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viernes, 5 de diciembre de 2025

Milagros del Escapulario 23 - Padece graves enfermedades uno que se mofa del Escapulario...

 

Padece graves enfermedades uno que se mofa del Escapulario
y sana luego que lo viste arrepentido

El Rvdo. P. Fr. Pablo de los Santos nos dice que en Praga había un caballero noble, llamado don Juan Bta. Castelo, cuya esposa, doña Bárbara, era devotísima del Santo Escapulario y muy observante en todo cuanto se prescribe para lucrar la Indulgencia Sabatina, de todo lo cual se burlaba el incrédulo esposo, tomándolo a burla y chacota. Lo sufría y lo soportaba con gran paciencia la devota señora, pero un día le dijo: "No tomes a chanza y burla las cosas de la Virgen Santísima, no sea que atraigas sobre ti la cólera y el enojo del Señor." Y nunca tal dijera ni pensara, pues de allí a pocos días le sobrevino una penosa enfermedad, que se fue agravando día por día, hasta perder del todo la vista. Seis meses estuvo así, sin la menor esperanza de remedio, aunque llamó a los más célebres doctores de toda su patria. 

Viéndose en tan lamentable estado, comenzó a cavilar en lo presto que perdió su salud luego que su esposa le sugirió aquella fatídica sentencia. Mas Dios nuestro Señor, que le quería con salud, pero arrepentido, comenzó a infundirle la luz en su alma, a fin de que, conociendo sus yerros, pidiese perdón a Dios arrepentido, poniendo por intercesora a nuestra dulce Madre María. Estando embebido y ensimismado en semejantes ideas, se quedó transportado en un dulce sueño, logrando en él la mejor receta para su salud, pues con la viveza con que el sueño representa las cosas vio a la Virgen Santísima con hábito del Carmen, diciéndole que se impusiera cuanto antes el Santo Escapulario y que con él, juntamente con la vista, recibiría perfecta salud en su alma. Vuelto en sí, contó a su devota esposa lo que le había pasado. Y ella, enajenada de gozo y anhelando que recibiera el Escapulario, llamó inmediatamente a su confesor, el cual se lo impuso, recibiendo al par su confesión más humilde y fervorosa, y al momento de recibir la Sagrada Comunión recuperó de súbito la vista, manifestando el efecto milagroso que la receta, aunque soñada, tuvo un efecto rápido, eficaz y prodigioso. 

Este ejemplo nos manifiesta cuánto abomina Dios el que se tome a burla lo que pertenece a la gloria de su Madre y cuántas gracias hemos de dar a nuestra Madre por conservarnos la fe y el fervor y la esperanza en sus divinas promesas. 

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

jueves, 11 de septiembre de 2025

Milagros del Escapulario 21 - Se defiende del demonio, mediante el Santo Escapulario



Se defiende del demonio, mediante el Santo Escapulario, 
un gran devoto de María

Nuestro venerable P. Fr. Miguel de la Fuente nos dice que en Medina del Campo había un fervoroso Terciario que vestía con suma devoción el bendito Escapulario. Padecía este varón de Dios vehementísimas y fuertísimas tentaciones de parte del demonio, mas de todas ellas salía derrotado el tentador, pues defendía a su Terciario la Virgen Santísima mediante su bendito Escapulario. 

Asestó, por último, todos sus ardides y astucias Lucifer por ver de conseguir el que el siervo de Dios se quitara el Santo Escapulario, esperanzado el enemigo en que si lograba se lo quitase lograría fácilmente su victoria. Resistió el piadoso varón con indecible fortaleza e inaudita constancia la terrible y enconada lucha que para lograrlo le hiciera durante muchos días el dragón infernal. Irritado al fin el diablo de su paciente y heroica constancia, tomó, cierta noche, forma visible, y en figura de monstruoso gato, entrando en su aposento cuando ya el buen hombre se hallaba recogido, centelleándole los ojos, erizado el pelo y horrorizándole con lo fiero de sus uñas, se arrojó sobre él haciendo presa en su garganta. 

Se juzgó ahogado el devoto de María Santísima, mas, empuñando el Escapulario y mostrándoselo al enemigo, se dio al punto Luzbel por vencido, y cual si le pegaran fuego emprendió vertiginosa fuga, mientras con palabras rabiosas le decía : "Quítate ese hábito de la Capilluda con que constantemente nos atormentas." 

¡Oh, blasfemo, carnicero lobo bajo la piel de horroroso gato! No mientes por su nombre a María Santísima, porque tu lengua asquerosa no manche la pureza de su Santísimo y Dulcísimo nombre. No le pronuncies, para que tu infecto tenebroso aliento no brille con las claras luces de esta resplandeciente Estrella. 

Confiese confundida tu soberbia, que continuamente os atormenta el bendito Escapulario de María Santísima del Carmen, para que viendo todos cómo pretende tu protervia y malicia disuadir a unos de que le vistan e impulsar a otros a que le dejen, que le vistan todos y crezca de día en todos el deseo de vestirlo, y el esmero en no dejarlo jamás, a fin de que se propague de día en día la devoción y el amor a nuestra dulce Madre.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

miércoles, 30 de julio de 2025

Milagros del Escapulario 20 - Vuela al Cielo, sin pasar por el Purgatorio...



Vuela al Cielo, sin pasar por el Purgatorio, una jovencita devotísima 
del Santo Escapulario y del privilegio sabatino

El Rvdo. P. Maestro Fr. Alonso de la Madre de Dios, nos refiere que una doncellita de tierna edad, natural de Salamanca, que desde su niñez vestía con gran fervor y devoción el Santo Escapulario de la Virgen, observando inviolablemente las abstinencias de miércoles y sábados y llevando una vida angelical, cayó enferma de suma gravedad, sin que los médicos diesen la más leve esperanza de salvarla. Fueron acrecentándose de día a día sus dolores y sus fiebres, hasta el punto de ser preciso administrarle los últimos Sacramentos. Después de recibidos todos los auxilios espirituales, que ella espontáneamente había pedido, con muestras de las más absoluta confianza en la bondad de Dios y en la misericordia de María Santísima, lo que fueran penosos espasmos pasaron a ser mortales y funestos paroxismos, tanto, que, por espacio de largo tiempo, quedaba paciente sin sentidos. 

En una ocasión notaron los que la asistían que se volvía hacia la pared y estuvo grandísimo rato absorta y ensimismada, como aquel a quien embelesa, suspende o admira la contemplación de algo raro o maravilloso que le deleita. La llamaban por su nombre y, aunque procuraban con violencia el que volviese en sí, no lo lograban ni lo consiguieron hasta que faltó el dulce arrobo o embeleso que cual misterioso imán suspendía o endiosaba sus sentidos. 

Ya vuelta en sí, como inquiriesen y la preguntaran con curiosidad la causa de tal arrobo o embelesamiento, respondió: “Me ha visitado y acariciado la Santísima Virgen del Carmen y me ha prometido sacarme de esta vida miserable el sábado inmediato para llevarme desde ese punto al cielo. 

Y el sábado, en efecto, murió, juzgando todos piadosamente que lograría el dichoso fruto que para los que cumplen con Ella tiene reservado la Santísima Virgen a sus hijos muy amados, a fin de que cumpliendo nosotros como buenos hijos confiemos en la palabra de nuestra dulce y amorosa Madre para que se cumpla en nosotros su celestial y excelso privilegio sabatino y volemos cuanto antes a bendecirla y alabarla en unión de los coros angélicos.


Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

martes, 8 de julio de 2025

Milagros del Escapulario 19 - Se aparece un alma del Purgatorio y depone como testigo...




Se aparece un alma del Purgatorio y depone como testigo cualificado sobre 
la verdad y utilidad de esta santa indulgencia sabatina


En la ciudad de Barcelona, nos dice el doctísimo Daniel de la Virgen María, murió por el año 1620 la Srta. Catalina Bosser, doncella muy devota y recogida, y luego de transcurridos cuatro meses se apareció a una prima suya, llamada Magdalena Nicolás. Esta última, muy medrosa y timorata, después de grandes sobresaltos y pavorosos miedos, concediéndole Dios la gracia que da en semejantes casos para no dejarse alucinar ni seducir del enemigo, con gran paz de conciencia tuvo la dicha de recibir la visita o aparición de su prima Catalina, la cual le manifestó que llevaba ya cerca de cinco meses sufriendo horribles tormentos en las llamas expiatorias del Purgatorio, por ciertas mandas y promesas que había dejado de cumplir en vida, rogándole le ayudase con sus oraciones y caridades a salir cuanto antes de aquel fuego abrasador. 

Tomó desde luego a su cargo, la piadosa doncellita Magdalena, el cumplir por su querida prima todo cuanto le había revelado en la visión, y cuál no sería su asombro cuando al cabo de seis días se le volvió a aparecer para darle las gracias por su caridad y diligencia en socorrerla. Magdalena, más respuesta ya de sus sustos y sobresaltos anteriores, interrogó a su prima por el estado en que se encontraba una hermana suya, que hacía pocos días que falleciera en Cerballón. Con inmenso júbilo le respondió la prima que el alma de su hermana había volado al cielo el sábado inmediato a su fallecimiento, por virtud del privilegio sabatino, que como fervorosa cofrade lograra merecer. Y añadió después: Vos, hija mía, tomad y llevad con fervor el Santo Escapulario, pues yo no lo llevaba y por esto me he visto en tan grandes tribulaciones e indecibles tormentos. Dichosos, hija mía, aquellos que le visten, pues es gran verdad que por los ruegos e intercesión de María Santísima vuelan las almas de sus cofrades al cielo en el primer sábado después de su muerte. 

Quedó consoladísima Magdalena con esta aparición, y tan inflamada en santo ardor y celo por la devoción y el culto a la Virgen Santísima del Carmen y a su bendito y milagroso Escapulario, que fue el mayor apóstol en sus tiempos de esta devoción. Manifestó después Magdalena, al Ordinario, estas apariciones, el cual, luego de examinar su santa vida y seriedad y caridad ardiente, que hacían piadosamente creíbles sus afirmaciones, interpuso su jurídica autoridad y permitió que se imprimiesen en Barcelona estos hechos o apariciones para gloria y alabanza de nuestra Madre dulcísima del Carmen, que así se digna favorecer a sus devotos. 

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

domingo, 16 de febrero de 2025

Milagros del Escapulario 18 - Castigo ejemplar en un soldado descreido

 


El abate Moret nos refiere que, en el año 1900, en cierto regimiento de caballería, un soldado descreído y disoluto encontró un Escapulario del Carmen. Lo cogió el desgraciado, lo frotó con desprecio entre sus manos, y en tono de mofa, exclamó en voz alta, diciendo: “¿De quién son estos trapos, camaradas?” El reto del villano soldado, impío y descreído, lo recogió un muchachote fuerte y corpulento, el cual, sin el menor respeto humano y con la mayor entereza y energía, le replicó al bellaco, en tono de fervoroso creyente: “Este bendito Escapulario es mío, y ¡ay! del cobarde que se atreviera a profanarlo”. 

La presencia del heroico soldado, su noble actitud y el desembarazo y marcial continente con que fueran pronunciadas sus palabras, hicieron que los compañeros, que parecían estar aparejados y dispuestos para la burla y chacota, cambiaran de improviso de actitud y aplaudieran unánimes el gesto noble, digno y cristiano de quien sabía y hacía honor a su fe y a sus creencias religiosas. 

Al siguiente día, el desgraciado soldado que se había mofado del Santo Escapulario, murió a orillas de un río, en el momento de estar bañando a los caballos. El cadáver del infeliz tenía las manos cruzadas, pero crispadas también. 

¿Quién sabe si en el instante de morir se arrepintió de veras de su sacrílega burla e invocó con mortal angustia a la que es Reina y Madre de misericordia y a la que jamás se invoca en vano?

Procurad, por todos los medios, infundir en los fieles un profundísimo horror a menospreciar las gracias de esta dulce Madre, a fin de que todos la honren, la veneren y la amen con todas las veras de su alma, para conseguir la gracia de la perseverancia final y el verla y alabarla eternamente en la Gloria.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C
Editado en 1956
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lunes, 9 de septiembre de 2024

Milagros del Escapulario 16 - Prodigio en la bahía de Cádiz, obrado por la Virgen del Carmen, mediante su bendito y milagroso Escapulario

 



El agraciado con la protección misericordiosa de la Virgen Santísima del Carmen, manifestada a través de su Santo Escapulario, fue un joven marinero, natural de Salamanca y domiciliado en la calle de Fontana número seis, el cual, habiendo ido en las Navidades del año 1948 a disfrutar de un permiso cerca de sus padres, quiso antes protegerse con el Santo Escapulario de María Santísima del Carmen. 

Se encaminó la tarde antes de partir, en unión de su prometida, al Carmen de Abajo, de Salamanca, para recibir ambos la gloriosa librea del Santo Escapulario, que les impuso el Rvdo. P. Fr. Manuel Ibáñez, Superior entonces de dicha residencia. Antes de despedirles les insistió el P. Superior: “Sé siempre muy devoto dela Santísima Virgen del Carmen. Ya sabes que es Patrona especial de los marineros. Si te pasara algo procura asirte con todo fervor a este áncora del Escapulario e invoca con gran fervor a nuestra Madre del Carmen, que Ella te salvará”.

Y así fue. A los cinco días ya estaba nuestro marino en aguas de Cádiz y a bordo del “Artabro”. La mar estaba revuelta y con fuerte marejada. Era, además, de noche y noche cerrada. El joven marinero tiene la desgracia de caer desde cubierta al agua, en uno de los fuertes vaivenes de la embarcación. Lucha con denuedo contra el oleaje embravecido. Forcejea por hacerse ver u oír del resto de la dotación. Todo en vano. En medio de su angustioso y mortal peligro sólo una cosa le infunde confianza en su salvación: el Escapulario que ha pocos días que lleva. 

Aclama insistentemente a la Virgen y besa con encendida y esperanzada fe su Escapulario, que de vez en vez lleva el oleaje y el viento hasta sus labios. Lleva diez horas luchando con la mar. Por fin, tras una lucha más que titánica contra los elementos, logra arribar a tierra, lanzado por una ola gigante, que él diría la impulsaba y dirigía la diestra de la Virgen Santísima para salvarle. 

Lo cuenta él mismo emocionado, en una carta sentidísima, a su anciana madre, que acude inmediatamente a la misma iglesia del Carmen de Abajo para dar fervientes acciones de gracias a la Virgen Santísima y rogar que también a ella se le imponga, como a su hijo del alma, el Santo Escapulario. 

Y para mayor gloria de nuestra madre del Carmen y aumento de la devoción a Ella y a su bendito Escapulario, lo transcribimos de la “Gaceta Regional de Salamanca”.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

martes, 16 de julio de 2024

Milagros del Escapulario 15 - Se libra Pedro Limón de la presencia de Lucifer mediante el Santo Escapulario

 


En Gibraleón, villa de la provincia de Huelva, vivía cierto sujeto llamado Pedro Limón, hombre de carácter irascible y colérico, el cual había contraído el mal hábito de perjurar, barbotar y maldecir a todas horas. Le Sucedió que un día, cuando regresaba del monte con su jumentillo cargado de leña, le sorprendió la noche antes de que llegase al pueblo, y, por ser tiempo de invierno y la noche lluviosa, se despistó la caballería y, tropezando, vino a caer en un lodazal, Viéndose solo en tal aprieto y caída con la carga la cabalgadura, montó en cólera y comenzó a votar, jurar y maldecir, ofreciéndola a todos los diablos, mientras descargaba sobre el vil jumentillo una lluvia de palos. Todo fue en vano y sin remedio, pues se hallaba tan hundida y atascada en el cieno que no había fuerzas humanas para poderla sacar a buen sendero. El pobre hombre, ciego de cólera y fuera de sí, por verse impotente para salir de tan apurado trance, se daba a los demonios, y en una de sus imprecaciones llamándoles exclamó: “¿No habrá algún diablo de cuantos tiene el infierno que venga y me ayude a levantar esta mala bestia?” Apenas proferida esta exclamación vio luego, junto a sí, un hombre bien portado que le dijo: “Limón, ¿qué es lo que de mí quieres?” Cuando Limón se oyó nombrar, entre admirado y medroso preguntó: “¿Quién eres tú, buen amigo?” “Yo soy quien tú tantas veces has llamado para que viniese en tu ayuda; a eso he venido, y te ayudaré y haré por ti cuando me pidas, con sola una cosa que tú hagas en mi obsequio, y es que te quites ese Escapulario del Carmen que llevas al cuello, 

Cuando Pedro Limón escuchó lo que le pedía, con el vello erizado temblando de miedo, cual un azogado, echo mano de su Escapulario y, mostrándoselo al demonio, a quien desde luego había conocido, le dijo: “¡Voto a Dios que no me lo quitaré por todo lo del mundo!” Y vuelto a la Madre de Dios, lleno de terror y espanto, la invocaba de todo corazón, llamándola en su ayuda, mientras besaba con fervor su bendito Escapulario y lo ponía delante de sus ojos.

El demonio, viendo no le podía interrumpir en sus plegarias y súplicas a la Virgen Santísima, a la que no cesaba de invocar, le dejó y desapareció de súbito. Entonces pedro, ayudando a levantar al jumento, pero dejando allí la carga, corrió despavorido hacia el pueblo y, antes de llegar a su casa, se fue al convento del Carmen, llamando con fuertes aldabonazos a la puerta. 

Conducido a la presencia del Prior, que lo era a la sazón el Rvdo. P. Mtro. Fr. Luis Velázquez, le dijo que traía un suceso de la otra vida. El Prior, como viese al buen hombre, a quien mucho conocía, despavorido, tembloroso y convulso, llamó a otros varios sacerdotes de la comunidad, ordenándole les dijese lo que traía. El, entonces, serenándose un poco, narró minuciosamente, delante de ellos, cuanto le había sucedido, sin omitir un detalle; alabando todos a Dios y a nuestra Santísima Madre, por el favor de haberles dado tal prenda y con tal virtud y eficacia contra el poder de los ardides y astucias del demonio. 

Se dio entero crédito por los Padres a cuanto les había referido Limón, por las circunstancias que en él se vieron y por lo que después se vio en su persona, pues fue tal la mudanza de su vida que se le tuvo en el pueblo por persona de notable virtud, y como tal acabó sus días, mostrándose fervorosísimo cofrade de la Virgen, haciendo cuantiosas limosnas y dejando una fundación perpetua de la misa sabatina. 

Luego, al día siguiente del suceso, se divulgó éste por todo el pueblo de Gibraleón y su comarca, por lo cual, así como por la mudanza de vida de Pedro, muchísimos sujetos indiferentes, así de la villa como de los pueblos circunvecinos, vistieron devotamente el Santo Escapulario de la Virgen, acrecentándose mucho la devoción y estima en que le tuvieron, como lo testificaban las solemnes festividades con que se honraba a nuestra Santísima Madre en dicho pueblo durante todo el tiempo que allí subsistió nuestro convento. 

Aconteció el susodicho hecho el día 29 de diciembre de 1611, siendo prior del convento del Carmen de Gibraleón el Reverendo P. Fr. Luis Velázquez de Godoy y secretario Fray Gregorio Delgado.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

Nuestra Señora del Carmen - 16 de Julio



ORACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN 

¡Oh Virgen Santísima Inmaculada, belleza y esplendor del Carmen! Vos, que miráis con ojos de particular bondad al que viste vuestro bendito Escapulario, miradme benignamente y cubridme con el manto de vuestra maternal protección. Fortaleced mi flaqueza con vuestro poder, iluminad las tinieblas de mi entendimiento con vuestra sabiduría, aumentad en mí la fe, la esperanza y la caridad. Adornad mi alma con tales Gracias y virtudes que sea siempre amada de vuestro divino Hijo y de Vos. Asistidme en vida, consoladme cuando muera con vuestra amabilísima presencia, y presentadme a la augustísima Trinidad como hijo y siervo devoto vuestro, para alabaros eternamente y bendecidos en el Paraíso. Amén.


lunes, 8 de julio de 2024

Milagros del Escapulario 14 - Luis XIII y el Escapulario

 



Era a principios del siglo XVII, cuando ocupaba el trono de Francia Luis XIII. A pesar del carácter bondadoso del Monarca y de las altas dotes de gobierno de su ministro el Cardenal Richelieu, las guerras civiles y las discordias religiosas, en las que tomaron parte activa los protestantes, tenían divididos los ánimos y en continua rebelión las más florecientes ciudades de la Francia. 

Una de ellas era Montpeller que, declarándose enemiga de la Autoridad real, hallaba dispuesta a defenderse hasta el último extremo. 

El rey Luis XIII, al frente de un numeroso ejército, se presentó muy luego ante los muros de la ciudad, para obligarla con la fuerza de sus armas a reconocer su autoridad soberana. 

Ninguna de las proposiciones de paz que el Monarca presentó a los sediciosos para que se rindieran fueron atendidas, por lo cual se hizo necesario tomar la plaza. Apenas la artillería sitiadora logró abrir brecha en las murallas de la ciudad, un puñado de valientes del ejército real se lanzó con temerario arrojo, intentando forzar la entrada, pero fueron recibidos a arcabuzazos por los sitiados. 

Uno sólo de aquellos héroes logró penetrar en la ciudad, a pesar de haber recibido un disparo de arcabuz en el pecho. 

A la vista de aquel valiente, que se defendía de innumerables enemigos con una serenidad y un valor admirables, el entusiasmo del ejército sitiador llegó al colmo, y precipitándose en la brecha logró penetrar en el interior de la ciudad.

La batalla en las calles se hizo encarnizada y sangrienta, hasta que, por fin, la victoria se inclinó a favor del ejército real, entrando Luis triunfante en Montpeller. 

Uno de los primeros actos del Monarca fue mandar que trajeran a su presencia a aquel heroico soldado que logró penetrar el primero en la plaza. A los pocos momentos el círculo de nobles que acompañaban al Rey se abrió para dar paso a un humilde soldado de gallarda presencia y simpático continente. 

-Eres un héroe y quiero recompensarte- dijo el Rey, poniéndole, familiarmente, su mano sobre el hombro.

-¡Señor!, agradezco el honor que V.M. me dispensa- contestó, resueltamente, el soldado-; pero no es mío todo el mérito. Si V.M. me ha visto penetrar el primero en la plaza y me contempla de pie, ileso, a pesar de haber recibido un balazo en el pecho, es porque ignoráis que cubre mi pecho una cota invulnerable. 

Esto diciendo, se desabrocho su casaca y descubrió su pecho, en el que pendía el Santo Escapulario de la Virgen del Carmen. 

Los circunstantes quedaron asombrados contemplando la bala que debiera haberle destrozado el corazón, detenida y achatada como por respeto ante la santa imagen de la Virgen que estaba grabada en la superficie anterior del Escapulario. 

Testigo de aquella maravilla el mismo Rey, hizo desde entonces voto de vestir para siempre aquel bendito Escudo protector, aquella Santa Cota, y recomendarla a todos sus súbditos para que en adelante les preservara de todos los peligros. 

Pocos días después el pecho del Rey ostentaba públicamente el Escapulario y en el pendón nacional se veía grabada la imagen de la Virgen del Carmen.


REFLEXIÓN GRATULATORIA

¡Oh Soberana y Celestial María! ¿Es por ventura vuestro Santo Escapulario roca? ¿Es acaso inexpugnable muro? Más que inexpugnable muro y muchísimo más que infrangible y firmísima roca lo contempla mi devoción, porque el muro a golpes repetidos se aplana, y la roca si no la derriba lo fuerte del golpe, al menos la resquebraja y la horada; mas vuestro bendito Escapulario resplandece con firmeza tan singular, que ni el golpe le mella por lo terrible, ni por repetir le vence, para que alabemos en él y por él vuestro excelso poder y os demos las más rendidas acciones de gracias. Amén. Ave María y Gloria.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O. C.
Editado en 1956

viernes, 8 de marzo de 2024

El Santo Escapulario de Nuestra Señora del Carmen



«Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad. Vean, en la forma sencilla de su hechura, un compendio de modestia y candor. Vean, sobre todo, en esta librea que visten día y noche, significada, con simbolismo elocuente, la oración con la cual invocan el auxilio divino. Reconozcan, por fin, en ella su consagración al Sacratísimo Corazón de la Virgen Inmaculada, por Nos recientemente recomendada.»
Papa Pío XII


Escapulario proviene del latín scapulae y significa hombros. Fue en sus orígenes un traje de uso público entre los monjes. Así como los siervos de la gleba usaban un escapulario con el escudo del señor a quien servían, del mismo modo el Escapulario religioso comenzó a ser considerado símbolo del yugo de Cristo (iugum Christi). También tenía el valor de escudo (scutum) que protegía la cabeza y resguardaba la vista de toda vana curiosidad.



Extensión del escapulario
 a los laicos


Las Órdenes religiosas masculinas son llamadas Primera Orden; las de mujeres recibieron el nombre de Segunda Orden. Fue tal el esplendor que esas Órdenes alcanzaron por su testimonio evangélico, que muchos laicos quisieron ingresar en ellas. De ese modo se llegó a conformar la Tercera Orden, de la que formaron parte todos aquellos que se comprometían a vivir su carisma en medio de las ocupaciones del mundo. Surgieron luego las cofradías como extensión de las Órdenes. Los cofrades participaban de los bienes espirituales de las Órdenes, pero no hacían votos. Entre ellas, la Cofradía de Nuestra Señora del Monte Carmelo fue de las primeras en surgir.



San Simón Stock


El santo que recibió la promesa de la Virgen y la difundió es San Simón Stock. Se cree que nació en una familia real, pero que a muy temprana edad se retiró a la vida de oración, refugiándose en un gran árbol que le sirvió de casa y oratorio, de donde provino el nombre de “stock” que significa “tronco”. Simón Stock, nombrado más tarde Superior General de la Orden de los Carmelitas, tuvo que sufrir mucho para que la institución siga en pie, ya que fue muy perseguida. En contra de esa gran familia religiosa se argumentaba que había sido instituida sin la autorización de la Iglesia. Pero felizmente, ya próxima a ser suprimida, la Virgen se le apareció al Papa Honorio III y le ordenó que la confirmase y protegiese. Sin embargo, al cabo de un tiempo la Orden fue acosada nuevamente con mayor saña, por lo que San Simón, que sobrellevaba una gran amargura, recurrió a la Virgen:

Flor del Carmelo,
Vid florida,
Esplendor del Cielo,
Virgen Madre singular,
Madre dulce
que no conoció varón:
asiste propicia a tus devotos,
Estrella del mar.


En la mañana del 16 de julio de 1251, mientras suplicaba con grandísima insistencia su protección, la Madre de Dios se le apareció. Según relató él mismo al Padre Pedro Swayngton, su secretario y confesor, «la Virgen se me apareció con un gran cortejo y teniendo en la mano el hábito de la Orden, me dijo: “Recibe, hijo dilectísimo, este Escapulario de tu Orden como señal distintiva y marca del privilegio que yo obtuve para ti y para todos los hijos del Carmelo; es una señal de salvación, una salvaguardia en los peligros, una alianza de paz y de protección sempiterna. Quien muera revestido con él será preservado del fuego eterno”».


La Orden del Carmen se multiplicó de modo tan prodigioso bajo la dirección de San Simón, que a los pocos años de su muerte, a fines del siglo XIII, contaba con 7.500 monasterios poblados por casi 120 mil religiosos. A los pocos años, hacia el 1276, el culto a San Simón Stock fue confirmado por la Santa Sede.



La gran promesa de Nuestra Señora del Carmen: el “Privilegio Sabatino”

La predilección de María Santísima por el Carmelo fue confirmada en el siglo siguiente, cuando nuestra Señora se apareció al futuro Papa Juan XXII, entonces cardenal, en Avignon, Francia. Allí la Virgen prometió una especial asistencia a los que llevasen el Escapulario del Carmen, asegurándole que los libraría del Purgatorio el primer sábado después de su muerte. Esta promesa, conocida como el “Privilegio Sabatino”, fue promulgada por el Papa Juan XXII en el año 1322.

En 1950 lo recordaba el Papa Pío XII: «Ciertamente, la piadosa Madre no dejará de hacer que los hijos que expían en el Purgatorio sus culpas, alcancen lo antes posible la Patria Celestial por su intercesión, según el llamado privilegio sabatino, que la tradición nos ha transmitido con estas palabras: “Yo, su Madre de Gracia, bajaré el sábado después de su muerte y a cuantos –religiosos, terciarios y cofrades– hallare en el Purgatorio los libraré y los llevaré al monte santo de la vida eterna”».



Indulgencias del Escapulario del Carmen


Indulgencias plenarias:

1.El día que se viste el Escapulario y el que es inscrito en la Tercera Orden o Cofradía.
2.En estas fiestas: Virgen del Carmen (16 de julio o cuando se celebre); San Simón Stock (16 de mayo); San Elías Profeta (20 de julio); Santa Teresita del Niño Jesús (3 de octubre); Santa Teresa de Jesús (15 de octubre); Todos los Santos Carmelitas (14 de noviembre); San Juan de la Cruz (24 de noviembre).

Indulgencia parcial:
Se gana indulgencia parcial por usar piadosamente el santo Escapulario. También por besarlo y por cualquier otro acto de afecto y devoción.
Una persona que haya recibido la imposición del Escapulario, aún cuando haya pasado mucho tiempo sin usarlo, puede por sí misma recolocárselo en el cuello, sin necesidad de bendición o imposición por un sacerdote.


Los Santos y el Escapulario

El mismo día en que recibió el Escapulario, San Simón Stock tocó el cuerpo de un moribundo que no quería arrepentirse de sus pecados y obtuvo el primer milagro: la inmediata conversión del enfermo.

San Alfonso María de Ligorio y San Juan Bosco, entre muchos miles, difundieron con mucha insistencia esta devoción. Y en ambos casos, años después de su muerte, los Escapularios fueron hallados intactos, a pesar de que las vestimentas mortuorias se encontraron deterioradas. El de San Alfonso, que está en un relicario, se puede venerar en Marianella, su ciudad natal.

San Claudio de la Colombière, confesor de Santa Margarita María de Alacoque, confidente del Sagrado Corazón de Jesús, afirmaba: «No; no basta decir que el Escapulario es una señal de salvación. Yo sostengo que no hay otra que haga nuestra predestinación tan cierta como ésta, del Escapulario, y a la cual consecuentemente nos debemos acoger con más celo y constancia».


Actualidad del Escapulario

Es tan importante esta devoción, que la misma Virgen ha vuelto a confirmarla en las más grandes apariciones suyas en los últimos siglos.

En Lourdes, la Virgen se apareció por última vez el 16 de julio, fiesta del Carmen.

En Fátima, en su sexta aparición, cuando obró el milagro del sol, la Virgen se apareció bajo la advocación del Carmen con el Niño en brazos y el Escapulario. También pidió que los que se consagraran a ella lo usaran como signo de dicha consagración. Y la hermana Lucía, una de las videntes de Fátima, confirmó esa visión, y dijo que la Virgen quería que el Escapulario fuera tomado como parte del mensaje, añadiendo; «ahora el Santo Padre lo ha afirmado así al mundo entero, diciendo que el Escapulario es signo de consagración al Inmaculado Corazón… El Rosario y el Escapulario son inseparables».

De hecho el Papa Pío XII, el 11 de febrero de 1950, afirmaba: «Y en verdad no se trata de un asunto de poca importancia, sino de la concesión de la vida eterna… en otras palabras, del más importante de los negocios del mundo y de llevarlo a cabo con seguridad».


Milagros atribuidos a él

Son muchos los milagros obrados por gracia del Escapulario. Todos ellos están debidamente relatados y testimoniados por quienes se beneficiaron por él y por testigos oculares; por ejemplo curaciones, protección en guerras, etc. Son muchos los hechos milagrosos: incendios que se apagan cuando el Escapulario es lanzado a las llamas (y dicho Escapulario permanece ileso); personas libradas de la obsesión de suicidio; no permite morir en pecado (cuando no hay abuso de la gracia), etc.


Objetivo Principal

Nuestra Madre, la Virgen María será siempre el camino para llegar a Jesús. Entre las devociones que los cristianos dedican a honrar a la Santísima Virgen María –decía Papa Pío XII– «debe colocarse, ante todo, la devoción del Escapulario de los Carmelitas».

Por eso recomendamos vivamente que se lleve día y noche el Escapulario –vestido de la Virgen María–, pero su uso permanente no es indispensable para ganar las indulgencias.

El Escapulario de tela –que se recomienda por simbolizar mejor el vestido y consagración a Nuestra Señora, la Virgen María– puede ser sustituido por la medalla-escapulario.

Quien viste el Escapulario del Carmen debe distinguirse por una profunda, sincera y filial devoción a la Santísima Virgen, esforzándose siempre por: a) conocer; b) amar; c) imitar; d) irradiar a la Virgen María, ya que al Orden del Carmen, a la que pertenece por vestir su hábito, tiene como finalidades vivir su vida y extender su culto. El título oficial de los Carmelitas es: Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo.

Todo esto debe animar a los cristianos a vestir con devoción el Escapulario de la Virgen María, que tantos prodigios ha obrado a través de los siglos y que promete una ayuda especial y protección maternal de parte de la Santísima Virgen María.

Que mi Escapulario me acompañe siempre. Que en él vea siempre a mi Madre celestial. Que al besarlo lo haga con amor de hijo y como promesa de amarla más y servirle mejor. Que su recuerdo y su presencia en mi pecho me anime a serle más fiel a Ella y a su Hijo. Que en él vea grabadas todas las virtudes de mi celeste Madre y trate de vivirlas. Que su constante presencia sobre mi corazón me ayude a evitar el pecado y a practicar la virtud. Que su recuerdo nunca permita que me olvide de Ella y así puedo estar seguro que Ella no me abandonará.

¡Oh Virgen Santísima Inmaculada, belleza y esplendor del Carmen! Vos, que miráis con ojos de particular bondad al que viste vuestro bendito Escapulario, miradme benignamente y cubridme con el manto de vuestra maternal protección. Fortaleced mi flaqueza con vuestro poder, iluminad las tinieblas de mi entendimiento con vuestra sabiduría, aumentad en mí la fe, la esperanza y la caridad. Adornad mi alma con tales gracias y virtudes que sea siempre amada de vuestro divino Hijo y de Vos. Asistidme en vida, consoladme cuando muera con vuestra amabilísima presencia, y presentadme a la augustísima Trinidad como hijo y siervo devoto vuestro, para alabaros eternamente y bendeciros en el Paraíso. Amén.

Fuente: Tradición Católica.com

miércoles, 6 de marzo de 2024

Milagros del Escapulario 12 - Libra Ntra. Sra. del Carmen a una familia devota que vestía el Santo Escapulario de ser aplastada por un camión

 



Dejemos a don Francisco Fernández Galán que nos narre el milagroso suceso: 

“Iba yo con mi señora y mis hijos en un camión de gran tonelaje, desde Montánchez a Sanlúcar de Barrameda, llevando un cargamento de ciento veinte arrobas de chacina que había de entregar en la mencionada localidad”. 

“Al llegar a un lugar de la carretera, entre El Ronquillo y Santa Olalla, efecto de un mal viraje, se precipitó el vehículo en la cuneta, volcando aparatosamente y cogiéndome a mí y a mi familia, sin saber cómo, entre el horrible amontonamiento de los sacos y cajas de chacina y el astillamiento de la carrocería, completamente destrozada.” 

“¿Cómo no morimos todos, o cómo no perecimos aplastados en aquella catástrofe? Yo sólo recuerdo que invoqué a la Santísima Virgen del Carmen, cuyo Escapulario bendito vestimos toda la familia con gran devoción, estrechándolo fervorosamente contra mi pecho; y creo firmemente que a su mucha misericordia y al poder taumatúrgico del Santo Escapulario de María Santísima del Carmen debemos el no haber perecido todos en aquel fatídico accidente, ocurrido el 10 de marzo de 1928, por lo cual ofrecimos una misa perpetua en ese día a la Virgen Santísima y vestir su santo hábito de por vida, ayunando los sábados en su honor, publicando eternamente sus maravillas y alabándola sin cesar y deseando que todos la alaben.”

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

Milagros del Escapulario 11 - No muere jamás con su Escapulario quien desprecia la gracia de María

 



Era el mes de septiembre del año 1927, en la calle Bolsa de Sevilla; próxima a nuestro convento del Buen Suceso, había una modesta pensión, propiedad de dos virtuosas hermanas jerezanas, terciarias Carmelitas y amantísimas de la Virgen del Carmen, donde hacía muchos años que se hospedaba un pobre tipógrafo ácrata, el cual se hallaba en trance de muerte, afecto de un cáncer en los intestinos. 

Las piadosas hermanas, compadecidas de la situación moral y material el pobre enfermo, y deseosas, sobre todo, de la salvación de su alma, llamaron al simpático y buenísimo Padre Fr. Ángelo Ramos, Carmelita, a fin de que le impusiera el Santo Escapulario de nuestra Madre del Carmen, por ver si aquel pez gordo caía en la red mística de la Divina Pescadora y salvadora de almas. 

Jovial y chispeante, cual no conocí jamás a ningún otro andaluz, el buen P. Ángelo consiguió, con sus chirigotas y agudezas y tras un par de caritativas visitas, imponerle el Escapulario de la Virgen. Después, con gran unción y celo comenzó a hablarle de la conversión y salvación de su alma y a exponerle lo fácil que le era el reconciliarse con Dios. Llevó dos o tres tardes al que estas líneas escribe a visitar aquel desgraciado; recíbale el enfermo con muestras de suma complacencia y amabilidad, mas cuando se tocaba o derivaba el tema hacia el punto de su salvación y del inminente peligro en que se hallaba, tema que, entre bromas y veras, sabía tocar maravillosamente con su sal andaluza el jovial Padre Ángelo, volvía la espalda el enfermo, mascullando entre dientes imprecaciones y despachando descorazonados a sus visitantes. Un día, entre otros, le dijo el infeliz: “Si me va usted a poner el disco de la confesión y de que salve mi alma, bien puede coger el portante, porque estoy resuelto a darle mi alma al demonio; así que excuse usted el tratar semejante tema, pues me pone de un humor de perros y me exacerba más la enfermedad.” 

Transcurrían los días y el mal se agravaba y acentuaba por instantes, hasta tal punto que con nada se le calmaban aquellos agudísimos dolores, que le tenían materialmente revolcándose en el lecho como un perro.  

Las dos piadosas terciarias repetían novena tras novena por la conversión de aquel alma, sorda y ciega voluntariamente a todas la invitaciones de la gracia divina, que se dejaba sentir en él de una manera palpable y visible. 

Mas un día le oímos decir, entre aquellas convulsiones horrorosas y aquellos dolores insoportables: “Ya debía estar muerto, más de cuanto ha; pero no sé qué talismán, qué fuerza superior hay en mí que me impide el acabar de una vez, cuando veo que me estoy muriendo a chorros: esto debe ser efecto del Escapulario que usted me puso a cuello, y que me retiene asido como un hilo a esta vida, de la cual no me queda más que un hilito muy tenue.” Y luego proseguía con convulsiones de epiléptico: “Pero yo debo morir y quiero morir y me es aborrecible la vida.” Amorosamente le instaba el buen Padre a que confesara, para que ya que no podía conseguir la salud del cuerpo, ni retener por mucho tiempo la vida corpórea, consiguiera su salvación eterna. Echando fuego de odio y de rencor por los ojos, despedía al amigo compasivo y bueno y amable, diciéndole “que le recibía como amigo compasivo y bueno y amable, que se imponía tales sacrificios por consolarle y visitarle, pero que como sacerdote y como fraile le odiaba y aborrecía; y que él ya sospechaba en qué estaba el secreto de no morirse de una vez: en el amuleto o talismán que le había colgado al cuello.” Todo fue inútil con aquel hombre obstinado y empedernido en el mal. Le visito varios días el caritativo Padre, y cada vez le halló más desesperado y con menos muestras de volverse a Dios, hasta que un día, inspirado tal vez por Lucifer, se arrancó el bendito Escapulario, lo arrojó con rabia al orinal y murió desgarrándose la garganta y el pecho con las uñas, y con tal mueca de rabia y desesperación en el semblante, que a las claras se notaba debía estar con los precitos entre las legiones de Luzbel en los infiernos. 

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.
Editado en 1956

martes, 2 de enero de 2024

Milagros del Escapulario 10 - El Escapulario del Carmen y un indio brujo

 


El Escapulario del Carmen y un indio brujo

El siguiente hecho, en el que se manifiesta el poder del Santo Escapulario del Carmen contra los espíritus malignos, tuvo lugar en Dabeida, en la Prefectura apostólica de Urabá, allá por el año de 1920.

El indio Justiniano Domicó enfermó de gravedad en su bohío del Jague. Se le bajó a la casa de la Misión de Dabeida, para ser atendido por las Hermanas Misioneras, pues se trataba de un indio buen cristiano y asiduo a la Misión.

Cierto día se presentó un indio de Pavarandocito -diez leguas de camino- a visitarle. Se llamaba Antonio, médico brujo, al que los indios le dan el nombre de “Jaibaná”. Antonio se comprometió a curar al enfermo a condición de que los remedios había de aplicárselos a ocultas del P. Misionero y de las Hermanas, para lo cual prefería llevárselo a su propio bohío, puesto que las pócimas habían de ser preparadas por indias. Pero, al ver que no se le permitía sacar al enfermo de la casa de la Misión, convino en curarle allí mismo.

Provisto de los remedios, dio comienzo a la curación en el silencio y oscuridad de la noche, tiempo que prefieren estos brujos para sus curaciones. Tendió al enfermo en el suelo y empezó a sobar su cuerpo con unos idolitos, mientras canturreaba sus invocaciones a sus jaíes. De vez en cuando mojaba los ídolos en el brebaje, de antemano preparado por las indias, y le daba a beber al enfermo una pequeña cantidad. Al poco rato, dirigiéndose hacia el próximo monte, dio el “Jaibaná” Antonio un fuerte y prolongado silbido, que era la llamada al “Jaí” o espíritu. A continuación, la actitud de Antonio se transformó; parecía poseído del demonio. Empezó a frotar de nuevo los idolitos sobre el enfermo, desde los antebrazos al pecho; mas al llegar el ídolo a tocar el Escapulario del Carmen, que el enfermo tenía impuesto, quedaba inmóvil, a pesar de los esfuerzos del curandero, que repetía una y otra vez la misma operación. Mojaba el ídolo en la pócima preparada y volvía a las sobas y fricciones; pero, al contacto del ídolo con los cordones del Escapulario, se paralizaba su movimiento. Mientras tanto, el brujo Antonio decía: “Mi “Jaí” no quiere entrar donde corazón.”

Entre convulsiones y con ademán enfurecido, empezó Antonio las fricciones desde el abdomen hacia el pecho, y al contacto del idolillo con el Escapulario, el mismo fenómeno de paralización. De repente, quedó el “Jaibaná” reconcentrado durante unos cinco minutos, luego se restregó el ídolo en su propio cuerpo y dijo, tomando el Escapulario del enfermo: “Esto tiene que votar (quitar); mi “Jaí” dice este trapo impide curar.” La Hermana que se hallaba presente le contestó: “Si ese trapo impide, también la camisa.” A lo que repuso el “Jaibaná” Antonio: “Mi “Jaí” dice este trapo (Escapulario) impide pasar, porque es como Cristo.” Naturalmente, el enfermo no quiso desprenderse de su Escapulario. Las Hermanas, al ver tan palpablemente la virtud prodigiosa del Santo Escapulario, no cesaban de alabar y bendecir a la Santísima Virgen y prorrumpieron en este grito de júbilo: “¡Viva el Escapulario de la Virgen del Carmen!”

Entretanto el “Jaibaná” Antonio brincaba cual un epiléptico, como movido por oculto resorte, amenazando a los presentes con el puño y diciendo: “Si no deja curar, yo revienta esta casa; yo prueba, mucho puede mi “Jaí.” Una Hermana asperjó disimuladamente con agua bendita al “Jaibaná” y quedó apaciguado.

El enfermo Justiniano Domicó se curó con remedios que la Misión le proporcionó, y hoy sigue siendo buen cristiano y asiduo a la Misión.

Al poco tiempo de este caso me llamaron a administrar el Viático a una india octogenaria –Romualda domicó-, en una parcialidad de la misma población de Debeida, denominada el Pital. Después de la Santa Unción, le impuse el Escapulario del Carmen. A los pocos días volví a visitarla y la encontré sin el Santo Escapulario. Es que uno de los médicos brujos había empezado el tratamiento de sus curaciones supersticiosas, y para ello le había quitado el Escapulario. Y eso que estos “jaibanes” no conocen la historia ni el origen del Escapulario, pero la conoce el espíritu maligno que les inspira sus sortilegios. Ningún “jaibaná” pone en práctica sus brujerías con los enfermos que tienen el Escapulario bendito del Carmen.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O. C.
Editado en 1956

jueves, 14 de diciembre de 2023

Milagros del Escapulario 9 - El galán de la llama azul

 


El galán de la llama azul

He aquí una historia fidedigna en la que figura el santo cura de Ars, San Juan Bautista Vianney, y una doncellita que fuera más tarde ferviente religiosa.

Su antiguo y venerado cura es quien contó esta verídica relación, al que nos la dejara escrita. Antes de entrar en religión dicha doncella fuese a ver al santo cura de Ars, para hacer con él confesión general. Este le preguntó al confesarla: “Usted debe acordarse bien, hija mía, de cierto baile al cual asistió hace poco tiempo. En ese baile encontró usted un joven desconocido de todos, pero de modales distinguidos, que fue casi el héroe de la fiesta.

“Sí, padre mío, es cierto.

“Y usted hubiese querido que la invitase a bailar, y estaba usted llena de celos y de despecho al ver que prefería a las demás y que nunca se dirigía a usted para nada.

“En efecto, padre; así era.

“¿Y no recuerda usted que al salir el galán creyó usted ver en la puerta y precisamente bajo sus pies dos llamitas azules, que desde luego tomó usted por una mera ilusión de sus ojos, engañados por la luz y la oscuridad?

“Todo, todo es verdad, padre mío.

“Pues bien, hija mía, ese joven era el demonio, el mismo Lucifer en persona. Aquellas con quienes bailara se hallan en estado de condenación. Y, ¿sabe usted por qué no fue invitada por él?... Pues fue precisamente por el Santo Escapulario del Carmen que usted llevaba puesto y que por devoción a María conservaba como una defensa contra sus asechanzas.”

Hijas de la Virgen: Huelga deciros la impresión que causó esta revelación a la persona de quien hablamos, y podéis inferir fácilmente de este relato que la pureza debe evitar todas las ocasiones peligrosas y cuan útil es para conservarse puras la protección de la que es Reina y Madre de las Vírgenes. (Nyssen).

Leyendo este notable ejemplo viene a la memoria la revelación que tuviera el venerable terciario Carmelita Francisco de Yepes, al cual, según refiere el P. Claus, le fue revelado que los demonios padecen tormento vehementísimos porque ven que el Santo Escapulario se lleva por todos y en todas partes.


Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O. C
Editado en 1956

viernes, 24 de noviembre de 2023

Milagros del Escapulario 8 - Quita un rayo la vida a un mancebo que no llevaba el Santo Escapulario




Quita un rayo la vida a un mancebo que no llevaba el Santo Escapulario 
y deja con vida a otros varios que lo vestían con fervor

Refiere Fr. Daniel de la Virgen María, que en la ciudad de Manresa se levantó, una tarde del mes de junio, una horrorosa tempestad y, estándola conjurando con gran fervor un religioso nuestro, cayó un rayo que hizo grandísimos estragos.

El primero a quien alcanzó fue a este devoto religioso. Cayó en tierra, efecto de la exhalación, y viéndole otro religioso, que se hallaba algo distanciado, se llego a él, observando que el rayo había abrasado y consumido todos sus vestidos excepto el Santo Escapulario. Le tomo el pulso, y viendo que aún palpitaba, fue a toda prisa, después de absolverle, a dar cuenta al Prelado, que vino con otros muchos religiosos, cuando ya al que daban todos por muerto se había recobrado del susto y sobresalto, sintiendo tan sólo en la pierna derecha un intenso dolor, que, en el poco tiempo que duró, le dio a bien a entender, lo mucho que tenía que agradecer a María Santísima nuestra Madre, pues por un señalado favor y merced celestial de la reina de los Cielos no había sido reducido a pavesas como otros muchos.

Le quedó después un grandísimo dolor en la pierna, de tal suerte, que en muy largo rato no podía el infeliz ni moverse, pero, más tarde, se reanimó y quedó perfectamente bien y sin que se notase la menor molestia.

Aquel mismo rayo que lo dejase a él sin vestiduras había tocado de soslayo a otros muchos vecinos de aquel pueblo, mas a ninguno quitó la vida, sino a un mancebo licencioso y disoluto que se jactaba de no llevar el Escapulario de la Virgen. Con este hecho parecía decirnos en su lenguaje el rayo, con su soberbia desbastadora: “Lo mismo hubiera hecho con todos vosotros si el bendito Escapulario de la Virgen santísima del Carmen no hubiese sofocado mis voraces incendios”. Y así, demos todos gracias rendidísimas a nuestra Madre por semejantes estupendos beneficios como nos prodiga a cada paso su mano liberal y misericordiosa. Así sea.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O. C.
Editado en 1956

jueves, 19 de octubre de 2023

Milagros del Escapulario 6 - Se prende fuego en una casa, y arrojando a las llamas el Santo Escapulario se apaga





El Rvdo. P. Mtro. Fr. Francisco Boersio, nos dice que en Ada, lugar del Obispado de Milán, se prendió fuego en la casa de Alejandro Coto. Fue tan desdichado, que cuando llegó el remedio fue tarde, pues hallándose la casa en despoblado y algo distante del lugar, no siendo más que él y un hermano suyo para apagarlo, tras hacer esfuerzos desesperados, vieron con gran sentimiento y dolor que por todas partes era el inmueble presa de las llamas. En tal congoja y tribulación se le ocurrió a uno de ellos el echar o arrojar sobre las llamas el Escapulario de la Santísima Virgen del Carmen que traía pendiente de su cuello, a lo cual le alentó el otro hermano, diciéndole que había oído decir muchas veces que echando el Santo Escapulario sobre el fuego se había apagado de súbito. Lo ejecutaron así y el conflicto o falta de medíos materiales para lograr sofocar el fuego, alentó aún más su fe y devoción para suplicar con ansias a María Santísima se dignase poner remedio, mediante su bendito Escapulario, a aquella tribulación que les descorazonaba y afligía sobremanera.

No tardó más la Santísima Virgen en socorrerles que ellos tardaran en arrojarle con ardiente fe y rendida confianza sobre las llamas de aquel fuego devastador, pues al punto reconocieron la superior virtud del Santo Escapulario y se resolvieron en denso humo las voraces llamas.

Respiraron consolados con tal prodigio ambos hermanos, que puestos de rodillas no cesaban de dar gracias con indecible júbilo y alborozo a la Madre de Dios; pero he aquí que al levantarse quiso el cielo que admirasen otro mayor, pues entre vivas ascuas hallaron el Santo Escapulario de María intacto, sin haber osado el fuego tocarle ni ofenderlo lo más mínimo.

Llegó presto a Milán la noticia del suceso, y el Sr. Vicario lo examinó y jurídicamente lo aprobó, para que en todo tiempo diésemos gracias a nuestra Madre amable, que así se digna consolar a los que con viva fe y rendida confianza acuden a su valiosísima protección en los instantes de inminente peligro.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O. C.
Editado en 1956