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jueves, 21 de mayo de 2026

Aberraciones postconciliares

 

Bergoglio con los paganos.



Bergoglio con la estatua de Lutero en el Vaticano.



Bergoglio y el transexual Diego Neria



Bergoglio con tiara de globos



Bergoglio con férula sin Crucifijo



Bergoglio recibiendo la bendición de obispo anglicano.


Bergoglio con el patriarca Bartolomé.



Bergoglio con paganos brasileños.


lunes, 5 de febrero de 2024

Declaración de Mons. Viganò a propósito del escandaloso libelo La pasión mística

 


NEC NOMINETUR IN VOBIS

Declaración de Mons. Viganò a propósito del escandaloso libelo La pasión mística a propósito del escandaloso libelo La pasión mística de Víctor Manuel Fernández

Fornicatio autem et omnis inmunditia aut avaritia
nec nominetur in vobis sicut decet sanctos.
Fornicación y cualquier impureza o avaricia,
ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a los santos
Ef 5, 3

Si antes del Vaticano II un funcionario del Santo Oficio hubiera tenido que examinar La pasión mística para elaborar un informe con vistas a un dictamen al respecto, con toda probabilidad no le habría dedicado más de “diez, quince segundos” antes de arrojarlo al fuego. Pero antes del Vaticano II un pornógrafo herético nunca habría aspirado, no digo a la Santa Púrpura, ni siquiera al sacerdocio; ni sus Superiores jamás lo habrían admitido al Orden Sagrado. Víctor Manuel Fernández –Tucho para los amigos de Santa Marta– ascendió en cambio a la cima de la Jerarquía, fue creado Cardenal y nombrado prefecto del Santo Oficio –perdón, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe– por otro hereje argentino, Jorge Mario Bergoglio. Quien, desde el 13 de marzo de 2013, ha demostrado con su propia acción de gobierno y de magisterio que es un emisario de la élite globalista, según los desiderata -o más bien los mandatos– del Estado profundo angloamericano. Pero justamente cuando el cursus horrorum de Fernández parecía reservarle el ingreso al Cónclave como candidato de Jorge Mario, surge del polvo de un estante el bochornoso panfleto, destinado a pesar como una lápida sepulcral sobre las ambiciones de Tucho.

Una lectura superficial de La pasión mística resulta difícil e impactante para cualquiera. La prosa claudicante y la insistencia didáctica en aspectos de la cópula van acompañadas de descripciones de obscenidades que avergonzarían incluso a un frecuentador consumado de prostíbulos, hasta el punto de preguntarse si ciertos detalles también fueron objeto de experimentación personal por parte de Tucho Fernández. La reacción más obvia y normal, ante las páginas obscenas de este libelo, es el instintivo disgusto que se experimenta ante la vergonzosa satisfacción de yuxtaponer perversiones indignas de una persona civilizada al ámbito de la espiritualidad, y esto basta para evitar caer en peligrosas curiosidades y arrojarlo a las llamas. No se necesitan especulaciones teológicas complejas para comprender que esta insistencia en la sexualidad envuelta en veleidades místicas es uno de los signos incontrovertibles de la acción diabólica, como enseña San Ignacio. Pero una vez que hemos visto la inmunda obra de Fernández consumida en el fuego vengador, nos queda la sensación de haber sido de alguna manera manchados por su inmundicia moral.

Si ni siquiera se debe explicar la condena sin apelación de esta obra, tan evidente es su obscenidad, es necesario sin embargo plantearnos algunas preguntas sobre su autor y preguntarnos hasta qué punto la impostación doctrinal y espiritual que brota de La pasión mística y Sáname con tu boca es compatible con la dignidad sacerdotal, episcopal y cardenalicia y con el cargo de prefecto del Dicasterio. Porque lo que escandaliza al lector no es sólo la facilidad que exhibe para abordar temas escabrosos, sino el haberse atrevido a tomarlos como clave de lectura para comprender la experiencia mística, en una subversión blasfema. En efecto, si el alma cristiana parte de la unión con Dios, del vínculo de Caridad purísima y espiritual que lo une a su Señor, Creador y Redentor, para comportarse en forma coherente frente al bien y al mal, Tucho parte de una realidad límite para convertirla en vara de medición de la vida divina, para interpretar las relaciones entre las Tres Divinas Personas y el alma a la luz de una sexualidad corrupta y desviada. No es, pues, la verdad de Dios la que ilumina nuestro obrar moral, santificándolo y haciéndolo meritorio, sino el obrar pecaminoso del individuo y de la pareja la que determina la esencia misma de Dios. Ya hemos tenido varios anticipos de esta visión invertida de los términos, no el último es el que querría considerar los Mandamientos como objetivos ideales a los que el hombre no podría llegar a conformarse, según la moral de situación avalada por el jesuita argentino. No es el individuo quien debe obedecer a Dios, sino Dios quien debe adecuar Sus peticiones y Su Ley a lo que el individuo decide. Es la mentalidad de Fiducia Supplicans, que a falta de cualquier base doctrinal que legitime una unión gravemente pecaminosa inventa una nueva manera de considerar las bendiciones en uso en la Iglesia -una “verdadera novedad”- para bendecir lo que no se puede bendecir y ratificar lo que no sólo no puede ser ratificado, sino que debe ser condenado.

“Preguntémonos ahora si estas particularidades de lo masculino y de lo femenino en el orgasmo están de alguna manera también presentes en la relación mística con Dios”, escribe Tucho. El cual no sólo habla de los “gruñidos agresivos” del hombre o de “imágenes con escenas sexuales violentas, imágenes de orgías” que según el autor deberían atraer más al hombre que a la mujer, sino de su uso sacrílego como figura del amor sobrenatural, de modo que ya no son los esposos los que se entregan en la relación conyugal fructífera según el modelo de la divina Caridad, sino que son las Personas divinas las que se ven reducidas a compañeros en una relación sexual, con el agravante de que este modelo de referencia es deliberadamente distorsionado y falseado, eligiéndolo entre los más extremos e inspirados en la pornografía, una industria gestionada casi en su totalidad por MindGeek del rabino Solomon Friedman, con el objetivo de corromper moralmente a los goyim.

Si pensamos en el modelo esponsal que nos ofrece san Pablo en la relación castísima entre Cristo y la Iglesia (Ef 5, 22), las inconfesables obscenidades de Tucho nos revelan un alma totalmente corrompida por el vicio, vicio que con toda evidencia parece haber sido ampliamente experimentado.

El horror que una persona normal experimenta al leer el repugnante libelo es doble: al de los contenido indecentes y blasfemos se agrega el horror de ver cómo el actual prefecto del más importante Dicasterio romano no sólo no se avergüenza de ello, sino que incluso ha intentado descaradamente justificar sus intentos literarios, que según él podrían constituir “un momento de diálogo con parejas jóvenes que querían comprender mejor el significado espiritual de sus relaciones”. Porque si ciertas perversiones son deplorables y graves en un alma brutalizada por el vicio, se vuelven intolerables cuando son objeto de publicación por un sacerdote, profesor de teología moral, como lo era entonces Tucho, antes de ser nombrado obispo por Bergoglio.

No sorprende que, en concomitancia con la noticia de la existencia de este libelo, el arzobispo maltés Charles Jude Scicluna -secretario adjunto del dicasterio de Tucho, ex promotor de Justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe bajo Benedicto XVI- haya pedido discutir –rectius: poner en discusión- el celibato eclesiástico. Si el Prefecto del ex Santo Oficio pudo escribir y publicar obscenidades tan blasfemas es porque quiere que se conviertan en algo normal no sólo para los laicos, sino también y sobre todo para los clérigos, de tal modo que su embrutecimiento moral impida cualquier posibilidad siquiera remota de predicar un Evangelio que ellos son los primeros en contradecir y que según otro cardenal “no es un destilado de verdades”. Quienes piden abolir el celibato lo hacen porque es el último bastión católico para proteger el sacerdocio.

Miren ustedes los frescos eróticos encargados por Vincenzo Paglia en la catedral de Terni; los rituales de magia sexual blasfemos y sacrílegos de Ivan Rupnik; las fiestas químicas con prostitutas del secretario del cardenal Francesco Coccopalmerio, monseñor Luigi Capozzi; los nombramientos de Battista Ricca en Santa Marta y como Prelado del IOR, de Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga en el Consejo Cardenalicio, de Mario Grech, de Jean-Claude Hollerich, sin olvidar al sustituto Edgar Peña Parra; la vergüenza de Fabian Pedacchio Laínez, ex secretario personal de Bergoglio y “compañero” del secretario del Dicasterio de los Obispos, Ilson Montanari; miren los encubrimientos de los escándalos sexuales de Theodore McCarrick que denuncié y de su círculo todavía en roles de alta responsabilidad, en el Vaticano y en Estados Unidos, con Kevin Farrell, Blase Cupich, Joseph Tobin, Wilton Gregory, Robert McElroy; las audiencias de Bergoglio con transexuales, homosexuales reconocidos y amantes del concubinato: ¿creen ustedes que no hay coherencia en este pozo negro de vicios y perversiones con lo que escribió Tucho en 1998?

La primera confirmación de esta coherencia proviene de la aprobación entusiasta de la que disfrutan Bergoglio y sus secuaces entre los enemigos declarados de Cristo y de la Iglesia: masones, globalistas, activistas LGBTQ+ y de género, promotores de la ideología del despertar, partidarios de la eugenesia neomalthusiana, abortistas. ¿Cómo podemos creer que quienes gozan del apoyo de Lynn Forester de Rothschild, de los Soros, de los Clinton, de Bill Gates y de Klaus Schwab puedan al mismo tiempo combatir en nombre del Evangelio de Cristo contra la ideología infernal que impulsa a estos criminales subversivos?

Hay quienes han señalado con razón que, a la luz de esta vergonzosa masa de pornografía pseudo mística y sacrílega, toda la insistencia de Tucho y de la secta bergogliana en la inclusión de sodomitas y concubinarios suena a un impúdico y descarado Cicero pro domo sua. Incluso los simples fieles, con el sentido común que conlleva ser miembros de la Iglesia, han comprendido que esta masa de pervertidos sólo busca legitimar los vicios ajenos para poder practicarlos ellos mismos a plena luz del día, después de haberlos ocultado torpemente ellos durante décadas; y que este vergonzoso conflicto de intereses es tan evidente en su obscena arrogancia que descalifica las melifluas y engañosas declaraciones de bienvenida. Porque estos extraviados no buscan la salvación de las almas perdidas, sino que las utilizan cínicamente como pretexto para su propio beneficio personal, para complacer sus propios vicios y los de sus cómplices, para alimentar la vil red de chantaje que tiene en un puño a gobernantes, políticos, actores, clérigos, periodistas, magistrados, médicos y empresarios de todo el mundo.

Lo que escribe Fernández en La pasión mística no es tan diferente de lo que ocurrió realmente en la isla de Jeffrey Epstein. Pero esto no es normalidad, aunque es lo que quiere hacernos creer con petulancia pseudocientífica el autor del libelo: “A nivel hormonal y psicológico no hay hombres y mujeres puros”. Si estas son las hormonas y la psicología de Tucho, sin embargo hay muchas personas que viven su afectividad y su relación conyugal utilizando la razón, la voluntad y la Gracia de Dios. Hay personas -y esto es lo que Fernández no puede entender- que tienen la humildad de reconocerse débiles y falibles, pero que precisamente por ser conscientes de su propia debilidad encuentran en Dios la fuerza para resistir las tentaciones y crecer en la virtud, con ese heroísmo que sólo la Caridad puede inspirar y alimentar en los corazones de quienes no miran la realidad desde un charco de estiércol maloliente. La virtud, esta desconocida para los nuevos usurpadores de Santa Marta.

Interrogado por la prensa, Fernández afirma: “Cancelé ese libro poco después de su salida y nunca permití que se reimprimiera”. Debemos suponer que con “cancelado” se refiere a “que lo hizo desaparecer”, ya que su ISBN ya no existe. En cualquier caso, el simple hecho de haber sido capaz de acumular ese revoltijo pornográfico obsceno debería ser suficiente –independientemente de lo que diga el turiferario Austen Ivereigh– para hacer caer ipso facto la dignidad de cardenal. El silencio de la Santa Sede es ensordecedor. Las protestas aumentan en el frente de Fiducia Supplicans: la lista de Conferencias episcopales enteras, algunos cardenales, ordinarios diocesanos, asociaciones de clérigos y profesores de disciplinas eclesiásticas que se oponen a Bergoglio es cada día más larga. Y a las quejas del Clero se suman las de los laicos católicos e incluso las de los exponentes de otras confesiones religiosas, cansados y exasperados por esta loca carrera hacia el abismo.

Pero si la indignación por Fiducia Supplicans y por los escándalos vaticanos concomitantes es justa y apropiada, debemos tener el coraje de reconocer que el jesuita argentino representa la metástasis del cáncer conciliar, y que su apostasía a través del sinodalismo -es decir, recurriendo a métodos de control de las asambleas en las que los regímenes comunistas totalitarios son muy expertos- es coherente con los fundamentos ideológicos puestos por la colegialidad teorizada por el Vaticano II.

Repito: hay que reconocer que hay un proceso revolucionario en marcha desde hace más de un siglo; un proceso planificado que luego se materializó con la acción subversiva de los neomodernistas en el Concilio y con su toma del poder a lo largo del período posconciliar; un proceso en el que participaron activamente todos los Papas, desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI. Si llegamos a la Pachamama es porque hemos pasado por Asís; si la Declaración de Abu Dhabi fue firmada y deseada por la Santa Sede es porque primero toleramos Nostra Ætate y Dignitatis humanæ; si hemos llegado a escuchar teorizar a las diaconisas es porque hemos sufrido en silencio a los “ministros extraordinarios de la Eucaristía” y a las monaguillas. Y ¡digámoslo! – si hoy el Vaticano está reducido a un burdel es porque desde los tiempos de Pablo VI no se quiso cortar de raíz la mafia lavanda que se enquistaba en el Vaticano, favoreciendo en cambio a aquellos que, siendo más chantajeables, daban mayores garantías de obediencia. El esquema de cómo actuó la Iglesia profunda para infiltrarse en la Iglesia católica es un reflejo de lo que siguió el Estado profundo para tomar el control de los gobiernos civiles, como nos muestran las noticias recientes.

La cloaca de la que resurgió el infame libelo del prefecto del ex Santo Oficio es la misma de la que afloran los escándalos de los personajes mencionados en la lista de Epstein. Es necesario un retorno radical a Dios por parte del género humano, a través de una purificación de la sociedad civil y del cuerpo eclesial. Debemos oponernos a este ataque con una acción colectiva, para que el Papado vuelva a ser un faro de Verdad y puerto de salvación, y no el megáfono de la sinarquía anticrística del Foro Económico Mundial.

 + Carlo Maria Viganò, Arzobispo

10 de enero de 2024

Infra Octava de Epifanía

Fuente: Adelante la Fe

viernes, 29 de diciembre de 2023

La maldición viste de púrpura. ¿Bendición de parejas del mismo sexo?




Días atrás he preparado unos cuentos navideños en homenaje al Niñito Dios, y las maniobras de altos jerarcas no tiene mejor idea que seguir zahiriendo al Niño con variadas perversidades, por caso, una de las últimas, se ha venido a llamar pomposamente “Fiducia Supplicans”, aberración firmada por el Prefecto de la Doctrina de la Fe (¿?) y aprobada por Francisco (“que la aprobó con su firma”), y que trata de su tan anhelado plan de la “bendición de parejas del mismo sexo” con sellito católico. Y se lo enmarca con la expresión latina Fiducia Supplicans, esto es, confianza suplicante, haciendo gala, ¡por supuesto! de que no se mueven ni un ápice de la doctrina tradicional, siendo que, en verdad, la escupen, la detestan y la suplantan. 

El fariseísmo eclesiástico que, a no dudarlo, ha perfeccionado su manejo canónico y su manejo de la falsa obediencia de Vaticano II a la fecha, se sirve también ventajosamente de los medios de comunicación y de la parafernalia producida por algún caído en desgracia. Así, por caso, durante todos estos días un brazo grueso y púrpura nos mostrará su santísimo rostro capaz de haber condenado a un cardenal que no pudo despegar sus manos de unos billetes y se cebó con algunas propiedades, al tiempo que traían bajo el otro brazo la podredumbre mayor, asquerosa, diabólica, escandalosa y anticatólica de la Fiducia Supplicans. Pues es infinitamente más bajo y satánico la bendición que ahora se propone como buena y católica, que el pecado personal de un cardenal. 

Desde los comienzos del texto el Prefecto deja sentada su real filiación: “nuestro trabajo debe favorecer, junto a la comprensión de la doctrina perenne de la Iglesia, la recepción de la enseñanza del Santo Padre.” Aquí está de alguna manera todo: Fernández ejercita una idolatría por Francisco, no un servicio a la Iglesia Católica. 

Véase en lo siguiente la obsecuencia de Fernández traducida en idolatría papolátrica, como la directa confesión de la innovación: “la presente Declaración se mantiene firme en la doctrina tradicional de la Iglesia sobre el matrimonio, no permitiendo ningún tipo de rito litúrgico o bendición similar a un rito litúrgico que pueda causar confusión. No obstante, el valor de este documento es ofrecer una contribución específica e innovadora al significado pastoral de las bendiciones, que permite ampliar y enriquecer la comprensión clásica de las bendiciones estrechamente vinculada”. Pone lo del matrimonio como dando a entender que está todo bajo control, acorde con la Tradición, mas mete la innovación que ya de por sí repugna a la Tradición, mancilla la doctrina perenne. Nos lo dice en la cara: “contribución específica e innovadora”. Y los resultados los saben de sobra, por eso engañan al decir que rehúyen causar confusión, pues saben que habrá confusión, perplejidad y, en muchos una reafirmación en la apostasía a la que fementidamente se la titulará como “católica”. 

Se gasta tinta en el documento hablando de lo que es una “bendición”, tratando de agarrarla de los pelos para meterla como se pueda en una práctica que por esencia llama a la maldición. No se puede bendecir lo pecaminoso, y una pareja del mismo sexo implica, ¡en su objetividad!, un rechazo a la doctrina católica, a la enseñanza perenne de la Iglesia, a la enseñanza de las Sagradas Escrituras y de la Tradición. Dicho en simple: una pareja del mismo sexo que se presenta para ser bendecida, está diciendo algo así como: “Me importa un bledo lo que haya dicho la Iglesia sobre nosotros, aprueben ahora lo que antes veían como malo. Bendígannos. El mundo se los exige. Nos importa un comino la doctrina de la Tradición Católica, nos importa mucho la doctrina del mundo. Adóptense. Bendigan lo que otrora rechazan como malo”. 

En el punto 25 de la ladina y anticatólica Fiducia, se lee: “La Iglesia, también, debe evitar el apoyar su praxis pastoral en la rigidez de algunos esquemas doctrinales o disciplinares, sobre todo cuando dan «lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar». Por lo tanto, cuando las personas invocan una bendición no se debería someter a un análisis moral exhaustivo como condición previa para poderla conferir. No se les debe pedir una perfección moral previa.” El punto no estriba en la rigidez de la doctrina, sino si es buena o mala. Porque Fernández es sumamente rígido: una rigidez contra la Tradición basada en el fundamentalismo modernista. Es tanta la rigidez que tiene que automáticamente le nacen los epítetos para aplicarlos a quienes no siguen su confesada “innovación”: “elitismo narcisista, autoritario”. Es Fernández el que cae en el narcisismo, pues quiere verse él, él y a quién sigue y quien lo protege; él y su innovación que, sin ver que al tratarse de una novedad, alguien con dos dedos de frente no osaría en tomar a dos mil años de Iglesia por elitismo narcisista y autoritario. Es Fernández el autoritario y tiránico, al calificar al pasado que rechaza, confesando así, mal que le pese, que, en verdad, su prédica de que sigue a la doctrina perenne es puro palabrerío. ¿Y de qué acceso a la gracia vienen a hablar, cuando está requiriendo la bendición de algo que repugna a la gracia? Lo de Fernández no es caridad ni misericordia: es odio a la verdad, al bien, al orden; es desprecio a la enseñanza bimilenaria, es, a no dudarlo, prueba cabal de que se cumple lo de San Pablo: “vendrán tiempos en los que no soportarán la sana doctrina”. 

En el punto 38 se lee: “Por esta razón, no se debe ni promover ni prever un ritual para las bendiciones de parejas en una situación irregular, pero no se debe tampoco impedir o prohibir la cercanía de la Iglesia a cada situación en la que se pida la ayuda de Dios a través de una simple bendición.” Esto es literalmente una mentira y una perfecta sincronización con la confusión en muchos. Pues daría la sensación de que si no se da la innovadora bendición tuchoniana, entonces se cierran las puertas de la casa de Dios. Camelo grande. Nadie cierra las puertas de la Casa de Dios: los que se cierran las puertas son los que quisieran que estuvieran abiertas de otra manera. 

Desde luego que en las citas no hay ni por asomo algo de la Tradición Católica. 

Ahí vamos. Una más para el haber modernista, para el festejo del infierno. Una más para humillar a la Esposa de Cristo, haciendo pasar por católico lo que es diabólico. 

Pero… ¡qué tristeza! Esto será una maniobra más de tantas que se han dado y tantas que vendrán, que caerá en el indiferentismo generalizado. Porque… ¿acaso no es más importante hoy el confort, la noticia ruidosa, y los dictados del mundo? ¿Acaso no es más ventajoso refugiarse en la falsa prudencia, en la obcecada falsa obediencia que ya produce náuseas, y en un escudarse en un accionar egoísta y que descansa en la sinrazón? ¿Acaso no serán más los que liberen sus colmillos contra el pecado de un cardenal que contra un falso amor al que ya hasta la médula se lo defiende como verdadero amor? 

La maldición de Satanás llegó a las manos de algunos eclesiásticos (varios de ellos encumbrados), pues muchos maldecirán llamando a eso bendición. La maldición viste de púrpura. Harán otra obra de Satán creyendo imbécilmente que bendicen. Porque jugar a que se bendice el pecado, es maldecir las almas y ayudarlas a encaminarse más al infierno. Bienvenido gran Profeta Isaías: “¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas!” (Is. 5, 20).

Tomás I. González Pondal

domingo, 11 de septiembre de 2022

Fátima Roma Moscú: Con la apertura de 1989, ¿Desapareció el comunismo?

 


CON LA APERTURA DE 1989, ¿DESAPARECIÓ EL COMUNISMO?

Se podría objetar que con la "Perestroika", la caída del Muro de Berlín y la apertura del Este, el comunismo ya fue superado. De hecho, los países satélites del Pacto de Varsovia han sido liberados de la dominación soviética y cuentan hoy con estructuras democráticas; la cortina de hierro cayó y las dos Alemanias se han reunificado. El sistema económico del comunismo ha caído y ha sido sustituido por sistemas orientados a la economía social de mercado occidental.

Sin embargo, el comunismo es un principio que, en cuanto tal, puede ser realizado de distintos modos, conforme a las distintas características de los diversos períodos históricos.

Aún más, su acción se adapta de modo necesario a las condiciones históricas objetivas y subjetivas.

Por tanto, si bien el comunismo bolchevique se derrumbó, el comunismo mantiene una vigencia histórica, hoy calificada como "neocomunismo" o "neosocialismo".

De esta forma, el modelo de insurrección bolchevique fue descartado para definir y asumir un modelo distinto, más complejo y más profundo, pues compromete orgánica e integralmente las conciencias de las personas. De hecho, la estrategia de acción política directa dio origen a una estrategia de acción indirecta, fundada en un proceso de revolución cultural.

Fue Karl Marx quien estableció el principio materialista dialéctico según el cual la infraestructura (economía/materia) determina la superestructura (cultura/espíritu), razón por la cual la revolución debía ser realizada por el proletariado contra la burguesía, es decir, "de abajo hacia arriba".

En su afán de realizar la revolución mundial y observando las dificultades que enfrentó el proceso revolucionario en Rusia, Antonio Gramsci, Secretario General del Partido Comunista italiano (PCI), profundizó el principio del materialismo dialéctico y adaptó el comunismo a la realidad de Occidente. Gramsci desarrolló entonces el concepto de "hegemonía ideológica" consignando que:

"el movimiento entre infra y sobreestructura es de carácter dialéctico, es decir, que si la infraestructura material determina la sobreestructura ideológica, política, cultural y moral, esta sobreestructura a su vez puede tener vida propia y actuar sobre la infraestructura"(1).

Gramsci, partiendo de tal premisa, estableció un modelo revolucionario según el cual la hegemonía cultural es la base de la revolución comunista, significando con ello que ésta depende de la capacidad que las fuerzas revolucionarias adquieran para controlar los medios que permiten dirigir la conciencia y conducta social. Es por tal causa que el proceso revolucionario se hace más sutil, gradual y progresivo. Teniendo presente que Vladimir Ilich Ulianov, alias Lenín, concibió la revolución como un "proceso de traspaso de poder" que puede ser realizado tanto de manera sangrienta como incruenta, Gramsci procede a realizar la revolución de modo invertido, es decir, "de arriba hacia abajo", desde la superestructura hacia la infraestructura. Una revolución entendida así se realizará a través de la intervención y transformación ideológica de la cultura, y consiste en modificar de manera imperceptible el modo de pensar y sentir de las personas para, por extensión, terminar modificando final y totalmente el sistema social y político.

La estrategia dispuesta por el pensador marxista Antonio Gramsci fue proyectada por la llamada Escuela de Frankfurt, originalmente fundada en 1923 como "Instituto para el Nuevo Marxismo" y luego denominado "Instituto para la Investigación Social" (Institut für Sozialforschung) para encubrir su objetivo sentido político.

Es por ello que, mediando Georges Lukács, Max Horkheimer, Theodor Adorno, Wilhelm Reich, Erich Fromm, Jean Paul Sartre, Herbert Marcuse, Jürgen Habermas, etc., se formula la doctrina del "neocomunismo" y a partir de él la izquierda elabora un concreto programa de acción estructuralista que logra una decisiva influencia en distintos campos del pensamiento, en la psicología (Lacan), la educación (Piaget) y la etnología (Levi Strauss), entre otros. Fueron básicamente estas elaboraciones ideológicas las que activaron y sustentaron el proceso revolucionario de los años sesenta, siendo particularmente efectivas entre los estudiantes de las Universidades de Francia y Alemania. Asimismo, estas ideas también serían la base tanto del llamado "eurocomunismo" como del "neosocialismo" desarrollado en distintas latitudes durante los años ochenta y noventa.

El principio constitutivo de esta creencia radica en un materialismo refinado (materia increada y viva) que niega la existencia de un principio anterior y superior al hombre, cualquiera éste sea. Este sistema de pensamiento se define a sí mismo como una creencia que explícitamente niega la existencia de un Dios creador, que rechaza la existencia del alma humana y, por tanto, de toda esencia y toda trascendencia del ser. Afirma pues la soberanía del hombre en tanto éste no es sino una concreción existencial fragmentaria de la materia en flujo.

Se impone un sistema cultural multiculturalista basado en un relativismo absoluto, el cual implica la negación de la existencia de verdades absolutas de validez universal.

Friedrich Engels mismo ya lo anticipaba: "Para la filosofía dialéctica no existe nada definitivo, absoluto"(2). Ahora, un dirigente político proclama: "No hay verdades absolutas de ningún tipo"(3)

Asumiendo tales premisas, ¿cómo se manifiesta concretamente este nuevo tipo de acción revolucionaria?

La aplicación de este sistema filosófico-político procura generar un ánimo hostil contra todo tipo de autoridad, expresándose esto en una conducta de deliberada resistencia y rebeldía ante la creencia de Dios; contra la institución de la Santa Iglesia, cuya reputación se degrada sistemáticamente; contra el Estado, cuya autoridad se denigra constantemente; contra el orden en la familia, donde se socava la autoridad de los padres; contra el orden en la escuela, donde se limita la autoridad de los profesores; y, en definitiva, contra toda forma de jerarquía y orden en la vida social.

Ante la ausencia de un ser superior, semejante quebrantamiento del orden natural conduce a una completa pérdida de principios y valores originales fundamentales, lo cual genera un radical decaimiento en la moral. Bajo pretexto de educar en un uso más responsable de las fuerzas procreativas, se desencadenan las pasiones en los niños y adolescentes a través de una educación sexual estatal en los colegios. A través de los medios de comunicación se derriban todos los "tabúes", corrompiendo el ideal de la santa pureza, de la inocencia y la virginidad, gestando un ambiente de impureza omnipresente. Así se aplica en nuestra época, al pie de la letra, la estrategia lanzada por Lenín y comprimida en la siguiente frase a menudo citada:

"Si queremos aniquilar una nación, debemos aniquilar antes su moral. Luego, esta nación caerá en nuestro regazo como fruto maduro. [...] Interesad la juventud en la sexualidad y os apoderaréis de ella sin dificultad."

Se disuelve la institución de la familia con la legalización del divorcio. Asimismo, se promueve tanto el trabajo de la mujer para apartarla del hogar como la asistencia en jornada completa de los niños al colegio. La razón de ello la evidenció claramente Olaf Scholz, entonces Secretario General de Partido Socialista de Alemania (SPD) cuando, refiriéndose a la jornada escolar completa — a la cual estima insuficiente — y a los pre-escolares maternales, sostiene:

"Queremos alcanzar con ello una revolución cultural. [...] Queremos conquistar el espacio aéreo sobre las camas de los niños"(4).

Para impedir la existencia de familias numerosas se implantan programas de control de natalidad. En este mismo sentido, también se promueve el matrimonio entre personas del mismo sexo, concediéndole incluso el derecho de adopción de menores.

A fin de provocar una destructuración del sistema social, se introduce un igualitarismo radical proyectado en la teoría de género según la cual el ser humano es determinado exclusivamente por la colectividad y no por su naturaleza masculina o femenina. Esta idea se refleja también en un feminismo extremo.

En definitiva, el neocomunismo proclama el 'empoderamiento' de hombre en términos de que es ahora él, por sí y ante sí, quien domina su cuerpo y determina su destino. Así, dando cuenta de una contradicción fundamental, por una parte rechaza la pena de muerte al negar a cualquier autoridad el derecho a determinar sobre la vida del hombre pero, por otra, sin más reclama el irrestricto derecho a practicar el aborto y la eutanasia.

Siguiendo el principio marxista de "revolución permanente" y el principio leninista de "revolución ininterrumpida"(5), e indicando que "el gran salto no es económico [...], sino político-cultural"(6), el neosocialismo sentencia explícitamente:

"Tiempos de cruzada. Sin plazos, la meta es transformar de raíz la mentalidad."(7)

__________________________

(1) Jalee, Pierre, El Programa Social, p. 140.

(2) Lenín Vladimir Ilich, Marx, Engels y el Marxismo, Pekín 1947, p. 18.

(3) TV Chile, Canal 13, 30 Julio 2003.

(4) Scholz, Olaf, Entrevista en la radio "Deutschlandfunk", 3 de noviembre 2002. A fin de realizar este proyecto, el gobierno socialista ha planificado invertir, para el período, gubernamental 2003-2007, 4.000 millones de euros en la fundación de 10.000 nuevas escuelas de jornada completa, programas para niños en edad preescolar y salas maternales para niños menores de 3 años.

(5) Bukharin, Nikolai, La Teoría de la Revolución Permanente de Trotsky, Colección R, nº 63, 1975, pp. 21 s. y 26.

(6) Revista de Crítica Cultural, n° 20, Santiago de Chile 2000, p. 11.

(7) ChileAmérica, n° 82/83, Santiago de Chile 1982, Dossier, p. 55.


Fátima Roma Moscú
Padre Gérard Mura