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domingo, 16 de febrero de 2025

La Virgen María en ejemplos 11: No creía en nada

 


Un comunista de Niza, que había calificado de comedia a las peregrinaciones a Lourdes, ha regresado de la gruta curado de una parálisis que afectaba el lado derecho de su cuerpo. Ha vuelto también creyendo en Dios. 

Se trata de Louis Olivari que resultó gravemente herido al caerse de su andamio, cuando trabajaba como electricista en un hospital local. Estuvo un día entero inconsciente, y cuando volvió en sí, se encontró que tenía paralizado el brazo y la pierna derechos. Los médicos le manifestaron que no podían hacer nada por él, puesto que había sufrido la ruptura de una arteria cerebral. 

Después de dos meses y medio de tratamiento, sin conseguir progreso alguno, el capellán del Hospital le aconsejó que fuera en peregrinación a Lourdes”. Louis se río: “Yo no creo en nada. ¿Para qué voy a intervenir en tal comedia?” Pero ante la insistencia de su esposa se decidió a ir: “Me sentí impresionado por la gente que iba, pero lo que más me emocionó fue un niño ciego de diez años que hacia su quinta peregrinación a Lourdes”. 

“Reza”, le dijo el muchacho, poniéndose de rodillas ante la Virgen. De mala gana permitió que le introdujeran después en las heladas aguas de la gruta. Junto a él estaba el niño ciego. Vio allí cómo el muchacho movía los labios en oración. Louis gritó: “¡Dios, si existes, cura a este niño, que lo merece más que yo!”. 

Ahora, curado, de vuelta a Niza, ha anunciado que deja definitivamente el comunismo y que cree en Dios.

(Lourdes - Fátima)

miércoles, 4 de septiembre de 2024

La Virgen María en ejemplos 5: No explotaron las bombas




El 3 de agosto de 1936, el alférez de aviación, villa caballos, que luego murió en el frente, arrojó sobre la basílica del Pilar varias bombas, las cuales no explotaron, según él mismo cuenta:

“La cosa fue de este modo, El coronel Sandino recibió en Barcelona, donde yo prestaba entonces mis servicios, la confidencia de que dentro del Templo del Pilar se recogían durante la noche algunas centurias de Falange Española. Sandino es como mi padre espiritual. Tiene en mis condiciones de piloto una confianza absoluta. Me llamó aparte y me dijo: tienes que salir esta noche para un servicio especial. Vas a volar sobre Zaragoza a bombardear el Templo del Pilar… Me dispuse a cumplir lo ordenado. Preparé mi aparato y mandé equiparlo con seis bombas de cincuenta kilos cada una. Salí del aeródromo del Prat de Llobregat con tiempo magnífico. Desde nuestro frente de Aragón me habían enviado datos sobre las condiciones atmosféricas. Todo invitaba a elevarse, noche tranquila, visibilidad absoluta gracias a la luna llena, horizonte despejado…

Volé hasta Zaragoza sin la menor novedad. Estaba seguro de que mi llegada había de ser una gran sorpresa y de que nadie me aguardaba. Iba a bastante altura, pero una vez que me encontré sobre la ciudad, descendí tranquilamente y empecé a fijarme en las siluetas de la seo y del Pilar. Divisaba perfectamente los dos templos. No tuve, pues, inconveniente en colocarme encima del segundo. Los que me vieron debían creer por algunos signos del aparato que se trataba de un avión amigo. El caso es que llegué a descender hasta unos cincuenta metros sobre las bóvedas de la iglesia. Di una pequeña vuelta a fin de centrar bien mis blancos y, una vez que obtuve la seguridad del éxito, lancé cuatro bombas seguidas, una cayó al río, dos entraron en el Templo, lo vi perfectamente, la cuarta cayó delante de la puerta. Me eleve rápidamente a fin de evitar los efectos de la explosión y, cuando hube ganado altura, advertí que la explosión no llegaba. Mi asombro no tuvo límites. ¿Qué acontecía? Rondé el Pilar durante un par de minutos y nada. No estallaron las bombas. Me quedé perplejo. Estuve tentado de lanzar las dos que e quedaban en el aparato, pero mi extrañeza fue tan que preferí poner rumbo a Barcelona y averiguar la causa de lo ocurrido”.

¿No le pareció al coronel Sandino poco verosímil que pernoctasen las tropas en una iglesia? ¿Ni se acordaba que él mismo había sido bautizado en ese Santuario? Reconoce el aviador que por algunos signos debieron creer en Zaragoza que era avión amigo. Efectivamente, llevaba las luces encendidas y engañosamente pintada la bandera nacional. Después, los informes técnicos del Parque de Artillería confirmaban que la bombas llevaban espoleta, no les faltaba nada… nadie se explicaba por qué no explotaron… nadie, excepto Sta. María, la Reina y los ángeles “poderosos ejecutores de las órdenes divinas” (Salm. 102).

(P. José Luis de Urrutia, S. I. – Colección:
“Apariciones de la Virgen”)