, quienes, por su celo, santidad y doctrina, estorbaron se extinguiese enteramente en Europa la fe católica. 4.º Por su sabio consejo, Dios hizo también que la fe católica y la Iglesia desterradas de la mayor parte de Europa, fuesen transportadas a las indias, la China, el Japón y a otras tierras lejanas donde ahora florece y donde el santo nombre del Señor es conocido, glorificado etc. Esta quinta edad está también figurada por la quinta época del mundo; la que duró desde la muerte de Salomón hasta la cautividad de Babilonia inclusivamente. En efecto: así como en esa quinta época del mundo, Israel cayó en la idolatría por consejo de Jeroboam, no quedando sino Judas y Benjamín en el culto al verdadero Dios, así también en la quinta edad, parte muy considerable de la Iglesia latina abandonó la verdadera fe, y cayó en las herejías, no dejando en Europa sino pequeño número de buenos católicos. Como a causa de su conducta la sinagoga y toda la nación judaica fueran afligidas por los gentiles y entregadas con frecuencia a la rapiña; de esa suerte también los cristianos, el imperio romano y demás reinos, ¿con que calamidades no están ahora afligidos? ¿Acaso la Inglaterra, la Bohemia, la Hungría, la Bolonia, la Francia y demás estados de Europa no nos sirven de testigos, y no tienen males que deplorar con amargas lagrimas, y aun con lagrimas de sangre? Así corno vino Asur desde Babilonia con los Caldeos para apoderarse de Jerusalén, destruir su templo, incendiar la ciudad, despojar al santuario y llevarse en cautiverio al pueblo de Dios; etc.; del mismo modo en esta quinta edad, ¿no hay por ventura que temer hagan en breve irrupción los Turcos, y tramen planes aciagos contra la Iglesia latina, y esto por haber llegado a su colmo la medida de nuestros crímenes y de nuestras mas grandes abominaciones? Como en la quinta época el reino de Israel y el de Judá se fueron considerablemente debilitando y se debilitaron, continuamente mas y mas hasta que al cabo, el reino de Israel primero, luego el de Judá quedasen enteramente destruidos, así también, en esta quinta edad, vemos que fue dividido el imperio romano, y ahora está de tal suerte agitado, que hay de que temer perezca cómo pereció el imperio de Oriente en 1452. Por último, con esta quinta edad tiene relación el quinto día de la creación del mundo, cuando dijo Dios produjeran las aguas toda especia de pescados y réptiles, criando él las aves del cielo. Esas dos especies de animales figuran la mayor libertad; ¿porque hay por ventura cosa mas libre que el pescado en el agua, y el pájaro en el aire? Así encontramos en esta quinta edad metafóricamente la tierra y el agua llenas de réptiles y pájaros. Porque abundan los hombres carnales; quienes, abusando de la libertad de conciencia, y no contentándose con las concesiones que sé les ha otorgado no ha mucho en el tratado de paz, se rastrean y vuelan tras los objetos de sus deleites y concupiscencias. Cada cual cree y hace lo que se le antoja. A ellos se refieren las palabras del Apóstol San Judas, v. 10, en su carta católica, cuando dice. «Y estos blasfeman de todas las cosas, que no saben; y se pervierten como bestias irracionales, en aquellas cosas que saben naturalmente. Estos son los que contaminan los festines: banqueteando sin rubor apacentándose a si mismo, nubes sin agua que llevan de acá para allá los vientos, arboles de otoño, sin fruto, dos veces muertos, desarraigados, ondas furiosas de la mar, que arrojan las espumas de su abominación, estrellas errantes: para los que está reservada la tempestad de las tinieblas eternas… Estos son murmuradores querellosos, que andan según sus pasiones, y su boca habla cosas soberbias; que muestran admiración de las personas por causa de interés.... «Estos son los que se separan a sí mismos, sensuales, que no tienen el Espíritu.» Así es pues como, en esta lastimosa edad de la Iglesia, hay una relajación en la observancia de los preceptos divinos y humanos, y una indiferencia en la de la disciplina; en nada se tienen los sagrados Cánones, y el clero no es mejor cumplidor de las leyes de la Iglesia que el pueblo de las leyes civiles, Somos por tanto como réptiles en la tierra y en la mar, y como pájaros en el aire: cada cual es llevado á creer y hacer lo que se lo antoja, según el instinto carnal.

II. De lo que se sigue: Esto dice el que tiene los siete Espíritus de Dios, y las siete estrellas. Esos espíritus de Dios son los siete dones del Espíritu Santo, que Jesucristo envió por todo el mundo, y reveló a las naciones en la verdad de la fe. Las siete estrellas denotan la universalidad de obispos y doctores como so demuestra mas abajo. Esto dice el que tiene los siete Espiritus de Dios y las siete estrellas; es decir, Jesucristo, Hijo de Dios, a quién todo poder fue dado en el cielo y en la tierra, tiene en su potestad los siete espíritus de la verdad de la fe, y las siete estrellas; esto es, los prelados y doctores que nos puede quitar y trasladar a lejanas naciones, por nuestros grandes crímenes, y por la dureza de nuestros corazones y de nuestra incredulidad. Eso fue lo que hizo, cuando permitió que la luz de la fe se apartara de la mayor parte de la Europa para ser trasportada a las extremidades de las indias, sumergidas en las tinieblas del paganismo. Iluminó a esas naciones por el ministerio de San Francisco Javier y otros doctores. Si no hacemos prontamente penitencia conformando nuestra vida con la de Jesucristo, es de temer se nos quite del todo esa luz de la fe. Con esas palabras, quiere de consiguiente Jesucristo conmover a su Iglesia por medio de un temor saludable, porque el temor del Señor es el principio de la sabiduría. Y como el mayor azote que Dios nos puede enviar es el de cegar a su pueblo, arrebatándole el don de la verdadera fe por medio de falsos doctores que suscita en lugar de verdaderos, y esto en castigo de nuestras abominaciones y de nuestros corazones impenitentes, he ahí porque, tocados de un santo temor y cubiertos de saco y ceniza, nos hemos de postrar humildemente a los pies de Jesucristo, y decirle con el Profeta, Salmo, L, v. 13. «No me deseches de tu rostro: y no quites de mí tu Espíritu Santo. Vuélveme la alegría de tu salud, y confórtame con un espíritu principal, etc.» Yo conozco tus obras. Con esas palabras reprende las obras de la quinta edad. Yo conozco, es decir: tus obras malas no se me ocultan, obras llenas de imperfección, obras falsas e hipócritas, tienen un exterior de piedad, y carecen de la verdad de la caridad, tus obras, es decir, tu pompa, esplendor y santidad exterior. Yo conozco tus obras: no ignoro, Yo, escudriñador de los corazones, que tus obras en general parecen buenas por de fuera, pero en cuanto al interior son malas y causan la muerte. Por esto dice y añade: Tienes nombre de vivo y estás muerto.
Podemos tener nombre de vivir espiritualmente en Jesucristo, principio de vida, de tres maneras: 1.° por la fe en Jesucristo, de ahí nos viene el nombre de cristianos; 2. ° por las obras de justicia y caridad en Jesucristo, de cuya vida vive todo aquel que no está en pecado mortal, y se encuentra en gracia de Dios; 3.° por la observancia de los consejos evangélicos, por las sagradas órdenes del episcopado, sacerdocio, etc.; por los votos que se hacen consagrándose especialmente a la vida religiosa, abandonando las pompas, riquezas y placeres del siglo, y entregándose a Dios solo y a su Cristo. Jesucristo pues reprende sobre todo a la quinta edad de estar infestada con el vicio particular de atribuirse falsamente el nombre de vivir en él, mientras que se vive de modo diverso. Eso se prueba por inducción.
1.° Todos los herejes en la quinta edad en número casi tan crecido come las langostas en la tierra, se glorían del nombre de Cristo, dicen son verdaderos cristianos y que viven en Jesucristo, y sin embargo todos están muertos y morirán eternamente, a no ser que hagan penitencia, y entren en si mismos. Solo en los labios tienen a Dios y a su Hijo Jesús, mientras que tienen al demonio en sus corazones, y al mundo entre sus brazos.
2.° ¿Cuantos millares de cristianos resfriados en este siglo calamitoso, considerando únicamente el feliz resultado de los herejes en todas las cosas, y observando malignamente las costumbres de los eclesiásticos y su modo de vivir, conservan en verdad el nombre de católicos, por un cierto temor y respeto humano, pero interiormente están muertos en el ateísmo, indiferentismo, en el calvinismo, en la falsa política, en su odio contra los sacerdotes? Tienen nombre de vivos, porque fingen la piedad, hacen como que tienen religión, se dan por gente de conciencia, comunicando con los católicos y confesando pertenecer a la verdadera fe, en presencia de los príncipes y grandes; y hasta se encargan de ocuparse de obras piadosas y de favorecerlas; ven a los religiosos y los visitan, ostentan celo con sus palabras, con sus consejos, y aun con un cierto fervor exterior para construir monasterios, colegios, por ejemplo; mas todo eso lo hacen para tener nombre de vivos, y para ser considerados por los hombres y grandes. Procuran ganar la confianza del mundo con esa apariencia de piedad y religión, afín de conseguir mejor y con mayor facilidad el fin de sus tramas y proyectos oscuros.
3.° Si examinásemos con detalle el pequeño número de católicos, su justicia nos parecería tan repugnante como un andrajo sucio, porque la mayor parte solo se entregan a los deleites, y están muertos en el pecado. Sirven únicamente a los ojos, se glorifican en las cosas exteriores, y parecen ignorar que no se reciben las ovejas trasquiladas; porque estando fríos en la caridad cristiana, lo que buscan son sus comodidades y ventajas personales. Por lo ordinario no se encuentra en los tribunales justicia ni equidad; mas si, aceptación de personas y regalos, de lo que resulta sean los procesos interminables. La humildad está casi desconocida en esto siglo y debió ceder su lugar al fausto y a la vanagloria, a la que se disculpa bajo el pretesto de conveniencias y de rango. Se ridiculiza la simplicidad cristiana, se la trata de locura y tontera, mientras que se considera como sabiduría el saber engreído y el talento de oscurecer con cuestiones insensatas y argumentos complicados todos los axiomas de derecho, los preceptos de moral, los santos cánones y dogmas de la religión; de tal suerte que ya no existe ningún principio por santo, autentico, antiguo y cierto que sea, exento de censuras, criticas, interpretaciones, modificaciones, demarcaciones y cuestiones de la parte de los hombres, etc. En verdad se frecuentan las Iglesias, pero no se muestra en ellas respeto por la presencia de Dios omnipotente, allí se ríe, allí se habla, se mira acá y allá, se chancea, se provoca con miradas etc. Se viste el cuerpo lujosamente mientras que el alma está manchada con las inmundicias del vicio. La palabra de Dios está descuidada, despreciada, ridiculizada. Las santas Escrituras ya no son mas apreciadas, a los que se estima y considera son Machiavel, Boin, y a todos sus semejantes. El espíritu y no el corazón es lo que se cultiva en la educación de los hijos, y estos se hacen desobedientes, disolutos, hablanchines, charlatanes e irreligiosos. Los padres los aman con amor desordenado disimulando sus defectos, no corrigiéndolos, ni haciendo observar la disciplina domestica. Un hijo debería ser sencillo, bueno, amante de la verdad, verdadero cristiano, recto y justo; pero se cuida de que mas bien sea político o sabio. Solo cuando consiga hablar muchas lenguas y formarse a las costumbres extranjeras será juzgado joven de mucha esperanza y ciudadano perfecto. Además se exigirá de él, sepa fingir, disimular, hablar y sentir de un modo nuevo, hacerse a todo e imitar todo, como un comediante. En fin sus placeres los ha de buscar solamente en las novedades; etc. Así es pues como este siglo hace consistir su justicia y su vida en la falsedad, pompa exterior, en la moda y aplausos de los hombres, y entre tanto descuida la justicia verdadera e interior, la sola que agrada a Dios
4.° Nada diré de cuan desdichados son los eclesiásticos y religiosos: porque muchos de ellos tienen nombre de vivos, y están muertos, etc. Ese detalle basta para probar con cuanta razón Jesucristo dirige estas reprensiones a la quinta edad de la Iglesia, diciéndole: Tienes nombre, que vivo y estás muerto. ¡Ah! ¡Cuan pocos son los hombre que estén verdaderamente vivos en este siglo, sirviendo al Señor su Dios y siendo los amigos de su Cristo! Es por lo tanto el sentido de estas palabras: Tienes nombre, e vivo, y estás muerto en la falsa doctrina; estás muerto en el ateísmo y falsa política; estás muerto en la hipocresía y justicia fingida; estás muerto en tus pecados ocultos, en el secreto de tus abominaciones; estas muerto en tus placeres y deleites; estás muerto en el descaro, envidia y orgullo; estás muerto en los pecados carnales, en la ignorancia de los misterios y de las cosas necesarias a la salvación; en fin, estás muerto en la irreligión y desprecio por la palabra de Dios; porque toda caridad, sola y verdadera vida en Jesucristo, se resfrió en ti.

III. Vers. 2, Sé vigilante, y fortifica a las otras cosas que estaban para morir. Con esas palabras exhorta a los pontífices, prelados y doctores a la vigilancia y solicitud pastoral, las que deben ser tanto mas grandes, cuanto mas malos y difíciles son los tiempos, habiéndose introducido en el mundo muchos lobos entre las ovejas: por esto mismo estas están mas expuestas a la corrupción, rapacidad y peligro de perecer, si no encuentran un apoyo solido en la vigilancia y solicitud de los prelados. De intento dice: Sé vigilante en rogar a Dios por los que te han sido confiados, y por los débiles en la fe; Sé vigilante en el amor para con los pecadores. Consiste el fundamento de la verdadera vigilancia, y de la solicitud pastoral, en orar frecuente, humilde y devotamente por sus ovejas: por las buenas, para que se conserven; por las frágiles, para que sean aliviadas y fortalecidas; por las malas en fin, con el objeto de atraerlas a la verdad y a la justicia etc. Sé vigilante en tu persona, para que sean santos e irreprensibles tus pensamientos, palabras y acciones; para que seas casto, sobrio, modesto; y no seas colérico, arrebatado ni tirano. Sé vigilante en tu casa y domesticidad; para que tu morada sea santa y pura de toda fornicación y escándalo. Sé vigilante en conservar una doctrina sana y ortodoxa, afín de predicar a los adultos y enseñar a los niños. Sé vigilante, y cada cual cumpla con su obligación, el obispo, el prelado, etc. Sé vigilante y ten cuidado de visitar examinar, corregir, exhortar, consolar y proteger a los prelados, curas y predicadores que están bajo tu jurisdicción. Sé vigilante en procurar buenos obispos, buenos prelados, buenos párrocos, y buenos pastores de almas a todos tus subordinados que permanecen en la sana doctrina. Sé vigilante, contra la malicia de los herejes, contra los malos libros, y falsos cristianos, contra las costumbres depravadas y vicios públicos, contra los escándalos, robos, adulterios, etc. Y fortifica, es decir, conserva a cuantos católicos quedan, quienes cayendo insensiblemente en la herejía y en el ateísmo, mueren, por falta de vigilancia pastoral etc. De intento dice el texto en sentido condicional: Y fortifica las otras cosas que estaban para morir; porque 1.° como se dijo, el resto de católicos se conservó en Europa por el socorro del concilio do Trento, de la compañía de Jesús, y de otros hombres piadosos; sin esos recursos hubieran caído todos en la herejía, y hubiesen muerto espiritualmente. 2.º Esas palabras están puestas en sentido condicional, afín que los obispos, prelados y demás pastores de almas entiendan, que no depende de la casualidad ni de una ciega predestinación de Dios, la salvación o muerte de las almas rescatadas con la preciosa sangre de Jesucristo, como quizás se lo imaginan los pusilánimes e impíos; sino que al contrario, sepan que la vida de las almas depende de la vigilancia y solicitud, la muerte eterna proviene del escándalo y negligencia de los pastores.

IV. Sé vigilante y fortifica las otras cosas que estaban para morir. Aquí Jesucristo todavía nos intima y hace resonar en nuestros oídos, por la voz del profeta, la necesidad de la vigilancia, por que nos encontramos en tiempos malos, y en un siglo lleno de peligros y calamidades. La herejía toma pujanza por todas partes y levanta la cabeza; su cuerpo so fortalece más que nunca, y sus prosélitos han obtenido poder casi por todo. Han triunfado en el imperio, en los reinos y repúblicas, y se han enriquecido con los despojos de la Iglesia. He ahí por que razón muchos católicos se entibiecen, los tibios defeccionan, y gran número se escandaliza en su corazón. La guerra es también causa de que se ignoren hasta las cosas más esenciales de la fe. La corrupción de costumbres va creciendo en los campos y entre los soldados a quienes rara vez se conceden buenos pastores, buenos predicadores y buenos catequistas. De allí proviene que la generación permanezca agreste, grosera e inflexible; ignorando todo o casi todo; no preocupándose de Dios, ni del cielo, ni de lo honesto. Conociendo únicamente la rapiña, el robo, la blasfemia y la mentira; no estudia sino para ver como engañar con artificios a su prójimo, etc. En la fe católica, la mayor parte están tibios, ignorantes, artificiosamente engañados por los herejes, quienes se jactan de su felicidad, se regocijan de ello, y ridiculizan a los verdaderos fieles, a los que ven por otra parte afligidos, empobrecidos y desolados. Al mismo tiempo nadie estudia las ciencias sagradas; por que los parientes están pobres, y en la mayor parte de los seminarios solo hay desolación, ya no disfrutan de las pagas ni rentas de sus fundaciones. Por lo que se acaba de decir, y aun por otras miserias, se comprende de un modo evidente, cuan grande es el peligro que amenaza a la fe católica en el imperio romano. Sed pues vigilantes ¡Obispos y Prelados de la Iglesia de Dios! Aconsejaos en vosotros mismos, y reflexionad concienzudamente con vuestras ovejas sobre los medios de procurarles, en esta urgente necesidad, sacerdotes piadosos, celosos e instruidos, quienes, con su sana palabra y buenos ejemplos, brillen como una luz a los ojos de sus ovejas, afín de conducirlas a buen pasto, y fortalecerlas en la fe católica. Sé vigilante y fortifica las otras cosas que estaban para morir: Por que no hallo tus obras cumplidas delante de mi Dios. Jesucristo habla aquí como hombre y como cabeza invisible de la Iglesia. La divinidad, en el abismo infinito de su eterna presciencia, le reveló los defectos y pecados de los pastores y demás miembros futuros de la Iglesia, y al mismo tiempo le confirió la misión de corregirlos. Jesucristo funda por lo tanto su reprensión en la falta de vigilancia y solicitud pastoral, de las que se habló mas arriba, exigiéndolas Dios de los Obispos y prelados de la Iglesia. Ese es el motivo de que se valga do la conjunción por que, la cual une lo que precede con lo que sigue, a saber: Sé vigilante.... Porque no hallo tus obras cumplidas delante de mi Dios. Es decir, tú no cumples con tu obligación como pudieras y debieras hacerlo; no eres bastante vigilante, no tienes suficiente solicitud para con las ovejas que te han sido confiadas, porque tus obras no son completas, es decir, perfectas, de caridad, y poco cuidado tienes de la salvación de las almas: Porque no hallo tus obras cumplidas, con respecto a las órdenes, instituciones, promociones, visitas pastorales y disciplina. No hallo tus obras cumplidas; por que tú no andas como yo recibí el mandato de mi Padre, y como anduve yo mismo en la humildad, pobreza y abnegación de las pompas del siglo. Por eso dice pues Jesucristo. Porque no hallo tus obras cumplidas para expresar que no agradan a su voluntad, contra la cual tú operas, no cuidándote sino de ti mismo, siendo indulgente para con tu persona en la ceguedad de tu amor propio y de tus deleites. Afectas el fausto, te envaneces con los honores, prodigas mi patrimonio en el exceso de la mesa, brillo de las cortes, esplendor de palacios y numerosa servidumbre; en el lujo de caballos y carruajes; en los medios de engrandecer y enriquecer a tus parientes; en una palabra, en la pompa del siglo. Mientras que por el contrario, debieras emplear tus rentas en alimentar a los pobres, consolar a las viudas y huérfanos, y socorrer a los católicos en los países donde han sido empobrecidos y despojados por las dilapidaciones de los herejes y demás enemigos de la religión; y donde gimen bajo el yugo, faltos de socorros humanos. Debieras también emplear tu beneficio en favorecer los estudios de la juventud que carece de medios, con el objeto de suplir a la penuria de buenos pastores, e igualmente afín de restaurar las iglesias en ruinas, como todas esas obras pertenecen al deber pastoral, sin que tú con todo eso las desempeñes, no hallo tus obras cumplidas delante de mi Dios, quién conoce tus faltas, las cuales te harán inexcusable en su juicio.

V. Vers. 3. De donde se sigue: Acuérdate pues de lo que has recibido, y oído, y guárdalo, y haz penitencia. Aquí aplica el remedio al mal, Ese remedio se compone de cinco cosas: 1,° Acuérdate pues. Esas palabras recomiendan la meditación frecuente de una verdad seria e importante; y el recuerdo constante y firme del deber pastoral. Ese recuerdo, esa meditación son una obligación no menos grave que importante para los obispos, prelados y demás pastores, quienes deben hacer de ello el sujeto habitual de sus reflexiones, y grabarlas profundamente en su memoria. Es de consiguiente el fundamento y primer remedio para los prelados corregirse de sus defectos y negligencias, de estudiar y conocer las obligaciones de sus empleos. Por eso dice en segundo lugar: Acuérdate pues de lo que has recibido, con esas palabras, Jesucristo designa la cualidad de la carga del deber episcopal y pastoral, que son santos, y se recibieron para ministerio de ángeles; el que Dios confió a los hombres, no como un reino o ventaja terrestre, sino para salvación de las almas, por quienes Yo, dice él, Hijo eterno de Dios, Rey de reyes, y Dominador de los que dominan, descendí de los cielos, me hice hombre, nací en un establo, alojé entre animales, viví en la pobreza y humildad, conversando con los hombres en la tierra por espacio de 33 años; por fin, fui crucificado entre dos ladrones. ¡Oh tú! prelado y pastor, tú no recibiste pues ese oficio para que los hombres te honren e inciensen, ni para entregarte a los deleites y delicias de los convites, ni para amontonar oro y plata, ensalzar y enriquecer a tu parentela, ni para buscar las pompas del siglo o la vanidad del mundo, sino para que tú fueras imitador de mi. Si quieres ser admitido en el número de mis escogidos, debes tú ser puro e inmaculado entre los hombres, de quienes has de ser modelo tanto mas distinguido, cuanto mas elevado, santo y perfecto es el ministerio que recibiste en herencia. Tu carga es pesada, llena de trabajos, solicitudes y peligros. Exige por lo tanto una vigilancia exacta, temor de Dios, oración continua e infatigable, casta sobriedad, etc. Acuérdate pues de lo que has recibido; es decir, para que fin fuiste instituido pontífice, obispo, prelado, a saber: para apacentar el rebaño que te se confió, para resplandecer como una luz en la oscuridad, para ser sal de la tierra y sazonar espiritualmente las almas y espíritus de los hombres; para ser la cabeza y jefe que vivifica a los miembros y al cuerpo eclesiástico. Acuérdate de lo que has recibido de mi Dios: tantos dones naturales, de fortuna y de gracia dada gratuitamente, no para gozar arbitrariamente de esas ventajas, sino para hacerlas producir fruto como un siervo fiel y útil. Tú no has recibido esos dones para esconderlos en los pliegues (1) de tu amor propio, o para enterrarlos en la tierra de los deleites y honores, sino para que den fruto y aprovechen espiritualmente a mi Dios, por tus obras de misericordia y de caridad: te debes servir para las viudas y huérfanos, y para sostener a los pobres e indigentes al ejemplo de mis santos, de hay viene el tercer ingrediente del remedio: Acuérdate pues....de lo que has oído en mi Evangelio: De que suerte me comportaba yo entre los hombres, dando yo mi vida por mis ovejas. Acuérdate pues de lo que has oído en los hechos y en la vida de mis apóstoles, cual ha sido su conducta. De lo que has oído de tus padres, tus predecesores: pontífices, obispos y prelados de mi iglesia. Tú sabes en efecto que fueron humildes, pobres, prudentes, sobrios, castos, llenos de solicitud y dotados de todas las virtudes. De consiguiente, al ejemplo de tu Señor y maestro, de los Apóstoles, de los demás santos y amigos de Dios, debes vivir como ellos vivieron, y conducirte en este mundo como ellos se condujeron. Acuérdate....de lo que has oído de la vida y conducta que los santos Cánones, los escritos de los santos Padres, los concilios generales, provinciales y diocesanos prescriben. Acuérdate de lo que has oído nuevamente en el concilio de Trento, de todos sus estatutos sobre la vida, honestidad y reforma que se debe observar. Por esa razón añade al momento el cuarto remedio: Y guárdalo. Esas palabras nos excitan a observar lo que mas arriba so dijo, y al mismo tiempo contienen una reprensión particular sobre el vicio de este siglo, que consiste: en no observarse casi ninguno de todos esos deberes indicados. Porque nuestro siglo es carnal y delicado: se vanagloria de muchas cosas, particularmente da sus ciencias sublimes. Porque sabe mucho, se cree en derecho de no observar cosa alguna. Tenemos en efecto tantos santos cánones, tantos saludables concilios generales y sinodales, tantas buenas leyes civiles, libros espirituales, interpretes de las santas Escrituras; tantos escritos de santos Padres llenos de fuerza y de doctrina: en fin, tantos ejemplos de santos, sin embargo, ¡cuan pocas son nuestras buenas obras! ¡Ah! ¡somos hijos de un siglo carnal! Por esto nos exhorta Cristo y nos incita a imitar y seguir con nuestros actos el camino recto que conocemos, y por el cual él y sus santos han caminado, sirviéndonos de ejemplo. El quinto remedio está en las siguientes palabras: Y haz penitencia. La penitencia que aquí nos prescribe encierra tres puntos, a saber: 1.º El hombre debe reconocer y confesar su falta. 2.° Debe pedir perdón a Dios con un corazón contrito y humillado. 3.º Debe corregirse de sus pecados, reformar su vida y conducta, y satisfacer debidamente por sus culpas. Mas, como la generación perversa de esta quinta edad de la Iglesia, nada de eso hace, he ahí porque Cristo exhorta con todo encarecimiento a su iglesia a que haga una penitencia saludable, la que él nos propone, no tan solo como remedio esencialmente necesario para que vuelva a la vida espiritual nuestra alma muerta en el pecado, sino que también como medio de apaciguar la cólera de Dios, de apartar de nosotros los males que ha derramado sobre esta generación, y todavía derramará por torrentes hasta el infinito, si no hacemos penitencia. A pesar de todo eso nadie quiero convertirse, como se puede probar por indución. Efectivamente, 1.° los herejes que murieron en sus errores desprecian la penitencia, y no reconocen o no quieren reconocer su estado miserable; hasta llegan a vanagloriarse, y dicen obran bien aunque estén muertos. 2.° Entre los católicos, pocos son los que reconocen sus defectos y pecados. Todos los obispos, prelados y pastores de almas dicen cumplen siempre bien su obligación, que vigilan y viven según conviene a su estado. Lo mismo los emperadores, reyes, príncipes, consejeros y jueces, se glorifican de haber obrado bien. Todas las sagradas órdenes pretenden ser inocentes. En fin el mismo pueblo, desde el primero hasta el último, tiene por costumbre el decir: ¿Que mal hice, o que mal hago? Así es como todos se excusan. Luego para que la divina Sabiduría y Bondad pudiese traer a penitencia esta generación pervertida y corrompida al más alto grado, envió casi continuamente sobre ella los males de la guerra, pestes, hambre y otras calamidades. Por eso también muy recientemente a la Alemania entera con 30 años de continuas y asombrosas calamidades, a fin que abriésemos al cabo los ojos, reconociésemos nuestros pecados, e implorásemos el perdón y misericordia de Dios con un corazón contrito y humillado; y también para empeñarnos a reformar nuestra vida y conducta, cada cual según las obligaciones de su estado. Más en lugar de todo eso, nos hemos vuelto más malos, estamos a tal extremo ciegos, que ni siquiera creemos nos hallamos sumergidos en esos males a causa de nuestros pecados, cuando sin embargo dicen las Escrituras. «No hay males en Israel, que Dios no haya enviado». De lo que es de temer se exaspere aun más el Señor en su cólera, de la que nos amenaza con las siguientes palabras.

VI. Vers. 3. Porque si tu no velares, vendré a ti como ladrón, y no sabrás en que hora vendré a ti. 1.º Después de prescrito el remedio, sigue una terrible amenaza contra la Iglesia de Dios. Porque si tu no velares después de haber por fin salido del sueño profundo de tus deleites, pereza y pecados, en los que hasta lo presente te adormeciste, vendré a ti, suscitándote desgracias, se expresa en tiempo futuro, porque como se ha dicho con frecuencia, la cólera de Dios, en la longanimidad de su bondad, nos amenaza repetidas veces de lejos y mucho tiempo antes. Pero afín que no imaginemos estar al abrigo de sus golpes por ser lento en descargarlos, dice: Vendré a ti, de una manera cierta e infalible. Las Escrituras nos advierten del mismo modo, en Habacuc c. II. v. 3: «Espéralo; vendrá y no tardará.» 2.° Vendré a ti...como ladrón. Aquí compara su visita y el envió de sus males a la llegada de un ladrón, Porque, a, el ladrón suele llegar de repente y al improviso; b, llega durante el sueño; e, hace infracción en la casa; d, por último pilla y roba todo. Tal será pues el mal que Dios suscitará contra su Iglesia. Los herejes y tiranos serán ese mal, ellos vendrán de repente y al improviso, harán infracción en la Iglesia durante el sueño de los obispos, prelados y pastores; se harán superiores y saquearán y pillarán los obispados, prelaturas, bienes eclesiásticos, como vemos, con nuestros propios ojos hicieron en Alemania y en el resto de la Europa. Hasta peligra continúen dominando y saqueando lo que queda. Vendré a ti como ladrón, suscitando contra vosotros las naciones bárbaras y los tiranos, quienes vendrán como un ladrón, de repente y al improviso, mientras que vosotros dormiréis en vuestras antiguas costumbres de deleites; impurezas y abominaciones. Harán infracción y penetrarán hasta en las mismas fortalezas y guarniciones. Entrarán en Italia, devastarán a Roma, quemarán los templos y minarán todo, si no hacéis penitencia y si por fin no os despertáis del sueño de vuestros pecados: Y no sabrás en que hora vendré a ti. Jesucristo hace aquí notar como de paso, la ceguedad con que Dios suele herir a los príncipes del pueblo para que no puedan prever, y de consiguiente ni precaver los infortunios que los amenazan. Porque oculta a sus ojos, pesados con el sueño de los deleites, los males y venganzas que deben asaltarlos. En ese sentido dice pues. Y no sabras en que hora vendré a ti; es decir, estará a tu vista escondido el tiempo de su visita, no podrás ya prevenir el mal, ni prepararte al combate, porque el enemigo vendrá con rapidez, e inundará todo como las aguas de un rió impetuoso, como la flecha arrojada al aire, como el rayo, como un galgo.
Vers. 4. Más tienes algunas personas en Sardis, que no han contaminado sus vestiduras. Ahora sigue el elogio ordinario del pequeño número relativamente a la multitud de hombres en la tierra. Porque por mas que la iglesia esté afligida y desolada, y por mas depravado que esté el mundo, el Señor Dios siempre se reservó y reserva santos amigos suyos, quienes brillan como una luz o como un faro en medio del mundo, para impedir que todo se corrompa y sea envuelto en tinieblas. Tienes algunas personas en Sardis, que no han contaminado sus vestiduras, con esas palabras él indica la especie de iniquidad con que está infestado y manchado el universo entero fuera de algunas excepciones, y la señala como asemejándose a los vestidos manchados. Es así que los vestidos se manchan; 1.° Con el lodo y estiércol que se encuentra pasando por las calles. 2.° Con las basuras de diversas inmundicias que se emplean para la conservación de la vida. 3. ° Con la peste y la lepra. Esas tres metáforas significan la universalidad de pecados graves en que el mundo casi entero está encenagado consumiéndose lentamente en enfermedades que son hasta letales. En efecto, esta generación está totalmente pervertida es delicada, afeminada desidiosa, carnal, avara y soberbia. De allí resulta que ella se sumerja eh el lodo de los deleites y placeres, en la herejía y olvido de Dios su criador. Sobre tanta cantidad de estados diversos, y muchedumbre de hombres que hay en el mundo, solo un corto número cree aun de todo corazón en el Señor Dios, que esta en los cielos. Hay pocos que esperan en la divina providencia, los que sirven a Jesucristo según el estado de su vocación, y aman a Dios y al prójimo. Por esta razón dice: Algunas personas. El testo latino se expresa con la palabra nombres (nomina) es decir: tan pequeño número que con facilidad se pueden nombrar por sus nombres: Como dicen las Escrituras: «Aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida», a causa del pequeño número de los que se salvarán. «Porque muchos serán los llamados y pocos los escogidos.» (2) Los cuales andarán conmigo en vestiduras blancas porque son dignos. El Apóstol indica aquí la conducta de Cristo en la tierra, cuyo ejemplo seguirá ese pequeño número de amigos. Cristo anduvo vestido de blanco. 1. porque vivió entre los hombres en la mayor mansedumbre, pureza, humildad, pobreza, paciencia y abandono: virtudes todas de Jesús representadas por el vestido blanco, 2,° Anduvo vestido de blanco, cuando en su bendita pasión Herodes le despreció, le revistió de una túnica blanca; y haciéndole pasar por loco, lo devolvió a Pilatos. De igual modo, el corto número de elegidos que se conservan inmaculados en medio del siglo, andan, al ejemplo de Cristo en la tierra, en grande humildad, desprecio, pobreza, mansedumbre; y gimen en sus corazones cerca del Señor su Dios. Tienen que sufrir mucho, son despreciados y escarnecidos por el mundo, porque su vida y conducta se consideran cono una locura. El mundo, en efecto, es de esa suerte que suele tratar a los santos de Dios, así es como siempre los ha juzgado; y no ha tenido vergüenza de juzgar hasta al mismo Hijo único de Dios, venido del cielo por la salvación de los hombres. He ahí porque Jesucristo dice para consolar a sus amigos, Joa c. XV. v. 17. «Esto os mando, que os améis los unos a los otros. Si el mundo os aborrece: sabed que me aborreció a mi antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo que era suyo: más porque no sois del mundo, antes yo os escogí del mundo; por eso os aborrece el mundo. Acordaos de mi palabra, que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su Señor. Si a mi me han perseguido, también os perseguirán a vosotros.» En efecto, la amistad de este mundo es enemiga ante el Señor, y la amistad con Dios es enemiga del mundo: Por lo que dice el texto: Las cuales andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. Nos asombra la amistad y aprecio de Dios para con sus justos y amigos, en cuanto quiere y permite que ellos vayan errantes por el mundo, cubiertos de pieles de oveja despreciados, empobrecidos, envilecidos, en medio de las tribulaciones, persecuciones, injurias, ultrajes, tentaciones, frío, desnudez, etc. Al contrario, el mundo y los que pertenecen al mundo prosperan en los placeres, viven en la gloria y riqueza, se ríen y alegran en la abundancia de todos los bienes. Ese es el afecto que Dios tiene a sus escogidos, del que no es digno el mundo. De ahí este pasaje de San Pablo a los Hebreos, c. XI, v, 35: «Los unos fueron estirados, no queriendo rescatar su vida, por alcanzar mejor resurrección. Otros sufrieron escarnios, y azotes, y cadenas, y cárceles. Fueron apedreados, aserrados probados, murieron muerte de espada, anduvieron, de acá para allá, cubiertos de pieles de ovejas, y de cabras, desamparados, angustiados, afligidos: de los cuales el mundo no era digno.» Muy bien sabían eso los santos Apóstoles de Dios, quienes se volvían llenos de gozo de delante del consejo, porque habían sido hallados dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús.

VII. Vers. 5. El que venciere, será así vestido de vestiduras blancas. Esas palabras encierran la promesa de una recompensa, de una retribución y de un pleno consuelo en la otra vida. Con esa promesa nos exhorta como soldados, y nos estimula a la victoria El que venciere mundo, carne y demonio; el que venciere escapándose del yugo del diablo, a quien estaba antes sujeto por sus pecados y deleites, e hiciere penitencia; el que venciere practicando la caridad para con Dios y el prójimo, la cual borra la multitud de nuestros pecados; el que venciere permaneciendo en la fe católica verdadera, en medio de largas defecciones, escándalos y aflicciones de los, cristianos; el que venciere las persecuciones, tribulaciones, angustias y calamidades intentadas por los herejes y malos cristianos; el que venciere las astucias, engaños, falsedades, con la prudencia y verdadera simplicidad cristiana; en fin, el que venciere perseverando en la sana doctrina, con costumbres santas y sincera caridad: ese será así vestido de vestiduras blancas; es decir, se le retribuirá plenamente, según la medida de sus padecimientos, Porque cuanto mas haya uno sido despreciado en este mundo, tanto mas será glorificado en el otro, cuantas mas tribulaciones, tanto mas consuelos. Mas habrá uno sido oprimido en la humildad, pobreza, desnudez, sed, miseria, persecuciones, tribulaciones y adversidades de este mundo, mas también será ensalzado en la otra vida. Abundará de riquezas celestiales, será revestido de la estola de la inmortalidad, será saciado con la plenitud de todas las delicias, que nunca jamás faltarán, Para mayor consuelo de los afligidos añade la partícula: así, y no borrare su nombre del libro de la vida. El libro de la vida, es la predestinación, sea la presciencia eterna de Dios, mediante la cual de toda eternidad dispuso su reino para los escogidos de un modo cierto e infalible, según las obras de cada uno. Así, tal es la promesa que hace aquí para consuelo de sus amigos y justos. Y no borraré su nombre del libro de la vida; es decir, quedará inscrito como heredero en el testamento de la eterna herencia; la que nadie le quitará en los siglos de los siglos. Y confesare su nombra delante de mi Padre y delante de sus ángeles. La confesión de Cristo será el mayor honor de los santos en el cielo. Esta confesión, que por otra parte se repite con frecuencia por los evangelistas, se promete aquí para los que hayan confesado su santo Nombre en la tierra, Y lo hayan guardado, no solo de boca, sino que también de corazón y de hechos. Más, esta confesión del santo Nombre de Jesús hecha por los hombres en presencia del mundo, es totalmente extraña a la perversa generación de nuestra época; porque casi todos confiesan de boca que conocen a Cristo, pero con los hechos lo reniegan. La confesión de Cristo delante de su padre, solo se promete aquí a sus fieles siervos, como una especial recompensa, como un, estimulo para sus soldados a la victoria, y como el mayor honor que les reserva, de ser alabados y confesados por él, hasta delante de su Padre, Rey de reyes, Señor de señores, y en presencia de millares de ángeles y de todos los santos de Dios.

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(1) N. D. T. E. En la versión francesa se lee linge, literalmente significa ropa blanca, lienzo, no encontrando adecuada esa palabra, la he traducido por pliegues. Además es preciso advertir, que también el continuador de la obra notó esa voz diciendo: Expresión bíblica.

(2) Relativamente a la masa de los impíos e infieles.


INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas 108 a la 132.
Traducido al Español por Fr. Ramón de Lérida

Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.

Imprimase
EL OBISPO DE LA SERENA (CHILE)

Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.
Año 1860.