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viernes, 20 de diciembre de 2024

La Virgen María en ejemplos 9: Detalles de la bondad de María hacia un perfecto devoto suyo




El B. Joaquín Picolomini, muy devoto de María, desde su infancia, visitaba hasta tres veces al día una imagen de la Virgen de los Dolores que se veneraba en una iglesia, y los sábados ayunaba para mejor honrarla. A media noche se levantaba para meditar en sus dolores. Y María Santísima le recompensó estos obsequios. En su juventud le dijo que entrara en la Orden de los Servitas, lo que, sin demora, ejecutó el Beato. 

Al final de su vida, se le apareció también la Virgen María trayéndole dos coronas: una de rubíes, en premio de la compasión que había tenido de sus dolores, y otra de perlas, como premio a la virginidad que le había consagrado. Poco antes de morir, se le volvió a aparecer, y el enfermo le pidió la gracia de morir el mismo día en que murió Jesucristo. 

La Virgen Santísima le consoló diciendo: “Pues bien, prepárate, porque mañana, viernes, morirás de repente, como deseas, y estarás conmigo en el paraíso”. En efecto, así sucedió. Mientras en la iglesia cantaban la Pasión de Cristo según San Juan, al decir las palabras “Estaba junto a la cruz de Jesús su Madre”, el paciente entró en agonía, y al decir: “E inclinando la cabeza entregó su espíritu”, el bienaventurado entregó también su alma al Señor, a la vez que el templo se iluminaba con misterioso resplandor, y un suave y desconocido aroma se esparcía en el ambiente.

Las Glorias de María
San Alfonso María Ligorio

viernes, 12 de enero de 2024

Aserrada y dada de comer a los cerdos por negarse a apostatar



Apolonia Lizárraga era la madre superiora de de las Hermanas Carmelitas de la Caridad desde el año 1925. Cuando estalló la Guerra Civil tenía 69 años y se encontraba en la Casa General de Vic. Allí se preocupó durante los primeros días de la guerra por encontrar acomodo seguro para las novicias y los enfermos que estaban a cargo de la congregación de religiosas.

Tras haber intentado garantizar la seguridad de todas las personas a su cargo, ella misma se buscó acomodo en la casa de una familia que colaboraba con su orden. Allí permaneció hasta que fue apresada durante un registro realizado por milicianos del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista).

Inmediatamente fue trasladada a la checa barcelonesa de San Elías -bajo control de la CNT-FAI-, que ocupaba el edificio que hasta el comienzo de la guerra había sido un convento de religiosas Clarisas. Allí permaneció varios días presa, sometida a privaciones, insultos y golpes. Finalmente, el ocho de septiembre, uno de los responsables de la cárcel, apodado “el jorobado”, en compañía de otros tres milicianos, la trasladaron al patio central.


Una vez allí fue desnudada íntegramente y se le propuso apostatar para salvar su vida. La religiosa se negó, y los milicianos la colgaron de un gancho que habían instalado en una de las paredes. Ese gancho se usó en numerosas ocasiones para dar muerte de manera salvaje a los presos allí detenidos.

Esta muerte consistía en que eran aserrados vivos, hasta que morían desangrados entre terribles dolores. Y sus cuerpos eran posteriormente descuartizados y dados de comer a una piara de 42 cerdos que habían llevado a la checa tras una requisa realizada en los alrededores de la ciudad.

Poco después, los milicianos realizaron la matanza de varios de estos animales y vendían el producto anunciándolo como “chorizo de monja”. En clara referencia al martirio cometido con la superiora de las Carmelitas de la Caridad.


Varios testimonios de supervivientes de la checa de San Elías coinciden en señalar cómo fue la muerte de Apolonia Lizárraga:

“Actualmente se han encontrado testigos que nos refieren que estando ellos presos en la cárcel de San Elías en el año 1936, era de dominio público que el jefe de la checa, un tal «Jorobado», cebaba en total unos trescientos cerdos con carne humana. Que muchos presos eran echados a dichas piaras y que la General de las Carmelitas de la Caridad, Madre Apolonia Lizárraga, fue una de dichas víctimas que aserraron, descuartizaron (en cuatro partes) y luego en trozos más pequeños fue devorada por dichos animales que en la citada checa engordaban en número de 42”. Así lo cuenta Antonio Montero en su libro Historia de la persecución religiosa en España.

Otros testimonios coinciden en explicar la misma versión:

“Fue cogida prisionera, llevada por los milicianos a una checa, la desnudaron y la llevaron a un patio. La ataron muñecas y tobillos y fue colgada de un gancho a la pared del patio. Con un serrucho la cortaron. Ella rezaba y rogaba por sus asesinos. Estos luego dieron su cuerpo a comer a unos cerdos que tenían allí, que al poco tiempo los mataron y los comían y vendían diciendo que eran chorizos de monja“.

La Madre Apolonia Lizárraga fue beatificada el 28 de octubre de 2007 y recibió el nombre de Apolonia del Santísimo Sacramento.


Juan E. Pflüger


Beata Francisca Espejo, torturada, violada y asesinada a culatazos



La persecución religiosa en la zona republicana no se detuvo tras
 los primeros meses de guerra. En 1937 la retaguardia roja 
seguía mostrando su odio a la fe.


Francisca Espejo Martos tenía 63 años cuando estalló la Guerra Civil. A los 20 años tomó el hábito trinitario y fue encargada del torno en el convento que esta orden religiosa tenía en la localidad jienense de Martos. El 21 de julio de 1936 el convento fue asaltado por un grupo de milicianos locales. Alguno de ellos había sido criado gracias a las ayudas que la hermana Francisca Espejo daba a quienes acudían a pedir ayuda al torno del que se ocupaba.

Sor Encarnación -nombre de profesa de Francisca Espejo- escapó junto a su tía, Sor Rosario, que era la priora del convento. Se alojaron en casa de un familiar donde permanecieron hasta el 11 de enero de 1937. Ese día fueron detenidas la abadesa de las clarisas, sor María Isabel Aranda; la superiora de las Hijas de la Divina pastora, Victoria Valverde González; y sor Francisca Espejo y su tía.

Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.

Tras la detención fueron llevadas al Ayuntamiento de Martos, pero por el camino, la tía de Francisca, que tenía ochenta años, fue liberada al recibir los milicianos la recriminación de varias mujeres del pueblo que les acusaban de intentar ganar la guerra deteniendo a ancianas inofensivas.

A la una de la madrugada del día 13 de enero las superioras de las clarisas y de las Hijas de la Divina Pastora, junto a Francisca Espejo fueron sacadas de la celda que ocupaban y, en compañía de 47 varones también detenidos, fueron llevados a un pequeño pueblo cercano llamado Casillas de Martos.

Allí fueron fusilados los 47 hombres que habían hecho el camino de 16 kilómetros junto a las tres religiosas. Ellas fueron obligadas a ver como se sucedían las tandas de asesinatos mientras se insultaba a las víctimas y a las tres monjas.


Al filo de las cuatro de la madrugada, cuando terminaron los asesinatos, las tres monjas fueron conminadas a blasfemar y apostatar de su fe. Todas se negaron. Entonces fueron apartadas unos metros del cementerio y conducidas junto a un pequeño terraplén donde les arrancaron la ropa.

Los milicianos intentaron violarlas, pero ante la resistencia de las tres monjas, todas ellas con más de cincuenta años, sus asesinos las mataron allí mismo. Francisca Espejo fue asesinada a culatazos de fusil y su cuerpo fue mutilado. Así lo encontraron quienes fueron a desenterrar los cuerpos tras la Guerra Civil.

El cuerpo de la beata Francisca Espejo tenía el cráneo hundido con los huesos de la cabeza fracturados, una pierna se encontraba totalmente descoyuntada y girada hacia la parte trasera del cuerpo. La religiosa enviada para reconocer el cuerpo lo describió de la siguiente manera: “Era horrible,… no había otro cuerpo tan maltrecho, tan destrozado. Reconocí sus manos artríticas, la deformación de sus pies, debido al reuma que padecía”. El cuerpo de la religiosa no presentaba ni un solo disparo. Había sido asesinada a culatazos.

Juan E. Pflüger

Fuente: La Gaceta


viernes, 22 de diciembre de 2023

Visiones y Revelaciones de la Beata Isabel Canori Mora



Las visiones y revelaciones de Elisabetta Canori Mora, beatificada por S.S. Juan Pablo II el 24-4-1994, vistas en el contexto del mensaje de Nuestra Señora de Fátima: previsión de tragedias y esperanzas. Extractos del artículo publicado en la revista electrónica http://www.catolicismo.org.br/


Autor: Luis Dufaur

Elisabetta Canori es hija de Tomás Canori, gran propietario de tierras romano, y de Teresa Prímoli, aristocrática dama de la Ciudad de los Papas.

Datos biográficos de la Beata Elisabetta

Después de recibir esmerada educación familiar, se casó con un joven abogado, Cristóforo Mora, hijo de un rico médico de la misma Roma, el 10 de Enero de 1796. Del matrimonio nacieron cuatro hijas, dos de las cuales murieron de corta edad.
Todo auguraba al nuevo matrimonio un brillante futuro, mas la tragedia llegó pronto. El marido se entregó a la delincuencia, arruinó a la familia y abandonó el hogar, seducido por una mujer de mala vida. Fue preso por la policía pontificia, primero en una cárcel, después en un convento. Juró mudar de vida, más después de retornar a su hogar, intentó repetidas veces asesinar a su esposa Elisabetta. Ella fue de una fidelidad heroica, ofreciendo enormes sacrificios por su marido. Y profetizó que él acabaría muriendo sacerdote.
Así fue: tras el fallecimiento de la Beata, el 5 de febrero de 1825, Cristóforo cayó en sí y se hizo religioso, llevando una ejemplar vida de penitencia. Fue ordenado sacerdote y murió rodeado de gran consideración.
Abandonada por el esposo e incomprendida por los familiares, Elisabetta hubiera caído en la miseria, sino la hubiesen auxiliado benefactores compasivos.
Entre ellos se encontraban Prelados romanos, que narraron al Papa Pío VII sus méritos. El Pontífice, beneficiado por las oraciones y sacrificios de ella, concedió privilegios poco comunes a la capilla privada de su humilde casa.
Su causa de beatificación fu introducida en 1874, durante el pontificado del Bienaventurado Pío IX. Pío XI aprobó el decreto de heroicidad de virtudes en 1928. Juan Pablo II beatificó a Elisabetta Canori mora el 24 de abril de 1994.

Ceremonia en Roma el día de su Beatificación


Como en Fátima, la denuncia del pecado

En Fátima, Nuestra Señora fue preparando de a poco a los tres pastorcitos para que se abrieran a la revelación de la inmensidad el pecado cometido por la humanidad y a la amplitud de la penitencia que venía a pedir.
De modo análogo actuó Dios en relación a la Bienaventurada Elisabetta. En la Navidad de 1813, ella fue arrebatada a un lugar inundado de luz, donde innumerables Santos rodeaban un humilde pesebre. Desde él, el niño Dios la llamaba dulcemente.
La propia Elisabetta describe sin preocupaciones literarias la sorpresa que tuvo:
“De solo pensar, me causa horror (…) vi a mi amado Jesús recién nacido bañado en su propia sangre (…) en ese momento comprendí por vía intelectual cuál era la razón de tanto derramamiento de sangre del Divino Infante apenas nacido (…) La mala conducta de muchos sacerdotes seculares y regulares, de muchas religiosas que no se comportan según su estado, la mala educación que es dada a los hijos por parte de los padres y madres, como también por aquellas a quienes incumbe una obligación similar. Estas son las personas por cuyo buen ejemplo debe aumentar el espíritu del Señor en el corazón de los otros. Mas ellos, por el contrario, apenas nace (el espíritu de nuestro Señor) en el corazón de las criaturas, lo persiguen mortalmente con su mala conducta y malas enseñanzas”.

Conspiración contra la Iglesia, revelada por Dios

A partir de entonces, Dios le fue revelando el lamentable actuar de ciertos sectores eclesiásticos que atraían la cólera divina, siendo cómplices con la Revolución que derrumbaba tronos y seculares costumbres cristianas en el orden temporal. Tales visiones tornan patente, un siglo antes de las revelaciones de Cova de Iría, que el mal ya se había infiltrado en la Iglesia y en la sociedad civil.
Se ve bien que en Fátima Nuestra Señora hizo una advertencia final para ese mal, que progresaba a pesar de todos los avisos en sentido contrario.
Los ángeles condujeron espiritualmente a la Beata Elisabetta a antros secretos donde se tramaba esa conjura. Cada vez, nuevas aberraciones le eran develadas. El 24 de febrero de 1814 le fueron exhibidas escenas que recuerdan la crisis de los días en que vivimos: “Veía –narra ella- muchos ministros del Señor que se despojaban los unos a los otros; rabiosamente se arrancaban los paramentos sagrados; veía como eran derrumbados los altares sagrados por los propios ministros de Dios”.
El 22 de mayo de 1814, mientras rezaba por el Santo Padre, “lo vi viajando rodeado de lobos que hacían complots para traicionarlo”. La visión se repitió los días 2 y 5 de junio. En ésta última, narra la vidente: “Vi el sanedrín de lobos que lo circundaban (al Papa Pío VII, entonces reinante) y dos ángeles que lloraban. Una santa osadía me inspiró a preguntarles la razón de su tristeza y de su llanto. Ellos, contemplando la ciudad de Roma con los ojos llenos de compasión, dijeron lo siguiente: “Ciudad miserable, pueblo ingrato, la Justicia de Dios te castigará”.

“Todo el mundo estaba en caos”

El 16 de Enero de 1815, los ángeles le mostraron a muchos eclesiásticos que “bajo el manto de bien, persiguen a Jesús Crucificado y Su Santo Evangelio”, y que “como lobos rabiosos tramaban derribar de su trono al jefe de la Iglesia”. Entonces ella fue llevada “a ver el cruel estrago que la Justicia de Dios está por hacer entre aquellos miserables: con sumo terror, vi que en torno de mi fulguraban los rayos de la Justicia irritada. Vi edificios cayendo en ruinas. Las ciudades, provincias enteras, todo el mundo estaba en caos. No se oía otra cosa sino débiles voces implorando misericordia. El número de muertos era incalculable”.
Pero lo que más la impresionó fue ver a Dios indignado. En un lugar altísimo y solitario, vio a Dios representado por “un gigante fuerte y furioso hasta el extremo contra aquellos que Lo perseguían. Sus manos omnipotentes estaban llenas de rayos y su rostro estaba repleto de indignación: sólo su mirar bastaba para incendiar el mundo entero. No tenía ni santos ni ángeles que lo circundasen, sino solamente su indignación lo rodeaba por todas partes”.


Tal visión duró apenas un instante. Según la Beata Elisabetta, “si hubiese durado un momento más, ciertamente yo habría muerto”. La descripción de más arriba recuerda la visión del infierno presentada a Lucía, Francisco y Jacinta.
Entre ambas visiones hay una correlación profunda. En cuanto a la Beata, Dios le manifestó su justa indignación por las ofensas que sufre; en Fátima, Nuestra Señora apuntó el destino de las almas que ofenden a Dios y mueren impenitentes.

La gravedad del pecado de apostasía del mundo

El 13 de junio de 1917, Nuestra Señora en Fátima mostró a los pastorcitos su Inmaculado Corazón rodeado de espinas, en señal de los “ultrajes que recibe por los pecados de los hombres”. En la Navidad de 1816, le fue mostrado también a la Beata Elisabetta cuánto ofenden a la Santísima Virgen esos ultrajes.
Se puede entrever un límite del pecado, que la misericordia de la Reina del Cielo no permitirá que sea sobrepasado.
La Beata Elisabetta vio “triste y dolorosa” a María santísima. Le preguntó entonces la razón de su dolor. “La Madre de Dios se volvió para mí y dijo: contempla, oh hija, contempla la gran impiedad”. Oyendo estas palabras vi apostatas que osadamente intentaban arrancar temerariamente a su Santísimo Hijo de su purísimo seno y de sus santísimos brazos.
“Ante este gran atentado, la Madre de Dios no pedía más misericordia para el mundo, sino justicia al Divino Padre Eterno, el cual, revestido de su inexorable justicia y lleno de indignación, se volvió hacia el mundo.
“En aquel momento toda la naturaleza entró en convulsión, y el mundo perdió su buen orden, y se formó sobre la Tierra la mayor infelicidad que se pueda contar o imaginar. Una cosa tan deplorable y aflictiva que dejará al mundo reducido a la última desolación”.

Anticipación de los castigos vaticinados en Fátima

El velo que envuelve a los castigos anunciados en el año 1917, fue levantado de alguna manera para la Beata Elisabetta. Lo que ella vio nos aprovecha para entender mejor lo que Nuestra Señora anticiparía después, en Cova de iría.
En efecto, el 7 de junio del año 1815, Dios Nuestro Señor le mostró, una vez más, el castigo que atraían sobre la humanidad aquellos “lobos rapaces con piel de oveja, (…) acérrimos perseguidores de Jesús Crucificado y de Su Esposa, la Santa Iglesia”.
“Me parecía –escribió- ver a todo el mundo en convulsión, especialmente la ciudad de Roma (…) ¿Qué decir del Sacro Colegio? Por causa de la variedad de opiniones, unos habían sido dispersados, otros abatidos, otros despiadadamente asesinados. De un modo similar eran tratados el clero secular y la nobleza. El clero regular no estaba sufriendo la dispersión total, mas era diezmado. Innumerables eran los hombres de toda condición que perecían en esa masacre, más no todos se condenaban. Muchos eran hombres de buenas costumbre, y muchos otros de santa vida”.
En la fiesta de San Pedro y San Pablo, el 29 de junio del año 1820, la Beata contempló proféticamente al Príncipe de los Apóstoles descendiendo de los cielos, revestido con los ornamentos pontificales y rodeado por una legión de ángeles.
Con su báculo, trazó sobre la tierra una vastísima cruz, y a los cuatro lados de ella hizo aparecer cuatro árboles de vivo verdor, también con forma de cruz, envueltos en una luz brillantísima. Debajo de aquellos árboles-cruces quedaban, como “refugiados y libres del tremendo castigo”, todos los buenos “fieles religiosas y religiosos”.
“Mas, ¡ay de aquellos religiosos y religiosas inobservantes, que despreciaron las Santas Reglas!, ¡ay!, ¡ay!, porque todos perecerán bajo el terrible flagelo. Y digo esto de todos (…) aquellos que se entregan al libertinaje y van marchando detrás de las falsas máximas de los reprobables filosofía de hoy”
Tan graves amenazas tal vez pudiesen parecer exageradas en los tiempos de la Beata Elisabetta, en que el lento avance de la Revolución anticristiana encontraba oposición en la iglesia de parte de numerosos Santos y almas de virtud insigne.
Así, tales palabras parecen dictadas más para éste, nuestro triste inicio del siglo XXI. ¿Quién, con todo rigor, sin auxilio de luces proféticas, podría haber imaginado que la crisis en la Iglesia llegaría al punto que alcanzó en nuestros días?
A la vista de esto se comprende que Dios haya querido manifestar su cólera e indignación a la bienaventurada Elisabetta. Mas, infelizmente, todo indica que, como en Fátima, el mensaje divino trasmitido por la Beata no fue tenido en cuenta debidamente.

Venganza divina contra los enemigos de la Iglesia

Prosiguiendo la narración de la visión, ella relata que San Pedro volvió hacia el cielo. Entonces, en la tierra, “el firmamento quedó cubierto de un color azul tenebroso, que sólo de mirarlo causaba terror. Un viento caliginoso hacía sentir su soplido impetuoso por todas partes. Con un vehemente y tétrico silbido aullando en el aire, como feroz león con su asustador rugido, hacía resonar sobre toda la tierra su horripilante eco.



“El terror y el espanto pondrán a todos los hombres y a todos los animales en un estado de supremo pavor; todo el mundo estará en convulsión y se matarán los unos a los otros, se masacrarán sin piedad. En el tiempo de la sanguinaria lucha, la mano vengadora de Dios pasará sobre esos infelices, y con su omnipotencia castigará el orgullo, la temeridad y la desvergonzada osadía de ellos; Dios se servirá de las potencias de las tinieblas para exterminar a esos hombres sectarios, inicuos y criminales que pretenden derribar, erradicar la Iglesia Católica, nuestra Santa Madre, por sus raíces más profundas y tirarla por tierra (…)
“Dios se reirá de ellos y de su maldad, y con un solo gesto de su mano derecha omnipotente castigará a esos inicuos, permitiendo a las potencias de las tinieblas que salgan del infierno; esas grandes legiones de demonios recorrerán todo el mundo, y por medio de grandes ruinas ejecutarán las órdenes de la Divina Justicia, a la cual estos malignos espíritus están sometidos, de manera que no podrán hacer ni más ni menos daño de lo que Dios permitirá a los hombres, a sus bienes, a sus familias, a sus infelices aldeas, ciudades, casas y palacios y cualquier otra cosa que subsistiera sobre la tierra (…).
“Dios permitirá que esos hombres inicuos sean castigados a través de la crueldad de demonios feroces, porque se sometieron voluntariamente a la potestad del demonio y se confederaron con él para dañar a la Santa Iglesia Católica (…) Me mostró la horrenda cárcel infernal. Vi abrirse en la mayor profundidad de la tierra una caverna tenebrosa y espantosa, llena de fuego, de donde vi salir muchos demonios, los cuales, tomando unos una figura y otros otra, unos de animal y otros de hombre, venían todos a infestar el mundo y a hacer por todas partes maleficios y ruinas (…) Devastarán todos los lugares donde Dios haya sido y es ultrajado, profanado, sacrílegamente tratado, donde se ha practicado la idolatría. Todos esos lugares serán demolidos, arruinados y se perderá todo vestigio de ellos”.

Triunfo y honra de la Iglesia como el previsto en Fátima

La similitud con los trágicos anuncios de Nuestra Señora en Fátima se extiende mas allá de los castigos. Ante la mirada de la Beata, Dios expuso en muchas ocasiones una maravillosa restauración futura de la Iglesia. Esas revelaciones ilustran magníficamente aspectos de lo que ha de ser el triunfo del Inmaculado Corazón de María.
En aquella misma visión del 29 de junio de 1820, luego los purificadores castigos que se han descripto, la Beata Elisabetta vio a San Pedro retornar del Cielo en un majestuoso trono pontifical.
Inmediatamente, descendió con gran pompa el Apóstol San Pablo. Él “recorría todo el mundo y atrapaba aquellos espíritus malignos e infernales, y los conducía delante del Santo apóstol San Pedro, el cual, con una orden llena de autoridad, volvía a confinarlos en las tenebrosas cavernas de las cuales habían salido (…) En ese momento se vio aparecer sobre la tierra un bello resplandor, que anunciaba la reconciliación de Dios con los hombres”.
La pequeña grey de los católicos fieles, refugiada bajo los árboles en forma de cruz, fue conducida a los pies del trono de San Pedro. “El santo escogió al nuevo Pontífice –agrega posteriormente la vidente-, toda la Iglesia fue reordenada según los verdaderos dictámenes de los Santos Evangelios; fueron restablecidas las órdenes religiosas, y todas las casas de los cristianos se convirtieron en otras tantas casas penetradas de la religión; tan grande era el fervor y el celo por la gloria de Dios, que todo era ordenado en función del amor de Dios y del prójimo.
“De esta manera tomó cuerpo en un momento el triunfo, la gloria y la honra de la Iglesia Católica: Ella era aclamada por todos estimada por todos, venerada por todos, todos decidieron seguirla, reconociendo al vicario de Cristo, el Sumo Pontífice”.

Cinco herejías infectan el mundo

Le dijo Nuestro Señor a inicios de 1821: “Yo reformare a mi pueblo y a mi Iglesia. Mandaré sacerdotes celosos para predicar mi fe, formaré un nuevo apostolado, enviaré al Divino Espíritu Santo a renovar la Tierra. Reformaré las órdenes religiosas por medio de nuevos reformadores santos y doctos. Todos tendrán el espíritu de mi dilecto hijo Ignacio de Loyola.
“Daré un nuevo Pastor a mí Iglesia, docto, santo, repleto de mí espíritu. Con santo celo retomará la grey de Jesucristo”. Tras ello, añade: “El me hizo conocer muchas otras cosas concernientes a esta reforma. Varios soberanos sustentarán a la Iglesia Católica y serán verdaderos católicos, depositando sus cetros y coronas a los pies del Santo Padre, vicario de Jesucristo. Varios reinos abandonarán sus errores y volverán al seno de la fe católica. Pueblo enteros se convertirán y reconocerán como religión verdadera la Fe de Jesucristo”.
Dios le hizo ver en varias ocasiones una esplendorosa nave nueva, símbolo de la Iglesia restaurada, que estaba siendo armada por los ángeles.
También, el 10 de enero de 1824, le mostró el principal obstáculo para la conclusión de esa nave. Ella vio cinco árboles todos de desmesurado tamaño: “Observé que esos cinco árboles con sus raíces alimentaban y producían un enmarañadísimo bosque de millones de plantas estériles y selváticas”.
Dios le hizo entender que aquellos cinco enigmáticos árboles simbolizaban “las cinco herejías que infectaban el mundo en nuestro tiempo”.

Falsas máximas y los errores esparcidos por Rusia

El 22 de enero de 1824, la Beata Elisabetta conoció que aquel bosque maldito representaba un número incontable de almas, las cuales, “debido a que tienen una conciencia depravada, pueden ser denominadas almas sin fe, sin religión, porque piensan en todo, menos en aquello que todo buen católico está obligado a pensar, porque lo hacen todo, menos aquello que deben hacer (…) Aquellas míseras plantas son tenidas por el Divino Señor, no solamente en cuenta de estériles, sino también de nocivas y hasta de pésimas, que merecen ser arrojadas al infierno”.
La vidente escuchó que las cinco aludidas herejías se identificaban con las “falsas máximas de la filosofía de nuestros tiempos”. Máximas esas que, según ella, estaban en el núcleo de los movimientos revolucionarios de su época, inspirado en el espíritu y la doctrina de la Revolución Francesa. Tales máximas orientaban la conjuración que subvertía la Iglesia y el orden socio-político (…)
La Beata Elisabetta cerró los ojos para esta Tierra el 5 de agosto del año 1825, casi un siglo antes de la gloriosa manifestación de Nuestra Señora en Fátima.

Facsímil de los manuscritos de sus memorias

Entretanto, sus visiones y revelaciones -de las cuales dimos aquí apenas algunas muestras- parecen destinadas especialmente para el conocimiento de nuestros contemporáneos. Ellas tornan patente el grandioso designio divino que sobrevuela la historia, pues muestran que el plano del Reino de María -como fue profetizado en Fátima- es como un inmenso palacio que la Divina Providencia viene preparando desde hace siglos. Y cuya terminación irá más allá de toda especulación humana.
Por todo ello, las visiones y revelaciones transmitidas por la Bienaventurada Elisabetta Canori Mora refuerzan aún más la idea de la centralidad del mensaje de Fátima, y la certeza del cumplimiento de la gran promesa de nuestra Señora a los tres pastorcitos en 1917: “Por fin, mi Corazón Inmaculado triunfará”.


JUICIO DEL CENSOR ECLESIÁSTICO SOBRE LOS ESCRITOS DE LA BEATA ELISABETTA


El 5 de noviembre del año 1900, el censor eclesiástico encargado por la Santa Sede para examinar los manuscritos de la Bienaventurada Elisabetta Canori Mora emitió finalmente su juicio formal. En él, el censor expresó lo siguiente:

“En todos los escritos de la referida Sierva de Dios Elisabetta Canori Mora no hay nada contrario a la fe y a las buenas costumbres, como tampoco se encuentra ninguna doctrina innovadora o peregrina, o ajena al modo de sentir común y consuetudinario de Nuestra Santa Madre Iglesia”.
El censor, entretanto, observa que se podrían presentar objeciones en cuanto a “ciertas visiones y revelaciones que se refieren especialmente a prelados mayores y menores de Roma, en las cuales aparecen descriptos con colores bastante cargados y en proporciones que parecerían propias a escandalizar a los fieles, y a las cuales parecería convenir la calificación de malsonantes u ofensivas a los oídos píos”.
Para apartar esa avetual objeción, el censor eclesiástico esclarece, entre otras cosas, que “lamentaciones de este género, expresadas a veces con lenguaje aún más vibrante, no son absolutamente ninguna novedad en los escritos de los siervos de Dios., para los cuales, si era doloroso ver la corrupción en el pueblo, mucho más lo era tener que deplorarlo en los ministros del Santuario”.
Después de explicar cuán arduo sería intentar probar que son falsas las visiones de la Beata Elisabetta, y cómo no sería difícil mostrar que son auténticas, concluye:
“Las palabras de la Sierva de Dios, antes que malsonantes u ofensivas a los oídos píos, deben ser consideradas muy útiles, especialmente a los sacerdotes que las lean”.
El celoso censor expresó también el deseo de que “la autobiografía de nuestra Venerable Sierva de Dios pueda ver la luz, apenas sea posible y conveniente”, pues estas páginas “a muchas almas bien dispuestas, y no dadas a despreciar las maravillas de Dios en sus Santos, no dejarán de ser igualmente provechosas”.

Sacra Rituum Congretatione, Beatificationis et canonizationis Ven. Servae Dei Elisabetta Canori Mora.
Prima positio super virtutibus, Ex Typographia Pontificia in Instituto Pii IX, Roma 1914.
Iudicium Censoris Theologi super scriptis Ven. Servae Dei Elisabetta Canori Mora.


Revista Panorama Católico Internacional nº 27, Febrero de 2003. Transcripción hecha por Inmaculada.

lunes, 20 de febrero de 2023

Profecías de la Beata Catalina Racconigi



Sobre la crisis y renovación de la Iglesia: En diferentes circunstancias la bienaventurada Catalina vio en el porvenir las tribulaciones que deben preceder la futura renovación de la Iglesia. Me recuerdo haberla escuchado decir que ella no vería en su vida mortal las más grandes de estas pruebas. Así en 1543, vio una bella y venerable persona vestida de blanco, que tenía en mano una espada, de una sola empuñadura más de tres láminas, con la cual amenazaba los pueblos con sangrientas calamidades. Ella comprendió que la persona armada de la espada era la Santísima Trinidad que había resuelto reconducir la Iglesia, por numerosos flagelos, a su primitivo y floreciente estado de santidad.

En esos días ella me dijo con toda simplicidad que el flagelo que alcanzaría al clero sería el último, pero, al mismo tiempo, el más terrible. "Hacia 1517, el año mismo en que Lutero, como otro Lucifer, levanta contra Cristo y su Iglesia el estandarte de la rebelión y de la herejía, Catalina, arrebatada en éxtasis el día de la fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, vio a Nuestro Señor indignado contra los Pastores de la Santa Iglesia: los dos apóstoles intercedían en favor de los culpables y ella se unió a ellos, mas sin ser atendidos. Siete días más tarde, rezando por las personas que le eran queridas, y también por toda la cristiandad, ella se vio de golpe con sus amigos en una barca que el mar en furia amenazaba con sus abismos". Aquí está cortado el texto que prosigue: La barca de la Iglesia era lanzada en medio de los escollos bajo el efecto de vientos contrarios, de suerte que ella parecía deber sucumbir de un momento a otro, para perderse en las profundidades del mar, sin embargo, la barca escapaba siempre a este peligro supremo, bien que muchos de los pasajeros se hacían arrancar y desaparecían perdiéndose en las aguas. San Pedro no retiraba los ojos de la barca que guiaba San Gregorio. 

Este espectáculo de las pruebas de la barca Santa le fue dado hacia el fin de su vida. Ella decía en esos días que la renovación de la Iglesia por medio de los flagelos no estaba lejos; que los turcos vendrían a Italia, la devastarían y ensangrentarían por grandes batallas. 

Generalmente los que estudian el tema sustentan que cuando en revelaciones son mencionados los "turcos", es una alusión al comunismo. Es una figura usada para comprensión, o facilidad del vidente. El Venerable Holzhauser, también menciona a los "turcos", más se entiende que se refiere al comunismo.

 (cfr. M. Servant, págs. 229-232)


jueves, 15 de septiembre de 2022

Profecías de la Beata Ana María Taigi

 


La Beata Ana María Taigi (1769-1837), madre de familia, enriquecida con maravillosos carismas. Dios la eligió para que fuera una HOSTIA de EXPIACION Y UN BALUARTE contra los enemigos de la Iglesia en el siglo XVIII. Los dones intelectuales que le fueron concedidos constituyeron UN MILAGRO PERMANENTE sin precedentes en la "HISTORIA DE LA MISTICA". Poco tiempo después de haber entrado en la vida perfecta, vio aparecer ante ella UN GLOBO DE ORO, que se convirtió en un SOL incomparablemente luminoso, en el que veía todas las cosas y sucesos de la tierra. "Sabia con seguridad la suerte de los difuntos. Su mirada llegaba hasta las extremidades del mundo y allí reconocía a personas que nunca había visto y las penetraba hasta el fondo del alma. Los sucesos pasados, las cosas por suceder se revelaban a su mirada. Veía el mundo entero como nosotros vemos la fachada de un edificio", dice uno de sus biógrafos.

El sacerdote, su confesor, tuvo un día una discusión con otra persona sobre EL PEQUEÑO NUMERO DE LOS ESCOGIDOS, o sea de los que se salvan; sostenía que en nuestros día la MAYORIA DE LOS CRISTIANOS SE PIERDEN, y su contrincante defendía lo contrario. Habiendo tenido conocimiento de esta discusión, la venerable mujer miró su SOL y vio en él la suerte de las personas fallecidas durante aquel día ; muy pocas, ni siquiera DIEZ de ellas habían subido al cielo directamente; muchas se detuvieron en el purgatorio y las otras cayeron en el infierno en tan gran número, "COMO LOS COPOS DE NIEVE EN PLENO INVIERNO" (opinión semejante tuvieron muchos santos, entre ellos San Leonardo Porto Mauricio, Santa Teresa de Jesús, los Videntes de Fátima y Sor Josefa Menéndez.)

Las profecías se extienden a todas las cosas: a los vivos, a los difuntos, al orden sobrenatural y al orden moral, a los secretos de la naturaleza, a las enfermedades y su duración, a los pensamientos ocultos y al porvenir de la IGLESIA y de toda la HUMANIDAD.

"Yo he hecho por ti –le dice NUESTRO SEÑOR- lo que no he hecho todavía por ningún otro de mis servidores, al concederte un don que ninguno de ellos poseyó jamás." Su mirada profética abarca hasta la llegada del ANTICRISTO, cuyos tiempos se avecinan… Un día vio que su SOL se abría y daba paso a torrentes de sangre, mientras la VIRGEN intercede para detener los castigos preparados. Símbolos de las grandes crisis, mediante las cuales DIOS iba a purificar la IGLESIA. Parecía desencadenarse un espantoso ciclón, el cielo ardía, temblaba la tierra, se vislumbran pestes, revoluciones, revueltas, matanzas, batallas, negros aeróstatos, que recorrían el cielo cubriendo la tierra de fuego y de tinieblas… Y anunció que DIOS enviaría a la HUMANIDAD dos castigos; uno, en forma de guerras, revoluciones y otras tribulaciones, originados en la tierra, y otro, enviado desde el cielo: Vendrán sobre el mundo unas tinieblas que durarán tres días y tres noches. Nada será visible y el aire se volverá pestilente y nocivo y dañará, aunque no exclusivamente, a los enemigos de la RELIGION. Durante estos días de tinieblas, la luz artificial será imposible, sólo las velas benditas (de cera) darán luz. (Esta bendición es la que se recibe el día 2 de febrero en la Festividad de la Purificación de Nuestra Señora o fiesta de la Candelaria.) Sobre los tres días de tinieblas al fin de los Tiempos o al FIN del MUNDO hablan además de los Evangelios más de 30 Videntes diferentes, resultando uno de los acontecimientos más declarados; pero hay algunos comentaristas que se inclinan a creer en que habrá dos veces las tinieblas anunciadas, o dos VENIDAS de Ntro. SEÑOR, una como SEÑOR Y DOCTOR al fin de los TIEMPOS y otra como JUEZ al final del MUNDO ACTUAL. También hablan de la APARICIÓN de dos VECES la SEÑAL del SEÑOR en los CIELOS.

Los que abrieren las ventanas o miraren fuera por curiosidad, o salieren de su casa caerán muertos fulminantemente. Durante estos tres días de tinieblas, la gente debe permanecer en sus casas rezando el ROSARIO y pidiendo a DIOS misericordia.

Los que abierta o secretamente persiguen a la IGLESIA perecerán en estas tinieblas. Sólo unos pocos, dada la gracia de conversión por NUESTRO SEÑOR, permanecerán con vida. El aire será infestado por los demonios, que se aparecerán en figuras horribles. Las velas benditas salvarán a la gente de la muerte, igualmente las oraciones a la SANTISIMA VIRGEN y a los Santos Ángeles.

Después de las tinieblas, el Arcángel San Miguel descenderá a la tierra y encadenará al demonio hasta el tiempo del ANTICRISTO. Los hombres serán religiosos otra vez y se formará UN SOLO PASTOR Y UN SOLO REBAÑO DE TODA LA IGLESIA, RUSIA, INGLATERRA Y CHINA SE CONVERTIRAN y todos se regocijarán del triunfo de la IGLESIA CATOLICA. Después de las tinieblas de los tres días los de otras creencias volverán al verdadero aprisco de la "IGLESIA CATOLICA". Monseñor Natale su confesor y consejero escribe; Cinco años antes de la muerte de PIO VII (m. en 1823) ella me describió la gran prueba en preparación. Las revoluciones se abatirán sobre Roma (recuérdense las actuaciones de los carbonarios y garibaldinos, el destierro del Papa en GAETA, la toma por fin de la CIUDAD SANTA, etc.).

Los desastres serán aminorados por las satisfacciones de los Santos. La cizaña será arrancada, después la mano de Dios devolverá el orden, allí donde el esfuerzo humano sea impotente. Los azotes provenientes de la tierra serán mitigados, pero los del CIELO serán UNIVERSALES y ESPANTOSOS; millones de hombres morirán por hierro, ya en guerra ya en luchas civiles (cuéntense los millones de las dos guerras universales del 14-18 y del 39-45 y las múltiples guerras civiles como la española, mexicana, vietnamita, etc.), otros millones morirán de muerte imprevista (por la catástrofe del cielo o sea las tinieblas). Después naciones enteras volverán a la unidad de la IGLESIA y muchos turcos, paganos y judíos se convertirán y su fervor llenará de confusión a los viejos cristianos. En una palabra me decía ANA MARIA que el Señor quería limpiar el mundo y su Iglesia, para lo que preparaba un renacimiento milagroso, triunfo de su misericordia… Todo esto ocurrirán cuando parezca que la Iglesia ha perdido todos los medios humanos para enfrentarse a las persecuciones. Las pruebas descubrirán los pensamientos secretos de los corazones. Vencerán aquellos a quienes conceda el espíritu de humildad.

Texto tomado del libro. ¡ALERTA HUMANIDAD!