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jueves, 21 de mayo de 2026

Aberraciones postconciliares

 

Bergoglio con los paganos.



Bergoglio con la estatua de Lutero en el Vaticano.



Bergoglio y el transexual Diego Neria



Bergoglio con tiara de globos



Bergoglio con férula sin Crucifijo



Bergoglio recibiendo la bendición de obispo anglicano.


Bergoglio con el patriarca Bartolomé.



Bergoglio con paganos brasileños.


lunes, 5 de febrero de 2024

Declaración de Mons. Viganò a propósito del escandaloso libelo La pasión mística

 


NEC NOMINETUR IN VOBIS

Declaración de Mons. Viganò a propósito del escandaloso libelo La pasión mística a propósito del escandaloso libelo La pasión mística de Víctor Manuel Fernández

Fornicatio autem et omnis inmunditia aut avaritia
nec nominetur in vobis sicut decet sanctos.
Fornicación y cualquier impureza o avaricia,
ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a los santos
Ef 5, 3

Si antes del Vaticano II un funcionario del Santo Oficio hubiera tenido que examinar La pasión mística para elaborar un informe con vistas a un dictamen al respecto, con toda probabilidad no le habría dedicado más de “diez, quince segundos” antes de arrojarlo al fuego. Pero antes del Vaticano II un pornógrafo herético nunca habría aspirado, no digo a la Santa Púrpura, ni siquiera al sacerdocio; ni sus Superiores jamás lo habrían admitido al Orden Sagrado. Víctor Manuel Fernández –Tucho para los amigos de Santa Marta– ascendió en cambio a la cima de la Jerarquía, fue creado Cardenal y nombrado prefecto del Santo Oficio –perdón, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe– por otro hereje argentino, Jorge Mario Bergoglio. Quien, desde el 13 de marzo de 2013, ha demostrado con su propia acción de gobierno y de magisterio que es un emisario de la élite globalista, según los desiderata -o más bien los mandatos– del Estado profundo angloamericano. Pero justamente cuando el cursus horrorum de Fernández parecía reservarle el ingreso al Cónclave como candidato de Jorge Mario, surge del polvo de un estante el bochornoso panfleto, destinado a pesar como una lápida sepulcral sobre las ambiciones de Tucho.

Una lectura superficial de La pasión mística resulta difícil e impactante para cualquiera. La prosa claudicante y la insistencia didáctica en aspectos de la cópula van acompañadas de descripciones de obscenidades que avergonzarían incluso a un frecuentador consumado de prostíbulos, hasta el punto de preguntarse si ciertos detalles también fueron objeto de experimentación personal por parte de Tucho Fernández. La reacción más obvia y normal, ante las páginas obscenas de este libelo, es el instintivo disgusto que se experimenta ante la vergonzosa satisfacción de yuxtaponer perversiones indignas de una persona civilizada al ámbito de la espiritualidad, y esto basta para evitar caer en peligrosas curiosidades y arrojarlo a las llamas. No se necesitan especulaciones teológicas complejas para comprender que esta insistencia en la sexualidad envuelta en veleidades místicas es uno de los signos incontrovertibles de la acción diabólica, como enseña San Ignacio. Pero una vez que hemos visto la inmunda obra de Fernández consumida en el fuego vengador, nos queda la sensación de haber sido de alguna manera manchados por su inmundicia moral.

Si ni siquiera se debe explicar la condena sin apelación de esta obra, tan evidente es su obscenidad, es necesario sin embargo plantearnos algunas preguntas sobre su autor y preguntarnos hasta qué punto la impostación doctrinal y espiritual que brota de La pasión mística y Sáname con tu boca es compatible con la dignidad sacerdotal, episcopal y cardenalicia y con el cargo de prefecto del Dicasterio. Porque lo que escandaliza al lector no es sólo la facilidad que exhibe para abordar temas escabrosos, sino el haberse atrevido a tomarlos como clave de lectura para comprender la experiencia mística, en una subversión blasfema. En efecto, si el alma cristiana parte de la unión con Dios, del vínculo de Caridad purísima y espiritual que lo une a su Señor, Creador y Redentor, para comportarse en forma coherente frente al bien y al mal, Tucho parte de una realidad límite para convertirla en vara de medición de la vida divina, para interpretar las relaciones entre las Tres Divinas Personas y el alma a la luz de una sexualidad corrupta y desviada. No es, pues, la verdad de Dios la que ilumina nuestro obrar moral, santificándolo y haciéndolo meritorio, sino el obrar pecaminoso del individuo y de la pareja la que determina la esencia misma de Dios. Ya hemos tenido varios anticipos de esta visión invertida de los términos, no el último es el que querría considerar los Mandamientos como objetivos ideales a los que el hombre no podría llegar a conformarse, según la moral de situación avalada por el jesuita argentino. No es el individuo quien debe obedecer a Dios, sino Dios quien debe adecuar Sus peticiones y Su Ley a lo que el individuo decide. Es la mentalidad de Fiducia Supplicans, que a falta de cualquier base doctrinal que legitime una unión gravemente pecaminosa inventa una nueva manera de considerar las bendiciones en uso en la Iglesia -una “verdadera novedad”- para bendecir lo que no se puede bendecir y ratificar lo que no sólo no puede ser ratificado, sino que debe ser condenado.

“Preguntémonos ahora si estas particularidades de lo masculino y de lo femenino en el orgasmo están de alguna manera también presentes en la relación mística con Dios”, escribe Tucho. El cual no sólo habla de los “gruñidos agresivos” del hombre o de “imágenes con escenas sexuales violentas, imágenes de orgías” que según el autor deberían atraer más al hombre que a la mujer, sino de su uso sacrílego como figura del amor sobrenatural, de modo que ya no son los esposos los que se entregan en la relación conyugal fructífera según el modelo de la divina Caridad, sino que son las Personas divinas las que se ven reducidas a compañeros en una relación sexual, con el agravante de que este modelo de referencia es deliberadamente distorsionado y falseado, eligiéndolo entre los más extremos e inspirados en la pornografía, una industria gestionada casi en su totalidad por MindGeek del rabino Solomon Friedman, con el objetivo de corromper moralmente a los goyim.

Si pensamos en el modelo esponsal que nos ofrece san Pablo en la relación castísima entre Cristo y la Iglesia (Ef 5, 22), las inconfesables obscenidades de Tucho nos revelan un alma totalmente corrompida por el vicio, vicio que con toda evidencia parece haber sido ampliamente experimentado.

El horror que una persona normal experimenta al leer el repugnante libelo es doble: al de los contenido indecentes y blasfemos se agrega el horror de ver cómo el actual prefecto del más importante Dicasterio romano no sólo no se avergüenza de ello, sino que incluso ha intentado descaradamente justificar sus intentos literarios, que según él podrían constituir “un momento de diálogo con parejas jóvenes que querían comprender mejor el significado espiritual de sus relaciones”. Porque si ciertas perversiones son deplorables y graves en un alma brutalizada por el vicio, se vuelven intolerables cuando son objeto de publicación por un sacerdote, profesor de teología moral, como lo era entonces Tucho, antes de ser nombrado obispo por Bergoglio.

No sorprende que, en concomitancia con la noticia de la existencia de este libelo, el arzobispo maltés Charles Jude Scicluna -secretario adjunto del dicasterio de Tucho, ex promotor de Justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe bajo Benedicto XVI- haya pedido discutir –rectius: poner en discusión- el celibato eclesiástico. Si el Prefecto del ex Santo Oficio pudo escribir y publicar obscenidades tan blasfemas es porque quiere que se conviertan en algo normal no sólo para los laicos, sino también y sobre todo para los clérigos, de tal modo que su embrutecimiento moral impida cualquier posibilidad siquiera remota de predicar un Evangelio que ellos son los primeros en contradecir y que según otro cardenal “no es un destilado de verdades”. Quienes piden abolir el celibato lo hacen porque es el último bastión católico para proteger el sacerdocio.

Miren ustedes los frescos eróticos encargados por Vincenzo Paglia en la catedral de Terni; los rituales de magia sexual blasfemos y sacrílegos de Ivan Rupnik; las fiestas químicas con prostitutas del secretario del cardenal Francesco Coccopalmerio, monseñor Luigi Capozzi; los nombramientos de Battista Ricca en Santa Marta y como Prelado del IOR, de Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga en el Consejo Cardenalicio, de Mario Grech, de Jean-Claude Hollerich, sin olvidar al sustituto Edgar Peña Parra; la vergüenza de Fabian Pedacchio Laínez, ex secretario personal de Bergoglio y “compañero” del secretario del Dicasterio de los Obispos, Ilson Montanari; miren los encubrimientos de los escándalos sexuales de Theodore McCarrick que denuncié y de su círculo todavía en roles de alta responsabilidad, en el Vaticano y en Estados Unidos, con Kevin Farrell, Blase Cupich, Joseph Tobin, Wilton Gregory, Robert McElroy; las audiencias de Bergoglio con transexuales, homosexuales reconocidos y amantes del concubinato: ¿creen ustedes que no hay coherencia en este pozo negro de vicios y perversiones con lo que escribió Tucho en 1998?

La primera confirmación de esta coherencia proviene de la aprobación entusiasta de la que disfrutan Bergoglio y sus secuaces entre los enemigos declarados de Cristo y de la Iglesia: masones, globalistas, activistas LGBTQ+ y de género, promotores de la ideología del despertar, partidarios de la eugenesia neomalthusiana, abortistas. ¿Cómo podemos creer que quienes gozan del apoyo de Lynn Forester de Rothschild, de los Soros, de los Clinton, de Bill Gates y de Klaus Schwab puedan al mismo tiempo combatir en nombre del Evangelio de Cristo contra la ideología infernal que impulsa a estos criminales subversivos?

Hay quienes han señalado con razón que, a la luz de esta vergonzosa masa de pornografía pseudo mística y sacrílega, toda la insistencia de Tucho y de la secta bergogliana en la inclusión de sodomitas y concubinarios suena a un impúdico y descarado Cicero pro domo sua. Incluso los simples fieles, con el sentido común que conlleva ser miembros de la Iglesia, han comprendido que esta masa de pervertidos sólo busca legitimar los vicios ajenos para poder practicarlos ellos mismos a plena luz del día, después de haberlos ocultado torpemente ellos durante décadas; y que este vergonzoso conflicto de intereses es tan evidente en su obscena arrogancia que descalifica las melifluas y engañosas declaraciones de bienvenida. Porque estos extraviados no buscan la salvación de las almas perdidas, sino que las utilizan cínicamente como pretexto para su propio beneficio personal, para complacer sus propios vicios y los de sus cómplices, para alimentar la vil red de chantaje que tiene en un puño a gobernantes, políticos, actores, clérigos, periodistas, magistrados, médicos y empresarios de todo el mundo.

Lo que escribe Fernández en La pasión mística no es tan diferente de lo que ocurrió realmente en la isla de Jeffrey Epstein. Pero esto no es normalidad, aunque es lo que quiere hacernos creer con petulancia pseudocientífica el autor del libelo: “A nivel hormonal y psicológico no hay hombres y mujeres puros”. Si estas son las hormonas y la psicología de Tucho, sin embargo hay muchas personas que viven su afectividad y su relación conyugal utilizando la razón, la voluntad y la Gracia de Dios. Hay personas -y esto es lo que Fernández no puede entender- que tienen la humildad de reconocerse débiles y falibles, pero que precisamente por ser conscientes de su propia debilidad encuentran en Dios la fuerza para resistir las tentaciones y crecer en la virtud, con ese heroísmo que sólo la Caridad puede inspirar y alimentar en los corazones de quienes no miran la realidad desde un charco de estiércol maloliente. La virtud, esta desconocida para los nuevos usurpadores de Santa Marta.

Interrogado por la prensa, Fernández afirma: “Cancelé ese libro poco después de su salida y nunca permití que se reimprimiera”. Debemos suponer que con “cancelado” se refiere a “que lo hizo desaparecer”, ya que su ISBN ya no existe. En cualquier caso, el simple hecho de haber sido capaz de acumular ese revoltijo pornográfico obsceno debería ser suficiente –independientemente de lo que diga el turiferario Austen Ivereigh– para hacer caer ipso facto la dignidad de cardenal. El silencio de la Santa Sede es ensordecedor. Las protestas aumentan en el frente de Fiducia Supplicans: la lista de Conferencias episcopales enteras, algunos cardenales, ordinarios diocesanos, asociaciones de clérigos y profesores de disciplinas eclesiásticas que se oponen a Bergoglio es cada día más larga. Y a las quejas del Clero se suman las de los laicos católicos e incluso las de los exponentes de otras confesiones religiosas, cansados y exasperados por esta loca carrera hacia el abismo.

Pero si la indignación por Fiducia Supplicans y por los escándalos vaticanos concomitantes es justa y apropiada, debemos tener el coraje de reconocer que el jesuita argentino representa la metástasis del cáncer conciliar, y que su apostasía a través del sinodalismo -es decir, recurriendo a métodos de control de las asambleas en las que los regímenes comunistas totalitarios son muy expertos- es coherente con los fundamentos ideológicos puestos por la colegialidad teorizada por el Vaticano II.

Repito: hay que reconocer que hay un proceso revolucionario en marcha desde hace más de un siglo; un proceso planificado que luego se materializó con la acción subversiva de los neomodernistas en el Concilio y con su toma del poder a lo largo del período posconciliar; un proceso en el que participaron activamente todos los Papas, desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI. Si llegamos a la Pachamama es porque hemos pasado por Asís; si la Declaración de Abu Dhabi fue firmada y deseada por la Santa Sede es porque primero toleramos Nostra Ætate y Dignitatis humanæ; si hemos llegado a escuchar teorizar a las diaconisas es porque hemos sufrido en silencio a los “ministros extraordinarios de la Eucaristía” y a las monaguillas. Y ¡digámoslo! – si hoy el Vaticano está reducido a un burdel es porque desde los tiempos de Pablo VI no se quiso cortar de raíz la mafia lavanda que se enquistaba en el Vaticano, favoreciendo en cambio a aquellos que, siendo más chantajeables, daban mayores garantías de obediencia. El esquema de cómo actuó la Iglesia profunda para infiltrarse en la Iglesia católica es un reflejo de lo que siguió el Estado profundo para tomar el control de los gobiernos civiles, como nos muestran las noticias recientes.

La cloaca de la que resurgió el infame libelo del prefecto del ex Santo Oficio es la misma de la que afloran los escándalos de los personajes mencionados en la lista de Epstein. Es necesario un retorno radical a Dios por parte del género humano, a través de una purificación de la sociedad civil y del cuerpo eclesial. Debemos oponernos a este ataque con una acción colectiva, para que el Papado vuelva a ser un faro de Verdad y puerto de salvación, y no el megáfono de la sinarquía anticrística del Foro Económico Mundial.

 + Carlo Maria Viganò, Arzobispo

10 de enero de 2024

Infra Octava de Epifanía

Fuente: Adelante la Fe

domingo, 18 de septiembre de 2022

LA BLASFEMIA

 


Comenzó a maldecir a Dios
Abrió su boca para blasfemar de Dios. 
(Rev. 13, 6)

La profanación del Santo Nombre de Dios es considerada en la Sagrada Escritura como una de las más espantosas plagas que el anticristo desencadenará sobre la tierra. Jesucristo lo predijo y San Juan, su discípulo amado, lo describe en el Apocalipsis con términos terribles: «Y he aquí que la bestia abrió su boca para blasfemar contra Dios, contra su Santo Nombre, contra su tabernáculo y contra los que habitan en el cielo.» (Apoc. 13, 6. ) La blasfemia es toda palabra injuriosa contra Dios y sus Santos. No hay crimen más horrible que maldecir de Dios.

a) Poco es decir que la blasfemia es el lenguaje de los hombres sin educación.

b) Poco es decir que la blasfemia es el lenguaje de los cobardes. Quiere el cobarde, con sus blasfemias, demostrar que es valiente y que no teme a nadie. No está la valentía en pronunciar palabras fuertes, sino en afrontar sin miedo todos los peligros y dificultades que exige el cumplimiento del deber. El blasfemo es generalmente un cobarde fanfarrón.

c) Lo peor de la blasfemia consiste en que es:

- un sacrilegio,
- una locura,
- un mal del infierno,
- un escándalo.

1.- La blasfemia es un sacrilegio.

Sacrilegio es la profanación de una cosa santa.

Y ¿qué cosa hay más santa que el Nombre de Dios? Nada más grande y digno de respeto en el cielo y en la tierra.

Nombre adorable que los ángeles no se atreven a pronunciar sin cubrir el rostro con sus alas. «Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los Ejércitos.»

A este Dios tres veces Santo, infinitamente Santo, es a quien ultraja el blasfemo, y lo ultraja en su misma cara, ya que Dios en todas las partes está presente.

Hablando el gran orador Bossuet de los blasfemos decía: «La tierra produce pocos monstruos semejantes. Hasta los paganos y los incrédulos les tienen horror.»

2.- La blasfemia es una locura.

Perder el soberano Bien y exponerse a penas eternas sin motivo ninguno es una inmensa locura. Es lo que hace el blasfemo.

Porque ¿qué utilidad saca el blasfemo de sus blasfemias? Ninguna. Es más insensato que ninguno otro pecador, ya que con sus pecados no logra ninguna utilidad o satisfacción.

Se le puede preguntar al blasfemo: «¿Crees o no crees en Dios?»

Si crees en Dios, debes saber que es todopoderoso e infinitamente justiciero para castigarte; luego eres un loco al insultarle.

Si no crees en Dios, eres también un loco, pues locura es no creer en una cosa tan evidente; y loco deslenguado igualmente por no respetar los sentimientos de los que, creyendo, nos sentimos sumamente ofendidos al oír tus blasfemias.

3.- La blasfemia es un mal del infierno.

La blasfemia es el lenguaje de los demonios y de los condenados del infierno. Los blasfemos como que aprenden este lenguaje de Satanás.

Es más, los blasfemos sobrepasan en maldad a los demonios, porque éstos, al fin y al cabo, castigados por Dios, sufren horrorosos tormentos, sin esperanza de salvación, mientras que los blasfemos están recibiendo continuos beneficios de las manos amorosas de Dios Nuestro Señor, a quien blasfeman.

Blasfemo desgraciado, ¿por qué maldices al Señor tu Dios? ¿Porque te creó a su imagen y semejanza? ¿Porque te entregó su Hijo Unigénito, que te libró del pecado y del infierno, muriendo por ti en una cruz? ¿Porque te ha conservado la vida, a pesar de tus crímenes? ¿Porque te dio lo necesario para el cuerpo y para el alma? El Señor te colma de favores, y tú le insultas; ¿puede haber mayor ingratitud? ¿No es esto sobrepasar al demonio en maldad?

La patria del blasfemo es el infierno; de no arrepentirse y enmendarse, en el infierno vendrá a parar.

4.- La blasfemia es un escándalo.

La blasfemia es una peste contagiosa que se hereda de los anteriores y se transmite a los posteriores. Los padres se la pasan a sus hijos; los grandes, a los más chicos.

Oye, blasfemo, ¿desde cuándo aprendiste a blasfemar? Quizás desde los quince años, desde los diecisiete años, quizás antes. Luego seguiste blasfemando. ¿Cuántos años tienes ahora? Acaso treinta, cuarenta, sesenta, y aún sigues blasfemando. En este tiempo, ¡cuántos escándalos! ¡Cuántos se han animado a blasfemar, oyendo tus blasfemias! Tus hijos blasfemarán, siguiendo tu mal ejemplo.

Triste herencia, maldito lastre, que sumergirá a padres e hijos en el infierno.

Conclusión.

San Luis IX, rey de Francia, tan perfecto cristiano como valiente caballero, que ordenó atravesar de parte a parte la lengua de los blasfemos, se lamentaba diciendo: « ¡Y que no pueda yo, recibiendo en mí mismo esta deshonra, desterrar de mis reinos la blasfemia!» Tan horrible le parecía este crimen.

En un pueblo muy cristiano, un domingo, después del Rosario, se hallaba reunida la mayoría de la gente en la plaza. Cierto individuo, conocido con el nombre de «PEDRO EL MALDITO» a causa de su indigna conducta, al perder en el juego, echó una blasfemia contra Dios. Todos los presentes quedaron consternados. «¡Ha blasfemado contra Dios -exclamaron-; Dios nos va a castigar!»

Consultaron unos con otros lo que había que hacer con el blasfemo. Arrastráronle hasta la puerta de la iglesia y le obligaron a orar y pedir perdón delante de una gran cruz. Luego le hicieron recorrer con las mismas súplicas las catorce estaciones del Viacrucis, que estaba erigido en los alrededores de la iglesia. Cuando terminó este castigo, condujéronle a la raya del pueblo, con prohibición de que no volviera más. En adelante nada se supo de «Pedro el Maldito».

Concibamos horror a tan detestable lenguaje. El que haya contraído tan fatal costumbre, corríjase más que de prisa. Por la mañana, al levantarse, tome la firme resolución de no proferir ninguna blasfemia durante el día, diciéndole al Señor: «Dios mío, dame la gracia de no decir ninguna blasfemia en este día.» Si, a pesar de sus buenos propósitos, volviese a caer, diga de nuevo: «Oh Dios mío, te pido perdón de todo corazón por haberte ofendido»; renueve el propósito y haga alguna penitencia por su blasfemia.

Y que todos seamos valientes para llamar la atención a los blasfemos; por nuestro propio bien, por el bien del mismo blasfemo, por él honor de Dios y por el bien y honor de nuestra patria.

Duhayon-Lyna-Junquera S. J.

martes, 13 de septiembre de 2022

PENA QUE CAUSA A DIOS EL PECADO DE ESCANDALO - SAN ALFONSO MARIA DE LIGORIO

 


Introducción, definición. –Ante todo, es preciso explicar en qué consiste el pecado de escándalo. He aquí cómo lo define Santo Tomás: “Es una palabra o una acción que constituye para el prójimo ocasión de ruina espiritual”.

El escándalo es, pues, cualquier dicho o acción con la que eres causa u ocasión de contribuir a que el prójimo pierda el alma. Este escándalo puede ser directo o indirecto. Es directo cuando directamente te esfuerzas por inducir al prójimo a cometer un pecado. Es escándalo indirecto cuando con tu mal ejemplo o con tus palabras prevés la caída del prójimo y no te privas de decir aquella mala palabra o de cometer aquella mala obra. Desde el momento en que hay materia grave, el escándalo, ya directo o indirecto, es pecado mortal.

I

Veamos ahora la pena que causa a Dios el pecado de escándalo. Para comprenderlo, consideremos:

1.º Cómo Dios creó al alma a su imagen de modo especial. –En primer lugar, la creó a imagen del mismo Dios. Hagamos un hombre a imagen nuestra. Dios hizo salir de la nada, con un fiat, al resto de las criaturas, como con un guiño de su voluntad; pero al alma la creó con su mismo soplo; por eso se lee: insuflando en sus narices aliento vital.

2.º Desde toda la eternidad la creó para el cielo. Además, esta alma, el alma de tu prójimo, fue amada por Dios desde toda la eternidad: Te he amado con amor eterno; por eso te atraigo con bondad. Finalmente, la creó para llamarla un día al cielo y hacerla partícipe de su gloria y de su reino, como nos dice San Pedro: Para que por estos (bienes) os hagáis participantes de la divina naturaleza. En el cielo la hará partícipe de su mismo gozo: Entra en el gozo de tu Señor. Entonces es cuando Dios se dará a sí mismo en recompensa: Soy para ti tu escudo; tu salario será sobre manera grande (Gen. 15.1).

3.º Sobre todo, la rescató con la sangre de Jesucristo. –Lo que sobre todo nos manifiesta cuán grande aprecio tiene Dios del alma es la obra de la redención que Jesucristo llevó a cabo para rescatarla del abismo del pecado. “¿Quieres saber tu valor”, pregunta San Euquerio, y responde: “Si no crees a tu Creador, pregunta a tu Redentor. Y San Ambrosio, para darnos a comprender precisamente cuán a pecho debemos tomar la salvación de nuestros hermanos, nos dice: “Considera la muerte de Cristo y deduce lo que vale la salvación de tu hermano”. Por tanto, si Cristo dio su sangre para rescatar el alma, tenemos derecho para decir que ésta vale la sangre de Dios, ya que apreciamos el valor de una cosa según el precio en que la tasa un prudente comprador. Comprados fuisteis a costa de precio (1 Ped. 1, 19).Por esto San Hilario decía: “Al considerar el precio en que fue tasada la redención humana, parece que el hombre vale tanto como Dios”. Por todo ello comprendemos cómo nuestro Salvador nos inculca: En verdad os digo, cuanto hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeñuelos, conmigo lo hicisteis (Mt. 25, 40).

II
ESTE PECADO MATA AL ALMA

-Siendo esto así, ¡qué pena tan amarga causa a Dios el escandaloso que le hace perder un alma! Baste decir que le roba y le mata una hija por quien para salvarla había derramado la sangre y dado la vida. Por eso San León llama homicida al escandaloso. “Quién escandaliza, son sus palabras, asesina el alma de su prójimo.”
…Y PRIVA A JESUCRISTO DEL FRUTO DE SUS LÁGRIMAS, DOLORES, etc. –El escandaloso comete un homicidio tanto más atroz cuando que arrebata a su hermano no ya la vida corporal sino la vida del alma, y priva a Jesucristo del fruto de todas sus lágrimas, dolores y, en una palabra, de cuanto el Salvador padeció para ganar aquella alma. Por esto escribió el Apóstol a los fieles de Corinto: Y pecando así contra los hermanos y sacudiendo a golpes su conciencia, que es débil, contra Cristo pecáis (1 Cor. 8, 12). Quien escandaliza al prójimo se dirá que peca propiamente contra Cristo, porque, al decir de San Ambrosio, quien es causa de que se pierda un alma es causa de que Jesucristo pierda una obra en que empleó tantos años de fatigas y de sufrimientos. Cuéntase que el bienaventurado Alberto Magno empleó treinta años de trabajos en confección de una cabeza parecida a la de un hombre, consiguiendo que articulase ciertas palabras, y que Santo Tomás, receloso de que hubiera allí algo diabólico, cogió la citada cabeza y la rompió. Alberto Magno se le quejó diciéndole: “Me rompiste treinta años de trabajo”. No entro ni salgo en la veracidad del hecho; pero lo cierto es que, cuando Jesucristo ve perdida el alma por obra y desgracia del escandaloso, puede muy bien echarle en rostro este reproche: “Malvado, ¿qué hiciste? Me perdiste esta alma, por la que empleé treinta y tres años de vida”.

Comparación sacada de las Sagradas Escrituras. –Léese en las Sagradas Escrituras que los hijos de Jacob, después de vender a su hermano a los mercaderes, fueron a decir al padre: ¡Una bestia feroz lo ha devorado! Y para dar a entender mejor a Jacob que José había sido presa de la tal bestia feroz, mojaron el vestido de José en la sangre de un cabrito, preguntándole: Comprueba, por favor, si es la túnica de tu hijo o no, a lo que el padre hubo de responder entre gemidos de dolor: ¡La túnica de mi hijo es! ¡Una bestia feroz lo ha devorado! De igual modo también, cuando un alma, a consecuencia del escándalo, acaba de caer en pecado, los demonios le toman la estola bautismal teñida en la sangre del Cordero inmaculado, es decir, la gracia de que le ha despojado el escandaloso, gracia que Jesucristo le había adquirido con el precio de su sangre, y preguntan a Dios: “¿Es éste el vestido de tu hijo?” Si Dios pudiera estallar en sollozos, a no dudarlo que a la vista de esta alma así sacrificada, de su hijo asesinado, sus lágrimas correrían más amargas que las de Jacob, exclamando: Si, es el vestido de mi hijo amadísimo; una bestia feroz lo ha devorado. Y luego buscando a esta bestia feroz, exclamaría: “¿Dónde está el monstruo feroz que acaba de devorar a mi hijo?”

Conclusión. Profunda irritación de Dios, que le excita a la venganza.-Y una vez hallado este monstruo feroz, ¿qué hará el Señor? Los asaltaré, dice como osa privada de sus cachorros. Así hablaba Dios por boca de Oseas. Cuando la osa vuelve a la guarida y no halla sus cachorros, sale a recorrer el bosque en busca del ladrón, y si lo encuentra lánzasele para desgarrarlo. Así se precipitará el Señor sobre el escandaloso que le arrebató uno tan sólo de sus hijos.

Tal vez diga el escandaloso: “Si se ha condenado ya aquel prójimo, ¿qué puedo hacer yo?” Puesto que él se ha condenado por culpa tuya, responde el Señor, tuya es la responsabilidad: Yo he de reclamar su sangre de tu mano. También se lee en el Deuteronomio: No tendrás conmiseración: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie. Sí, dice el Señor, ya que tú causaste la perdición de un alma, es preciso que también pierdas la tuya. –Pasemos ya al segundo punto.

CASTIGOS CON QUE DIOS AMENAZA A LOS ESCANDALOSOS

I
LA AMENAZA DE UN CASTIGO

1º. Grande.- ¡Ay del hombre por quien viene el escándalo! Si grande es la pena que el escandaloso causa a Dios, grande ha de ser también el castigo que le espera. He aquí cómo habla Jesucristo de tal castigo: Quien escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en mí, mejor fuera que le colgasen alrededor del cuello una muela de tahona y le sumergiesen en alta mar. El escandaloso merece que se le arroje al mar con una piedra de molino al cuello, y no con una piedra cualquiera, sino con una piedra asnaria, es decir, piedra enorme a la que en Palestina daban vuelta los asnos en los molinos. Cuando algún malhechor muere ajusticiado en la plaza, los espectadores se mueven a compasión, y si no lo pueden librar de la muerte, al menos lo encomiendan a Dios; pero si el desgraciado es arrojado a altar mar, nadie lo compadecerá. Por esto dice un autor que Jesucristo habló de esta suerte de castigo en relación con el escandaloso, para declararlo tan odioso a los mismos ángeles y santos que ni siquiera tienen ánimo de encomendar a Dios a quien se ha hecho reo de la perdición de una sola alma: “Es indigno de que se le vea y de que se le ayude.”

2.º Riguroso.- No se contenta Dios con no dejar nunca impune al escandaloso, sino que le trata siempre con la más rigurosa justicia, porque lo aborrece soberanamente. “Dios, dice San Juan Crisóstomo, es paciente con ciertos pecados aun gravísimos, pero nunca con el escándalo, por lo horrible que es a sus ojos”. El señor lo había ya declarado por boca de Ezequiel: Tornaré mi rostro contra tal hombre y (lo convertiré) en ejemplo (y proverbio) y lo extirparé de en medio de mi pueblo; y sabréis que soy yo Yahvé (Ez. 14, 8). Y realmente vemos por las Escrituras Sagradas que uno de los pecados que castiga Dios con mayor rigor es del escándalo. Los padres ya se sabe que escandalizan no tan sólo cuando dan mal ejemplo a sus hijos, sino también cuando no los corrigen como conviene. Pues bien, he aquí lo que Dios dijo del sacerdote Helí, culpable tan sólo por no haber corregido a sus hijos que escandalizaban al pueblo judío robando del altar las carnes sacrificadas: He aquí que voy a hacer en Israel una cosa que a todo aquel que la oiga le retiñirán ambos oídos, porque nota la Sagrada Escritura, con motivo del escándalo dado por los hijos de Helí: Era… el pecado de estos jóvenes muy grave a los ojos de Yahvé /1 Rey. 2, 17) ¿Cuál era, pues, el grave pecado que cometían? Dice San Gregorio que “inducir al pueblo al mal”. También Jeroboam fue severamente castigado, y ¿por qué? Por escandaloso. Entregará a Israel, a causa de los pecados que Jeroboam ha cometido y ha hecho cometer a Israel (3 Rey. 14, 16). En la familia de Acab, enemiga toda ella de Dios, cayó el más espantoso de los castigo sobre Jezabel; fue, en efecto, lanzada de lo alto de una ventana y devorada de los perros, que tan sólo le dejaron el cráneo y las extremidades de los pies y de las manos. ¿Por qué? Responde el abulense: “Porque Jezabel incitaba a Acab a toda clase de iniquidades”.


II
ESTE CASTIGO SE VERIFICARÁ SOBRE TODO EN EL INFIERNO

- El infierno fue creado para castigar el pecado de escándalo. Al principio creó Dios el cielo y la tierra. ¿Cuándo creó el infierno? Cuando Lucifer comenzó a seducir a los ángeles para rebelarse contra Dios. En efecto, para impedirle que sedujese a los ángeles que habían permanecido fieles, Dios lo arrojó del cielo inmediatamente después de su pecado.

1º. Castigo debidamente merecido. –Jesucristo llamaba a los fariseos, que con su mal ejemplo escandalizaban al prójimo, hijos del demonio, que fue desde el principio el homicida de las almas: Vosotros tenéis por padre al diablo… El era homicida desde el principio (Jn. 8, 44). Y cuando San Pedro le escandalizó insinuándole que no se dejara prender y matara a los judíos, con lo que impediría la redención humana, Jesucristo lo llamó demonio: Vete de ahí, quítame de delante, Satanás; piedra de escándalo eres para mí (Mt. 16, 23).

Y a la verdad, ¿qué otro oficio ejerce el escandaloso más que ser ministro del demonio? No harían ciertamente los demonios tan cosecha de almas cuanta hacen si no los ayudarán tan malvados ministros. Hace más daño un compañero escandaloso que lo harían cien demonios.

Explicación. –Comentado San Bernardo las palabras del rey Ezequías: En salud se me ha trocado la amargura, pone en boca de la Iglesia de su tiempo las siguientes palabras: “Actualmente la Iglesia no tiene paganos, no tiene herejes que la persigan; pero la persiguen sus mismos hijos, es decir, los cristianos escandalosos. Los cazadores de red para coger avecillas llevan reclamos, que no son mas que otras avecillas atadas por un hilo y ciegas”. Así hace el demonio, dice San Efrén: “Cuando coge presa a un alma, en primer lugar la ciega y la sujeta como esclava, convirtiéndola así en reclamo suyo para engañar a los demás y atraparlos en la red del pecado”. Y San León afirma que “no sólo incita (en demonio) a las almas a engañar a los demás, sino que hasta las fuerzas a ello”.

2º. Será castigo terrible, porque será proporcionado a todos los pecados causados por los escandalosos. -¡Desgraciados escandalosos! En el infierno tendrán que sufrir la pena de cuantos pecados hicieron cometer a los demás. Cuenta Cesáreo que al punto de morir cierto escandaloso lo vio un santo varón presentarse al tribunal de Dios, donde fue condenado al infierno, a cuya puerta salieron a recibirle todas las almas que había escandalizado, las cuales dijéronle: “Ven acá, maldito; ven a pagar los pecados que no hiciste cometer”, y esto diciendo se le lanzaron encima, como otras tantas bestias feroces, para destrozarlo.

3.º Será inevitable para los endurecidos. –Nota San Bernardo que la Sagrada Escritura, al hablar de otros pecadores, deja abierta una puerta a la esperanza de enmienda y de perdón; más cuando habla de los escandalosos, habla como de precitos que ya estuvieran separados de Dios y sin esperanza de salvación.

III
APLICACIÓN. ESTADO DEPLORABLE Y CASTIGO ATERRADOR

1.º De los que predican el mal, sobre todo a los niños. –Comprendan el estado deplorable en que se encuentran quienes escandalizan con su mal ejemplo y quienes hablan deshonestamente ante sus compañeros, ante muchachas y ante niños inocentes, que al oír aquellas palabras se detienen a pensarlas, por lo que cometen miles de pecados. Pensad pues, el dolor con que se lamentarán los ángeles de la guarda de aquellos desgraciados niños viéndolos caer en pecado y cómo pedirán a Dios venganza contra semejantes bocas sacrílegas que los escandalizaron.

2.º Castigos de quienes se burlan de las gentes de bien. -¡Cuán terrible será también el castigo de quienes con sus continuadas burlas ridiculizan a las gentes de bien! No faltan quienes para hurtar la burla abandonan el bien y se dan a mala vida.

3.º Castigos de quienes favorecen relaciones culpables y se glorían de sus pecados.-Y ¿qué decir de quienes favorecen relaciones culpables y quienes se glorían del mal cometido? Efectivamente, hay quienes, en lugar de sentir desolación y arrepentimiento por los pecados, cometidos, lejos de hacer caso de ello, llegan hasta a gloriarse de su abominable conducta.

4.º Castigo de quienes incitan al mal. -¿Qué decir también de quienes incitan al mal, de quienes incitan a cometerlo, de quienes hasta enseñan el mismo mal, crimen de que los mismos demonios no son capaces?

5.º Crimen de los padres que lo permiten. -¿Qué decir, finalmente, de los padres que, lejos de impedir, pudiéndolo, los pecados de sus hijos, consienten que frecuenten malas compañías, que vayan a casas peligrosas y que conversen con jóvenes de diverso sexo? ¡Qué castigos tan terribles se preparan todos estos escandalosos para el día del juicio final!

PERORACIÓN

1.º Esperad. –y ¿qué?, dirá tal vez alguien; yo, que escandalicé, ¿estaré perdido? ¿No habrá, padre mío, para mí esperanza de salvación?-No; yo no pretendo decir que te desesperes: la misericordia de Dios es grande y prometió el perdón al corazón arrepentido.

2.º Reparad los escándalos. –Pero para salvaros es de absoluta necesidad que reparéis vuestros escándalos. San Cesáreo dice. “Muy justo es que, después de haberos perdido a vos mismo perdiendo a los demás, ayudéis al prójimo a salvarse, salvándoos a vos mismo”. Ya que te perdiste y con tus escándalos perdiste a muchas almas, justo es que repares el mal. Pues bien, así como llevaste a los otros al pecado, así es necesario que ahora los lleves a la virtud, por lo que no debes tener en adelante más que conversaciones edificantes, buenos ejemplos, fuga de las ocasiones, frecuencia de sacramentos, asiduidad a los cultos de la iglesia y a los sermones.

3.º No escandalicéis más. –De hoy en adelante guardaos, más que de la muerte, de hacer ni decir nada que pueda ser ocasión de escándalo al prójimo. “Baste al caído encontrarse solo por tierra”, dice San Cipriano. Y de Santo Tomás de Villanueva: “Bástennos nuestros propios pecados”. ¿Qué mal os hizo Jesucristo que no os baste haberlo ofendido vosotros, para que queráis que los demás lo ofendan? Esto es exceso de crueldad.

4.º Evitad la compañía de los escandalosos. –Guardaos en delante de dar el más mínimo escándalo, y sí os queréis salvar, huid cuanto os sea dado la compañía de los escandalosos. Estos demonios encarnados se condenarán, y si no os apartáis de ellos, también acabaréis por condenaros. ¡Ay del mundo a causa de los escándalos!, dice el Señor, para darnos a comprender que son muchos los que se condenan por que no se cuidan de evitar la compañía de los escandalosos. – Pero si es amigo mío, a quien debo muchos favores y en quien tengo grandes esperanzas. Si tu ojo te escandaliza, sácalo y échalo lejos de ti; mejor te vale con un solo ojo entrar en la vida que con tus ojos ser arrojado en la gehena del fuego. Por tanto, por muchos títulos que os ligaran a persona tan querida, tendríais que romper con ella y no volver a verla si os fuere ocasión de escándalo, porque vale más perderlo todo y salvar el alma sin un ojo que entrar con ambos en el infierno.

Preparación para la Vida Eterna
San Alfonso María de Ligorio