viernes, 27 de diciembre de 2024

Los tatuajes siempre abren la puerta del alma al diablo - Por Rita A. Stewart



Hace unas décadas, no habría sido necesario debatir sobre la moralidad de los tatuajes. Antes eran comunes entre personas rebeldes, de baja condición o mentalmente inestables y, por lo general, se consideraban un signo de degeneración moral. Detrás de cada tatuaje está Satanás.

Anton LaVey, fundador de la Iglesia de Satán y autor de La Biblia Satánica, calificó los tatuajes como una “declaración contra el cristianismo” y, ya en 1990, afirmó que el satanismo está detrás de cada tatuaje, ya sea una rosa o un dragón. Esto por sí solo proporciona una razón suficiente para condenar los tatuajes en oposición al sensus catolicus. Sin embargo, como con muchos otros asuntos controvertidos, los progresistas han pretendido que la Iglesia no tiene una postura oficial sobre este tema. Algunos han insinuado falsamente que raras excepciones (como los tatuajes recibidos por los católicos orientales durante tiempos de persecución) rigen la regla.

A pesar de esta confusión, la enseñanza de la Iglesia es clara e inmutable. El asunto está zanjado por las Escrituras, que dicen: “NO HARÉIS SAJADURAS EN VUESTRA CARNE, A CAUSA DE UN MUERTO; NI OS IMPRIMIRÉIS TATUAJE. YO SOY JAVHÉ” (Levítico. XIX: 28) Monseñor Straubinger, la Santa Biblia.

Esta proscripción no puede descartarse como una mera ley ceremonial, ya que pertenece al Quinto Mandamiento. Los tatuajes implican una automutilación, que nunca se puede tolerar. Además, según la tradición católica, no es lícito alterar artificialmente la propia apariencia de manera significativa, ya que es un signo de vanidad. De ello se deduce que colorear permanentemente la piel con dibujos y figuras de tinta entra en esta categoría.

Más preocupante aún es que los tatuajes violan el Primer Mandamiento porque son inseparables de la espiritualidad pagana. Así como el yoga o la brujería no pueden cristianizarse, tampoco los tatuajes modernos. Independientemente de la intención, sirven como canal para los dioses falsos.

El libro de Steve Gilbert, A Tattoo History: A Source Book, señala que en la antigüedad, el proceso real del tatuaje, que implicaba rituales complejos y tabúes, solo podía ser realizado por sacerdotes y estaba asociado con creencias que eran secretos que solo conocían los miembros de la casta sacerdotal... Los tatuajes se originaron en conexión con antiguos ritos de escarificación y derramamiento de sangre que estaban asociados con prácticas religiosas destinadas a poner el alma humana en armonía con fuerzas sobrenaturales y asegurar la continuidad entre esta vida y la siguiente.” (p. 158)

El Antiguo Egipto, tristemente célebre por sus prácticas ocultas, ponía gran énfasis en los tatuajes.

Los historiadores han notado la presencia de tatuajes en algunas momias. A menudo, contenían símbolos relacionados con dioses o rituales particulares. Los tatuajes se consideraban un “amuleto” que podía brindar protección. Además, se pensaba que ciertos tatuajes tenían el poder espiritual de aliviar el dolor. 

Dado que las prácticas del Antiguo Egipto han proporcionado la base para las sociedades secretas y las religiones falsas que perduran hasta el día de hoy, es casi seguro que estas prácticas de tatuajes también han continuado con un significado oculto, aunque de una manera más oculta.

Las culturas tribales contemporáneas todavía emplean abiertamente los tatuajes con fines espirituales. Entre ellos, la tribu maorí los usa como amuletos de buena suerte. Cada símbolo contiene su propio significado espiritual que no es evidente para el observador casual. ¿Podrían los diseños que se ofrecen en los salones de tatuajes occidentales contener símbolos similares? Parece que sí.

Aunque algunos tatuajes pueden carecer de símbolos paganos explícitos, son, no obstante, un portal hacia lo demoníaco. Esforzarse por librarlos de su significado pagano es tan inútil como tratar de embellecer una canción de rap cambiando la letra.

Por esta razón, la Iglesia prohibió sistemáticamente los tatuajes cada vez que se estableció en una región. El emperador Constantino sentó este precedente después de su conversión, prohibiendo los tatuajes en todo el Imperio Romano. Durante muchos siglos, los gobernantes de Europa Occidental mantuvieron restricciones sobre los tatuajes. Además, los misioneros en tierras extranjeras hicieron esfuerzos por poner fin a la práctica cuando la encontraron. Es por eso que, hasta hace poco, no vimos tatuajes católicos ni siquiera en áreas que antes eran tribales, como algunas partes incivilizadas de América Latina.

Los exorcistas han expresado su preocupación por los peligros espirituales de los tatuajes, y no faltan historias aterradoras sobre ellos. El exorcista Padre Stephen Rosetti admitió que pueden provocar infestaciones demoníacas. En una ocasión, un diácono vertió agua bendita sobre el tatuaje de una mujer. Ella gritó que le quemaba, aunque el agua estaba fría. Esto es notable porque el tatuaje era simplemente de una rosa, no de un diablo ni de otra imagen oculta.

El exorcista vaticano de larga trayectoria, el padre Gabriele Amorth, también criticó los tatuajes. Una vez, durante un exorcismo, un demonio le confesó que los tatuajes están imbuidos de simbolismo maligno y son una herramienta poderosa para su uso. 

¿Y qué decir de los tatuajes “católicos”? Según el padre Chad Ripperger, son los peores de todos. Lejos de proporcionar protección espiritual, invitan a los demonios. En una entrevista, dijo: “El peor tatuaje que he tenido que quitarme de en medio… fue un tatuaje de San Miguel Arcángel”.  Estos tatuajes son una forma de sacrilegio que ofende mucho a los santos y ángeles en lugar de honrarlos. En cierto sentido, es comprensible que algunos puedan pensar que los tatuajes “católicos” podrían ser una forma de recordar a Dios. Sin embargo, se trata de un sustituto barato para grabar Su recuerdo en nuestros corazones, lo cual es mucho más necesario.

Aquellos que desean honrar a Nuestro Señor a través de símbolos físicos pueden hacerlo usando escapularios, medallas benditas, cordones de santos (como el cordón de Santa Filomena o el cordón de San José) y, lo más importante en nuestros días, ropa modesta y contrarrevolucionaria. También podemos consagrarnos, en cuerpo y alma, a nuestra Santísima Madre, para que nuestro propio ser se convierta en un recordatorio del Dios al que pertenecemos. Todo esto es una manera más eficaz de acercarnos a Dios.

Los tatuajes deben evitarse siempre. En lugar de sumarse a la Revolución Cultural, los católicos deberían luchar contra ella y aferrarse a las buenas costumbres de épocas pasadas.

Visto en: Tradición en acción

viernes, 20 de diciembre de 2024

La Virgen María en ejemplos 10: Conversión de María Egipciaca

 


Es Famosa la historia de Santa María Egipciaca, como se cuenta en el libro primero de las Vidas de los Padres del yermo. A los doce años se escapó de casa de sus padres, y se fue a Alejandría, donde con su mala vida era el escándalo de toda la ciudad.

Pasados otros dieciséis, salió de allí y vagando llegó a Jerusalén, a tiempo que se celebraba la fiesta de la Santa Cruz, y viendo entrar en la iglesia mucha gente, quiso también entrar en ella, más por curiosidad que por devoción; pero en la puerta sintió que una mano invisible la detenía. Hizo otra vez por entrar, y le sucedió lo mismo, hasta tercera y cuarta vez.

Entonces la infeliz retirándose a un rincón del atrio, conoció con luz superior que su mala conducta la echaba de la iglesia. Alzó los ojos y vio allí cerca, por dicha suya, una imagen de María Santísima, a la cual empezó a decir, llorando, de esta manera: “¡Oh Madre de Dios, tened piedad de esta pecadora! No merezco que me miréis, pero Vos sois el refugio de los pecadores: amparadme y favorecedme por el amor de Jesucristo vuestro Santísimo Hijo. Haced que puede entrar en la iglesia, y mudaré de vida, y me iré a hacer penitencia donde vos me digáis.” Entonces oyó una voz interior, como de la Virgen, que le decía: “Pues que acudes a Mí con propósito de enmendarte ya puedes entrar.” Entró, adoró la Santa Cruz con abundancia de lágrimas, volvió a la imagen, y le dijo: “Vedme pronta. Señora: ¿dónde queréis que me retire?” “Pasa el Jordán –le respondió la Virgen-, y allí encontrarás tu descanso.” Confesó y comulgó, y, pasando el rio, llegó al desierto y entendió que allí era donde se debía quedar.

Los diecisiete años primeros tuvo que sufrir terribles asaltos de los demonios; pero acudía siempre a la Virgen, y la Virgen santísima le alcanzaba fuerzas para resistir y vencer. Finalmente, habiendo pasado en aquella soledad cincuenta y siete años, siendo ya de edad de ochenta y siete, la encontró por divina providencia San Zósimo, abad, a quién refirió todo el relato de su vida, suplicándole que volviese al año siguiente con la sagrada comunión. Lo hizo así, y le pidió lo mismo para otro año, al cabo del cual volvió pero la halló ya muerta, aunque rodeada de un gran resplandor, y con estas palabras escritas de su mano: “Entierra aquí el cadáver de esta pecadora y pide a Dios por su alma.” Vino corriendo un león, hizo un hoyo con las garras, el Santo la sepultó, y volvió al monasterio, contando a todos las misericordias que Dios había obrado con aquella felicísima penitente. 

Las Glorias de María
San Alfonso María Ligorio

La Virgen María en ejemplos 9: Detalles de la bondad de María hacia un perfecto devoto suyo




El B. Joaquín Picolomini, muy devoto de María, desde su infancia, visitaba hasta tres veces al día una imagen de la Virgen de los Dolores que se veneraba en una iglesia, y los sábados ayunaba para mejor honrarla. A media noche se levantaba para meditar en sus dolores. Y María Santísima le recompensó estos obsequios. En su juventud le dijo que entrara en la Orden de los Servitas, lo que, sin demora, ejecutó el Beato. 

Al final de su vida, se le apareció también la Virgen María trayéndole dos coronas: una de rubíes, en premio de la compasión que había tenido de sus dolores, y otra de perlas, como premio a la virginidad que le había consagrado. Poco antes de morir, se le volvió a aparecer, y el enfermo le pidió la gracia de morir el mismo día en que murió Jesucristo. 

La Virgen Santísima le consoló diciendo: “Pues bien, prepárate, porque mañana, viernes, morirás de repente, como deseas, y estarás conmigo en el paraíso”. En efecto, así sucedió. Mientras en la iglesia cantaban la Pasión de Cristo según San Juan, al decir las palabras “Estaba junto a la cruz de Jesús su Madre”, el paciente entró en agonía, y al decir: “E inclinando la cabeza entregó su espíritu”, el bienaventurado entregó también su alma al Señor, a la vez que el templo se iluminaba con misterioso resplandor, y un suave y desconocido aroma se esparcía en el ambiente.

Las Glorias de María
San Alfonso María Ligorio