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jueves, 23 de noviembre de 2023

El Satanismo y los Juegos de Satán


Definición

Definir es propiamente limitar. La palabra satanismo empleada o insinuada por nosotros tantas veces desde las primeras páginas de este libro puede tener varios sentidos. Podemos en efecto considerar a Satán bajo el aspecto de amo o príncipe de este mundo. Es el nombre que Jesucristo le da en tres ocasiones en el Evangelio. Pero acabamos justamente de tratar este punto de vista. ¿En qué medida está presente Satán en el universo nuestro? Hemos dicho que esto varía según las razas, los países, las civilizaciones, los regímenes políticos. El vocablo satanismo puede también significar la imitación de Satán por el pecado, y hemos recordado la frase de Gregorio el Grande según la cual todos los que cometen pecado, durante el tiempo que obedecen al pecado, son miembros del "cuerpo místico” de Satán. No nos incumbe conocer la cantidad de hombres que viven en "estado de gracia", es decir, que están sustraídos, hic et nunc, a la influencia de Satán. Pero tenemos el derecho de suponer que es mucho mayor de lo que pensamos, sobre todo si admitimos que los pecadores no son frecuentemente más que hombres que han dado un paso en falso, o han sufrido una caída, pero que no desean por tan poco permanecer bajo el poder de Satán.

Por fin, la palabra satanismo puede significar el culto rendido a Satán, no por un pecado ocasional y muy rápidamente lamentado y reparado, sino por una adhesión formal y voluntaria.

 

Dos formas de satanismo

Pero aquí, distinguimos inmediatamente dos formas de satanismo, bastante diferentes una de la otra; está el satanismo de los que no creen en Satán, como no creen en Dios, y que por consecuencia no rinden culto, propiamente dicho, a Satán, aunque toda su vida se desarrolle de acuerdo con los principios y las sugerencias de Satán.

 Para esta primera forma de satanismo es exacto decir la frase tan frecuentemente repetida y de la cual hemos indicado los límites: "¡La mejor astucia de Satán es la de hacer creer que no existe!" Papini cita a este respecto las palabras del filósofo Alain, en 1921:

"El diablo ha sufrido la misma suerte que todas las apariciones . . . La misma guerra, por lo que yo he visto, no ha hecho revivir ni un ápice al diablo y sus cuerpos." (1)

Pero es completamente inútil detenernos en esta primera forma de satanismo. Es puramente negativa. Se encuentra, además, sin la menor mala intención, hasta en excelentes cristianos que no saben que están en oposición con la ortodoxia y con el Evangelio.

Lo que debemos estudiar es el satanismo bajo sus formas activas. Hablamos en plural porque parece que existieron en el transcurso de los siglos, y sin duda siguen hasta en nuestros tiempos, por lo menos dos formas muy distintas de satanismo activo: el satanismo-religión y el satanismo-magia.

 

El satanismo-religión

En cuanto reflexionamos sobre el asunto no podemos dejar de llegar a esta comprobación asombrosa: ¡La historia del satanismo-religión se confunde con la historia de las religiones!

Esta conclusión es tan enorme que requiere una explicación.

La historia de las religiones está muy adelantada actualmente en sus investigaciones. No habla mucho en general de Satán. Los demonios no tienen en ella más que un lugar muy restringido. El historiador de las religiones se dedica a describir objetivamente las creencias religiosas de los pueblos, a nombrar a los dioses, a indicar los atributos de cada una de las divinidades adoradas por tal o cual grupo humano. Expone los ritos mediante los cuales se honraba a los dioses. No llega en principio a un juicio de valor. No hace metafísica y menos teología cristiana.

Pero ¿podemos evitar aquí de recurrir a esta última? Puesto que hablamos de Satán y de su presencia en el mundo, ¿no debemos colocarnos en el punto de vista cristiano, el único punto de vista según el cual Satán está exactamente situado donde se halla, efectivamente, en el cuadro general de los seres?

 ¿Qué dice, pues, el Evangelio? ¿Qué han dicho los Padres de la Iglesia? ¿Qué enseña la teología cristiana con respecto al tema de las religiones paganas?

El Evangelio, y nunca podríamos insistir bastante sobre esto, da a Satán ese título increíble y sin embargo necesariamente cierto, puesto que es Jesús en persona quien se lo da: ¡Príncipe de este mundo! ¿Cómo semejante título puede pertenecer a Satán, si las divinidades paganas no son lisa y llanamente demonios?

Los Padres de la Iglesia lo han comprendido así, unánimemente. Para ellos no existe la menor duda sobre este punto. Los dioses paganos son demonios. Los oráculos paganos, los de Dodona o de Delfos, y los otros que son menos célebres, son oráculos demoníacos, manifestaciones de satanismo.

La teología cristiana ha adoptado, naturalmente, este punto de vista. La descripción histórica de los paganismos antiguos o modernos no es para nosotros una diversión del espíritu, una curiosidad literaria cualquiera, sino la comprobación deplorable de la dominación de Satán entre los hombres.

¿Cómo ha podido hacerse esta toma de posesión de las adoraciones y de las imploraciones humanas por Satán y sus demonios? Parece haberse hecho insensiblemente, por un deslizamiento inconsciente, por una especie de realismo rudimentario. Los historiadores de las religiones, en efecto, admiten, en general, que en todas las religiones, la existencia de un Dios supremo, de un Dios soberano, todopoderoso y todo bondad, está reconocida, pero que estas mismas religiones relegan casi siempre a este Dios a una lejanía, y reservan los homenajes a todo un mundo de divinidades inferiores, buenas o malas, que se saben subordinadas al Dios soberano, pero que se consideran más próximas a nosotros, más mezcladas a nuestro destino, más útiles, por consiguiente, para invocar o para conjurar.

Finalmente, en buen número de paganismos, son las fuerzas malhechoras las que se considera más urgente conciliar y a las cuales se ofrecen sacrificios rituales.

Este "realismo" rudimentario, esta manera de recurrir, en cierto modo, a lo más urgente, parece haber sido el origen de todas las mitologías paganas, de todos los ritos paganos, y de sus mezclas ulteriores en sincretismos prácticos de los cuales el Partenón de Agripa nos da un indicio.

Lo que es indudable es que a los ojos de los judíos, y mucho más aún de los cristianos, todas las divinidades no podían ser más que demonios. De ahí la lucha heroica de parte de los judíos en tiempos de los Macabeos, sobre todo, y de parte de los cristianos durante todo el período de las persecuciones sangrientas. De ahí esta especie de horror sagrado que los cristianos sentían frente a lo que ellos llamaban los "ídolos", es decir, los vanos simulacros del culto demoníaco pagano.

Desde el punto de vista que adoptamos aquí es, pues, evidente que la historia de las religiones (si ponemos a un lado la única religión verdadera, la de los Patriarcas, luego la de Moisés y por fin la religión cristiana) no es otra cosa que la historia del satanismo. Y es sólo así que podemos comprender la expresión: Príncipe de este mundo, atribuida por Cristo a Satán.

Cuando comparamos la exigüidad del culto del verdadero Dios, de Yahweh primero, luego del Verbo encarnado, a la inmensidad del dominio de los falsos dioses, nos vemos obligados a reconocer que si Jesús es el verdadero Rey, tuvo mucha razón en decir: "Mi reino no es de este mundo."

Y comprendemos así la insistencia con la cual, en las ceremonias del bautismo cristiano, se multiplicaban — y todavía se multiplican — los exorcismos para expulsar al demonio. Dichos exorcismos se encuentran en innumerables ocasiones en la liturgia católica. Cuando un sacerdote "hace" agua bendita, pronuncia sobre la sal que va a mezclar con ella las palabras siguientes:

"Te exorcizo, sal creada por el Dios viviente . . ., para que te conviertas en sal exorcizada para la salvación de los creyentes; para que seas, para las almas y los cuerpos de todos los que te usarán, un elemento de bienestar; para que de todo lugar donde hayas sido repartida sea alejada, echada, toda ilusión, toda malicia y toda emboscada del Demonio engañador, así como todo espíritu, inmundo, conjurado por Aquel que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, y al mundo por el fuego. «¡Así sea!»"

Luego dice, igualmente, sobre el agua que va a bendecir:

"Te exorcizo, agua creada en el nombre de Dios, Padre todopoderoso . . ., para que te conviertas en agua exorcizada que aleje toda potencia enemiga; para que también seas capaz de alejar y desarraigar al Enemigo mismo, con sus ángeles apóstatas, por la virtud misma de ese mismo Jesucristo, Nuestro Señor . . ."

Y además:

"Oh Dios, que para salvación del género humano has mezclado la substancia del agua a tus más grandes misterios, atiende en tu misericordia nuestra invocación para que esta criatura que es tuya reciba de la gracia divina el poder de alejar los demonios.  

Por fin, en el día de la bendición de las aguas, en la magnífica liturgia del Sábado Santo, se repite entre otras cosas:

"Ordena, Señor, que todo espíritu impuro se retire de aquí: aleja de este elemento toda la malicia y todos los artificios del demonio.

"Que la potencia enemiga no se mezcle con estas aguas; que no ronde alrededor de ellas y no se deslice en ellas secretamente; para infestarlas y corromperlas. Que esta criatura santa esté a cubierto de todo ataque del Enemigo, purificada por la expulsión de toda malicia.  

¿Quién puede dudar que en estas fórmulas la fe de la Iglesia esté afirmada con ostentación?

Pero dirán, ésas no son más que frases, residuos de antiguas creencias que no constituyen quizás a los ojos de los hombres de nuestra época más que supersticiones. A lo cual contestamos con hechos. En todos los casos de posesión que hemos relatado, todos los testimonios de los exorcistas y los testigos de sus intervenciones son categóricos: no es posible asperjar a un poseso o una posesa con agua bendita sin que el espíritu maligno que está en ellos acuse recibo del ataque que se le está haciendo: "¡Me quemas! ¡Me quemas!", grita. Hay, pues, en el agua bendita una virtud actuante que hace anular las secretas acciones demoníacas. Y esto nos conduce a otro aspecto del satanismo.

 

El satanismo-magia

Se admite corrientemente que siempre hubo también un satanismo-magia, paralelo al satanismo-religión que hemos indicado brevemente. A decir verdad, no han faltado especialistas de la historia de las religiones y los cultos, que no hayan pensado y enseñado que la magia había, inclusive, precedido a la religión, que había sido la primera forma de ella, que todas las religiones paganas derivaban de la magia. Pero esta opinión parece cada día más descartada y merece serlo. Es muy poco probable que los hombres hayan empezado por la magia para derivar luego hacia la religión propiamente dicha.

 ¿Qué es, en efecto, la magia, en oposición con la religión?

En la religión, el hombre se inclina delante de una potencia superior, la adora, le implora, reconoce su propia debilidad y su impotencia. Admite su subordinación. En los pueblos actualmente más "primitivos", es decir menos evolucionados, que han seguido, pensamos nosotros, más cerca de los orígenes, tales como los pigmeos, esta actitud hacia la divinidad está todavía en vigor. La religión es hasta más pura que en los pueblos más avanzados.

En la magia el hombre se vanagloria de un poder misterioso. Lejos de inclinarse ante la divinidad, cree poder dominarla, inventa y utiliza fórmulas mediante las cuales estima que puede poner a su servicio las fuerzas superiores a las cuales se dirige. La mentalidad del mago —o del brujo, ese hermano gemelo del mago es más rústico— es muy diferente del hombre religioso. ¿Cómo ha podido llegar un hombre a esa mentalidad? Es para nosotros un misterio. La magia es mucho más satanista, creemos nosotros, que la idolatría. En la idolatría, hay un alma de verdad. Se equivocan sobre la naturaleza del objeto que veneran, no sobre la necesidad de una subordinación o de una imploración. ¡No dirigen esos homenajes al verdadero Dios, pero no se equivocan al pensar que esos homenajes son merecidos por Alguien!

En la magia, hay una especie de sacrilegio, un orgullo de poderío verdaderamente satánico. El mago da las órdenes. Sabe que a los dioses les llegará su turno, que harán pagar caro su sumisión pasajera, pero está orgulloso de obligarlos, de hacerse obedecer por lo menos un día, de tener, mientras las cosas vuelven a lo justo, un poder que lo hace temible ante sus semejantes y le otorga ventajas inmediatas.

La magia, sin duda, procede del mismo realismo grosero que la idolatría. Se ha adorado a las divinidades inferiores, es decir a los falsos dioses, en detrimento del único Dios reconocido por los "primitivos", porque esas divinidades estaban más cerca, eran más útiles de invocar y de conciliar, pero algunos han llevado aún más lejos este realismo, han pasado de la religión a la magia, de la sumisión a una especie de pacto implícito que les daba el derecho de dar órdenes a la misma divinidad. El paso de la religión a la magia es una deformación, pero es más natural que el paso de la magia a la religión. Si los hombres hubieran empezado por la magia, no vemos cómo hubieran ido para atrás, en cierto modo, hacia la religión, al implorar a los representantes de fuerzas que creían sometidas a su poder.

He ahí pues dos clases de satanismo bien definidas: el satanismo-religión y el satanismo-magia. En el primero, Satán es el "Príncipe de este mundo", porque el mundo entero se Inclina ante sus altares y le ofrece sacrificios; en el segundo, Satán parece consentir en obedecer a ciertos hombres, cuando emplean ciertas fórmulas o realizan ciertos ritos, pero no pierde nada con ello porque sabe que la magia o la brujería es un pagaré contra los que la practican, de suerte que su dominación sobre ellos será finalmente todavía más completa y absoluta que sobre cualquiera de sus otros adoradores.

 

El satanismo de nuestros días

¿Qué queda en nuestra época de este satanismo secular? Todo el mundo comprenderá que es imposible contestar esta pregunta.

El satanismo-religión, tal cual lo hemos definido, está en vías de desaparecer rápidamente. Los altares de los falsos dioses son cada día menos numerosos en el mundo. Esto no significa que la posesión de Satán se extienda menos, puesto que lo hemos mostrado activo en inmensos imperios. Pero ha cambiado de táctica. Ha debido adaptarse a la evolución general de la humanidad, de la cual no es el amo absoluto, por más que desempeña en ella un importantísimo papel.

La forma más reciente del satanismo es el marxismo ateo. Es satánico por cuanto niega a Dios y al Diablo, por cuanto niega el alma, por cuanto sólo conoce la materia como asimismo la vida presente, y porque mutila al hombre segándolo de su destino de inmortalidad. Satán no tiene qué hacer con el amor de los hombres y de los mismos demonios. Él es el odio. Su triunfo es la expansión del odio. Hoy en día la forma de odio más eficaz, más generalizada, es el marxismo ateo. Odio de clase, odio entre razas, entre los pueblos, odio por todas partes, bajo el disfraz de una preocupación por el proletariado que es totalmente material, así es el marxismo. El satanismo-religión, de este modo, logra extenderse mucho más, es mucho más activo, mucho más pernicioso de lo que ha sido jamás. Sus mentiras son más enormes, sus negaciones más radicales, sus excitaciones más homicidas de cómo se las ha conocido hasta ahora.

Todo el mundo está de acuerdo en que el marxismo es verdaderamente una religión, en el sentido que moviliza en el corazón de todos sus adherentes la totalidad de las fuerzas de celo, abnegación, sacrificio, que se encuentran en las efusiones religiosas.

Pero esta religión no puede ser denominada sino satánica, puesto que se opone radical y furiosamente a la fe en Dios.

Con todo, el satanismo-religión subsiste todavía, en estado de idolatría, en los pueblos que parecen, por lo demás, abiertos como cosa natural a la invasión próxima del marxismo-ateo ¡sin que conozcan para nada a Karl Marx!

 

Satanismo propiamente dicho

Aparte de este satanismo-religión, que es, o ateísmo marxista o animismo anticuado, existe un satanismo refinado y malsano, mucho menos extendido, mucho más oculto y difícil de descubrir y que es  una adoración voluntaria y razonada de Lucifer. No pretendemos tener datos precisos sobre este satanismo en nuestros días. Todo cuanto podemos decir es que se trata del satanismo de los ritos sacrílegos, de las blasfemias conscientes, de las adoraciones monstruosas, de las "misas negras", por ejemplo, es decir de las profanaciones sistemáticas y calculadas que "parodian" los homenajes rendidos a Dios por los creyentes más esclarecidos y más sinceros, para rendirle a Lucifer otros semejantes.

Tendremos una idea del satanismo de esta clase, releyendo una nota publicada en el Satán de los Estudios carmelitanos (pág. 639).

"No podemos explayarnos — dice esta nota — sobre todos los satanistas o seudosatanistas de nuestros días. La prensa inglesa del 2 de diciembre de 1947, anunció la muerte de «Sir» Aléister Crowley, el personaje «más inmundo y más perverso de Gran Bretaña» como lo calificó «Mr. Justice»."

Interrogado sobre su identidad, Crowley respondió: "¡Antes que Hitler fuera, YO SOY/" — Se advertirá esta "payasada" de las palabras del Evangelio—. Antes de dejar este mundo, dicho brujo septuagenario maldijo a su médico que le rehusaba, con mucha razón, la morfina, porque él la distribuía entre los jóvenes: "Puesto que debo morir sin morfina por causa suya, usted morirá en seguida después de mí." Lo cual ocurrió. El Daily Express del 2 de abril de 1948, anunció que los funerales del mago negro Crowley habían provocado las protestas del Consejo Municipal de Brighton. El Consejero, señor J. C. Sherrot, dijo: "El informe afirma que sobre su tumba fue practicado todo un rito de magia negra." Sobre la tumba, efectivamente, sus discípulos habían entonado cantos diabólicos: el "Himno a Pan" del mismo Crowley, el "Himno a Satán" de Carducci y las Colectas para la "misa gnóstica" compuestas por Crowley para su templo satánico de Londres.

Igualmente la prensa inglesa el 30 de marzo de 1948, dedicó necrologías importantes al famoso metapsíquico Harry Price, especialista en demonología. En un informe ratificado por la Universidad de Londres, Price declaró: "En todas las zonas de Londres, centenares de hombres y mujeres, de excelente formación intelectual y de condición social elevada, adoran al Diablo y le rinden un culto permanente. La magia negra, la brujería, la evocación diabólica, estas tres formas de «supersticiones medievales» son practicadas hoy en Londres en una escala y con una libertad de movimiento desconocidas en la Edad Media." Price fue el fundador y secretario a perpetuidad del Consejo para Investigaciones Psiquiátricas, de la Universidad de Londres.

"A. Frank-Duquesne nos señala, también, entre las curiosidades «demoníacas» actuales, el informe del profesor Paul Kosok, de la Universidad de Long-Island, publicado en los Anales del Museo Norteamericano de Historia Natural, referente a una exploración realizada en el Perú, en 1946. Los exploradores descubrieron, sobre quinientos kilómetros de tierra arenosa y desértica, una doble serie de dibujos, representando unos los signos del zodíaco, otros los pájaros, plantas, y sobre todo, serpientes policéfalas. En el centro del dibujo de la Serpiente, se halla una fosa inmensa que contiene esqueletos de hombres y animales, visiblemente sacrificados. Se le calcula a todo este conjunto dos mil años de existencia."

Si hemos reproducido esta importante nota por entero, es sobre todo en razón de las dos primeras paráfrasis y de lo que ellas nos han revelado de los "círculos satánicos" muy frecuentados en Londres, dirigidos por "satanistas" notorios tales como Crowley y Price. Pero, con toda evidencia, esto no nos da más que una vislumbre muy tenue del satanismo-religión luciferiana de nuestros días. No es solamente cuestión de Londres. Es probable que encontraríamos grupos análogos en todas las grandes ciudades del mundo.

De hecho, se nos asegura que en París existen actualmente más de diez mil personas — hombres y mujeres — que rinden un culto religioso y regular a Satán. Pero está en la naturaleza de las religiones de esta clase huir de toda luz, revestir el carácter más oculto, y desafiar toda estadística.

Pero los satanistas de los cuales acabamos de hablar no son solamente los jefes del culto luciferiano, también son calificados de magos o de brujos, y esto nos lleva a un examen sumario de la brujería de nuestra época.

 

El satanismo-magia actual

Aparte de los grandes magos-luciferianos que acabamos de nombrar y de los que podemos sospechar como ejerciendo su acción solapada en nuestras sociedades modernas, existen además en nuestras campiñas, en cantidad imposible de determinar, pero que tal vez sea mayor de lo que pensamos, "brujos" rurales, cuyos libros de cabecera son Los secretos del Gran Alberto, Los secretos del Pequeño Alberto, El Dragón Rojo. Los dos primeros de estos libros ocultos han recibido — cosa curiosa — su nombre de la reputación de San Alberto el Grande a quien se le atribuía el conocimiento de todos los secretos de la naturaleza. Hacer pasar abominables fórmulas mágicas bajo el patrocinio de un santo venerado es un ardid bien diabólico. Pero sabemos que más de un brujo de nuestros días, ya lo hemos subrayado, abusa de imágenes piadosas para realizar su fructífero oficio de engañador de multitudes.

Es curioso observar que, en nuestros capítulos anteriores, dedicados a los exorcismos más recientes, hemos encontrado casos de posesión debidos a sortilegios de brujería. Si creemos a los demonios conminados a hablar por nuestros exorcistas, han sido obligados por algún brujo a entrar en tal o cual persona. Estos mismos brujos, por medio de sortilegios repetidos, les impedían ceder a las órdenes formales del exorcismo o los forzaban a volver dentro de la persona a quien las oraciones del Ritual habían liberado por un tiempo.

Todo esto, a decir verdad, permanece muy oscuro para nosotros. Pero los exorcistas más calificados son categóricos sobre este punto.

Ocurre a veces que los tribunales mismos tengan que echar un vistazo furtivo sobre estas prácticas supersticiosas como en el caso de esa pobre mujer que, hace muy poco, mató a su marido porque lo creía hechizado o hechicero.

Pero la justicia humana, evidentemente, no tiene fuerzas para luchar contra esta clase de atentados, porque escapan, en general, a los testimonios humanos y es imposible administrarles la prueba jurídica.

Lo que parece indudable es que existen hombres y tal vez mujeres, que creen, obedeciendo a libros de magia increíbles, ponerse en contacto con Satán, concertar un pacto con él y obtener a este precio poderes excepcionales que les permitan ejercer un oficio lucrativo. La brujería forma parte de lo que podemos llamar el lado nocturno de la vida humana. Siempre existieron, para emplear el vocabulario de San Juan, las tinieblas frente a la luz. La magia habita en las tinieblas. Se oculta, huye de las miradas, no ignora que causa en cualquier ser normal una repugnancia invencible. Pero está orgullosa de lo que cree saber y sobre todo ¡de lo que cree poder!

 

Los juegos de Satán

Aparte del satanismo-religión y del satanismo-magia, existen todavía los "juegos de Satán".

En un discurso ardiente y célebre, San Pedro Crisólogo dijo un día a sus diocesanos de Ravena: "¡El que haya jugado con el Diablo, no podrá reinar con Cristo:"

Hablaba a cristianos, pero a los cuales "el juego con el Diablo" — en este caso los espectáculos inmorales del circo — tentaba a veces.

En nuestros días, como en el siglo V, un cristiano debe saber que no se debe jugar con el Diablo si no se quiere estar expuesto a "no reinar con Cristo". Pero los juegos del Diablo no son seguramente los mismos, en conjunto, que les que denunciaba Pedro Crisólogo. O, si son los mismos, ofrecen en nuestros días aspectos completamente nuevos.

Hemos hablado ya del cinematógrafo y no volveremos a tocar el tema. Tampoco hablaremos más del inmenso abuso de la novela, que es, para cantidad de nuestros contemporáneos, la lectura preferida, y cuyo poder de atracción parece estar en razón directa de la basura que se expone en ella.

Ningún cristiano puede poner en duda que la novela tal cual se escribe y triunfa ante nuestros ojos, con su "realismo" malsano y perverso, sea con demasiada frecuencia "satánica". ¿No es acaso una razón para repetir las palabras proféticas de San Pablo a su discípulo Timoteo?

"Llegará una época en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino, por el contrario, al capricho de sus pasiones y picándoles los oídos, se darán amos en cantidad y volverán el oído de la verdad para inclinarse hacia las fábulas"

¡Ad fabulas convertentur! Sabemos que la palabra latina con la cual se designa a la novela es precisamente ésa: fábula. ¡fábulas!

¡Cuántos de nuestros contemporáneos no buscan su filosofía, su manera de comprender la vida más que en las novelas que leen y enloquecen a menudo sus imaginaciones y sus sentidos!

 

Otros juegos

Hemos dicho lo que el santo cura de Ars pensaba y decía del espiritismo.

Mucho más cerca de nosotros, exactamente el 26 de noviembre de 1955, el padre Berger-Bergés, el exorcista ya nombrado por nosotros, hacía a una posesa las cuatro preguntas siguientes:

1º ¿El espiritismo es una ciencia o una mistificación? ¿Eres tú quien está en el espiritismo?

Respuesta: por un ademán indica lentamente con la mano ¡que es él!

2º ¿Las mesas giratorias? ¿Eres tú quien las hace girar?

Respuesta: sí, pero no estoy completamente solo; ¡son necesarias las personas alrededor de la mesa! ¡Estamos juntos!

3º En el espiritismo hay escritos firmados Marco Aurelio. ¿Quién firma Marco Aurelio? ¿Eres tú o alguno de los tuyos? . . . (Insisto firmemente, dice el padre Berger. . . No contesta, no quiere contestar, me dice, y finalmente me declara que no tiene permiso para contestar. Después de haber, sin embargo, esbozado un pequeño ademán que me pareció descubrir y que lo señalaba a él mismo, hace como alguien que contesta a escondidas ¡para que Dios no vea nada!. . .)

4º ¿Y las que leen las cartas? Quid?

Satán contesta: "¡Y bien! ¡Es necesario que las gentes se ganen la vida!" Y deja entender que los naipes también son uno de los medios por los cuales él halaga la estupidez humana.

Y esto nos invita a echar una rápida ojeada sobre este aspecto extraño de nuestro tiempo; recurrir a la adivinación, que nos retrotrae a las modalidades más infantiles de los paganismos antiguos.

 

La adivinación: cosa satánica

Es increíble la expansión actual de la práctica de la adivinación popular, bajo las formas más diversas. Se dan las cifras siguientes para los faquires, cartománticos, quirománticas, adivinas: seis mil declaradas a la policía en París solamente y sesenta mil en toda Francia, con una "cifra de negocios" evaluada en sesenta mil millones por lo menos. Sin duda los procedimientos antiguos, el examen de las entrañas de las víctimas, del vuelo de los pájaros, del murmullo del viento en los bosques o de los dibujos que trazan las aguas bullentes en una fuente, han desaparecido para siempre. Pero están los naipes, o el estudio de las líneas de la mano, la interpretación del residuo de las heces de café y otros muchos procedimientos, tan válidos los unos como los otros. Y está, como en la antigüedad, la astrología, que se considera la forma más erudita de discernir los destinos humanos. Existen todavía en nuestros días astrólogos. Y aseguran —no sin imprudencia — que tienen pruebas perentorias del valor de sus predicciones.

La verdad es que todas estas pretensiones son, no solamente vanas, sino rigurosamente absurdas. Son seguramente formas de la "mentira" de la cual el demonio tiene la secular especialidad. A los astrólogos, que podemos considerar como los más distinguidos de los adivinos, nos bastará oponer las palabras de un maestro de la astronomía científica, G. de Vaucouleurs. Hablando, al final de su gran obra La Astronomía, que es de 1948, de las influencias cósmicas sobre los seres vivientes, escribe: "No por cierto las ilusorias, a las cuales los astrólogos intentan colgar sus divagaciones seudocientíficas." Y un poco más lejos comprueba que la astronomía, en el pasado, ha quedado "estrechamente asociada a las supersticiones astrológicas hasta los comienzos de los tiempos modernos (y aún, ¡ay!, actualmente en muchos espíritus subevolucionados)", y con estos términos de desprecio indica bastante la posición de la ciencia de los astros frente a la adivinación astrológica, en la cual se distinguió otrora un Nostradamus, que conserva admiradores fanáticos hasta en nuestros días.

Si esto ocurre con la astrología ¿quién, pues, dará importancia ya, con respecto al porvenir humano, a los encuentros fortuitos de los naipes o a los lineamientos más o menos extraños de las heces del café?

Para un creyente, lo que torna evidente la "mentira" de la adivinación es la certidumbre de que sólo Dios conoce el porvenir. ¿Cómo lo conoce?" ¿Cómo lo que todavía no es, puede ser objeto de conocimiento para Dios, cuando la libertad humana está en juego? ¿Y cómo esta preciencia divina es compatible con nuestra libertad? Todo el mundo sabe que esto constituye uno de los problemas más difíciles de la metafísica general. Digamos con pocas palabras lo que nos parece la única solución pensable. Nuestro mundo no es el único posible. Existen infinidad de mundos posibles, todos diferentes unos a otros. Pero su posibilidad misma viene de que están llevados desde toda eternidad en la Mente del Creador. Y en esta Mente, es decir en el Verbo Divino, estos mundos se desarrollan idealmente al natural, con sus leyes y también con el juego eventual de las libertades creadas. Cuando Dios decreta que tal mundo será existente, es decir, será creado por El, con preferencia a otros, las condiciones de ese mundo no son cambiadas por eso, si no no sería el mundo deseado y visto por Dios. Los actos libres serán en él libres, y sin embargo Dios los habrá visto y los ve en el momento en que se producen. Es en este sentido que Dios conoce el porvenir. Pero como es el único que lleva eternamente los mundos en su mente, Él es evidentemente el único que conoce el porvenir. Querer predecir el porvenir, fuera de los casos milagrosos de profecías divinas, es pues necesariamente diabólico en el sentido en que es una usurpación a Dios. Se deduce que ningún poder de adivinación ha sido depositado en el juego de naipes, en las heces del café, en las líneas de la mano, en las líneas trazadas por la sal sobre la clara de huevo, como tampoco en las "conjunciones" de los planetas y las estrellas en el momento del nacimiento de un ser humano. Lo que se llama en astrología un fatum, y que antaño se llamaba un horóscopo, es pues superchería o superstición.

No sostendremos, ciertamente, que los miles de adivinos y adivinas que ejercen el oficio pretendidamente lucrativo de predecir el porvenir, en París y en todas las grandes ciudades de Francia, sean brujos o brujas vendidos a Satán.

Parecería que la mayor parte de ellos sólo piensan en practicar un oficio que da beneficios, sin pensar que ese oficio es inmoral y probablemente diabólico. Pero no por ello dejamos de tener el derecho de pensar que el demonio saca su provecho de estas aberraciones y que la adivinación bajo sus formas contemporáneas, como asimismo bajo sus formas antiguas, no es más que uno de los "juegos de Satán" en el seno de la humanidad. Y es pues una de las formas actuales del satanismo-magia, en lo que tiene de distinto del satanismo-religión.


(1) En una nota, Papini (obra cit., pág. 14) da la siguiente referencia: "Alain", Propósitos sobre la religión, París, Rieder, 1937, pág. 64.

Presencia de Satán en el mundo moderno

Monseñor Cristiani

sábado, 19 de noviembre de 2022

El IMPRESIONANTE CASO DE POSESIÓN DIABOLICA DE ANTOINE GAY

 


Nuestras fuentes de información 

Más que nunca, frente a las aventuras inverosímiles que vamos a exponer en este capítulo, experimentamos la necesidad imperiosa de indicar nuestras fuentes de información. 

Un autor lionés que conocemos, J. H. Gruninger, escribió recientemente, en 1952, la vida y sufrimientos de Antoine Gay bajo el título algo enigmático de El poseído que glorificó la Inmaculada. Extrajo su documentación de un folleto publicado en 1896 por Delhomme et Briguet, en Lyon, cuyo autor era Víctor Stenay. Este nombre era un seudónimo adoptado por el señor Blanc, presidente en Lyon de la Asociación de San Francisco de Sales. Para escribir su folleto, el señor Blanc recurrió a una libreta de anotaciones apuntadas por el señor Houzelot, grabador en París, cuyos negocios le llamaban con frecuencia a Lyon; a una cantidad de cartas, certificados e informes recogidos por el mismo con respecto a la posesión de Antoine Gay; a la vida del padre Chiron, que se había ocupado mucho de Gay, escrita por el abate Zéphyrin Gandon; a los recuerdos y testimonios de cantidad de personas que habían conocido a Antoine Gay. 

Es menester observar que su caso se había discutido apasionadamente. Muchos testigos consideraban que la posesión diabólica era indudable en este hombre y pensaban que se debía practicar el exorcismo para liberarlo. Pero surgieron dudas, oposiciones, a tal punto que jamás fue puesto en práctica el exorcismo. Existen buenas razones para creer que esto no ocurrió sin un permiso especial de Dios. El autor de la obra mencionada que vamos a analizar está convencido que las pruebas de Antoine Gay tenían una razón de ser, es decir, lo que llamaremos, en el caso de Héléne Poirier, una finalidad. 

Parecería que hubiera existido, como en el caso de las apariciones de Lourdes a Bernadette cuya finalidad era demostrar la existencia de lo sobrenatural en una época de duda y de incredulidad, una especie de réplica a la frase ya citada y tan frecuentemente reproducida de Baudelaire: "La mejor astucia del Diablo es la de hacernos creer que no existe".

Esta astucia sería perniciosa para nosotros. El Diablo no desea nada tanto como el poder de actuar entre los hombres sin que se reconozca su presencia ni su acción. Pero Dios no se lo permite. Tiene orden de revelarse, de buena o mala gana. Los hechos que consignamos en este libro son prueba evidente de ello. 

Antecedentes 

Antoine Gay, nació en Lantenay, en el Ain, el 31 de mayo de 1790. Fue bautizado al día siguiente, y tenemos en nuestro poder su acta de bautismo que nos informa que su padre era "notario real" en Lantenay, pequeña aldea del cantón de Brénod, distrito de Nantua. El niño adquirió una educación muy rudimentaria, pero se convirtió en excelente carpintero y, después de su servicio militar, bajo el primer Imperio, fijó su residencia en Lyon. Era un hombre bastante apuesto, grande, moreno, de rostro lleno de dulzura, de rasgos regulares y tranquilos. Desde el punto de vista religioso, puede decirse que los sucesos de la Revolución no habían tenido efecto sobre él. Era muy piadoso tanto que en su juventud había tenido el proyecto de hacerse religioso. Su proyecto fue, sin embargo, por razones que se ignoran, pospuesto durante mucho tiempo: en 1836, cuando ya contaba cuarenta y seis años, se presentó en la Trapa de Aiguebelle donde le dieron el hábito de hermano-converso. No pudo quedarse allí como consecuencia de una enfermedad nerviosa, cuyo verdadero carácter no llegó a discernirse en seguida. Quienes conocieron más tarde a Antoine Gay no tuvieron dudas de que su enfermedad no era otra cosa que la posesión. El demonio, que estaba en él, confesará un día que hacía más de quince años que se hallaba dentro de él, sin que nadie lo supiera y el interesado menos que nadie. 

Al salir de la Trapa, sin embargo, síntomas de posesión aparecieron muchas veces con nitidez. Era en 1837. Antoine Gay se vio sometido a sufrimientos atroces. ¡El Demonio estaba en él!

Las pruebas 

Inmediatamente, como es natural, reclamamos pruebas. Démoslas tal cual se hallan consignadas en nuestros documentos. 

En primer lugar tenemos, reproducido en la obra de Gruninger, el certificado siguiente emanado del R. P. Burnoud, antiguo superior de los misionarios de la Salette, y dirigido a monseñor Ginoulhiac, entonces obispo de Grenoble: 

"En tres sesiones que se prolongaron de una a dos horas, hemos procedido al examen del señor Gay, de Lyon. Pensamos que es muy probable que este hombre esté poseído por el demonio. 

"Nuestra opinión está fundada: 

"lº Sobre lo que nos ha revelado de muchas cosas secretas que el hombre no podía saber de ningún modo; 

"2º Sobre los signos exteriores de descontento que ha dado cuando pronunciábamos ciertas fórmulas y oraciones del Ritual «en latín». Como es indudable que Gay no conoce el latín, no podemos atribuir sino a la presencia de una inteligencia superior las contorsiones que en relación con las circunstancias en las cuales se han producido, tenían algo de sobrenatural; 

"3º Sobre algunas respuestas a preguntas que le hicimos en latín y que nos parecieron indicar el conocimiento de este idioma por el ser que nos contestaba en francés por boca del señor Gay; 

"4º Sobre los innumerables certificados que le han sido otorgados por personas respetables y dignas de fe quienes atestiguan la buena fe, la virtud, la sinceridad del señor Gay. Si estos testimonios son verídicos, Gay no interpreta una comedia; bajo esta hipótesis está poseído. . ." 

No obstante, hemos advertido que en este certificado el R. P. Burnoud no llegaba sino a la conclusión de una muy grande "probabilidad". Continuó, con todo, estudiando el asunto. En carta escrita al señor Blanc por el señor Houzelot, hallamos, efectivamente, las siguientes líneas: 

"He visto al padre Burnoud, cuando era arcipreste en Vinay: me ha declarado que después de examinar seriamente al señor Gay, había llegado a la certidumbre de que estaba realmente poseído".

Certificado médico 

Y veamos ahora un certificado emanado de un médico. Tiene fecha del 12 de noviembre de 1843 y lleva la firma del doctor Pictet: 

"Nos abajo firmantes, doctores en medicina, domiciliado en la Cruz Roja, certificamos que el señor Gay ha sido sometido a nuestra revisación por el señor abate Collet y por el señor Nicod, cura de esta ciudad, de acuerdo con el deseo de monseñor el Cardenal Arzobispo de Lyon, para que fuera examinado por los médicos. Lo cual habiéndolo hecho muy escrupulosamente durante cuatro meses y diariamente, en todas las situaciones y a toda hora, tales como en la iglesia, en la misa, haciendo con él el Viacrucis, en conversación pública y privada, en la mesa, en la calle, etc., etc., no hemos podido descubrir la menor alteración física o moral. Que por el contrario goza de perfecta salud de cuerpo y de alma, de una rectitud de juicio y de razonamiento poco comunes, que no sufre jamás la mínima alteración ni siquiera en las crisis extraordinarias que se repiten inopinada y frecuentemente en él, bajo la influencia de una causa oculta, inapreciable naturalmente, por los medios de nuestro arte, que hace actuar a su cuerpo y que habla por su boca, independientemente de su voluntad. 

"Atestiguamos además que, habiéndonos identificado con el señor Gay, por la oración y una abnegación entera de nosotros mismos, de nuestra ciencia y de nuestra propia razón, para implorar la ayuda del Espíritu Santo, estamos convencidos que este estado extraordinario no puede ser más que una posesión. Y esta convicción nuestra es tanto más firme cuanto que en nuestra primera entrevista particular con el señor Gay, lo extraordinario que habla por su boca llegó hasta el fondo de nuestra conciencia, nos hizo la historia de nuestra vida desde la edad de doce años y nos habló de las particularidades que solamente Dios, nuestro confesor y nosotros conocemos. Y hemos sido testigos de que la misma cosa se repitió con respecto a otras personas, varias de las cuales se convirtieron". 

¿Por qué no hubo exorcismo? 

Después de certificado tan explícito, no puede dejar de sorprendernos sobremanera que el arzobispado de Lyon no haya llegado a la conclusión de que era necesario proceder al exorcismo. De hecho, a pesar de todos los testimonios, nunca se recurrirá a él. Y cuando reflexionamos sobre las circunstancias, nos vemos obligados a suponer que Dios no quería el exorcismo. Admitamos, en efecto, las aseveraciones constantes del demonio principal que habitaba en Gay. No cesó de proclamar — con un poco tal vez de jactancia, como es propio del demonio—: Este caso de posesión es el más extraordinario que haya existido jamás. ¿En qué era extraordinario? En que el diablo estaba ahí, si podemos.

"He visto a eclesiásticos que han hecho al demonio preguntas muy difíciles; éste las resolvía inmediatamente, como lo han confesado estos mismos sacerdotes... He visto al demonio llorar cuando se vio obligado a confesar las verdades de la religión de Jesucristo, o de dar buenos consejos o pruebas de la posesión. «¡Es —decía— el mayor sufrimiento que Dios pueda mandarme el obligarme a destruir mi obra!»" 

Se comprende, pues, muy bien, creemos nosotros, que Dios no haya permitido jamás que se practicara el exorcismo. Hubiera sido, nos atrevemos a decirlo, injusto de parte de Dios infligir los sufrimientos que el exorcismo causa al demonio, a un diablo que estaba ahí por obediencia, completamente involuntaria, al omnipotente poder divino. 

Sea como fuere, el hecho es que Gay no fué nunca exorcizado, cuando todos los que se acercaban a él tenían la prueba perentoria de que estaba poseído. 

Algunas peripecias de esa vida 

No vayamos a creer que los testigos autorizados de esta extraña aventura espiritual abrigaban con respecto a Antoine Gay sentimientos de aversión o de desconfianza. Por el contrario, estaban convencidos de su grande virtud y de sus méritos y el certificado del doctor Pictet es prueba de ello. En el otoño de 1843, es decir, después del largo examen realizado por el doctor Pictet, los amigos del poseído trataron de mandarlo de vuelta a la Trapa de Aiguebelle donde había estado un tiempo hacía siete años. Se le pidió primero al padre Abbé de proceder al exorcismo. Pero éste opuso objeciones, alegó que estaba en la diócesis de Valence y que el sujeto pertenecía a la de Lyon. El padre Abbé, que, sin embargo, estaba convencido del hecho de la posesión, envió a Gay a ver a su amigo, el capellán de los Hermanos de Privas, en la diócesis vecina de Viviers. Gay permaneció allí veintidós días en el transcurso de los cuales dió muchas muestras de posesión, pero regresó finalmente a Lyon, sin haber sido sometido al exorcismo. De 1844 a 1847, vive en esa ciudad, en el número 72 de la calle des Macchabées, no lejos de la iglesia de S. Irenée. Se le ve, pues, errar a veces por las plazas públicas, gesticulando y profiriendo palabras extrañas. Cierto día, denunciado como demente, es conducido a la Antiquaille donde permanece tres meses, pero vuelve a salir gracias a la intervención bienhechora del célebre Bossan, el futuro arquitecto de Fourviére. Pero siempre sin exorcismos. En 1845, dos sacerdotes respetables habían presentado a Gay al arzobispo, monseñor de Bonald, quien lo había recibido amablemente y había prometido estudiar la cuestión con solicitud. Pero las cosas quedaron ahí, sin que se supiera por qué. 

El R. P. Chiron 

Se produce un vuelco en la vida de Gay cuando un nuevo protector, el padre Marie-Joseph Chiron, se acerca a él. Se trata de un santo hombre cuya vida ha sido escrita por el abate Zéphyrin Gandon, con prefacio de monseñor Hurault, obispo de Viviers (Aubanel, padre, Avignon). 

El padre Chiron, cuya memoria se venera en la diócesis de Viviers, era el más indicado para interesarse en el caso de Antoine Gay. Fundó, en efecto, una congregación en la cual uno de los fines era ocuparse de los alienados. Nunca creyó que Gay fuese loco, pero sí que estaba poseído por el demonio y resolvió dedicarse a aliviarlo en la medida en que Dios lo permitía. 

Mientras tanto, Gay se había convertido en terciario franciscano con el nombre de hermano Joseph-Marie. 

En 1850, el padre Chiron parte con él rumbo al convento de Vernet-les-Bains, en la diócesis de Perpignan, con el fin de presentarlo al obispo del lugar para obtener el permiso de exorcizarlo, lo cual no pudo, por lo demás, realizarse, siempre por razones que ignoramos, pero que responden sin duda a la hipótesis que hemos hecho: el Diablo estaba ahí en "servicio obligado". 

Durante este viaje se produjo un episodio que arroja un poco de luz sobre el mundo misterioso de los demonios. 

La discusión de Perpignan 

El padre Chiron se interesaba en Perpignan por la suerte de una mujer, madre de tres niños, que era poseída desde hacía veinte años. Toda la parroquia la había visto correr con una velocidad extrema, elevándose alrededor de cincuenta centímetros sobre el suelo —hazaña que volveremos a comentar en un próximo capítulo con respecto a otra posesa. 

Ahora bien, mientras el padre Chiron se hallaba en la casa de esta mujer, le presentaron a una desgraciada llamada Chiquette, pero cuyo verdadero nombre era, en catalán, Francoise. Esta Chiquette, que contaba treinta y seis años, era muda; pero era poseída por un demonio llamado Madeste que estaba muy lejos, por cierto, de ser mudo. Y se produjo entre Madeste e Isacaron, el demonio que habitaba dentro de Antoine Gay, una querella de una violencia inaudita. El padre Chiron en persona ha contado la cosa en estos términos: 

"No bien se encontró en presencia de Isacaron se entabló entre los dos ángeles caídos un diálogo de una violencia poco común. Los demonios de los posesos parecían dos perros rabiosos. Hablaban un idioma completamente desconocido, muy dulce, que no comprendíamos para nada. Más tarde supe por Isacaron, que me tradujo la discusión, que se trataba de un punto de preeminencia: cuál de los dos era más importante. Me vi obligado con frecuencia a intervenir entre ambos que estaban prontos a irse a las manos. 

"No es necesario decir que estos dos poseídos nunca se habían visto, pero los demonios posesores, por supuesto, se conocían bien. Tuvieron en los días que siguieron y en seis ocasiones diferentes disputas siempre vehementes en el mismo lenguaje desconocido, y esto ocurrió en presencia de varios testigos." 

Estos hechos provocaron en el padre Chiron una impresión muy grande. En carta dirigida poco después al obispo de Clermont-Ferrand los exponía detalladamente y llegaba a la conclusión muy justa: "Sin la posesión hechos semejantes serían inexplicables". 

Estamos enteramente de acuerdo con esta opinión. Pero este episodio nos sugiere la idea de que el entendimiento cordial no existe tratándose de demonios ¡lo cual sería por lo demás muy asombroso! 

De vuelta a Lyon, Antoine Gay y su protector esperaron el fin del verano para ir a la Salette. 

Una estancia en Ars 

La reputación del santo cura de Ars era tan grande y esta localidad se hallaba tan próxima a Lyon que hubiera sido muy sorprendente que Antoine Gay no fuera presentado al abate Vianney. De hecho fue a Ars en 1853 y prolongó su peregrinaje durante quince días. Al hacer esto obedecía al arzobispo de Lyon, monseñor de Bonald en persona, quien había dicho al señor Goussard, uno de los familiares de Gay: "Lo llevará usted donde el cura de Ars y se quedará allí varios días con él." El señor Houzelot, siempre atento al caso Gay, era de la partida. Esto ocurría a fines de noviembre. El domingo próximo siguiente, cuatro de diciembre, la humilde parroquia de Ars celebraba la fecha de la Inmaculada Concepción. 

No olvidemos que el dogma de la Concepción Inmaculada de la Virgen no estaba todavía proclamado. Debía serlo el 8 de diciembre de 1854. 


Se produjo —volviendo a Ars— un acontecimiento inesperado. Antoine Gay, arrodillado al pie de la imagen de la Virgen, con los brazos en cruz y los ojos llenos de lágrimas, pronunciaba una declaración solemne, que, con toda evidencia, emanaba del espíritu infernal que estaba en él, puesto que Antoine Gay no tenía una formación teológica suficiente para que del fondo de su alma saliera un discurso tan impresionante: 

Homenaje de un Demonio a María 

"¡Oh, María! ¡Oh, María! ¡Obra maestra de las manos divinas! Tú eres lo que Dios ha hecho de más grande. 
"¡Criatura incomparable, tú eres la admiración de todos los habitantes del Cielo; todos te honran, todos te obedecen y te reconocen por la Madre del Creador. Tú has sido elevada por encima de los ángeles y de toda la Corte celestial; estás sentada junto a Dios, eres el Templo de la divinidad, has llevado en tu seno todo lo que hay de más fuerte, de más grande, de más poderoso y de más amable! " 
. . . María, has recibido en tu seno virginal a Aquel que te ha creado, eres Virgen y eres Madre; no hay nada que pueda comparársete. Después de Dios, tú eres todo lo que hay de más grande; tú eres la Mujer fuerte; tú sola das más gloria a Dios que todos los habitantes del Cielo juntos. . . 

"En ti no ha habido jamás ninguna mancha. Que todos los que digan que no eres Virgen y Madre sean excomulgados; ¡tú has concebido sin pecado, tú eres inmaculada!.. . 
"¡Te alabo, oh, María! ¡Pero todas las alabanzas que te doy remontan a Dios, el autor de todo bien!. . . Después del corazón de tu divino Hijo, ninguno hay que pueda ser comparado al tuyo. ¡Oh, corazón bueno! ¡Oh corazón tierno! ¡No abandonas ni siquiera a los más ingratos y los más culpables de los mortales! ¡Tu corazón está penetrado de dulzura para con los miserables que no merecen gracia ni misericordia; los infames pecadores son convertidos por ti! 
"¡Ah, si los habitantes de la tierra te conocieran! ¡Si supieran apreciar tu ternura, tu poder, tu bondad, ninguno perecería! Todos los que recurren a ti con una entera confianza y que te rezan continuamente, sea cual fuere el estado en que se hallan, tú los salvarás y los bendecirás eternamente. . . ¡Me veo obligado a humillarme a tus plantas y a pedirte perdón por todos los ultrajes que hago soportar al poseído!
"¡Confieso hoy, día de una de tus fiestas mas solemnes del año, que tu divino Hijo me obliga a decir que ésta es la más solemne de todas tus fiestas!" 

Así habló Isacaron, demonio de la impureza, por boca de Antoine Gay, y sus palabras fueron recogidas por el señor Houzelot, del cual las hemos extraído. Y comprendemos mejor, después de esta confesión obligada de un demonio, que María, cinco años más tarde, haya dicho a Bernadette quien, suplicante, le preguntaba su nombre: ¡SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN! 

El abate Toccanier, auxiliario del cura de Ars, estaba presente cuando las memorables alabanzas a la Virgen fueron proclamadas por Isacaron en la forma que acabamos de consignar. 

Houzelot tuvo la idea de pedirle a este último que le dictara más lentamente lo que acababa de decir, con el fin de anotar sus palabras, e Isacaron accedió. El abate Toccanier no podía ocultar su emoción. "No existe nada comparable si no es en los Padres de la Iglesia", dijo a los presentes, con respecto a la larga proclamación del Demonio. 

Quiso, por lo demás, tener con éste una discusión teológica sintética, otro día, y quedó estupefacto de la seguridad de las respuestas que le fueron hechas en la más pura ortodoxia. 

Sigue la ausencia de exorcismos 

Sin embargo, no era posible olvidar que el poseso había ido a Ars para ser liberado allí de sus pruebas. El santo cura ¿tendría sobre Antoine Gay los mismos poderes que le hemos visto ejercer sobre tantos otros en el capítulo precedente? 

Aunque en esta fecha el abate Vianney estaba muy rodeado y era difícil llegar a él, Antoine Gay le fue presentado varias veces. Lo llevó consigo al presbiterio. Cierta noche, sobre todo, el cura vio que Gay caía a sus plantas como si fuera impulsado por un poder invisible, pero al mismo tiempo el poseso lo amenazaba con el puño y le gritaba con tono amenazador: ¡Vianney! ¡Eres un ladrón! ¡Nos arrancas las almas que hemos tenido tanto trabajo en seducir! 

Al oír estas palabras el santo hombre se limitó a hacer sobre la cabeza de Gay la señal de la cruz. Se oyó que el demonio lanzaba un grito de furor. 

Se decidió, no obstante, que se procedería al exorcismo. El santo cura estaba, en efecto, convencido que tenía que vérselas con un poseído. El abate Goussard, a pedido suyo, regresó a Lyon para solicitarle al cardenal de Bonald el permiso de proceder al exorcismo. 

"El cura de Ars, repuso el cardenal, no necesita mi permiso; sabe muy bien que se lo doy, o si no que se dirija a monseñor de Belley." 

Sin tardanza, el abate Toccanier escribió a monseñor Chalandon, entonces obispo de Belley. Este se apresuró a otorgar el permiso solicitado. Y sin embargo el exorcismo una vez más ¡fue postergado y finalmente omitido! ¿Por qué? El cura de Ars pensó que era mejor realizarlo en forma muy solemne en Fourviere, en el santuario de la Virgen. 

Pero el tiempo transcurrió sin que una decisión de esta clase fuera tomada. Antoine Gay fue llevado de regreso a Lyon sin haber sido liberado de su terrible compañero. . . Con esto nos cuesta aún más descartar la idea de que Dios no deseaba liberar al poseso por dos razones: la primera, porque Antoine Gay no cesaba, a través de su prueba, de santificarse, y la segunda, porque el demonio que habitaba en él tenía que terminar la tarea que le había sido impuesta. Veamos primero este último punto. 

Una página de San Grignion de Montfort 

Para los que se sientan asombrados por la humildad con la cual un demonio semejante al que poseía a Antoine Gay se vio obligado en Ars, y en muchas ocasiones en otras partes, durante los cuarenta años de su presencia dentro de ese pobre hombre, a pronunciar el elogio más solemne de la Virgen, nos parece suficiente recordar la página siguiente de San Louis Grignion de Montfort, en su célebre tratado De la verdadera devoción a la Santísima Virgen. 

Hablando de la hostilidad que existe entre María y Satán, el santo escribe: 

"Jamás ha formado ni ha creado Dios una enemistad más irreconciliable que durará y aumentará hasta el mismo fin: es entre María y el Diablo; entre los hijos servidores de la Santísima Virgen y los hijos y agentes de Lucifer; de modo que el más terrible de los enemigos que Dios ha creado contra el Diablo es María, su santa Madre. Hasta le ha dado desde el paraíso terrestre, aunque todavía ella no estaba sino en su mente, tanto odio contra ese maldito enemigo de Dios, tanta industria para descubrir la malicia de esta antigua serpiente, tanta fuerza para vencer, echar por tierra y aplastar a este orgulloso impío, que él la teme más, no solamente que a todos los ángeles y los hombres, sino en cierto sentido que a Dios mismo. No es que la ira, el odio y el poder de Dios no sean infinitamente más grandes que los de la Santísima Virgen, puesto que los de María son limitados; pero es que, primeramente, Satán, por su orgullo, sufre infinitamente más al ser vencido y castigado por una pequeña y humilde sirvienta de Dios, y su humildad lo humilla más que el poder divino; en segundo lugar, porque Dios ha dado a María un poder tan grande contra los diablos que temen más, como se han visto obligados a confesarlo, a pesar suyo, por boca de los poseídos, uno solo de sus suspiros por algún alma que las oraciones de todos los santos, y una sola de sus amenazas contra ellos que todos sus tormentos" (obra citada, N° 52). 

¿No es esto precisamente lo que acabamos de oír y comprender por boca de Antoine Gay, órgano del demonio Isacaron? Pero tenemos que oír al mismo personaje en la función providencial que le había tocado en suerte. 

Un combate patético

Quienes han oído a Antoine Gay, y son muchísimos, han atestiguado siempre que se advertía en él una extraña dualidad. Y esta dualidad no era solamente entre él y el demonio que lo poseía, sino entre los diversos lenguajes del demonio mismo. 

Se distinguía sin dificultad el tono de Antoine Gay, al natural. Se expresaba siempre con voz dulce, con bondad y lentitud, sin apartarse jamás del decoro más culto. 

En cambio, cuando el principal de los tres demonios que habían elegido domicilio en él, Isacaron, tomaba la palabra, la voz se tornaba, por el contrario, breve, imperiosa, apasionada: adoptaba un tono autoritario y hablaba de tú con todo el mundo sin miramientos ni distinciones, aun cuando se dirigiese a los más altos dignatarios de la Iglesia. 


Sólo que en sus palabras se podían discernir dos registros completamente diferentes. Ora hablaba, si podemos decirlo así, en calidad de Diablo —y esto era necesario para que se supiese bien lo que era— y entonces mostraba su rabia, rechinaba los dientes, profería horribles blasfemias. 

Su fealdad se reflejaba en las facciones del poseso y todos los que lo vieron aseguran que era algo horroroso tanto para los ojos como para los oídos.

Era el primer registro, el registro infernal para llamarlo por su nombre. 

Pero cuando cumplía con la tarea que le había sido impuesta, es decir, cuando se expresaba como esclavo de Dios e interpretaba su papel, no sólo era ortodoxo en lo que decía sino que su tono se tornaba untuoso, elocuente, a veces sublime. 

En el transcurso de un mismo diálogo, se veía al posesor y al poseído tomar la palabra por turno y se comprendía la lucha espantosa que se desarrollaba en el corazón del pobre Antoine Gay. 

Por ejemplo, acaba de hablar, de deplorar el estado en que se encuentra, de proporcionar las pruebas de su piedad muy sincera. Súbitamente y sin transición, Isacaron interviene por boca de él. La voz cambia. Se hace ronca y se asiste a un desbordamiento de gritos, de injurias e invectivas. ¡El que era antes todo dulzura y humildad, se muestra de pronto amargo, sarcástico, obsceno! 

Confesiones diabólicas 

Pero lo que asombra, lo que hasta entonces no se había visto sino muy raramente, son los testimonios del mismo demonio sobre la misión que ha recibido y la cual tiene que cumplir de buena o mala gana. 

No es una vez al pasar, sino diez veces por día que vuelve sobre el tema y que lo proclama: 

"¡Me veo forzado a alabarte, oh, Maestro Soberano! —exclama—. ¡Las criaturas están obligadas a reconocerte y reconocer tu poder, tu bondad y también tu justicia terrible! 

"Soy yo, Isacaron, príncipe de los demonios impuros, que está obligado por orden de Aquel que es todo, a hacer escribir cantidad de cosas." Durante ese tiempo, en efecto, los oyentes y en especial Houzelot, 

"Estoy obligado a decir cosas que parecen asombrar a los hombres más sabios: las digo para gloria del Todopoderoso, para vergüenza y confusión del Infierno. 
"La voluntad de Aquel delante del cual todo se doblega en el Cielo es que yo, el diablo Isacaron que poseo el cuerpo de Gay, hable por su boca, actúe por sus miembros y haga muecas horribles, lance gritos espantosos, yo, que me veo forzado por Dios a dar todos los días pruebas de la posesión de este hombre. 

"¡Oh, sublime Maestro! ¡Cuánto me haces sufrir! ¡Me obligas a demoler mis fuertes, mis bastiones! Que sea maldito el momento en que yo entré en este cuerpo. Nunca hubiese creído verme forzado a trabajar para gloria del Altísimo y trabajar en la conversión de las almas." 

Existen muchas pruebas de que Isacaron deseaba que lo relevaran de su tarea, que hubiera querido el exorcismo para poder partir ¡que sentía que no lo hicieran! 

Cierto día que se habló delante de Gay del padre de Ravignan, entonces encargado de las Conferencias de Notre-Dame, después de Lacordaire, el demonio por boca de Gay, exclamó: 

"¡Es un hombre! ¡Es un sacerdote! ¡Le dirás que diga la misa para liberación del poseído y para que el poder que tengo sobre su cuerpo me sea quitado antes de su liberación!" 

Una escena de predicación 

He aquí una escena que cuenta el hermano Prime, de las Escuelas Cristianas, en Feurs, Loire. 

El padre Chiron, al dirigirse de Lyon a Clermont-Ferrand con Antoine Gay, le había escrito que se detendría en Feurs con un poseso. 

Llegó efectivamente. El hermano y toda la comunidad fijan su mirada sobre su compañero de ruta. ¿Qué ven? Un hombre muy tranquilo, muy correcto, y hasta muy afable. El hermano no puede creer lo que ve. Susurra en el oído del padre Chiron: "¿No me había dicho que traería al poseso con usted?" 

Pero apenas había hecho esta reflexión cuando el "señor muy correcto", de pronto, cambia de rostro. 

"La espuma en la boca, los ojos inyectados en sangre, con un tono que me hace palidecer —escribe el hermano—: «¿Acaso no me ves?», me dice. 

"Creo — añade el hermano — que me hubiera caído al suelo de terror si el padre Chiron no me hubiera sostenido." 

Y era casi siempre así. En el momento que menos se esperaba, el pobre Gay se entregaba de pronto a contorsiones increíbles, se arrojaba al suelo, daba vueltas sobre sí mismo sin perder jamás el equilibrio. Y este hombre que era generalmente pesado adquiría una liviandad y una flexibilidad extraordinarias. Cierto día lanzó un puntapié con el pie izquierdo a la cabeza de un interlocutor de bastante estatura y volvió a posarlo en el suelo con la misma facilidad con que lo hubiera hecho el mejor acróbata. 

Pero, cuando se esperan escenas de ira, he ahí que se produce un nuevo cambio. Los ojos se llenan de lágrimas. La voz del demonio se suaviza. La misma boca que profería injurias comienza una predicación y se le oyen decir propósitos como los siguientes: 

"El malo no es feliz. Si se está lleno de sí mismo, se está lleno del espíritu del demonio. ¡Es por lo sentidos que perdemos al hombre! 

"Dios se sirve de los hombres para probarlos. Si están afligidos reciban esto como una gracia. ¡La cruz es preferible a todo! ¡Dios la ha llevado para la salvación de los hombres y la hace llevar a los que ama! 

"El mundo cree que la humildad es debilidad e incapacidad; ¡y yo les digo que la humildad es poder y grandeza! 

"Si ustedes conocieran la desgracia de los reprobados serían todos santos. No hay idioma para expresar los tormentos de los condenados; no hay espíritu humano capaz de comprenderlos. 

"¡El que ama a los hombres más que a Dios no será de ningún. modo amado de Dios! 

"Dios permite los reveses por el bien espiritual de los hombres, a fin de hacerlos entrar en sí mismos y que vuelvan a El. 

"¡No olviden jamás que las cruces son preferibles a los honores! 

"Es preciso comprender que la vida es corta y que se deben soportar las penas con espíritu de penitencia como provenientes de Dios. 

"No se puede amar a Dios sin amar a su prójimo. ¡Felices los que saben abandonar todo por Dios! 

"¡Ah! ¡Si los hombres pudieran ver la belleza de un hombre en estado de gracia! 

"La felicidad no está aquí abajo; ¡el que posee a Dios posee todo! 

"El rico debe ser el ecónomo del pobre. Dios le ha puesto la riqueza en la mano para ayudar a sus semejantes: ¡es el hombre de negocios de Dios! 

"El rico debe despreciarse a sí mismo y seguir las lecciones del Salvador cuando dice: «Es más difícil para un rico salvarse que para un camello pasar por el ojo de una aguja.»" 

Pero lo más extraño era que Isacaron no había terminado de pronunciar todas estas sentencias edificantes, cuando se enfurecía y empezaba a blasfemar contra Dios, a injuriar a las criaturas, ¡a injuriarse a sí mismo! 

"¡Desdichados los orgullosos! —exclamaba—. ¡Desdichado yo, Isacaron! ¡Es el orgullo, la ingratitud y la desobediencia lo que han hecho de mí un ángel rebelde y reprobado!" 

Algunas reflexiones de Isacaron 

Citemos aún algunas reflexiones de Isacaron sobre diversos temas: Sobre Pilatos: 

"Pilatos que era juez sabía que condenaba a un inocente y sin embargo el Diablo lo impulsó o condenar al Juez soberano, al Juez de jueces. ¡Pilatos al lavarse las manos se las ensuciaba!" 

Sobre María-Magdalena, de quien el Evangelio dice que el Señor había echado de ella "siete demonios": 

"María Magdalena es una gran santa a la cual hay que recurrir con entera confianza. En cuanto tuvo la felicidad de conocer a Dios, su contrición fue tan grande, sus lágrimas tan abundantes que ningún demonio ha podido hacerla pecar de nuevo. Es el modelo de los verdaderos penitentes que deben tenerla por abogada particular junto a Dios, porque Dios concede grandes favores a quienes la invocan." 

Sobre la meditación: 

"Si meditan bien sobre la vida del Salvador y de su santa Madre, los desafío a cometer contra Dios el menor pecado. 

"¡El hambre, la sed, la muerte, no son nada: el pecado sólo es temible!" 

Sobre la perfección cristiana: 

A una señora que preguntaba a Isacaron en qué consistía la perfección cristiana y cuál es el camino que conduce a ella, le contestó: 

"Tener horror del pecado mortal; no cometer voluntariamente pecados veniales, no perder de vista la presencia de Dios; saber humillarse todos los días de su vida, porque el orgullo es el peor de todos los vicios; dar buenos ejemplos y buenos consejos; hacer penitencia, como lo pedía el Precursor. ;Y que el que sea santo se santifique aún más!" 

Oración a María 

Terminemos estos aforismos de origen extraño por la Oración a María compuesta y dictada por el demonio Isacaron: 


                                  ORACIÓN

                                  Oh, divina María, 
                                  a ti me dirijo con entera confianza, 
                                  tú que no descuidas a nadie, 
                                  tú que tienes tan a pecho 
                                  la salvación de los hombres, 
                                  y a quien Dios nada puede rehusar   
                                  de todo cuanto le pidas. 
                                  Tómame bajo tu protección poderosa,
                                  si te dignas escuchar 
                                  mis humildes plegarias, 
                                  el infierno todo no podrá dañarme, 
                                  Tú que eres en cierto modo 
                                  ¡la dueña de mi suerte! 
                                  Mi suerte está entre tus manos, 
                                  si tú me abandonas 
                                  ¡estaré perdido sin remedio! 
                                  Pero, no, ¡eres demasiado buena 
                                  para ignorar a quienes esperan en ti! 
                                  ¡Ruega por mí a la Santa Trinidad 
                                  y estoy seguro de mi salvación! 
                                  ¡Ah, cómo desearía hacerte conocer 
                                  a todos los habitantes de la tierra! 
                                  ¡Cómo quisiera anunciar por todas partes 
                                  tu grandeza! 
                                  ¡Tu bondad, tu poder! 
                                  Lo que yo no puedo hacer, deseo 
                                  que las inteligencias celestes lo hagan 
                                  y que los mismos demonios se vean forzados
                                  a publicar que tú eres la obra maestra 
                                  de las manos divinas, 
                                  que tienes el poder de Dios en la mano, 
                                  que eres terrible para los demonios 
                                  y que todo está sometido a ti. 
                                  ¡Eres la criatura incomparable! 
                                  Tú eres la única Virgen y Madre, 
                                  tú has dado al mundo al Redentor, 
                                  tú formas un rango aparte con San José. 
                                  Estás pues más arriba que todos los santos: 
                                  ¡eres verdaderamente divina! 
                                  Espero en ti y creo firmemente 
                                  que todas las potencias infernales 
                                  no podrán triunfar sobre mí. 
                                  ¡Así sea! 
                                  ¡Todos los ángeles y todos los santos 
                                  te bendicen para siempre jamás! 
                                  ¡Así sea! 

Después de haber pronunciado esta plegaria, se nos asegura que el demonio, poniéndose súbitamente burlón y haciendo alusión al hecho de que Antoine Gay hubiera estado encerrado durante tres meses como demente en la Antiquaille, en Lyon, exclamó: 

"¡Irán a los sanatorios a buscar locos que les dicten una oración semejante!"(1)  

El fin de Antoine Gay 

Con toda evidencia la vida de Antoine Gay había sido lo que podíamos llamar fuera de lo común. En el siglo XVII hubo un ejemplo sobrecogedor de una posesión que sirvió para la santificación del poseso en medio de las más aterradoras pruebas: se trata del Padre Surin, Jesuíta, que fue durante veinte años sometido a la posesión diabólica, como consecuencia de los exorcismos de las Ursulinas de Loudon. El caso de Antoine Gay es un poco distinto, pero se parece al del Padre Surin por este rasgo innegable: la santificación del poseso. Sus últimos años estuvieron marcados por una especie de abandono general, más terrible aún quizá que la posesión. El Padre Chiron había muerto en 1852. El santo cura de Ars, que también se había interesado en él, había abandonado este mundo en 1859. Después de esta muerte Antoine Gay vivió aún doce años. Pero no había ya casi nadie para acudir en su auxilio, por lo menos, en forma continuada. Pero aceptaba todo con maravillosa resignación. Su familia tenía vergüenza de él. Dos de sus hermanas eran hostiles con él. La más joven impedía que sus hijos fuesen a visitar a su tío. Y sin embargo, Antoine Gay, escuchando solamente su buen corazón, le dio doscientos francos — entonces era una buena suma — para que se cuidara cuando estuvo enferma. El demonio estaba siempre ahí. Antoine Gay combatía sin descanso a su cruel enemigo, mediante una vida de oraciones y de penitencias rigurosas. Vivía como uno de los monjes del desierto de antaño: ayunando, a pan y vino, acostándose sobre una tabla, usando el cilicio y aplicándose la disciplina. 

Durante los seis últimos años de su vida, fue asistido en su pobre morada, situada en el 72 de la Rué des Macchabées, parroquia de Santa Irenée, por piadosos y caritativos lioneses, sobre todo, una señora bondadosa que permanecía junto a él durante largas horas. Estas visitas consolaban al pobre hombre, porque en presencia de ciertas personas el demonio atormentaba menos violentamente a su víctima. 

Pero le estaba reservada una nueva prueba que volvemos a encontrar en casos más recientes: Isacaron, el diablo que se comportaba como amo de su cuerpo, no quería que se confesara, como Gay hubiera deseado hacerlo. Isacaron era categórico. Le aseguraba que no se confesaría antes de haber sido sometido al exorcismo. ¿Por qué esta exigencia? Parecería que el demonio sufría también él una presión providencial. Estaba ahí, lo hemos visto, como "en servicio obligado" e interpretaba un papel que constituía para él un suplicio particular. Hubiera deseado, pues, el exorcismo para salir de eso. Y como el exorcismo no se realizaba, quería por lo menos perder el alma de este infortunado del cual no podía escaparse, alejándolo de los sacramentos. 

Le aseguró, pues: "¡No te confesarás antes que yo salga de tu cuerpo!" Y añadía: "Nunca ha habido una posesión como ésta, y nunca habrá otra semejante", lo cual creemos sin dificultad. 

De hecho el demonio impidió a Gay, cierta vez, durante tres semanas, de oír misa el domingo. Un día el padre Perrier fue a verlo en compañía del señor Blanc. El padre Perrier había estado otrora en la casa de los jesuítas de Lalouvesc, y allí había conocido a Antoine Gay. Acababa de ser nombrado en la residencia de Lyon. Al visitar al poseso su intención era facilitarle la confesión. Pero en esta ocasión todavía Isacaron declaró una vez más que no se confesaría antes de su propia liberación. Los dos visitantes esperaron en vano. Todo el tiempo que duró su presencia, Gay se vio en la imposibilidad de articular una palabra. 

En 1869, Antoine Gay, entonces de 79 años, fue por algunas semanas a Lantenay, en su provincia natal, para arreglar cuestiones de sucesión que lo enemistaban con su familia. En carta dirigida a la mencionada señora de Lyon que iba a verlo de tiempo en tiempo, leemos estas líneas quejumbrosas: "El diablo me hace todavía más mal que en Lyon. Deseo que recen mucho por mí porque se acerca mi fin. No sé cuándo podré regresar a Lyon; siempre surgen obstáculos, el mundo se pone de parte del demonio. Mi aflicción va siempre en aumento... Le ruego que presente mis humildes respetos al padre Perrier. Le dirá usted que me recomiendo a sus oraciones, que no me olvide en el Santo Sacrificio de la Misa. . ." 

Y como postdata esta mención: "El infame Isacaron me ha dicho: contesta pronto." 

Después de esta carta Antoine Gay regresó a Lyon. Cayó muy pronto en un estado lamentable. Al verlo pasar las gentes movían la cabeza con compasión. Se le oía decir: "No puedo ya quedarme en mi miserable choza." Su enemigo interior no le dejaba un momento de respiro. Lloraba sin cesar. Y sin embargo su fe permanecía intacta: "Todo cuanto puedo decir y hacer — decía — es llamar en mi auxilio a la Santísima Virgen y San José." Durante la guerra de 1870-71 que el demonio había anunciado por su boca, fue más atormentado que nunca. Isacaron lo obligaba a tenerse con los brazos en cruz durante horas sin permitirle cambiar de posición. Veía acercarse su fin rápidamente. El 4 de junio de 1871, la señora T . . . , la caritativa persona que lo visitaba de tiempo en tiempo, fue a verlo; lo encontró muy enfermo y se quedó junto a él alrededor de una hora y media. El repetía sin cesar que su fin se acercaba, pero que no sería liberado. Desde hacía dos meses no había podido ir a Misa por causa de su debilidad. El cura de Santa Irenée que vivía muy cerca de la casa de Gay fue advertido de su estado por la señora T . . . Trató una vez de confesarlo. Era el 13 de junio, día de San Antonio de Padua. Todos los esfuerzos fueron inútiles. "Antes del exorcismo, no", decía Isacaron. Y nada más que con estas palabras, Antoine Gay se quedaba mudo bajo la presión diabólica. El cura no dejó por eso de dar la absolución y la extremaunción al moribundo, que éste recibió con todas las muestras de la más profunda fe. Un cuarto de hora más tarde moría en presencia del cura que lo había asistido hasta el último instante. ¡Este valiente cristiano había vivido casi medio siglo en las cadenas y la indeseable intimidad del príncipe del Infierno! 

El acto de defunción de Antoine Gay figura en un registro de la parroquia de Santa Irenée, con la mención que sigue: 

"En el año 1871 y el 14 del mes de junio, he dado sepultura eclesiástica a Antoine-Louis Gay, fallecido el 13 del corriente a la edad de 81 años", firmado Chazelle, vicario. 

Entre los que lo conocieron bien y que le mostraron su simpatía es menester nombrar además de los que ya hemos mencionado tales como el Padre Chiron, el santo cura de Ars, el Padre Perrier, el abate Toccanier, a hombres de mucho renombre como el R. P. Collin, fundador de los Padres Maristas, el abate Chevrier, fundador del Prado, y muchos otros.  

(1) Para más detalles sobre Antoine Gay ver: J. H. Gruninger, "El poseso que glorificó la Inmaculada", Ed. del autor, 4, rué Vaubecour, Lyon.

Del libro: Presencia de Satán en el Mundo Moderno.
por Monseñor Cristiani.
Capitulo IV dedicado a la Posesión.
Titulo original: El caso muy especial de Antoine Gay (1790-1871) 
Editado en 1962.