viernes, 14 de abril de 2023

La Hermosura de María Inmaculada - R.P. Ildefonso Rodríguez Villar

 


En todos sus misterios y advocaciones es María la misma, la Reina de la belleza y de la hermosura..., pero, sin duda, que algo hay de especial en éste de la Inmaculada, porque todos la consideramos en él como singularmente bella y hermosa. — Veamos esta hermosura. 

1.° Hermosura de la tierra. — Para conocer esta hermosura era necesario saber toda la que Dios pudo y era conveniente que hiciera con María. — Mira la hermosura de la tierra... Hubo un tiempo en que nada existía... era el caos, la oscuridad, la nada... Pero un día dijo Dios «fiat», y aparecieron la luz, el firmamento, las flores, los árboles, el sol para el día y la luna para la noche, los mares con los peces, y los aires con los pájaros, los bosques, los montes y los valles con animales de todas las especies. — Detente a considerar la hermosura y belleza de esta creación..., pondera su variedad en todo, en flores, en animales... y su orden admirable, cada cosa con su fin, con su destino, aunque nosotros lo ignoremos. 

2.° Del Paraíso terrenal. — Pero esto le pareció poco, y separó el Señor en la misma tierra, una parte en la que plantó un verdadero paraíso de delicias..., magnífico, espléndido... en él reunió todas las mayores bellezas de la creación.. , los colores y matices más hermosos en animales y plantas..., los frutos más dulces y sazonados..., los ríos más poéticos y fecundos..., en fin, todos los mayores bienes sin ningún mal… nada había de malo, nada producía mal, ni daño alguno. — Representa este cuadro en la imaginación todo lo mejor que puedas, pues siempre será muy inferior a aquella magnífica realidad. 

3.° De la creación insensible. — Todo esto en la creación sensible. — Pero ¿y en la insensible que no vemos? — Imagínate si puedes, lo que será el Cielo — aquel paraíso magnífico, que no es un paraíso terrenal, ni en su comparación vale nada toda la tierra — . Recuerda aquello de que «mi el ojo vio, ni el oído oyó, etc.»... — Piensa, en fin, que todo lo de la tierra es algo pasajero, y aquello eterno..., esto terreno y aquello celestial..., esto una cárcel y un destierro, aquello la Patria y el lugar del gozo y de la bienaventuranza. ¡Qué será el Cielo! ¡Qué de hermosuras encerrará aun prescindiendo de la vista de Dios!... ¡Qué de cosas, que nosotros no podemos rastrear, ni imaginar, ni sospechar siquiera!... 

4.° El Rey de la creación. — Pues bien, ahora pregúntate... y todo eso ¿para qué y para quién? — ¿A quién destinó Dios toda la creación? — La tierra para el hombre, y el paraíso terrenal para el justo e inocente..., esto es, todo eso para una criatura que muy pronto se iba a rebelar contra Él y desobedecer a sus mandatos... ¿Y el Cielo?... Para sus ángeles..., para sus cortesanos y servidores, entre los que había de encontrar también traidores e ingratos, que igualmente se rebelaran y desobedecieran a su Majestad, pretendiendo en la locura de su soberbia, arrojarle a Él de su trono para hacerse ellos dioses. ¡Todo lo de la tierra para los hombres! ¡Todo lo del Cielo para los ángeles! 

5.° Belleza de María. — Sigue preguntando a tu alma: ¿qué crees tú que haría para María y para Jesús? — Si puesto a dar gusto a los hombres y a los ángeles hace Dios todo eso, ¿qué hará para dar gusto a María, a quien amaba más que a toda la creación entera? — Y si eso hizo para habitación de sus siervos, ¿qué haría para habitación y palacio de su Hijo que no quiso otro paraíso que el seno de María? — Piensa cómo Dios deja gustoso su Palacio del Cielo por morar en María. — ¡Qué pureza daría a aquella sangre que había de correr por las venas de su Hijo!... ¡Qué carmín a aquellos labios que tantas veces habían de besar las mejillas de su Hijo!... ¡Qué brillo a aquellos ojos que se habían de extasiar contemplando los de su Hijo!... ¡Qué manos las que habían de sostener al que sostiene con las suyas a la creación entera!... ¡Qué corazón tan puro, tan delicado, tan tierno!... Toda la ternura de los corazones de todas las madres allí se reunió... Sigue así contemplando y extasiándote ante la belleza de María Inmaculada y verás que toda belleza y hermosura terrena, no merece ni siquiera ese nombre, en su presencia.

Meditaciones sobre la Santísima Virgen María
R.P. Ildefonso Rodríguez Villar (1895 - 1964)